Capítulo 2: Frederick Garland

Sally se dirigió hacia donde la maestra le indicaba. En el camino hacia allá se encontró de nuevo con Jim Taylor, quien se ofreció a acompañarla al ala de tercero, ya que también iba hacia ahí Jim arrastraba una maleta gigantesca. "Mi mamá insistió en que trajera el triple de lo que necesito", se excusó con una sonrisa abierta y amable, Sally asintió, distraída. Se dirigieron juntos al ala de tercer año, conversando y riendo. Jim tenía mucho sentido del humor, y hacía reír a Sally con sus comentarios y explicaciones respecto a quien era quien en el colegio, cada vez que un "personaje" del colegio pasaba a su lado.

—Ese es el capitán del equipo de rugby, es un idiota, dicen que tenía una neurona y la perdió cuando le llegó una pelota en la cabeza, yo creo en la teoría de que nunca tuvo ninguna. Si se queda en el colegio es por su masa muscular, no por sus dotes intelectuales. — Ironizó el chico, causando una carcajada de Sally, al divisar ella al chico que Jim señalaba, un muchacho gigante de hombros anchos y cabeza pequeña. —Su hobby es torturar a los de primer año. — Agregó Jim. Luego señaló a una chica delgada, de pelo largo liso y oscuro, que llevaba una minifalda, botas y una polera, su bonita cabeza estaba tocada con una boina roja y la echaba hacia atrás con aire dramático. —Ella es la jefa del club de cine, se cree la gran cosa por que su papi es director de cine y su mamá maquilló una vez a Brad Pitt. Ha visto miles de películas e incluso ha ido a muchas premieres con su papi, ahora si le preguntas algo sobre cine de "verdad", no sabe nada en lo absoluto. Ése de ahí es el presidente del club de computación, un clásico nerd, pero por lo menos es más agradable que la mayor parte de la gente por aquí. — Agregó Jim, señalando a un chico pequeño, que usaba el pantalón mucho más arriba de lo que debería y sonreía detrás de unos anteojos cuadrados y gigantes.

Entre ese tipo de descripciones por parte de Jim y muchas risas y asentimientos por parte de Sally, llegaron al ala asignada a los de tercer año. Justo antes de que pudieran entrar al edificio Sally tropezó con una piedra, que se apareció en su camino de improviso, y cayó encima de un chico que iba saliendo, acompañado de una chica. Éste la atajó con un brazo, pero se veía en su cara que no estaba muy contento precisamente.

— ¡Oye! ¿Qué te crees…? — exclamó, mientras la chica se paraba torpemente y recogía su maleta que se había quedado como clavada en el piso. Sally se puso roja como un tomate y comenzó a mascullar disculpas. El chico con el que había tropezado de verdad parecía furioso, pero la chica que lo acompañaba, alta y delgada, de aspecto elegante, lo calmó:

—Ay, Fred, cálmate por favor, eres un completo exagerado. Ella no tiene la culpa de que te hayas despertado de malas hoy. Estoy muy segura de que no lo hizo a propósito. — Enseguida añadió, dirigiéndose a Sally — Disculpa a mi hermano, hoy se levantó con el pie izquierdo, normalmente es más simpático y menos imbécil. ¿Estás bien? — preguntó con una sonrisa conciliadora.

—Si — murmuró Sally, aún roja e intentado esbozar una sonrisa como la de la chica. —No te preocupes, en serio. La torpe fui yo.

— ¿Cómo te llamas? Yo soy Rosa Garland, y este es el idiota de mi hermano Fred. — de verdad eran muy parecidos, Sally no se había fijado en eso, ambos tenían el pelo del mismo color, castaño claro, el de él estaba despeinado y le caía frente a los ojos, mientras el de ella era corto hasta los hombros y muy liso, también tenían los mismo ojos verdes, que chispeaban con picardía en la cara del chico y con amabilidad en la de la muchacha. El muchacho masculló entre dientes algo parecido a un saludo y agregó con un tono arrogante que a Sally le cayó muy mal.

