Corté pero quería continuar unas diez páginas más. Tercer capítulo más interesante. Lo prometo ^^.
Capítulo 2. Compañero de piso
Severus – entonó el director Jelleway en aquel pequeño despacho - ¿No acordamos que te presentarías antes de si quiera de abrir la boca?
Era un espacio cuadriculado, de paredes blancas, mobiliario escaso y ventanas amplias. Apenas se dibujaba una mesa, un par de cómodos sillones de terciopelo azul y una enorme estantería repleta de libros. Un espacio cuadriculado y dos únicos ocupantes.
Lo olvidé – respondió Snape bajando la cabeza.
Lo olvidé, lo olvidé… - remedó el director - Sembraste el pánico por un instante. – el cuerpecillo de Jelleway se movía lentamente de acá para allá por el pequeño habitáculo.
No se volverá a repetir. – murmuró el acusado.
No, no, no. – negó la regordeta figura – Ésto no es un reproche. Intento ayudarte Severus.
Snape dio un paso atrás y miró a través de una de las amplias ventanas. Más allá de los cristales, el manto verde de Bilmenthol se extendía imperioso.
Es complicado.
Nadie dijo que fuera fácil. – Jelleway cesó sus movimientos e hizo un gesto negativo con la cabeza. Nunca, nadie lo dijo. - No sabemos qué pasó hace tres años, no sabemos qué haces aquí cuando se supone que deberías estar muerto – la voz del director de Bilmenthol disminuyó hasta casi convertirse en un susurro - pero no lo sabemos ni nosotros… ni tú. Entiende eso y entiende que no tienes la culpa de nada.
Hubo un instante de silencio. Severus Snape no se atrevió a responder. No se atrevió a gritar que odiaba su pasado, que había obrado como ahora jamás habría hecho, que había dolido acordarse de tanta sangre en sus manos. No. En realidad, atreverse se atrevía pero no se lo permitió. Jelleway había hecho tanto por él.
Severus, no eres quién fuiste. – Musitaron los ojos claros de Jelleway - Deja que todo el bien que hiciste sea la única huella de tu pasado. Déjanos ayudarte.
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Tengo dos preguntas para ti, Potter – vociferó Ron Weasley saliendo de su habitación.
Harry surgió de detrás de la encimera de la cocina. Dejó un par de tazas sobre la mesa y se retiró la tostada que estaba presa en su boca. Ron, por su parte, localizó a Harry con sus achinados ojos fruto de una noche de sueño reparador, y se dirigió con paso firme hacia él. Tomó al paso una camiseta blanca que descansaba en el respaldo del sofá y la miró con un gesto de fastidio. Hermione.
Soy todo oídos – respondió Harry apartando la camiseta que Ron blandía frente a sus narices. Vista quedaba.
¿Dónde demonios está Hermione?
Qué se yo. Cuando me he levantado ya se había ido… - Harry arrugó el ceño - ¡Ron, la camiseta! ¡¡Apártala!!
No, no. Ésa no es la cuestión – ignoró Ron dejando la camiseta sobre la encimera. Escogió una de las tazas e inspeccionó el fondo con el dedo índice. – La camiseta es de Hermione, no hay duda. Sabía que esto iba a pasar…
¿Qué va a pasar? – Harry miró a su amigo con extrañeza - ¿Qué haces? Las tazas están limpias.
Siempre pueden estar más limpias – criticó el pelirrojo por lo bajo entrecerrando los ojos. Acto seguido alzó la voz con estruendosa y renovada energía y apuntando a su amigo gritó – ¡Potter! Recuérdame cómo demonios terminamos viviendo con Hermione y aquí.
Harry suspiró y puso los ojos en blanco. Sabía que a Ron le encanta interpretar papeles dispares en función de sus estados de humor pero esto, a veces, le sacaba de quicio.
