Colagusano

Peter ya no es Peter.

Es decir, sí, sabe que se llama Peter, pero ese nombre ha muerto junto a James. Ahora es Colagusano, todo el mundo lo llama así y nadie se plantea si a él le agrada su sobrenombre. Y no le gusta nada, realmente.

Porque recuerda que la palabra "Colagusano" antes tenía un significado bien distinto; sabe que hubo un tiempo en que Colagusano significaba tardes en la biblioteca, con Remus ayudándole con los deberes; significaba risas y noches en vela en la Casa de los Gritos. Significaba inocencia, felicidad y optimismo.

Una inocencia que ahora Colagusano ni siquiera recuerda y una felicidad que no puede ni quiere tener, porque no se sentía bien tratando de ser eso, feliz. Y, sobretodo, un optimismo que ha perdido su significado, porque Peter ya no sabe si quiere seguir con su vida, si ser optimista significa pensar que pronto Voldemort reinará, o, si, por el contrario, quiere que eso no suceda por encima de todas las cosas. No lo sabe y no quiere saberlo.

Y entonces abre los ojos. Y los mira, a los chicos. Los años han pasado de un plumazo, y ya no fue ayer cuando traicionó a James, matándolo. Ya no tiene veinte años; tiene casi cuarenta.

Y ahora ellos están ahí, observándole con los ojos fijos en los suyos propios. Uno de ellos es James, sin duda… sólo que no es él, porque es demasiado bajo para serlo y, además, sus ojos, aunque también enmarcados en unas gafas, son de otro color, no son castaños, sino de un verde muy intenso y muy familiar, dolorosamente familiar.

El resto sucede muy deprisa, es más, ni siquiera está seguro de cómo sucede. Sólo sabe que ha lanzado un par de hechizos malintencionados, igual que el chico, el que se parece tanto a James. Y ahora sus manos están alrededor del cuello de ese chico. Lo está estrangulando.

Cierra los ojos unos segundos, de nuevo, y entonces recuerda. Está en la mansión Malfoy. Es vasallo del Señor Oscuro, de Voldemort, y a quien está tratando de matar es Harry, el hijo de James.

El hijo de James… las palabras retumban en su mente. Abre los ojos, y lo hace, sí, lo hace; afloja el agarre, porque el contacto con la piel pura de Harry le quema. Y el amigo del Harry, el alto pelirrojo cuyo nombre no recuerda, le ayuda a soltarse del agarre de las manos de Colagusano, que no se resiste. En absoluto.

Y antes de que los adolescentes puedan levantar sus varitas, la mano metálica que el Señor Oscuro le obsequió hace no tanto se vuelve contra él.

Y Peter sabe que va morir. Y mira por última vez al hijo de James, a Harry, y el último pensamiento que pasa por su muerte es que ha derrochado su vida. Porque si no hubiera sido por él "Colagusano" seguiría significando tardes de estudio, con Remus ayudándole en la biblioteca, y risas, alcohol robado de las despensas de Hogwarts y noches en vela en la Casa de los Gritos. Y también inocencia, optimismo y felicidad.

Si no hubiera sido por él Sirius seguiría vivo, Remus no se habría casado con Tonks sólo porque le recordaba a Black y James y Lily estarían vivos. El muchacho que tiene ante él, viejo a pesar de sus escasos diecisiete años, tendría una familia, y no se habría visto a cargar sobre sus hombros el peso del mundo a tan temprana edad.

Segundos después, su cuerpo cae al suelo, inerte, dando fin a una vida que se truncó y que truncó otras muchas sólo por cobardía. Dando fin a la vida de Colagusano, que ahora sólo significa amistades que se rompen, y vidas que se destruyen, y miedo y dolor, sólo generados por… pánico a la soledad y a ese mismo miedo, y a ese mismo dolor.