"¡Yo voy primero!" Exclamó Majo entusiasmada, y debo admitir que sentí un poco de alivio. Ni quería ir la primera, ni estaba segura de querer compartir algo tan privado con gente que no conocía tan bien, ni sabía si lograría conjurar aquellos recuerdos sin salir dañada. Decidí mejor concentrarme en la historia de Majo.

– Era una noche colorida y cálida en Río de Janeiro. Había visto toda clase de conjuros mágicos desde pequeña porque mi abuela era chamán como yo, pero nunca en mi vida había visto algo tan impresionante como el Carnaval. La magia de la vida que uno puede sentir rodeándonos a diario, emanando de cada sonrisa, de cada flor, de cada ave… Allí se sentía multiplicado por mil. Más de un millón de almas saltando y aplaudiendo al unísono, miles y miles de corazones latiendo alegremente… Era como un pulso mágico gigante, impulsado por la unión de la gente.

Yo, tristemente, estaba en Brasil por razones menos festivas. Aunque poca tentación me faltó para olvidarme de todo y unirme a la magia caótica de la locura y el desenfreno, tuve que contentarme con un par de cervezas. Estaba allí para encontrarme con un viejo amigo de mi abuela, un brujo colombiano cuyo nombre ni siquiera sabía. Tenía que recoger en persona un libro mágico de santería, ya saben el tipo de material que podría ser tan peligroso que sólo un tonto se arriesgaría a mandarlo por paquetería.

Pero de pronto, algo llamó mi atención entre la multitud. Sobre la cima de un carro alegórico de mil colores, una avecilla diminuta danzaba dando pequeños saltitos, convirtiéndose a ratos en ardilla, para caer convertida en ratón y finalmente volverse a convertir en un gracioso canario amarillo. Nadie más pareció notar aquel grandioso detalle. ¡Era un nahual!

"¿Qué es un nahual?" Pregunté yo interrumpiendo la historia.

– Un nahual es un espíritu mágico, cuyo cuerpo es tan etéreo que puede darte la ilusión de transformarse en cualquier animal frente a tus ojos. Yo había escuchado sobre ellos, había leído sobre ellos, pero nunca en mi vida había siquiera soñado que vería uno. Pensaba que se habían extinguido hace mucho. ¡Es cómo si un buen día te encontraras un dragón caminando por la calle!

Cuando las serpentinas del carro se lanzaron al aire y cayeron en una nube de papeles de colores, el nahual se transformó en un diminuto colibrí y salió volando lejos del desfile. Yo corrí como demente tras él, procurando no perderlo de vista. Tanta gente me estorbaba y en mi desesperación ni siquiera podía usar magia frente a tantas personas. Frente a mis ojos de pronto el colibrí se volvía un águila dorada y tras una picada emergía convertido en un murciélago para dar una pirueta en el aire y volverse una paloma gris.

¡Jugaba conmigo! A ratos dejaba de verlo, y luego reaparecía zumbándome juguetonamente en forma de abeja, y luego se posaba en los muros como mosca y al trepar hasta arriba huía en forma de gato.

Poco a poco nos alejamos del sambódromo donde se celebraba el Carnaval, y nos fuimos perdiendo en negras callejuelas de Río de Janeiro hasta que ya no tuve miedo de usar mi magia. Conjuré al Tezcatlipoca, dios del cambio, y logré acorralarlo en un callejón. Y justo cuando creí que había triunfado, finalmente detuvo sus alocados saltos, y también sus desenfrenadas transformaciones. Lentamente, como un viento suave y ligero se transformó en un ser humano.

¡Y era el ser humano más hermoso que yo jamás hubiera visto! Me acerqué a él embelesada, presa de su hechizo, observando su rostro moreno que brillaba como cobre y que a la vez era tan transparente como el agua más pura. Sus ojos eran negros a ratos y color miel de repente, sus cabellos a veces largos y a veces cortos, a veces plumas o a veces pelaje.

Tezcatlipoca desapreció lentamente y yo me sumergí en el hechizo de aquel hermosísimo ser. No noté el momento en el que el nahual me acorraló contra la pared a mí, ni cómo logró acercarse tanto. Ni siquiera sé si se acercó o si fue todo una ilusión.

Sólo sé que sentí el calor de su espíritu en mis labios, un hormigueo en el estómago, una sensación de ingravidez en los pies y que todo a mi alrededor daba vueltas y saltos y piruetas. Fue un beso mágico que duró toda la noche, y que sólo acabó cuando desperté a la mañana siguiente con los lengüetazos de Tequila regresándome a la realidad.

