Capitulo 4: A tientas, por conocerte
Entristécete no porque los hombres no te conozcan, sino porque tú no conoces a los hombres
Había pasado ya una semana, últimamente noto un poco distraído a Sasuke y es que casi no logro entender la manera en que piensa; es extraño verle andar de aquí para allá solo por el gusto de hacerlo, y bueno, no es que yo no lo haga, ¡pero soy yo! Tal vez pueda deberse a las misiones que le han encomendado cumplir con los miembros del ANBU, el pobre no encontraría su cabeza aún estando sobre sus hombros... jaja
Yo me he retirado hace poco del ANBU, la vida monótona de esos "changos" deja mucho de qué hablar, el elemento en el ANBU se ve obligado a hacer misiones sin chistar, gusten o no, recuerdo una en especial, en la que yo clasificaría como una misión mortal; en esa ocasión no me dieron los detalles sino hasta que arribamos a un lugar un tanto lacónico, por describirlo de alguna manera, era el clásico callejón donde casi no hay luz y en donde, seguramente, una chica sola no querría estar a altas horas de la noche. Mi misión: entablar conversación con un "hombre" que comerciaba con señoritas de quince a veinte años de edad. Al principio acepté, tratando de hacerme ver como el héroe de la historia, iba totalmente decido a salvar a las damiselas en peligro; en esa ocasión Tenzo era mi taichou y me daba órdenes explícitas de no dar señal alguna de mi entrenamiento ninja puesto que el hombre se daría a la fuga, era una misión muy delicada en muchos aspectos, y sí, así son todas las misiones ANBU. Recuerdo llevar unos jeans y la chamarra de toda mi adolescencia, entré sin armar tanto revuelo al curioso tugurio que alumbraba todo con velas que al mismo tiempo servían como calefacción del lugar, las paredes estaban un tanto enmohecidas por la humedad y el olor a sake y sudor no eran muy agradables que digamos, tuve que cambiar un poco mi apariencia, todos conocía a Naruto Uzumaki el chico rubio de orbes azules, debía ser alguien más, así que para esta misión mi cabello oscuro y oreja horadada eran lo que más odiaba en ese instante, el color negro me hacía ver más moreno. Finalmente me senté en la barra, cuanto el drogadicto barman se acercó a mí, yo le mostré la tarjeta, una curiosa tarjetita de plástico rojo con una flecha negra; el barman me miró con sus ojos irritados y me guió al final del lugar donde un caballero tomaba sake elegantemente, demasiado, diría yo.
El hombre era no más alto que yo con unos profundos ojos grises, y cabellos negros largos y lacios que caían grácilmente sobre su piel caucásica, mantenía las piernas cruzadas. Me hizo un ademán para que me sentara frente a él sobre una silla de madera más vieja que mi abuela, analicé el lugar antes de devolverle la mirada, notando que el resto del equipo se sentaba en mesas dispersas acompañados de las bailarinas del local, malditos suertudos pensé regalando una pequeña reverencia al hombre de no más de veinticinco años de edad, este me escrutaba con la mirada.
Eres muy joven para moverte en este mundo – dijo seriamente aunque un tono sensual en la voz, ahí iba el primer punto en contra mía.
Si puede ser – dije llamando al mesero y pidiendo una botella de sake – pero sin duda esta es la mejor edad para disfrutar la vida, si me entiendes, ¿verdad?
Sí – el hombre sonrió coquetamente comenzaba a sentirme intimidado, esos hijos de puta habían pasado por alto ese pequeño detallito, aunque muy pero muy importantito, ¡es gay! y bien hubiese dicho Jiraya, con una cara de uke que todo el mundo debe mirar. - ¿Eres nuevo en la cuidad? No podría haberte pasado por alto nunca.
A decir verdad, no – baje la mirada, ¡¿qué mierda acababa de decir?! –es decir, mis padres viven aquí y hace años que me fui, es una historia complicada.
Soy todo oídos – dijo acomodándose en la silla y apoyando su mentón en una de sus manos.
Mi padre quiere que me case – esto empeoraba, soy mal mentiroso, sin duda, lograba escuchar unas cuantas risitas disimuladas por el auricular en mi oído, esos me las pagaría una vez que saliera victorioso y CASTO del lugar – pero yo no quiero, siento que aún tengo mucho por hacer, así que un día caminado por la calle escuché a unos hombres hablar de las damas que vendes, así podría pasar por mi mujer.
¿Mm? Ya veo – tomó otro sorbo de sake y yo le imité –los padres son siempre tan rígidos, nada les parece, el mío era machista.
