Un cuerpo de soldado

Un corazón de cristal

Engarzado en acero

Hecho menos que carne

estaba hecho para sentir.

Mirada helada

Brazo de gracia mortal

Mascara tallada velozmente

En la breve cara de la muerte.

Carne distante

Espadas hechas de fuego

Esta parte del soldado

Siempre esta sola

..Partes eternas

echas en una broma

La mente acepta,

Si el corazón divaga...

Altol

*********

~Chapter 2~

Quistis Trepe miro a su café y su café parecía mirarla a ella.

Las luces fluorescentes del aula, que susurraban suavemente sobre ella, creaban el iris. Ella lo observó, retando a la titilante pupila a moverse. Era un rumor habitual que el café del Jardín podía levantarse y escapar como una persona y ella quería asegurarse de que su dosis mañanera no iba a ir a ninguna parte.

No tenía fuerzas para perseguirlo

Su cabeza estaba apoyada en su puño cerrado y la mejilla se deslizaba hacia arriba para arrugar su ojos.

Aunque se había levantado hacia un rato, estaba lejos de estar despierta. También estaba lejos de estar dormida, atrapada en un lugar entre una nube de cafeína y un sueño diurno, lleno de abstracciones de caballeros blancos que se la llevaban lejos de las torres de papeleo.

Su parte más consciente se preguntaba qué era lo que le había parecido tan glorioso en ser un Seed cuando era más joven. La niña tonta llena de galletas de Edea y un inocente deseo de gloria era ahora una cansada ex-instructora con un trabajo de oficina de mierda y adicción a la cafeína. Todo lo que parecía una buena idea a los ocho años, parecía ahora un error de perspectiva.

Se había quedado toda la noche terminando los informes de una misión y ahora disfrutaba de una consciencia que dependía del café habitual del Jardín (también conocido como el lodo del pantano). En realidad, estaba bastante segura de que el último era el nombre común del café. Dio un sorbo e hizo una mueca.

"Es sorprendente que no le salgan piernas y camine solo por la mesa", dijo una voz chillona detrás de ella.

Demasiado chillona

Gruño, pero no levantó la vista del café, mirándolo con recelo, como si fuera a irse en cualquier momento.

En su lugar, ella ajustó la barbilla sobre su mano. ""¿Estás sugiriendo que el café del Jardín está evolucionando, Selphie?"

La joven y bonita mensajera sonrió. Sus manos estaba llenas de papeles y llevaba un bolígrafo sobre la oreja derecha, representando la imagen de un desorden adorable.

-Han pasado cosas raras, o pasarán, si van a admitir al perro faldero de vuelta al Jardín -observó, soplando para apartar de sus ojos un mechón de cabello marrón, con un gesto ceñudo que desfiguró su rostro alegre por un momento. -No sé como lo hiciste durante todos esos años, Quisty. Clasificar documentos, ¡qué horror!

Selphie llevaba enseñando Enlaces a uno de los cursos inferiores durante casi un año y, aunque ella disfrutaba con la enseñanza de la asignatura, aún no se había acostumbrado a los trámites.

La joven rubia sólo asintió.

-Quizá tengas una adicción temprana al café del Jardín. Puede pudrirte los intestinos, pero es cierto que te mantiene despierta.
-¡No! Mi hiperactividad es del todo natural -replicó su amiga, sonriente.

Quistis puso su cabeza sobre sus brazos cruzados y gruñó en respuesta. La alegría de Selphie era, a veces, como tener una semi-consciencia atizándote con un palo.

Uno muy afilado.

Selphie buscó entre sus papeles, sin darse cuenta de la respuesta descontenta de su amiga.

-Digo, tengo una duda. Xu me ha dado un montón de estos formularios y me ha dicho que me encargara de los traslados, pero pensé que teníamos que usar el formulario I-D4 para estudiantes nuevos o trasladados. Pero hay unas casillas sobre los mínimos horarios de cursos anteriores, lo que no tiene sentido. ¿Y dónde diablos se archivan?

Quistis levantó la cabeza de sus brazos, para coger el fajo de papeles de su amiga.

-Estos son los formularios I-D4 5 -corrigió, cambiando los documentos. -Y estos son los traslados entre clases. Es por eso que sólo hay un espacio bajo el curso. A ver, tienes a Qirk Chager trasladado desde la clase del instructor Greyson a la tuya. El archivo está en el segundo piso, bajo las admisiones de alumnos, en la bandeja blanca, junto a la mesa de Glyphias.

