La selección

A medida que pasó el viaje en tren Peter descubrió que Black y Potter no eran, ni mucho menos, como creía. Descubrió, para placer suyo, que no todos los miembros de las familias de sangre pura eran los tiranos sobre los que su padre llevaba hablándole toda la vida. En cuanto Remus y él se unieron a la charla, Black anunció que estaba totalmente en contra de las ideas radicales de su familia. Y Potter, con una sonrisa, les dijo que su madre, una Black también, pensaba exactamente igual que su amigo.

En cuanto los chicos dijeron aquello, Lupin pareció tranquilizarse y acabó diciendo, con voz tímida, que sus padres eran un muggle y una bruja mestiza.

En conjunto, los tres muchachos le parecieron agradables a Peter. Antes de llegar al castillo llegó a la conclusión de que no le importaría estar en la misma casa que ellos.

Cuando llegaron al castillo, los hicieron entrar medio a empujones en el gran salón, donde los chicos de los otros seis cursos los observaban, curiosos, tratando de adivinar quién acabaría en cada casa.

Comenzaron a llamarlos en orden alfabético. Lo hizo una bruja de mediana edad, McGonagall, la profesora de Transformaciones. Al acercarse a ella, hacia que el nuevo alumno se sentara en un raído taburete, y ponía el viejo sombrero parlante sobre la cabeza del chico.

Mientras el sombrero decidía a qué casa enviaría a Sabana Alderton, Sirius, preocupado, les preguntó si pensaban que él acabaría en Slytherin, donde estaban todos sus primos. Ninguno de sus amigos se atrevió a contestar.

Pero, en contra de todo pronóstico, resultó que Sirius no siguió la tradición familiar, sino que fue a parar a Gryffindor, ante la mirada estupefacta de todo el Gran Comedor, incluyendo a la profesora McGonagall, que interrumpió la lectura de la lista de alumnos durante un par de minutos, clavando su mirada en el chico de andares arrogantes. Al final salió del trance en el que había entrado y, carraspeando, llamó a "Bobbin, Melinda", que acabó en Slytherin.

Remus Lupin fue llamado unos diez minutos después. Se acercó temblorosamente al taburete, la cara enrojecida. El sombrero se quedó sobre su cabeza algo más de medio minuto, para después anunciar que era un Gryffindor. El muchacho abrió la boca, como si estuviera sorprendido; les había dicho a Peter y a Sirius y James que esperaba acabar en Ravenclaw o Hufflepuff. No obstante, sonrió satisfecho, y al llegar a la mesa de Gryffindor fue recibido por un sonriente Black, que lo abrazó con fuerza y le revolvió el cabello.

Peter tragó saliva. De sus tres nuevos amigos, dos pertenecían a Gryffindor. Él no estaba amparado por ninguna tradición familiar que le ayudase a imaginar en qué casa podría quedar. Su madre, una hija de muggles, fue Ravenclaw. Su padre, Gryffindor. Creía que su abuelo fue un Hufflepuff, y de la casa de su abuela no tenía datos.

Vamos, que Peter podía acabar en cualquier sitio. Y, en el fondo, le daba miedo, ahora que había conocido a unos chicos que le caían bien, estar en una casa donde no conociera a nadie.

—Pettigrew, Peter — le llamaron, finalmente. Tragó saliva. Era el momento de la verdad.

Caminó muy lentamente al lugar que le correspondía. Era tan bajito que tenía la sensación de que podría meterse dentro del sombrero.

"Muchacho…" dijo una voz masculina, sin edad, en su cabeza. "Veamos, ¿en qué casa te pondré…? Vamos a ver… "hubo unos segundos de silencio, y luego la voz dijo: "No, Ravenclaw no es para ti, de eso no hay duda. No posees las aptitudes para entrar en esa casa" Peter se ruborizó ligeramente ante ese comentario. Tenía que reconocer que era cierto. No era tonto, pero sus notas nunca fueron excepcionales"Slytherin… No. Tampoco es tu lugar, Pettigrew. Eres ambicioso, si, pero… no me gusta enviar mestizos a ese lugar,.. "Por fin ser mestizo le servía de algo… Si había algo que no quería, era ser compañero de esas serpientes. "Podría ponerte en Hufflepuff, pero no eres demasiado trabajador… Vaya, vaya… "Hizo una pausa. Peter se dio cuenta de que el sombrero llevaba sobre su cabeza más de tres minutos. Se rebulló en el asiento, ansioso. "Gryffindor… Bueno, podría funcionar. Tienes valor, aunque está escondido en el fondo de tu ser. Supongo que tus amigos podrían influirte para que lo sacaras a flote…. Si, ellos podrían influirte positivamente"

Así, Peter se dio cuenta de que por fin, tenía casa, un hogar, en Hogwarts. Y ese era Gryffindor. Gryffindor le gustaba; no por nada había sido la casa de su padre.

En cuanto a la selección de James Potter, este sí siguió la tradición familiar, por parte paterna, claro, que, en su caso, consistía en acabar en Gryffindor.

El banquete de bienvenida le resultó a Peter magnífico. La comida era deliciosa, y resultaba emocionante conocer a sus nuevos compañeros.

Cuando acabó, los dirigieron a las habitaciones, y les dijeron que formaran grupos de cuatro a cinco personas. A cada grupo, se le asignaría un cuarto. En seguida, los chicos intercambiaron una mirada cómplice y se juntaron. Peter advirtió que Remus vaciló levemente antes de acercárseles, a pesar de que parecía contento de haberlos conocido y del grupo que los cuatro formaban.

—Y bien… ¿Cómo repartimos las camas? –preguntó Sirius una vez estuvieron dentro de su nueva habitación. Al ver que nadie respondía, él mismo comenzó a hacerlo. —Bueno,… Remus, — se dirigió al chico de ojos amarillentos. –Tú puedes dormir en esa cama, por ejemplo –señaló la que estaba junto a la ventana, desde la que se veía una espectacular vista de la luna en cuarto menguante.

—No, no… No, por favor, no quiero ir ahí… — el chico lo había dicho con un poco de furia y un mucho de miedo, mirando con repulsión la luna.

Los otros tres se desconcertaron por la ferocidad de las palabras, y justo cuando James iba a abrir la boca para preguntar, Peter acudió en su ayuda.

—Claro, Sirius, Remus no puede dormir junto a la ventana… ¿Es que no ves lo delgaducho que está? En cuanto refresque un poco se resfriará. Yo puedo dormir en esa cama —. Sirius asintió, y Remus le lanzó una mirada de alivio a su nuevo amigo que Peter no supo interpretar. Definitivamente, algo raro le pasaba al escuálido chico. Ya tendría tiempo de descubrirlo, de todas formas.

Al final, Remus acabó en la cama más alejada de la ventana, y Sirius en la que estaba junto a la del chico. James se instaló en la de la que estaba pegada a la pared izquierda, frente a la de Peter.

Aquella noche, fue la mejor de la vida de Peter. Los cuatro se quedaron despiertos hasta altas horas de la madrugada, y cuando por fin se metieron en las camas, cerrando los doseles para ponerse el pijama, Peter sonrió. Le encantaba aquella sensación que le decía que por fin tenía amigos.

¡Eran un grupo!