Hola!

De nuevo por aquí con una idea capitular, esta vez de humor y subidita de tono. Se trata de un Kacchaco sin pretensiones, para divertir y entretener. (Y más si sois lectores del manga y tenéis corazón roto como yo).

Tal y como está planteada, serán sólo 6 capítulos cortitos (rezo por ello) que giraran entorno a distintas vivencias entre Katsuki y Ochaco en esa etapa tan difícil que es la pubertad y el inicio de la vida adulta. Se ambienta en el último año de la UA. ¡Espero que os diviertan!

Spoiler: NUNCA había escrito sobre esta pareja, así que espero que os guste.

Los capítulos son:

1. VIOLENTO

2. LECCIONES SECRETAS

3. COMIENDO MANDARINAS

4.HÚMEDA

5.¿CÓMO HEMOS LLEGADO A ESTO?

6. EL MAL QUERER

Para los que seguís mis otras historias, pronto subiré el segundo y último capi de 'Héroes' y puede que un epílogo más de 'Jet Lag'. Además de una sorpresa...

Sin más, espero que la disfrutéis. ¡Nos leemos abajo!


VIOLENTO

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VIOLENTO.

No había otra palabra que describiera mejor aquella situación incómoda, tosca y fúnebre que estaban viviendo, pensó Ochaco.

Aquel momento en que se había visto a sí misma encerrada y apretujada contra Bakugo Katsuki en uno de los compartimentos enanos y sucios del baño de chicos. Con sus piernas ataviadas entre las suyas y las manos jugando a una danza escalofriante por no tocarse mientras Bakugo se aferraba a la camiseta de ella ante el vértigo de la no gravedad.

Y no, nada de eso había sido buscado, intencionado, deseado o propiciado por ninguno de los dos. Había sido simple y llanamente 'VIOLENTO'. Tremendamente incómodo y forzoso. De esos momentos en los que se te retuercen las entrañas de los nervios, te pica la nuca, te sudan las manos y se te seca la lengua ante el silencio viperino y la tensión férrea que se podía cortar con un cuchillo. Uno tan afilado como la mirada carmesí de Bakugo respirando tan cerca de ella con cara de pocos amigos: "te voy a matar, cara redonda", le decía con la mirada. "Esto también es tu culpa" le rebatió ella en ese pulso de miradas silenciosas, agarrándose casi con las uñas a las losas de la pared para no tener que hacerlo a su cuerpo.

Ninguno se atrevió ni a respirar hasta que escucharon a Aizawa marcharse intranquilo del baño a otra parte, cerrando la puerta. Si se dio cuenta de que había alguien encerrado en los cubículos, la verdad es que debió darle igual. Total, tampoco podía estar el pobre hombre todo el día vigilando a adolescentes hormonados. Ya tenía bastante con evitar que se mataran, así que se marchó sin más al cabo de unos minutos.

—Creo que se ha ido ya… —se atrevió a murmurar Ochaco al rato, tomando aire por primera vez en los últimos minutos.

—No me digas, genio… —respondió con furia e ironía el rubio, con cara de pocos amigos—. Bájame ahora mismo, cara pan.

—Qué amable...— se enfadó Ochaco, todavía temblando de la adrenalina—. Te recuerdo que te he salvado de una expulsión. Un gracias bastaba.

—Más quisieras —rebatió el rubio, intentando alejarse sin mucho éxito—, esto ha sido culpa tuya, rata espía.

—¡¿Mía?! —le encaró Ochaco incrédula.

—Sí, por entrar donde no debes y espiar como una mosquita muerta…

Ochaco lo empujó de mala gana para alejarlo de ella, haciéndolo chocar—todavía flotando— contra la puerta del baño. En ese momento, rompió la no gravedad, así que también lo hizo caer de culo, formando un gran estruendo.

—¡OI!—se quejó con furia desde el suelo.

—Tal vez si tú no fueras por ahí armando escándalo como un bruto sin cerebro no habría venido nadie.

Ochaco, más ágil y acostumbrada a los cambios de gravedad, cayó grácil sobre la tapa del váter. Luego, patosa como ella sola, se resbaló y acabó cayendo contra Bakugo, quien la agarró de puro milagro y por simples reflejos.

—¡Qué haces! —gritó Bakugo alterado al vérsela encima, aplastándole la cara con esas estúpidas, molestas y enormes tet…

—¡Ah! —le devolvió el grito Ochaco, levantándose alterada, pisando la pierna de él.

—¡Ah, joder! ¡Ten cuidado, coño!—intentó zafarse de ella.

—¡Quita, suéltame! —le dijo Ochaco a un Bakugo muy enfadado que intentaba ponerse también en pie—, quiero salir. Me voy. Ahora.

—Tú no te vas a ninguna parte— se aferró a la puerta tras su espalda, cortándole el paso—. Nadie me espía, se ríe de mí en mi cara y encima se va de rositas.

"Ah no, eso sí que no."

Ochaco llevaba un día de mierda hasta arriba como para que encima el matón de turno se creyera con el derecho a pisotearla o humillarla.

Así que se plantó delante de él, decidida, brazos cruzados y mirada altiva.

—Genial y qué vas a hacer—lo retó sin titubeos, con los labios apretados—, ¿cómo vas a impedírmelo? ¿Te vas a quedar todo el día ahí plantando en la puerta como un pasmarote o prefieres ponerte a dar puñetazos como un animal? Eso ya he visto que se te da muy bien—le amenazó desafiante.

Bakugo no pudo evitar sonreír petulante.