Estaba dormida a más de 35 metros de altura en uno de los hombros de la estatua de Cristo Redentor. A mi alrededor se extendía la impresionante vista de todo Río de Janeiro rodeado de un mar azul intenso. Junto a mí encontré el libro de santería que había venido a buscar envuelto en un hermoso tejido. Una nota explicaba que el tejido era una ruana mágica, una especie de chal, y que al usarla me protegería de cualquier cosa. Nunca supe quién era el nahual, aunque cuando se lo conté a mi abuela, sonrió silenciosamente, como si ya se hubiera esperado que algo así me sucediera. Y se negó a contarme la identidad de su misterioso amigo.

"¡Qué historia tan mágica!" Exclamó Tomoyo que había seguido cada palabra de Majo con avidez.

Hasta Ingrid observaba a Majo boquiabierta, y le tomó un buen rato recobrar su habitual indiferencia. Yo, por supuesto, estaba encantada con su historia y sentía ganas de brincar y dar piruetas como el nahual.

"¡No sabía que existieran esas criaturas tan hermosas!" Exclamé fascinada.

"¿Y tú Tomoyo? ¿Cómo fue tu primer beso?"

Tomoyo bajó la mirada y se apenó un poco.

"Es que en realidad, yo nunca he besado a ningún niño…" Murmuró cabizbaja.

"Ah, ya veo…" Susurró Majo.

"¡Bueno!" Exclamó Majo. "Entonces es tu turno, Ingrid. Y queremos todos los detalles, ¿eh?"

Ingrid nos observó a todas con una incomodidad bastante obvia y se tardó un rato en empezar.

"Bueno, pero les advierto que mi historia no se parece en absoluto a la de Majo."

Su voz se volvió grave y sombría, y a mí me dieron escalofríos.

– Era una noche helada y lluviosa. Berlin estaba cubierto de una niebla densa de ésas que hacen que cada árbol, cada farol y cada auto parezcan fantasmas. Como hacía frío, Erik me había prestado su chamarra. Las calles estaban vacías porque ya era de madrugada. Mientras todo mundo dormía, Erik y yo vagábamos por la calle de Oranienburger, cerca de donde él vivía.

Erik era mi amigo desde que éramos pequeños. Aunque somos muy diferentes, supongo que cuando conoces alguien por toda tu vida es inevitable establecer una estrecha relación con esa persona. Llevaba semanas con la idea de meterse a esta vieja casa abandonada que supuestamente estaba embrujada. Le habían contado toda clase de historias sobre los fantasmas de una familia de judíos que habían sido brutalmente asesinados en su propia casa por los nazis, y cuyas almas se habían quedado a morar la casa por siempre.

A decir verdad, yo sabía que era perfectamente posible que algo así hubiera sucedido, y no me parecía un asunto con el que jugar. Pero Erik es muy terco y yo decidí que si iba a meterse en la casa, por lo menos le ayudaría llevar a una nigromante consigo.

"¿N-nigromante? ¿Q-qué es eso?" Pregunté temblando, empezando a sospechar que aquella historia sería demasiado aterradora para mí.

– La necromancia es la magia cuya base fundamental es la muerte. Un nigromante por lo tanto es un brujo cuyo poder es extraído del mundo de los espíritus, y que es capaz de comunicarse con los muertos… Los nigromantes como yo vivimos entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos, sin pertenecer por completo a uno u otro mundo. Y si esa casa verdaderamente estaba embrujada, entonces era mi trabajo procurar que las almas de esa familia lograran regresar al inframundo.

Despegamos las tablas de madera que bloqueaban el acceso y nos colamos por una ventana. En el segundo en el que mi pie tocó el piso interior de la casa, una ráfaga de adrenalina me invadió el cuerpo dejándome atontada por un momento. Aquella casa despedía una energía espiritual increíble. Sentí que las piernas me temblaban y me recargue en lo primero que encontré. Resultó ser el brazo de Erik, y éste me sostuvo mientras yo recobraba mis fuerzas. Su corazón latía fuertemente y yo adiviné que estaba asustado. Tenía razón para estarlo.

Prendió la linterna y poco a poco fue iluminando el piso, las paredes y el techo. Yo me sobrecogí en cuanto vi las enormes manchas carmesí en el piso. Y en las paredes. Y hasta en el techo. Charcos. Salpicaduras. Gotas. Voltee a ver a Erik, perturbada por los ríos de sangre a mi alrededor. Pero él parecía de lo más normal. Su cara, aunque temerosa no daba muestra alguna de haber visto la sangre. Por lo tanto la sangre no estaba allí. Una de las cosas más difíciles de la necromancia es saber distinguir cuando algo que ves es parte del mundo de los vivos o parte del mundo de los muertos.

