CAPITULO 5: "Las cadenas que nos atan"
Nabiki seguía a través de las calles en dirección a su casa. Pero cada paso que daba se hacia mas difícil. Parecía como si la nieve se convirtiera en una espesa mezcla parecida al cemento. Poco antes de llegar se detuvo y se recargo en una pared para recuperar el aliento. La ciudad se veía ligeramente distinta, la chica no podía entender que era. Parecía más sucia, más... Vieja.
Escuchó pasos tras ella. Al voltear se encontró con una figura familiar que venia caminando envuelta en un enorme abrigo y cargando una mochila que se veía muy pesada.
-Ryoga kun... –La Chica notó entonces una diferencia. Una enorme diferencia.
Ryoga parecía ahora más alto y mucho mas ancho de espaldas, renqueaba un poco al caminar, traía su habitual capa cubriéndole la cara, aunque se dejaba ver algo de barba cerca de sus mejillas. Tras unos metros abrió una pequeña puerta de madera y entró a una casa. Nabiki tardó unos momentos en reconocer el lugar y cuando lo hizo casi se va de espaldas.
-¡Nuestra casa! –Gritó llevándose las manos a la cabeza- ¡¿Qué demonios le pasó a nuestra casa?!
La antes larga y amplia muralla de la casa Tendo se encontraba ahora reducida a un pequeño cerco de madera y junto a esta un letrero que le heló la sangre:
"Mobiliaria Hitori: Propiedad en venta"
Maldijo para sus adentros. Lo que hubiera pasado estaba segura de que no era su culpa. Ella jamás permitiría que la casa quedara en semejante estado.
Un ruido la sacó de su estupefacción. Dos niños de 10 años aproximadamente salieron de la casa y trataron de derribar a Ryoga, este lanzó una risotada y los levanto con mucha facilidad, la capa que le cubría cayo al suelo descubriendo un rostro de espesa barba y algunas nacientes canas en el siempre alborotado pelo sujeto con su pañoleta atigrada.
-¡Encontré dos ratones en la entrada! –Gritó Ryoga con voz ronca mientras entraba a la casa.
Nabiki le siguió todavía en shock.
El interior de la casa era muy similar al exterior. Mostraba ausencia de muchas cosas. Muebles, cuadros, fotos, el altar familiar se veía mas austero que de costumbre, con dos fotos de mas que no alcanzaba a distinguir. En el ambiente flotaba una extraña sensación de nostalgia. Nabiki veía a aquel Ryoga adulto jugar con esos dos niños que le recordaban mucho a Ranma.
-Son los hijos de Ranma –Nabiki lo entendió- Entonces el se casó...
-Vaya creí que te ibas a perder de nuevo Ryoga kun.
De la entrada de la sala apareció una mujer ligeramente entrada en carnes de aspecto maternal. Una extraña mezcla entre Kasumi y su madre. Nabiki ladeó la cabeza al reconocerla plenamente.
-¿Akane?
-Un camionero me dejó cerca de aquí –Ryoga se levantó y abrazó a Akane- No me perdería tu cena navideña por nada del mundo. Especialmente el relleno que preparas –El hombretón se relamió los labios sonriendo.
-¿Akane cocinando? –Nabiki no podía estar más perpleja.
-¿Nos llevaras a un viaje de entrenamiento este verano Tío? –Preguntó uno de los chicos
-Todo depende de tu madre y del idiota que tienes de padre –Ryoga le guiño un ojo.
-¿A quien le dices Idiota, cerdo?
Nabiki saltó al oír esa voz tan cerca de ella, había estado dándole la espalda a la puerta y nunca vio acercarse a aquella versión madura de Ranma. Se veía un poco gordo y algo en sus facciones estaba tomando la apariencia de Genma, un poco menos de pelo en la frente pero seguía con aquella trenza suya y esa mirada orgullosa y a veces picara en sus ojos azules.
-¿Que dice la fabrica de auto-partes señor supervisor? –Se dieron un fuerte abrazo acompañado de sonoras palmadas en la espalda. Parecían dolorosas pero ninguno de los dos se dio por afectado.
-No quiero saber nada del trabajo ahora –Ranma se llevo una mano a la nuca- Tengo un mes de vacaciones y quiero aprovecharlo para entrenar.
-Tienes dos años diciendo lo mismo –Rió Akane- Pero aparte de algunas katas no veo mucho progreso en tu arte mi querido Ranma kun.
