Sorpresas y encuentros.

No me costó mucho encontrar el instituto. El edificio era de color marrón y estaba rodeado de árboles y arbustos... Bueno, como casi todo el pueblo. En la puerta había un cartel que decía: "FORKS HIGH SCHOOL, HOME OF THE SPARTANS".

Dejé el coche en los aparcamientos (era el más ostentoso, no todos tenían un BMW azul) y me encaminé hacia el interior del edificio. Fuera ya había gente charlando y riendo, a pesar de que estaba empezando a llover. Al entrar, vi una pequeña sala. Supuse por el cartel que rezaba "OFICINA PRINCIPAL" que era ahí adonde tenía que ir. Dentro había una mujer pequeña y regordeta, detrás de un mostrador. Supuse que sería ahí donde ella organizaba el papeleo, atendía a la gente nueva y leía prensa rosa. Pegados a las paredes había un montón de folletos, y algunas sillas se extendían por la habitación.

Perdone -dije, acercándome a la mujercilla.

¿Sí?

Soy nueva aquí y no sé adonde tengo que ir.

Bueno, bienvenida a Forks.

Gracias.

¿Tu nombre, cariño?

Callahan. Elizabeth Callahan.

Ah, sí. La niña superdotada.

El que usaran las palabras niña y superdotada en la misma frase me ponía mala. Si ya las odiaba por separada, ni qué decir juntas. No era una niña, tenía 17 años. Y no me gustaba nada ser superdotada. Todos me excluían.

Aquí tienes, el horario de tus clases y un plano de la escuela. Además también tienes un parte que deberás traerme firmado por cada profesor que te dé clase hoy cuando vayas a irte.

Muchas gracias -dije, cogiendo los papeles y saliendo de la sala.

La gente ya había empezado a entrar a pesar de no haber sonado la campana. Supuse que estaba lloviendo, así que eché un vistazo al horario. A primera hora tenía Literatura, con un tal señor Mason.

Una vez sonó la campana empecé a buscar el aula. No fue difícil de encontrar, no se hallaba demasiado lejos de la entrada. Era pequeña. Al lado de la puerta había unas perchas donde colgué mi abrigo.

Tal como me dijo la mujer, entregué el parte al profesor, un hombre con pelo blanco, algo gordito y con una cara no muy amigable. Al firmarlo, me miró.

La chica superdotada.

Bueno, al menos no me había llamado niña.

Sí, señor.

¿Por qué no se presenta delante de sus compañeros? Será interesante.

"¿Interesante? Sólo hará que me excluyan más".

Mientras él llamaba la atención de la clase, yo me aclaraba la garganta.

Cuando quiera.

Me coloqué frente a todos y empecé a hablar.

Eh... Hola. Me llamo Lizzy y tengo 17 años...

Una oleada de murmullos recorrió el aula.

Voy adelantada un curso y me acabo de mudar con mis padres y mi hermano.

¿De dónde vienes? -se escuchó una voz que no supe identificar.

Pues... mi familia y yo nunca hemos tenido casa fija. No parábamos de viajar. El último sitio al que fuimos fue a Phoenix, en Arizona. Estuvimos allí tres años.

De nuevo, más murmullos.

¿Qué es lo que te gusta? -me preguntó el profesor. ¿Esto qué era, un interrogatorio?

Pues... Me encanta la música y la lectura. También escribo y pinto...

Interesante... Puede sentarse, señorita Callahan... -dijo el señor Mason. Al menos sabía que me iba a interesar su asignatura.

Me senté al final de la clase, sola. Entonces, al levantar la cabeza, los vi. Mientras hablaba había mirado a un punto fijo, sino estaba claro que me hubiera puesto nerviosa. Pero en ese momento... Sí, estaba segura de que era ella. Isabella Swan. ¿Así que se había venido aquí? Su compañero de mesa también captó mi atención. Era increíblemente guapo. ¿Sería modelo? Su cabello broncíneo estaba desordenado, y su cara parecía haber sido perfilada por uno de los mejores escultores. ¿Quién sería ese chico?