Lo que es la vida – susurré y este me sonrió un tanto contento – me refiero a que sí, son todos unos idiotas – de repente acercó su mano a mi rostro, me quedé petrificado, no podía echar a perder la misión, si bien me habían dicho que debía hablar con él, nadie jamás mencionó que tendría que aguantar sus manoseos por aquí y por allá.
Tus ojos son hermosos – citó, al oír esto me atraganté con el sake y lo escupí en un lado de la mesa, me sentiría alagado una chica lo hubiese dicho pero un maricón…. Hugg.
Cof, gracias cof cof – sacudí mi cabeza - ¿Cuándo podrías mostrarme a las chicas? – cambié el tópico antes que al "graciosito" se le ocurriera decir otra "graciosada".
No sé, bebe un trago más conmigo y te diré – miró a los chicos que acababan de vaciar sus carteras en las cabareteras.
Por supuesto – suspiré sirviendo un poquito más de sake - ¿Qué costo tienen? – me sentía mal expresándome así de las pobres, es decir, hablaba de ellas como si fueran mercancía barata.
Eso depende de la chica – sonrió - ¿Por qué tan interesado en quedar bien con tu padre?
Esto … - tenía que pensar rápidamente – siempre he querido ser el primero ante sus ojos – dije pensando en Sakura, logrando con esto un maquillaje perfecto para mi actuación, las palabras nacieron nostálgicas y muy bajas.
Ya veo – hizo un puchero – es increíble que tu padre no valore a una ricura como tú – mezclaba el sake con su dedo índice, esto me daba asco, no veía llegar la hora de apresarlo – bueno, es la hora de mostrarte la mercancía, por aquí por favor.
Se puso en pie y acto seguido, yo también, miré a los chicos y "Kawaii" sonó en mi auricular, lo cual quería decir que esa sería la señal, me encaminó por unos pasillos bastante angostos y entramos en la primera puerta que se divisó.
Lo que ví, ni para Jiraya hubiese sido lindo, las chicas se veían arrinconadas y juntas para darse calor, habían unas sábanas tiradas en el piso, con lo que asumía que esas debían ser sus "camas", todas estaban en ropa ligera, lesionadas y sucias, debía decir, esto era la trata de blancas, como se decía en la aldea, maté todo sentimiento que pudiera delatarme, me acerqué a una en especial de unos lindos ojos verdes, me recodaba mucho a Sakura, solo que ella era castaña.
¿Es ella la que te gusta? - rompió el silencio. Le miré negando con la cabeza.
¿Cuánto pides por cada una? – dije dando a entender que me encontraba en el lugar y así comenzaran el rastreo.
La trigueña frente a ti, diez mil yenes – dijo sin corazón – la rubia nueve mil yenes – apuntó a una niña de no más de dieciséis años- y por la morena veinte mil, eso porque es la más reciente. Si gustas puedes quedarte a conocerlas mejor.
Nop – le sonreí, logrando ver que el hombre metafóricamente se derretía frente a mí – todas son muy hermosas, no sé cuál escoger – le volteé a ver – Kawaii.
¿Kawaii? – susurró la niña frente a mí, en cuestión de segundos el trío restante de ANBU sometieron al pervertido por la espalda, mientras yo retiraba la cuerda de las muñecas de cada una.
Las chicas lloraban agradeciéndonos por rescatarlas, me erguí y caminé hacia mi taichou dándole un golpe en la cabeza, Tenzo reía a todo pulmón, mientras los otros se llevaban a las chicas y al hombre.
Espera Naruto, sin dudar lo tuyo es el ligue – reía, Tenzo jamás se había mostrado de esa forma conmigo, efectos del alcohol sin duda – "Tus ojos son hermosos" – canturreaba persiguiéndome por el pasillo de vuelta al bar.
Estás borracho, ya cállate – dije saliendo del lugar mientras que una mesera se aproximó a mí.
Hola guapo – dijo sonriéndome, puse la mano en mi cabeza. Lo último que necesitaba era quedarme sin dinero.
Ten – le extendí un billete para que se largara, estaba molesto. El Sharpey me escucharía esta vez.
Eran tiempos bastante graciosos entre lo que cabe, las misiones eran muy complicadas puesto que a veces comprometían tu dignidad, orgullo de demás "valores" que tanto te costó conseguir, creo que lo más complicado de perder es el orgullo, por eso pienso que Sasuke se ve envuelto en una oleada de contradicciones y broncas existenciales. Esta es la cuarta vez que pasa frente a mí, le hago una mueca y se acerca a mí, Sasuke es ahora mucho más alto que yo, sigue manteniendo ese rostro serio y enigmático que desviste en el acto a las chicas de la aldea, me mira y yo busco la palabra en concreto que quiero decirle.
