3. EL GRAN DÍA
Aún quedaban pocas cosas por empacar y ya se acercaba mi hora para dormir, tuve que salir a la cocina y vi a Reneé escribiendo algo así como una carta que indudablemente era para mí, tenía que temer por ese momento, cuando volví de rellenar mi taza de café, vi a Reneé salir de mi cuarto, y en ese momento en verdad temí. Si había algo que podía hacer llorar a Alice, eran las cartas que esporádicamente yo le escribía, y era una habilidad que había heredado de mi madre, yo sabía que lloraría y mucho al leer la melancólica carta que Reneé había dejado para mí. Estaba llena de todo sentimiento, me estaba yendo de mi casa, estaba dejando mi convivencia con Reneé de 22 años, recién cumplidos, pero era tiempo, y aunque era un manojo de emociones, debía concentrarme en empacar, pero la carta de mi madre, no me iba a dejar hacer todo lo demás, así que le llamé a Edward.
-¿Quieres que yo te la lea? – Dijo pausadamente, pero con firmeza en la voz
-¿Harías eso por mí? – yo no sabía lo que era firmeza en la voz, y entonces Edward tomó el papel de mis manos y comenzó a leer la carta de Reneé, la leyó con tal perfección que no sabía si llorar por la hermosa carta o por la hermosa voz que me estaba leyendo.
A los pocos minutos, Edward ya había terminado de leer el mensaje de mi madre y yo era un manojo de lágrimas.
-Sal con tu mamá Bell – me ordenó – yo aquí te espero, tárdate lo que necesites, aquí estaré – entonces me dio confianza y salí corriendo a abrazar a Reneé.
La abracé por unos minutos y luego me dijo que estaba orgullosa de mí, regresamos al abrazo, me dijo palabras de "Mamá" y seguimos llorando un poco más, pero se sintió bien, había paz, y era un nuevo comienzo.
Volví a mi cuarto a llorar con Edward y disculparme por el desastre lacrimógeno que era, pero por ese momento, no me importó que él me viera echa un vil moco, logré dormirme, Edward se quedó esperando hasta que me durmiera, como siempre y luego se fue.
Edward pasó por mí, y llegamos a mí aún entonces casa, yo comencé a meter cajas su choche, a la camioneta de Reneé y por donde podía, cuando menos me di cuenta, mi vida estaba lista en cajas para ser trasladada, nos encontrábamos en el estacionamiento, ese, en dónde había pasado esa cosa del beso, cuando me abrazó y dijo:
-Vete en el coche con tu mamá Bells – ordenó
-¡No! – alegué, ¿cómo iba a perder momentos con Edward viajando con Reneé a quien había visto siempre?
-Yo te seguiré viendo diario, ella ya no, por mi no hay problema, vete con tu mamá Bella – y así fue la orden, y con esas condiciones explícitas, ¿Cómo me iba a negar a hacerle caso? Así que tomé lo último que quedaba y me subí con Reneé a su camioneta, contrario a lo que yo pensaba, no me atacó con ideas y cosas, de pronto el coche de Edward iba a la misma altura que nosotras y comencé a hacerle caras desde la ventanilla.
-¿Ya es tu novio verdad? – preguntó Reneé, en un tono más afirmativo que interrogativo.
-No – contesté secamente con un dejo de desilusión
-¿Cómo no? – respondió Reneé tal vez algo exaltada, o molesta por que para ella yo estaba negando algo – viene y va por ti, esta todo el tiempo al pendiente de ti, de que te pasa, de que comes, de que haces, te ayuda con la mudanza, por Dios Isabella Marie Swan – mencionar mi nombre completo ya era indicio de problema – Si eso no es tu novio entonces ¿qué es? Esas cosas que él hace, no son de amigos.
Y entonces no supe que contestarle, Reneé sabía mas por parloteos de Alice que por mi propia voz lo que había pasado en mi cumpleaños, y para ella eso bastaba para que Edward fuera mi novio, cosa que no era.
-Solo nos besamos en mi cumpleaños – dije mientras seguía haciéndole caras al coche de Edward – No porque nos hayamos besado es mi novio – argumenté convencida de mí misma como si no me molestara, y Reneé no omitió sonido alguno, hasta que llegamos a mi casa, después de bajar todas mis cosas.
