Cap.9: Asesinato
"El mayor crimen en este tiempo no está en el que mata, sino en los que no matan pero dejan a otros matar"
Las luces artificiales alumbraban perfectamente el lugar del encuentro. Me parecía bastante raro que los concursos fueran durante un horario nocturno, pero cada aldea tenía sus políticas, muy respetables. Entonces demás chicos comenzaron a salir a hacerle compañía a las chiquillas que estaban en el estadio.
- Tch, creo que no habrá apuesta – dije con un puchero, tenía la fe en que recuperaría el dinero que invertí en el mugre pastel por el que casi voy a parar al hospital.
Acto seguido, una mujer se paró en medio de todos ellos y dirigió unas palabras al grupo de chicos, estos asintieron y se fueron del lugar. Algo olía mal.
- Problemas - escuché la voz de Sasuke, al parecer no era el único que lo pensaba. Pronto noté como la mujer intentaba rastrearnos con la mirada.
- Mierda – dije en voz baja, frunciendo el cejo ligeramente.
- Cambio de planes, Naruto, hazlo – dijo Sai, quien ahora se escuchaba considerablemente más serio.
Sai y Sasuke se pusieron en pie con tranquilidad y avanzaron entre las filas abarrotadas de gente que chismorreaba el cambio de parecer del líder de la aldea, ignorando por completo el peligro que les acechaba.
- ¡¡Hey, los dos pelinegros, ni un paso más!! – gritó la mujer haciendo unos sellos con las manos.
Yo, mientras tanto, me dirigí lo más rápido posible ante la víctima y cubrí su boca con mi mano derecha mientras con la izquierda punzaba su espalda amenazando con perforar su columna vertebral.
- Aunque me mates, no podrás salir de la aldea – susurró audiblemente nervioso, pero con una nota de soberbia en su voz.
- Sí, como digas – dije seriamente. La aldea entera fijó su mirada en mí, mi mano temblaba ligeramente.
- ¿Por qué no lo haces? ¿Te da miedo? – dijo. Ya extrañaba los juegos mentales – Lo haré, solo espero el momento correcto.
- ¿El… el momento correcto? – dijo ya preocupado, al parecer, no había sido como él esperaba, ¡ja! ¡qué iluso! parece que aún tenía la esperanza de vivir.
- Vamos, mírenme – rogué inaudiblemente, esperando a que desviaran la vista de mis compañeros.
Pareciera que los llamé por telequinesis, al ver la situación, los ANBU se dirigieron a mí, cayeron en la trampa, después, los chicos salieron hacia la entrada de la aldea, por mi parte solo tuve que deslizar la kunai por su cuello esbozando una sonrisa, provocando con eso la cólera del ANBU, era una lástima, el kage de esta aldea tendría mucho trabajo durante un largo tiempo.
- Tajuu Kage bushin no jutsu – dije mirando en el instante cómo los dobles iban apareciendo.
Con esto la multitud comenzaba a levantarse y armar revuelo buscando una manera rápida de salir, aunque no lo harían, puesto que cada copia estaba situada en cada una de las entradas al lugar, la finalidad; "adivinen dónde está Naruto". Necesitaban tiempo para salir. Dos más se acomodaban a un costado armando para mí una esfera de chakra azul, cuando las copias se difuminaron, los aldeanos estaban lo más alejados posibles del cuadrilátero y los ANBU en medio del lugar, desconcertados, pues sabían que si iban por las copias el original escaparía, pero al final de cuentas, estaban donde yo quería.
- Futton: ¡Rasen Shuriken! – Eso era lo único que haría, el rasen shuriken se encargaría de desaparecerlos de la faz de la tierra.
Tomé al cliente por la cintura sacándolo del estadio, viendo como los aldeanos se aplastaban unos a otros, por su tonto intento de salir primero. No les pasaría nada, no si no se acercaban a curiosear. Avancé algunas calles, dejando al Kage en un techado seguro.
- Es todo, me largo – dije molesto, dándome la media vuelta para huir. Sin embargo sentí un ardor en mi brazo derecho, justo a la altura del pecho.
Miré desconcertado, ¿el cliente acababa de lanzarme una kunai?, giré mi rostro para asegurarme, encontrándome con un rostro familiar, la chica atrevida de hace unas horas atrás, Haruki, me miraba amenazadoramente.
- Sé bien que no te podré vencer con el nivel que tengo, pero protegeré al Amekage con mi vida – dijo con voz decidida.
- Adiós – dije desapareciendo del lugar con la ayuda de una bomba de humo – Nunca me ha placido matar.
Corrí hacia el tumulto de gente tomando impulso en los hombros de un hombre castaño para poder saltar la entrada de la aldea, tan pronto caí al piso, comencé a correr hacia unos matorrales donde habíamos dejado escondidas las ropas shinobi, para después retomar la huída triunfal.
Estuve corriendo cerca de veinte minutos hasta que por fin les día alcance, cuando sintieron mi presencia detuvieron su andar, para dejarme incorporarme al equipo.
- Creímos que te habían matado – dijo Sasuke.
- ¡Ja! No tienes tanta suerte teme – contesté con jadeos. Estaba hiperventilando, notando ahora como ardía el aire frío en mi nariz.
