Capítulo 3: "El último cielo"

No existiría otro cielo.

Desperté tirado en donde me había encontrado con Xanxus. El Juicio había terminado y estábamos de vuelta en la Base Varia. Me incorporé lentamente y busqué al líder del lugar con la mirada. Todavía no despertaba y yacía tendido en el suelo dentro de la habitación. ¿Quién iba a pensar que él iba a ayudarme en mi plan de acabar con Vongola? Giotto de verdad estaba loco.

En un movimiento silencioso me levanté, me acerqué a mi mejor asesino y, con cuidado lo alcé para recostarlo en su cama. Por un lado me sorprendió poder acercarme a él en su sueño, aunque por otro me lo esperaba; su Juicio no había sido algo fácil y tanto Giotto como Daniela y yo nos las vimos negras para aplacar a ambos dueños de la Flama de la Ira. Sabía que Xanxus se parecía a Secondo en algunos aspectos, pero no creí que hasta en sus rabietas se portaran igual. Ahora entendía por qué Giotto decidió no pelear contra él, rea como un niño malcriado... Igual que Xanxus.

El asesino más peligroso en mis filas en realidad era un niño consentido por Nono. Aunque de eso me había dado cuenta hacía años, no dejaba de sorprenderme cada que sus berrinches sacaban lo mejor de él. Como cuando se enteró de que no era el único candidato al trono Vongola, como cuando perdió definitivamente, como durante la ceremonia de sucesión, como en muchas otras ocasiones. Me preguntaba cómo había reaccionado a mi muerte, después de todo él siempre decía que él era el único que podía matarme y que lo haría, eventualmente...

Mientras esperaba que Xanxus recuperara la conciencia le mandé un mensaje a Hayato, por la hora podía ver que mi visita se iba a prolongar más de lo que había pensado en un principio. En cuanto cerré mi celular mis ojos se encontraron nuevamente con los del hombre a mi lado. No parecía muy contento y no podía culparlo, de buenas a primeras se acababa de enterar del mis planes para desintegrar a Vongola y alejarme de ese mundo.

–Eh… no veas así–le dije nervioso sin apartar la mirada–No es como si fuera a acabar con la vida de alguien…

–Vas a destruir el legado Vongola–me contestó casi en un susurro, su voz calmada y controlada me daba más miedo que cuando gritaba y aventaba cosas a diestra y siniestra, de verdad estaba muy, muy enojado.

–Sabes que no soy el único que no quiere que toda la sangre del pasado crezca con la del futuro…

–Eso no ayuda para calmarme basura. ¿Desde cuándo lo decidiste?

–Desde el Día de mi Juicio. Mi yo pasado lo decidió aquí, en nuestro presente–contesté con toda la seriedad que requería la situación, tenía que hacerle entender que no era algo que iba a hacer a la ligera y que no me iba a echar para atrás. –Tú mismo lo viste, los pecados de nuestra Familia, desde Primo hasta mi generación, los pecados que cargamos no son nada más por nuestras propias manos, también son por las de nuestros hombres... incluso por las tuyas.

Guardamos silencio por unos momentos. Quería que entendiera la importancia de su papel en El Fin de nuestra Historia. Aunque por un lado todavía no podía creer todo lo que había pasado en el Juicio de Xanxus, estaba seguro de que él seguía siendo la mejor opción para ser Vongola Onceavo... todos estábamos de acuerdo...

...no podía hacer nada para evitarlo, en cuanto Xanxus abrió la boca para cuestionar mi presencia ahí, de mi frente brotó una llamarada que nos cubrió a los dos y se expandió en un radio de aproximadamente 3 metros. Nada podía detenerlo ya, Xanxus sería Juzgado y Pesado por la Balanza de nuestros Ancestros, y su destino se decidiría en ese momento...