—No te preocupes por lo de antes, tú sabes, tu tropezón. Seguramente te sentiste abrumada por mi presencia y mi maravillosa imagen, no te preocupes, es normal, la mayoría de las chicas caen desmayadas con sólo mirarme, aunque la mayoría no cae sobre mí, claro. Eso es un privilegio que pocas logran obtener. — Sonrió, a Sally le pareció descubrir un destello de arrogancia en esa sonrisa, que sumado al tono arrogante con que lo había dicho, hizo que a Sally le cayera peor de lo que le había caído al principio, luego del escándalo que hizo cuando ella cayó sobre él.

— ¿Ah, sí? Estaba segura de que esa piedra había tenido bastante más que ver con mi caída, que tu "presencia". — le contestó con una sonrisa sarcástica, sacando la personalidad que el arrebato del chico le había arrebatado por unos segundos. — Vamos Jim. — agregó dirigiéndose a su nuevo amigo. — Un gusto conocerte Rosa. - Le sonrió a la chica y recogió su maleta y su mochila, que también había salido disparada al caerse.

—Ah, Taylor, ¿estabas ahí? No te había visto — dijo Fred, dirigiéndose a Jim, sonriendo irónicamente. — Linda compañía. Pero pensabas que tenías mejor gusto. — agregó, dirigiéndole una mirada burlona a Sally.

Sally sintió como le ardían las orejas, esta vez de rabia. Respiró lentamente, si no se controlaba un poco más, iba a plantarle un puñetazo al idiota ese de Garland en plena nariz, e iba a disfrutar haciéndolo. Tomó su maleta y su mochila y entró apresuradamente en el edificio, maldiciendo mentalmente a su torpeza y al idiota ese de Garland. No habían empezado las clases y ya había tenido un encontronazo con uno de sus futuros compañeros, que para terminar de rematar, parecía ser del tipo insoportable y arrogante. Eso no era partir con el pie derecho, se dijo. Jim la siguió al entrar a la sala común que estaba a la entrada del sector de los de tercer año.

—No escuches a Garland, a veces puede ser un autentico dolor de cabeza, te lo digo yo, que he sido su compañero de cuarto por varios años, y este año también. Pero cuando se lo propone puede ser bastante simpático. — Dijo el chico, sentándose en uno de los sillones de la sala común, luego de dejar su maleta a un lado.

—Claro, se le nota a kilómetros. — sonrió Sally irónica. "Me muero de ganas de estar en clases con ese imbécil", se dijo para sus adentros. —A todo esto, ¿Tienes idea como llegar al 64 B?

—Si, sube esa escalera de la esquina y ve hacia la izquierda. Ese es el territorio de las chicas, nunca he entrado ahí, pero creo que debe estar por ahí.

—Uy, ahora si me dio miedo. — se burló la chica y empezó a subir las escaleras, arrastrando su maleta a duras penas. —Nos vemos Jim.

Para su suerte su dormitorio era uno de los primeros, introdujo la llave y entró a un dormitorio vacío, amoblado con sencillez, sólo había un par de camas, con sus respectivas mesas de noche a los lados, unas repisas, un escritorio largo con dos sillas y dos armarios pequeños, a un lado había una puerta que llevaba a un baño muy pequeño. Sally se sentó en una de las camas. Al parecer su compañera de pieza aún no llegaba. Miró a su maleta, que estaba a los pies de su cama, sin deshacer. Pensó en deshacerla por unos segundos, pero estaba agotada y la cama era cómoda. Se echó hacia atrás y cerró los ojos, respirando profundamente. El maldito viaje la había agotado, definitivamente para su próximo viaje se iba a conseguir unas pastillas para dormir o algo por el estilo, ocho horas sobre un bus, eran capaces de destruirla por completo. Tenía los ojos cerrados y mentalmente luchaba por no quedarse dormida, pero parecía que el sueño era más fuerte que su voluntad. Un ruido brusco la hizo volver a la realidad y abrir los ojos de golpe. Una muchacha menuda acababa de entrar a la pieza, tenía el pelo negro, largo y muy liso. Una sonrisa le iluminó la cara al ver a Sally, aún tirada de espaldas en una de las camas.