Los chicos rieron y Ryoga meneó la cabeza ante el azoro de Ranma quien se limito a rascarse la cabeza.
-Bien. Yo creo que estos hombres necesitan algo de Sake y una larga charla. Niños ayúdenme con la cena – que ella supo callar- Tienen que limpiar la cazuela del betún.
Los niños salieron en una carrera a la cocina seguidos de una resignada Akane. Ranma y Ryoga se quedaron en el recibidor un rato más.
-Vi el letrero en la entrada –Dijo Ryoga ahora mas serio- Finalmente te decidiste...
-No fui yo quien lo decidió. Las deudas son mas pesadas de lo que puedo mantener. No necesitamos tanto espacio. Desde que deje de practicar la casa se hizo más grande.
-Esta será la segunda navidad sin el señor Tendo ¿verdad?
-Iremos a visitarlos mas tarde. Si nos quieres acompañar.
-Claro –Ryoga se mostró un poco apenado- Creo que debí de traer flores o algo así.
-No te preocupes –Ranma le palmeó la espalda- Con que estés ahí será suficiente.
-¿Y que has sabido de...? –Ryoga lanzó una mirada de precaución hacia la cocina antes de agregar en voz baja- ¿... Ya sabes quien?
-Una tarjeta y una caja de chocolates –El rostro de Ranma se endureció- Como todos los años. Los tire a la basura en cuanto vi de donde los mandaban. Akane no se enteró así que mejor no le digas nada
Ryoga asintió en silencio.
-Mejor vamos a tomar ese sake. Afuera hace un frió que pela.
Se dirigieron al comedor en silencio. Nabiki hizo el intento de seguirlos cuando todo a su alrededor se oscureció. Un pequeño círculo de luz roja frente a ella le indicó que el fantasma silencioso estaba ahí.
-¿Van a vender la casa? –Nabiki se sentía mareada por tantas preguntas que tenía en la cabeza- ¿Cómo que mi papá ya no esta con ellos, a donde se fue¿Que demonios le paso a todo mundo?
La luz se hizo de nuevo y el escenario había cambiado. Ahora estaban en una enorme oficina alfombrada. La mediana de los Tendo se sintió sobrecogida por la majestuosidad del lugar. Tras un enorme escritorio que dominaba la estancia se veía un ventanal que abarcaba una espectacular vista del centro de Tokio.
-Debemos de estar en un piso muy alto –Nabiki se acercó al ventanal- Yo diría que es tan alto como la torre de Tokio o tal vez mas ¿De quien es este sitio?
La figura entre las sombras hizo un movimiento con su mano. Esta vez la chica pudo distinguir una mano de mujer perfectamente manicurada que le señalaba un objeto sobre el escritorio. Se acerco a verlo. Era un letrero que decía:
"Nabiki Tendo. Gerencia general"
-¡Soy yo! –La chica dio un brinco- ¡Significa que después de tanto finalmente conseguí el poder que buscaba! –Nabiki se puso a bailotear alrededor del escritorio- ¿Qué clase de empresa manejo? –Entre las sombras de una esquina podía distinguir a la misteriosa figura observándola- ¿Exportaciones, compras hostiles, manejo de valores?
Se detuvo cuando escuchó una especie de suspiro y vio que la sombra parecía sacar algo de entre sus ropas. Un pequeño destello de luz sobre un poster en la pared y de nuevo el aroma a tabaco invadió el lugar.
-Es un vicio muy feo es del cigarro –Opinó Nabiki con gesto de desagrado- Tal vez ya estés muerto pero me parece que de todos modos deberías de dejarlo. –Se acercó con curiosidad al poster que se había iluminado y sintió un ligero escalofrió al ver de que se trataba.
-¿Cosméticos Tendo? –Nabiki buscó al espíritu que ahora parecía estar cerca de las cortinas del ventanal- ¿O sea que me convertiré en un clon de la tía Kioko? Para ser un chiste resulta demasiado malo…
El espíritu no contestó. Se limitó a señalarle la puerta de la oficina. Nabiki entendió y se dirigió a ella. Al abrirla una ráfaga de aire frió le hizo cerrar los ojos.
Ahora estaba de pie frente a un destartalado y mugroso edificio que reconoció de inmediato. El consultorio del doctor Tofu. Temblando por el frío entró al lugar. La puerta corrediza había sido arrancada y un desagradable aroma a orines y suciedad flotaba en el ambiente.
