Capítulo 10: La estrategia
"El estratega no marca las reglas del juego, las aprovecha volviéndolas a su favor"
La estrategia podría sonar incluso estúpida, a decir verdad mi cerebro no concebía algo más inteligente que "primero Madara y luego Jade". Me revolví en la cama, Shikamaru no se encontraba en la aldea, valiente ayuda, no podía salir corriendo a pedir ayuda, aunque bien, puedo con esto yo solito; por su parte Sasuke tenía una misión propia: soportar a la peli rosa.
Situación por la que él ha desarrollado un sentido de la tolerancia, una vez le dije que practicara yoga, él simplemente rió y aunque el comentario era enserio y sarcástico al mismo tiempo a su vez él lo tomó con muy buen humor. Volví a rodar por segunda vez y me caí de la cama.
- Mierda – Gruñí tallándome la cabeza, el porrazo que me acababa de autoregalar me dolía en sobremanera.
Aún con eso me incorporé mirando al reloj mientras escondía las narices en el borde de la cama, eran las doce del día, ni más ni menos, luego miré el retrato de cuándo teníamos diez, Sasuke con su cara de amargado, Sakura y Kakashi sensei eran los únicos contentos, ella por estar cerca de Sasuke y Kakashi sensei, no sé por qué; intentaba enterrar nuestras cabezas en nuestros respectivos hombros y yo descontento, porque el galán de la academia me robaba la atención de la chica que estaba en medio. Todo un show acepté la foto solo por tener una de Saskura. Que infantil era, auqnue a mis diez años qué se podía esperar.
En áquel entonces, creía que al día siguiente obtendría el título de Hokage, que tan solo hacía falta que me reconocieran, en realidad, no creía en la maldad del mundo, era un niño, nada más que inocencia pura mezclada con la estupidez.
Suspiré. Inhalé y contuve el aire inflando las mejillas recargando el mentón sobre el borde de la cama, una vez que me sentí mareado dejé salir el aire, para luego, volver a inhalar. Así lo hice una tercera vez disque para 'oxigenar el cerebro' y así poder pensar mejor; solo tenía una hora para, al menos, tener una mejor alternativa. El reloj andaba incesante, escuchaba el clock, clock, clock, clock, golpetear mi oído desesperantemente; al final decidí que no valía la pena perder el tiempo pensando superficialmente. Si las ideas no llegaban, era por alguna razón.
- ¿Y si hubiera otra forma? – dije en voz alta.
Ahora que lo pensaba desde ese punto de vista, la posibilidad de "raptarle" y llevarle a alguna aldea neutra sonaba bien, Gaara no permitiría la entrada de Konoha a su aldea, no, mala idea, eso implicaría que Suna comprara guerra gratis, y no podía poner en riesgo a mis amigos.
Matarle, ni por la cabeza, se supone que debo cuidarle, estaba pensando, pensando y pensando, no se me ocurría nada genial. ¡Nah!¡al diablo! Seguramente ella ya planeó algo, a la mejor sabiendo sus ideas, algo me vendría a la mente, podría acoplarme a ellas con facilidad. Sacudí mi cabeza y me incorporé, ahora estaba entumido, genial, gruñí, sentía esa horrible sensación de cosquilleos por mis piernas y rodillas, estiré mis músculos.
Volviendo al tema, en el caso que así fuese, necesitaría crear una distracción para permitirle llevar a cabo su plan, también debía calcular el tiempo que tomaría llevar a cabo eso y cualquier imprevisto, bueno, nadie dijo que planear una guerra fuera sencillo, ¿o sí?
Necesitábamos disciplinarnos, ash, eso si me parecía imposible, decirles que harán a cada quién por separado, encontrar tiempos para comunicarme con ellos, no, algo tenía que haber, porque hacerlo por separado, me robaría días enteros y para esto, Danzou ya nos mató.
Luego está el punto serio, los jutsus que pueda usar, Sasuke alguna vez los vio, así que es su obligación decirme que pasa con todo eso, para saber que hacer en caso de ataque.
Mi cerebro comenzó a sopesar las posibilidades, empezaba a sacar conclusiones, almenos era algo, no precisamente un plan pero por algo se empieza, comenzaba a planear estrategias.
