Levantamiento de las piezas

Tras varias horas los ojos de Naruto volvieron a abrirse. El exterior estaba completamente oscuro, excepto por una enorme luna plateada que se extendía en el cielo. Naruto se pudo erguir completamente esta vez. Se bajó de la cama y comenzó a levantarse la camisa y empezó a quitarse las vendas que le cubrían los costados. Siempre era igual, no importa el daño que sufriese siempre se recuperaba tras un día de sueño.

Unos toques sonaron en la puerta y varias chicas entraron en la habitación. Todas llevaban el mismo atuendo. Era un traje de una sola pieza de color azul claro que tras ajustarse a las caderas se bombeaba acabando en las rodillas. Encima del vestido tenía un delantal blanco que tenia el borde con encaje, tras estudiar los vestidos se dio cuenta de algo, las mucamas no solo parecían iguales en la vestimenta, sino que también tenían un físico similar. Sus rostros tenían unos rasgos afilados que acentuaban sus pálidos rasgos dándoles un aura de extrema rigidez. Su pelo estaba ordenado en un apretado moño que no hacia más que aumentar esa aura. Sin embargo, lo que más asusto a Naruto fue sus ojos. Eran de un color azul oscuro que hubiera atrapado la mirada de cualquier hombre si no pareciesen que estaban desprovistos de todo tipo de vida. De repente las mucamas hablaron:

- Señorito, el amo lo reclama para desayunar- dijeron las sirvientas al unísono.

- No hace falta que me llaméis señorito- dijo Naruto moviendo sus manos intentando restarle importancia.

- Eso es imposible, señorito, el amo nos dio ordenes de llamarlo así- dijeron otra vez al unísono las sirvientas mientras vestían a Naruto.

- Entien… ¡ESPERA UN MOMENTO! ¿POR QUE ME VESTÍS?- grito Naruto al verse despojado de sus ropas.

- Le estamos preparando Naruto-sama- dijeron sacando algunas prendas del armario. Esas prendas consistían en unos vaqueros y una camisa blanca semitransparente de seda. Tras colocarle el conjunto el Naruto resultante habría hecho exclamar cientos de kawais a cualquier chica. Su pelo dorado brillaba tras haber sido atendido por las sirvientas y su piel resaltaba por un pulcro brillo.

Las sirvientas se dispusieron en una fila al lado de Naruto, esperando a que este saliese de la habitación. Naruto abrió la pesada puerta y salió.

El pasillo no se diferenciaba demasiado de la habitación, el suelo estaba hecho de mármol de color blanco y negro, dándole la apariencia de un gran tablero de ajedrez. En las paredes había grandes ventanales que estaban separados entre si por grandes columnas. El techo tenía el mismo diseño de su habitación, sólo que en vez de un mural, estaba repleta repleto de lámparas de cristal. Dos de las sirvientas se colocaron a los laterales de Naruto mientras que la otra dirigía el paso delante de ellos. El paso eran rápido, al parecer ninguna de ellas querían llegar tarde. De repente el paso se detuvo, lo que casi provoco que Naruto chocase contra una de las sirvientas. Se habían parado delante de una gigantesca puerta. Las dos sirvientas que iban en los laterales de Naruto se separaron del grupo y cada una abrió una parte de la puerta. Al abrirse se reveló un comedor, aunque este tenía unas dimensiones demasiado exageradas para ser un comedor.

La habitación tenía el mismo diseño de ventanales que el pasillo solo que en las columnas habían sido sustituidas por mesillas con jarrones repletos de rosas rojas y que las ventanas estaban tapadas por enormes cortinas de color rojo oscuro. En el centro de la habitación había una mesa que se alargaba de un lado a otro de la habitación, un mantel blanco lo cubría completamente. La mesa estaba rodeada de sillas vacías, exceptuando algunas a la derecha de esta que estaban ocupadas. En el filo de la mesa estaba Artis comiendo una porción de pastel de chocolate, a su derecha estaba Rin comiendo una sopa de miso. A la izquierda de Rin había una chica que estaba leyendo un libro. Tenia unos rasgos finos al igual que Rin aunque a ella le daban un aire de seriedad y calma, su pelo era de un color castaño claro y unos ojos verdes brillante. Vestía una túnica de color violeta que se apretaba a su cintura por un cinto, el cual, tenía cosido distintos ornamento como cristales o pendientes. En frente suya se encontraba un chico que vestía un kimono de color azul profundo, su pelo era de un color negro azabache y tenía media cara cubierta por una máscara con la figura de un perro. En ese momento la sirvienta lo anunció:

- Naruto-sama ha llegado- dijo con un tono monocorde, como si ya acostumbrado a eso.

Rin levanto la cabeza rápidamente y Artis se giro en su silla obteniendo una visión más general de Naruto. Las otras dos personas se giraron hacia Artis con unas miradas interrogantes. Lentamente se levanto con una gran sonrisa en su rostro.

- Estoy encantado de presentarle al nuevo miembro de nuestra familia, Naruto Uzumaki.