-Que desolado –Le gustara o no la chica se sentía muy afectada por el estado del inmueble- ¿Qué pudo haber pasado para que el doctor lo dejara en estas condiciones? El amaba este sitio.
Escuchó una tos en la oficina de Tofu, cautelosa se asomó pero solo se encontró al espíritu parado cerca del escritorio del doctor. Una luz tenue iluminaba su superficie llena de papeles. El espíritu tocó con los nudillos el escritorio. Nabiki pudo entonces distinguir además de una mano con una manicura impecable, el puño de un costoso abrigo de pieles. Dio dos pasos hacía atrás, dispuesta a salir corriendo pero no lo hizo, luchando contra su miedo se acercó al escritorio. El fantasma se alejó hacía un rincón, evitando que la chica lo pudiera ver bien.
Nabiki se quedo viendo los papeles regados. La mayoría estaban arrugados y llenos de restos de comida seca, los otros estaban rayados, como si trataran de borrar párrafos enteros con una pluma delgada. Tomó uno que le llamó más la atención. Parecían los exámenes de algún laboratorio. Mucha de la información estaba rayada e ilegible, lo demás eran números que eran incomprensibles sin el resto. Al final entre manchones de tinta solo se leía una palabra: "Inoperable". La mediana de los Tendo siguió rebuscando pedazos legibles entre aquel mar de papeles. Casi todos eran cartas de diferentes hospitales y de doctores. Los membretes habían sido arrancados y algunas palabras resaltadas con marcador:
"Lo sentimos pero por lo avanzado de la enfermedad…"
"…Desafortunadamente fue detectado tarde…"
"Aun con nuestro mejor equipo lamentamos no poder ofrecer una solución…"
"…Bajas expectativas de vida…"
Nabiki dejo de leer y se retiró del escritorio. Una desagradable sensación le aguijoneaba el estomago. Tenía una urgencia de salir de ahí. No podía entender nada de lo que estaba viendo y eso no le gustaba, comenzó a faltarle el aire. El olor del lugar se hacía demasiado intenso y no la dejaba pensar. A traspiés finalmente logro salir de ahí y el frío de la calle le ayudo a despejar su cabeza. Solo que cuando pudo mirar a su alrededor se dio cuenta que la escena había cambiado una vez mas. Ahora estaba de pie cerca de una enorme barda blanca, ya estaba atardeciendo y la nieve se veía de un sucio color ocre. Había nubes en el cielo que se movían rápidamente anunciando una tormenta.
-¿Qué lugar es este? –Había algo de familiar en el pero no podía ubicarlo. Entonces vio que de la esquina aparecían los hijos de Ranma seguidos por Akane quien llevaba un ramo de flores, un poco mas atrás Ranma y Ryoga cerraban la comitiva. Nabiki los seguía con la mirada- Hace mucho frío para salir de paseo…
Los dos chicos iban corriendo y peleando entre ellos como juego. Lanzaban patadas y fintas tratando de que el otro perdiera el equilibrio. Akane los miraba con gesto cada vez mas enfadado.
-¡Dejen de hacer eso se van a lastimar! –Finalmente les gritó a los niños que se quedaron clavados en su lugar- ¡Hay demasiado hielo y además vinimos a visitar a su abuelo y…! –Akane sintió las manos de Ranma sobre sus hombros y bajo el tono de su voz- Solo pórtense bien niños ¿De acuerdo?
Los chicos parecían apenados y comenzaron a caminar más despacio. Pasaron aun lado de Nabiki quien no se había movido de su lugar Veía que llevaban ropas un poco mas formales. Incluso Ryoga se había puesto algo más presentable que su habitual sobretodo de viaje. Lucía nervioso, Ranma preocupado y Akane muy triste. Cuando todos pasaron Nabiki los siguió hasta un enorme portón que daba al último lugar de la tierra donde ella quisiera entrar: El panteón del distrito de Nerima.