Primero, si ella tuviera un plan, y basándome en eso, necesitaría quien le cuide la espalda, tres tal vez, Sasuke, yo y… ¿quién? ¿Kakashi?, no preferiría que me sirviera de distracción, Ino, ni pensarlo, Kiba… mmm, no se puede confiar en nadie, Shikamaru, es inteligente pero su nivel de chakra y de pelea es mínimo, mejor del lado de mi sensei, los Hyuga, Hinata es muy frágil aún, su hermana es fuerte, tiene carácter, pero nunca he platicado con ella, prefiero que sea alguien de confianza, así que si por lo Hyuga fuera, creo que la mejor opción sería Neji.
Había un chunnin que me "guiñaba el ojo", auqnue a decir verdad, Kurenai sensei me mataría si tan solo le insinuara el peligro al que se expondría Zen. Konohamaru, mmm… Konohamaru también me parece muy buena opción. Gaara sería perfecto, pero volvemos al asunto de la guerra gratis contra Suna, no conviene, aunque sé que él no negaría un apoyo.
Giré el rostro, ¡las tres de la tarde! ¡Mierda! ¿ En qué perdí tanto el tiempo? ¡Mi pago! Me paré de un brinco, me puse la casaca y salí por la ventana, saltando los tejados lo más rápido posible. Cuando llegué, ya estaban Sai y Sasuke.
- ¿Te dormiste dobe? – dijo serio. Esa era la pregunta clave para decir: "¿Has perdido el tiempo planeando la guerra dobe?
- Sí, a decir verdad, el tiempo se va volando – Sai sonrió asomándose al escritorio donde buscaban los sobres con el pago.
Conté mi dinero una vez que se me fue entregado, cinco mil setecientos yenes, mas de lo que había calculado, por supuesto no me estoy quejando, no me viene nada mal, Era la cantidad más grande que había recibido en toda mi vida, guardé el dinero, remodelaría el cuchitril en el que vivía, ya era hora de prestarle atención a mi entorno para algo diferente que protegerme del enemigo.
Giré en dirección Ichiraku's RAMEN, necesitaba comer algo. Camino a Ichiraku's divisé una niña que lloraba hincada cerca de un arbusto. Era alguien que jamás había visto en la aldea, me nacía curiosear ante la pena de que hubiese perdido a sus padres, podría decir que la chiquilla no cruzaba los cinco años de edad, así que me acerqué a ella sútilmente.
- ¿Qué pasa? – le dije complaciente, pero en cambio ella seguía llorando, me extendió su pálido bracito y sin levantar la mirada, dejó caer lo que tenía empuñado entre su mano.
Bajé la mirada inmediatamente para cruzarme con le collar que le perteneció en vida a Itachi, lo tomé cuidadosamente y miré a la infante que seguía ahogada en lágrimas, sus cabellos oscuros no me dejaban ver su carita.
- ¿Dónde lo haz obtenido? – Puse mi mano sobre sus hombros, ella levantó la mirada aunque sin voltearme a ver.
- Él me lo dio, dijo que lo devolvieras – susurro tomando aire para seguir llorando, entonces me volteó a ver.
Sus ojos me dieron miedo con ese rojo sanguíneo, me miraba extrañamente, puse atención en ellos y aunque la luz a esa hora de la tarde era muy buena, eso mismo ocasionaba que no pudiera verlos completamente por el resplandor del sol, ¡¿quién diablos era ella?! Retrocedí dos pasos tras ver el sharingan dibujados en sus pupilas, sin embargo, y para mi sorpresa, la niña pegó una carcajada, como si de una buena broma se tratase.
Admito que en ese momento quise matarla, poco a poco dicha niña comenzaba a cambiar de aspecto por uno más juvenil, fruncí el ceño una vez que Jade ocupaba su lugar. Su risa me hacía exaltar la vena en mi sien. Tomó aire para tratar de palabrear algo casi inentendible.
- Eso es por lo que dijiste de mi padre – comenzó a controlar su respiración, pausándola cada vez más.
- Debería cortarte el cuello – dije molesto. No me había hecho gracia alguna y en realidad ni siquiera era gracioso.
Mi corazón palpitaba el doble de lo normal, estaba a dos latinos de la taquicardia, pese a mi apacible rostro, estaba a punto de vomitar de los nervios.
- Ven – le tomé fuertemente el brazo – te voy a llevar al único lugar donde no me siguen, esto que has hecho es muy peligroso – dije halándole con fuerza – aparte quiero hablar contigo.