Bonita pregunta, pero de acuerdo. – salió de detrás de la encimera y se trasladó a la izquierda de Ron, pasó su brazo izquierdo por detrás de los hombros del pelirrojo y miró al frente – Te recuerdo la escena – el chico extendió el brazo derecho y abrió la palma de su mano –
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"El alumno de quinto que nos guió por la villa dijo:
Y después de la floristería, ésta es la última casa disponible en Nordri.
Si no nos quedamos aquí tendremos que buscar en otra villa – respondí yo.
Jamás – contestasteis Hermione y tú al unísono.
Elegimos Nordri para no perder el norte – se quejó ella.
Y yo no quiero andar más – sollozaste tú"
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Eh, yo no sollocé – gruñó Ron.
Son toques dramáticos que exige la narración – contestó Harry mirando un segundo a su amigo – Calla y escucha.
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"El alumno de quinto nos ignoró y continuó con su obligación:
Como veis, es una preciosa casita muy cerca del centro. Tiene dos plantas cuadradas. La vivienda está arriba, se accede a través de estas escaleras, y consta de 4 dormitorios y 2 baños. Todo con salida al exterior. El salón se abre a la calle de atrás gracias a una coqueta terraza y lo mismo sucede con dos de las habitaciones. Las otras dos habitaciones tienen ventana a la terraza de la puerta de acceso. La cocina es parte del salón-comedor…Al estilo loft americano, y los baños son amplios para una casa como ésta. Es pequeñita pero resultona. ¿Pasamos dentro?
Hermione y tú os quedasteis clavados donde estabais, examinando la fachada y la escalera de caracol de hierro forjado que daba a la puerta de la que ahora es nuestra casa. Tanto el alumno de quinto como yo os miramos con cara de "¿Qué estáis haciendo?" Hermione pareció percatarse y tú seguiste en la luna.
¿Qué hay en el piso inferior? – preguntó tu amiga.
Oh. Una panadería. – Respondió nuestro amable guía - El alquiler exige haceros cargo del negocio.
Entonces Hermione y tú dirigisteis vuestros ojitos a la planta baja, os mirasteis y señalasteis a la que ahora es nuestra casa con ansiedad.
¡¡Nos la quedamos!! – gritasteis otra curiosa vez al unísono.
Luego os cogisteis de las manos y empezasteis a dar saltitos en círculo mientras cantábais...
Pan y bollitos, calientes y espesitos. Ricos, ricos, ricos, vamos a comer. Tú pones la masa, yo pongo el café. Pan y bollitos…"
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La canción seguía pero gracias a Merlín se me ha olvidado – suspiró Harry abandonado a su amigo y regresando tras la encimera. El desayuno casi estaba. – Así que aquí estamos… ¿Desde cuándo Hermione y tú tenéis esa clase de telepatía?
Harry tomó la cafetera que en ese momento anunciaba que el café estaba listo y arrebatando la taza de las manos de Ron, lo sirvió con suma paciencia.
No es telepatía, es la pasión por el pan. Es algo que los no apasionados– Ron remarcó el concepto - no podéis entender.
Seguro – el tono de Harry era como el de aquel que le sigue la corriente a un loco. - ¿La otra pregunta era…?
¿Qué pregunta? – inquirió Ron retomando la taza, ahora llena.
Tengo dos preguntas para ti, Potter – Harry remedó el tono enfadado con el que Ron había salido de su habitación. – Y ¿por qué estás tan enfadado si ni siquiera habías salido de tu habitación? No te ha dado tiempo a…
Se me había olvidado la panadería… - musitó el pelirrojo ignorando a su amigo. De repente su rostro se iluminó – No importan más preguntas, Hermione no está y la panadería tiene que abrir… ¡Seré el primero en hacer pan! ¡Y mi pan será recordado en las cuatro villas de Bilmenthol por siempre!
Ron desapareció por la puerta del cuarto de baño dejando a Harry estupefacto y al desayuno, frío.
Insoportable.
