Holaaaaaaaaaaaa! Bueno, primero muchas gracias por los reviews! Está llegando a su fin -sniff- Esto es definitivo, el último día para Naruto, acá se descubre la verdad. ¿Qué creen que pasará? Averíguenlo xD Ahora sí, que lo disfruten~!
Capítulo 5 ~ Fuego contra fuego ¿Esta es la última vez para nosotros?
Ese era el gran día para Naruto. Debía concretar esa apuesta sí o sí, tenía que ganarla. Aún así, la apuesta en si era lo que menos le importaba. Ya no aguantaba las ganas de ver a Sasuke. Quería mirar su sonrisa, caminar a su lado, hablar con él. Era el último día que podía hacerlo, ya que después todo volvería a la normalidad. Devuelta su seriedad, su indiferencia, competir con él por la tontería de "quien es el mejor". Dando un suspiro, terminó de comer su tazón diario de ramen.
Al hacerlo, se levantó como resorte de su asiento. Esta vez tenía hasta la noche para prepararse, pero el problema era que no tenía ni ropa ni tampoco sabía bien como hacerlo. Pensaba en usar su último recurso, ir a la casa de su amiga en busca de ayuda. Pero no lo haría como Naoko, sino como él mismo. Estaba harto de ese disfraz de niña. "Lo bueno es que hoy me voy a librar de él… en el momento en que bese a Sasu… ¡No! ¡Cuando gane la apuesta!".
Se vistió con su camperita naranja, se puso sus sandalias, la banda de Konoha y salió de su casa. Iba caminando contento a paso firme, sin mayores preocupaciones. Miró el cielo y se percató de que ese día no era como los demás que le habían tocado anteriormente. Estaba gris, aunque era verano y hacía mucho calor. [Y Naru-chan siempre con su campera… xD]. Eso no lo detendría, él pensaba cumplir con sus palabras pase lo que pase.
Estaba muy cerca de la casa de la pelirrosa, lo que le hizo apresurar su paso. Llegó allí y tocó la puerta. La Haruno no estaba con el mejor humor del mundo, así que oír tantos golpes en la puerta no le hacía gracia para nada. Fue hasta la entrada con una gran vena en su frente y abrió con violencia. Esto sorprendió al Uzumaki, quien seguía sonriendo pero de nervios. Verlo ahí la hizo enojar aun más, ya que él era la causa de su mal día.
-Hola, Sakura-chan. ¿Cómo estás?
-Estaba bien hasta que llegaste vos. ¿Qué querés ahora? –sacando chispitas de los ojos.
-¿Yo? Eh… bueno –al ver que empezaba a salir fuego alrededor de la chica- Quería preguntarte si tenés algún vestido para prestarme –sonrisita.
-¿¿Qué?? ¡¿No te alcanza con todo lo que te presté?! –furiosa- Olvidate. Chau.
-Pe-pero, Sakura-chan ttebayo…
-¡Chau!
Así, la ojiverde le cerró la puerta en la cara a nuestro rubio, quien se quedó deprimido allí con una nubecita precipitando en su cabeza. Ahora no sabía qué hacer ni a quién recurrir. El problema de la de cabellos rosa era que el ojiazul estaba logrando su cometido. En dos días hizo mucho más de lo que ella intentó en años. Sasuke nunca la miró de esa manera, nunca la trató de esa manera, nunca le sonrió de esa manera. Sentía una profunda envidia hacia Naruto, el que siempre hacía todo mal y todo le salía perfecto. No quería saber lo que sería capaz de lograr en el tercer día. Por eso, tal vez, si no conseguía quien lo ayude desistiría y se convertiría en su esclavo durante una semana.
El poseedor del Kyubbi, quien había perdido toda la emoción que traía, caminaba sin rumbo pensando en una solución para sus problemas. "¿Ahora qué hago? ¿Quién puede ayudarme en esto? ¡Kuso!". Después de quemar sus neuronas pensando [Si, si. Naruto está pensando] se le ocurrió algo. "Ya se quien es la persona más buena de este planeta que me ayudaría sin dudarlo". Sus ojos recobraron ese brillo característico en él, mientras se apresuraba en llegar a su destino. El único problema era inventar alguna excusa. "¿Qué va a pensar si le digo que YO necesito ropa de chica? No, no. Tengo que pensar en algo…".
