4. EL COMIENZO DE NADA

Tenía que ir a recoger unas cosas que había dejado en casa de Reneé, así que aproveché que Edward estaría ocupado y le pedí a Leah que me acompañara.

-¿Qué tienes? Estas como rara – me interrogó
-Estoy confundía…
-Adivino, tu confusión empieza con Ed y termina con Ward… - dijo a modo de hacerme reir o algo, pero falló en el intento
-Sí, es que bueno, no sé, son muchas cosas, lo que pasó en mi cumpleaños, la mudanza, cosas…
-¡¿Cosas? Bella ¿qué hiciste? – me gritó
-Ok si me vas a regañar entonces no cuento nada – entonces Leah hizo un ademán de sellarse la boca y me alentó a continuar – se supone que debería estar felíz ¿No? Y sonriendo, pero no puedo, ¿y sí esto fue un error? ¡Ay Leah! Edward no es mi novio, y no sé siquiera si le gusto
-¡ISABELLA MARIE SWAN! – de nuevo mi nombre completo – ¡Te besó en tu cumpleaños! ¿Cómo preguntas si le gustas?
-Corrección, YO lo besé, y el hecho de que haya sido bien correspondido no significa nada – dije tratando de que la molestia en mi voz no fuera tan evidente.
-A oídos necios… - me interrumpió – Bueno, omite lo de tu cumpleaños, y ayer ¿Qué?
-Pues ayer me confunde y es por eso que no traigo la sonrisa que se supone debería tener, sé lo que siento por Él, siempre ha estado muy claro, pero ¡es Edward! ¿Qué posibilidad hay en el mundo?
-Bella, tienes que hablar con Edward sobre lo que pasó – y por alguna razón sentí como si fuera Alice la que hablara.
-Oh no ¿Tu también saldrás con lo mismo?
-Si me explicas te entiendo
-Alice, no ha dejado de fastidiarme desde mi cumpleaños y ahora peor, insiste en que hable con él
-Pues es la mejor forma de arreglar tus confusiones

No le di detalles sobre el día anterior a Leah, ya tenía suficiente con las visiones de Alice persiguiéndome todo el tiempo, y era algo que solo nos incumbía a Edward y a mí, sobre todo a mí, dudaba mucho que Edward tuviera la cabeza echa un revoltijo como yo, probablemente ya lo había olvidado, para mi buena suerte.

Fuimos a casa de Reneé quien en un solo día ya había convertido mi cuarto en su espacio personal, en definitiva yo no iba a volver a esa casa, mas que como invitada ocasional, estuvimos poco tiempo y regresamos a mi casa, estaba tratando de poner orden entre tantas cajas cuando sonó mi celular, estaba muy atrapada como para ir por el así que le pedí a Leah que contestara.

-Es Edward, que si le abres la puerta
-¿A qué hora llega? – pregunté con el corazón a punto de salirse de mi ser
-Ya está aquí – agrego pausadamente

¿Qué no podía tocar el timbre? Me iba preguntando mientras me dirigía a la puerta. Me quedé petrificada cuando abrí la puerta, ¿siempre había sido tan guapo? Tenía que controlarme, suficiente tenía con no poder aguantarle la mirada como para ahora empezar a hiperventilar.

-Hola Bells – Me abrazó y me saludó, tan normal como cualquier otro día, tal vez mi teoría era cierta y él ya lo había olvidado y por lo tanto no tendría que tocar el tema.
-Hola – contesté con la voz un poco apagada pero intentando parecer normal, a Edward no se le escapaba nada y cualquier movimiento de cejas o tono inadecuado de voz, hubiera desatado un bombardeo de preguntas que simplemente no iba a saber cómo contestar – Está Leah, me acompañó con Reneé y me está ayudando a acomodar cosas – agregué mientras llegábamos a mi cuarto.

Edward hizo lo prometido en cuanto a armar mi cama, mientras Leah y yo sacábamos cosas de las cajas. Nos tomó casi toda la tarde lograr que mi cuarto tuviera forma de cuarto y no de bodega, Leah tenía que regresar a la reserva, pues ya era algo tarde así que mi Edward se ofreció a acompañarme para llevarla. ¡¿Mi Edward? Que valiente era al pensar en él en ese concepto.