—No te creas que me da miedo pegarte porque seas una chica— la agarró de la tela del cuello del uniforme, amenazante—. Los dos sabemos que eso me da igual.

Sí, eso ya se lo había dejado claro en el festival deportivo.

—Perfecto, porque a mí tampoco me das ningún miedo, Bakugo— lo imitó ella, sujetándolo a él de puntillas, decidida—. Y creo que también lo sabes.

Y lo decía totalmente en serio. Katsuki no le daba ningún miedo y él lo sabía. Y eso que la gente siempre le tenía cierto terror.

La jaló más fuerte de la camisa levantándola levemente del suelo. Ella lo imitó, sujetándolo con más fuerza y atrayéndolo hacia ella.

"¡¿De qué iba esa idiota para retarlo de esa manera?!" "¿¡Quién se cree que es?! ¿¡Wonderwoman?!" pensó el rubio iracundo.

No obstante, la ira se fue de Bakugo cuando la ira de Ochaco le devolvió la mirada.

Porque la ira de ella estaba coloreada de rojos de tanto llorar. Todavía tenía los ojos húmedos y el rostro rosa de las lágrimas amargas y contenidas. Esas que había decidido compartir con la soledad del peor baño de la UA.

Y es que Ochaco Uraraka llevaba desaparecida prácticamente todo el fin de semana sin haber salido de la residencia. Esperando el terrible momento en que había tenido el valor para romperse y enfrentar la desilusión, aunque ni en sus peores pesadillas la hubiese imaginado de esa manera.

Y ahí había estado llorando a lágrima viva en ese cubículo oscuro toda la tarde. En ese baño mugriento que nadie usaba. Sin consuelo ni ánimo, hasta que Bakugo Katsuki entró hecho una furia golpeando cosas como un animal.

—¡Aggg! —gruñó Katsuki al verse de repente tan indefenso.

Verla fue como verse a sí mismo en un espejo. Y dolía en el orgullo.

Aflojó el agarre y acabó soltándola de mala gana.

Ochako se relajó también y lo soltó, comprobando cómo el cuello de su uniforme se había quedado manchado de sangre. De la sangre de Bakugo.

Casi se había olvidado de esa parte. Él estaba sangrando.

Ambos quedaron un rato en silencio. De repente les dio vergüenza sostenerse la mirada. Luego Katsuki dio el primer paso al girarse y abrir la maldita puerta del cubículo del baño, invitándola a salir.

—Lárgate —dijo en tono neutro—. A este baño no viene nunca nadie, no te van a ver salir. Lo de Aizawa ha sido una cosa puntual… porque es un perdedor entrometido.

Ochaco lo miró con algo de extrañeza. Realmente era raro ver a Bakugo Katsuki alicaído. Diríase incluso "derrotado".

Luego se fijó en la pared destrozada junto a los lavabos y en la mano de Bakugo goteando sangre a cuentagotas.

Era una idiota de remate, pero en vez de irse pensó que no estaba bien dejarlo solo. Quizás egoístamente ella era la que no quería estar sola.

Sin decir una sola palabra, la chica tomó aire, se acercó a la puerta principal para salir de los baños y ante la incredulidad de él la cerró desde dentro con pestillo.

Eso era prácticamente 'ilegal' dado que eran dos adolescentes encerrados en un baño un domingo por la tarde en una academia mixta. Aizawa ya advirtió que poner cerrojo dentro de los baños le parecía un despropósito, pero el consejo estudiantil y directivo discutió el derecho a la intimidad y privacidad de los adolescentes a ducharse en privado y a puerta cerrada. "Además los baños no son mixtos" habían añadido para tranquilizar a los vejestorios del consejo de padres. "¡JA!" se había reído para sí el profesor "como si no hubiera alumnos homosexuales en sus aulas…" o simplemente alumnos que quisieran echarse un piti a escondidas.

"Esas cosas nunca se usan bien" había defendido Aizawa. Luego desistió, porque en realidad era una lucha que no quería pelear. "Que hicieran lo que quisieran, mientras no se me muera nadie...".

En todo caso, está acción tomó a Bakugo por sorpresa, ya que no entendía qué cojones se le estaba pasando a la castaña por la cabeza encerrándolos juntos en el mugroso baño de chicos del final del pasillo de la tercera planta. "Vale, era más amplio que un cubículo", pero no dejaba de ser terriblemente incómodo y VIOLENTO.

Sobre todo porque ellos dos no eran cercanos. No eran amigos siquiera. Eran compañeros de clase que como mucho se habían dado de ostias en el festival deportivo. Ni siquiera habían coincidido en la mayoría de ejercicios de clase y el hecho de que Ochaco fuera la mejor amiga de Deku tampoco ayudaba.

"Ese maldito nerd…" pensó Katsuki para sí aparentando los puños ensangrentados con rabia.

—¿Qué cojones haces? —le preguntó al verla moverse hacia las duchas, mientras rebuscaba en el botiquín que había colgado en la pared.

La chica ni siquiera se tomó la molestia de responder a su interlocutor.

—Estoy bien— advirtió Bakugo casi como una amenaza.

Ochaco ni le prestó atención, se acercó al lavabo junto a él y abrió el grifo, ajustando la presión.

No había que ser muy listo para entender lo que Katsuki tenía que hacer y estaba demasiado cansado y furioso para negarse. Furioso y cansado, derrotado. Así que se acercó a ella y metió obediente la mano bajo el grifo.