-Yo no puedo entrar ahí –Nabiki retrocedió como si la puerta fuera una serpiente venenosa- Desde que mi madre murió jamás volví ¿A que vinieron? –Ella ya sabía la respuesta pero necesitaba que alguien mas lo dijera- Por favor dime que no están aquí por mi papá… Por favor dame un respiro… Son demasiadas cosas las que están pasando –se dio cuenta de que estaba llorando pero esta vez no hizo nada para ocultarlo- Este futuro es horrible. Ya no quiero saber más…
El espíritu salio un poco mas de las sombras que lo ocultaban. Era una silueta extraña, parecía una persona vestida con una capa o abrigo demasiado grueso para ella, cuando caminó un poco se escuchó el ominoso arrastrar de una cadena, estiró la mano en un gesto demandante. Nabiki obedeció más por miedo que por otra cosa. Se dio la vuelta y entró al cementerio. Solo a unos pocos metros de ella se veían caminando a Ranma y a Ryoga, parecían platicar de algo interesante pero la distancia borraba sus voces, se detuvieron de manera abrupta. Los niños se acercaban a ellos corriendo entre las tumbas. En algún momento se les habían adelantado, tampoco se veía a Akane.
-¡Papá, papá! –El que parecía el mayor se adelantó hacía Ranma- ¡El hombre del que nos platicaron esta aquí!… Parece que esta en muy mal estado, mi mamá esta con el.
-Quédense con el tío Ryoga –Ranma parecía preocupado- Si pasa algo les avisare.
El hombre se alejo rápidamente, los chicos intercambiaron una mirada de extrañeza mientras Ryoga solo dio un largo suspiro y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. Nabiki pasó a un lado de ellos y trató de seguirle el paso a Ranma quien parecía casi volar entre las tumbas. La chica redujo el paso al reconocer la zona donde estaban: Mas adelante estaría la Tumba de su madre. No importaba cuanto tiempo pasara ella jamás olvidaría ese lugar, solo que ahora había tres tumbas en lugar de una. Se detuvo del todo. A varios metros de distancia podía ver que Ranma estaba deteniéndose también. Adelante, frente a una de las tumbas nuevas, estaba Akane de rodillas abrazando a alguien que permanecía postrado con la cara oculta entre la nieve. Ranma titubeó un momento y finalmente se acercó a ayudar a su esposa a levantar a aquella persona. Era un hombre de edad indefinida cubierto de harapos y con la cabeza rapada, Tenía una barba rala y descuidada, su rostro estaba surcado de arrugas provocadas no por el tiempo si no más bien por la angustia y el dolor y a pesar de esa apariencia tan descuidada aun se podía apreciar la sombra del hombre que solía ser: El doctor Tofu.
Nabiki se acercó un poco mas, Tofu parecía haber bebido mucho, balbuceaba y se balanceaba como si no pudiera encontrar su punto de equilibrio, manoteaba tratando de que Akane lo soltara pero sin mucho éxito. Al sentir las manos de Ranma ayudando también, dio una especie de grito de frustración y logró soltarse trastabillando y cayendo cerca de la tumba donde había estado arrodillado originalmente.
-¡Déjenme en paz! –Balbuceó rechazando la ayuda para incorporarse- Yo no merezco su ayuda, ni su compasión… ¡Yo la maté! No hice nada para salvarla… Es mi culpa ¡Maldita sea es mi culpa!
Akane visiblemente conmovida se acerco a el, se arrodillo y con delicadeza le tomó las manos en un vano intento de calmar al alterado hombre.
-Usted no tuvo la culpa doctor… Gastó hasta el último centavo que tenía, le habló a cada doctor, hospital, institución… Lo perdió todo por ayudarla…
-¿De que sirvió? –Tofu se llevó las manos a la cabeza- No pude hacer nada… Decía que la amaba y no fui capaz de detectar ninguna señal de lo mal que estaba… Jamás confió en mí… Si tan solo me hubiera dicho algo… -Tofu se cubrió la cara con las manos y comenzó a llorar amargamente.
-Ella no le dijo nada a nadie doctor. –Ranma se acercó a el y lo ayudo a levantarse- A veces la veía cansada, triste, desanimada pero siempre creí que era por el esfuerzo de mantener la cordura en casa… De evitar que su padre se desmoronara. Basta de estarse culpando Tofu… Lo perdimos estos años… Deje que este sea un comienzo nuevo.
Ryoga apareció por la vereda acompañado por los dos chicos se quedo expectante viendo alternativamente al doctor y a Ranma; finalmente vio que su amigo le hacía una seña para que se acercara.
-No es bueno que se quede aquí doctor –Ranma le palmeó cariñosamente la espalda.- Esta noche se quedara en nuestra casa y además de cenar se dará un buen baño… Bienvenido de vuelta doctor.