Mientras se dirigía a la casa de esa persona, trataba de inventarse algo para no quedar como un idiota. Hasta que por fin se le ocurrió la coartada perfecta, decidió avanzar hasta la entrada y tocar la puerta. La chica, quien supuestamente lo iba a ayudar, se sorprendió de que alguien fuera de visitas a esa hora. Aun así decidió abrir. Al verlo ahí, se sintió tan sorprendida como feliz. Era la primera vez que él iba a verla. Enseguida sus mejillas tomaron un color rosado, a la vez que no supo qué decir.
-¡Hola, Hinata! –sonriendo.
-Ho-hola, Naruto-kun… ¿Qué te trae por acá? –con nerviosismo.
-Yo se que es mucha molestia pero… quería preguntarte si no me podrías prestar algún vestido o algo así, es para Sakura. Ella no podía venir así que me mandó a mñi.
-Si, si. Pasá.
"¡Yes! Sos un genio, Naruto". Ella abrió la puerta y dejó pasar al Uzumaki. Le pareció extraño que la pelirrosa le haya pedido algo, ni siquiera hablaba con ella. Igualmente, eso le importó muy poco. Lo significativo para ella fue que el chico que le gustaba había venido a visitarla, aunque la verdadera razón de su aparición no fuera esa. Lo invitó a pasar a su habitación, donde tenía un cuarto lleno de ropa. Para sorpresa del ojiazul, la casa de la pelivioleta no era normal. Era una mansión.
Con grandes ventanales, pisos brillantes como espejos, valiosas escaleras que llevaban a una planta alta. Estaba realmente sorprendido de que fuera tan impresionante por dentro de lo que se podía ver por fuera. Siguió a la ojiblanca hasta su cuarto que se encontraba en la parte de arriba. Además de la de ella, había muchas habitaciones en ese piso. La Hyugga abrió la puerta y le indicó que pasara. Naruto seguía anonadado por lo bella que era esa vivienda, nunca había visto nada igual. El cuarto de Hinata no era la excepción.
Estaba lleno de pinturas y lámparas exóticas por todos lados. El piso estaba alfombrado y su cama era enorme. Sonriente, la chica fue hasta otra puerta que había allí. La abrió y le enseñó toda la ropa que tenía al Uzumaki. "Wow. Tiene un cuarto entero solo para su ropa y sus zapatos".
-Naruto-kun… vení. Acá está la ropa. Podés elegir lo que vos quieras –jugando con sus dedos.
-¡Wa! ¡Tu casa es increíble! Nunca había visto nada parecido. ¡Muchas gracias, Hinata dattebayo!
-De nada –sonriendo.
Así, el de cabellos dorados comenzó a buscar entre las prendas algo para esa gran noche. En unas perchas tenía vestidos de grandes marcas internacionales que, por supuesto, Naruto no sabía ni que existían. En los estantes todas las remeras y pantalones y, más abajo, los zapatos. Aunque la sensibilidad no era lo suyo, él trataba de buscar con cuidado para no arrugar ni romper nada. De pronto vio un vestido que le pareció bonito. Lo sacó de la percha y se lo midió por encima de su ropa. La ojiblanca lo miraba como sin entender, ¿no era para Sakura? Cuando el rubio por fin se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se avergonzó un poco, por lo que decidió hacer otra cosa…
-¡Ya se! Hina-chan, si no es mucha molestia, ¿te podrías probar este vestido? Es que quiero estar seguro de cómo se ve, sino Sakura va a matarme.
-S-si, no hay problema.
Esperó a que ella se lo pusiera buscando otra cosa, por si no le convencía. La de cabellos violeta lo hacía con gusto, sería capaz de cualquier cosa para que él se quedara un poco más. Cuando regresó, el chico había sacado varios vestidos, los que había apoyado con cuidado sobre la cama. Es que eran tantos y tan lindos que hasta a él le costaba decidirse por uno. Subió la mirada para poder verla, estaba muy linda, ella tenía buen gusto. "No como Sakura-chan que solo tiene ropa de zorra… ¡Ya verá por haberme hecho esto!".
-Te queda precioso dattebayo.
-¿Enserio? –más roja que un tomate.
-¡Si! Pero… ¿podrías probarte todos estos también?
-Eh… -viendo toda esa pila- s-si.
Y así lo hizo. A pesar de ser tedioso tener que probarse más de cincuenta prendas, luego volver a escuchar su opinión y todo eso, ella pensaba hacerlo. "Todo sea por ver la sonrisa de Naruto-kun". Se colocó uno fucsia, era tan bello como el anterior. Luego otro verde, azul, negro nuevamente, violeta, amarillo y todos los colores del arco iris y más. Naruto no sabía qué hacer, cada vez se confundía más. Finalmente, encontró uno naranja con apliques de tul negra en las mangas que le llamó la atención.