El agua escocía horrores, pero se lo guardó para sí. El agua se tintó de rojo casi negro. Una vez limpia la herida de toda aquella sangre, se veía todavía más fea y llena de cortes.

—¿Te duele mucho? —preguntó Ochaco casi en un susurro, mirando a la nada.

Atenta al agujero negro que se tragaba el agua tintada.

—No—respondió Bakugo seco.

—Tienes… —señaló Ochako a su mano.

Él suspiró, mostrando una ligera debilidad.

—Lo sé…

—Te ayudo—zanjó el tema la chica.

Al principio el silencio había sido terrorífico, pero ahora se había convertido en un espacio seguro. Ninguno decía nada, así que aquello se había mecanizado en una acción que no significa nada. Bakugo Katsuki sentado en un taburete de las duchas mientras Ochako Uraraka se sentaba frente a él a sacarle trozos de los azulejos de la pared del baño con unas pinzas.

Escocía y Ochaco no era la mujer más delicada del mundo, pero era agradable. Agradable de manera rara, porque a Bakugo no le agradaba nadie. Sin embargo, el silencio de ella lo reconfortó. No se sentía tan estúpido en su presencia, en silencio. No lo juzgaba. Se dedicaba a lo que le había dicho que iba a hacer: sacarle los trozos de azulejos de los nudillos. Y eso bastaba.

—Tienes unas manos muy raras— rompió el silencio en algún momento el rubio, instando por una extraña necesidad de hablarle que no llegó a entender.

—¿Lo dices por los dedos? —los alzó Ochaco para mirarlos—. Es parte de mi don, pensé que ya los habías visto…

—Sí, pero siempre pensé que eran diferentes, como…

—¿Suaves? —le sonrió Ochako, adivinando lo que todo el mundo solía pensar de aquella zona de sus manos.

Bakugo apartó la mirada, sin saber por qué se le había ocurrido sacar esa horrible conversación. Y por qué de repente se había puesto nervioso en presencia de ella. ¡Ni que lo intimidara esa pava! ¡JA!

—Nadie piensa que son rugosos hasta que los tocan— susurró ella algo avergonzada.

Los dones suelen tener siempre algo de íntimo que la naturaleza humana evita nombrar.

Ellos sabían que son una especie de raza avanzada de la humanidad, pero se seguían viendo cómo humanos. Así que seguía siendo raro decir que sudabas nitroglicerina o que te nacía una extraña piel rugosa y áspera como la lengua de un gato en la yema de los dedos.

—¿Te resulta incómodo? —preguntó entonces Uraraka algo avergonzada.

—¿Por qué mierdas me iba a ser incómodo? —se quejó—. Son tus dedos, cojones, no le pasan nada malo. Son como son y están bien como están. El problema es que eres una bruta, menos mal que no eres enfermera porque si no estarías ya viviendo bajo un puente.

Ochaco hizo un amago de sonrisa. La amabilidad de Bakugo era difícil de encajar.

—Creo que ya está, este es el último— dijo ella sacando el último trozo de losa de los nudillos del chico y estudiando con cuidado su mano.

Lo cierto es que un poco más y se la destroza contra la pared. Golpeando una y otra vez sobre escombros.

Ochaco sabía que Bakugo era temperamental y violento. "Quién no lo sabía…", pero la escena que había contemplado había estado completamente a otro nivel. Acongojante. No sólo lo había visto golpear varias veces una pared y destrozarse la mano de rabia, sino que después lo había visto dejarse caer contra las frías losas, roto y llorando.

Llorando.

Bakugo Katsuki llorando.

El pobre llanto lastimero de Ochaco, de mujer con el corazón roto, se había cortado en seco al verlo llorar a él. Al encontrárselo de frente bajo los lavabos, roto.

Obviamente quiso morirse cuando lo reconoció.

Intentó incluso cerrar al menos la puerta del aseo con disimulo. Habría deseado ser invisible o al menos activar su don y estamparse contra el techo, pero había sido tarde.

Y claro está que cuando Bakugo notó su presencia y alzó la vista para verla frente a él, observando su debilidad, se le había lanzado encima hecho una furia a pedir explicaciones.

Justo cuando Ochaco ya se había dado por muerta, fue cuando apareció Aizawa en escena. Cuando Bakugo cerró la puerta del maldito aseo y Ochaco de aferró a él activando su don para que no los pillaran.

Porque, al fin y al cabo, ambos sabían que se la cargarían si los pillaban en horario escolar:

-Fuera de la extraescolar del domingo

-Ella en el baño de chicos

-Él rompiendo mobiliario escolar

-Ellos dos dentro de un cubículo del baño con tan poco espacio entre ellos que dada poco lugar a la imaginación y a la excusa.

Se les caería el pelo. Así que ahí estaban ahora en esa escena deprimente, bailando con el silencio incómodo de la compañía extraña mejor que una expulsión.

—No tenías que haberme ayudado, podía yo solo.

Aquel fue el lastimero intento de Bakugo por ocultar aquel momento de fragilidad frente a Ochaco Uraraka.

—Con un gracias era suficiente—respondió ella algo hastiada, irónica, aunque no enfadada.

Le hacía hasta gracias esa actitud de Bakugo. Estaba segura de que aquel era un personaje bajo el que se escondía el auténtico Katsuki.

Por su parte, Bakugo nunca le había prestado demasiada atención a la chica. Siempre la había visto como a una 'extra' mona y simplona con un don tontísimo y poco útil. Claro está que le había hecho sudar frío en el festival deportivo. Y qué tenía que reconocer que la idiota tenía los ovarios bien puestos y había mejorado mucho en los últimos años. Tanto como para posicionarse como una de las mejores de clase y el segundo año de la UA. Ese que estaba a punto de terminar.