Teme – sonreí, esa no era la palabra, pero ya es la costumbre – te va mal en el ANBU ¿verdad?
No – dijo escuetamente – es…
¿Qué quiere Danzou – inu? – Tenía un mal presentimiento, no sé por qué.
La chica – dijo serio – escapó, frente a mis ojos - admitió apenado, se veía en su rostro ligeramente sonrosado. Sasuke no estaba acostumbrado a fallar en una misión.
Venga, te ayudo – le dije, gracias al modo sannin podía encontrarla fácilmente. Localicé el chakra unas calles detrás de nosotros, no le iba a pedir explicaciones, ya tenía suficiente con haberla perdido de vista – En Ichiraku's RAMEN – dije escuetamente. Se levantó enseguida y yo me quedé sentado.
¿No vendrás dobe? – me dijo. Me puse en pie siguiéndole el paso.
En efecto estaba sentada en el piso a un lado del puestecito de RAMEN que tanto amaba, miraba al cielo ensimismada, Sasuke suspiró con alivio, tomándole del brazo con suavidad, me le quedé mirando a ambos, me parecía muy extraño ver a Sasuke siendo tan caballeroso con una mujer, siempre las ignoraba y pasaba de largo frente a ellas, me daba coraje ver en esa actitud a mi amigo cuando una chica le ofrecía su corazón, y él las rechazaba infamemente.
Gracias, Dobe – dijo y sin más se la llevó a la torre Hokage. Estando frente al puesto, se me antojó unos deliciosos fideos que el anciano preparaba con mucha amabilidad.
Hablando de la sacerdotisa, desde que me visitó aquella noche, no le he vuelto a ver, sino hasta hoy que la he buscado junto a Sasuke, he procurado que el hecho de haber sido el equipo de engendros y yo quienes la raptamos, no afecte mi conciencia eternamente. No me preocupa Sasuke, el sería incapaz de hacerle daño, a veces creo que es gay, jeje; sin embargo, admito que me despertado más de una vez en la madrugada pensando en que por mi culpa ella pudiera estar sufriendo algún tipo de tortura, me alegra que este completa, así su muerte no pesará en mi consciencia.
¡Gracias abuelo! – dije tras terminar el chawan con RAMEN que me degusté. El anciano me miró alegremente como siempre lo hacía y salí del puestecito.
Tras caminar mucho por las calles abarrotadas de la aldea, dándole espacio a los primeros caos decembrinos, vi una silueta muy familiar, izarse frente a mí, parecía comprar un fino pino navideño, sonreí de manera que pudiera notarme, la mujer me saludaba con la mano de manera muy tímida. Hinata era ahora una mujer muy bella de finas facciones y un cuerpo delicadamente moldeado, se veía acompañada por Kiba y Akamaru quienes lidiaban con las bolsas de las compras, al parecer Hiashi había presionado a Kiba para que fuera su guardaespaldas personal o esos dos habían pasado al siguiente nivel.
Buenas tardes Naruto san – Me dijo tímida, ella siempre tan propia, tenemos años en conocernos, pero jamás quiebra las reglas de etiquetas propias de su clan.
Buenas tardes Hinata – posé mis ojos en el pino navideño - ¿Decorando?
Sí, esta es la primera vez que el clan Hyuuga llevará a cabo una macro celebración en la aldea, así que todo tiene que estar perfecto – dijo ella con una ligera sonrisa en su rostro.
¿Hay espacio para mí? – sonreí, revolviéndome el cabello ahora rubio, costó mucho trabajo devolverlo a su color natural, estuve muchas horas metido en la casa de Ino, mientras ella y Sakura hacían no se qué con mi cabello.
Claro Naruto san, necesitamos mano de obra – dijo. Kiba me extendió unas bolsas de papel que ya no entraban entre sus brazos y avanzamos hacia la residencia del clan de los ojos blancos.
Todo era un completo alboroto, Neji brincaba de teja en teja colgando unas adorables campanitas de cristal, para que sonaran junto al viento de invierno, Tenten acomodaba muérdagos en las puertas mientras que Rock Lee colgaba las coronas navideñas, nunca había visto tanto que hacer en mi vida, no aguanté las ganas de poner manos en obra, así que con ayuda de unos KageBushin comecé a forrar unos muchos regalos para acomodarlos bajo el árbol que Kiba y Hinata decoraban con ayuda de Akamaru, Hiashi y Gai sensei.
