Capítulo 3: Huérfanos
31 de Octubre 1981. Godric Hollow.
La casa estaba destruida. Muerta. Sin vida. Un llanto.
Sirius Black sobrevolaba sobre el Valle de Godric buscando la casa de su mejor amigo, estaba listo para empezar la fiesta de Halloween, se había disfrazado de estrella de rock, unos lentes negros tapaban sus ojos, la chamarra de cuero y las botas hacían el conjunto perfecto, además la motocicleta encantada le daba el aspecto perfecto.
Algo no estaba bien, una columna de humo se extendía desde la casa de los Potter, sin esperar más aumentó la velocidad y en unos pocos minutos se encontraba en la entrada de la casa destruida.
-No... James... –un susurro imperceptible, lleno de ansiedad. Entro sin hacer ruido con la mirada inspeccionando el lugar. Crash. Algo crujió debajo de su pie, al quitarlo para averiguar que era, se quedo como piedra, reconocería esa varita en cualquier lugar.
-Nooo... –Las lágrimas corrían por sus mejillas, su amigo, su hermano, estaba muerto. –Lily... –Una opresión en su pecho, le cerro los ojos a su amigo y decidido levanto la cara en busca de ella, tenía que estar viva. Busco en la cocina, en la sala, en la biblioteca. Nada. Ella no estaba. Un llanto lo alerto. –Harry... –Subió las escaleras de dos en dos hasta la habitación de su ahijado, en el umbral de la puerta se paralizo, ahí estaba ella, tendida adelante de su hijo, y Harry... sentado, con lagrimas en sus pequeños ojos. Mami. Sirius lo agarro con sus manos y lo acerco a su pecho. Mami. El pequeño se revolvió, estiraba sus brazos hacia el cuerpo sin vida de su madre. Mami –Tranquilo, todo estará bien, no llores pequeño.
No pudo soportar más, salió de la casa.
-Sirius –Un figura estaba en el patio de la casa. –Yo... lo siento, ellos eran tus mejores amigos... yo-o...
-Hagrid –Sirius lo interrumpió, no tenía ánimos de escuchar a nadie.
-Dame a Harry, Sirius –este lo miro sin comprender –El profesor Dumbledore me pidió que lo sacara de aquí y lo llevara con él.
-Si... si... –Sirius le tendió el pequeño bulto a Hagrid –Llévate la motocicleta –Le tendió las llaves –Cuídalo, por favor -Hagrid agarró al pequeño lo acomodo en sus brazos, se subió a la moto y partió hacia Privet Drive.
Sirius con otros planes desapareció en busca del traidor. Pagaría por esto. Lastima que su venganza no la cobraría, a cambio de eso una larga estadía en la prisión de Azkaban lo esperaba.
Ninguno de los dos se había dado cuenta que una mujer de cabello castaño y un abultado estomago había aparecido, cuando ellos se fueron la mujer corrió hacia la casa, deteniéndose sólo en la primera planta para recoger un palo de madera, luego subió las escaleras y de nuevo recogió un palo de madera. Los guardó entre sus ropas, se inclinó hacia la mujer, le cerró los ojos y un suspiro salió de su boca.
–Lo siento Lils, pero no podía venir y arriesgar a mi hijo, nunca me perdonare por lo que hice, cuidare a tu hijo lo prometo. No puedo creer que Sirius los traicionara, no me arrepiento de haber ocultado mi embarazo al mundo, no quiero que mi hijo crezca sabiendo que su padre traiciono a sus mejores amigos, lo siento. No tengo perdón.
Después de esas palabras desapareció.
31 de Octubre de 1981. Privet Drive, Little Whinging, Surrey.
Un hombre apareció, alto delgado y anciano a juzgar por su plateada barba, llevaba una tunica larga y una capa color morado. Tenía una nariz larga y torcida, encima de está llevaba unos lentes de media luna que escondían unos ojos azul destellante. Después de revolver su capa en busca de algo, reparó en el gato que lo miraba atentamente.
Rió entre dientes y murmuro. -Debería de haberlo sabido –Por fin encontró lo que buscaba, un encendedor de plata. Al encenderlo la luz más cercana se apago, repitió este proceso hasta que en la calle la única luz provenía de los ojos del gato. Guardo el Apagador dentro de su capa, se acerco al numero 4 de la calle y se sentó en la pared cerca del gato.
-Me alegro de verla aquí, profesora McGonagall. –Se volvió para sonreír al gato, pero este ya no estaba, en su lugar estaba una mujer de aspecto severo con gafas de montura cuadrada. Parecía disgustada.
Después de un momento, donde la mujer-gato hizo las preguntas acerca de esa noche, retomaron la platica.
-Hagrid se retrasa. Imagino que fue él quien le dijo que yo estaría aquí, ¿no? -Dumbledore había sacado un reloj para verificar la hora.