Y aunque odiaba admitirlo porque tampoco es que tuviese gran interés en las mujeres, tenía que reconocer que le parecía guapa y… sexy. Realmente tenía potencial y eso le daba cierto atractivo que Bakugo no solía encontrar en la mayoría de chicas. No obstante, honestamente ella nunca había estado en su punto de mira. Le asqueaba lo dulce que era, sobre todo con Deku. Ese idiota que encima se había largado sin mirar atrás, sin ver que había dejado a esa tía llorando por él. Esa chica que aún con lágrimas en los ojos no había dudado en querer ponerlo en su sitio por bocazas hacía unos instantes.

No lo iba a admitir, pero en el fondo le había puesto que lo hubiese retado sin titubeos hace un rato y eso que odiaba cuando la gente lo enfrentaba pensando que tenían posibilidades contra él. ¡Ja!

—¡Ah! —gritó de dolor al sentir aquel líquido ardiente en la piel—. ¡Qué cojones…!

—No te quejes, es para que no se te infecte— le sopló un poco Ochaco para aliviarle el escozor.

Aquello hizo que Bakugo se retorciera en su silla, pero no por la herida de la mano, sino por aquella atención y extraño cariño desmedido que no entendía que mereciese. Ni siquiera su madre lo trataba con esa atención y cercanía.

"Maldita cara de pan" pensó sin poder evitar mirar a esos labios cereza que le soplaban con cuidado. ¡Por qué de repente le ponía tan nervioso esa tonta!

—Listo, ya está —sentenció él rápido, quitando la mano y agarrando la venda del botiquín antes de que Ochaco también quisiera ayudar con eso.

Se vendó la mano sintiendo que le ardían las orejas y se puso en pie.

—Venga, vámonos antes de que alguien nos eche de menos.

Ochaco recogió el botiquín y lo siguió hasta la puerta. Entonces llegó la mejor parte de esa desventura:

—¿Qué coño le has hecho a la puerta?

—¿Cómo? —preguntó desconcertada.

Bakugo trató de abrir con violencia, pero el pestillo no se movía. Alzó la mano para explotarlo, pero Ochaco se lo impidió en el último momento.

—¡Qué haces! —le abrió los ojos ella—. Si lo explotas nos van a pillar.

—No si salimos rápido. No me voy a quedar encerrado aquí todo el puto día contigo.

—¿Y si no se abre a la primera, señor Dios asesino de las explosiones?

Uraraka no lo entendía. No entendía a ese hombre insufrible. ¡Qué diablos le pasaba! ¿Por qué no se podía comportar como una persona normal?

—¿Tú me quieres joder la vida o qué te pasa, cara bollo? Es tu culpa que no se abra. ¿Tan inútil eres que no sabes ni cerrar bien una puerta?

Aquello hizo estallar a Ochaco.

—¡Aggg! Eres inaguantable—le gritó—. ¿Sabes qué? Haz lo que quieras, me da igual. ¿Quieres explotar la puerta porque crees que así demuestras lo invencible que eres? Pues adelante, ¡pero eso no va a cambiar tu maldito complejo de segundón!

Ochaco se alejó de él, consciente de sus palabras y se sentó en el suelo del baño, rendida.

Estaba harta.

Aquel día no podía empeorar más. Se sentía como una mierda y encima tenía que lidiar con las estupideces y el ego de Bakugo Katsuki. ¿Por qué era así? ¿Por qué no podía admitir que era humano como todos y que se equivocaba? ¿Por qué hace un instante había llegado incluso a pensar que podían comportarse como dos personas normales? ¿No se podía haber quedado encerrada, no sé, con Denki?

Bakugo explotó, como era de prever. Nadie le dice segundón y se va impune.

—¡Eh, que la culpa de que nos hayamos quedado encerrados aquí es tuya, listilla! —le gritó de malas maneras—. Eres tú la que ha cerrado la puerta —le volvió a echar en cara, esta vez terriblemente enfadado—. ¿Y para qué? Para hacerte la jodida heroína porque eso es lo que te crees que eres con la mierda de don patético que tienes ¿Sabes qué? Que no necesitaba tu puta ayuda. Y la próxima vez que quieras llorar porque tu puto novio no sabe ni que existes y se haya largado como una rata sin acordarse de ti, te vas a llorar a tu maldito cuarto como hace la gente normal, no te escondes en el lavabo de tíos a llamar la atención.

Estaba encendido en furia, tanto que no sé dio cuenta de que se había pasado.

Un poco.

Mucho en realidad.

Eso y del largo rato que estuvo esperando que Uraraka respondiera. Porque eso debía hacer ¿no? Responderle con otro insulto peor. Así al menos funciona su vida. O su madre.

Pero no, la vida no funcionaba así. Y peor que con la ira de Uraraka, se encontró con sus lágrimas. La había hecho llorar. ¡Joder!

—No llores ahora, no me das pena—, quiso dejar claro, gestionando sus propios sentimientos y disimulando el nudo en la garganta.

Ochaco ni se molestó en contestar, simplemente se limpió las lágrimas, se puso en pie y se fue hacia las duchas para no verle, intentando calmarse.

Y entonces Bakugo se dio cuenta de que era simple y llanamente un idiota de remate que se merecía ir al infierno.