De repente se escuchó el sonido del movimiento de cubiertos y el pasar de las páginas de un libro. Artis seguía levantado y su cara tenía una expresión insondable, lo habían ignorando, en ese momento, misteriosamente, la mesa dio un salto provocando que la mayoría de los objetos que estaban en la mesa volcasen, los únicos objetos que se libraron fueron el libro de la chica que levitaba unos centímetros encima de la mesa y el desayuno del chico. El sonido de varias agujas clavándose en el asiento de Artis provocaron el silencio de los allí presentes. Rin estaba en posición de combate con varias agujas en ambas manos. Su atuendo estaba manchado completamente por la sopa de soba que había caído sobre ella. Una risa nerviosa salió de la boca de Artis.

- Ettoo , gomen nasai – dijo Artis retrocediendo varios pasos para separarse de una Rin furiosa.

- Muere y envíame una postal del infierno- dijo lanzándole las agujas.

Artis dio un salto, alcanzando varios metros de altura, esquivando las agujas de Rin, sonriendo sacó lo que parecía un cuadernillo dorado, hizo unos bosquejos con lo que parecía un lápiz invisible mientras Rin lanzaba otra aguja al cuaderno, esta salió disparada en dirección contraria dando a un estante de roble. El estante de roble comenzó a resquebrajarse, de él salieron dos cucarachas voladoras que dirigían su vuelo hacia la cara descompuesta de Rin.

- ¡Arrrrrrrrg!, ¡Maldito seas! – Rin comenzó a rascarse todo el cuerpo – Ahora me tendré que lavar a conciencia, ¡NO SÉ QUÉ ME DA MÁS ASCO!, SI TÚ, O LOS BICHOS!- Rin salió corriendo a toda velocidad por las puertas del comedor.

Artis entonces arrancó otra página del cuadernillo, y se la guardó en el bolsillo sin que nadie se percatara.

- Artis – dijo Naruto sin entender muy bien lo que había pasado.

- Naruto, tienes que disculparla, y, a mí, gracias a ella, ahora te he tenido que enseñar mi lado menos caballeroso. En fin, debes hacer mucho caso a Rin, se enoja muy fácilmente, ya lo has visto, bueno, Naruto, estas personas maleducadas que no se han dignado a saludarte son; Chishiki Odayakana y Yoru kōjun.

Chishiki levanto la mirada de su libro y saludo a Naruto con un asentimiento de cabeza. Mientras Yoru se levanto y le hizo una reverencia provocando el sonrojo en Naruto. Artis se dio cuenta y respondió rápidamente:

- No te preocupes, Naruto, Yoru es bastante formal – entonces Artis se volvió a sentar en su silla ,como si las agujas no estuvieran allí- Venga ven a desayunar.

Naruto se acerco lentamente a la mesa, sentándose en la silla libre situada a la izquierda de Artis. Entonces se fijo en la comida que estaba servida en la mesa; productos occidentales y orientales, chocolate caliente, distintos tipos de té y un amplio surtido de frutas de todas las nacionalidades.

- Sírvete lo que quieras, Naruto- le dijo Artis señalando los productos en la mesa.

Naruto tomó un poco de una sustancia de color marrón que sabía realmente dulce, y varios tipos de galletas. Todo le sabía a gloria.

- Naruto – Artis le pasó la hoja que antes se había guardado en el bolsillo por debajo de la mesa- Cuando acabes el desayuno, vete, y deshazte de la hoja.

- Pero…- Naruto se quedó mirándole mientras el chocolate se le caía de los labios a la camisa

- Naruto, por lo que más quieras, no lo mires, y, ten cuidado, ya te has manchado.

Konoha

La oficina del Hokage había sido un caos desde la desaparición de Naruto, hacia días que los Jounin y los Anbu desfilaban por allí, como si de una calle pública se tratara, para obtener misiones de búsqueda de Naruto. Al desaparecer este había saltado la alarma roja en toda la villa y el consejo se reunió con urgencia para tratar el tema. Al principio, los miembros del consejo se mostraron dispuestos a entregar pelotones Anbu y Jounin para el rastrear hacer que regrese a la villa de Naruto. Pero, tras dos días de búsqueda, los miembros del consejo habían empezado a celebrar fiesta por la desaparición del demonio que atormentaba Konoha. Por supuesto, el Hokage no estaba de acuerdo con esas celebraciones, pero no podía hacer nada al tratarse de celebraciones hechas por los civiles.

El Hokage expulsó una bocanada de humo y se enterró en sus pensamientos. El había dejado a Naruto alrededor de las once y un Jounin de su confianza había ido a su casa a las once y media, lo cual dejaba sólo media hora para que este desapareciese. Las puertas de Konoha estaban cerradas, por lo que nadie podía salir ni entrar a la villa. Era, sin lugar a dudas, un cuarto cerrado a gran escala. Entonces se escuchó el deslizamiento de un papel por debajo de la puerta, el Hokage se levantó de su mesa de trabajo y fue a la puerta.

Una carta estaba debajo de ella como esperando que el la recogiese. El Hokage abrió la puerta y busco cualquier rastro de quien había estado allí. Recogió finalmente la carta y la abrió, casi sufriendo un infarto al ver su contenido en esta. Era un dibujo de Naruto junto a cuatro personas disfrutando en una noche de verano. Pero lo que sin ninguna razón mas le inquieto fue la luna dibujada, una luna de color escarlata