LA DESPEDIDA… ¿QUÉ TE SUCEDE, HERMIONE? (parte I)

- Está en la Sala Común de Ravenclaw. – dijo de un tirón Ginny.

- Gracias, no le diré que has sido tú. – respondió Ron aliviado, por fin tenía un lugar exacto donde buscar.

- No te molestes, lo sabrá de todos modos. – contestó Ginny en un suspiro.

Ron la miró compasivo y le deseó "buenas noches" mientras echaba a correr de nuevo por los pasillos en busca de la Sala Común de Ravenclaw. Recordaba más o menos donde estaba porque una vez había ido allí a buscar a Hannah Abbott para hacer un trabajo de Herbología.

Pero… ¿y la contraseña? ¡Cambiaban de contraseña cada semana! Ron dudó de si no sería mejor decirle a McGonagall donde se encontraba Hermione y que ella fuera a buscarla, así no seguiría infringiendo más normas, pero al final desechó la idea. Quería comprobar con sus propios ojos que Hermione estaba bien.

¿A qué había ido Hermione a la Sala Común de Ravenclaw? Esa era otra de las muchas preguntas que se le antojaban a Ron sin respuesta. No podría encontrarla… sería imposible que algún Ravenclaw anduviera merodeando a la una de la madrugada por los pasillos, pensó abatido. Pero lo imposible sucedió, Ron reconoció una figura femenina a distancia y corrió a su encuentro.

- Luna, menos mal que te encuentro. – dijo sin resuello por la carrera. – Tienes que decirme la contraseña de tu casa, Hermione está en tu Sala Común y la profesora McGonagall la está buscando.

Luna no pareció sorprenderse demasiado por la información, se limitó a mirar detenidamente a Ron como si tuviera algo interesante que ocultar bajo su piel, como intentando atravesar con su mirada la barrera del cuerpo y poder observar con facilidad su alma.

- Sí, Hermione está en la Sala Común, la vi. – dijo Luna al fin.

Ron intentó no poner los ojos en blanco, pero en verdad que Lunática Lovegood lo estaba desquiciando.

- Eso ya lo sé, solo quiero entrar a buscarla. – dijo intentando no perder la paciencia.

- Yo de ti me pensaría mucho el entrar en esa Sala. – continuó Luna. – No te va a gustar lo que vas a ver dentro.

¿No te va a gustar lo que vas a ver dentro? ¿Pero de qué demonios le estaba hablando Luna? Si pensaba que con esa afirmación convencería a Ron Weasley se estaba equivocando, pues el hecho de que algo malo pudiera estar pasando allí dentro, en el lugar en el que se encontraba Hermione, que algo malo le pudiera estar pasando a ella, lo convencieron todavía más.

- Me da igual, dame ya la contraseña. – respondió automáticamente Ron.

- "Albert Einstein" – recitó Luna. – Los Ravenclaws no tenemos nada en contra de los muggles.- agregó al ver la cara de extrañeza de Ron, pues no sabía quien era Einstein.

Ron se despidió de Luna y se colocó enfrente al retrato que daba entrada a la Sala Común. A diferencia del de Gryffindor, el personaje del cuadro era un centauro, criaturas fascinantes por su sabiduría, de ahí que se colocase en la Casa de Ravenclaw.

Ron reveló la contraseña al centauro y este se movió dejando un agujero similar al de la señora gorda, permitiendo así la entrada del Gryffindor.

Lo que Ron vio al entrar, lo dejó perplejo. Sintió como sus pulmones se quedaban sin aire, sintió como si le hubieran dado una patada especialmente violenta en la boca del estómago. Había estado preocupado durante semanas por Hermione, porque siempre la había querido, porque nunca se había atrevido a decírselo, preocupado, preocupado.

Y ahora estaba horrorizado. La sangre dejó de fluir por sus venas y oía el latido furioso de su corazón, diciéndole que eso no podía estarle pasando, que todo tenía que ser un malentendido.