Sabía que se había pasado con la persona equivocada en el día equivocado.

—Joder—, maldijo rendido, pasándose las manos por la cabeza.

La dejó llorar sin hacer el más mínimo ruido, hasta que quedó el silencio. Ese que lo inundaba todo.

Luego oyó el ruido de la ventana y un terrible nudo se le formó en el estómago.

—Joder, mierda…—maldijo para sí, sintiéndose lo peor, yendo a buscarla.

Como había imaginado, Ochaco era una mujer de acción y antes que quedarse con un cabeza hueca llorando en un baño mugriento, estaba intentando salir por la ventana del techo.

—¡Eh, espera! —la detuvo Bakugo agarrándola de la muñeca antes de que siguiese flotando hacia arriba.

—Suéltame— le pidió sin apenas voz, decidida pero mucho más pequeñita que momentos atrás.

Bakugo parecía librar una terrible lucha interior, contra él mismo, contra su terrible y enorme ego. Luego tomó aire y la agarró con la otra mano, tirando de ella para ponerle los pies en el suelo.

—Espera Uraraka, por favor —pidió serio—. No… no quería decirte eso, joder… de verdad que no quería. Te lo digo en serio.

Ochaco lo miró sin mucha expresión. ¿La había llamado por su nombre? ¿Estaba realmente pidiéndole disculpas? Estaba demasiado cansada de sus propias emociones cómo para encima tener que lidiar con las de Bakugo. No obstante, se rindió a la gravedad y puso los pies en el suelo.

—Yo también lo siento, me he pasado con lo que te he dicho— se rindió al fin—. No pienso que seas un segundón.

Aquellas palabras pesaban como décadas. Y aunque Ochaco no se consideraba una mala persona, sabía que había escogido hirientemente esas palabras para el rubio.

—Qué más da… — se encogió de hombros él, autogestionándose —. Todos los piensan.

Bakugo realmente se sentía un segundón.

O más bien, un inútil. O un perdedor. O ambas. O un pringado rematado que caminaba hacia atrás a cada paso que daba, siempre detrás, siempre tropezando, siempre retrocediendo, siempre…

—Hoy no ha sido un buen día para ninguno, ¿me equivoco? —se esforzó en sonreírle Ochaco.

Cálida, cercana, sincera. La mirada brillante.

Katsuki negó, sintiendo sus ojos arder y dejando caer dos lágrimas contra su voluntad. Se odiaba por tener aquel momento de debilidad delante de ella, pero estaba sintiendo tantas cosas a la vez que ni él mismo se aguantaba.

—Ven, dame la mano— ofreció Ochaco algo más calmada y conciliadora.

Bakugo se limpió raudo y sin piedad ambas lágrimas furtivas. Volvió a intentar parecer altanero, pero no le salió muy bien. La voz se le había cortado un poco.

—¿Para qué? —preguntó intentando hacer como si aquello no hubiese pasado.

Como si él no tuvieras debilidades.

—Pues para largarnos de este maldito sitio— intentó imitarlo ella.

Bakugo vio su mano y su sonrisa sincera. Y luego la miró a los ojos, a la mirada más bonita que nunca nadie le había regalado en toda su vida. Y se sintió terriblemente pequeño e iluminado, como si hubiese sido tocado por los ángeles.

Ochaco lo sacó de allí con suma gracilidad y eso que la ventana era pequeña y Bakugo se quedó algo atascado. A lo que, obviamente, la castaña no pudo evitar reírse. Él por supuesto la miró con cara de asesino mientras juraba destrozarla si no paraba de reírse. Claro que no tuvo valor para hacerlo ni para ocultar su propia sonrisa en algún momento, porque por alguna razón la risa de Ochaco era demasiado bonita como para no contagiarse de ella.

Una vez salieron de ese antro de muerte y destrucción, como calificó Bakugo, aterrizaron en la azotea de aquel tercer piso y se sentaron a contemplar cómo ese día de mierda terminaba. En silencio y agotamiento. Ni siquiera fue incómodo. Por alguna razón la compañía silenciosa del otro no les molestó.

—No le veía fin a este día— admitió Ochako en algún momento.

—Ha sido un día de mierda— sentenció Katsuki mirando al frente, sentado al igual que ella sobre la gravilla del suelo de la azotea.

Agarró de hecho un trocito de piedra y jugó a lanzarla con fuerza, a ver hasta dónde llegaba.

Uraraka sonrió. Y lo imitó.

—Eso es trampa— calificó Bakugo al ver aquella piedra que desaparecía en el infinito.

—¿Y quién ha puesto las reglas?

—Yo— dijo tajante—. Y estás descalificada.

—Jolín, pues vaya reglamento más estricto para el tiro de piedritas.

A Bakugo se le escapó un bufido.

—¿Tiro de piedritas? —lanzó otra piedra al aire, con más fuerza—. ¿No has podido pensar un nombre más horriblemente cursi?

—¿Qué tiene de malo? —respondió divertida, lanzando una piedra, ahora sin usar sus poderes—. ¿Acaso no es lo que estamos haciendo? ¿Tirar piedritas?

Bakugo retomó su turno y lanzó otra más, todavía más lejos.

—Supongo que sí, pero yo lo llamaría lanzar… piedras como balas.

Ochako se rio.

—Mmmm ¿No te parece demasiado épico para un juego tan tonto?

La chica se puso de pie, dispuesta a hacer su mejor lanzamiento, tomando incluso carrerilla. Y sí, no era un infinito, pero ésa había estado muy bien.