-Sí -dijo la profesora McGonagall -Y yo me imagino que usted no me va a decir por qué, entre tantos lugares, tenía que venir precisamente aquí.
-He venido a entregar a Harry a su tía y su tío. Son la única familia que le queda ahora.
-¿Quiere decir...? ¡No puede referirse a la gente que vive aquí! —gritó la profesora, poniéndose de pie de un salto y señalando al número 4 -Dumbledore... no puede. Los he estado observando todo el día. No podría encontrar a gente más distinta de nosotros. Y ese hijo que tienen... Lo vi dando patadas a su madre mientras subían por la escalera, pidiendo caramelos a gritos. ¡Harry Potter no puede vivir ahí!
-Es el mejor lugar para él -dijo Dumbledore con firmeza- Sus tíos podrán explicárselo todo cuando sea mayor. Les escribí una carta.
-¿Una carta? -repitió la profesora McGonagall, volviendo a sentarse -¿de verdad cree que puede explicarlo todo en una carta? ¡Esa gente jamás comprenderá a Harry! ¡Será famoso... una leyenda... no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry... todos los niños del mundo conocerán su nombre.
-Exactamente -dijo Dumbledore, con mirada muy seria por encima de sus gafas-. Sería suficiente para marear a cualquier niño. ¡Famoso antes de saber hablar y andar! ¡Famoso por algo que ni siquiera recuerda! ¿No se da cuenta de que será mucho mejor que crezca lejos de todo, hasta que esté preparado para asimilarlo?
La profesora McGonagall abrió la boca, cambió de idea, tragó y luego dijo: -Sí... sí, tiene razón, por supuesto. Pero ¿cómo va a llegar el niño hasta aquí, Dumbledore? -De pronto observó la capa del profesor, como si pensara que podía tener escondido a Harry.
-Hagrid lo traerá.
Un ruido sordo rompió el silencio que los rodeaba. Los dos miraban hacia el cielo, y entonces una pesada moto cayó del aire y aterrizó en el camino, frente a ellos.
-Hagrid —dijo aliviado Dumbledore -Por fin. ¿Y dónde conseguiste esa moto?
-Me la han prestado; profesor Dumbledore -contestó el gigante, bajando con cuidado del vehículo mientras hablaba - El joven Sirius Black me la dejó. Lo he traído, señor.
-¿No ha habido problemas por allí?
-No, señor. La casa estaba casi destruida, pero lo saqué antes de que los muggles comenzaran a aparecer. Se quedó dormido mientras volábamos sobre Bristol.
Bajo una mata de pelo negro azabache, sobre la frente, pudieron ver una cicatriz con una forma curiosa, como un relámpago.
-¿Fue allí donde...? susurró la profesora McGonagall.
-Sí —respondió Dumbledore—. Tendrá esa cicatriz para siempre.
-¿No puede hacer nada?
-Aunque pudiera, no lo haría. Las cicatrices pueden ser útiles.
Dumbledore se volvió hacia la casa de los Dursley
-Bueno. -dijo finalmente Dumbledore - ya está. No tenemos nada que hacer aquí. Será mejor que nos vayamos y nos unamos a las celebraciones.
-Ajá -respondió Hagrid con voz ronca. - Voy a devolver la moto a Sirius. Buenas noches, profesora McGonagall, profesor Dumbledore.
-Nos veremos pronto, espero, profesora McGonagall -dijo Dumbledore. La profesora McGonagall se sonó la nariz por toda respuesta.
-Buena suerte, Harry.
La iba a necesitar y mucho, a fin de cuentas los Dursley odiaban la magia.
31 de Octubre de 1981. Cueva en el bosque de Sherwood, Nottingham, Reino Unido
La niña no dejaba de llorar, estaba en la cuna abrazada a sus piernas, sufría sin saber el motivo exacto. Naggini, al verla en ese estado se acercó, enredo su cuerpo contra ella en un vano intento de consolarla, tal vez la niña no sabía el porque de sus lágrimas, pero naggini sí lo sabía, ya que el fragmento de alma perteneciente a su amo se revolvía en su interior, quería escapar.
Un vez que la niña estaba dormida por el cansancio de llorar, naggini no esperó más, sujeto las mantas donde la pequeña descansaba y con su lastimera fuerza la arrastro fuera de la cueva adentrándose en la oscuridad del bosque. No se detuvo hasta encontrar un lugar seguro, cuando ya no pudo, dejo a la niña en un claro cerca de unas rocas que ocultaban todo su cuerpo, la serpiente quedo tendida a lado de ella de una manera protectora y se quedo profundamente dormida.
El crujir de una rama la alerto, el sol ya había aparecido, naggini se arrastro buscando el origen de ese ruido, no tuvo que alejarse demasiado pues una sombra de gran tamaño se acercaba entre los árboles, se preparo lista para atacar, pero ella estaba débil y el hombre era ágil, así que cuando se lanzo por él, este le disparo, apenas y pudo evitar que la bala le diera, cayó al piso y se arrastro para ponerse a salvo, pero no contaba que con el ruido ensordecedor del disparo despertara al tesoro de su amo.
