Sakura Card Creator
Episodio 2: Magia de todo el mundo!
"¿Están seguras que están bien?" Nos preguntó el ajetreado rescatista, chorreando gotitas de lluvia por su frente hasta caer sobre su uniforme. O por lo menos eso creí yo que preguntaba, pues hablaba en chino y yo soy muy mala con cualquier otro idioma que no sea japonés.
Una vez escuché a Shaoran hablar en chino por teléfono, probablemente con su madre o alguna de sus hermanas, y no pude contener la risa. No entendí más que palabras sueltas, pero es que el chino es un idioma que suena tan gracioso con esos sonidos nasales que cuando lo escucho ni siquiera logro concentrarme en lo que están diciendo. Pero a Shaoran no le hizo tanta gracia, supongo que se trataba de algún asunto serio, de esos de los que él nunca hablaba conmigo ni con nadie.
"¡Si!" Escucho la voz de Tomoyo respondiendo a la pregunta y despierto de los recuerdos que por un segundo me han hecho regresar a un pasado más feliz.
"¡Sí!" Mi voz se une a la de Tomoyo y le sonrío al rescatista chino, como para demostrarle sin palabras que todo está en orden.
De pronto el radio que lleva colgado en el cinturón se encendió e indescifrables sonidos distorsionados por la estática surgieron de él. Supongo que son palabras pero no las entiendo.
"¡¿Otro avionazo en nuestra área?" Algo parecido exclama el rescatista sorprendido.
Tomoyo y yo nos miramos sorprendidas. Aquello no puede ser coincidencia. No hemos visto ningún avión caer desde el parque de Kowloon, pero es que la lluvia es tan fuerte y los negros nubarrones tan densos que fácilmente podía haber explotado otro avión a un par de kilómetros sin que nos hubiéramos percatado. Ojalá estén todos bien, pienso acongojada. Si hubiera sabido que había otro avión en problemas habría acudido en su auxilio. Aunque después del enorme esfuerzo de haber salvado mi propio avión en realidad no me sentía con las fuerzas necesarias para conjurar otro esfuerzo semejante.
"Pues si están bien, sugiero que se vayan a casa cuanto antes." El chino parece ajetreado y preocupado. No para de hablar por la radio y cada vez se ve más consternado. A gritos llama a sus compañeros que ayudan a otros pasajeros a salir del avión inmolado en medio del parque. Probablemente el otro avionazo haya sido peor que el nuestro, ellos no llevaban a una joven hechicera japonesa a bordo.
"Y de eso me encargaré yo." El perfecto japonés suena en mi oído tan cerca que me estremezco. De pronto me percato de una ligera y delgada mano que se ha posado sobre mi hombro sin que yo siquiera me haya dado cuenta. La sorpresa hace que un escalofrío me recorra desde mi espalda baja hasta mi cuello.
Doy media vuelta casi a tropezones, huyendo de aquella esquelética mano y me refugio aterrada junto a Tomoyo. El extraño es un anciano de cabellos blancos y rizados, de tez tan pálida que él parece perderse con su pelo blanco. Viste un extraño traje azul claro con numerosos holanes tan blancos y tan rizados como sus cabellos y su bien peinado bigote.
Lleva unas gafas oscuras que resaltan sobre su blanca persona. A mí me parece que es un fantasma y me aterro con sólo pensarlo.
"Bienvenida a Hong Kong, estimada Sakura." Su voz es extrañamente dulce y suave como una brisa cálida. Se lleva uno de sus huesudos dedos al rostro y lentamente baja los lentes oscuros como para vernos mejor. Pero en el momento en que los lentes dejan de cubrir sus ojos descubro que sus ojos son completamente blancos. ¡Está ciego! Pienso sorprendida. Y sin embargo sus ojos nos miran fijamente como si con esas pupilas blanquecinas realmente pudiera vernos.
"Wu Sensei me ha enviado para recogerte después de este desafortunado incidente. Mi nombre es A, a tu servicio."
Ni siquiera he acabado de asimilar sus palabras cuando de pronto A explota en una densa nube blanca que nos rodea como una densa polvareda blanca.
"¿Qué sucede allá afuera?" Escucho la aguda vocecita de Kero emerger de mi bolsa.
Poco a poco el humo se reorganiza como jalado por una mágica fuerza gravitatoria que lo atrae todo hacia una bola gigante de vapor. El vapor se mueve, se amolda y pronto se forman gestos humanos entre la vaporosa nube frente a nosotros. Creo reconocer el rostro de A en esta nueva y nubosa forma y abriendo su inmensa boca esponjosa de par en par aparece un resplandor blanco desde el interior que casi nos ciega por su intensidad.