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Hermione se había levantado temprano. Aún no había amanecido pero no podía dormir más, ni aguantar un segundo más en la cama, así que se levantó, hizo la cama en sumo silencio y se atavió con sus deportivas. Correría un rato y se despejaría antes del gran día, antes de ese mañana tan próximo, antes del inicio de las clases. Qué nervios, clases otra vez. Estudiar y aprender. Exámenes. Qué nervios.
La chica inició un trote lento por la villa. Nordri era un sitio estupendo para vivir, sencillo pero sin carencias de ningún tipo. Panadería, carnicería, pescadería, frutería, librería, plaza, teatro, floristería… No faltaba nada de lo esencial en el mundo mágico. Quizás el gimnasio, pero éste no era esencial, salvo para Ron. Hermione sonrió. No se había equivocado al elegir.
O sí.
En ese instante una figura lánguida, triste y gris cruzó la calle dejando a Hermione inmóvil. Quién iba a pensar que Draco Malfoy viviría en Nordri cuando su norte estaba más que perdido.
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A pesar de haber desayunado cuando Harry entró en la panadería el atractivo olor que desprendían los bollitos recién horneados hicieron hueco en su estómago repleto. Las cristaleras que anoche estaban vacías comenzaban a llenarse con suculentos postres y el cajón del pan pronto rebosó doradas barras de crujientes sabores.
Era una panadería curiosa y pequeña, de decorado pasteloso y recovecos cursis pero bastante acogedora. Habían hecho bien en agenciarse aquel negocio. Al fin y al cabo, ¿quién no comía pan? Seguro que los beneficios reportados serías más que suficientes para sobrevivir en Bilmenthol.
Harry encontró a Ron en la parte trasera de la panadería, la que se ocultaba de los clientes tras una cortinilla. El pelirrojo llevaba las mangas remangadas, un pañuelo en la cabeza y un gracioso delantal rematando semejante atuendo.
Huele bien – susurró Harry - ¿Algún cliente?
Ron se volvió con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba radiante. Harry se preguntó si su amigo había pensado bien en su futuro. ¿Seguro que Ron quería hacer Magia del deporte y no un curso de cocina o algo así?
Aún no, pero estarán al caer. ¿Rastro de Hermione?
Harry negó con la cabeza.
Genial. La panadería es mía. – murmuró el pelirrojo más para sí que para su amigo - ¿Has recogido? – inquirió.
¿Qué?
¿Qué si has recogido? Ya sabes: tazas limpias, mesa limpia, suelo barrido, cuarto aireado…
Harry abrió los ojos como platos. Se había figurado que Ron sería un pésimo compañero de piso: descuidado, desordenado y para nada limpio. Pero obviamente Harry se equivocaba. Y su compañero tenía dotes culinarias. Embarazoso. Posó su mano sobre el hombro de Ron.
Tu madre está muy orgullosa de ti.
Antes de que el chico del delantal gracioso pudiera contestar sonó una campanilla.
¿Qué es eso? – se sobresaltó Harry.
Clientes – sonrió Ron.
Ambos abandonaron el horno y se dirigieron a la parte anterior del establecimiento, la tienda. Ron se frotó las manos como quién va a emprender algo complicadísimo y Harry se limitó a sonreír.
¡Neville! – exclamó el moreno - ¿Cuándo llegaste? ¿Vives en Nordri?
¡Harry, Ron! Cuánta pregunta – sonrió éste - Llegué ayer noche, quería ultimar unas cosillas con mi abuela y sí, me decidí por esta villa, ¡es la única con floristería! – Respondió el viejo Gryffindor – Así que vosotros sois los panaderos oficiales de Nordri.
Junto con Hermione. – se apresuró a añadir Harry.
Pero su pan no tiene nada que ver con este delicioso manjar que he preparado. Has hecho bien en venir hoy… No te aconsejaría…
Harry dio un codazo a su compañero y Ron tuvo que tragarse sus palabras.
Vaya, el trío de nuevo viviendo junto.
Pero en circunstancias bastante distintas – Harry guiñó un ojo y Neville sonrió sinceramente feliz.