El hombre estaba demasiado conmovido para hablar, Ryoga lo tomó de los hombros y el dócilmente se dejo llevar.
-Vayan ustedes primero –Dijo Ranma- Akane y yo los alcanzaremos en un momento.
Los niños asintieron felices de no quedarse ahí demasiado tiempo. Ryoga y Tofu se fueron tras los chicos con paso tranquilo. Ranma los vio alejarse y suspiró. Después se dirigió hacia Akane que parecía rezar ante las tumbas.
-Todos estos años culpándose –Akane pasaba un dedo sobre la lapida como si la acariciara- Todos fuimos culpables en cierta medida…
-Y todos estamos pagando –Ranma se acercó a ella y la abrazó por la espalda- Tu padre fue uno de los que mas sufrió… Y pensar que al final perdonó a la arpía malagradecida de…
-Por favor Ranma –Akane se soltó del abrazo y lo encaró- No la insultes así.
-No entiendo tu afán de defender a Nabiki de esa manera –Ranma se cruzó de brazos, bastante molesto- Ella se largó de la casa llevándose todo el dinero que pudo… Incluso Kasumi le dio su dote. Para que la "señorita" pudiera estudiar en una buena universidad. Y jamás volvimos a verla.
-¿Para qué me repites todo eso? –Akane bajó la mirada.
-Porque quiero entender que te hace escribirle diario si sabes que jamás te va a responder. Tofu fue a buscarla cuando Kasumi enfermo y pedía por ella. Ni siquiera se molestó en llamar. No fue al funeral y solo mandó un ridículo ramo de rosas… ¡Como su fuera su maldito cumpleaños! –La tomó de los hombros obligándola a levantar la vista- Tu padre pasó años saliendo todos los días a la puerta. A esperar a su hija "La exitosa" Todo ese tiempo hasta que no pudo mas ¿Tu crees que a mi no me dolió verlo acabarse así? –Tragó saliva. Aquello era muy difícil de decir- ¿No crees que me duele verte hacer lo mismo? Por favor Akane ya basta.
La abrazó con mucha ternura y después sin mediar mas palabras se alejaron de ahí dejando solo las tres tumbas… Y a una adolescente que nadie podía ver.
Nabiki estaba de rodillas, abrumada por todo lo que había oído. No podía llorar, ni gritar. Era como tener un enorme peso en el pecho que le impedía expresar toda esa desesperación que sentía. Comenzó a respirar profundamente para recuperar un poco la calma y después se puso de pie sintiendo las piernas entumecidas por el frío.
-Yo no soy así –Dijo entonces- Cada cosa que he hecho siempre a sido para sacar a mi familia adelante. Yo nunca dejaría que mi hermana sufriera así, ni dejaría la casa de esa manera yo… -Finalmente las lágrimas acudieron a su rostro- Yo quiero a mi familia, a mi hermana… Yo quiero a mi padre y jamás… Jamás… -El resto lo ahogó el llanto. Daba pequeños sollozos, estremeciéndose de tanto en tanto y mientras lo hacía era como si esas lágrimas la liberaran de ese peso en su pecho.
A lo lejos escuchó risas. Eran unas estridentes risotadas de alguien que sin duda estaba borracho o intoxicado con algo. Dejó de llorar y se limpió los ojos con el dorso de la mano; al mirar a su alrededor se dio cuenta de que el espíritu que la había estado acompañando ya no estaba cerca, apenas comenzó a caminar hacia la salida cuando volvió a escuchar aquella risa, esta vez acompañada de unas pastosas voces que desentonaban un villancico. Aquello se escuchaba particularmente obsceno en ese momento. Nabiki desistió la idea de abandonar el cementerio en ese momento. La curiosidad era mucha pese al estado de ánimo que tenía en ese momento. Caminó por viejos senderos hasta que finalmente llegó a la sección de lujo del camposanto. Una cerca blanca la separaba del resto. Pasando aquella línea las tumbas pasaban a convertirse en lujosos mausoleos o monumentos dando el ultimó adiós a algún ser querido. La mediana de los Tendo pensó que era demasiada suntuosidad y despilfarro. Una sencilla lapida con un honesto y sentido epitafio podía ser mejor que una tumba brocada en oro solo por lucirse.