Avanzamos por la sala en busca de las escaleras, mientras nuestros corazones palpitaban a la carrera, y conteníamos la respiración con temor de hacer el menor ruido. Yo había visto lo suficiente para estar asustada, Erik aún no. Al doblar en una esquina la visión de la cara plana y fantasmal frente a mi me tomó por sorpresa y lancé un suspiro, agarrando instintivamente la mano de Erik. Era la cara de un niño y me veía fijamente, como si estuviera aterrado de mí.

Hay fantasmas comunicativos, que les gusta mostrarte lo que les sucedió una y otra vez. Otros son agresivos, y buscan vengarse del mundo para satisfacer su sed de venganza. Algunos espíritus son tristes y prefieren lamentarse y deprimirte para hundirte junto con ellos. Hay fantasmas juguetones, o fantasmas malvados, o fantasmas bondadosos que ayudan a las personas vivas. Pero esa noche… Esa noche no sé a qué me enfrenté.

Conforme avanzamos las visiones se iban volviendo más claras y frecuentes. Podía ver niños pequeños llorando, y la sombra de un oficial nazi golpeando a una anciana en el suelo. Las sombras nazis me rodeaban a ratos y luego desaparecían. A ratos sólo veía el mundo de los vivos, una casa abandonada, oscura y sucia, pero podía escuchar balazos, gritos y llantos. No parecía un reto tan difícil, solo eran las almas de una pobre familia judía masacrada. Si bien su poder mágico era inmenso, no eran fantasmas agresivos.

O eso creí yo, hasta que de pronto un chasquido que yo supuse que era parte de mi visión hizo saltar a Erik. Y cuando un fantasma es capaz de manifestarse físicamente, y frente a un ser humano común, estamos hablando de otro nivel de magia. Erik se asustó tanto que me abrazó instintivamente. Ni siquiera me dio tiempo de pensar. La linterna parpadeó hasta apagarse y Erik soltó un grito y se alejó corriendo.

Mi primer instinto fue protegerlo. Lo llamé para que regresara, pero sólo escuché sus pasos apresurados mientras corría escaleras abajo chocando contra todo. Pensé que tan sólo se rompería un tobillo, cuando de pronto escuché unos gritos aterradores. Gritaba, gemía, casi lloraba. Corrí en su auxilio gritando su nombre desesperada, lista para hechizar al fantasma que le hacía daño y detenerlo.

Pero en cuanto bajé las escaleras un par de brazos me sorprendieron por la espalda tomando mi cintura con fuerza y atrayéndome hacia un cuerpo. En la oscuridad al principio me asusté, grité y pataleé, tratando de zafarme, hasta que escuché la suave risa en mi oído.

"¡¿Erik?" Pregunté furiosa. Se rió y me abrazó con fuerza. ¡Casi me mata del susto! Supe entonces que había planeado esto sólo para asustarme y bajarme la guardia. Y lo había logrado. Sus labios tocaron mi mejilla en un suave beso que me pedía perdón por haberme asustado. Me abrazó con fuerza, como si temiera perderme repentinamente, y se acercó lentamente a mis labios hasta que sentí la brisa suave de su aliento sobre mi piel. Su beso fue cálido y radiante, algo que jamás creí que él pudiera lograr. Me abandoné por completo a esa caricia de nuestros labios, cuando la voz a mis espaldas me heló la sangre.

"¿Ingrid, eres tú?" Preguntó la temblorosa voz de Erik a mis espaldas. ¿Pero si Erik estaba atrás de mí, entonces quién me sujetaba con fuerza de la cintura y me besaba? Entonces mis instintos de nigromante, que había abandonado por un momento regresaron a mí y sentí la presencia espiritual más fuerte que jamás haya sentido en mi vida. Era tan fuerte que era capaz de materializarse frente a mí como si fuera cualquier ser humano. Traté de alejarme, pero su magia me mantenía prisionera de sus brazos. Conjuré en mi interior la mayor fuerza que puse y me separé de un empujón, aterrada. Tomé a Erik de la mano y corrimos tan lejos de allí como pudimos.

Días más tarde me armé de valor y regresé a la casa, pero la presencia que me había besado se había marchado. Sólo quedaban las almas de la triste familia de judíos, y yo les ayudé a cruzar al mundo de los muertos. Ninguno de ellos supo decirme de dónde había venido aquel fantasma tan poderoso. Todos estaban demasiado traumatizados para ver fuera de su escalofriante realidad.