Pero no, ahí estaba ella, la que tanto quería, por la que hubiese dado su vida, ahí, traidora, sucia traidora. La rabia y el dolor que sintió Ron en ese momento no tenían manera de salir a la superficie. Se había quedado paralizado en el sitio, incapaz de moverse. Ira, desesperación y después… nada. No había forma de mitigar el dolor, de curar el daño. Todo eso sentía Ron, todo eso a un mismo tiempo, y sin embargo, no dejó traslucir ninguna de sus emociones, tan solo la ira se manifestó en las palabras del pelirrojo, que salieron de su boca cargadas de odio, sin que éste se percatara de ese detalle.

- La profesora McGonagall te está buscando. – dijo con la mayor frialdad de que fue capaz.

Hermione se separó de inmediato de Justin, el prefecto de Ravenclaw, con un aura de culpabilidad intensa. No fue capaz de mirar a Ron a los ojos, avergonzada como estaba de su comportamiento, pero sin embargo, el pelirrojo no le quitaba los ojos de encima, y tampoco a Justin.

Hermione se levantó del sofá, para entonces, ya el rubor cubría intensamente todo su rostro. También tenía ganas de llorar. Del pacto que había sellado con Justin, nadie tenía que haber sabido nada. Nada de nada. No se atrevía a levantar la mirada del suelo por miedo a encontrarse con la mirada acusadora de Ron. ¿Cómo podía haberle pasado esto? ¿Cómo y por qué? Ella sabía bien lo que Ron sentía y eso no era todo, era un sentimiento compartido, afín. Lo había sabido desde el baile, desde aquella disputa en el baile, en 4º año. Había disfrutado haciéndolo sufrir, con Viktor Krum, por no quererla, porque no era justo que no la quisiera. Fue entonces, cuando discutieron, cuando Hermione tuvo la certeza de que Ron se había sentido tan mal como ella y supo que eso era por algo. Antes, cada día que se levantaba por la mañana, un pensamiento que la atormentaba le rondaba la mente: "no me quiere".

Salió tras Ron de la Sala Común de Ravenclaw sin decir palabra, no sabía que decir. Ron tampoco parecía encontrar las palabras exactas para transmitirle todo lo que sentía ahora, y tampoco estaba seguro de querer decir nada. Dolor, sufrimiento, desconsuelo, decepción…. una profunda decepción.

Anduvieron largo rato por los interminables pasillos de la escuela, camino al despacho de la profesora McGonagall. Los dos mantenían un silencio espeso, molesto, incómodo, pero ninguno se atrevía a romperlo. Sabían que si hablaban, el orgullo se interpondría, como siempre. Nunca resulta fácil hablar de los sentimientos.

Pero para cuando se encontraban enfrente del umbral de la puerta que Hermione debía traspasar, donde Ron la dejaría para marcharse a su cuarto, ella decidió hablar. Quizás porque sabía que sino lo hacía ahora, probablemente esas explicaciones nunca llegarían. Y su amigo, su mejor amigo, sí se las merecía.

- Ron, yo… - musitó Hermione sin saber como empezar.

- Tienes que entrar. – cortó Ron arisco.

Hermione no se echó atrás con el trato brusco del pelirrojo, sabía muy bien como era. Tenía que hablar ahora o nunca.

- Justin me está enseñando a convertirme en animaga a cambio de que esté con él.- dijo Hermione atropelladamente. Esperaba la reacción de Ron, el cataclismo, los gritos, algo que… nunca llegó.

- Un trato estupendo. – dijo con evidente ironía. – Nunca pensé que caerías tan bajo, que te alejarías de nosotros por tus estúpidas metas. Nunca pensé que me harías esto… - añadió ya bajando el tono de voz, casi avergonzado. – Quieres llegar alto, quieres ser la mejor… tranquila… a este paso lo lograrás, sacrificando cualquier cosa por el camino, aunque esa cosa seamos tus amigos. Triunfarás en la vida, Hermione, estoy seguro de ello, pero que pena que para entonces no tengas nadie con quien compartir tu éxito.