El hombre al percatarse del llanto corrió hacia el claro, pero no veía nada –Estoy alucinando- se dijo. Se acercó al arroyo para lavarse la cara y despejar ese sonido, una vez hecho eso se levanto y dio la vuelta. –Oh! –desde ese ángulo veía a la niña perfectamente, la agarro entre sus brazos con la sorpresa impregnada en su rostro –¿Qué haces aquí pequeña? –volteó a todos lados en busca de una señal que le indicara que los padres de la niña estuvieran cerca –¿dónde están tus padres niña? –al no obtener respuesta suspiro frustrado –Ya está, te llevaré conmigo, mi esposa sabrá que hacer.
Se dirigió por el mismo camino por donde había llegado seguido de una serpiente verde.
Después de caminar por una hora, encontró una camioneta equipada (NA/ camioneta pik up), sacó las llaves de su bolsillo y se adentro en él. Naggini que lo había seguido se subió a la parte trasera de la camioneta y emprendieron el viaje.
Cuatro horas después se encontraban en Nottingham, se desplazo hacia las afueras de la ciudad, cuando se detuvo lo hizo en una gran mansión.
Tenía sirvientes esperándolo, se bajo de la camioneta y enseguida un criado se subió y se lo llevo de ahí. Caminó hasta la entrada donde una mujer ya entrada en años lo esperaba –Helga, agarra a la niña, báñala, vístela y dale algo de comer, cuando este presentable llévala a mi habitación, ¿Donde esta la señora?
-Se encuentra en la biblioteca, Señor –respondió a la vez que agarraba a la niña de los brazos del señor.
-Dile que venga a la habitación, es urgente, si te pregunta sobre la niña dile que yo le responderé –añadió con cautela.
-Como ordene señor –Helga salió directa a la biblioteca siguiendo las indicación de su patrón.
El hombre subió las escaleras, dio vuelta a la derecha, luego a la izquierda, volvió a subir unas escaleras, de nuevo gira a la izquierda, sigue derecho por un largo corredor, sube de nuevo unas escaleras, y sigue derecho hasta el fondo deteniéndose en la única puerta existente en ese pasillo, gira la perilla y entra en la habitación.
Momentos después entra una mujer con el cabello rubio, y un elegante vestido. Refinada.
-¿De quién es la bebe? –Pregunta en un tono amenazante.
-La encontré en el bosque esta mañana, no había nadie cerca, así que me la traje.
-¿Y eso es todo? –fruncía el seño, una idea apareció en su cabeza.
-La llevare a la policía, ellos sabrán que hacer y...
-No –la mujer lo interrumpió con brusquedad –No –repitió de nuevo –La quiero, no me importa como lo hagas, quiero un hijo, así que me la quedo, tienes una semana para arreglar los papeles necesarios. –El hombre suspiro derrotado no podía hacer nada para cambiar la decisión de su esposa. –Alégrate Gaspard, tenemos una niña, que lleva el nombre de tu madre, Leila... Leila Morrison, me gusta, ¿a ti no?
-Me gusta el nombre, en una semana será legal Cassandra y podrás... –No pudo continuar un golpe en la puerta se lo impidió –Adelante –Helga iba con la niña en brazos arreglada y perfumada, tenía puesto un pequeño vestído que le quedaba un poco grande –Hubo algún problema.
-La niña no quiso comer por más que insistí.
-Gracias Helga, retírate y trae algo para alimentarla.
-Sí señor.
-Mirala Gas, es preciosa, se parece a mí, excepto por los ojos, aunque podríamos decir que saco los ojos de tu madre, de ahí el nombre.
El hombre vio a su mujer, de nuevo sonreía, hace años que no la veía así, desde que murió su hija en el vientre de su esposa y está ya no pudo tener hijos, pero era su culpa, si no le hubiera golpeado ese día. Sacudió su cabeza alejando esos pensamientos.
La niña no movía ni un dedo, estaba asustada, pero la mujer la acurruco en su pecho mientras entonaba una canción la niña se relajo, llevó su dedo a la boca y quedo totalmente dormida, sin tener pesadillas.
Naggini miraba todo desde una ventana, no tenía poder suficiente para cuidar a una niña de 9 meses, esperaría a que creciera lo suficiente para llevársela de ahí, por lo menos los muggles eran ricos, lo que significaba que la niña crecería como princesa.
Lastima que nuestra querida serpiente estaba demasiado lejos de la realidad.
Tercer capítulo un poco corto, espero les guste, años sin actualizar lo siento.
Gracias por sus comentarios y a las personas que agregaron la historia a sus favoritos.
^^... cualquier cosa ya saben que hacer... dejar comentario =)