—Eso ha sido una buena lanzada —aceptó Bakugo.

Porque otra cosa no, pero él sabía reconocer el talento cuando lo veía.

—Estas más fuerte de lo que pareces— admitió entonces.

—¿Eso es un cumplido? —preguntó incrédula, más coqueta de lo que hubiese querido.

—Tsh— miró a otro lado Katsuki—. Sólo son palabras, cada uno se las toma como quiere.

Él también se puso de pie. A competitivo no le ganaba nadie y no iba a perder jugando a 'tirar piedritas' contra esa cursi.

—¡Ala! ¡Ese lanzamiento ha sido increíble! —opinó Ochako—. Ahora verás.

Se notaba que estaban en el departamento de héroes. Esa competitividad malsana los hizo sudar hasta que casi se fue el sol. Lo que no se notaba es que estaban en segundo de la UA, porque parecían dos niños pequeños jugando a ver quién la tiene más grande.

Al final acabaron por volver a sentarse, en el punto inicial.

—Estás fuerte… —jadeó Ochako, recuperando el aire.

—A ver qué esperabas del número dos— bromeó Bakugo.

Ochako sonrió incrédula, pensando que no podía ser cierto que Bakugo hubiese bromeado con eso. Y se rio. Se rio feamente en su cara, aunque no de él.

Bakugo quiso enfadarse, pero no pudo. Estaba un poco cansado de estar enfadado. Ese día por lo menos. Además, no sabía por qué pero le había gustado hacerla reír. Sentía un extraño cosquilleo en todo eso.

—No te creas que Todoroki iba a ser el único con sentido del humor.

¿Había hecho alguna vez reírse a alguien? Tal vez no.

—Ya veo que no— dijo ella divertida—. Así que esto es lo que aprendéis en la agencia de Endeavour.

—Sí, el humor es cosa de familia… —dijo irónico Katsuki.

Ochako se recompuso un poco y lo miró curiosa. Lo cierto es que jamás había hablado con Bakugo prácticamente de nada. ¿Podía ser aquella su conversación más larga hasta la historia? Y la mayoría se la habían pasado discutiendo…

—Habéis mejorado mucho los tres desde que estáis con él— opinó entonces Ochaco, abrazándose las rodillas.

Empezaba a hacer un poco de frío ahí arriba.

—Tsh—se ruborizó Katsuki—. Hay que reconocer que el viejo es bueno.

Ochaco sonrió.

—¿Tú estás contenta con la caradragón? —preguntó entonces Bakugo para su sorpresa.

—¿De verdad quieres saberlo? —respondió incrédula.

¿Alguna vez Bakugo se había interesado por alguien más que sí mismo?

—Pues claro— dijo con obviedad—. Si no, no te preguntaría.

Ochaco lo miró confusa, sin saber muy bien qué pensar. ¿De verdad le interesaba? Luego recordó que Bakugo podía ser cualquier cosa, pero desde luego no era un 'queda bien' y mucho menos un falso. Decía lo que pensaba y actuaba en consecuencia. Así que, si le había preguntado, tal vez es porque realmente le interesaba.

—La verdad que estoy muy contenta con Ryuko— comenzó la chica—. Me gusta que no nos trate como a niños. Tiene además muy buen ojo, en seguida ve tus fallos, tus puntos fuertes, tus debilidades… y siempre sabe darte el consejo adecuado, aunque a veces es un poco ruda y estricta. Siento que he mejorado mucho desde que estoy en su agencia…

Bakugo asintió en señal de que él opinaba lo mismo.

—A veces es un poco tajante, eso es lo único que echo de menos de Gunhead— recordó a su amable primer maestro—. Eso y el Kárate, me estoy estancando desde que no entreno con él…

—¿Haces Kárate? —preguntó Bakugo sin mucho asombro.

Aquello fue como si le hubiese tirado un jarro de agua fría a Ochaco por la cabeza. ¡Tan poca atención le había prestado ese idiota!

—¡Claro que hago Kárate! —respondió con obviedad—. Desde el primer semestre de la UA.

Bakugo no cambió mucho su expresión. Sólo una afilada sonrisa.

—Me quiere sonar…—añadió haciéndola enfadar más.

Eso le gustó.

—Peor me lo pones— siguió hablando él—. Haciendo kárate deberías dar mejores puñetazos, te ves súper blanda en los entrenamientos.

—¡Pues porque me contengo! —quiso dejar claro ella—. ¡Yo no voy por ahí destrozando a mis compañeros!

Golpe bajo. Bakugo no pudo evitar sonreír de lado a lado.

—¿Eso es una indirecta por lo del festival deportivo?

Ochaco abrió la boca tanto como un dibujito animado. ¡Santas narices tenía ese hombre!

—¿Cómo te atreves! Eres…eres…—no sabía ni qué decirle, sin saber por qué sonreía si estaba enfadada.

—¿Soy qué, mofletes? —le dijo con chulería Bakugo.

Ochaco le giró la cara, intentando contenerse. Primero, porque no quería acabar el día dándose de puñetazos con Bakugo en una azotea. Y segundo, porque no sabía en qué momento habían empezado a ¿coquetear? con él.

—Un idiota redomado —le dijo recuperando la compostura—. Y qué sepas que pienso obtener mi venganza, dame unos meses y verás.

—¿Meses? —se burló Katsuki—. No sé te dan muy bien las amenazas.

Ochako deseó ser ella la del poder violento para explotarle esa cara de niñato prepotente.