Las flamas a mi alrededor empezaron a disiparse, entonces pude ver el lugar donde me encontraba. Desde el suelo terroso y lleno de pasto, se levantaban largas columnas de flamas de distintos colores: el azul de la lluvia, el rojo de la tormenta, el verde del trueno, el morado de la nube, el índigo de la niebla, el amarillo del sol... Y al centro de todas ellas había una sola columna del naranja del cielo. Era una vista impresionante y hermosa, no nada más por las flamas en sí, sino también por la amplitud de la pradera que me rodeaba y la extensión del cielo en el que se unían todas las columnas con la del centro.

Quería seguir admirando todo aquello, era como un sueño, pero la repentina presencia de otras personas me hizo recordar la razón por la que estaba ahí. Aparté mis ojos del azul del cielo y vi frente a mí a mis predecesores, a los anteriores jefes Vongola. Primo estaba al centro; Secondo, Quarto, Terzo y Quinto estaban a su derecha; Sesto, Settimo, Ottava y Nono, a su izquierda. Todos me observaban fijamente, todos esperaban que Primo dijera algo... y yo también lo hacía. El poder que todos desprendíamos era imponente, increíble y aterrador a la vez. En ese momento sentí compasión por Xanxus, pues él solo encararía la misma situación en la que me había encontrado hacía ya tanto tiempo... en este futuro.

–Vongola Decimo-por fin saludó Giotto–Esperábamos tu llegada.

– ¿Qué estás tramando, Primo? ¿Por qué vas a Juzgar a quién en el pasado rechazaste y que no comparte nuestra sangre? –mi voz era monótona, casi silenciosa; así era cuando controlaba mis emociones.

– ¿Estás enojado, Decimo?

– ¡Deja de consentirlo, Primo!-Secondo se cruzó de brazos irritado. Ni Giotto ni yo le caíamos muy bien que digamos... – ¡El mocoso quiere acabar con la Familia!

–Y tú estás de acuerdo–no me gustaba que me trataran como un mocoso y no me iba a dejar por nadie, ni por Secondo–Ahora guarda silencio o dime por qué Juzgar a Xanxus. Si no me explican lo que tienen en mente no puedo ser parte del Juicio y la Herencia estaría incompleta.

–Tsunayoshi-kun tiene razón–la voz tranquila de Nono interrumpió cualquier intento de pleito–Él es tan Jefe Vongola como todos nosotros.

–Y es quién mejor conoce a mi nieto–añadió Ottava.

–Sólo dile lo que ya discutimos y ya–se quejó Sesto. –Les recuerdo que todavía hay alguien más que nos espera y será tarea de Decimo darle una explicación después.

Éramos demasiados Jefes poderosos en un mismo lugar, todos líderes de una misma Familia; definitivamente todos queríamos mandar como estábamos acostumbrados. Sin embargo, la jerarquía por la que nos regíamos empezaba con Primo y terminaba conmigo, le dábamos prioridad a la experiencia. Aún así, todavía tenía la suficiente autoridad para reclamar y callar a quien yo quisiera, salvo por Primo, quién era el "intocable" para el resto de nosotros. Era extraño, pero no lográbamos sacar valor para enfrentarlo en serio, ni siquiera Secondo. Si Primo decía algo, lo hacíamos y ya. Claro, podíamos preguntar y más o menos exigir o quejarnos, no obstante era como cuando un padre manda a su hijo y este lo hace a regañadientes. Todos éramos como niños ante Giotto.

–Decimo–Primo me llamó y centré de nuevo mi atención a él–nosotros escuchamos tu intención de acabar con la Familia y estuvimos de acuerdo contigo.

–Eso ya lo sé, por eso me dieron la Herencia. Pero ¿qué hay con Xanxus? –No, no iba a permitir que se saliera por la tangente como solía hacerlo, obtendría mi respuesta le gustara o no.

–La primera vez que lo rechazamos no fue porque no compartiera nuestra sangre como Nono. En esa ocasión lo rechazamos porque no tenía lo necesario para ser el Vongola Decimo.

–Pero yo no tenía lo necesario para ser un Jefe de la Mafia.

–Pero sí el corazón y la mente para dirigir a la Familia. Decimo, fuiste elegido porque sabíamos que llevarías a un fin todos nuestros pecados.