- ¿Sobre qué? – inquirió con voz un poco nerviosa.
- Hipotesís – dije así nada más. Aun no podía decir nada más.
Nos paramos frente a la torre Hokage, aún a expensas que nos notarán hablando de hacer cosas peligrosas, miré a los alrededores, esperando que no hubiera ningún mirón en las cercanías, tomé a la muchacha por la cintura y en tres saltos estábamos subre la cabeza de Sandaime. Le noté un poco mareada debido al vértigo, sonreí con un poco de satisfacción un dedo a la vez me dije.
- Suéltame antes de que te vomite – advirtió cubriendo su boca con una mano, mientras que con la otra se aferraba a mi casaca.
- Sus deseos son órdenes – entrecerré los ojos, dibujando una sonrisa en mis labios, no tenía idea en dónde estaba "parada".
- ¡Kyaaa! ¡Eres un imbécil! - gritó al sentir vértigo de caer al vacío. Tomé inmediatamente su muñeca para evitar el descenso.
- Ush, pero si hice lo que me pidió – le dije levantándola, dejando su rostro a la altura del mío.
- No vayas a soltarme, ¿me oyes? – pidió con un tono molesto en su voz.
- Eso es por haberme asustado – contra ataqué entrecerrando los ojos y con un tono neutral, para cabrearle más – Si quieres que te ponga a salvo, tendrás que hacerme un favor – ella asintió temerosamente.
La dejé parada en suelo firme, el viento le revolvió el cabello, tenía la cabeza agachada. El viento silbaba cuando era cortado por las rocas y las hojas de los árboles, el silencio era inminente, su mirada permanecía opuesta en el piso, por lo que podía asumir que estaba muy exaltada para reprocharme algo.
- ¿Se han ido las náuseas? – fanfarroneé, ella levantó lentamente su mirada y la dirigió hacia mí.
Susurró algo que no entendí en lo absoluto, seguramente temía que le aventara al vacío, segundos más tarde, volteamos a ver el horizonte, observando como el crepúsculo se aproximaba peligrosamente.
- ¿Qué has dicho? No escuché – repliqué. Acercándome lo suficiente para tener el mismo ángulo de vista que ella.
- ¿Qué es lo que quieres? – Me miró – no me has traído aquí para beber té, ¿o sí?
- Saber qué es lo que planeas – sonreí un poco – tengo que asumir – hice una pausa, realizando un énfasis en la palabra tengo – que haz planeado algo, si no fuera así, no me habrías pedido algo de mi padre.
- ¡Claro que tengo un plan! – dijo casi con indignación, no pude evitar centrar mi atención en ella.
Dejó nacer un suspiro de sus labios para luego volver a tomar aire nuevamente, me puse en pie, esperando no dar a entender que me comían las ansias por saber que era lo que tenía en mente. Revolví mi cabello, que a su vez regresó al lugar de siempre, odiaba este cabello indomable, nada podía acomodarlo de una manera decente.
- ¿Entonces? – apresuré – Lamento decirte que no tengo tanto tiempo como tú – puse mis manos dentro de los bolsillos y me incliné hacia el frente.
- Bueno – pausó – No te lo diré.
- Pues tienes que decírmelo, si es que esperas ayuda de mi parte – añadí, irguiéndome altivamente.
- Me parece que eres tú quien me necesita – dijo regresando la mirada al horizonte - En realidad no tengo un plan, no como tal, aun no decido que haré exactamente. Lo único que tengo claro es que no dejaré revivir a Madara.
- Eso yo también lo tengo claro – fruncí el ceño – necesito saberlo, si no, no puedré moverme libremente, debo tomar en cuenta lo que tu harás.
- hummm – se puso en pie – en ese caso, te diré unas vagas ideas.
- Te escucho - le miré a los ojos.
- Tengo una deuda con tu padre …
- ¿Esperas que crea eso? – estiré los labios, tenemos prácticamente la misma edad, eso no podía ser verdad, a menos que sea traga años.
- Déjame terminar de hablar – sugirió – tu padre, hizo un favor muy grande a mi aldea, a mi madre, para ser más exactos, así que planeo invocarlo. Es una cuestión personal.
- Dime entonces – sonreí - ¿qué cuestión personal?
- Te he dicho que s personal – insistió secamente cruzándose de brazos.
