5. La Lista

Había sido un día muy difícil para Edward, llegamos a mi casa molestos pues habíamos tenido una discusión en su coche, al grado de que termine fumando un cigarro a pesar de saber lo mucho que odiaba que fumara. Me senté junto al sillón, estábamos en silencio, mi cabeza estaba llena de muchas cosas que quería decirle, pero tenía miedo, y como siempre, me callé, pero tenía que sacarlo, así que tomé mi cuaderno y comencé a escribir con mi torpe letra todo lo que sentía.

-Ya me voy – Dijo Edward mientras se dirigía a la puerta, yo corrí para interceptarlo en cuanto entedí el concepto de lo que intentaba hacer
-¿A dónde vas? – Pregunté desconcertada
-A mi casa, no sé – Contesto con un tono seco, como si sus palabras no tuvieran vida
-No te… vayas – Dije pausadamente
-¿A qué me quedo? ¿A que no me digas nada? ¿A ver como te pones a escribir y no se nada? – En ese momento sentí como si algo me golpeara, así que regresé a donde me encontraba, tomé el cuaderno en donde estaba escribiendo, señale la otra mitad del sillón y le pedí que se sentara junto a mí.
-¿Quieres saber que dice? Bien, ven, siéntate – Dije un tanto hostil, y aun no sabía si estaba realmente convencida en querer que Edward supiera todo lo que estaba escribiendo, eran pensamientos sobre él, cosas que por alguna razón no quería decir, pero si eso iba a evitar que se fuera, debía hacerlo, así que tome el cuaderno en cuanto Edward de sentó junto a mí y comencé a leer, me temblaba la voz, tenía un nudo en la garganta y sabía que era muy probable que terminaría llorando al leer, pero era eso contra que se fuera.

"Tengo ganas de decirte lo que se siento, pero no lo hago, por que me da miedo que te alejes, por que no buscas nada serio de verdad, y yo no voy a pedir algo que no puedas darme, prefiero tener esto sin nombre a perderte, aunque, no entiendo, tu no quieres un relación y esto bueno ¿que es? Quiero decir, ¿Qué haces aquí? No me refiero físicamente, hablo en general…-hice una breve pausa y voltee a verlo, él tenía la mirada fija en algún punto perdido en mi cuarto, pero sin duda me estaba escuchando, estuvo a punto de hablar y lo interrumpí pidiéndole me dejara terminar, así que continué, ahora me intrigaba cualquier cosa que pudiera decir, aunque también me aterraba…- quiero decir te molesta todo de mí, siento que siempre estás tratando de cambiarme, que si soy esto y debería ser lo otro, y de pronto yo no sé que hacer con esta cara de tonta que pongo todas las mañas cuando te veo, sí ya sé cada quien pone la cara como puede – Él sonrío – y luego, la sonrisa que dibujas en mi cara todo el día con solo verte 2 minutos por la mañana, y a veces me pregunto ¿Por qué no mejor te vas?¿Que haces aquí si nada te gusta y todo te molesta? Ni siquiera es como si te gustara tanto."

Cerré el cuaderno y no había mas que puro silencio, hasta que Edward habló.

-¿Todo me molesta de ti? – Pregunto incrédulo
-Sí – Conteste altamente segura de mí
-¿Qué crees que me gusta de ti? A ver, si alguien te preguntara ¿Qué le gusta a Edward de ti? ¿Qué contestarías?
-Nada…
-¿…..Nada? – Ahora parecía como si Edward no entendiera nada de lo que yo había dicho – Bueno entonces dime qué me molesta de ti, según tú…
-Pues todo – Conteste breve, y evitando a toda costa verlo a los ojos
-Ok hagamos algo, toma tu cuadernito y escribe, si en verdad quieres saber que me molesta de ti, ok, ahí te vá – Y empezó a dictarme, así que empecé a escribir, de su hermosa voz, a mi torpe letra.

"-Me molesta que no me puedas ver a los ojos.
-Me molesta que seas tan frágil y con todo te rompas.
-Me molesta que te sea difícil creer las cosas buenas.
-Me molesta que fumes.
-Me molesta que no te arregles, no por que lo necesites o te veas mal, si no porque te sientes mal cuando no lo haces, y me molesta verte así."

Terminó de hablar y esta vez fui yo la que interrumpió.

-¿Es….Todo?
-Sí, es todo lo que me molesta de ti.
-No te puedo ver a los ojos porque me pones nerviosa, y entonces se me olvida lo que tengo que decir o lo que deba debo decir, perdón.
-¿En serio no crees que eres bonita? – No contesté, por supuesto, es decir, no hablé, algún ente de pronto me había dejado sin voz, moví mi cabeza hacia los lados, fue todo lo que pude hacer, pero me entendió – ¿Necesitas que esté aquí todos los días para recordarte que lo eres? No te ofendas, lo digo en serio, no es sarcasmo, si necesitas que lo haga para que te lo creas, lo hago – esta vez solo agaché la cabeza, no contesté ni con un gesto, así que aprovecho que yo no estuviera hablando, de pronto tomo el cuaderno y comenzó a escribir, no me dejó ver, y de pronto comenzó a leer.

"-Me gusta que eres inteligente.
-Saber que vives sola.
-Me gusta que nunca te quedas callada.
-Que no tienes miedo a aprender.
-Tu risa tonta.
-Que sabes tocar la guitarra.
-Que tienes amigos que darían la vida por ti – alejó la hoja e hizo un comentario- En parte te envidio eso, Alice daría la vida entera si pudiera por ti, yo quisiera tener ese tipo de amigos – el nudo en la garganta me regresó, pero el continuó leyendo.
-Me gusta que te gusta leer.
-Que hay cosas que te apasionan – y agregó- Como ese librito que tienes ahí – Señalando mi libro de Cumbres Borrascosas.
-Eres bonita.
-Me gustan tus nombres y tus ojos."

Terminó de leer y me pasó el cuaderno.

-Guardala, y cada vez que te sientas mal, leela, si quieres también puedes guardar la de las cosas que no me gustan, asi podras comparar y darte cuenta que me gustan mas cosas, que las que no me gustan – me ordenó, traté de que no se diera cuenta de que intentaba secarme las ridículas lagrimas que estaba derramando, pero fallé en el intento, me tomó de la cintura y me acomodó entre sus brazos, tenía que dejar de llorar ahora.

Estaba por llegar esa hora del día que yo tanto odiaba, sí, cuando él se tenía que ir, de pronto, puso sus labios sobre los míos y me besó, era tan perfecto, hasta que interrumpió mi momento.

-Me tengo que ir
-Lo sé – dije sin apartarme de sus brazos - ¿Te veré mañana?
-No lo sé, te llamo en la tarde ¿esta bien? Ha sido un día difícil, espero logres entender.
-Esta bien, solo no olvides llamarme.
-Lo prometo. Te quiero – Agregó mientras se despedía, lo cual provocó que yo reaccionara aventándome hacia sus labios nuevamente bloqueándole la salida de mi casa.
-Yo también te quiero – Dije mientras me reponía de ese ultimo beso.

Regresé a mi cuarto, tomé la lista y la leí tal vez 10 veces hasta que me quedé dormida, esa noche no tuve pesadillas.