N/A: Pues bueno, no me llegaron los otros dos comentarios que esperaba, pero como vi que tuvo buena aceptación, aquí les dejo el segundo capítulo. Ya saben, si quieren leer el siguiente rápido, dejen muchos comentarios, que alimentan a mi musa jaja.

Capítulo 2: "Despertar"

Debía haberlo imaginado, aunque en realidad no me sorprendió cuando me di cuenta de ello. Nunca antes me había atrevido a luchar por aquello que apreciaba, mucho menos se me hubiese ocurrido la posibilidad de sacrificar mi vida por ello. Durante años huí de todo aquello que quería pero que no podía alcanzar fácilmente; me escondí en un mundo de comodidad y no quise ver el daño que me hacía. Nunca antes habría pensado que llegaría a donde estaba en ese momento ni que me encontraría de frente a uno de los tantos temores que me hacían correr en tiempos pasados.

Tampoco había imaginado que alguna vez tendría a mi lado a quién en verdad se preocupara por mi y no me juzgara como el resto del mundo. Nunca antes me habría visto como amigo de alguien tan peligroso como Gokudera o Hibari, o de alguien tan popular como Yamamoto... Mucho menos había pensado que yo mismo cambiaría tanto hasta llegar a ser el jefe de una de las Familias más poderosas de la mafia. Pero lo fui y nunca me arrepentí por serlo. Y en ese momento no tenía miedo. Sabía dónde estaba pero no hallaba en mí razón alguna para temer. A mi alrededor sólo había oscuridad y podía sentirme atrapado por muy poco espacio, no me podía mover, aunque tampoco tenía las ganas ni las fuerzas para hacerlo. Era como si estuviese en medio de un sueño en el que mi conciencia iba y venía sin ningún orden consistente mientras mi cuerpo permanecía quieto en una misma posición, en un mismo lugar. Ya no tenía noción del tiempo, no podía saber si habían pasado días o apenas unos segundos...

Abrí los ojos pesadamente y me encontré con una superficie plana y oscura. Un fuerte olor a flores me inundó el olfato en cuanto mis pulmones volvieron a responder; era un perfume suave flotando a mi alrededor, pero fuerte por el hecho de haber estado encerrado por tanto tiempo. Parpadeé un par de veces hasta que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad. Poco a poco fui recuperando sensibilidad en el resto de mi cuerpo, aún así no me moví enseguida; primero quería recordar todo lo posible antes de decidir salir de ahí.

Desde la muerte de los arcobaleno hasta mi propia muerte. Todo aquello era lo más importante. Ya estaba listo para salir, ya recordaba todo lo que había que recordar, y sin embargo... Dame-Tsuna me rogaba porque no saliera. Tenía miedo. Temía que mi yo pasado hubiera fallado, temía que mis guardianes... mis amigos hubieran muerto, y también… temía que me odiaran por mentirles... Kyoko y Haru también... en realidad no me despedí de ellas...

"¡Deja de pensar así!" Me regañó el Décimo. Ambas partes de mi ser habían entrado en conflicto en muchas ocasiones en el pasado, y parecía que mi supuesta muerte no había cambiado nada. Dame-Tsuna era quién me ayudaba a mantenerme humano después de ver tanta sangre derramada, pero también era quién tenía miedo de todo y por todo. El Décimo era el cerebro y la fuerza en toda situación, pero también era un idiota egocéntrico y engreído que solo se callaba cuando Dame-Tsuna tenía la razón... Caso contrario al que tenía en mano...

Después de todo el Décimo también era humano, solo que con un mayor sentido de responsabilidad. Y en ese momento tenía razón; de nada servía preocuparse por lo que todavía no sabía. Si mi yo pasado había fallado... buscaría otra forma de salvar el futuro, mientras estuviera con vida haría hasta lo imposible por lograrlo... Si mis amigos habían muerto, visitaría sus tumbas y les dedicaría una oración, era lo menos que podía hacer por ellos... Y si estaban vivos y lo odiaban... bueno, podía vivir con eso, pues habrá valido la pena fingir mi muerte por salvar sus vidas...