—Estás entrenando para el cinturón marrón, ¿no? —dijo entonces para su sorpresa Bakugo.

Ella lo miró extrañada y confusa.

—¿Cómo?

—No soy tan capullo, ¿vale? —quiso dejar claro Katsuki, recuperando un poco la seriedad—. Sé de sobra qué haces Kárate desde primero. Tienes buenos movimientos de bloqueo e inmovilización y eres muy rápida—dudo antes de hablar—. A veces… te he visto entrenar en el patio de atrás.

Aquello la descolocó por completo.

—No se te da mal, pero sigo pensando que te ves muy floja.

—Gracias… supongo.

Bakugo se rio. No fue algo exagerado, solo una risa cortita. ¡Qué raro era escucharlo reírse! Pensó Ochaco. Escalofriante incluso.

—¿Cuándo te examinas? —siguió preguntando el rubio.

Ochaco lo estudió un momento antes de contestar. ¿Quería reírse de ella? Luego lo miró bien y algo le dijo que no. Era raro, pero tenía delante de ella a Katsuki, al auténtico Katsuki al desnudo (bueno, con ropa, gracias a Dios, eso sería lo que le faltaría para terminar el día).

—El examen es en cinco meses, pero… creo que no me voy a presentar.

—¿Y eso por qué? —preguntó curioso.

—No sé— se encogió de hombros—. Últimamente he estado muy distraída… aunque quisiera ya no me da tiempo.

Bakugo no meditó mucho antes de hablar.

—Es por el idiota, ¿no?

Ochaco abrió la boca y la volvió a cerrar incapaz de hablar. ¿Aquello era realmente por Deku-kun o por ella? Le gustaría sonar como una mujer empoderada e independiente, pero lo cierto es que no podía. Realmente el tema Izuku había sido un dolor de cabeza.

—No es realmente su culpa… —empezó a confesarse Ochaco, sin saber por qué se estaba abriendo con él de esa manera—, pero es cierto que llevo estás últimas semanas muy distraída. Sólo podía pensar en que se iba…

—Ya, yo también lo he pensado mucho— confesó.

Ochaco nunca había entendido la extraña relación que tenían Bakugo e Izuku. A veces parecían odiarse. Otras, parecían los mejores amigos. Diríase incluso almas gemelas. Tenían una especie de rivalidad malsana, envidia y rara amistad que poca gente entendía. Por un tiempo llegó incluso a pensar que estaban enamorados, pero aquello tampoco se sustentaba o posiblemente no por las dos partes…

Tomó aire antes de hablar.

—Estoy enfadada… —se confesó—. No con él, sino conmigo misma. Yo… realmente me he sentido una idiota todo este tiempo por no decirle cómo me sentía. No es que no esté contenta con la oportunidad que le han dado, se la merece más que nadie, pero...

Al decir eso no pudo evitar mirar a Katsuki arrepentida.

—Quiero decir…—intentó suavizarlo.

—Has dicho lo que querías decir— la cortó Bakugo—. No tienes que contentarme. Se lo merece y punto. Y lo demás nos hemos quedado aquí, fin de la historia.

Ochaco asintió, incómoda. La mirada carmesí y afiliada de Bakugo la instó a seguir hablando.

—Tenías un pero… —añadió él, para que continuara.

Tragó, gestionando sus sentimientos.

—Sí... eh pero pensé que él sentía lo mismo que yo y que al menos no se iría sin decírmelo… me siento una cobarde.

Aquello lo dijo muy bajito, como si sintiese vergüenza. ¿Estaba hablando de sus sentimientos más profundos con Bakugo Katsuki? Okey, ahora sí que había caído en lo más profundo del pozo.

—Mira cara pan— le dijo serio, sin mala intención, pero conciso—. No sé qué se le pasa por la cabeza al idiota de Deku pero claramente ha sido un imbécil por perder la oportunidad contigo… —acertó a decir—. Es retrasado si no se ha dado cuenta de que estás enamorada de él. Hasta un lelo lo vería. Y si lo sabía y se ha ido sin decirte nada, pues él se lo pierde. No te martirices por alguien que a estas horas debe estar salvándole el culo a yankis obesos y compañías de comida basura.

Aquello puso a Ochaco roja. Obviamente no por esa última frase levemente xenófoba y llena de celos de Bakugo, sino por todo lo demás.

—Gracias, Katsuki.

El chico atinó a verla a los ojos. Esos que llevaba un rato evitando. ¿Lo había llamado Katsuki? Nadie en la UA lo había llamado así nunca.

Realmente pensaba que Deku era un idiota por dejar escapar a Ochaco. Era ambiciosa, trabajadora, luchadora y valiente. Y también era muy guapa ahora que la veía así cerca… aunque eso último no quiso pensarlo.

—Yo nunca quise parecer la típica chica que está en un sitio porque está enamorada de alguien… ser sólo 'la novia de' —quiso dejar claro Ochaco—. Yo llegué aquí porque quiero ser una heroína. Tengo prioridades y pensé que si me confesaba, todos me verían como una débil. Que perdería el rumbo y acabaría yendo todo el rato detrás de Izuku…

—Al final todos vamos detrás de él—dijo Bakugo, más para sí que otra cosa—. Y no eres débil porque te guste alguien, solo tonta porque ese alguien sea Deku.

Ochaco rodó los ojos. Bakugo era férreo como una piedra.

—Además, a estas alturas están todos liados con todos, así que qué más da— jugó con la venda de su mano Bakugo.

—Eso es verdad… —aceptó Ochako.