-¡Ooooh! Ya lo tengo -exclamó Selphie, inclinándose hacia atrás para evitar que el resto de la documentación se cayera. -¡Un millón de gracias, Quisty! Te veré en el almuerzo.

Con eso, su amiga se fue en un estallido de documentos y energía, con el eco de sus botas resonando de forma errática por el pasillo.

-No, si me duermo primero- murmuró ella, luchando para mantener sus ojos abiertos mientras garabateaba una nota rápida sobre las pobres normas de las armas. Miró hacia arriba y echó una mirada melancólica hacia la retirada de Selphie, recordando sus días como un instructor con no poca nostalgia.

Irónicamente, estaba en su vieja aula, la única habitación disponible durante el primer periodo de clases. Sentada en su viejo escritorio, sintió una oleada de nostalgia y sofoco. No había vuelto a solicitar el puesto después de la guerra y no lo haría hasta que hubiera llegado el momento. Todavía recordaba la noche de su cese con una especie de dolor rancio, un trozo de ácido que cargaba en el músculo del cerebro como un dolor de cabeza constante.

………… Pobre capacidad de liderazgo. El instructor 14 adolece de una falta básica de control y distancia con sus alumnos ... ... ... ... ..

Sólo por que esas cosas fuera probablemente ciertas, no hacía que eso fuera más fácil de leer.
Esa noche había sido el punto más bajo de su vida, en más de un sentido. No todo el mundo podía decir que le habían roto el corazón dos veces en el mismo día. Aun menos podían decir que habían visto sus dos sueños más preciados romperse ante sus ojos en unas pocas horas.

Era como si Quistis Trepe estuviera destinada a la excelencia... en fracasar.

Con un movimiento rápido de su cabeza, se inclinó sobre sus papeles, con prisa por terminarlos. Squall evitaba rellenar con su propia mano los fórmularios de protocolo de la misión y Quistis había sido tan tonta como para ofrecerse. Su mal aconsejada generosidad le había supuesto tres noches sin dormir hasta el momento, a raiz del incremento de las misiones, y a pesar de su entrenamiento Seed de privación de sueño, los efectos comenazaban a notarse.

Debo de estar teniendo alucinaciones, pensó. Juraría que había oido a Selphie decir algo sobre traer a un perro al Jardín.

Después de 15 minutos de recorrer las páginas con su bolígrafo rojo. Quistis se dio por vencida y se pudo de pie, dejando caer sus gafas estruendosamente sobre el escritorio. Se estiró y terminó los restos de su café, con la nariz arrugada ante el lodo del fondo: una mezcla de azucar, leche en polvo y Hyne sabía qué otra cosa. Sinceramente, ella estaba dispuesta a dejar que la deidad se guardara el conocimiento para si mismo.

Se frotó el puente de la nariz, donde las gafas le pellizcaban la piel y se quedó mirando, con la mente en blanco, su nota de "cosas qué hacer". Todavía tenía papeles que rellenar y después del papeleo, podría revisar sus esquemas para una propuesta y una sesión de estrategia con Cid y Squall antes de comer.

Después de comer, le esperaba una larga siesta y, tal vez, un largo baño.

Cosas que hacer: papeleo, reuniones, dormir.

¿Cuándo se ha vuelto la vida tan emocionante?

-A quién estoy engañando-pensó Quistis, con ironía. -Siempre ha sido así, o peor.

Por otra parte, todo parecía un poco... domestico, después de Ultimecia.

No es que le faltaran amigos. Era raro ver al grupo separado. Sus lazos habían nacido de victorias, batallas y pérdidas. Eran nexos difíciles de romper, recuerdos de sangre, sudor y camaradería difíciles de olvidar. Todavía podía sentir el sudor de su pelo pegado a la cabeza y la sensación del calor corporal de Squall junto a ella mientras miraba la cáscara que una vez que el rostro de Ultimecia. Podía sentir el calor de los hechizos de Rinoa y el crujido del rifle de Irvine.

Un equipo. Más que eso. Amigos, hermanos, irrevocablemente unidos por el propio destino.