Con eso en mente, tomé la determinación de remover la tapa del féretro en el que estaba...

Estaba en medio de un bosque, específicamente el bosque que rodeaba a Namimori. Esperaba encontrarme ahí como había pedido en mi testamento, pero no hallaba en mí las fuerzas para moverme. Estuve ahí sentado un buen rato, conteniendo la respiración sin darme cuenta; en ese momento sentí un nudo formarse en mi garganta y empecé a temblar. Ni el Décimo ni Dame-Tsuna pensaron nada, era como las raras ocasiones en que ambas partes de mi estaban de acuerdo y simplemente se callaban o hablaban al mismo tiempo; sólo que en esta única ocasión no sabía que hacer.

Había estado consciente de que eventualmente los vería (vivos o muertos), pero no esperaba verlos en cuanto saliera al mundo otra vez. No obstante, ahí estaban, frente a mí, con expresiones imposibles de leer. No sabía qué esperar de ellos... ni siquiera Hayato me daba una pista; todos estaban ahí esperando a que dijera algo, pero no sabía qué decir porque no sabía cómo reaccionarían.

Me sentía frustrado. Me sentía tan frustrado que mis ojos se nublaron con una capa de lágrimas que al fin me ayudaron a hacer algo diferente que sólo estar ahí viéndolos. Hacía años que no mostraba mis debilidades ante nadie, pero no me importó llorar frente a ellos, mientras hiciera otra cosa, mientras rompiera ese silencio abrumador. No esperaba su compasión, no esperaba que se acercaran a consolarme; únicamente deseaba que mi llanto despejara mi cabeza y me ayudara a pensar con claridad otra vez. Y ellos esperaron mientras derramaba mis penas en mis manos.

-Chicos, yo...-todavía no podía enfrentarlos, no aún no estaba listo, aún no sabía qué pensab…

Mi mente quedó en blanco cuando varios brazos me rodearon de repente. Hayato, Takeshi, Chrome, Lambo, Ryouhei, I-pin, Haru, Kyoko... todos ellos me estaban abrazando con una expresión que decía exactamente lo mismo que yo sentía por ellos... Me habían extrañado, estaban molestos porque no les había dicho nada, pero no me odiaban, entendían mis motivos, y estaban agradecidos de que siguiera vivo. Y yo... yo también lo estaba; agradecía que aún tuviera a mis queridos amigos, que no me odiaban y que mi pasado yo lograra lo que yo en definitiva no era capaz de hacer.

Por el rabillo del ojo alcancé a ver a Kyouya. Mi querido guardián de la nube. Sólo él y Shoichi sabían de la naturaleza de mi muerte, ni siquiera yo sabía que iba a ser falsa; de verdad había creído que había sido necesario que yo muriera para poder salvar el mundo en el que mis queridos amigos vivían. Por eso no podía dejar de llorar, porque Shoichi me había regalada la oportunidad de compartir ese mundo sin Byakuran con los demás.

-Tadaima-susurre abrazando a quienes podía con toda la extensión de mis brazos...

En cuanto llegamos a casa vi a los demás. Mi ingeniero mecánico había unido fuerzas con Shoichi y el genio tras los Gola Mosca, Spanner; Bianchi, Fuuta y Lal Mich también estaban ahí; Kusakabe-san en nombre de Kyouya, Squalo (en nombre de los Varia seguramente), algunos miembros de los Vendiche y Cervello... Habían demasiados rostros que no reconocía pero que por sus ropas podía decir que habían sido nuestros enemigos en el pasado, rostros que me decían que se había ganado más de lo que se había perdido en la batalla. Más mi mayor sorpresa fue ver a los pequeños arcobaleno sentados en círculo en una de las mesas del fondo.

