Holaaa! Aquí otra vez! Muchas gracias por los reviews! Otro capi, sin mucho para decir. Espero que lo disfruten!


Capítulo 4 ~ Locuras en el parque de diversiones. ¿Sasuke es agresivo?

Ya era la mañana del otro día. Otro muy especial para este chico. Ya se había levantado de la cama, se había lavado los dientes y había cepillado su cabello azabache. Estaba distinto, desde que se despertó una linda sonrisa adornaba su rostro. Se dirigió hasta su habitación en busca de ropa. Pensaba vestirse bien ese día, no con la ropa de shinobi.

Tarareando una bella canción caminaba de un lado a otro, buscando y buscando. Por fin logró encontrar algo que no fuese lo mismo de siempre. Unos jeans negros que no había usado nunca y una remera blanca libre del símbolo de su clan. "Perfecto" dijo para sí. Tomó las prendas y se las colocó. Se perfumó y fue hasta el espejo para mirarse por última vez.

En el momento en que se decidió a salir de su casa, escuchó que alguien golpeaba su puerta. "¿Naoko?...Pero si no sabe donde vivo". Intrigado fue hasta la entrada para ver quién era. Al abrir, descubrió que si era una rubia, pero definitivamente no era la que él esperaba.

-Hola, Sasuke-kun –ojitos brillantes- ¡Kyaaaa! ¡Que bien te ves!

-Ino, ¿Qué querés? –decepcionado.

-Ay, que manera de recibir a una invitada…

-Me gustaría saber quién te invitó –dando un pesado suspiro- No tengo todo el día, debo irme.

-Esperá. Yo solo quería saber si… es verdad que estás saliendo con una chica.

-Si, es verdad –cortante.

-Que extraño…

-¿Por qué lo decís?

-No, no… por nada –risita nerviosa- Nos vemos más tarde, ¡Yane!

Mientras la chica se iba caminando de lo más tranquila, el Uchiha reflexionaba sobre sus palabras. "¿Qué tiene de raro que yo salga con una chica?". Sin darle demasiada importancia, salió de su casa y cerró la puerta con llave. Avanzaba bastante rápido, aunque no quisiera mostrar su emoción. La realidad era que estaba contento de verla, quería verla. Aun así, no le vendría mal transmitir a su cara algo de la emoción que sentía…

Caminando por la vereda, podía ver muchos conocidos de la academia por esos lados. El día estaba precioso, por eso todos querían salir a divertirse. Al pasar, podía sentir miradas posarse en él y murmullos por todas partes. Estaba intrigado, no entendía por qué se había vuelto el centro de los comentarios de los entrometidos. Entre el bullicio logró oír lo que decían unas chicas: "¿Ese no es Uchiha Sasuke?" "Si, ¿no oíste los rumores? Está saliendo con una chica" "Ah, si. Es raro en él".

Todo ese asunto estaba empezando a molestar al moreno, al punto de que sería capaz de clavarle el chidori en la frente a alguno de esos metiches. Los murmullos no paraban, es más, podía oír lo que la gente hablaba: "¿Qué? ¿Uchiha tiene novia?" "¿No era gay?". Ya no lo soportaba, el próximo que abriera la bocota sería el que iba a recibir toda su ira. Pronto recordó que estaba vestido con su ropa nueva, por lo cual no podía andar a lo bruto matando a todo el mundo por hablar de más. "Solo por eso… y por Naoko". Decidió ignorar a esos malhablados y seguir con su camino. Al llegar al lugar de encuentro, se paró allí a esperar a la ojiazul que aun no había llegado.

Por su parte, Naruto estaba recién amanecido en su casa. Desesperado porque llegaba tarde, intentaba lavarse los dientes, la cara y peinarse todo al mismo tiempo. En ese momento era él, todavía no había usado el jutsu de su autoría. En medio de todo su apuro, lo recordó recién cuando se miró al espejo. Con el cepillo de dientes en la boca, se puso en posición y, diciendo las palabras ¡Oiroke no jutsu! De una forma que ni se entendió, se transformó en Naoko.