- Entonces no te lo daré – me acosté recargando mi cabeza en una de mis manos, mientras que con la otra hacía rodar el collar de mi padre.
- ¿Qué? ¿Qué haces? ¡Oye! Para de hacer eso, ese collar es invaluable – me regañó. Sonreí. Me parecía gracioso.
- ¿A sí? – Miré el cielo – Entonces, a un más a mi favor, no te voy a dar una reliquia, no si no me dices para qué.
- Ingrato – dijo finalmente. Mi sonrisa burlona permanecía ahí – Voy a invocarlo, ya te lo había dicho.
- Eso no me dice nada – me burlé – se explícita.
-Chismoso – añadió – Tu padre salvó a mi madre. Siempre hemos sido requeridos debido a la habilidad de revivir a las personas, creen que es algo que se pueda hacer cada mañana, y por eso nos hemos metido en problemas. De no ser por él, tal vez yo no estaría aquí ahora, le debo ese favor. Necesito el collar, por favor, lo necesito para liberarlo del dios de la muerte.
Abrí los ojos sorprendido y contuve el aire, había olvidado eso, estar destinado a sufrir siendo devorado por la eternidad.
- Ah, es por eso - dije sin ganas - ten - extendí el collar - eso me parece bastante estúpido ya que fue por decisión propia, pero has lo que puedas.
- Es tu padre - susurró - ¿cómo puedes? - dijo descolocada.
- Cumplió con su deber - giré el rostro a la aldea - esa es una de las razones de ser shinobi.
- ¿Insinúas que lo merece? - suspiró - No pienso debatir eso contigo, me parece que no conoces el significado de sacrifico.
- ¿Yo? ¡ja! ¡Eres tú quién no conoce la palabra sufrimiento! - me acerqué a ella peligrosamente - eres tú quien no sabe lo que sentí, cómo me críe, lo que sufrí, lo que significaba estar solo, eres tu quien no sabe nada - traté de calmarme pero mi corazón palpitaba incongruentemente, mientras sentía algo extraño en mi estómago.
- Pues a mí me parece que yo sí sé quién eres, ¡Eres tú quien ya no sabe!- Sostuvo la mirada, para luego desviarla - lo… siento... es tu vida, vívela como te plazca.
El aire se sentía viciado, había algo extraño en el aire durante ese momento, el sol finalmente se escondió, dándole espacio a las primeras estrellas de la noche. Mi corazón no conseguía calmarse, tal vez, ella tenía razón, todos saben quién soy, menos yo.
- Ya no importa, mejor dime que has pensado para evitar revivir a Madara – suspiré, dejando salir un aire denso que oprimía mis pulmones.
- Si, primero debo liberar su alma, para después revivirle – dijo casualmente, parecía que hablaba del mes de abril y la primavera.
- ¿Piensas revivir a mi padre? – alcé una ceja, no muy convencido con aquel comentario.
- Sí, ¿O que prefieres? – dijo.
- Observa tus opciones. El viejo ya vivió todo lo que quiso, en cuanto lo liberes pienso que querrá estar con mi madre – bajé la mirada, jamás había hablado de mi familia, estaba orgulloso de mi mismo al poder platicarlo tan abiertamente, sin sentir que estaba hablando de dos extraños.
- ¿A quién propones entonces? – dijo sentándose.
- No sé, piénsalo tú – me lavaba las manos, no quería entrometerme más de lo que debía.
- Entonces… ¿Al menos me vas a ayudar? – alzó la mirada, hasta cruzarla con la mía.
- Solo si tú me ayudas – respondí poniendo las cartas sobre la mesa – Si te consigo algunos objetos, podrías invocar personas para enviar mensajes, ¿no es así? – ella asintió - ¿Y puedes hacerlo simultáneamente?
- Por supuesto, ¿Qué tienes en mente? – dijo acercándose a mí.
- Necesito informarle a todos lo que se hará, pero no puedo hacerlo directamente – miré a su ojos, mientras ella pestañeó.
-Entiendo – dijo – cuenta con ello entonces. Aunque dependerá, hay algunos que no necesitan algo para ser invocados.
- Entonces, regresemos, tenemos mucho que planear. Piensa lo que te dije – advertí saltando al vacío. Haciendo escalas en las rocas para no perder el control de la caída – Así que no sé quién soy – reí – creo que necesitaré un psicólogo próximamente.