Cuando Ingrid acabó de contar su relato, yo me escondía detrás de Tomoyo temblando, y Majo abrazaba un cojín con tanta fuerza que creí que lo destruiría. ¡Esa anécdota había sido peor que un relato de terror!

"Es una historia muy misteriosa." Murmuró Tomoyo pensativa, y era la única que no moría de pavor.

"¡Es la historia más terrorífica que jamás haya escuchado!" Lloriqueé yo. "¡Ahora jamás podré dormir!"

Ingrid me dedicó una mirada dura y fría como el hierro y yo sentí ganas de esconderme de ella. ¿Qué clase de persona es besada por primera vez por un horrible fantasma? Ingrid simple y sencillamente me aterraba.

"Pues no te acobardes Sakura, porque te toca contar tu historia." Murmuró Majo que rápidamente se repuso al susto.

Y en cuanto escuché aquello me puse terriblemente nerviosa.

"Je, je… ¿Y-yo? ¿C-contar una historia? Pero yo soy muy mala en esas cosas…"

"No importa, Sakura-chan, yo sé que puedes hacerlo…" Murmuró Tomoyo sonriéndome con confianza.

"De acuerdo." Murmuré con determinación y dispuesta a darles una historia igual de emocionante que la del nahual de Majo y definitivamente no tan aterradora como la de Ingrid.

– A decir verdad tenía un poco de nervios de compartir esto con ustedes, pues he pasado ya demasiado tiempo sin hablar de él, de lo que vivimos juntos, y me da un poco de miedo recordar. Pero ustedes se han abierto conmigo ¡y yo también quiero hacer lo mismo! Así que ahí les va.

Sucedió un sábado. Ese sábado fue el peor día de mi vida. Pero también el mejor. Cuando sonó el timbre de mi casa yo grité como desquiciada. Había llegado por mí y yo no estaba lista. Era un día importante y yo quería verme hermosa. Así que me había pasado toda la tarde probándome cosas sin que nada me convenciera.

"¡Monstruo!" La voz de mi hermano sonó desde las escaleras. "¡Hay alguien aquí que quiere verte!"

"¡Aún no estoy lista!" Lloriqueé yo asomándome en ropa interior desde la puerta de mi cuarto.

"Eso pensé. Por eso te traje este vestido." En cuanto vi a Tomoyo subir por la escalera con un hermoso vestido rojo, me abalancé hacia ella y la abracé llorosa.

"¡Eres mi salvación Tomoyo! ¡Siempre lo arreglas todo! ¿Qué haría yo sin ti?"

Tomoyo sonrió y tomándome de la mano me arrastró hasta mi habitación. Soltó un suspiro al ver el desorden de ropa tirada en mi cuarto, y sonriendo convaleciente me pasó el vestido.

"Cuando acabe contigo te verás irresistible." Me dijo emocionada. "A ver si finalmente Shaoran se anima a darte un beso."

Yo me paré en seco con el hermoso vestido en la mano y volteé a verla sorprendida. ¡¿Qué?

"Ni me pongas esa cara. Ya van a cumplir un año de salir juntos. Yo sé que los dos son muy tímidos pero creo que ya es hora. El pobre se muere de ganas. ¡Deberías de ver la cara que pone cada vez que te le acercas demasiado!"

"¡Tomoyo…!" Ni me dio oportunidad de protestar porque me arrebató el vestido de los brazos y me lo metió por la cabeza argumentando que Shaoran llegaría en cualquier momento. Y mientras Tomoyo me abrochaba el vestido, Kero se asomó fuera de su cajón.

"¡Sakura!" Gritó sorprendido al verme con ese vestido. "¡Ese vestido te queda precioso!"

"Gracias Kero." Sonreí complacida.

"Ese mocoso no te merece. Debería acompañarlos para asegurarme de que no lo beses."

"¡Kero, te prohíbo que nos acompañes! ¡¿Además quién dice que le voy a dar un beso a Shaoran?"

"¡¿UN BESO A QUIÉN?" Rugió la voz de mi hermano desde el pasillo.

"¡Estate quieta o si no vas a quedar como payaso!" Reclamó Tomoyo que me había enchinado las pestañas y ahora me ponía color en los labios.

En ese momento volvió a sonar el timbre y yo adiviné que debía ser Shaoran. Temí que Touya abriera después de escuchar lo del beso.