Tenía tantas preguntas, pero sabía perfectamente que ya habría tiempo para ellas después; primero tenía que lidiar con los dos temas en mano: escuchar los deseos de los Vendiche y explicar la situación a quienes no conocían los planes que había armado con Kyouya y Shoichi. Aún nadie me había visto, ya que estaba escondido tras la puerta emparejada, y seguían platicando expectantes por mi llegada; sin embargo, no me sentía nervioso. Podía imaginar lo que los Vendiche iban a pedir y su reacción a lo que les iba a decir gracias a mi híper-intuición, y ya que todo había terminado, podía encarar a mi Familia y decirles lo que querían saber. Estaba preparado para ello, así que, sin querer hacerlos esperar más, abrí la puerta y el silencio se extendió por el lugar en cuestión de un segundo.

En seguida, los Vendiche se acercaron a mi y sin hacer reverencia alguna fueron directo al grano. Mi intuición estaba en lo correcto, deseaban encerrar a Mukuro en una prisión de mayor seguridad, donde sus ilusiones no pudieran salir más allá de las cuatro paredes que lo rodearían. No obstante, yo tenía otros planes, y les expresé mi deseo de liberar al ilusionista en mi presencia. Al principio dudaron, por supuesto; pero pronto llegamos a un acuerdo, en el que yo les garantizaba el control sobre mi guardián o la ejecución de este. No me gustaba para nada la amenaza, pero ya no era un niño ingenuo y sabía que no se podía hablar a la ligera sobre Mukuro.

Después vino la explicación de mi muerte, por suerte ahí estaba Shoichi y terminó de dar los detalles que yo desconocía, como el tipo de bala que usó en mí y lo que pasó mientras nuestras contrapartes pasadas habían estado en nuestro lugar. Sólo Ryouhei, Takeshi y Kyouya estaban al tanto de los detalles del ataque a la base Mellone, pero todos nos sorprendimos al oír la derrota en el juego de Choice y la siguiente victoria, donde al parecer Primo hizo acto de presencia junto con sus guardianes. Lo que me hizo recordar la última vez que lo había visto, cuando decidí borrar la existencia de los anillos del mapa...

Para Reborn y para Xanxus había sido la peor decisión que había tomado; para Giotto y para mí, era la mejor. A pesar de que ambos sabíamos que iban a ser necesarios en el futuro, también sabíamos que después iban a ser un estorbo, cuando alcanzara mi última voluntad como el Décimo Vongola. En su mirada pude ver que entendía lo que deseaba hacer, después de todo, se lo dije el Día de mi Juicio; yo sería el último Jefe Vongola, mi generación sería la última. En ese entonces lo sabía y entendía lo que implicaba, mi Familia se desintegraría y quedaría sin rumbo alguno que seguir, pero vivirían la vida que deseaba para ellos, desde Hayato hasta el más débil de mis subordinados, todos vivirían por ellos y no por mí, esa era la verdad tras mi selección como heredero del Noveno.

La Familia había empezado tan solo como un grupo de chicos como cuando mi entrenamiento empezó. Su única misión era si no detener a las Familias más poderosas, sí frenar sus actividades y proteger a los inocentes. Desde el primer guardián de la Nube hasta Primo mismo; a todos ellos la Mafia les había arrebatado algo preciado, pero también los había juntado y los había unido como familia, y pronto, sin que siquiera se percataran de ello, se habían vuelto la Familia más poderosa de todas, la Familia Vongola.

Durante la siguiente generación, la de Vongola Secondo, ese poder se fortaleció y formó muchas de las alianzas que aún durante mi generación existían. Cavallone y Bovino entre ellas. Su régimen, sin embargo, aún poseía la misma meta que la de Primo y, a pesar de las diferencias, Vongola aún conocía sus ideales. Así también sucedió con las la tercera y cuarta generación; pero nada es para siempre y algo cambio entre la quinta y la séptima, en algún lugar del camino se desviaron y se enfocaron en mantener su poder a cuesta de lo que fuese y de quien fuese, se volvieron ambiciosos aunque aún lo más importante era su Familia.

