CAPITULO 3: "Rompiendo los sellos"
-¿Qué te hiciste en el pelo?
Nabiki estaba muy desconcertada. Frente a ella estaba Ukio con una túnica blanca de un aspecto virginal. Sostenía en su mano derecha una vela que lanzaba pequeños destellos dorados y sobre su cabeza llevaba una corona de laureles pero lo que más llamaba la atención de la mediana de los Tendo era el color de pelo de la muchacha: Un rubio muy intenso, casi platinado.
-¿Tiene algo malo mi pelo Nabiki chan? –La muchacha parada frente a ella sonrió de una manera particular, más propia de su hermana Kasumi que de ella.
-No... Nada –dudó un momento-. Pero creo que ese tono de rubio no te sienta muy bien que digamos Ukio chan...
La chica rió tapándose la boca apenas con la punta de los dedos.
-Quizás sea porque yo no soy Ukio...
-Pues te pareces mucho. A excepción de el cabello, claro
-Me parezco porque de esa manera te acostumbraras a verme. Yo soy el espíritu de las cosas que sucedieron...
-¿Perdón? –Nabiki alzó una ceja bastante incrédula
-Vengo a mostrarte cosas del pasado querida –La chica camino alrededor de la cama-. Cosas que has mantenido selladas y que es necesario que recuerdes.
-¿Un espíritu? –Nabiki se levantó y le toco un hombro- Pues pareces muy sólida para mí en este momento.
-¿Estas lista para recordar Nabiki? –La muchacha rubia le sonrió de nuevo como si no hubiese escuchado.
-Mira si se trata de una broma ya se paso de marrón a oscuro –Nabiki pasó de largo junto a ella-. Me voy de una vez con mis amigas.
Abrió la puerta y vio que alguien estaba frente a ella.
Gritó y se fue de espaldas al reconocer a la mujer que estaba parada en la entrada de su cuarto.
-¿MAMÁ?
Noriko Tendo estaba ahí, sonriendo con dulzura y viendo un punto más allá de la chica tirada en el suelo.
-Nabiki, corazón ¿No vas a bajar a comer?
La mediana de los Tendo retrocedió en el suelo presa de una intensa emoción mezcla de miedo y sorpresa. Al chocar contra los pies de la cama se levantó. Sentía que no podía respirar y el corazón le latía con tal fuerza que parecía que en cualquier momento saldría botado por la boca.
-Ya voy mamá –Dijo una voz infantil-. Estoy terminando mi carta para Santa Claus.
Nabiki luchó con todas sus fuerzas para apartar la vista de la mujer que sonreía parada en el umbral. La habitación había cambiado: Las paredes estaban pintadas de un fresco tono rosa, había posters de unicornios y el escritorio que estaba al lado de la cama era más pequeño. Y sentado frente a el una niña de no mas de 5 años... Ella misma.
Quiso gritar cuando su versión infantil se levantó y corriendo la atravesó como si no estuviera allí. La niña saltó a los brazos de la señora Tendo mientras le mostraba un dibujo hecho en una gran hoja de papel.
-Esto es lo que quiero que me traiga... ¿Será mucho pedirle este año Okaasan?
La mujer tomó la hoja y la miro tratando de contener una carcajada.
-Mi amor creo que un pony es demasiado pedirle a Santa. Además no tendríamos donde ponerlo.
-¿En el dojo?
-¿Y donde daría clases tu papá?
-¿En la casa?
-¿Y nosotros donde viviríamos?
La mujer se alejó de ahí con la pensativa niña en brazos. Nabiki permanecía parada junto a su cama en shock hasta que sintió que le tocaban el brazo y brincó asustada. Era la chica Rubia que se parecía a Ukyo.
-Yo... Yo recuerdo esto –Nabiki comenzó a mirar a su alrededor- Es la mejor cena de navidad que tuvimos... La mejor.
-¿Por qué no bajas y vez que mas hay?
Nabiki asintió y con paso tembloroso salió de su cuarto, al asomarse al fondo del pasillo pudo ver a su madre bajar por las escaleras mientras tomaba de la mano a su versión mas joven. Las siguió.
La sala de la casa se encontraba iluminada con el parpadeante brillo de los foquitos multicolor del árbol navideño, sentada en un futón en el suelo estaba Akane muy pequeña tratando de abrir una caja mientras un mas joven Soun cargaba en brazos a una muy avergonzada Kasumi que trataba de zafarse a como diera lugar.
-¡Otousan, Otousan! –Clamaba la jovencita- Por favor que no es para tanto.
-Mi niña esta en el cuadro de honor -Soun bailaba desoyendo los ruegos de la chica- La mejor estudiante de la primaria de Nerima.
-Y la chica mas apenada del vecindario –Noriko Tendo bajaba en ese momento-. Por favor Papá baja a la niña.
Soun masculló entre dientes algo sobre lo injusta que era su mujer y bajo a Kasumi quien aprovecho el momento para alejarse de su padre y tomar uno de los regalos que estaban bajo el árbol.