Desenredó sus largos cabellos rubios y armó sus dos colas de caballo. Dejó el cepillo de dientes y corrió hasta la cocina para buscar algo qué comer. Sorpresivamente, en la mesa de la cocina alguien había dejado un paquete con una nota. Luego de morder una galletita que había sacado de la alacena, decidió leer lo que decía; "Naruto: te presto esta ropa solo porque yo soy parte de la apuesta y si Sasuke-kun se entera nos asesina a los dos. Sakura". Con una sonrisa de alivio se dispuso a abrirlo y ver qué prendas le había dejado su amiga.

Eran dos conjuntos separados; una remera negra, una pollera fucsia y unos zapatos oscuros. El otro, una camisa blanca, un short de jean azul y unas sandalias que se veían bastante incómodas. Optó por la segunda opción. Se quitó su pijama y se colocó esa ropa a toda velocidad. Mirando bien el paquete, la ojiverde también le había dejado algunos cosméticos. Como pudo, frente al espejo cubrió las marcas en sus mejillas. Se pintó los labios con algo de dificultad debido a su nerviosismo e impaciencia. "Tengo suerte de que sea solo brillo… sino parecería un payaso".

A la hora de ponerse esas incómodas sandalias plateadas con taco aguja, supo que con eso no podría dar un paso sin irse de boca al suelo. "Lo siento, Sakura-chan". Decidió usar sus sandalias azules de todos los días, así estaría verdaderamente bien. Miró su reloj, ya llevaba media hora de retraso. Con su habilidad Ninja, se encaminó a toda velocidad hacia el lugar donde había quedado con Sasuke.

El pelinegro se encontraba apoyado contra una pared, cruzando los brazos. Con todo lo que le había ocurrido esa mañana más esa interminable espera, ya le estaba saliendo humo por las orejas del enojo que tenía. De repente, a lo lejos se veía a alguien correr a tal velocidad que dejaba una nube de polvo a su paso. Antes que se diera cuenta, ya estaba muy cerca. La reconoció al instante, no podía ser otra.

Naruto, al ver al moreno ahí, sonrió emocionada. "¿Por qué mi corazón late tan fuerte?". Una gran alegría surgió de lo profundo de su ser. El ojinegro olvidó todo el enfado que tenía al ver esa sonrisa, la espera valió la pena.

-¡¡Sasuke!! –agitando su mano.

Para su sorpresa, la rubia intentó frenar pero no pudo. Era tal la velocidad que traía que ya no podía parar. Sasuke se dio cuenta de la situación por lo que, a pesar del peligro, decidió posicionarse delante de ella, ateniéndose a las consecuencias. La de cabellos dorados cerró sus ojos, mientras le pedía a Kami-sama que los salvara a ambos. Sintió como su cuerpo chocó contra el del de cabellos negros, haciéndolo dar unos pasos hacia atrás. Aun con los ojos cerrados podía sentir el tibio pecho del chico en su mejilla. "Este perfume… es tan… embriagador".

Abrió uno de sus ojos celestes y miró hacia arriba. Los brazos del moreno la rodeaban por la espalda, mientras que ella tenía sus dos manos en su pecho. Sasuke miró hacia abajo, clavando sus ojos en los de ella, con una sonrisa. Esto la hizo sonrojarse y desviar la mirada hacia otro lado. Se separó suavemente de él, avergonzada por la situación que acababa de pasar.

-¡Hola~! –IN: ¡Seré baka! Se supone que no tengo chakra para correr tan rápido… espero que no se de cuenta…

-Llegas tarde, Naoko –volviendo a la actitud de siempre.

Regla Nº 4: Un Uchiha no tolera la impuntualidad.

-Es que me quedé dormida –rascándose la cabeza. IN: Si fuera yo me hubiese golpeado por ser tan "usuratonkachi" como dice él…

-Ya, no importa. ¿Vamos? –ofreciéndole su brazo.

Ella asintió y lo tomó. Era extraño que el moreno tuviese una actitud tan amable como esa. "Si es más bestia que el Kyubbi". A pesar de eso, cada vez que Sasuke le sonreía su corazón latía muy fuerte. No estaba segura o no quería verlo, pero ese pelinegro estaba despertando sentimientos que estaban dormidos en Naruto.