Era de seda con brillos en los bordes. Si bien era llamativo, no dejaba de ser bonito y elegante. Hinata estaba más cansada que cuando terminó el último combate contra Neji. Aun así no dijo ni una palabra y se probó el dichoso vestido con desgano. Volvió a aparecer en su cuarto, a lo que el rubio la recibió con una sonrisa. "¡Ese! ¡Es perfecto!". Se acercó hasta ella y la tomó por los hombros. Las mejillas de la chica volvieron a tomar un color carmín. La miró bien de cerca con el vestido puesto, fijándose en los detalles como si entendiera mucho de costura…
Finalmente, la abrazó contento de haber solucionado sus problemas. Esto sorprendió a la pelivioleta, quien no sabía cómo reaccionar. Correspondió el abrazo tímidamente, algo confundida por las extrañas actitudes del chico ese día. Se separaron suavemente, con una sonrisa. Ella miraba hacia abajo para que él no notara su vergüenza, mientras el ojiazul solo sonreía.
-Ese es perfecto, Hinata. ¡Me encantó dattebayo!
-Que bueno que te guste. ¿Se lo llevás a Sakura?
-¿A Sakura? –recordando…- ¡Ah, si! Si, no te preocupes. Muchas gracias por las molestias.
Ella rió. Colocó el vestido en una bolsa y se lo entregó. El rubio lo recibió y juntos bajaron por las escaleras. Fueron hasta la entrada y se despidieron con un beso en la mejilla. La Hyugga se quedó algo triste por la partida del chico de sus sueños, pero feliz de haber estado ese rato con él. El Uzumaki iba contento, con el paquete en sus manos. Había solucionado sus problemas después de todo. Por fin iba a poder disfrutar de su última cita con el Uchiha. Entre toda su emoción, tenía demasiados pensamientos en su mente para fijarse por donde caminaba. De repente, sintió como algo se atravesaba en su camino, haciéndolo tropezar y caer de boca al piso.
-¡Pero que…!
-Hola, usuratonkachi.
El que lo había hecho caer de esa forma tan estúpida no era otro que su amigo. Con esa expresión en su rostro y las manos en los bolsillos, lo vio pararse frente a él, burlándose de su suerte. Ese imbécil tenía la capacidad de hacerlo quedar mal en todo momento. Aunque, a su vez, era el que esperaba ver con todas sus ganas, odiaba ese lado del pelinegro. Después de reírse un rato de su bromita, le tendió una mano. Enojado por esa actitud que había tenido, el ojiazul decidió ignorarlo y ponerse de pie por sus propios medios.
-¡¿Por qué hiciste eso, teme?! –enojado.
-Vos no soportás ni una broma…
-¡Mirá quien habla de no soportar nada! –sacudiéndose la ropa y tomando la bolsa que se le había caído.
-Bueno, calmate dobe. Hice eso porque ni me viste y yo te quería saludar.
-Eso es muy raro de vos. Seguro que querías hacerme quedar como un tarado, como siempre –viendo que el moreno tenía unos cuantos paquetes en sus manos- ¿Y esas bolsas?
-Yo te podría preguntar lo mismo.
-Es que… le tengo que llevar algo a Sakura-chan.
-Bueno, tengo cosas más importantes que hacer que estar perdiendo el tiempo con vos. Ah, y decile a la puta de Sakura que deje de espiarme cuando me baño.
-¡No le digas puta! Mejor andate, así no me jodés más.
El azabache lanzó una sonrisa arrogante y siguió su camino. Naruto lo miró con mala cara y luego giró su cabeza hacia otro lado. "No puedo creer cómo pude pensar que alguien así me gustaba… ¡Además de ser un hombre, es Uchiha! Y los Uchiha son todos unos creídos estúpidos". Tratando de no pensar en eso, se encaminó hasta su casa, la cual estaba muy cerca de allí. Llegó y, arrojando la bolsa en un sillón, se dejó caer en el piso. Se acostó mirando al techo, con los brazos abiertos y las piernas estiradas. Cerró sus ojos, intentando relajarse un poco.