— ¿Verónica? — preguntó, mientras arrastraba su enorme maleta tras ella, entrando a la pieza y sentándose sobre la cama libre.

—Prefiero Sally, pero sí. Me imagino que tú eres Adelaida. — Sally se incorporó, sentándose en el borde de la cama.

—SÍ, obvio. Eres nueva, ¿verdad? — Dijo la chica, parándose de repente y abriendo su maleta, para empezar a guardar sus cosas en el clóset.

—SÍ. Papá ya no podía llevarme a sus viajes de trabajo con él así que me envió aquí. — Le contestó Sally.

—Este es mi segundo año aquí. Estoy segura de que te va a gustar, siempre lo pasamos increíblemente bien. Te recomiendo guardar tus cosas enseguida, a las ocho sirven la comida. Es el primer día así que seguramente será algo rico. El resto del año nos dan una comida asquerosa. — se detuvo al ver la cara de horror de Sally. — ¡Era broma! — Agregó entre risas.

Así siguieron hablando mientras ambas guardaban sus ropas, ordenaban sus libros, pegaban fotos en la pared y distribuían sus cosas en el botiquín del baño. A cada una le correspondía una repisa, un closet, una repisa en el baño, y la mitad del escritorio, y cada una acomodó sus cosas en orden. Adelaida era muy simpática, Sally se sentía cómoda hablando con ella, aunque un poco intimidada por el volumen de su clóset. Comparado con el suyo cualquiera era más grande, pero el de la menuda chica era gigantesco. Sally se lo hizo notar con una broma y Adelaida le explicó que su madre era diseñadora de moda. Adelaida le contó un par de cosas más sobre el colegio y las costumbres que tenían en él. Luego de guardar y ordenar meticulosamente todas sus cosas, Adelaida decidió que era hora de arreglarse para la cena, lo que en su caso consistió en maquillarse ojos y labios delicadamente, lavarse los dientes y peinarse repetidamente durante un rato, y en el de Sally, en acomodarse lo mejor posible los mechones rebeldes de su pelo y lavarse los dientes. Como es de esperar, Sally estuvo lista primero y tuvo que esperar un rato a su amiga, que se demoró un buen rato en terminar de arreglarse. Finalmente salieron al pasillo, Adelaida muy arreglada y Sally, un poco más ordenada de lo que estaba cuando llegó al colegio. Bajaron rápidamente las escaleras que llevaban a la sala común de los de tercero, sin cruzarse con nadie de su curso, al parecer ya estaban todos en el comedor. Ahí estaba Jim, sentado en un sillón, hojeando una revista con aire despreocupado y el pelo revuelto en la frente, señal de que había dormido un poco. Al oírlas bajar se paró, y al ver quienes eran se quedó helado, mirando fijamente a Adelaida. A los pocos segundos pareció recobrar el sentido común y volvió a sentarse de golpe.

— ¡Adelaida! No te vi este verano. ¿Rompiste corazones en Newwark? — exclamó, con su habitual sentido del humor. Adelaida se quedó helada y no contestó. Jim repitió su pregunta sin dejar de mirarla a los ojos.

— ¿Perdón? — preguntó Adelaida, frunciendo el ceño de manera divertida. — ¿Cómo sabes dónde estuve en el verano? ¿Y por qué diablos te importa?

