7. Un Viaje

Desperté gritando, una vez más, no entendía que pasaba, odiaba esas pesadillas, que en realidad era solo una, me partía el alma verlo con ella, y solo era un sueño.
Un par de meses atrás, mi amiga Ángela había decidido organizar un viaje de fin de semana para celebrar su cumpleaños, incluso había invitado a Edward, yo llevaba toda la semana tratando de convencerlo para que fuera, pero no lo logré, el fin de semana llegó, mi maleta estaba lista y Edward se quedaría en la ciudad mientras yo me iba de viaje con mis amigas.

-Vamos, ve conmigo, por favor – Dije con la voz entrecortada
-No puedo Bella, lo sabes –Contesto, serio, sin ganas, eso me preocupaba
-De regalo de cumpleaños, por favor – Insistí
-¿Tu crees que no me gustaría ir?
-Pues parece que no – Contesté casi resignada a que no había forma de convencerlo
-¿Por qué tanta insistencia en que vaya? – Cuando lo escuché, algo en mi cabeza me gritó "Bella recuerda Edward NO es tu novio, y no tiene porque ir contigo" así que, me hice a la idea de que no pasaría un buen fin de semana con él.
-Ya olvídalo, no importa.
-Tampoco es para que me levantes la ceja, ni para que hagas puchero – Dijo a modo de hacerme reír para que se me pasara el coraje, pero no lo logró, me conocía tan bien, sabía que si levantaba la ceja era señal de que no estaba nada contenta – Te escribo mañana – agregó antes de despedirse.
-Si pues ya que – Finalicé.

Me fui a acostar enojada y triste, solo era un fin de semana lo que pedía, tampoco era como si pidiera que viviera conmigo o se escapara para siempre junto a mí, pero esa voz en mi interior tenía toda la razón del mundo, Edward no era mi novio, y no podía pretender que estuviera siempre conmigo en mis aventuras, por más que quisiera, por más que me hubiera gustado compartir otras cosas de mi vida con él. Empecé a llorar antes de poder conseguir quedarme dormida, no entendía nada, todo me daba vueltas, Edward no me quería, eso era lógico, pero ¿Qué hacía conmigo entonces? Supongo que no tenía otra cosa más interesante en que ocupar su inmortal vida, tenía tantas preguntas en mi cabeza, ya no me quería seguir atormentando, pero solo tenía de dos, pelear con mi yo interno con mis preguntas o arriesgarme a dormir y tener esa pesadilla, me ganó el sueño entre lágrimas y dudas, y este mismo fue interrumpido en la mañana por otro grito ocasionado por mi pesadilla.
Eché lo que faltaba a mi maleta y esperé a que Ángela y Ben pasaran por mí, le había dicho a Edward que me mantendría sin comunicación con el ese fin de semana, así que envié un último mensaje avisándole que me iba y agregando un "Te quiero"

Llegamos a la casa que Ángela había rentado, en verdad todas las ganas que había guardado para fiestear este fin de semana, habían desaparecido desde que Edward me había confirmado que no iría, pero no le podía hacer esto a mi amiga, tenía que poner buena cara, al menos debía intentarlo, así que decidimos nadar un poco sin importar realmente la hora ni el clima, pero era imposible, no dejaba de pensar en cuanto quería que Edward estuviera en ese momento, lo necesitaba, no me sentía completamente a gusto, me faltaba eso que él me daba para poder decir que estaba feliz y disfrutando de mi fin de semana. Después de una larga noche me fui a dormir, al menos estaba suficientemente cansada como para no soñar ese día.

Despertamos para desayunar, estábamos bastante desvelados y los demás amigos de Ángela estaban por llegar, continuamos la fiesta y traté de no pensar en Edward, pero no podía evitar revisar cada 5 minutos mi celular con la esperanza de recibir un mensaje de él. Por otro lado, Ángela hacía constantes preguntas sobre mi relación con él, preguntas que no le sabía contestar, de igual forma, cada cosa que ella me decía me plantaba pequeñas semillas de inseguridad, y dudaba cada vez más de lo que tenía con Edward, me estaba torturando demasiado, y algo en mi pecho empezaba a doler, como si me estuvieran aplastando el corazón, y de paso los pulmones, odiaba esas veces en donde olvidaba respirar por estar pensando en otra cosa, así que por propia salud mental decidí dejar de escuchar a mi amiga, estuve a punto de mandarle un mensaje a Edward, pero me resistí, también quería hablar con Alice, pero lo mejor era dejar de pensar, así que regresé a la alberca y seguí festejando con los otros amigos de Ángela, decidí que si a él no le importaba, a mí tampoco me tenía que importar, al menos no tanto como estaba sucediendo.