A su mente volvieron las imágenes de esos últimos días. Cada palabra, cada sonrisa. Todas las actitudes que tuvo el ojinegro para con él. Fue tan amable, atento, bueno. Aunque no quisiera aceptarlo, él quería estar con Sasuke, pero no con el frío Ninja vengador, su rival. Él quería a ese chico que no está siempre a la defensiva, escondiendo sus sentimientos y maltratándolo por diversión. "Quiero que sea como es… no como quiere mostrarse ante los demás". Con todos esos pesares en su cabeza, el sueño fue apoderándose de él.
Después de una siesta que duró más de lo previsto, el ojiazul se despertó sobresaltado. Se levantó del suelo y miró la hora en su reloj de rana. "¡No! ¡Es re tarde!". Se quitó toda su ropa lo más rápido que pudo, corrió hasta el baño y se metió en la ducha. Se bañó lo más rápido que pudo y salió desesperado a ponerse el vestido. Cuando estaba a punto de hacerlo, se dio cuenta de por qué le quedaba raro. "¡Kuso! ¡Aun soy chico!".
Hizo su jutsu lo más rápido que pudo. Se puso su ropa y fue hasta su espejo. Desenredó sus largos cabellos y los cepilló, atando sus dos colas de caballo. Corrió hasta su habitación y revisó sus cajones, desesperada. "¡Ah! ¿Dónde está el paquete que me había dejado Sakura-chan?". Cuando por fin lo encontró, de ahí sacó los cosméticos y unos zapatos para ponerse.
Volvió al espejo, esta vez para maquillarse. Lo hizo a toda velocidad pero mejor que la vez anterior ya que tenía más práctica. Miró bien si el maquillaje había cubierto las marquitas de sus mejillas. Al terminar, volvió corriendo a la cocina para ver la hora nuevamente. Se dio cuenta de que no era tan tarde como creía, lo que la alivió un poco.
Estaba lista para salir, a la vez que una hermosa sonrisa iluminaba su rostro. A pesar de lo que había ocurrido ese día, no podía negar que estaba contenta de verlo. "Esta noche sí… ¡Voy a ganar la apuesta!". A pesar de sus intentos por hacerse creer a sí misma eso, no podía. Ese pacto ya no tenía importancia para ella.
Dando un pesado suspiro, salió de su casa cerrando la puerta con llave. Mientras caminaba, se puso a pensar en lo que venía haciendo hasta ahora. "Me parece mal hacerle esto a Sasuke… aunque a veces me trate mal, me diga idiota y todo eso… no se lo merece. ¿Le gustará de verdad Naoko?... ¡Kuso!". Todos esos pensamientos la entristecían, no quería hacerle daño a su amigo, más del que creía le había hecho. "Ya estoy en esto, no lo puedo evitar".
El ruido de sus tacones era lo único que se oía en esa calle desierta. La noche había caído y con ella las luces de la aldea se habían encendido. El cielo seguía cubierto de nubes, impidiendo que la luna se viera iluminando tenuemente el lugar. Como ese sitio no se veía muy seguro, la rubia decidió apresurar el paso. Llegando a la zona más céntrica de la hoja, se dispuso a buscar el restaurante al que la había invitado el Uchiha. "Yo quería ir a Ichiraku… pero, como siempre, a Sasuke le encanta dirigir todo".
Regla Nº 7: A un Uchiha le gusta tener el control de la situación.
Por fin logró dar con ese sitio. Era un lugar bello y elegante. "Por el nombre que me dio es este". Se decidió a entrar sin preocuparse demasiado. Miró en todas las direcciones hasta que pudo ubicarlo. En una mesa junto a la ventana se encontraba el pelinegro sentado bebiendo algo. Todas sus dudas y pesares se disiparon al verlo, devolviéndole el brillo a sus ojos. Emocionada caminó hasta él, sin importarle nada más a su alrededor.
Al verla el ojinegro también esbozó una pequeña sonrisa. Se levantó de su asiento cuando la vio llegar. La saludó con un beso en la mejilla, indicándole que se sentara. Ella lo hizo, sin apartarle la vista de encima. La sorprendió verlo así, su ropa no era la misma de siempre, sino otra más formal y, por lo visto, nueva. "Claro… son las bolsas que traía hoy".
-Naoko, te ves… preciosa –mientras sus mejillas enrojecían.
