Cap. 7: S7

"Protégeme que yo te protegeré"

El único momento donde no podían 'monitorearnos' era durante las misiones, esta vez, era una misión de asesinato, con lo mucho que las odio. Según Danzou, debía ser algo 'limpio' y 'efectivo' lo que en sus ladridos significa "que nadie se dé cuenta". Estábamos desvelados por la noche de navidad, comimos y tomamos hasta caer al piso, como era de esperarse, nadie dijo nada de la visita de la sacerdotisa, aunque si se hicieron las interrogantes del por qué no había ido, me hastiaron preguntando por qué ella no había llegado a la celebración, ¿acaso tenía un letrero sobre mi frente que decía "información"?

Nos dirigíamos a la aldea de la lluvia, bueno, si es que se podía llamar de ese modo, en los últimos años, y desde que Madara desapareció de la faz de la tierra, las aldeas con ejércitos shinobi habían obtenido un gran avance aliándose con las aldeas productoras de cualquier cosa, así que en lugar de perder precioso tiempo en la mafia, como nosotros, se dedicaron a explotar su sistema comercial para volverse un imperio manufacturero, es por eso que íbamos ahí, a asesinar al viejito bigotón que amenaza con destruir nuestro sistema económico. Es así como funcionaba, eres una amenaza, entonces, ¡te matamos!, simple, tanto como contar uno, dos, tres.

Esta era una misión ANBU de clase SA, traducción al cristiano, una misión que solo se lleva a cabo con el uniforme ridículo y que es "súper especial". A esta misión acudíamos el equipo especial siete, S7, con fines de abreviación; Sakura no estaba incluida para esta misión, Sai era el reemplazo involuntario para que supuestamente nos mantenga a raya.

Kakashi sensei no nos acompañaba, así que Sai era el Taichou en ese momento, obviando el hecho del por qué, Sasuke y yo no tenemos más que seguir órdenes del pálido compañero. En realidad no nos importaba, Sai últimamente ha sido nuestro mejor vínculo con el Hokage aunque a él también le han puesto el ojo encima.

La aldea de la lluvia estaba bastante lejos, aún nos hacían falta un día y medio de camino, comenzaba a molestarme el tramo tan lento, debía parecer una misión sin importancia para que no se diera aviso del grupo que se acercaba peligrosamente a dicha aldea.

Cuando la noche nos alcanzó, estábamos lo suficientemente lejos de la aldea, ya no habrían oídos curiosos por ahí, puesto que evidentemente, estábamos bastante lejos.

- Sakura mencionó que Orión, también dijo que todo terminaría si lo obtenía – dije mirando fijamente al fuego.

- Danzou sama, lo necesita, para revivir a Madara Uchiha, y no es un collar, es un rosario – declaró Sai, para el asombro de todos.

- ¿Podría ser la caja morada que tomo del jarrón? – pensé en voz alta, creo que había hablado de más.

- Una cajita morada – repitió el moreno - ¿ésta? – mostró, no tenía idea del como Sasuke tenía la cajita y mi mirada intrigante lo delataba.

- ¿Cómo es que tú la tienes Sasuke san? – inquirió Sai, prestando atención a la caja.

- Me la dio y no la había sacado de mi bolsillo – declaró casual – de hecho pensaba botarla.

Teníamos el rosario, así que aunque le torturaran no podría hacerlo, eso era bueno ¿no?, suspiré tranquilo, de alguna forma eso era mejor.

Tras la puerta de madera roja, era casi el anochecer, podía escuchar unos gritos, no sé por qué mi cuerpo no puede moverse, tampoco puedo gritar o protestar, pareciera que la persona tras esa puerta sufre de sobre manera. Al poco tiempo, alguien me toma por el brazo oscamente, abre la puerta y avienta al piso, de frente al escritorio.

- Aquí está, señor – decía la voz sombría de una mujer – Lo encontré en los alrededores de la aldea y no opuso resistencia.

- Hmp – me miró de reojo – déjalo. Retírate.

- Sí, señor – Pude ver la cara, era ¡¡Sakura!!

- ¿Así que esperabas vencerme en una revolución? Jajajaja – odiaba los monólogos de autosuficiencia – Creo, Naruto, que olvidaste algo muy importante – se acercó a mí muy peligrosamente y sacó de mi bolsillo la cajita morada con el rosario dentro – la regla de oro "no comprometer tus sentimientos con la misión" – sonrió ampliamente, mientras retiraba la mordaza de mi boca – Mira hacia allá – señaló hacía una esquina, no volteé a ver, pero la piel se erizaba, no quería voltear a ver, tenía un mal presentimiento. Entonces tomó mi mentón y dirigió mi rostro hacía esa dirección – mmm parece ser que hasta los héroes tienen sus límites… incluso en Konoha – se dirigió a ella, quién estaba amordazada en una esquina.

Su estado era deplorable, a juzgar tenían mucho tiempo torturándole, las lágrimas brotaron involuntariamente de mis ojos, pensaba haber ahogado esos sentimientos, aunque no podía evitar aquello, no creí sentirme tan culpable por algo que en realidad no había prometido del todo, es decir, yo jamás le dije 'te protegeré', pero era un héroe ¿no? Se supone que los héroes hacen eso, proteger a las personas sin que ellos lo pidan. Tal vez me llegué a creer tanto lo que la gente decía que me empeciné en una quimera.

No podía mirarle fijamente, eso solo alimentaba la cólera que sentía hacía ese malnacido que se había atrevido a lastimar a alguien vulnerable, aunque si lo pensaba bien, no es diferente a lo que hemos hecho estos últimos años.

Ella respiraba con dificultad, sangraba del rostro y tenía moretones por todo el cuerpo, el sharpie tomó una katana y se acercó a ella, levantó su rostro con una mano y sonrió, odio esa maldita sonrisa.

- ¿Aun tienes fe en él? – dijo alegremente – no ha movido dedo alguno.

- No me importa – dijo quejumbrosa con un hilo de voz.

- El anciano me volteó a ver con el seño fruncido, definitivamente odiaba el hecho que ella confiara en mí.

- Maldito – Desperté a la mitad de la madrugada bastante agitado.

Miré alrededor, había despertado a Sasuke quién era el más cercano a mí, estaba feliz que hubiera sido un sueño, un mal sueño. Eso no tenía por qué salir a la realidad, tenía que pensar fríamente mis pasos, la prioridad era que Madara no reviviera, una vez asegurado eso, dejar a la chica a salvo, ¿cómo? Eso tenía que meditarlo mejor.

Sasuke volvió a cerrar los ojos, una vez que se aseguró que no fuera un ataque sorpresa, miré a Sai, seguía durmiendo, muy seguramente porque ha aprendido a ignorar mis sueños y ronquidos extraños. La noche estaba en su éxtasis, la luna hermosa y las estrellas parecían brillar con luz propia, era una noche perfecta.

- Es oficial Sasuke, la protegeré – El moreno abrió los ojos nuevamente.