Abrí los ojos y ya era de día, aun seguía mareada, no debí haber tomado tanto, pero ya estaba hecho, aun nos quedaban unas horas antes de tener que regresar así que para revivir nadamos otro poco, desde el día anterior había guardado el celular en la maleta para evitar tentaciones de querer llamar a horas no adecuadas y en el estado menos adecuado, guardamos las cosas en el coche de Ángela y nos encaminamos de regreso a la ciudad.

-Entonces el tal Edward no es tu novio, ¿correcto? – Dijo Ben, el novio de Ángela en un tono bastante burlón que me molestó
-No – conteste a penas con ganas
-Y entonces ¿porque tanto drama por qué no vino contigo? Digo no tiene la obligación
-¡Cállate Ben! – Le ordenó Ángela, a modo de evitar que yo rompiera en llanto por el ataque
-Déjalo Ángela, tiene razón, no debí esperar que Edward viniera, y tampoco debí insistir tanto – Contesté tratando de que no me importara tanto la realidad que estaba viviendo.
-Para mí que Edward en verdad tiene una novia y no te lo dice, es como si estuviera solo divirtiéndose contigo, ¿no consideras que te oculta muchas cosas? – Me empezaba a molestar todo lo que Ben estaba diciendo, no podía imaginar si eso fuera cierto – Piénsalo, si en verdad te quisiera como crees que te quiere… te hubiera acompañado, mínimo se hubiera comunicado contigo, un fin de semana completo y que no le importara no saber de ti, a mi me suena a que no le importa.
-Detén el coche ¡ahora! – Le ordené a Ben
-¡Cálmate! no es para tanto
-Detén el coche si no quieres que empiece a gritar, es en serio Ben, ¡para! – Tomé mi maleta y me bajé azotando la puerta.
-¡Bella! Regresa ahora – Me gritó Ángela desde la ventana mientras me alejaba del coche, alcancé a escuchar cómo le gritaba a Ben reclamándole ser el culpable de que yo me hubiera bajado.
-Me voy a regresar en autobús Ángela, lo siento, sea cierto o no lo que Ben está diciendo, no tiene por qué decirlo, no conoce a Edward, jamás ha hablado con él y no tiene porque venir a torturarme con sus ideas, perdón, te llamo en la semana.

Tomé el primer autobús que pasó, sabía que Ángela intentaría desesperadamente llamarme a mi celular así que le quité el sonido y lo mandé a la parte más profunda de mi maleta, me puse los audífonos y traté de no pensar en nada.

Llegué a mi casa y prendí la computadora, apenas estaban terminando de cargar los programas cuando Edward empezó a atacarme con mensajes sobre mi paradero.

-¿Qué te pasa? – Fue su primer mensaje
-¿Hola? Buenas tardes, ¿cómo estás? ¿Cómo llegaste?
-Bella revisa tus llamadas perdidas, por favor, luego hablamos, solo quería saber si habías llegado bien – Busqué desesperadamente mi celular entre el mundo de ropa que había en la maleta y cuando lo abrí vi 10 mensajes y 15 llamadas perdidas de Alice, junto con otras 10 de Edward.
-Perdón tenía el celular en la maleta y sin sonido – Me disculpé a modo de evitar que se enojara más de lo que ya parecía
-Alice te estuvo buscando toda la tarde al grado de desesperarme y preocuparme, decía que algo te podía haber pasado, no contestabas el celular y terminó desesperándome.
-Discúlpame, no pensé que me fueran a buscar
-Ya no importa, ¿estás bien? ¿Qué pasó?
-Larga historia, simplemente discutí con Ben y me regresé sola
-¿Te regresaste sola? Mmm y así querías que fuera
-No pasó nada Edward, y la verdad estoy algo cansada, quiero dormir, hablamos luego.

Por un lado se había preocupado, pero era como si en verdad solo lo hiciera por compromiso, como si no le importara en lo más mínimo.

No quiero soñar hoy, no quiero soñar hoy, no quiero soñar hoy.

Me repetí varias veces hasta quedarme dormida.