–Y lo harías sin derramar ni una gota de sangre de nuestra gente–Octava dejó caer su mano sobre mi hombro con cierto aire maternal. Si Giotto era como un padre para nosotros, en definitiva, Octava era una madre.

–Decimo...

–Tsuna-interrumpí al tiempo que ponía los ojos en blanco, me hartaba todo eso de "Decimo esto, Decimo aquello..." –Soy Tsuna. No me importa si a todos ustedes les gusta que les diga por su título, a mí no me gusta.

Primo sólo sonrió con esa sonrisa sabelotodo que en parte me exasperaba, en parte me tranquilizaba. Todavía no entendía por qué todos esperaban que me pareciera a esa persona tan arrogante y sencilla a la vez. Sí, era cierto que el parecido físico era asombroso; sí, era cierto que mis armas eran las mismas que había usado él en el pasado; sí, era cierto que era mi tátara-quién-sabe-qué-numero abuelo; y sí, era cierto que a veces me parecía que me estaba viendo en un espejo por la mirada en sus ojos. Aún así YO seguía siendo YO, y no iba a ser ÉL sólo porque los demás lo dijeran.

–Tsuna, tú tienes el corazón y la mente para hacer tu voluntad sin lastimar a nadie, sin embargo, a pesar de ser tan poderoso como para ejecutar técnicas como el X-Burner, no posees la fortaleza necesaria para soportar las consecuencias de tus acciones. Tu corazón lleno de amor es también tu mayor debilidad.

– ¿Entonces quieren Juzgar a Xanxus para que sea el desalmado en todo esto? Están completamente equivocados si piensan que va a funcionar. Xanxus ya no es un bestia ni un sádico como antes, ha cambiado y le importa más la Familia que el poder, él ha madurado.

–No lo dudamos–contestaron a coro Terzo, Quarto, Quinto y Settimo, volteando a ver a Secondo con una mirada divertida.

–Una palabra más y los mato–amenazó entre dientes.

–Ya estamos muertos, Secondo–rió Quinto divertido.

Era definitivo, todos ellos, salvo Ottava, Nono y yo mismo, eran como unos niños; incluso Primo se les unía de vez en cuando. La discusión siguió por varios minutos más antes de que Primo se uniera como había predicho y empezara a sacar chiste de todo y por todo, estos jefes siempre tendían a olvidarse de los temas serios con facilidad y como siempre, iniciaban peleas o charlas completamente fuera de lugar y tontas. No siempre los veía como en ese momento, pero siempre los había escuchado gracias al Anillo del Cielo hasta el día en que lo destruí.

Sin embargo tenía que agradecer la presencia de Octava ya que era la única que podía aplacarlos en tiempo record y hacer que se comportaran como si nada hubiese pasado. Nono y yo la vimos trabajar desde nuestros lugares, intercambiando de vez en cuando una mirada exasperada por nuestros predecesores.

Entonces pude ver lo difícil que la estaba pasando Timoteo, después de todo, era de su hijo de quién hablábamos. Xanxus debía estar en ese momento enfrentándose a todos los pecados cometidos por nuestra Familia desde sus inicios, una situación nada agradable y bastante dolorosa, incluso para alguien como él. El reflejo de dolor en sus ojos decía todo lo que sus facciones trataban de ocultar, quería acabar con la tortura de su amado hijo cuanto antes y esa bola de "mocosos" sólo la estaba prolongando más.

–Tsuna–Primo volvió a llamarme como si no hubiese habido interrupción alguna–Nosotros Juzgaremos sus actos, tú, Ottava y Nono Juzgarán su corazón.

–Contamos contigo, Tsunayoshi-chan–me sonrió Ottava desde su lugar.

Antes de que pudiera decir algo más, un grito estruendoso resonó desde el cielo, llamando la atención de todos nosotros. Alzamos la vista a la columna de la Flama del Cielo en unísono, sin embargo sólo Nono y yo nos vimos preocupados por el grito. Xanxus estaba listo para ser pesado en la Balanza…

A lo lejos vi a Xanxus postrado en el suelo, vistiendo únicamente la camisa y el pantalón con el que lo encontré en su habitación. Se veía completamente indefenso, aunque no dudaba que las apariencias engañaran pues, tratándose de Xanxus, él pelearía sin mostrar una sola señal de debilidad aunque se estuviese partiendo por dentro.