"Por favor, pasen." Nos invita la gigantesca y vaporosa cara que parece cambiar lentamente como las nubes en el cielo en un día ventoso.
Observo a mi alrededor atónita. ¿Acaso nadie se ha percatado del viejo misterioso que se ha transformado en nube frente a todos? Pero aunque seguimos en el Parque Kowloon, los árboles, los curiosos, los reporteros, los rescatistas, y los felices pasajeros que han sobrevivido al avionazo me parecen grises y lejanos. Una densa bruma mágica nos separa del mundo real y quizás nosotras y el anciano-nube nos hemos vuelto invisibles para ellos.
Observo con desconfianza el brillante interior de A. Kero se ha escabullido fuera de mi bolsa y volando junto a mi hombro analiza la situación con detenimiento.
"¿Creen que debamos confiar en él?" Les pregunto a Kero y a Tomoyo disimuladamente.
"A mí me parece agradable." Responde Tomoyo sonriente. Eso debería ser suficiente para mí, pues sé que Tomoyo generalmente es excelente juzgando el carácter de las personas. Pero francamente A me sigue pareciendo demasiado parecido a un fantasma y el miedo hace que las piernas me tiemblen. Preferiría que Wu Sensei hubiera mandado un taxi común y corriente… si es que en verdad fue Wu Sensei quien mandó a este hombrecillo mágico.
"No lo sé…" Reflexiona Kero, acariciándose la barbilla como normalmente hace cuando se concentra mucho en un problema. "Puede que A sea uno de los cuatro famosos lacayos mágicos de Wu Sensei… pero considerando que acabamos de ser atacados por una misteriosa tormenta mágica también podría tratarse fácilmente de una trampa…"
Tiene toda la razón, pienso yo. Francamente no me gustaría correr ningún riesgo.
"Tengo botana aquí adentro…" La suave voz de A emerge de su brillante boca como una brisa salpicada de dulces aromas.
"¡Entonces correremos el riesgo!" Exclama Kero olfateando el aire embelesado.
¡Maldito Kero! ¡Es tan débil cuando se trata de comida! Pero ya no me queda ninguna opción más que atenerme a la decisión de mis amigos y rezar porque no sea una trampa, o algún terrible fantasma, o un demonio chino, o algo peor.
Con piernas temblorosas me acerco hacia la boca de la nube y lentamente pongo uno de mis pies sobre los vaporosos escalones de entrada. Por un segundo me da la impresión de que me hundiré en la nube, pero mi pie parece chocar contra una suave alfombra de vapor y mi pie no se hunde. Avanzo con cautela hacia el esponjoso interior de la nube, cerrando mis ojos para que la brillante luz no me ciegue por completo. De pronto, la nube nos engulle y las paredes de humo blanco se cierran a nuestras espaldas.
Tardo un rato en que mis ojos se acostumbren a tanta luz y lentamente cuatro sombras aparecen frente a mí. Y descubro asombrada que en cuanto mis ojos se acostumbran a la luz las sombras resultan ser cuatro chicos de mas o menos la misma edad que yo. Todos nos miran con la misma curiosidad con la que yo los veo a ellos. Son dos chicos y dos chicas y son todos muy diferentes entre sí.
La que más me llama la atención por su mirada frívola e inexpresiva es una joven de tez pálida que está sentada en el centro. Lleva su pelo con las puntas teñidas de morado, recogido en dos pequeñas coletas con ligas adornadas con calaveras. Está vestida toda de cuero negro, con una blusa muy escotada, minifalda y botas largas de plataforma. En el cuello lleva una gargantilla con picos metálicos y una cadena plateada con otra calavera colgando de ella. Su largo fleco cae sobre su cara casi ocultando su ojo derecho. Hasta su maquillaje es negro, negro alrededor de los ojos, y negro en los pequeños labios que mantiene cerrados en una mueca de aburrimiento.
Sólo de verla mi corazón palpita con fuerza y siento que me tiemblan las piernas. Pero a su lado está sentada otra chica mucho más afable, que me proporciona cierta tranquilidad. Es morena y bastante más baja de estatura que la primera. Sonríe al verme y dos pequeños hoyuelos se le marcan en las mejillas. Con la mano me saluda sin hablar. Su cabello está recogido en dos delgadas trenzas que caen sobre su playera blanca. "I corazón D F" Leo las letras en su playera sin saber bien qué significan. Junto a sus pantalones de mezclilla, viejos y rotos a la altura de las rodillas, descubro un diminuto perro café claro que me observa atento con sus negros ojos saltones. Es tan pequeño que sonrío enternecida.