"¡¿Y AHORA QUIÉN?" Rugió Touya furioso y yo salí disparada por las escaleras para llegar antes que él a la puerta. Tomoyo protestó mis bruscos movimientos pero yo sólo podía pensar que no iba a dejar que Touya arruinara nuestro aniversario.

"¡Yo abro!" Grité ganándole a mi hermano en las escaleras y abriendo la puerta de un tirón.

Y ahí estaba él, vestido de camisa y jeans, sosteniendo una rosa roja y luciendo simplemente guapísimo.

"Sakura." Murmuró él observando mi vestido con las mejillas encendidas. Y de pronto reparó en mi rostro y sonrió tímidamente. Se acercó a mí y yo me puse nerviosa recordando lo que Tomoyo había dicho. ¿De verdad Shaoran se moría por darme un beso? Alzó su mano y tiernamente me acarició la mejilla con el dedo.

"Tienes labial aquí." Me dijo sonriendo con ternura. Yo estaba tan embobada por su cercanía que mi cerebro tardó varios segundos en procesar lo que me acababa de decir.

"¡¿Qué?" Grité poniéndome colorada y en ese momento Tomoyo bajó corriendo las escaleras con un pañuelo en la mano.

"¡Te dije que no te movieras!" Me reclamó mientras me tallaba la mejilla con el pañuelo. Yo estaba tan apenada que ni siquiera podía hablar. Y para colmo de males en ese momento bajó Touya y al verme vestida de rojo se puso morado de rabia.

"¿Y a dónde crees que vas vestida así?" Me reclamó furioso.

"¡Qué te importa!" Grité yo furiosa mientras Touya y Shaoran se fulminaban con la mirada.

"¿A dónde vas a llevar a mi hermana, mocoso?" Preguntó Touya entre dientes.

"Es nuestro aniversario y la voy a llevar al cine." Respondió Shaoran retador.

"¡Ah mira la hora! ¡Se nos hace tarde para la película!" Grité yo buscando cualquier escusa para irme lo más pronto posible. Tomoyo me dio mi bolso y yo tomé a Shaoran de la mano y lo arrastré hacia la calle. Tomoyo nos despidió sonriente y Touya ladró amenazas hasta que dimos la vuelta a la calle y los perdimos de vista.

Yo suspiré con alivio y me recargué en la barda de la casa de la esquina.

"Te ves hermosa." Murmuró Shaoran mirándome embobado. Y entonces me ofreció la rosa roja que había traído para mí.

"Gracias." Respondí ruborizándome y él también se apenó un poco porque desvió la mirada al suelo.

"Vamos." Dijo ofreciéndome su mano una vez más.

"Espera, aún falta algo." Respondí yo y abrí mi bolsa. Dentro, justo como me lo esperaba, se escondía Kero bajo mis cartas mágicas.

"Kero, ve a casa." Le ordené yo con ojos asesinos.

"¡Pero yo quiero palomitas del cine!" Protestó él.

"¡Ahora!" Exclamé yo furiosa y el pobre voló derrotado de regreso a casa.

¡Finalmente solos! Tomé la mano de Shaoran y juntos caminamos felizmente hasta el cine. Él parecía muy nervioso porque cuando compró los boletos el dinero se le cayó dos veces. Y luego al entrar al cine ni siquiera se atrevía a mirarme. Yo estaba muy emocionada porque todos en la escuela decían que esa película era súper romántica.

Nos acomodamos en nuestros asientos mientras yo hablaba sin parar sobre cuántas ganas tenia de ver esa película. Pero cuando se apagaron las luces, Shaoran me tomó de la mano y a mí se me olvidó por completo la famosa película. Sentía como su pulgar me acariciaba la palma de la mano suavemente. Con su mano libre me acariciaba el brazo y me hacia cosquillas en la piel.

Yo solo podía pensar en lo que había dicho Tomoyo. Era cierto. Ya llevábamos un año saliendo y la verdad es que aún no se me había ocurrido siquiera darnos un beso. Volteé a verlo en medio de la oscuridad, pensando llena de curiosidad en como seria besar esos labios cuyo perfil se iluminaba con la luz de la pantalla.

Shaoran debió sentir mi mirada sobre él porque de pronto volteó a verme con sus ojos color miel. Yo me apené y desvié la mirada rápidamente. ¿Qué pensaría de mí si me le quedaba viendo como una rara? Pero entonces sentí la mirada de Shaoran sobre mí y me percaté de que ahora era él quien me observaba. Y como si hubiera adivinado mis pensamientos, me rodeó con su brazo y me atrajo hacia sí. Yo me acurruqué en su pecho y podía escuchar su corazón palpitar con fuerza.