En cualquier caso, me alegra veros por aquí. Por cierto, ¡salgo en tus libros! ¿No es genial?
La discusión sobre los famosos libros del famoso Harry Potter prometía ser larga pero el moreno la zanjó en seguida. Se fijó en Neville que pareció aceptar la indirecta. Parecía distinto. En sus movimientos aún había una nota de torpeza pero en su porte y su actitud la seguridad se imponía reinante. Ya no era aquel chico tan atípicamente Gryffindor que Harry, Ron y Hermione habían conocido en Hogwarts. Era un adulto con cara de bonachón.
El antiguo compañero de Harry, Ron y Hermione hizo sus compras y desapareció con el murmullo de un segundo tintinear de campanillas.
¿Por qué hay una floristería y no un gimnasio en Nordri? – inquirió Ron.
Pero el bullicio que pronto se hubo formado en la tienda no dio opción a respuesta alguna y la pregunta quedó en el aire. La gente quería pan, y a primera hora de la mañana. Aquello iba a ser un buen negocio.
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A las nueve y media en punto Ron cerró la panadería satisfecho de tres largas y productivas horas de duro trabajo.
Suerte que las clases de mañana empiezan a las diez. – comentó Harry. – Y suerte que a las seis estábamos despiertos. Quizás deberíamos hacer un horario…
Ron sonrió y se pasó el brazo por la frente. Eso de los horarios era cosa de Hermione. Se le daba bien organizar, dirigir, maniobrar… Ron estaba seguro de que a su amiga se le daba bien hacer cualquier cosa, cocinar por ejemplo. Su cara sufrió una segunda transformación en el día.
Mierda. – murmuró.
¿Qué? – su amigo, al borde de las escaleras de hierro forjado que conducían a su nuevo hogar, se alarmó, se tambaleó y casi llega a caer.
Hermione tiene clases de tarde. – la voz de Ron no pudo sonar más monótona.
Harry dejó caer su cabeza rendido ante la obsesión de su amigo por la panadería. Debería existir un comic de trama absurda cuyo protagonista fuera Ron y su fijación con el pan. Por favor. Harry y él llevaban, ¿cuánto tiempo juntos? Muchísimo. El moreno sabía que a su amigo le encantaba comer pero la pasión por el pan, ¿por qué no la había mencionado en sus tropecientos años de amistad? De haberlo hecho, pensó Harry, quizás ahora tendría otros amigos.
¿Y? – crispó Harry.
Se hará con la panadería por las mañanas…
Vale, para, ya. – Harry se paró en seco y se volvió hacia Ron manteniendo sus manos sobre los hombros de su amigo - Relájate con la panadería. No llevamos viviendo aquí ni 24 horas… ¡por Merlín! ¡Es una panadería!
Ron estaba a punto de reprochar algo a su amigo cuando una figura apareció ante ellos. La figura de atuendo deportivo y piel enrojecida y sudorosa se inclinó hacia delante apoyando sus manos en las rodillas y tomando aire. Estaba cansada, había estado corriendo.
¿Ya habéis cerrado? – siseó Severus Snape.
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Por increíble que pareciera Hermione había andado tanto, porque corriendo duró poco, que había perdido la noción del tiempo. Cuando se quiso dar cuenta llevaba en planta hora y media y debía emprender el camino de regreso a casa.
La chica no había dejado de pensar en Draco Malfoy ni un solo instante, ni en los rumores que volaban en torno al rubio. Algunos decían que Draco había perdido la lengua en manos de sus propios compañeros mortífagos, otros que se la había cortado él mismo. El hecho era que Draco Malfoy, desde la caída de Voldemort y el suicidio de sus padres, no había vuelto a abrir la boca. Tal era su falta de comunicación con el mundo exterior que ni siquiera miraba a los ojos del que se le ponía por delante. Tampoco nadie sabía qué había estado haciendo estos tres años, ni con quién, ni muchísimo menos, dónde. Y eso mismo sucedía ahora con Severus Snape. Así que el profesor estaba vivo. ¿Cómo? Harry juró que lo había visto morir.
