Capítulo 3: Conociéndose

La alarma sonó demasiado temprano y Sally se desperezó en la cama, deseando poder dormir un poco más. Se levantó de un salto, pasando de la cálida cama al aire helado a su alrededor. Sacó su uniforme del closet y se metió al baño. La ducha acabó de despertarla mientras se lavaba el pelo, salió luego de un rato que le pareció demasiado corto, se vistió rápidamente y salió del baño secándose el pelo con una toalla. Adelaida acababa de despertar, y se estiraba perezosamente en su cama, y se demoró un par de minutos más en levantarse y meterse al baño. Mientras su amiga usaba el baño, Sally terminó de secarse el pelo con el secador y de arreglarse el uniforme, que consistía en una falda corta escocesa, en tonos verdes y cafés, una camisa blanca con la corbata del mismo color de la falda y un sweater azul marino, ordenó sus cuadernos y los metió en su mochila. Adelaida salió del baño, vestida y con el pelo envuelto en una toalla. Se secó el pelo lentamente con su secador, dejándolo liso y brillante. Sally observó el proceso, fascinada, por más que ella hiciera esfuerzos por hacer lo mismo, su pelo siempre se veía igual, sin forma, ni brillo ni nada. De hecho, en ese mismo momento su pelo era un desastre peor de lo normal. Cuando estuvo segura de que tenía todas sus cosas listas, Sally se despidió con la cabeza de su amiga, que seguía arreglándose pacientemente, y salió al pasillo, donde se encontró con Margaret, quien tenía el privilegio de una pieza individual por ser monitora, y estaba saliendo de ella al mismo tiempo que ella. Sally la saludó amablemente, y le preguntó como había dormido. Margaret le contestó, siempre con su actitud cordial y simpática. Ambas se dirigieron al comedor, donde se encontraron con Jim y Fred, que estaban muy ocupados devorando tostadas y pastelitos. Jim las invitó a sentarse con ellos, con la boca aún llena de migas de pan.

—Buenos días, Sally, Meg. — Dijo, luego de tragar apresuradamente lo que tenía en la boca. —Lo primero que tenemos hoy es asamblea ¿No, Meg?, ahí nos van a dar los horarios y distribuir los libros de clases.

—Jim, te he dicho por lo menos medio millón de veces que no me gusta que me digas Meg. Mi nombre es Margaret. Es un poco más largo, pero no cuesta nada decirlo.

—Pero Margaret se llama mi abuela. — Se quejó el muchacho, al mismo tiempo que se metía una tostada con mermelada entera en la boca, causando un ataque de risa por parte de Sally, que acababa de sentarse a su lado. —Además, Meg es mucho más lindo, y suena más simpático. — Agregó luego de tragar de nuevo, ganándose una mirada desaprobadora por parte de Margaret.

Fred les dedicó una mirada critica a ambas, por sobre el plato de cereales que estaba comiendo en esos momentos.

—Meg, buenos días. Lockhart, lindo peinado, ¿te atacó la peineta? ¿Ó sólo fue una lucha cuerpo a cuerpo?

—Gracias Garland, que amable. No esperaba más de ti, claro. — replicó la joven, mientras se servía un café y se acomodaba para hablar con Jim. Al poco rato apareció Adelaida, seguida por Rosa y su novio, Nicholas Bedwell, de cuarto año. Jim se quedó helado al ver a Adelaida, que le dedicó una sonrisa indiferente y se demoró un rato antes de sentarse, buscando a alguien en la mesa de cuarto año. Sally, al ver la expresión atontada de su amigo, le pegó un codazo, lo que pareció bajarlo al suelo de nuevo, el pobre intentó que su despiste pasara desapercibido haciendo un chiste respecto a la profesora de matemáticas que parecía un sapo, lo que causó la risa de todos sus amigos, menos la de Adelaida, que parecía ausente. Al ver que ella no reía, Jim frunció el ceño y se cruzó de brazos sobre la mesa.

El tercer año estaba formado por unos setenta alumnos, y todos ellos estaban reunidos en una misma sala de clases, de hecho, era más bien un salón enorme, con los asientos dispuestos en graderías. Todos los alumnos hablaban al mismo tiempo, gritaban y se saludaban. Varios estaban sentados sobre las mesas y otros se entretenían lanzándose cosas de un lado a otro de la sala. Sally estaba sentada sobre un escritorio, hablando con Jim, cuando la profesora del tercer año entró a la sala. Era la señorita Bones, la misma que había recibido a Sally en el bus el día anterior. La mujer se paró en el estrado y golpeó la mesa del profesor con un libro muy gordo. El estruendo hizo que todo el mundo se quedara callado y se ubicaran rápidamente en sus puestos, parados detrás de los escritorios. La profesora era conocida por ser amable, pero estricta y a la vez justa, lo que hacía que fuera respetada por todos los alumnos del colegio, además del hecho de que no dudaba a la hora de imponer castigos a los alumnos que no se comportaran.

—Buenos días. — Los saludó disciplinadamente.

—Buenos días profesora. — Le contestaron sus alumnos al unísono.

—Siéntense. Bertram, afuera están las cajas con los libros. Busque a algunos de sus compañeros para que lo ayuden. Son muy pesadas. — Dijo la profesora, indicando la puerta de la sala con la mano, cuando terminó de hablar Fred, Jim y varios chicos más se pararon de sus mesas y siguieron a Charles, que había salido cuando la profesora se lo había dicho, y volvieron a entrar llevando varias cajas, de aspecto pesado. Las dejaron en el suelo, en la parte delantera de la sala, y salieron de nuevo a buscar el resto, un par de segundos más tarde volvieron a dejarlas, junto a las otras. — Gracias. Vuelvan a sus asientos, por favor. Ahora voy a llamarlos de a uno para entregarles sus libros y horarios. La primera es Ackelby, Susan.