-Gracias. Vos también te ves lindo –sonrisa. IN: ¡Si! ¡Pude lograr que Sasuke dijera algo lindo! *aplaudiendo*
Mientras seguían hablando tranquilamente, no se percataron de una presencia maligna. Cierta pelirrosa se encontraba en otra de las mesas, pero no se veía ya que estaba muy camuflada. Estaba enfundada en su capa negra de corazones, anteojos negros y un sombrero en su cabeza, al mejor estilo ladrona de bancos. Tenía un enorme diario en sus manos, el que usaba para esconder su rostro y a la vez espiar a los chicos. Al ver entrar a Naruto se quedó helada. Jamás imagino que podría arreglarse sin ella y, mucho menos, tan bien. "Ese baka no puede tener más suerte… grrr…".
-¿Qué querés pedir? –preguntó el azabache, leyendo el menú.
-Esperá, Sasuke. Acabo de abrir el menú –IN: ¿Que no hay ramen acá?
-¿Te podés apurar? –golpeando sus dedos contra la mesa como quien está impaciente.
-Pará, ya voy –IN: ¡Te daría una trompada ttebayo!
Regla Nº 8: Un Uchiha no soporta la lentitud.
Finalmente, la ojiazul no encontró su amado ramen en el menú. Como no sabía qué elegir, optó por un plato cualquiera. El ojinegro, quien se había cansado de esperar a que la rubia se decida, también pidio. [Palabras de la autora: No conozco de comidas japonesas y tampoco tengo ganas de pensar xD] Mientras esperaban, ella miró hacia todos lados, inspeccionando el restaurante. Notó que en una esquina había una especie de escenario con un micrófono en él. "Esto es un… ¿karaoke?".
Cuando le iba a preguntar al ojinegro sobre eso, logró ver unos cabellos rosados entre todos los clientes del lugar. "No nos deja en paz ni por un segundo… ¿acaso no se cansa de hacer tonterías así?". Decidió ignorarla y continuar con la esperada cita. El mozo les trajo sus pedidos, a lo que ambos se dispusieron a comer.
-¡Itadakimasu! –IN: No será ramen pero en estos momentos me comería un elefante dattebayo.
-Itadakimasu.
En el momento en que el Uchiha recién había tomado sus palitos, la blonda ya había empezado a comer. Devoraba su plato a toda velocidad, a lo que el ojinegro la observaba sorprendido. Cuando se dio cuenta de su imprudencia, se desaceleró un poco y se propuso ser más delicada. Esta situación la avergonzó un poco, lo que la hizo bajar la mirada. "Comportate como una chica, ¡por dios!" se decía a sí misma.
-Hm. No te preocupes por eso –llevándose sus palitos a la boca.
-E-está bien –IN: No hacía falta hacerme quedar peor, Sasu-chan…
-¿Vas a quedarte mucho tiempo más? ¿O tenés que regresar?
-¿A dónde? Ah si, a mi casa… jeje –risita nerviosa- Lamentablemente mañana me tengo que ir.
-Oh –no demasiado sorprendido.
-Me alegra haberte conocido –IN: Podrías, al menos, fingir tristeza ¡¡TEME!!
-A mi también me alegra, Naoko –sonrisa.
En ese instante pudo darse cuenta de todo lo que sentía por él. Su mirada, sus labios, todo su ser. "No tengo éxito para resistirme a esa sonrisa, ahora lo sé". Ya no dudaba de sus sentimientos, era algo profundo, mágico. "Pero el no se alegra de haberme conocido a mí… sino a Naoko". Todas las emociones que experimentó en ese momento, alegría, emoción, entusiasmo, tristeza… esta última fue la que se impregnó en su rostro. Terminaron su cena casi a la vez. Sasuke notó ese sentimiento en la mirada de la Uzumaki, esa que había perdido el brillo de siempre. Decidido, poso su mano sobre la de la rubia, sacándola de su trance. Ella volvió a mirarlo.
-¿Qué pasa? ¿Por qué estás triste ahora? –preocupado.
-No es nada. Solo es un poco de melancolía.
-Mm… -pensando- Ya se. Esperame acá que te voy a sorprender.
-¿Qué? ¿Qué vas a hacer?
Regla Nº 9: Nunca se sabe lo que un Uchiha es capaz de hacer.
Así el pelinegro se levantó rápidamente de su asiento. La ojiazul lo miraba con sin entender, mientras él se alejaba de la mesa. Lo vio hablando con un tipo que parecía un disc jockey o algo así. Sorpresivamente, el azabache se subió al pequeño escenario, tomando el micrófono en sus manos.