A medida que avanzaban, el Uchiha sentía esas molestas miradas en ellos nuevamente. Estaba harto de ser del que siempre se hablaba en Konoha. "Que es el hermano de Itachi, que es el único sobreviviente de la tragedia del clan, que es un genio, que tiene novia… ¡Ah! ¡Ya me tienen cansado con los chismes, pedazos de mierda!". Decidió ignorar a toda esa bola de inútiles y concentrarse en quien iba a su lado.

Por otra parte, cierta personita seguía con sus tareas de espionaje. Ahora se había inventado una capa similar a la de Akatsuki, pero en vez de nubes rojas tenía corazones rosas por todos lados. Con ella se cubría hasta la nariz, dejando sus ojos verdes al descubierto para poder ver lo que sucedía a su alrededor. Esta vez había traído unos binoculares de última generación con los que se podía ver hasta una hormiga a 14 Km. de distancia. "Aunque me salieron carísimos esta fue una buena inversión… no te dejaré salirte con la tuya, Naruto".

Ella estaba tras unos árboles, los cuales a medida que los otros caminaban, ella se escondía en el más cercano. Una rubia, quien iba muy despreocupada con una canasta de flores en sus manos, logró verla en su escondite. Como la conocía bien, se acercó detrás de ella silenciosamente, pensaba jugarle una broma.

-¡Frentuda! –divertida, abrazándola por el cuello.

-¡Gyaaa! –dando un salto, casi tirando los binoculares al suelo- ¡Ino cerda! Me asustaste.

-¿Qué hacés acá escondida? ¿Y esa capa? ¿Y los binoculares?

-Bueno, ya que sos mi amiga te voy a contar…

Así, sin perder de vista a Naruto y a Sasuke, pelirrosa le explicó todo el asunto de la apuesta a su amiga. Ésta la miraba sin poder creerlo, sobre todo lo de que esa chica rubia fuera en realidad el Uzumaki.

-No lo puedo creer… ¿Cómo es que Sasuke cayó en todo esto?

-Sh… hablá más bajo. Eso es lo que no puedo entender. ¿Qué tiene de especial Naruto?

-No lo sé. Pero lo que sí se es que si los ANBU te ven con esa capa tan extraña te van a arrestar por ser parte de una organización delictiva.

-No es una organización delictiva –con el puño en alto- Es de la justicia, soy la presidenta de Baratsuki -Bara=rosa-: la organización para separar a Sasuke-kun de Naruto. ¿Te querés unir, Ino-chan? –con los ojitos brillantes.

-No, gracias. Tengo que entregar un pedido ahora. Vos seguí con el espionaje y con tu tonta organización de un solo miembro –burlona.

-¡Andate, cerda! Ni en vos puedo confiar.

Dándole una palmada en la cabeza, la Yamanaka se despidió de la de cabellos rosados. La verdad era que había perdido el interés por el Uchiha hacía rato y tampoco quería contribuir con la obsesión de su amiga. Por su lado, la ojiverde siguió con su "trabajo", observando detalladamente los movimientos de esos dos.

-¡Sasuke! Vallamos al parque de diversiones –señalando uno que estaba frente a ellos.

-No sabía que había un lugar así en Konoha –suspirando, ya resignado- Ok. Vallamos.

Naruto sonrió emocionada, aferrándose fuerte al brazo del moreno. Entraron al parque. Era un lugar impresionante, nunca habían visto algo así en la aldea de la hoja. La rubia corría y reía, observando todo a su alrededor. Sasuke estaba de lo más tranquilo, caminaba pausadamente tras ella. La ojiazul se detuvo frente a un puesto en donde vendían algodón de azúcar. Sacó su billetera de ranita pero, al ver que no había nada en ella, se deprimió un poco.

El moreno se acercó a ella y notó la razón de su cambio de actitud. Apoyó su cabeza sobre su hombro, a lo que la Uzumaki dio un salto. "¿Qué está…". Su corazón volvió a palpitar rápidamente.

-No tenés dinero, ¿no? –susurró en su oído.

Ella asintió con la cabeza.