Habían cambiado poco desde entonces. Selphie estaba tan alegre y radiante como siempre. Squall, con tan malas pulgas (quizá un poco más hablador), y Zell, igual de dulce; Irvine todavía era, bueno, Irvine. Y Rinoa seguía siendo perfecta.

Quistis frunció el ceño. ¿Había cambiado ella? Más aún, ¿había cambiado para mejor?
Aquella noche, en la fiesta, había sentido el primero de los dolores. Era raro, pero ella pensó que se habían desvanecido algunos, otros dolores se ponían en su camino. Dolores normales. Pero ese tipo de sufrimiento estaba lejos de ella.

Cuando era una joven cadete, había sido descuidada una vez con un hechizo de fuego, con el resultado de una muy desagradable quemadura en su mano. El dolor era insoportable al principio, pero después de un rato, se había acostumbrado tanto que los analgésicos le hicieron sentir casi vacía.

Se asustó de cómo la soledad podía llenar a una persona tan fácilmente como cualquier otra cosa. En realidad, más deprisa. Hasta que no había espacio para nada más.

Estaba llena de soledad.

Oh, y ellos lo notaban de vez en cuando, capturaban el flash en sus ojos y trataban de tranquilizarla, incluso parecían interesados.

Mentía. Sólo estaba cansada, o algo así. Demasiado papeleo para salir. Demasiado cansada. Se había convertido en una experta en mentir, pero, ciertamente, aún era un desastre en eso de sentirse sola, a pesar de su mantra de que si quizá estaba lo suficientemente sola, podría aprender a aceptar que estaba destinada a vivir así.

No podía entender sus deseos más de lo que podía aplacarlos o apagarlos. Era un sentimiento, un anhelo doloroso que hería con cada respiración.

Después de la Guerra, los Trepies eran peores que nunca. Había flores en la puerta de su dormitorio y, durante un tiempo, hasta camisetas. Hasta que Cid había puesto fin a eso. Todavía rondaban, aunque ahora se trataba de susurros, miradas, tal vez una nota pegada a la puerta de vez en cuando.

Era admirada, pero no entendida. Reverenciada, pero no amada. Era una adulación vacía, que no llenaba ni su cama ni su corazón.

Es tan díficil ser debil cuando se desea tan desesperadamente ser fuerte... Cuando tantos lo esperan de uno mismo.

Con un suspiro, se dejo caer en su escritorio, vagamente consciente del brillo opaco de los monitores y del canturreo del aire acondicionado en una esquina. Peleó con el dolor siempre presente en su tripa, el que aparecía cuando no estaba lo bastante ocupada. Era un sufrimiento raro, distante, amargo y vacío, como si albergara silenciosas termitas que masticaban lenta y suavemente, un cáncer de susurros. Era soledad, en términos más sencillos. Un extraño, silencioso parásito que se aferraba a la debilidad... explotaba los sueños, deseos y "que pasaría si..." hasta que se convertían en coágulos listos para absorberlos.

Y si eso era cierto, se estaba quedando sin sangre.

Una comezón insoportable surgió en su lagrimales, pero ella la ignoro. Sentir lástima por uno mismo nunca servía para nada, excepto para perder el tiempo. Ella no había llorado desde aquella noche en el Área Secreta. No iba a hacerlo ahora, no por una especie de enfermiza fantasía infantil. Tenía a su amigos, al Jardín, y, algún día, si todo salía bien, le devolverían su licencia. Lo conseguiría.

Y entonces, de algun modo, el mundo se desmoronó como por arte de magia.

Sus cuentos de hadas siempre terminaban así.

-Quisits Trepe, por favor, acuda a la oficina del director. Repito. Quistis Trepe, a la oficina del director de inmediato.

Mierda. Se había olvidado completamente de su reunión con Cid. Probablemente, se trataba de más papeleo. Enfadada consigo misma, Quistis se pasó descuidadamente el brazo por los ojos, dejándose agua salada y rimel en la chaqueta. Se volvió y corrió a la reunión, a la que llegaba inexplicablemente tarde. .

Estaba cansada, eso era todo.

Sólo cansancio

Las luces del vestíbulo la iluminaron mientras caminaba, haciendo brillar el clip de su cabello y reflejándose en sus botas. Quistis Trepe. Pulida. Preparada. Un Seed de rango A que no necesitaba a nadie.

Estaba cogiéndole el truco a lo de mentir...

Casi se creía a si misma.