Ron se marchó apresuradamente por el pasillo, sin mirar hacia atrás, sabía que no sería lo suficientemente fuerte si lo hacía.

Hermione se quedó helada. Las palabras de Ron le resonaban en los oídos, su semblante serio, su indiferencia… no sabía que era lo que más le había dolido de ello. No quería ver a McGonagall, no podía verla. Se marchó rumbo a su habitación y se metió en ella con sigilo, intentando no despertar a sus compañeras de cuarto. Corrió las cortinas, y en cuanto hubo enterrado su rostro en la almohada, rompió a llorar. Las lágrimas descendían vertiginosas y silenciosas por su cara, encontrando su fin en las suaves sábanas de la cama, las cuales comenzaban a humedecerse.

Lloraba. El viento azotaba los cristales de la habitación pero nadie parecía despertarse. Sus lamentos eran sigilosos, al igual que el aire, y se morían en sus labios de modo que solo ella misma podía oírlos. Se sintió tal y como Ron le había dicho que se quedaría. Se sintió sola. Soledad y dolor. El dolor a solas. Escondida llorando.

No lloraba tan solo porque había desilusionado a un amigo, sino porque lo que éste le había dicho era cierto. Tenía razón. Llevaba un mes viéndose a escondidas con Justin.

Se sentía sucia, rastrera. ¿Por qué había aceptado el trato? ¿Tan desesperada estaba? Cada sollozo más fuerte que el anterior. ¡Tenía que demostrarle al mundo lo que valía! ¡Demostrar que podía hacer grandes cosas a pesar de su sangre! Y sin embargo… ¿qué estaba dispuesta a dar a cambio de ello?

Sintió dos personalidades, dos "yo", dos voces distintas hablándole en la cabeza.

Una se sentía culpable, dolida, arrepentida, esa voz que daba la razón a las dolorosas palabras del pelirrojo.

Otra le decía cosas que la hacían sentir mejor, pero igualmente sola, sin Ron, esa voz que declaraba que Ron nunca podría entenderla ya que el no tenía que luchar contra los impedimentos de la vida. Su sangre estaba "limpia". ¿Qué quería decir limpia?

Sangre granate, sangre líquida, sangre, sangre… ¿qué diferencia había?

Hermione se durmió tarde, luchando con las ideas en su aturdida cabeza.

Pinchazos de dolor. Traición. Hermione lo estaba matando en vida y cierto era que la seguía amando como la primera vez, más si cabe, sabiendo que en estos momentos lo necesitaba más que nunca. Pero no podía ir con ella, no podía consolarla, no podía… porque sabía que en cada abrazo de la chica, sentiría los brazos traición, que en cada caricia que le regalase, sentiría el tacto de una piel echa de mentiras.

Quería que su Hermione volviese, aquella chica estudiosa, obsesiva, pero que se acordaba de sus amigos siempre que podía. Aquella que quebrantaba las normas por ellos. Aquella Gryffindor, valiente y firme, que comprendía que la amistad era el mayor valor por encima de todos. Que con una sonrisa de suficiencia se conformaba, que no necesitaba mayor demostración para decirle al mundo cuán valiosa era. Hermione… al fin… su Hermione.

Se había prometido no derramar una sola lágrima, pero al pensar en todas esas cosas, no pudo evitarlo. Lloraba como un niño. Porque así era como se sentía, sin ella, sin ella era un niño pequeño a la deriva, sin ella que le mostraba como era el mundo, con la belleza que había en él y también sus injusticias, ella que le enseñaba a vivir. Sin ella estaba perdido. Perdido y solo. Tan sola como lo estaba ella.

Pero era por voluntad propia. No podía ser flexible. No debía ceder ante la mirada de la chica, porque entonces Hermione volvería a olvidarse del valor de la amistad, volvería a perderse entre sus montones de libros, pero no con la intención de divertirse o ayudarse a entender el mundo, sino con la intención de prosperar en la vida, dándolo todo por poder. Entregándose por completo a la grandeza, olvidando para siempre que los detalles pequeños son los que brindan la felicidad verdadera.