Los chicos son también muy diferentes. El que se sienta junto a la chica que me da miedo es negro y parece algo antipático. Está vestido con una playera color beige y me da la impresión que es de una de esas marcas muy caras. También lleva un reloj bastante grande y un anillo de oro en el dedo meñique. Lleva el pelo arreglado en cortas y picudas rastas que parecen tornillos de pelo negro brotando de su cabeza. Alrededor del cuello lleva un collar de colmillos que parece ser su más modesta pertenencia. Me observa con una media sonrisa en el rostro y siento que me mira de arriba abajo, como analizándome con poco disimulo.
Me apeno un poco y desvío mi mirada hacia el otro chico. Es rubio y bastante guapo. Sus ojos azules parecen dulces y me mira con una sonrisa coqueta. Lleva el pelo recogido en una cola de caballo. Nuestras miradas se encuentran y me sonrojo un poco, pero me inspira algo de confianza y me atrevo a escudriñarlo con más detenimiento. Su piel está bastante asoleada, y se puede ver su pecho fuerte y musculoso porque lleva los botones superiores de la camisa abiertos.
De pronto me percato de que llevo ya un rato demasiado largo observando al chico rubio y regreso de golpe a la realidad al escuchar la chillona vocecita de Kero.
"¿Y dónde están los bocadillos?" Pregunta desilusionado al descubrir que en el interior no hay nada comestible.
Observo a los otros, preocupada de que vean a Kero, pero ninguno parece demasiado sorprendido por mi mágico amiguito. ¿Será que ellos también son magos como yo?
De golpe me doy cuenta de lo mal educada que me estoy portando al ni siquiera presentarme ni saludarlos.
" みなさん! どうぞよろしく" Exclamé yo un poco nerviosa. Pero los otros se me quedaron viendo con caras de confusión.
"Ja, wir verstanden nichts…" Respondió la joven de negro con voz antipática.
"¡Hola Chula!" Exclamó alegre la joven morena.
"Qui?" El chico negro me observó como aburrido ante mis palabras incomprensibles.
"Sorry, babe. I only speak English." Sólo al chico rubio logré entenderle un poco.
"¡Parece que todos hablamos un idioma diferente!" Exclamó Tomoyo, divertida ante la situación.
Yo me senté en los asientos esponjosos, un poco apenada por mi infructuoso intento de comunicación.
"¿Cómo se dice pastel en francés?" Preguntó Kero, que al parecer no estaba dispuesto a rendirse ante la promesa de algo de comer.
Tomoyo sonrió y yo me encogí de hombros, observando las paredes nubosas de aquel extraño hombre-avión que nos transportaba a través del cielo. El silencio entre todos era bastante incómodo.
Y con tal de ignorar el incómodo silencio observaba yo con concentración las paredes vaporosas, hasta que de pronto me percaté que podía ver a través de ellas. Volábamos en ese instante sobre un enorme hipódromo cuya pista de carreras rodeaba varias canchas deportivas. Las negras nubes de tormenta se iban disipando poco a poco y de pronto entrábamos a un agujero en la tormenta en el que ni los truenos ni las nubes ni la lluvia caían.
En el centro de aquel misterioso hueco en la tormenta se alzaban como dos agujas, dos altos y delgados rascacielos. Y despedían un aura tan poderosa que inclusive aquella misteriosa tormenta parecía respetarlos. Y justamente allí nos dirigíamos.
Al principio no sabía cuál de los dos rascacielos era nuestro destino. Pero pronto nos acercamos al segundo, cuya planta tenía la forma de dos óvalos intersectándose y cuyas paredes estaban cubiertas completamente de vidrio azul. Se acercaba la noche y ya algunos pisos tenían ya las luces prendidas y al acercarnos más pude ver algunas familias cenando, otras viendo la televisión, y una que otra cara triste observando junto a la ventana el tempestuoso clima.
La nube que nos transportaba se acercó rápidamente al último piso del rascacielos, y volviéndonos a todos tan ligeros como vapor, atravesamos las ventanas y nos encontramos en el interior del lujoso Penthouse del rascacielos. En cuanto estuvimos en el interior, la nube que nos rodeaba se desvaneció en otra vaporosa explosión y se reintegró en el cuerpo del anciano A. Flotando cómodamente sobre el aire como sostenido por un colchón invisible, A anunció nuestra llegada.