Su mano me acariciaba el cuello suavemente y cada roce me llevaba a pensar en cómo sabrían esos labios. La curiosidad me ganaba poco a poco hasta que decidí que no podía esperar más. Levanté el rostro para ver a Shaoran frente a frente. Él se sorprendió mucho cuando hice eso y se sorprendió más cuando me acerqué a su rostro. Yo no quería precipitarme. Sólo quería darle a entender que si quería darme un beso estaba bien, porque yo también quería. Así que acerqué mis labios a su mejilla y le di un beso. Luego acerqué mis labios un poco más hacia su boca y lentamente me acerqué a ellos.

Mi mano en podía sentir su corazón saltando en su pecho como si quisiera escapar de él. Entonces me detuve muy cerca de su rostro, con la vista fija en sus labios que nunca había visto tan de cerca. Finalmente Shaoran reunió valor y alzó mi barbilla para besarme en los labios.

De pronto vi luces, y tristemente no eran por un beso. Los dos nos separamos lentamente y ambos estábamos colorados por lo bochornoso del momento. En la pantalla parecía que la cinta se había trabado y la luz del proyector había hecho un gran agujero en uno de los cuadros de la película. La gente empezaba a protestar, y pronto las luces del cine se prendieron. Un encargado entró en la sala y anunció que la función se cancelaba por problemas técnicos y que nos reembolsarían nuestro dinero.

Adiós beso. Salimos del cine y yo me sentía bastante decepcionada. Pero aún era temprano y el cielo estaba pintado de todos los colores en un esplendoroso atardecer. Pensé que quizás no todo estaba perdido. ¡Pero qué equivocada estaba!

Shaoran me tomó de la mano y me atrajo hacia sí. Supe que iba a acabar lo que había empezado en el cine. Cerré mis ojos, dejándome llevar por la suave caricia de sus dedos y esperé a que me besara.

Pero el jalón en mi brazo me hizo despertar de aquel romántico trance y mi bolsa resbaló de mis dedos. Abrí los ojos sorprendida para descubrir que un hombre flaco con gafas oscuras me había robado la bolsa y corría a toda velocidad lejos de mí.

Me tomó varios segundos antes de percatarme de la tragedia. ¡Las cartas! ¡Se las había robado! Shaoran pareció pensar lo mismo que yo porque en seguida se lanzó a perseguir al ladrón. Yo corrí detrás de ellos pensando en lo estúpida que había sido. ¿Qué haría yo sin mis cartas?

Corrimos y corrimos hasta que nuestras piernas nos dolieron. Cruzamos parques y callejuelas, pero aquel maldito flaco corría bastante rápido. Finalmente, quizás cansado de correr, el ladrón se metió en un callejón y volteó para enfrentar a Shaoran. Estaba acorralado entre Shaoran y una reja metálica.

"¡Regrésame esa bolsa!" Exigió Shaoran respirando fuertemente.

"Mocoso estúpido…" Murmuró el ladrón y se abalanzó contra Shaoran para propiciarle un puñetazo. No contaba con que Shaoran estaba entrenado en artes marciales y rápidamente desvió el puñetazo y le propició una patada en la cara al ladrón. Éste se balanceó sobre su propio peso y volteó a ver a Shaoran furioso y con la nariz sangrante.

"¡Shaoran cuidado!" Grité yo demasiado tarde.

Otro hombre había salido de entre las sombras del callejón y había atacado a Shaoran por la espalda. El cómplice sostuvo a Shaoran mientras el ladrón le propiciaba una paliza. Yo intenté detenerlo pero me apartaron de un empujón sin ninguna dificultad. Mi rosa cayó al suelo y el ladrón la pisoteó entre risotadas. Y cuando dejaron a Shaoran retorciéndose de dolor en el suelo, voltearon a verme. Me acorralaron contra la pared y yo supe que ahí acababa todo.

"¡Ey!" Una voz masculina sonó desde la calle y yo reconocí la voz de Yukito. Me salvó la vida. En cuanto los ladrones lo vieron, salieron disparados hacia el callejón y saltando la reja huyeron como cobardes. Yo observé con dolor mis cartas alejarse con cada paso de aquellos rufianes y me arrodillé con el corazón en la garganta para ayudar a Shaoran.