-Y hablando de lucirse. –Nabiki no pudo evitar el comentario
Frente a ella y resaltando por encima de todas las demás estaba un sepulcro hecho con mármol blanco y custodiado por la mas gótica y enorme estatua de un ángel hecha en balastro negro. Cualquier intento de frivolidad o exceso se habían quedado cortos con lo que ella veía en ese momento. También notó que había algunas flores frescas y que la fosa aun no había sido cerrada. Junto a esta estaban dos parejas. Ellas en traje de cocktail y ellos de smoking. Una de las mujeres bebía directo de una botella de champaña y la otra se besaba de manera casi indecente con su pareja. La que tomaba de la botella terminó el contenido y sin más la arrojó contra la estatua.
-¡FELIZ NAVIDAD PERRA INFELIZ!
Todos se sobresaltaron con aquel exabrupto. La mujer que besaba a su pareja lo soltó y después se dirigió a su compañera.
-Por favor no hagas eso
-¿Porqué? –La voz de la mujer era pastosa y llena de rencor.- ¿Quién se va a quejar? –Extendió los brazos para señalar todo el lugar- ¿Los vecinos? Vamos Monoko no seas ridícula.
-¿Monoko? –Nabiki se acercó aun más y descubrió con sorpresa que las mujeres no eran otras que sus amigas Shinda y Monoko. Tenían la apariencia de ser bastante mayores y que abusaron de las cirugías plásticas y los implantes, apestaban a alcohol y sus acompañantes eran demasiado jóvenes para ellas- ¿Qué hacen ustedes aquí? –Nabiki olvido que no podían verla y se acercó hasta quedar frente a ellas.
Shinda caminó a través de Nabiki y se detuvo quedando muy cerca de la fosa abierta, su acompañante la tomó del brazo para asegurarse de que no cayera al vacío.
-Faltaste tres días al trabajo –Shinda le hablaba al fondo del sepulcro- Nadie se dio cuenta hasta que la criada fue a hacer el aseo… -Soltó una risita desganada- Te habías resbalado en la tina y te ahogaste… que manera tan estupida de morir –Después se volteó a mirar al muchacho que la sujetaba y le acarició el cabello- Monoko y yo fuimos las únicas que de verdad lloramos por su muerte… Porque siempre pensamos que éramos amigas. Y le dedicamos toda nuestra vida, la ayudamos a formar y ganar todo lo que tenía.
-Solo para descubrir que no nos dejo nada… -Monoko apretó el brazo del muchacho que estaba con ella- Prefirió dejarlo todo repartido entre diferentes corporaciones que heredarlo… Mañana tendremos que decirles a más de ochocientos empleados que ya no tienen trabajo.
-Un regalo perfecto de la arpía –Shinda se alejó de la tumba- Nosotras no tenemos que preocuparnos. Compramos suficientes acciones como para vivir de ellas el resto de nuestras vidas.
-¿Nos vamos a quedar mas tiempo aquí? –Preguntó el muchacho que la sujetaba- Hace frío.
-ah mi dulce y tierno niño –Shinda lo besó en la boca- Olvidaba que tu y tu amiguito cobran por hora. Vamonos a mi casa, allá aprovecharemos mejor el tiempo.
-¿Qué hay de la tumba? –Preguntó Monoko con timidez- ¿No deberíamos de esperar a que los empleados la cerraran?
-Ya firmamos todos los papeles que deberíamos he hicimos acto de presencia –la respuesta de Shinda rezumaba fastidio- Ya no es nuestro problema, además estoy asqueada de estar aquí.
Se dieron la vuelta y acompañadas de sus jóvenes escoltas abandonaron el panteón. Nabiki las vio alejarse y con mucha tristeza notó que entre sus ropas parecían salir varios eslabones de una cadena.
-Esto no va a pasar –Dijo Nabiki mientras apretaba los puños- no importa lo que tenga que hacer, esto jamás sucederá. –Volteó a ver aquella tumba. Justo en la base de la estatua podía leerse su nombre y su fecha de nacimiento pero la fecha de su muerte no estaba aun escrita.- Cuando muera será rodeada de mis seres queridos y me enterraran cerca de mi madre… No en esta cosa horrible.