-¿Y usted mi hermosa dama? –Soun se acercó a Noriko tomando una actitud de galanteo que hizo que sus hijas comenzaran a reírse- ¿Qué ha pedido para esta temporada tan especial?
-No tengo que pedir nada –Noriko abrazo a Soun por la cintura y se acercó mas a el-. Ya tengo todo lo que necesito aquí y ahora.
-Es entonces la mujer mas afortunada del planeta señora Tendo.
La pareja se besó con ternura mientras las niñas hacían gesto de desaprobación y trataban de ignorarlos, Soun soltó a su esposa y sonrió con malignidad mientras miraba a las niñas.
-¿Tal vez la señoritas necesiten también unos besos?
Las niñas se miraron entre si unos momentos y después gritando divertidas salieron corriendo en diferentes direcciones para que su padre no las alcanzara.
Paradas cerca del árbol navideño estaban la chica rubia y Nabiki.
-Mamá estaba mejor que nunca –Murmuro la chica Tendo- Fuerte y sana como un roble. Jamás esperamos que pasara...
-Tan solo dos años pasaron verdad Nabiki? –Preguntó la chica rubia.
Nabiki asintió en silencio y descubrió sorprendida que el ambiente había cambiado. La sala estaba iluminada con la luz de la mañana. Vio que ahora Akane estaba de pie en medio de la sala vestida con un gi de karate nuevo y practicaba algunas patadas, la chica tenia como seis años. Sentada en el otro extremo una Nabiki de siete estaba muy ocupada peinando una muñeca de porcelana, en eso una Kasumi de nueve años apareció con una charola llena de lo que parecían ser unas galletas chamuscadas.
-Me rindo –Kasumi lucia decepcionada- Jamás me volveré a acercar a la cocina. No puedo cocinar nada comestible...
-A mi me gusto el arroz que hiciste ayer para la cena. –Dijo Akane mientras trataba de dar una patada más alta
-Estaba un poco salado pero lo pudimos comer –Nabiki dejo su muñeca y le sonrió a la hermana mayor.
La chica miró a sus hermanas y parecía a punto de llorar.
-Era un pudín...
Las dos niñas comenzaron a reír ante la cara de angustia de la hermana mayor.
Nabiki parada aun cerca del árbol sonrió al ver la escena. Kasumi a veces era peor que Akane cuando empezaba a cocinar. Escucho ruidos de pasos bajando la escalera.
Soun Tendo bajaba acompañado de un anciano vestido con una bata de doctor, el señor Tendo estaba pálido y tenía los ojos llorosos, el anciano le palmeaba la espalda.
-Es muy pronto para sacar conclusiones Tendo san –Dijo el anciano mientras se dirigía a la salida- Llévela a el hospital del estado y ahí le harán los estudios necesarios.
-Espero que tenga razón doctor Yamada –Soun lanzó un suspiro lastimero- Yo no me siento capaz de soportar otra noche como la anterior. Era demasiado dolor… Demasiado.
Nabiki se llevo las manos al pecho sintiendo una terrible angustia.
Soun caminó hacia donde estaban sus hijas tallándose los ojos y tratando de disimular su malestar.
-¿Cómo esta mamá? –Preguntó Akane mientras se ajustaba un poco el cinto de su gi.
-Ella se pondrá bien, solo necesita descansar un poco más.
-¿Y quien hará la cena? –Preguntó Kasumi mientras levantaba la charola de galletas quemadas
-¿Pues quien mas señorita? Yo
Noriko Saotome venia bajando las escaleras vestida con una bata de cama de color rosa: La mujer se veía muy pálida y demacrada, oscuras sombras bajo sus ojos y una sonrisa que disimulaba un dolor mas profundo.
Las niñas parecieron no notarlo y contentas siguieron a su madre a la cocina mientras Soun la ayudaba disimuladamente a caminar. El doctor Yamada Hizo una reverencia para retirarse que toda la familia contesto al unísono. Al pasar cerca del Arbol la Nabiki adolescente pudo ver el gesto de tristeza que llevaba en el rostro.
La familia espero a que el doctor saliera de la casa y después desapareció en la puerta del comedor y por un momento el lugar parecía desierto, la chica rubia caminó al centro de la sala seguida de Nabiki quien traía los ojos muy hinchados y llorosos.
-No lo notamos... Creíamos que era una gripa –Nabiki se agacho para juntar la muñeca de porcelana olvidada-. Pero cada día que pasaba ella se ponía peor... La siguiente navidad ella no hizo la cena. Kasumi logro hacer su primera comida decente y... –Nabiki se detuvo abriendo los ojos desmesuradamente y dejando caer la muñeca al suelo- No... Ya se a donde me quieres llevar... No, ya fue suficiente.
-Tienes que recordar Nabiki chan –Dijo la Ukyo rubia-. Tienes que ver todo en perspectiva.