-Ojiisan –dirigiéndose al vendedor- ¿Me da un algodón de azúcar?

Así, el dueño del sharingan hizo que Naruto volviese a sonreír. Mientras comía contenta su algodón, ambos se paseaban por los puestos y miraban los juegos que había. Como era de esperarse, ningún desafío podía contra el Uchiha. Lanzar aros, tirar dardos, pescar el sapo [No me pregunten de donde saqué eso xD]. Él era siempre el ganador en todos los juegos de habilidad que se proponía. En cada uno de ellos ganaba algún peluche que, como no eran del todo de su agrado, se los regalaba a la blonda.

Al final terminó con un peluche de cada animal existente en el planeta, eran tantos que ya ni podía moverse y le tapaban la vista. La de cabellos dorados se tambaleaba de un lugar a otro mientras intentaba sostener los regalos, caminar y llevar el algodón de azúcar todo al mismo tiempo.

-Ne, Sasuke –sacando la cabeza entre las suaves telas para poder respirar de nuevo- Te agradezco por tan lindos regalos pero… ya no juegues más, sino no podré ver ni por donde camino.

-¿Encima de que te los regalo te quejás, Naoko? –bastante molesto.

Regla Nº 5: A un Uchiha no le gusta recibir críticas cuando se trata de un obsequio.

Como la ojiazul no paraba de quejarse, el chico decidió buscar un lugar donde dejar los muñecos. Como el señor de seguridad que estaba en la entrada se negó a cuidarlos, el moreno le pidió de una forma muy especial que por favor lo hiciera… lo sacó corriendo con su jutsu de fuego, lanzándole meteoritos made in Uchiha para que aprendiera a obedecer. La Uzumaki simplemente lo miraba correr gritándole grosería y media al pobre hombre que solo hacía su trabajo.

Cuando el señor por fin accedió –para no morir a manos de ese desquiciado-, el pelinegro volvió a la calma habitual. Le perdonó la vida y decidió volver con la chica, quién tenía un trozo de algodón de azúcar en su boca. Lo miraba sorprendida mientras comía su dulce.

-Ahora si –sonrisa de Sasuke.

-Bien –IN: Yo no sé si consume sustancias extrañas pero cada día está peor ttebayo- Sasuke, ¿querés algodón de azúcar?

-Mm… está bien.

Ella cortó un poco y le pidió al ojinegro que abriera su boca. Él accedió, aunque un poco avergonzado. Sin querer lamió uno de sus dedos, lo que le dio más vergüenza todavía. Naruto ni siquiera lo notó, seguía sonriendo como siempre. Sin el peso de los tiernos peluches, siguieron su recorrido por el enorme parque. De repente, se toparon con un juego que llamó la atención de la de cabellos dorados.

-¡Mirá! ¡Quiero subirme a éste! –tomándolo del brazo.

Sasuke tragó saliva al ver eso. Era una enorme montaña rusa, llena de vueltas, curvas, caídas desde alturas impresionantes y no se veía demasiado segura. Al lado había un cartel de casi dos metros de largo que decía todas las advertencias y las precauciones que se debían tomar. Aun así, como la ojiazul no tenía ni idea de la dimensión del peligro, jaló del brazo al pelinegro quien no sabía cómo rayos zafarse de la situación.

Lo arrastró hasta adentro, mientras el Uchiha rezaba por su suerte. Se sentaron en los peligrosos asientos y se abrocharon los cinturones de seguridad. La de ojos celestes estaba de lo más contenta, a la vez que el dueño del sharingan cerraba sus ojos fuertemente. Empezó el juego. La montaña rusa comenzó a andar a más de 300 Km/h. la blonda gritaba de la emoción, a diferencia de Sasuke, quien se aferraba a su asiento gritando como si lo estuvieran cortando en pedacitos.

Cuando todo terminó, la Uzumaki volvió a mirar al ojinegro para preguntarle si lo había sentido tan fantástico como ella. Al verlo, notó claramente la respuesta. Sus ojos negros estaban desorbitados, tenía el cabello más encrespado que un gato enojado y estaba tan pálido como un papel. "Oh no… ¿Está vivo?".