—Me lo dijo Charles Bertram. Así que ¿Roy James? Buena conquista, aunque no me lo esperaba. En cuanto a la última pregunta… me reservo la respuesta. — La sonrisa de Jim desapareció súbitamente de su cara, para volver luego de unos segundos, más cargada de ironía que antes.

—No es asunto tuyo, Jim. — Replicó secamente la muchacha, enrojeciendo súbitamente. — ¿Ya conoces a Sally? Es mi compañera de pieza…

—SÍ, ya hemos tenido el placer de conocernos. ¿Verdad Sally? Y podría asegurar que Fred Garland piensa lo mismo. — Adelaida interrogó a su nueva amiga con la mirada. Sally le contestó apresuradamente que habían tenido un encontrón en la entrada. "Auch", contestó su amiga.

—SÍ… eh… ¿no tienen hambre? — dijo Sally, palpando la tensión presente en el aire de la habitación. Adelaida y Jim se miraban como si dudaran entre sacarse los ojos o besarse descaradamente al frente de Sally.

—SÍ, muero de hambre. — contestó Jim, sacudiendo momentáneamente la tensión y se dirigieron al comedor en silencio, Sally iba entre ambos, que sólo se lanzaban miradas de soslayo, unas miradas cargadas de electricidad. Sally se sentía en plena tormenta eléctrica, entre dos nubes de tormenta cargadas de rayos. Adelaida por su parte, estaba roja y rehuía en lo posible las miradas que le dirigía Jim. Luego de dar un par de vueltas llegaron al comedor, un salón enorme, con cuatro mesas largas, una por cada curso. La mayoría de las mesas estaban llenas de jóvenes, que hablaban y se gritaban por todos lados. Una cabeza rizada se paró de la mesa de tercero, la verlos entrar.

— ¡Sally, Jim, Adelaida! ¡Por aquí! — Sally y sus amigos se dirigieron hacia donde Margaret los llamaba. Al parecer les habían reservado unos puestos, hecho que Sally agradeció profundamente para sus adentros, la idea de tener que soportar la extraña tensión entre Adelaida y Jim. Adelaida parecía buscar a alguien entre la multitud, sin escuchar nada de lo que le decían, pero al parecer no encontró a quien buscaba y unos segundos más tardes siguió a sus amigos a la mesa. Las presentaciones empezaron al llegar Sally a la mesa y tuvo que saludar a tanta gente que se sentía abrumada y ahogada, y sin darse cuenta, Sally se encontró entre Margaret y el chico con el que había chocado antes, Fred. Él no parecía hablar mucho, en abierto contraste con su hermana, que se sentaba al frente y hablaba hasta por los codos, saltando de un tema a otro con envidiable facilidad. De repente y sin previo aviso, la alegre chica se dirigió a Sally por sobre su plato de ravioles.

—Sally, ¿Tu padre es John Lockhart, el periodista? Adoro sus artículos de viajes. Son increíbles, me gusta especialmente porque elige pequeños detalles que a otros periodistas pasan inadvertidos. No todos escribirían sobre una pequeña pastelería en París, especializada en pasteles de frutas. — Sally le dirigió una sonrisa alegre y entusiasta, cualquier persona que hablara bien de los reportajes de su padre, le iba a caer bien.

—SÍ, viajé con él por un par de años. Daba exámenes libres y lo ayudaba con sus reportajes. Lo pasábamos muy bien juntos. — contestó, luego de tragar apresuradamente lo que estaba masticando en ese momento.

— ¡Qué suerte tienes! — contestó Rosa, entusiasmada. — Debe ser muy emocionante viajar tanto, conocer tantos lugares nuevos, tantas culturas…— La mirada de Rosa se perdió en el techo, soñadora.

—SÍ, claro. Extraño muchísimo viajar con él y también a él lo extraño mucho, y eso que sólo nos separamos hoy en la mañana. Estoy muy acostumbrada a estar con él. Sólo nos tenemos el uno al otro. — Le contestó Sally, cuando Rosa bajó de las nubes. Rosa asintió con la cabeza con aire comprensivo.