Regresamos a mi casa nuevamente cansados, habían sido días muy pesados, cambiar tu vida de escenario es mas difícil de lo que la gente cree, la última vez que me había mudado por completo había sido cuando Reneé y yo habíamos dejado la casa de mi abuelo para hacer nuestra vida solas, aunque esta vez era totalmente diferente.

Edward puso música y nos sentamos en el sillón, era increíble como sin importar cuanto tiempo estuviéramos juntos, siempre había algo de que hablar, de pronto me tomó por sorpresa… me estaba besando de nuevo, bueno, ¿qué en verdad le gustaba? O ¿por qué me besaba en la primer oportunidad que tenía?

Al otro día, Alice aprovechó que Edward no estaría toda la tarde conmigo así que ella ocupo su lugar en mi cuarto esta vez, tenía mucho que no la veía y necesitaba platicar con ella, aunque por supuesto todo lo que yo pudiera decir ella ya lo sabía.

-¿Quieres hacerme el favor de dejar ese celular en paz un rato? ¡No tiene ni una hora que se fue! – Me gritó Alice mientras intentaba sin éxito arrancarme el celular de las manos, no dije nada, solo hice un gestito de desaprobación y entrecerré los ojos – En lugar de ver fijamente tu celular mejor cuéntame que ha pasado entre tu y Edward, desde que vives sola él te ve y habla mas contigo que yo, empiezo a ponerme un poco celosa – Dijo mientras aventaba mi celular lejos de mi alcance.
-Alice por favor no seas ridícula, no es verdad, sigo hablando contigo como antes, y obvio te sigo contando todo, prácticamente sabes todo antes de que pase.
-Si bueno, tal vez dramatice un poco, pero es que Edward de alguna forma se ha vuelto… tu vida
-¡No es verdad! Sí lo quiero, mucho, pero, creo que no es para tanto, además, no es mi novio Alice, eso cambia mucho las cosas, y no se si él – me interrumpió abruptamente el sonido de un mensaje en mi celular, así que brinqué hasta donde Alice lo había aventado y lo abrí de inmediato.
Pegué un gran grito, como si hubiera visto algo horrible, como si de mi celular hubiera salido una araña.
-¡¿Qué pasa? – pregunto Alice un poco asustada y confundida por mi reacción.
-Me quiere…. ¡Alice! ¡Me quiere! – Grité sin apartar la vista del celular y con los ojos comenzándose a humedecer.
-…Y te diste cuenta ¿en qué momento? Digo, porque supongo que hablamos de Edward, ¿cierto?
-Si, Edward, su mensaje, dice "Te quierooo Bells"
-¡Bella! ¿es en serio? Me vas a decir qué, ahora ya crees que Edward te quiere, porque te lo mando en un mensaje…
-No te burles, es que nunca me lo había escrito, de hecho creo que nunca lo había dicho así – Dije mientras seguía viendo fijamente mi celular, quería tatuar esa imagen en mi memoria.
-Bella, en verdad no puedo creer lo que me estas diciendo, es mas que obvio que Edward te quiere, digo, ve todo lo que hace por ti siempre, esta al pendiente de todo lo que haces de cómo estas, y sabes que si por alguna razón no te encuentra en casa me llama para saber cómo estas, a lo que voy, es que no puedo creer que entonces, si no te hubiera mandado ese mensaje, tu seguirías pensando que no te quiere…
-Alice perdóname pero yo no soy adivina, y hay cosas que necesito que me digan, bueno, ¿podrías dejarme disfrutar mi momento?
-Ok, pero en verdad no olvides que si te quiere, y tal vez para él no sea necesario decirlo, pero en verdad yo no pondría eso en duda.

Yo seguí viendo mi celular, pensando en los infinitos escenarios en los que pudo haber estado Edward, y el motivo que lo llevó a escribir eso, Alice decidió ya no decir nada, y después de mi shock emocional, decidió sacar las fotos que acabábamos de imprimir y empezó a ponerlas en mi pared, pero había una que sin duda acaparaba toda mi atención, era la foto que tenía con Edward de mi cumpleaños, no dejaba de verla, era como si estuviera soñando, en verdad él era lo mejor que me había pasado en la vida, y aunque Alice lo sabía, me daba miedo aceptar que en verdad sin él, me iba a ser difícil respirar, estaba mal, esto no era normal.
Terminamos de acomodar las fotos y Alice se fue, yo me fui a dormir viendo mi celular, había sido por mucho, el mejor mensaje que había recibido en la vida.