Al cabo de las once de la noche, todo era un espectáculo, se veía igual que un sueño, guirnaldas, esferas, muérdagos, luces, en fin, el lugar se veía hermoso. Toda la mansión se veía inundada por las risas y chistes que se detonaban entre ellos, hasta Neji que es muy reservado se mofó de mí en dos ocasiones, primero por mi cabello negro y luego por el acoso sexual del que fui víctima. Me sentía muy a gusto en ese sitio.
Pasa – escuché decir a Hinata – Eres bienvenida – por acto reflejo miré hacia la entrada, era ella, ¿cómo consiguió burlarse del ANBU nuevamente?
Gracias – susurró buscándome con su mirada, me puse de pie y caminé a la entrada.
¿Cómo haces para librarte de ellos? Algún día deberás darme la receta – sonreí burlón.
Mmm – bajó su mirada – son fáciles de burlar – se limitó a decir.
En los regalos necesitamos ayuda – dije - ¿te parece si me ayudas? – asintió con la cabeza, pude sentir la mirada del clan entero sobre nosotros, incluso Hinata me miraba extrañamente, ¿es que acaso había hecho algo mal?
Los ignoré olímpicamente y caminé hasta donde había estado sentado hacía unos momentos, podía imaginar a Sasuke y la panda de inútiles buscándola de nuevo, Neji mantenía activado su Byakugan ¿Podrían desconfiar de ella? Me ayudó a envolver cada uno de los regalos, ninguno de los dos decía nada, solo lo necesario, nuestra conversación "minimalista" comenzaba a incomodarme.
¿Por qué escapas? – dije sin un tono real en mi voz. Ella levantó la mirada - ¿Tienes idea de que podrían asesinarte por esto?
No lo permitirías – dijo sin más, pude notar a Tenten mas cerca de nosotros ahora que empezábamos a conversar - Danzou quiere revivir a Madra Uchiha – al escuchar esto me puse de pie en ipso facto y comencé a hiperventilar – siéntate por favor – añadió suavemente, dándome a entender que no quería armar revuelo – Estos días he estado buscándote, porque tengo entendido que eres tu quien acabó con Madara hace un tiempo.
¿Por qué me dices todo esto? – inquirí dando una nota soberbia a mi voz - ¿Cómo puedes confiar en el hombre que te trajo a una aldea desconocida?
Yo no confío en ti – dijo seria- es solo que… No puedo revivir a ese hombre – se limitó a decir. Esto no tenía coherencia; confiaba en un hombre en quien no confía, se escapa del ANBU sin que ellos siquiera lo noten, o… ¿Sasuke podría dejarla salir? ¡no!, eso es imposible.
Entonces no entiendo – declamé. Colocando un gran moño dorado sobre un paquete rojo metalizado, se veía despampanante.
Quisiera conocerte – dijo lacónicamente – necesito ordenar mis ideas y si todo es como creo que es, ya sé que haré para evitar revivir a ese demonio.
Así que es a eso a lo que te trajeron a Konoha… a revivir a Madara – Maldito Sharpie pensé con odio, mientras tomaba otro paquete para envolver, pero ahora con un papel azul metálico.
Esa es mi especialidad – reconoció con tristeza – aunque solo puedo hacerlo una vez – aclaró – debo irme –dijo poniendo el último regalo sobre la mesa, habíamos terminado de forrar los regalos en medio de la conversación. Le seguí con la vista hasta perderla, su declaración ponía todo cabeza abajo, teníamos que evitar eso, ella también estaba en desacuerdo, pero aun así, eso no daba poco tiempo para movilizarnos.
La sacerdotisa quiere conocerme, pero estando ella en los calabozos, no podremos hacerlo. Esto es algo totalmente inesperado, ¿Qué tan bien puede conocerme para sumir que no dejaré que le dañen? ¿Pudiera ser por aquella vez en que la defendí? Tengo tantas preguntas que hacerle, así que le tomaré la palabra y hallaré la manera de visitarle todos los días, algo se me ocurrirá.
Si es verdad lo que ella dice creo que tendremos que adelantarnos – sugirió Neji con voz demandante, atrás de él estaba Hiashi mirando la puerta como si acabaran de ver a un emisario del diablo.
Es peligroso que Madara reviva – dijo Hiashi – Naruto san, debe hablar con ella, convencerle que o lo haga.
Lo sé, Hiashi san – susurré – necesitaré su ayuda – Neji asintió.
Salí de casa de los Hyuuga analizando la situación, tenía que pedir una opinión, creo que era tiempo de visitar a Kakashi sensei.