En el pasado (presente para mí), Primo fue quien me recibió el Día de mi Juicio, aunque, por lo que dijo Nono después, se suponía que era el Jefe anterior el que recibía al nuevo. En está ocasión así era y era mi turno de recibir al nuevo Jefe Vongola, a mi compañero. A Xanxus no le va a gustar nada la idea, pensé con pesar antes de dirigir mis pasos a donde el líder de los Varia.

Una vez cerca pude ver que en realidad no estaba postrado, sino acostado y durmiendo profundamente en el lugar. Volvía a pensar lo indefenso que se veía. Siempre mostraba una cara de pocos amigos y su actitud no ayudaba nada, pero en realidad era bastante atractivo y de apariencia romántica, y las cicatrices sólo le daban un aire de misterio en vez de dureza como a él le gustaba creer. Xanxus no lo sabía, pero yo sí; en secreto habían cientos de mujeres con ojos exclusivamente para el moreno.

Algún día se lo diría para molestarlo, por lo pronto tenía trabajo que hacer, y para ello lo necesitaba despierto.

–Buenos días, Bello Durmiente–dije con tono burlón al tiempo que lo movía con una mano. Sin embargo, y para mi sorpresa, él sólo murmuró algo como "cinco minutos más" y se giró para acomodarse más. Definitivamente iba a molestarlo con eso después. – ¡Vamos, vamos! No quieres perderte tu propio Juicio, ¿verdad?

–Cierra el hocico, renacuajo–volvió a murmurar entre su sueño.

– ¡Oye, Xanxus! ¡No tengo todo tu tiempo! ¡DESPIERTAAAAAAAAA!

Por fin despertó aunque con toda la intención de matarme. Nunca era buena idea despertar a Xanxus cuando balbuceaba, pero no tenía de otra, el Juicio debía iniciar. En unos cuantos movimientos esquivé todos sus golpes sin dificultad; tal parecía que el enfrentarse al recuento de los pecados de la Familia lo había dejado agotado, pues sus reflejos eran lentos y todavía tenía una mirada soñolienta. Suspiré pesadamente antes de tumbarlo al suelo y mantenerlo ahí quieto para que me escuchara.

Al principió forcejeó, pero cuando le expliqué la intención de los demás Jefes Vongola de Juzgarlo, se quedó hecho piedra en el instante. No podía decir si estaba enojado, sorprendido o asustado; tal vez ninguno de los tres. Sin embargo, ya se había quedado quieto, lo que tomé como señal para soltarlo y ponerme en pie; él hizo lo mismo.

–Vamos Xanxus, es hora de tu Juicio.

Todos se habían formado en dos filas, como cuando había sido mi Juicio: a la derecha estaban Secondo, Quarto, Sesto y Ottava; a la izquierda, Terzo, Quinto, Settimo y Nono. Al final del camino que había entre ellos Primo esperaba por Xanxus mientras yo guardaba su espalda. Él estaba solo, en medio de todos nosotros.

Desde donde estaba pude ver la mirada de resentimiento que le dedicó a Nono, no obstante Timoteo le sonrió orgulloso. Estaba claro que Xanxus todavía no entendía su papel en todo aquello, parecía que creía que sería Juzgado como culpable por atentar contra la vida de dos Jefes Vongola. Cuando intercambié la mirada con Nono por el rabillo del ojo, ambos tuvimos que controlar las sonrisas que amenazaban con reflejarse en nuestros labios. Pobre Xanxus, siempre tan paranoico, fue lo que pensé.

–Xanxus, hijo de Vongola Nono, acércate–llamó Primo ya que el futuro Vongola Onceavo no se había movido de mi lado. Quizá… ¿tenía miedo del poder que representábamos? No lo culpaba por ello, en verdad éramos imponentes.