-Sasu… -alcanzó a decir.

-D-debo ir al baño.

Dicho esto, salió corriendo al mejor estilo Ninja al sanitario más cercano. La rubia solo lo siguió para no perderlo de vista. Se quedó con la mirada baja al lado de donde él estaba dejando todo lo que había en su estómago. Se sintió un poco mal por haberlo obligado a subir, no pensaba que sería tan terrible para él [palabras de la autora: en realidad el juego era de lo peor que había, Sasu no era el problema^^]. Luego de unos minutos, él regresó, con un poco más de color en la piel pero aun así bastante mareado.

-¡Sasuke! –preocupada- Perdoname, no debí decirte que subieras. ¿Estás bien? ¿Necesitás algo? ¿Querés agua?

-Estoy bien. No te preocupes. Solo me gustaría descansar un poco.

-Disculpame –IN: Ay éste teme, está al borde del coma y me dice que está bien…- En verdad me siento muy apenada, ¡soy una tonta! Salgamos de acá, ¿si?

-Si me ayudás a sostenerme en pié…

Regla Nº6: A un Uchiha no le gusta ningún artefacto que no pueda manipular.

La Uzumaki pasó el brazo del moreno alrededor de su cuello para ayudarlo a caminar. Llegaron hasta donde estaba el guardia de seguridad a pedir los peluches. Éste se los dio envueltos en bolsas y todo por miedo a que el chico intentara quemarlo vivo nuevamente. Salieron del parque de diversiones. La de ojos celestes logró convencer al Uchiha de que fueran a su casa, ella no iba a permitir que le pasara algo malo solo por ser obstinado.

Fueron caminando tranquilamente, con calma y sin apuros. Hablaron todo el camino de cosas sin importancia, riendo. Si, Sasuke esbozaba una pequeña sonrisa de vez en cuando. Llegaron hasta la vivienda del dueño del sharingan. Él abrió la puerta, ya un poco recuperado, dejando pasar a la chica. "Wow… la casa de Sasuke es muy bonita… nunca había venido antes". La invitó a sentarse en el sofá de la sala, mientras preparaba algo de té.

-¿Estás seguro de que no necesitás ayuda, Sasuke?

-Quedate ahí. Vos sos mi invitada.

Trajo el té para ambos y se sentó al lado de Naruto. Ella le agradeció por todo lo que hizo ese día, sonriéndole dulcemente.

-Que linda casa. Es muy amplia y cómoda –dijo, estirándose en el sillón.

-No es tan linda si vivís solo como yo –con la mirada perdida, dando un sorbo al té.

Se hizo un instante de silencio. La ojiazul no sabía como actuar. Ella sabía parte de la historia y conocía el sufrimiento de su amigo, pero no podía decírselo estando en esa forma. Además, quería oírla de los labios de Sasuke, quería ayudarlo.

-¿Necesitás un hombro en qué sostenerte? Yo tengo dos –risita zorruna.

-Hm. ¿Enserio querés escuchar mi historia?

-Quiero ayudarte, Sasuke.

-De acuerdo. ¿Alguna vez sentiste lo que es quedarte completamente sola de un día para otro? ¿Lo que es ver a tus seres queridos cubiertos de sangre y sin vida en tu propio hogar? Eso es lo que yo viví. De un día para otro asesinaron a mis padres, mis tíos, mis abuelos… a todo mi clan. ¿Sabés quién lo hizo? Mi propio hermano mayor. Soy el único sobreviviente de la tragedia del clan Uchiha. Desde ese día he estado solo en esta vida.

En su mirada se podía ver una profunda tristeza. Nunca había visto ese rostro del pelinegro. Se veía tan solo, desprotegido, melancólico. No tenía idea que detrás de esa máscara de frialdad y superioridad se escondiera una persona que se sentía abandonada y sumida en soledad. No pudo soportarlo. Dejó su té a un lado y se acercó a él. Con sus brazos lo rodeó por el cuello, atrayéndolo contra su pecho. Él solo se dejó abrazar, cerrando sus ojos, tratando de no recordar todas esas imágenes de su doloroso pasado.