-¡Estas loca! –Nabiki retrocedió- Tarde años en olvidar, en sellar todo eso en mi cabeza ¡No quiero!
-Demasiado tarde Nabiki... Lo siento pero tienes que romper esos sellos; gran parte de lo que eres es por que te niegas a sentir.
La sala se volvió a iluminar. Había mas gente ahora: La señora Himanaya (La anciana que siempre moja a Ranma) La tía Kyoko que sentada en un sillón veía a todos con gesto adusto, Un Tofu de dieciocho años muy colorado que sujetaba las manos de una Kasumi de catorce años. También estaba Akane llorosa sentada en un rincón y ella, Nabiki que parecía molesta por toda la gente que había a su alrededor. Se suponía que era navidad y todos estaban demasiado serios. Pero ella no estaba preocupada.
La mediana de los Tendo se lleno de angustia y comenzó a caminar a la salida de la casa, tenia que alejarse de esa escena, ella sabia lo que iba a pasar después y no quería estar ahí. Entonces vio bajar a su padre por las escaleras con el rostro desencajado y pálido como un muerto y supo que ya era tarde.
Kasumi vio la cara de Soun y lo entendió de inmediato, se llevo las manos ala cara y cayó de rodillas, Tofu se apresto a ayudarla, la chica temblaba mientras murmuraba algo que en segundos se convirtió en un grito desgarrador.
-¡¡MAAAAAAAAAADREEEEEEEEEE!!
Akane comenzó a llorar con fuerza y la señora Himanaya corrió a abrazar a la pequeña, Kyoko Tendo solo meneo la cabeza con tristeza y se levanto para tomar el teléfono y dar parte al resto de la familia. Soun permanecía en el centro de la sala llorando en silencio llevandose las manos a la cabeza como si tratara de contener un dolor de cabeza.
La pequeña Nabiki miraba a todos sin entender. Vio a su padre, a sus hermanas y de repente comenzó a comprender lo que estaba pasando. La niña apretó los brazos a los costados mientras comenzaba a lloriquear y a temblar.
-Yo no pedí regalos... –Murmuro- Yo no pedí nada para mi... Yo quería una medicina para que mi mamá se pusiera buena –Miró al árbol navideño y el pequeño rostro se tiño de rojo por la furia- ¡YO QUERIA QUE MI MAMÁ SE PUSIERA BUENA ESO ERA TODO, YO QUERIA A MI MAMÁ DE VUELTA!
La niña corrió al árbol y lo pateo con enojo, derribándolo. Ya en el piso empezó a saltar sobre el rompiendo esferas y foquitos.
-¡ESTUPIDO ARBOL, ESTUPIDA NAVIDAD, ESTUPIDO SANTA CLAUS, LOS ODIO, LOS ODIO, los odio...
Alguien la tomó de los brazos y la obligo a que se volteara. Era Soun Tendo quien la apretó contra su pecho y la pequeña Nabiki se soltó llorando con toda la fuerza que sus pulmones le permitían.
La chica rubia miró la escena en silencio y noto que la Nabiki mayor no estaba ahí; la puerta de la casa estaba abierta. Caminó con calma y encontró a la chica de rodillas a unos cuantos metros del portón principal.
-Que manera de averiguar que todo eso de la navidad es un embuste ¿Verdad? –La voz de Nabiki se oía temblorosa, quebrada.- Yo estaba tan segura de que mi mamá… De que ella… -Ya no dijo más. Se limpió las lagrimas que no la dejaban ver
-Nabiki chan...
-¿ESTO ES LO QUE QUERIAS VERDAD? –Nabiki se levantó de golpe y encaró a la chica. Su rostro surcado por las lagrimas, enrojecido- ¡Bravo hiciste llorar a la reina de hielo¡Ve y cuéntaselo a todos tus amigos fantasmas¡VE Y CUENTASELO A TODOS Y DEJAME EN PAZ MALDITA SEA!
Nabiki cayó de rodillas y cubriéndose la cara con las manos sollozo con largos gemidos de dolor.
"Poco a poco entenderás... Dale tiempo"
-¿Mamá? –Nabiki se estremeció al oír esa voz tan cerca de ella
La chica se descubrió la cara y se dio cuenta de que estaba de rodillas sobre su cama. Miró a su alrededor y todo estaba normal, nada parecía haber pasado. Salió corriendo de su habitación y se metió al baño para lavarse la cara. Le dolía el pecho. Pero al mismo tiempo sentía algo diferente. Se vio al espejo y noto sus ojos hinchados y rojos, hizo una mueca de disgusto y suspiro. Afuera alguien estaba cantando un villancico con fuerza y muy desafinado. La voz era pastosa y muy conocida para ella.
-Happosai... –No estaba de humor para soportar al viejo libinidoso.
Abrió la puerta de golpe con la intención de encontrarlo y molerlo a patadas.
Pero al ver donde estaba retuvo una exclamación de sorpresa.
Definitivamente no era su casa.
Continuara...