Dos años y el inicio incipiente de un tercero en la UA habían dado para mucho. Y por supuesto, se habían formado muchas parejas. Algunas más secretas que otras.

—Pukachu y la orejas…

Comenzó a recapitular el rubio.

—La cola con la tía invisible, Camie y la tía esa que se hace trozos, mitad y mitad con la tetona.. Hasta pelo pincho con lo empanado que está ha sacado valor para declarársele a la mapache rosa —añadió Bakugo—. Nadie se hubiese extrañado que tú y el idiota de Deku hubieseis empezado a salir.

Un discurso muy ofensivo que tenía como intención ¿Animarla? De alguna forma hizo sonreir a Ochaco.

—¿Mina y Kirishima por fin se han dicho que sí?

Bakugo sólo bufó.

—Sí —confirmó—,y ahora está súper pesado, no habla de otra cosa —señaló de mal humor el rubio—. Que si Mina esto, que si Mina lo otro…

Ochaco sonrió.

—Gracias Katsuki— dijo de corazón.

El chico se ruborizó, evitando mirarla.

—No tienes que dármelas, no he hecho nada…

Ochaco no sabía si Katsuki había hecho realmente algo por ella o no, pero después de hablar con él se sentía mucho mejor. Mucho, mucho mejor.

—No pensé que acabaría este día sentada en la azotea charlando contigo— confesó divertida.

Bakugo también sonrió a su manera.

—Bien está lo que bien acaba— sentenció—. Será mejor que nos vayamos, se me están congelando los huevos aquí arriba.

Ochaco asintió. No había verbalizado esas palabras, pero ella estaba igual de helada desde hacía rato, así que se puso en pie y lo siguió. Bajaron con el don de Ochaco hasta el jardín trasero y de ahí subieron sin hacer ruido por la escalera de incendios. A esa hora todos estarían volviendo del entrenamiento de la tarde y preparando la cena. Sería raro que los viesen llegar juntos y más cuando se habían saltado la clase. Lo que le faltaba a Ochaco era que ahora todos pensaran que estaba liada con Bakugo.

—¿Puedo preguntarte algo? —se atrevió a decirle cuando llegaron a los dormitorios y dejó al rubio en la puerta que daba a las escalera de las habitaciones de chicos.

—Oi… —respondió sin mucho ánimo el rubio.

Ochaco se armó de valor antes de hablar.

Llevaba un buen rato con aquello en la cabeza, pero tenía miedo de la reacción de él. No obstante, le echó valor. Porque pese a todos sus defectos y fantasmas, era una mujer valiente. Una heroína.

—¿Estás bien?

Ahí estaba. La pregunta más simple sin respuesta.

Pensó que tal vez le ofendería preguntándole algo así. De alguna forma era exponer su debilidad. La debilidad del invencible Bakugo. Rememorar el hecho de que lo había visto bajar a los infiernos. De qué lo había visto llorando en el baño.

Bakugo, no obstante, no pareció enfadado por la pregunta. Ni siquiera molesto. Tardó un rato en contestar, en una intensa introspección de unos minutos. Instantes en que Uraraka realmente lo vio.

A Katsuki.

—No— resolvió él con simpleza—, pero lo estaré.

Le lanzó una mueca parecida a una sonrisa y una mirada que decía un 'gracias' muy tímido y bajito. Y luego le cerró la puerta en la cara.

Ochaco sonrió para sí al otro lado de la puerta. ¡Qué día más raro! De camino a su habitación, recibió un mensaje de Deku que le decía que ya habían aterrizado en Estados Unidos y que aquello era una pasada. Se alegró por él y por la beca que le habían dado, de verdad que lo hizo. Hablaron un rato más hasta que él le dijo que había llegado al hotel y le deseó, muy educadamente, buenas noches, 'amiga'.

'Amiga'.

Sí, era la amiga de Deku. E Izuku era su mejor amigo. Lo cierto es que hasta ese momento no se había planteado lo que valoraba aquella amistad y el terror que le daba perderla. Tal vez ninguno había dado un paso más porque aquel sentimiento se anteponía a cualquier otro. Suspiró agotada y se lanzó contra el colchón nada más llegó a su habitación.

Qué día más raro… volvió a repetirse.

Al menos, había estado bien hablar con Bakugo. Por muy raro que hubiese sido.

¡Qué raro era! De estar a punto de pegarse con él en el aseo de un baño hasta verlo sonreír tímidamente minutos atrás, con un gracias en la mirada. Sí, había sido raro.

Había sido rematadamene extraño conocer a Katsuki, al auténtico Katsuki que había encerrado en Bakugo.

Extraño, violento y por alguna razón, cálido y sincero.

…..


¡Si has llegado hasta aquí, gracias por leer! Éste capítulo tiene algo de onírico dados los flashbacks. El resto de capis seguirán una dinámica parecida, pero creo que son más claros (éste podía ser algo confuso).

Sin más, os doy la bienvenida a esta historia! Intentaré publicar un capi cada viernes, aunque no prometo nada. (Por suerte salvo el último están todos ya escritos).

Por supuesto, os agradecería muchísimo una review. Al fin y al cabo es lo único que me llevo al publicar y me animan mucho a seguir escribiendo y a compartir lo que escribo.

Además, si alguien es fan del fandom, también tengo otros relatos Izoucha y un Bakudeku, por si os interesan ^^ (Haríais súper feliz a esta autora si me dejáis un comentario con vuestra opinión)

Nos leemos el próximo viernes!

19-08-22