Ella quería transmitirle su calor y compasión. Quería que él supiera que no estaba solo. "Me tiene a mí, a Naruto… y yo lo tengo a él". Solo quería quedarse así con él, abrazados, en silencio. Ese momento valía más que mil palabras. "Si supieras que te entiendo tanto, Sasuke… tanto". Con el correr de los minutos, decidieron separarse. Lo hicieron suavemente, mirándose a los ojos al final.

-Me hacía falta… gracias –dijo el Uchiha, con una sonrisa sincera.

-No tenés que agradecérmelo. Yo te tengo que dar las gracias por soportarme estos días, jeje –rascándose la cabeza, con una gran sonrisa. IN: Si fuera Naruto ya me hubiera cortado en pedacitos por todo esto…

De pronto, Naruto vio cómo algo se movió en la ventana que estaba detrás del azabache. Entre unas platas se podía ver el brillo de una especie de lentes. Miró bien hacia ese lugar y pudo darse cuenta al instante de quien se trataba. "Esa Sakura-chan con unos binoculares… Pará ¿Qué hace con una capa como la de Akatsuki pero con corazones rosa?". Sasuke la observó algo intrigado al ver que su mirada estaba tras él.

-¿Qué hay? –preguntó, intentando darse vuelta.

-¡No! No es nada… jeje –deteniéndolo.

Del susto de que él la viera ahí y arruinara todo, la Uzumaki había girado la cara del pelinegro hacia ella con una mano. Estaban tan cerca que no pudo evitar sonrojarse. Al ver a la rubia de esa manera, el dueño del sharingan decidió acercar sus labios a los de ella lentamente. Ambos cerraron sus ojos y, cuando estaban a punto de besarse se escuchó… ¡¡BOOM!! Los dos se sobresaltaron debido a una detonación proveniente de la ventana.

Fuera de la casa, se podía ver a la cabeza de chicle Sakura festejando. Ella había lanzado una bomba de humo para evitar ese beso."No vas a ganar la apuesta tan fácil, Naruto ¡Lo juro!". Mientras el azabache revisaba el lugar para ver si estaba el bromista que les lanzó eso por ahí para darle su merecido, la rubia estaba un poco deprimida por lo que había pasado. De verdad tenía ganas de probar esos labios pero no por lo de la apuesta, en realidad eso casi lo había olvidado. La estaba pasando realmente bien con ese chico, se sentía muy atraída por él. Aunque lo que tampoco quería era que Sasuke se enamorara de esa forma ficticia de él. "Esperen, ¿Qué onda dattebayo? ¡Todo esto lo hago por lo de esa estúpida apuesta, no por otra cosa!".

-Sasuke.

-¿Hm? –volviendo a sentarse a su lado.

-¿Querés… salir conmigo… mañana otra vez? –algo apenada, mirando hacia abajo.

-Si. Pero salgamos un poco más tarde, ¿si?... ¿Qué te parece si vamos a cenar?

-¡Genial! ¡Quiero ir! –IN: ¡Voy a comer ramen con Sasuke dattebayo! *festejo*

Luego de todo lo que había pasado ese día, la ojiazul se sentía exhausta. Necesitaba recobrar fuerzas para el día siguiente. Se despidió del Uchiha amablemente, dejándolo un poco triste por su partida. Después de mucho insistir, logró convencerlo de que no necesitaba que la acompañara hasta su casa. Lo besó en la mejilla y salió de la residencia. Camino a su hogar, aunque quisiera, no podía dejar de pensar en él.

No parecía bien lo que le estaba haciendo, esa tontería que había inventado junto a la orgullosa pelirrosa estaba yendo demasiado lejos. Senría que estaba hiriendo a su amigo con todo eso. Al llegar a su casa, deshizo ese disfraz, se quitó esa ropa que ni iba con él y volvió a ser el Naruto de siempre. A pesar de todo quería estar con él, aunque sea solo por esos tres días, acercarse a Sasuke. Su corazón latía muy fuerte, ya no podía quitarlo de su mente.


Les gustó? Digan que sí! xD Merece algún review por ahí? No me gustaría dejarla en la mitad -sniff-

Nos leemos! Cuidense!

Sayo~!