–…–parecía que así era, pero no dejaba de sorprenderme que demostrara miedo frente a sus "enemigos".

–Xanxus–ahora apresuró Giotto, estaba colmando su paciencia y eso no era bueno.

–Si piensan acabar con mi vida ¿por qué no mejor olvidan todas estas pendejadas de "Juicio" y lo hacen de una vez?

El silencio se extendió por varios segundos mientras la primera generación de Vongola y la última intercambiaban un duelo de miradas furiosas. Giotto no estaba de humor como para andar aguantando los berrinches de Xanxus y Xanxus no era alguien a quien se le pudiera mandar tan fácilmente.

Si los que estábamos alrededor hubiésemos sido personas normales seguramente hubiésemos huido del aura asesina que ambos desprendían o, por lo menos, nos hubiésemos puesto nerviosos. SI hubiésemos sido normales. Pero no lo éramos; nosotros no sólo éramos Vongolas, nosotros éramos Jefes Vongola. Razón por la cual había ciertas personas ahí dispuestos a interrumpir un duelo como el que se estaba llevando a cabo.

– ¿Quieren dejar sus estúpidos e inútiles jueguitos de una vez por todas? –Secondo dio un paso al frente, en medio de Giotto y Xanxus–Tú, deja de provocar al escuincle–dijo señalando a Primo como si fuera también un niño. –Y tú, ten más respeto por tus mayores; no estás en condición de demandar nada y no sabes la razón por la que estás aquí, así que cierra la boca y obedece.

– ¡Ni muerto voy a obedecer a una bola de jefes muertos! ¡Al único al que le debo lealtad no es a ninguno de ustedes bola de cadáveres! ¡Yo juré lealtad a la Familia más poderosa de todas, y con eso al Jefe más poderoso de todos, aunque sea un renacuajo demasiado bueno hasta para su propio bien!

Y eso fue algo que no había esperado. Estaba consciente de que Xanxus había madurado lo suficiente como para aceptar misiones encargadas por mí, e incluso estaba consciente de que lo único que le importaba era ser parte de la Familia más poderosa, como había dicho. Sin embargo, no había estado consciente de que pensara que yo era el Jefe más poderoso de todos. Y el escuchar eso salir de sus labios hizo que la me sonrojara a pesar de ser únicamente una especie de espíritu carente de cuerpo.

No obstante, Xanxus se había atrevido a gritarle a Secondo sin ser todavía un Jefe Vongola y eso no iba a pasar por alto para Secondo…

Las palabras de Xanxus aún resonaban en mi cabeza. No dije nada mientras su mirada penetrante y pesada permanecía fija en mí. No le temía a lo que pudiese hacer, sino sabía que aunque me veía a mí, en realidad estaba analizando la situación. Ambos, siendo dueños de la Flama del Cielo, éramos Jefes Vongolas ahora, y ambos estábamos vivos y, sin un anillo de por medio, ambos teníamos el destino de la Familia en nuestras manos.

Ambos éramos el Cielo, ambos formábamos las dos caras de la moneda. No era que mi Cielo no cubriera bien a la Familia, era porque éramos el último Cielo y debíamos asegurarnos de no dejar desprotegida a la Familia, aunque ya no fuera a estar unida como antes. Después de todo, cuando cayera Vongola, otras Familias como Cavallone, Tomaso y Bovino iban a venirse con nosotros.

Para muchos sonaría engreído. Pero nosotros lo sabíamos mejor. Se necesitaba un Cielo para cubrir al mundo, y Vongola era el más extenso y poderoso de todos. Teníamos el poder para crear más pecados, o para redimirlos. Y con la existencia de dos Cielos unidos, teníamos el poder para hacerlo, asegurando la paz de todos.

Después de nosotros… No existiría otro cielo.


N/A: Y bueno, me siento algo triste por la falta de comentarios en el capítulo pasado, igual espero que les haya gustado y que me dejen más comentarios en este. Se supone este tercer capítulo es el último, pero con sus comentarios y sugerencias puede que escriba más. En verdad depende de ustedes...