Fred, que no había dicho nada por mucho rato, sino que se limitaba a escuchar lo que decían Sally y su hermana con el ceño fruncido, masculló entre dientes y con sorna, sin dejar de mirar su plato de cereales:

—Pobrecita.

— ¿Qué dijiste? — saltó Sally, agresivamente. El chico seguía cayéndole tan mal como cuando lo había conocido, y ese comentario sólo hizo que le cayera peor.

—Decía que qué pena la tuya, la hijita de papi, que se aleja de papi por primera vez, para salir al mundo, sola. Muy conmovedor. Casi es tierno. — contestó el muchacho, y se llevó el vaso a los labios, con un gesto despectivo.

—Yo no soy ninguna hijita de papi. — replicó Sally, ignorando a la vocecita en su cabeza que le decía que le pegara un puñetazo en la cara al muy idiota. —, y aunque lo fuera, no es asunto tuyo, pedazo de arrogante. — agregó y se dio la vuelta para escuchar la historia que estaba contando Margaret, sobre un muchacho que había conocido en las vacaciones. Fred la miró intentando contener la rabia, que le estaba dando esa mocosa mal genio, torpe y orgullosa. Cualquier otra chica habría fingido enojarse y habría usado si supuesto enfado para coquetear con él, pero al parecer la "nueva" no estaba impresionada con él.

Cuando terminaron de comer Adelaida se paró de un salto y desapareció por la puerta del comedor. Como su amiga había desaparecido Sally se fue a la sala común junto con Jim, siguiendo a sus otros compañeros. Mientras caminaban por los largos pasillos del colegio Sally se decidió a preguntarle acerca de lo que parecía pasar entre él y Adelaida. Jim suspiró hondamente y empezó a explicarle.

—Lo notaste. A mí me gusta ella y pensaba que a ella le gustaba yo. Ella estuvo todo el año pasado con un tal Rodolfo y yo la esperé tan pacientemente como pude, pero parece que fue una pérdida de tiempo. A fin del año pasado ella terminó con Rodolfo y yo vi mi oportunidad, le dije todo lo que sentía por ella, y ella me respondió que quería algo de tiempo para pensarlo. Por eso no puedo creer que haya empezado "algo" con el idiota de Roy James, después de haberme dicho que quería un tiempo para pensar. Nunca lo habría pensado de ella.

Sally asintió con la cabeza, intentando comprender a su amigo, que había cambiado su habitual tono relajado por un tono serio y reflexivo.

—Ah…

Jim le dirigió una sonrisa inesperada y empezó a correr hacia la sala común del tercer año, haciendo que la chica corriera tras él. Cuando la chica lo rebasó por un par de metros, él corrió más rápido y la agarró por la cintura, empujándola a un lado y retándola a una carrera corta hasta la sala de tercero, ambos llegaron a la sala muertos de la risa, empatando por unos pasos, frente a la sorpresa de los demás que estaban ahí, incluyendo a Adelaida, que estaba sentada en el sofá grande, con gesto preocupado.

El resto de la noche pasó calmadamente, Sally se entretuvo por un buen rato jugando cartas con Jim y Charles Bertram, el monitor masculino de tercer año, un hijo de nobles, muy serio y responsable, pero con un sentido del humor muy curioso. Antes de que Sally se fuera a acostar, Adelaida, que parecía que quería quedarse más rato en la sala común, le pidió que fuera ella quien se levantara primero por la mañana.

—Me cuesta demasiado levantarme en la mañana, mejor levántate tú primero, así no tenemos problemas con el baño. — le dijo, con la mirada fija en la televisión, que mostraba la noticia del avión que había explotado en pleno océano.

—Okay, buenas noches. — contestó Sally, nunca había tenido problemas con levantarse temprano, mientras empezaba a subir las escaleras que llevaban a las piezas de las chicas.