"¡Ya estamos aquí!"
Observé mi alrededor boquiabierta. El Penthouse tenía una vista increíble que seguramente mejoraría en cuanto aquel mal tiempo se disipara. Estábamos en el comedor y una mesa ovalada descansaba bajo un lujoso y moderno candelabro de cristal, alabastro y acero. Sobre la mesa, nos esperaba un inmenso banquete de platillos tradicionales chinos: un radiante pato pequinés, fideos asados, sopa Wanton, arroz, verduras cosidas, pollo al curry, y toda clase de manjares chinos.
Apenas y logré agarrar a Kero de las alitas para evitar que se abalanzara a devorar la comida como bestia salvaje.
"Compórtate." Le ordeno entre dientes y mirándolo con ojos amenazadores. Pero el apenas y me pela con los ojos fijos en el banquete y la boca babeando como perro hambriento.
"Y enfrente de mí tengo al futuro de la magia…" La suave voz femenina me sobresaltó y desvié mi atención de Kero y el banquete y el lujoso comedor, para encontrar con los hermosos ojos negros y rasgados que nos miraban con una penetrante intensidad.
"Bienvenidos, jóvenes hechiceros, a la antigua China." Su boca es pequeña y redonda, su nariz delgada y recta. De sus orejas cuelgan dos esferas como aretes, una negra y otra blanca.
"Ustedes cuatro han sido seleccionados de entre millones como los mejores hechiceros jóvenes en el mundo entero. Durante los próximos años recibirán la mejor educación mágica. Como los futuros grandes magos de su época , una gran responsabilidad cae sobre ustedes. Estén conscientes de ella… y enorgullezcan al mundo de ustedes…"
Nos observó con su intensa mirada, como midiendo el impacto de sus palabras sobre nosotros. Era muy bella. Su cabello negro estaba peinado en un círculo perfecto, y su cuerpo delgado estaba vestido con un vestido Qipao de mangas largas y un hermoso bordado de un dragón negro y uno blanco entrelazados como serpientes.
"Yo soy Wu Sensei…" Anunció alzando la voz y posicionando sus manos sobre su torso, la izquierda apuntando hacia su rostro, y la derecha apuntando hacia sus pies.
"… y desde éste momento, los declaro a los cuatro mis aprendices. Ustedes y sus acompañantes ahora están sujetos a mi protección por un contrato mágico irrompible. Desde este momento los libero de cualquier limitación del lenguaje hablado. Desde ahora son reconocidos por esta residencia mágica como residentes. Y desde ahora están obligados a realizar todas las tareas mágicas que les sean asignadas…"
La habitación quedó sumida en un místico silencio que fue roto por la chillona vocecita de Kero. En cuanto lo escuché me puse pálida y sentí que el estómago se me volvía un nudo de nervios.
"¡¿Ya podemos comeeer?" Preguntó a gritos el muy descarado.
Wu Sensei le volteó a ver con una mirada desaprobatoria y yo sólo quería derretirme o desaparecer de la vergüenza. ¡Maldito Kero, siempre me hacía quedar mal!
"Si… pueden comer." Respondió Wu Sensei dando claras muestras de fastidio. "Se que ALGUNOS han viajado por varias horas y deben estar cansados y hambrientos. Yo, desgraciadamente, tengo asuntos que atender y no puedo acompañarlos, pero A les mostrará sus respectivas habitaciones."
Sobra decir que durante toda la cena estuve bastante deprimida. Me moría de la vergüenza y hasta se me cortó el apetito. ¡Le había dado una pésima primera impresión a Wu Sensei! Y el descarado de Kero se comió medio pato pequinés él solo. Yo la pasé muy mal durante la cena. Ni siquiera puse demasiada atención cuando los demás se presentaron.
"¡Ánimo!" Me dijo la chica morena y afable. "¡Ahora que podemos entendernos deberíamos presentarnos!"
Tomoyo saltó de inmediato y sacando un álbum de fotos mías me presentó como Sakura Kinomoto, de 16 años, proveniente de Tomoeda, Japón, y emocionada explicó lo tierna, valiente e increíble que yo era. Me sentí un poco apenada por los comentarios de Tomoyo que eran muy cariñosos pero que rayaban un poco en la obsesión. Preguntaron por mi especialidad mágica y Tomoyo explicó que eran las cartas.