La mañana amaneció soleada, como una burla para la tormenta interna de dos personas unidas por un hilo cada vez más fino, a punto de resquebrajarse, en fin, dos almas que son un alma, compartiendo un mismo dolor, sintiéndose unidas por el sufrimiento y separadas por la causa que lo provocó.

Un mes de distanciamiento, un mes de comportamientos extraños, un mes de preocupación, un mes de preguntas con respuestas vagas, insatisfactorias, ese mes había sido así para Ron Weasley.

Un mes de mentiras, excusas, escabullirse, culpabilidad, sabiendo que no hacía lo correcto, sabiendo que no podría ocultarlo por mucho tiempo, ese mes había sido así para Hermione Granger.

Hermione contemplaba sus ojos enrojecidos e hinchados del llanto en el espejo del baño. Intentaba disimular con una leve capa de maquillaje los estragos de una noche de insomnio. Cuando comprobó que, por mucho que se esforzara, se notarían igual las faltas horas de sueño, se dio por vencida y salió del baño dejando paso a Parvati, la cual ya llevaba un buen rato aporreando la puerta.

La castaña se vistió rápidamente con el uniforme del colegio, la blusa mal abrochada y el pelo completamente alborotado. Definitivamente tenía un mal aspecto. Tomó una bocanada de aire intentando que, además de oxígeno para los pulmones, inhalase algo de fuerzas para su ánimo cansado. Luego salió del cuarto sin despedirse de sus compañeras, con la idea en mente de visitar a la jefa de la su casa antes de que empezaran las clases. Todavía tenía media hora por delante antes de pociones con los Slytherin. La perspectiva de una clase tan horrible a primera hora de la mañana y sin haber pegado ojo en toda la noche no le agradaba en absoluto, pero sabía que no debía faltar a clase.

La profesora McGonagall la recibió en su despacho de manera amable, ofreciéndole, como siempre hacía con sus alumnos, una galleta de tritón de jengibre.

- ¿Para qué quería verme ayer a la noche, profesora? – preguntó Hermione directamente, sabía que media hora no era demasiado tiempo.

- ¿Para qué? – exclamó la profesora sin dar crédito a sus oídos. - ¿Es que no sabe la fiesta que se formó en la Sala Común de Gryffindor en su ausencia?

Hermione, que se había llevado un pedacito de galleta a la boca, se atragantó al oír la noticia.

- ¿Cómo? ¿Cuándo? – inquirió entre toses.

- ¿Cómo? – preguntó la Prof. McGonagall con un resoplido burlón. – Creo que no necesito explicarle como se monta una fiesta. Y en cuanto al momento, no sé que estaría haciendo en ese momento usted señorita, pero como prefecta de Gryffindor, su deber era impedir que la fiesta tuviera lugar, y en caso de no serle posible, avisarme inmediatamente.

Hermione bajó la cabeza avergonzada. No tenía ni la menor idea de la fiesta porque en cuanto había acabado su horario escolar había acudido a ver a Justin. ¡Y Ron no le había dicho nada! ¡Debería haberla avisado del motivo por el cual McGonagall quería verla!

"¡Será estúpido! – pensó con rabia."

- Yo… lo siento, estuve ocupada en la biblioteca y… - se excusó Hermione con frases entrecortadas.

- No se moleste en explicármelo. Solo espero que no vuelva ocurrir, sencillamente esperaba mucho más de usted. – contestó la profesora secamente.

Hermione asintió silenciosa, disponiéndose a abandonar el despacho.

- Otra cosa señorita Granger. – dijo la prof. McGonagall antes de que la chica hubiera tocado la puerta. – Debería saber que el señor Potter se marchará del colegio en compañía del director Albus Dumbledore. En la ausencia de ambos, Severus Snape y yo ejerceremos la función del director en conjunto. Creo que le corresponde saberlo. – anunció ella.