Un papelillo rojo se estrelló en la cara de Hermione sacando a la chica de sus pensamientos. Ésta recogió el proyectil del suelo y tras mirarlo con profunda incomprensión una luz se encendió en sus ojillos. ¡Era un mensaje! La leona levantó la cabeza y viró a su alrededor, entrecerró los ojos un instante y esperó. Allí estaban. Los vio volar. Decenas de papelillos de colores volaban raudos en todas direcciones. Era mensajes, como los que se enviaban los muggles a través de los teléfonos móviles, solo que al estilo mágico. Los papelillos solo paraban cuando se topaban con su receptor y obviamente, al igual que los muggles y sus teléfonos móviles, requerían un código… un número y un color. Eran menos útiles que los mensajes muggles porque solo funcionaban a corta distancia, como la que podía haber en el campus y las cuatro villas o en Hogwarts. Para las largas distancias ya estaban las lechuzas.
Hermione sonrió. Los papelillos-mensaje habían surgido dos años atrás pero no había tenido oportunidad de utilizarlos. La chica desplegó su papelillo.
Chica-elfo ¿Te recojo el domingo a las 7? El sábado no, que vamos de fiesta.
No había tenido tiempo de fingirse indignada cuando un segundo papelillo se topó con brusquedad con su hombro. Hermione lo abrió con ansiedad.
Si, eres mi pareja para la fiesta del sábado. Y es un secreto, el cómo he conseguido tu código.
La chica sonrió. Desde luego Daniel Douglas era un conquistador nato.
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Gracias. – susurró Severus Snape tomando su barra de pan.
Ron había re-abierto la panadería a petición del codo de Harry.
Ah, señor Potter, lo olvidaba. El director Jelleway quiere verle en su despacho cuando empiecen las clases, es decir, a lo largo del día de mañana. Así que cuando tenga un instante, no dude en pasarse por allí. En el edificio Alfa del campus. Buenos días. – añadió.
Y sin más Severus Snape despareció por la puerta.
¿Alguien sabe cómo tratar a este tío? – escudriñó Ron una vez los dos amigos se encontraron de nuevo en casa. - Se suponía que estaba muerto.
Pues no lo está – respondió Harry de mal humor. No le hacía gracia la idea de toparse con Snape todos los días. A pesar de saber la verdad, a pesar de haber aceptado hace mucho tiempo que Severus Snape había estado enamorado de su madre casi toda su vida, a pesar de que el profesor había sacrificado su vida por salvarlos.
No la pagues conmigo. – protestó Ron - El tío al final resultó ser el bueno de la película, pero jamás tuvo una pizca de amabilidad con nadie, ni siquiera sus gestos eran agradables. ¿Cómo se supone que debemos dirigirnos a él?
Vive aquí, tendremos que aprender. – brusco, demasiado brusco.
Que aprenda él primero a ser persona, y luego ya veremos.
La puerta se abrió de golpe y Harry y Ron se volvieron en su dirección a un mismo tiempo.
¿Quién debe aprender a ser persona? – interrogó Hermione haciendo su aparición.
Hombre, la señorita Me-voy-sin-avisar – acusó el pelirrojo.
Harry intentó evitarlo pero el comentario de Ron le hizo sonreír. Cualquier atisbo de mal humor desapareció de su rostro, al menos de momento.
Fui a correr – respondió la chica. – Y traigo flores.
Ya sabemos por qué hay una floristería en Nordri y no un gimnasio.
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El resto del día transcurrió sin sobresaltos de ningún tipo. Por la mañana, los tres se repartieron tareas y deberes, acordaron unas normas de convivencia y tomaron palomitas mientras discutían sobre todo ello. Por la tarde, abrieron la panadería de nuevo y Hermione configuró un horario para repartirse el reinado de pan. Ron batalló con ella largo y tendido acerca de cómo amasar los croissants y Harry se limitó a escuchar e intentar entender.