"No seas ridícula. No hay lugar mas lujoso para morir que este de aquí"
La chica saltó al escuchar aquella voz. Era como el sonido del hielo al quebrarse. Por entre las tumbas apareció el espíritu. Caminando con pesadez, al hacerlo se escuchaba como si arrastrara cientos de pesadas cadenas. Ya podía apreciarla mejor. Era una mujer vestida con un abrigo de pieles de color negro, caminaba encorvada como si llevara un enorme peso encima, las sombras a su alrededor se difuminaron lentamente y pudo también apreciar que el abrigo no era lo único que llevaba. Atada a su alrededor una serie de cadenas de algún metal oscuro apretaban su cuerpo, tenía una larga cabellera blanca que caía en cascada, llevaba la cabeza agachada así que la chica no podía verle el rostro. El fantasma se llevó la mano a la boca y después arrojó la colilla de un cigarro al suelo, de entre los pliegues de su abrigo asomó la punta de un costoso zapato y con el apagó los restos del cigarro.
"Si se vive con lujo se debe de descansar con lujo. Que toda esta basura se entere de la clase de mujer importante que fuiste"
-No quiero ser esa clase de mujer importante –Dijo Nabiki imponiéndose al miedo que le causaba aquel fantasma
"Lo serás. Todo mundo te respetara y temerá, te envidiaran y jamás podrán compararse contigo"
-No quiero –Nabiki sentía pequeñas descargas heladas recorrerle la espalda mientras veía a aquella aparición- Nunca seré así.
"No tienes opción niña. Esto es lo que es y será. Acéptalo"
-No lo voy a hacer –Nabiki se sintió enfadada- Tu no me puedes decir que hacer.
El espíritu comenzó a reírse con una risa seca y apagada. Se llevó la mano a un bolsillo de su abrigo y de ahí sacó una cigarrera de plata y un cerillo. Se enderezó lentamente mientras ponía el cigarro en su boca y después haciendo presión sobre una lápida cercana, encendió el cerillo y lo acercó a su cara. Nabiki lanzó un grito.
Era un rostro avejentado por los odios y las envidias, de ojos pequeños, llenos de venas reventadas y con las pupilas apagadas, sus dientes amarillos por el tabaco estaban enmarcados con unos labios que sonreían con crueldad y ese rostro era muy familiar. Porque era el suyo. El fantasma salió del todo de las sombras que lo ocultaban mostrando una versión más vieja y demacrada de Nabiki Tendo.
-Nadie puede conocerte mejor que tu misma –El fantasma le dio una larga chupada a su cigarro y expulsó el humo con deleite- Con el tiempo aprenderás a disfrutar estos pequeños placeres. Quizá estas cadenas –Las sacudió un poco haciéndolas sonar- no sean lo que tu esperarías al final pero considéralo. No habrá en el infierno nadie que pueda superar el peso y la longitud de estas. Incluso al perder salimos ganando.
Nabiki había retrocedió poco a poco hasta que sintió un escalofrío de vértigo en su espalda. Con cuidado miró hacia atrás y se dio cuenta de que sus talones estaban en el borde de la sepultura abierta. Se estremeció y después encaró de nuevo al fantasma que se aproximaba cada vez más a ella.
-El viaje ha terminado Nabiki –El espíritu le extendió una mano- Ven conmigo. Te prometo que cuando regreses a tu cuarto no recordaras nada y podrás seguir con tu vida.
La chica vio la mano ofrecida un instante y después directo a los ojos de aquella aparición. El miedo había desaparecido. En un gesto firme se llevó las manos a la espalda y negó con la cabeza.
-Si voy contigo sería aceptar este futuro y convertirme en ti… Nunca sucederá
-No digas tonterías. Soy la única manera de salir de aquí.
-Yo amo a mi familia… Y si alguna vez he tenido la oportunidad de demostrarlo es ahora. No iré contigo.
-Si haces eso te quedarás aquí para siempre… Serás un fantasma. Exactamente como yo.
Nabiki sonrió. Era una sonrisa de piedad dirigida a aquella figura que ahora rechinaba los dientes de coraje. La chica comenzó a balancearse de atrás hacia delante.
-Te tiembla la sien derecha… Es un tic que nadie me conoce. Estas mintiendo
-Dame tu mano –El espíritu resoplaba enfurecido pero no avanzaba mas- AHORA.
Nabiki miró al cielo y vio que empezaba a despejar cerró los ojos antes de balancearse por ultima vez. Entonces relajó el cuerpo y se fue de espaldas directo a la fosa abierta.
Alcanzó a escuchar al fantasma gritar y maldecir antes de que la oscuridad la envolviera con un manto de tranquilo silencio…
CONTINUARA…