Decidimos descansar, durante esa noche y en la mañana partiríamos, buscamos una cueva en la que nos refugiamos solo por si la búsqueda seguía en proceso, tomando en cuenta el antecedente, solo nos quedaba esperar que el líder calmara a la multitud.
Me fue casi imposible dormir, el frío comenzaba a calarnos los huesos, notaba como entre las sombras, los gemelos Adams se revolvían entre las sábanas. Yo temblaba, pese a que estábamos cerca del fuego, sentíamos que el aire congelado traspasaba la tela de la bolsa de dormir.
Inconscientemente me fui acercando más al fuego, cambiando mi posición vertical a este, a horizontal, lo cual es bastante peligroso, pues las ondas calóricas rostizan tu piel. Sin embargo, esa sensación de confort era muy agradable, de esta manera puede conciliar el sueño.
A la mañana siguiente el cielo era homogéneamente gris, podía verlo por la entrada de la cueva hacia afuera, se podía presagiar un día lluvioso, pero a pesar de todo y de ser las siete de la mañana no caía una gota de agua. La fogata se había apagado una vez consumida la madera; me levanté estirando cada uno de mis músculos, me puse la casaca y la bandana, miré a mi alrededor, aun dormían; moví a Sasuke con la punta del pie hasta que finalmente, se movió. Después de ver a Sai salir de su letargo tan escuetamente como acostumbraba, decidí salir de la cueva, se filtraban unos rayos solares entre las nubes.
Suspiré e inhalé aire fresco, el clásico olor a bosque ahogó mis fosas nasales, mientras que el viento jugaba con mi cabello refrescando mi rostro aun tibio por gracias a la fogata de la noche anterior.
Tan pronto sentí un golpe amable en la cabeza, volteé a ver quién sería el afortunado ganador de uno no tan amigable.
- Imbécil – berreé en voz poco audible, algunos decibeles debajo de lo humanamente posible, miré a Sasuke con esa sonrisa torcida, me daban ganas de golpearlo, ¿ya les había dicho que odio esa sonrisa? Me daba un 'casito' donde deberíamos hervir agua.
No muy decidido, me encaminé hacia un riachuelo que había notado poco antes de darles alcance hacía unas horas, pocos minutos de caminata comenzaron a rendir fruto, pues ya podía escuchar el agua correr grácilmente entre las piedras, el sol salía finalmente, el agua irradiaba luz, parecía tener incrustados pequeños diamantes que rebotaban la luz en mi rostro logrando que tuviera que entrecerrar los ojos.
Tuve que regresar, si es que quería desayunar el RAMEN que siempre comía gustoso, hoy si tenía hambre, el estómago comenzaba demandar comida, así que apresuré mis pasos hasta donde debía estar la fogata encendida.
Desayunamos en silencio y partimos de igual manera, nos esperaba un largo camino por recorrer, habría deseado que los enclenques estuvieran aquí para hacer ruido cuando menos, todo el camino fue silencioso y aburrido, árboles, árboles y más árboles, nada que pudiera significar una distracción, oficialmente estaba aburrido.
Andábamos entre las ramas, lo que nos impedía la visión plena del cielo, sentimos las gotas de lluvia sobre nuestras cabezas y escuchábamos cómo las gotas se rompían sobre las hojas de los árboles, al menos eso era un ruido y rompía con la monótona escena del viaje.
Tardamos poco más de tres horas saltando hasta la entrada de la aldea, lo primero que haría sería quitarle el rosario a Sasuke, segundo, ir a ver a Jade y tercero planear minuciosamente lo que haría.
Lo primero: Quitarle el rosario a Sasuke creo que fue bastante exagerado de mi parte, puesto que durante el recorrido de la entrada a su casa, me dio la cajita morada, la metí entre la bolsa del pantalón. Lo segundo: Ver a la chica fue más difícil que lo anterior, pero finalmente logré pasar.
- Es importante que lo cuides, es una reliquia de mi familia – dijo con mirada suplicante - ¿quién fue su padre? – inquirió – debió ser alguien…
- El cuarto Hokage – podía jactarme de eso todos los días y a cada hora, fue un héroe local, poco más de lo que yo soy ahora -¿quién fue su madre? – inquirí sonriendo.
- Mirumaru – dijo. Alguna vez había escuchado ese nombre, le miré, mantenía la cabeza gacha y apretaba sus puños, ahora que le miraba detenidamente, podía darme cuenta de algo.
- Te le pareces demasiado – dije - ¡y qué bueno! Porque tu padre estaba gacho – sonreí, ella se sonrosó un poco pero fruncía su seño notoriamente molesta.
- ¿Tiene alguna pertenecía de su padre, no es así? – miraba la puerta, asentí con la cabeza – Tráigalo – susurró abriendo un portal directo a mi departamento.
- ¿Para qué? – dije. Ladeó la cabeza mientras me empujaba al portal.
En mi cama, me quedé pensado, ¿para qué lo querría? Me puse en pie, y rebusqué entre las cajas polvorientas que tenía almacenadas y apiladas en el closet, saqué una de color turquesa y la abrí mientras me detenía a mirar el collar que alguna vez perteneció a la cuarta sombra del fuego.