Nadie mencionó a Snape, ni a Malfoy, ni siquiera a Neville. La historia en Bilmenthol apenas había empezado, y los tres sospechaban que iban a ser muchas caras las que iban a narrar ese pedacito de sus vidas que era la universidad. Pero, a diferencia de Hogwarts, sus mundos no se centrarían en los malos, ni en los buenos, ni en nadie… sino en ellos mismos.
Y recordad, necesitamos un compañero de piso antes de que acabe el día de mañana. – entonó Hermione.
¡Sí! – contestaron Harry y Ron al unísono con un tono de cansancio infinito.
Buenas noches
Los tres amigos se refugiaron en sus habitaciones. Al día siguiente partirían en diferentes direcciones:
Harry hacia la zona de Derecho Mágico, se convertiría en auror, estaba condenado a ello. Hermione hacia Medicina Mágica, feliz de su destino; y Ron hacia los edificios de Magia del Deporte, ningún Victor Krum sería más que él.
Y disfrutarían las 24 horas de la más emocionante de las aventuras. Y si algo salía mal, al anochecer… sus latidos podrían volver a sincronizarse a golpe de abrazo.
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Buenas a todos.
Esta es la segunda historia que escribo, y la verdad es que la empiezo con mucha ilusión y entrega. Tiene una historia enrevesada de intriga, miedo, dulzura, destinos, y amor (mucho amor, adoro el amor xDxD). De hecho la cabeza me hierve a ideas fascinantes que pienso plasmar acá xDxD.
Otra cosa. Tengo un proyecto. Me encanta escribir y supongo que a muchos de vosotros también. Así que os expongo mi idea y ya me diréis qué os parece (a lo mejor sería más correcto hablar de juego en vez de proyecto).
.. La idea es crear una historia entre todos los que se apunten. No tiene por qué ser de Harry Potter o sí, ya veremos. Cada uno adoptará un personaje y trabajará desde él. Habrá buenos y malos, o solo malos o solo buenos si así lo queréis. La historia será un misterio y nadie sabrá de qué va o lo sabremos todos pero con distintos destinos. No lo sé. La idea es hacer el loco un rato. Haremos una especie de juego de rol pero no exactamente así, haremos letras, parrafadas de lo que queramos. Algo colectivo, algo fresco. No sé. Juguemos ..
¿Qué os parece? Contadme!!! Estoy feliz!
Otra cosa. Muchísimas gracias por los comentarios, enseguida contesto.
Nini Snape. Por tu Nick deduzco que te molará la historia. Obviamente Severus Snape será pretendiente (y qué pretendiente!!). Uno de los motivos por los que escribo la historia es porque el amor mecido y realista que adoro no lo he encontrado en muchos fics y me gustaría darle luz. Un besillo! Y gracias por el comentario*
alexSS. Me agrada que alabes la extensión del capítulo. En la otra historia que escribí fallaba muchísimo en lo corto que eran los capítulos, sobre todo al principio, ahora creo que sé dónde está la clave. Y otra cosa…¡adoro los toques de humor! Prometo chispa en la historia. Un besillo y gracias por el comentario*
Yue Yuna. Creo que nos leímos en la otra historia! Me encanta re-verte por acá. Creo que este fic será más grande que el anterior!! Pero no sé en qué sentido! Un besillo y gracias por el comentario*
Sayuri Hasekura. Una de las claves de la historia es la intriga, el misterio. Hay sorpresas gordas, y un toque muy suavito y realista. Espero que salga bien. Un besillo y gracias por el comentario*
Kismet. Siento no ser pronto cuando actualizo pero sin musas me veo incapaz. Intentaré darle más agilidad ^^ Muchísimas gracias por el comentario y un besillo*
Aonia. La verdad es que no tenía muy decididas las carreras de Ron y Harry pero me las susurraron ellos mismos anoche. Las escribo por vos ^^. Muchas gracias por el comentario y un besillo*