Yukito llamó a mi hermano y los dos nos llevaron a casa. Gracias a Dios a Shaoran no le pasó nada grave. Tenía un golpe en la mejilla y varios moretones en el estómago pero estaba entero. Mientras Touya le limpiaba la herida en la mejilla nos regañaba furioso por haber enfrentado a un criminal. "Hubieran dejado que se robara la bolsa…" Murmuró furioso.

Pero él no entendía la importancia de esa bolsa para mí. Cuando acabó de curar a Shaoran, se fue a la cocina a preparar té con Yukito, mientras que Shaoran y yo nos quedamos en mi cuarto.

"¡Si hubiera estado allí, les hubiera partido la cara a esos cobardes!" Gritó Kero furioso.

Yo bajé la mirada y no logré contener las lágrimas. ¡Habían perdido mis cartas! ¡Esas cartas eran mis compañeras, mis amigas, una extensión de mí misma! Sentí la mano de Shaoran sobre mi hombro y volteé a verlo con los ojos inundados de lágrimas.

Él estaba muy serio, y tenía la mirada clavada en el suelo, como si quisiera ocultar su propia tristeza.

"Por favor no llores. Yo te ayudaré a recuperarlas."

"¿Cómo?" Pregunté desesperada. "¡Podrían estar en cualquier lado!"

Shaoran alzó lentamente la vista y me observó con una sonrisa a medias.

"¿Olvidas que mi tablero mágico sirve precisamente para encontrar las cartas?"

Yo sonreí aliviada. ¡Aún había esperanza! Y me abalancé para abrazarlo con fuerza. Debí atinarle a alguno de sus moretones porque gimió levemente cuando me arrojé sobre él torpemente. Pero él también me abrazó con fuerza y no se apartó de mí.

Escapamos antes de que Touya regresara de la cocina, porque jamás me permitiría salir a esas horas de la noche a buscar una bolsa que me habían robado. Kero se transformó en un poderoso león alado, y nos llevó en su lomo hasta casa de Shaoran. Ahí Shaoran recogió su espada y el tablero mágico y salimos en busca de las cartas.

Los dos montamos sobre Kero y nos alzamos en el cielo nocturno. Sentado atrás de mí Shaoran me rodeó con los brazos y me pidió que yo también pusiera mis manos sobre su tablero mágico.

"Nuestra magia combinada encontrará las cartas mucho más rápido." Me susurró al oído.

Yo asentí con determinación y cerré los ojos para concentrarme. De pronto un poderoso haz luminoso salió disparado a través de la oscuridad de la noche.

"¡Vamos!" Exclamé yo y Kero se abalanzó hacia el final de aquel haz luminoso, en busca de mis preciadas cartas.

Cuando llegamos al final del haz nos encontramos con un oscuro y tenebroso bar que parecía un lugar de reunión para mafiosos y criminales.

"Tengan cuidado." Nos advirtió Kero antes de cambiar a su forma más pequeña y discreta.

Shaoran y yo nos adentramos en el bar y Kero nos siguió a hurtadillas. El lugar estaba vacío. Sólo una mesa estaba ocupada y seis sujetos estaban sentados alrededor de ella. Y entre los corpulentos hombres reconocí al flaco que me había robado y al cómplice. Debían ser una banda. Y en el centro de la mesa, junto con un montón de carteras, joyas y bolsas, descubrí mis preciadas cartas mágicas.

Hasta que estuvimos bastante cerca, los criminales se percataron de nuestra presencia.

"¡Es el maldito mocoso otra vez! ¿Cómo diablos nos encontró el imbécil?" Exclamó el cómplice.

El ladrón flaco se puso de pie furioso y sacó de su bolsillo una navaja.

"Pues yo le daré una lección y luego me divertiré con la chiquilla…" Murmuró acercándose a Shaoran. Pero en ese preciso instante Shaoran desenfundó su espada y con un movimiento rápido la apuntó directo al cuello del ladrón. El otro se quedó paralizado. Toda la banda se puso de pie, aventando las sillas, pero a Shaoran no le importó.

"Muévete un centímetro y te corto el cuello." Le advirtió al flaco entre dientes. Jamás creí ver a Shaoran tan enojado. Y debo admitir que sentí un cosquilleo en el estómago porque sabía que era por mí. Pero los otros cinco nos rodearon y yo me empecé a poner nerviosa. Shaoran los veía de reojo sin mover la espada ni un ápice. Yo me sentía aterrada. Podían estar armados. Y nos superaban en número por mucho.