No pienso que en verdad fueran malas personas, aún así, en algún momento alguien tomó una mala decisión y el poder corrompió el objetivo principal de la Familia. La Octava y el Noveno lo sabían, pero no tenían idea de cómo cambiar ese pensamiento. Ambos habían vivido toda su vida en ese ambiente hostil, donde los engaños y las muertes eran cosa de todos los días. Sabían que estaban mal, pero no sabían vivir otra vida. Por eso yo fui elegido, no porque el anillo rechazara a Xanxus desde un principio. Y en realidad, el anillo no rechazó a Xanxus porque no tuviera sangre Vongola en sus venas; lo rechazó porque Giotto sabía que Xanxus no haría ningún cambio.

Xanxus era un gran líder, es fuerte y su llama poderosa, es el inmenso cielo que soporta las más crueles tempestades; la mejor opción como jefe para una Familia poderosa. No obstante, yo tenía el corazón indicado para llevar a un final a la misma Familia sin destruir a sus miembros y, gracias a Reborn, también había adquirido el poder para hacerlo mientras dirigía a la Familia manteniendo el orden en el camino. Sin embargo no podía hacerlo todavía, no mientras el líder de los Varia no cambiara su forma de pensar y viera que en el mundo hay más que sólo golpes, sangre, muerte y poder. Y para eso, yo necesitaba dar el primer paso.

Entré a los cuarteles de Varia en Italia. No le había avisado a nadie que iría, salvo por mis guardianes, no podía volver a mentirles como lo había hecho con mi muerte. En cierto modo me sorprendió encontrar que el lugar fuera tan silencioso, tomando en cuenta la bola de chiflados que vivía ahí, pero mandé ese detalle al fondo de mi mente y me concentré en llegar a mi destino completo y desapercibido. No era tarea fácil si se sabía que la mansión no era nada pequeña y estaba llena de trampas, la mayoría meras ilusiones "grabadas" por el arcobaleno Mammon.

Caminé durante varios minutos, escondiéndome cada que me acercaba a un grupo de personas o cada que las cámaras volteaban al ángulo en el que me encontraba. El silencio ahí era estresante, hacía que mis sentidos se agudizaran en paranoia y mi intuición no era precisamente un calmante en ese momento. Algo había pasado y no era algo bueno. Ahora ya alarmado, corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron, siguiendo la ruta que mi intuición marcaba como segura y en dirección al cuarto de Xanxus.

A mis ojos todo parecía normal, los pocos hombres de Xanxus con los que me había topado actuaban de lo más tranquilos, y aún así no podía dejar de sentir que algo pasaba, y mientras más me acercaba al cuarto de mi antiguo rival, ese sentimiento se asentaba más. ¿Había acaso alguien con la habilidad necesaria para matar a Xanxus? ¿Era eso acaso posible? ¿¡Y hasta dónde estaba la dichosa habitación! Exasperado por el laberinto en el que me encontraba usé mis X-Gloves para impulsarme por los pasillos del lugar. Tenía la sensación de estar descendiendo, quizá... ¿Xanxus dormía en el corazón de la base?

Cuando al fin llegué me paralicé frente a la puerta. También ahí estaba el mismo Xanxus viéndome directo a los ojos, no parecía estar consciente de lo que mi instinto me había dicho. El Día del Juicio. Mi intuición quería que llegara ahí porque yo era el nuevo mediador del Legado Vongola, yo sería lo que el anillo había sido alguna vez, y en mi sangre pude sentir hervir la Voluntad de mis ancestros, su Voluntad por Juzgar a Xanxus. ¿¡Pero por qué! ¡Yo era el último Jefe Vongola! ¿¡Qué estaba pensando Giotto!

Sin embargo, no podía hacer nada para evitarlo, en cuanto Xanxus abrió la boca para cuestionar mi presencia ahí, de mi frente brotó una llamarada que nos cubrió a los dos y se expandió en un radio de aproximadamente 3 metros. Nada podía detenerlo ya, Xanxus sería Juzgado y Pesado por la Balanza de nuestros ancestros, y su destino se decidiría en ese momento...