-Su atención por favor –escuchó una voz que salió por los parlantes del sitio- Sean bienvenidos a la noche más divertida de la aldea de la hoja. El mejor karaoke del país de fuego. Espero hayan disfrutado de su cena. Prepárense porque ahora comienza… ¡el show!
Todos aplaudían y silbaban, menos Naruto, quien tenía la mandíbula por el piso por lo que acababa de pasar. "Esto es… increíble ¡¿Sasuke va a cantar?!".
-Acá tenemos al valiente que va a abrir el telón esta noche. Su nombre es Uchiha Sasuke. ¿Querés decir unas palabras, Sasuke-kun?
-Si. Quería dedicarle esta canción a una persona muy importante para mí. Este es un día muy especial porque es la primera vez que la invito a cenar. No tengo nada más que decir. Esta canción es para vos, Naoko.
Un profundo "ah…" se escuchó por parte de la platea femenina. En verdad las palabras y la valentía del Uchiha habían sido conmovedoras para la de cabellos dorados, quien se había quedado paralizada, perdida en esos ojos azabache. Nunca se imaginó que él sería capaz de algo así. Las luces se bajaron, la música empezó a sonar. Todo el mundo hizo silencio para oír cantar a Sasuke.
Sin querer me he vuelto a enamorar
¿no será que siempre ocurre a mi edad?
fué un amor relámpago
que me hace combatir
Eres mi principio mi final
el infierno el cielo y todo lo demás
por un beso tímido
te dí mi corazón
Fuego contra fuego es amar
fuego del que no puedo escapar
donde nadie oye mi voz
ahí te espero yo.
Fuego contra fuego es amar
y no lo podemos evitar
no le busques explicación
lo nuestro es puro amor.
Sin querer me he vuelto a enamorar
¿no será que siempre ocurre a mi edad?
con un beso tímido
te dí mi corazón
Fuego contra fuego es amar
fuego del que no puedo escapar
donde nadie oye mi voz
ahí te espero yo.
Fuego contra fuego es amar
y no lo podemos evitar…
No salía de su asombro. La voz del azabache era suave, linda, romántica. Naruto solo lo miraba directo a los ojos, al borde de las lágrimas. "No puede ser que el teme este cante tan bien". Sasuke había clavado sus ojos negrosen los de ella, sus miradas estaban conectadas. Poco a poco se fue acercando a la rubia, a la vez que seguía cantando. Al llegar a ella, acarició su mejilla y pronunció el último verso de esa bella canción.
No le busques explicación
lo nuestro es puro amor.
Al terminar de sonar el último acorde de la canción, una gran ovación por parte de la gente del restaurante se escuchó. Aplausos, silbidos, palabras de aliento para el Uchiha. Ahora el ojinegro se había vuelto famoso por su canto en Konoha. "Lo que me faltaba…". Aun así, él ni siquiera los escuchaba. Seguía mirando a la persona a la que le había dedicado todo eso. Estaban frente a frente, mientras el azabache seguía acariciando la mejilla de la ojiazul.
-Salgamos de acá.
-Pero afuera llueve, Sasuke.
-No importa –sonrisita made in Sasuke.
El Uchiha la tomó de la mano y juntos atravesaron la cortina que separaba a ese lugar de la calle. Efectivamente estaba lloviendo, las gotas caían copiosas sobre los dos. Sin decir nada, Sasuke se acercó lentamente a la blonda. Con ambas manos tomó su rostro dulcemente. Se quedaron unos instantes de esa manera, acoplando sus miradas, ignorando la lluvia y todo a su alrededor.
Eso devolvió el brillo a los zafiros de la Uzumaki, quien no podía creer que ese momento fuese real. Permaneció inmóvil, a la vez que el pelinegro acercaba sus labios lentamente a los de ella. Los unió en un tierno beso, haciendo que ambos cerraran sus ojos y se dejasen llevar por la bella sensación. Las gotas de agua los habían empapado casi por completo, aun así eso no importaba. La falta de aire fue lo único que logró separarlos, aunque sus cuerpos seguían muy cerca, sus corazones latían a la par, zafiros y amatistas volvieron a chocar.
-Naruto… -dijo Sasuke en un susurro.
Y? Qué les pareció? Les gustó nuestro Sasuke super romántico cantanto?
Soy malvada, siempre lo dejo de esta manera muahaha! xD
Si quieren saber cómo continúa, please dejen sus lindos reviews motivadores, si? Miren que ponen feliz a la autora si lo hacen^^
Nos leemos en la próxima!
Sayo~!