De pronto uno de los criminales llevó su mano al bolsillo y rápidamente sacó una pistola. Shaoran reaccionó rápidamente y dando un calculado espadazo le produjo un corte en la mano lo suficientemente hondo como para que no tuviera fuerza para sostener la pistola. En ese momento todos reaccionaron, sacando navajas y pistolas. Y yo sentí que uno de ellos me jalaba del hombro. En ese instante Kero se transformó y todos se quedaron pasmados ante el furioso rugido del enorme león alado que había aparecido frente a ellos.

Yo aproveché la distracción y me escabullí corriendo hacia la mesa mientras Kero y Shaoran luchaban contra los criminales. En cuanto mis dedos tocaron las cartas sentí un alivio inmenso. ¡Las había recuperado! En cuestión de segundos saqué mi llave mágica y grité "¡Libérate!"

Después de sentirme tan asustada e indefensa, de pronto me percaté de que tenía el poder de darle a esos criminales su merecido. Y sentí una satisfacción inmensa al hacerlo. Los pobres probablemente ni siquiera supieron qué sucedió. Nadie les creería nunca que una hechicera niña, un león alado y un niño con una espada los habían atacado. Los dejamos atados afuera del bar y llamamos a la policía para que se los llevaran. Y por supuesto nos escapamos antes de que la policía llegara.

"¡Estoy muerto!" Exclamó Kero cayendo dormido sobre mis hombros. ¡Y con razón! Había hecho un gran esfuerzo de noche y él necesitaba del sol para recargar sus fuerzas. Yo conjuré la carta Vuelo y Shaoran y yo nos subimos al báculo para regresar a casa.

Volábamos por el cielo cuando los primeros rayos del amanecer empezaban a surcar el cielo. Viendo el hermoso espectáculo, decidí pararme sobre la torre para poder observarlo.

Shaoran y yo nos sentamos juntos, muy juntos, a observar el amanecer. En ese momento era la niña más feliz del mundo. Me había dado cuenta de cuán lejos Shaoran estaba dispuesto a llegar por mí y eso me hacía inmensamente feliz.

Volteé a ver su rostro y sus ojos color miel me miraron.

"Gracias, Shaoran." Le dije yo sonriendo.

"Con tal de no verte llorar creo que haría mil locuras más, es que te quiero demasiado." Y en cuanto se percató de lo que había dicho, se le encendieron las mejillas y me miró con un miedo tierno.

Yo estaba por las nubes. Y lentamente la expresión de Shaoran cambió. Una de sus temblorosas manos me rodeó por la cintura y me acercó hacia él mientras con la otra me acariciaba suavemente el rostro. Yo colgué mis manos de su cuello y lo atraje hacia mí.

No quería dejarlo ir. No quería que se alejara jamás de mí. Sólo quería ver sus ojos encendidos por la luz del amanecer por siempre. Acerqué mis labios a los suyos y los rocé tiernamente. Shaoran no pudo resistir esa caricia y entonces sus labios se abalanzaron sobre los míos. Me besó con suavidad y ternura como si yo fuera tan frágil que él temiera poder hacerme daño si no era suficientemente cuidadoso. Y ese cálido beso entre las nubes naranjas de un esplendoroso atardecer fue el primero de muchos…

Acabé le historia con lágrimas en los ojos. ¿Cómo podré jamás soportar estos recuerdos? ¿Cómo es que las cosas entre nosotros habían cambiado tanto? Tomoyo, Majo e Ingrid me observaban atónitas, pero yo no pude seguir hablando. Tenía el corazón en la garganta y estaba al rojo vivo y ardía como una herida abierta. Me puse de pie y salí de la habitación sin decir palabra.

"¿Qué le sucede?" Preguntó Majo preocupada.

"Es que ella y Shaoran ya no están juntos." Respondió Tomoyo muy seria. "Llevan ya casi dos años sin verse ni hablarse."

Y las palabras se clavaron en mi pecho dificultándome la respiración. ¡Hacía tanto que no probaba esos labios! ¡Hacía tanto que esos ojos cafés no me observaban con ternura! ¡Hacía tanto que no escuchaba su voz susurrándome palabras tiernas al oído! Me desplomé sobre mi cama como un cuerpo inerte y vacío. Y entonces me percaté de mi cruda realidad.

¡Shaoran, te extraño tanto!

Espero que les haya gustado esta historia. Disculpen mucho la tardanza pero es que quería hacerle justicia al primer beso de Sakura y Shaoran y estaba un poco bloqueada. Pero creo que estoy feliz con el resultado y espero que ustedes también. Por favor comenten lo que les gusta y lo que no. Y muchas gracias por seguir mi historia!