- ¿A dónde se van? ¿Y cuándo? – preguntó Hermione desconcertada.

- No lo sé, para mayor seguridad el director creyó que no sería conveniente que lo supiera. – replicó la mujer. – Y cuando… lo más pronto posible.

- ¿Desde cuándo lo sabe Harry? – inquirió Hermione.

- El señor Potter se enteró ayer a la noche, es lógico que no lo haya mencionado. Y referente a esto, no hable de ello con nadie más que no sea Potter, ¿entendido?

- Sí, pero…

- Me temo que usted tiene muchas preguntas y yo no dispongo del tiempo necesario para responderlas todas, hable con el señor Potter. – cortó secamente la jefa de Gryffindor.

La Gryffindor salió algo contrariada del despacho de la profesora, pero también aliviada, porque después de todo McGonagall no se había enfadado con ella. Hermione se maldijo por su imprudencia al entrar en el despacho de la mujer sin siquiera saber a lo que tenía que enfrentarse, y de paso, también maldijo a Ron por no haberla avisado.

Con pasos firmes se dirigió hasta las mazmorras, donde los demás estudiantes de Gryffindor y Slytherin comenzaban a agolparse ante el aula de Snape.

El profesor llegó tan solo unos instantes después que ella, abriendo la puerta de la clase y ordenando a los alumnos que entrasen en el aula de pociones ordenadamente.

Hermione se fue a colocar junto a Harry y Ron, evitando por todos los medios mirar a éste último. No hizo falta un gran esfuerzo por parte de la chica, porque al ver el lugar que ocupaba Hermione en la clase, el pelirrojo se cambió de sitio inmediatamente, yendo a sentarse al lado de Seamus y Dean.

- Traes muy mala cara, Hermione, ¿qué te sucede? – preguntó Harry preocupado.

- No he dormido bien. – contestó la castaña evitando por todos los medios la mirada indagadora de su amigo.

- Se nota. – le dijo con una sonrisa. – Pero no es eso, ¿verdad?, os habéis vuelto a pelear. – agregó mirando a Ron de reojo.

Hermione movió la cabeza afirmativamente.

- ¿Por qué si puede saberse? ¿Qué ha sido esta vez? Ron no ha querido contarme nada. Tampoco ha dormido nada bien, ¿sabes?

La chica lo miró finalmente a los ojos, dispuesto a desahogar las penas con el único amigo que le quedaba, ya que a Ginny no podía hablarle, la había traicionado. Ya solo le quedaba él, el niño que vivió, él, que siempre estaba ahí cuando más lo necesitaba.

- Señor Potter, señorita Granger, hagan el favor de callarse, 20 puntos menos para Gryffindor. Potter, siéntese con Longbottom y Granger, usted hará pareja con la señorita Parkinson.

Pansy le dirigió una mirada despectiva a Hermione mientras ésta ocupaba el asiento contiguo al suyo, Hermione se limitó a ignorar la existencia de la chica.

Snape acaba de crisparle los pocos nervios que le quedaban, interrumpiendo su conversación con Harry, la conversación que esperaba que se convirtiera en el único consuelo del día. Además quería conocer los detalles de su partida. Lo echaría de menos.

La clase transcurrió con normalidad, es decir, Neville acabó en la enfermería y Gryffindor con unos cuantos puntos menos, restados, como no, de la manera más injusta posible.

Harry salió de la clase con la horrible risa de superioridad de Malfoy todavía repiqueteándole en los oídos.

- Como lo odio… - le dijo a Hermione con los dientes apretados.

- Yo también – le aseguró la muchacha sonriendo.

- Oye… creo que ibas a contarme algo. – le recordó el moreno.

- Sí… solo que no te enfades, ¿vale? – dijo ahora un poco inquieta porque no sabía como iba a reaccionar Harry.

El muchacho afirmó vehemente.

- Este mes… que siempre me preguntabais que hacía y a donde iba… que qué me pasaba… que si estaba rara…

- No hace falta que sigas, ya lo sé, ya sé que estás con Justin. – informó Harry.

- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes? ¿Por qué no me lo dijiste en todo este tiempo? – inquirió molesta.

- Esperaba que tú me lo dijeras, creo haberte dicho montones de veces que puedes confiar en mí. – replicó Harry con dulzura, pero en su tono de voz se podía notar un ligero reproche.

- No se trata de falta de confianza – se defendió ella – Sino de que si te lo contase, Ron se acabaría por enterar.

- Eso no es verdad. Ya ves que yo lo sabía y Ron no, solo quería hablar contigo, aunque quería comprobar cuanto tiempo tardarías en contármelo. – aseguró Harry.

- Pues Ron ya lo sabe, eso es lo que me pasa. – soltó Hermione de pronto.

Los sentimientos la estaban ahogando por dentro, intentaba detener el torrente de emociones, pero se le estaba haciendo imposible. Harry lo notó, porque en seguida la abrazó rompiendo por completo las escasas defensas de la muchacha que todavía se mantenían.

- Tranquila… - susurró Harry al oído de la chica.

Hermione solo se aferró con desesperación a Harry, mientras nuevas lágrimas empapaban su rostro. La sensación fría y el sabor salado en su boca la devolvieron a la realidad, no había tiempo para lamentos.

- Harry, te vas…

Harry la agarró por los brazos separándola de sí, mirándola directamente a sus ojos color miel.

- ¿Cómo sabes eso?

- Ya ves… no eres el único que se entera de cosas que no debería. – respondió Hermione con una sonrisa amarga.

- En serio…

- McGonagall me lo dijo. – respondió escueta.

- Sí, McGonagall te buscaba ayer por la noche, te perdiste una buena fiesta, ¿sabías? – dijo Harry sonriendo.

- Si hubiera estado no habría fiesta. ¡Ron es un irresponsable! Debería cumplir sus deberes como prefecto con mayor escrupulosidad. – reprochó Hermione alzando la voz.

- Como tú, ¿no? Que en lugar de vigilarnos como te corresponde te fuiste a la Sala Común de Ravenclaw a liarte con Justin. – espetó Harry.

- ¿De qué parte estás? – protestó Hermione empujando a Harry lejos de ella y dándose a la fuga.

- ¡Hermione! ¡No seas tonta! ¡Hermione! – gritaba Harry mientras corría a toda prisa tras la chica, que no se detenía en más miramientos.

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Hola mis niñas!! Jejej... muxas asias x el apoyo, eh? Espero q os vaya gustando más el ff conforme vaya avanzando, xq reconozco que el principio no es gran cosa, a pesar de eso os tengo que decir que este es mi ff preferido de entre los que yo he escrito, quizás en gran parte porque es el último y se supone que cada vez se debe de escribir mejor, se supone¬¬...

Y el ff de Buscando a Harry ya lo tengo prácticamente terminado, por eso puedo publicarlo más a menudo. Respecto a ese ff pediros perdón porque con las prisas por subir el capítulo olvidé saludaros ¬¬'

¡Menudos despistes los míos! Solo espero que con las vacaciones de navidad pueda escribir más. De momento muxas gracias a mis dos lectoras.

Nakumi: Vero, preciosa!! Pues este ff no es un draco/herm de momento, todo dependerá de los lectores. Cuando ocurra lo que se dice en el título, el personaje de Draco cobrará importancia, de momento no deja de ser el mismo incordiante de siempre, como en los libros... jejej. Asias x el rewiew!!

Xtinamic: Cris!! bienvenida!! Yo tb espero que os vaya gustando el ff a menudo que avanza, espero que te guste este cap, me costó mucho trabajo escribirlo porque es muy largo y aún así tuve que dividirlo en dos partes. Asias x el rewiew!!

Y ahora, si habéis leído, por favor, me encantaría que dejaséis rewiews, ya sean comentarios buenos o malos, acepto críticas, después de todo escribo porque me gusta y considero que todavía estoy aprendiendo.

Solo tenéis que darle al Go!! Bsos!!