-Te la encargo, cuídamela mucho. – Le dijo Reneé a Edward, mientras sinceramente, le estaba encargando la vida de su única hija, por su puesto mi madre era mas ilusa que yo en esas cosas, así que omití lo que pasaba ahí.
-Haré lo que esté a mi alcance – respondió Edward seguro de la gran promesa que le acaba de hacer a Reneé.
Había sido un día muy largo, subimos a mi nuevo cuarto y yo solo podía ver cajas llenas, llenas de mi vida y de posibilidades nuevas, estaba tan concentrada admirando mi nuevo cuarto que por menos de un segundo olvidé la presencia de Edward hasta que habló.
-Mañana armo tu cama – armar el armatoste de cama que tengo, había sido parte del trato de Edward en eso de la mudanza – solo déjame mover unas cajas y acomodar tu colchón para que duermas bien hoy – agregó mientras ya caminaba por mi cuarto acomodando cosas y yo ya no tenía atención para nada más que Él.
Movió cajas y acomodó mi lugar para dormir, estaba tan cansada que sin pensarlo me tiré en el colchón y cuando estaba a punto de que mi mente viajara a otro lugar, Edward se acostó junto a mí. No supe en qué momento pasó pero estaba tan abrazada de él que no quería que eso terminara nunca, de pronto se acerco a mí, pero fue tan rápido que no me dí cuenta cuando puso sus labios sobre los míos, me quedé en blanco, ¿Edward me estaba besando a MÍ? Tarde mas tiempo que en mi cumpleaños en reaccionar, pero lo hice a tiempo, y entonces lo besé, solo que esta vez el beso no era tan cuidadoso como en mi cumpleaños, era como si el mundo se estuviera acabando y solo existiéramos el y yo, nada mas importaba, nunca en toda mi vida había sentido tanta paz, amaba la sensación de sentir sus manos en mi cintura y en mi espalda, era la mejor sensación del universo, no pensaba en nada, quería abrir los ojos para poder verlo, pero estaba tan concentrada que me era imposible, disfrutaba cada momento del beso, no sabía si iba a poder tener otro momento así, no sabía por qué estaba pasando esto, simplemente me dejé llevar, y Edward y yo fuimos uno, el mejor momento de mi vida hasta ese momento, no quería que terminara, no quería dejar de abrazarlo, no podía separarme de él, al final puso mi mano sobre su pecho, y nos quedamos en silencio, yo no sabía que decir, mucho menos qué pensar, y para mi mala suerte, mi hermoso momento había terminado pues Edward tenía que irse.
A penas estaba cerrando la puerta cuando sonó mi celular.
-¡Cuentame todo!
-¿Alice?
-¡No! Tu conciencia, claro que soy Alice, ¿quién mas te podría llamar?
-mmm – me quedé en silencio pues por un segundo dude de los motivos de Alice para llamarme, hasta que reaccioné.. -¡Alice! – grité aterrada, es que ¿no podía tener momentos de privacidad?
-¿Cómo fue? ¿Qué te dijo? – preguntó con demasiada incertidumbre
-Alice, si ya lo viste ¿para qué quieres que te cuente? Además, es como que algo muy personal entre Edward y yo ¿no crees? A parte no me siento bien, quiero dormir.
-¿cómo que no te sientes bien?¿No deberías estar brincando de felicidad? O algo por el estilo… - me interrogó extrañamente asombrada por mi respuesta
-No Alice, estoy… confundida – dije con la voz muy apagada
-¿Confundida? ¡Bella! – me gritó - ¿Qué no se supone que mi hermano es lo que mas quieres en el mundo?
-Si, Alice, quiero a Edward mas que otra cosa en este mundo en este momento, pero lo que pasó, bueno no sé ni siquiera que signifique, Alice estoy confundida porque no sé que siente Él, no por lo que yo sienta, bueno, ni se como sentirme, ¿te molestaría si mejor hablamos mañana?
-No no me molesta, pero te recuerdo que tu platica del beso, bueno, creo que ahora hay algo mas importante que discutir con Edward.
-Te llamo mañana Alice – y cerré mi teléfono sin darle oportunidad de seguir hablando.
Me fui a dormir, me costó trabajo lograrlo, a pesar de en verdad sentirme cansada, todo pasaba por mi cabeza, mi primer noche fuera de casa, mi primer noche sola, mi primer noche… con Edward.