"Pero, ¿y tu quién eres?" Le preguntó la morena cuando ya todos estaban un poco hartos de que Tomoyo hablara de mí.
Tomoyo se presentó discretamente, explicando que era mi mejor amiga y que sus hobbies eran la filmación y el diseño de modas (ambos aplicados en mí, claramente). También presentó brevemente a Kero, pero mi mirada de enfado acortó su presentación.
A continuación se presentó el rubio. Su nombre es Leo, tiene 17 años y nació en algún lugar del este de Canadá pero ha viajado por todo el mundo desde muy pequeño. Su especialidad mágica es el totemismo, pero no entiendo muy bien cómo funciona.
La morena se llama María José pero es muy largo y nos pide que la llamemos Majo. Es la más chica, me parece porque sólo tiene 15 años. Es mexicana y viene del DF, la ciudad capital. Hasta que nos explica eso comprendo el significado de las letras en su playera. Nos explica que su especialidad es el chamanismo, basado en antigua magia azteca. También presentó a su pequeño perro chihuahueño, Tequila.
La joven de negro se presenta un poco a regañadientas. Su voz es grave y meda escalofríos. Se llama Ingrid, tiene 17 años y es alemana. No le gusta hablar mucho. Toda la información se la saca Majo con preguntas, a las cuales responde principalmente con monosílabos. No da ningún otro detalle sobre ella excepto que es una hechicera nigromante. No sé qué sea eso pero me suena aterrador.
Finalmente Armel, de Congo, se presenta a sí mismo. Es muy educado y habla con mucha propiedad. Pero parece un poco desconfiado y habla poco sobre sí mismo. Aunque parece el mayor de todos porque es bastante alto, tiene 16 años igual que yo. No explica mucho sobre su magia, sólo menciona que es un brujo muy reconocido en su país.
Entre presentaciones la cena se me va rápido y pronto todos nos levantamos para ir a nuestras habitaciones. Desde afuera el Penthouse se veía más pequeño, pero al adentrarnos en el pasillo que lleva a las recámaras me doy cuenta de que es bastante largo. Quizá el espacio haya sido distorsionado mágicamente. El viejo A le muestra su habitación a Tomoyo y enfrente está la mía.
En cuanto entro me asombro muchísimo. La habitación me parece enorme, comparada con mi pequeña habitación en Tomoeda. De un lado hay una enorme cama cubierta con suaves y gruesos cobertores que prometen ser más esponjosos que la nube que nos transportó hasta aquí. Del otro lado hay un inmenso y moderno clóset y un amplio escritorio. De ambos lados hay anchas ventanas, cuya vista desde los cristales curvos es increíble.
Mis maletas ya me esperan en mi habitación, probablemente obtenidas mágicamente. Y tras sacar mi pijama y otros artículos personales me dirijo al baño. Tengo uno para mí solita. ¡Y es enorme!
Observo embelesada la enorme tina oval y junto a ella, la enorme ventana que muestra la mística ciudad de Hong Kong envuelta en la niebla. La tormenta parece desvanecerse lentamente y cada vez hay menos rayos en el horizonte. Ya sumergida en el agua burbujeante y tibia, observo asombrada el hermoso paisaje. Miles de lucecitas provenientes de los rascacielos iluminan el firmamento. Aunque ya es tarde, y aún chispea un poco, la ciudad parece llena de vida.
Rodeados de neblina, millones de chinos llevan a cabos sus actividades diarias, como una fuerza humana imparable. Entre los callejones y las amplias avenidas siento un aura mística, antigua y poderosa, que emana de la ciudad, de los edificios y de la gente misma. Es una ciudad mágica, sin lugar a dudas. Pero no es eso lo único que siento.
Sé que en algún lugar de esta inmensa ciudad está Shaoran. Puedo sentir su presencia como una certeza mágica en mi corazón. Como si aún después de tanto tiempo sin vernos aún nos uniera un lazo inquebrantable. En todo Hong Kong veo su rostro, huelo su aroma, siento su aura. No puedo contener las ganas de verlo. Y a la vez me aterra.
¿Qué voy a hacer si te encuentro, Shaoran?
Gracias a todos los que han leído mi historia hasta ahora y que han dejado comentarios. De verdad les agradezco mucho las palabras de aliento, que de verdad me motivan a continuar. Espero que les guste cómo está quedando la historia. Si quieren ver dibujos de esta historia los invito a visitar mi página de DeviantArt, donde tengo algunos dibujos de Sakura y Shaoran, y una versión en cómic del primer episodio:
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