Sally sentada en su asiento estaba enfrascada en una partida de tres en línea con Jim, mientras esperaban que los llamaran. La maestra continuaba llamándolos de a uno.

—Bertram, Charles. — Charlie se adelantó, recogió sus libros y su horario y se volvió a sentar, revisando atentamente sus libros. — Bevan, Adelaida. — Sally observó como los ojos de Jim se iban a la figura menudita de la chica, quien, con la sonrisa en los labios iba a recoger sus libros y volvía a sentarse en su asiento junto a Margaret, al otro lado de la sala de clases. La profesora siguió nombrando a sus alumnos. — Garland, Frederick. — Garland se paró del asiento donde estaba sentado, con uno de sus amigos, adelante del de Sally, que le dirigió una mirada envenenada, y fue a recoger sus libros y su horario, lo mismo que su hermana, que lo siguió unos segundos más tarde. La profesora nombró a algunos alumnos más. — Lockhart, Verónica Beatrice.- Sally se paró y fue a recoger sus libros al estrado. La profesora le entregó una pila de libros y unos papeles que tenían escrito su horario. Cuando iba a sentarse de nuevo junto a Jim su mirada se cruzó con los ojos verdes de Fred, que la miraban fijamente, con aire desafiante, se tropezó y cayó al suelo con todos sus libros. El estruendo que provocó no alteró en lo absoluto a la profesora, quien siguió llamando a los alumnos como si nada hubiera pasado. Fred se paró de su asiento y ayudó a Sally a recoger sus libros. Sally evitó su mirada, bajando la cabeza, mientras se estiraba lo más que podía para alcanzar algunos de sus libros que habían salido volando al tropezarse. No quería ver esos ojos verdes, tan profundos, de nuevo. Él le pasó algunos libros y su horario.

—Toma, Verónica. Me sentí responsable, como de nuevo te hice caer con mi presencia. Era lo mínimo que podía hacer.

—Gracias Garland, pero prefiero Sally, o en tu caso, Lockhart, pero sólo si eres tan amable.

— ¿Siempre eres tan orgullosa? — preguntó él con una mueca.

— ¿Tú siempre eres tan arrogante? — contestó Sally y volvió a sentarse en su escritorio, con las orejas ardiendo y las mejillas rojas. Fred le dirigió una mirada hosca y se sentó de nuevo Jim la miró incrédulamente.

— ¿De verdad te llamas Verónica Beatrice?

— Si, mi madre se llamaba Verónica, y la mamá de papá se llamaba Beatrice. Para mi desgracia, ninguno de mis papás se caracterizaba por su creatividad. Pero de todas formas, nadie me llama así, cuando chica decidí que me gustaba más Sally y desde entonces todo el mundo me llama así, menos mi abuelo. Al menos ese nombre lo elegí yo misma.- contestó Sally, justo en el momento que la profesora gritaba:

—Taylor, James. — Jim se paró a buscar sus cosas. Volvió a sentarse en el puesto junto a Sally.

— ¿Comparemos nuestros horarios? — dijo, poniendo el suyo junto al de Sally, que lo estaba examinando atentamente. — Sólo tenemos matemáticas e historia en común. Lástima, estaba seguro de que lo íbamos a pasar muy bien juntos, pero siempre podemos meternos a las mismas optativas.

— ¿Ah? — interrogó Sally, sin entender a que se refería el muchacho con lo de "optativas".

—Tú sabes, las asignaturas que uno elige. Aquí es obligatorio elegir una deportiva y una artística, y la tercera es libre. Muchas veces vas a tener que dedicarle a tus optativas horas después de clases, pero a nadie le importa mucho, porque se eligen de entre nuestros propios gustos. Ah, van con nota y las tomamos con alumnos de todos los cursos. Te puede tocar con gente tanto de primero como de cuarto.

La profesora terminó de entregar los libros y horarios a sus alumnos y se paró en el estrado para entregar las últimas informaciones.

—Tenemos asamblea en esta sala tres días a la semana, este año será particularmente importante que no falten a estas, a menos de que tengan una muy buena excusa, ya que al tercer año le toca organizar varios eventos a lo largo del año. También la usaremos para ciertas actividades del curso, como debates y presentaciones de música. Las clases están divididas en grupos de veinte alumnos, al igual que siempre y permítanme recordarles que los computadores del curso, que están junto a la sala común, sólo pueden ser usados hasta las diez de la noche, y que el horario de acostada es a las diez treinta para los estudiantes de tercer año. Y no olviden que pueden hablar conmigo cuando quieran, sólo tienen que buscarme en el ala de humanidades. — pese a su tono amable, estaba más que claro que no muchos iban a aceptar la invitación, la profesora era reconocida por ser estricta. —Su próxima clase es dentro de veinte minutos. No se atrasen. Por ahora pueden dejar sus libros aquí, siempre que los dejen ordenados sobre sus escritorios. Pueden salir.

Sally, dejó sus cosas bien ordenadas sobre su escritorio y se reunió afuera de la sala con sus amigos, que no habían dejado sus cosas tan cuidadosamente ordenadas como ella.

— ¿Qué tienen ahora? — preguntó, mientras le echaba una ojeada a su horario, para revisar que le tocaba en el siguiente período.

—Física — dijeron al mismo tiempo Jim y Adelaida, al darse cuenta de lo que había pasado ambos se miraron y se sonrojaron violentamente.

—Francés — dijeron Margaret y Charles, fastidiados.

—Genial — masculló Sally, al comprobar que no tenía ninguna de las clases que habían mencionado sus amigos. —yo tengo literatura con la señorita Bones. Los voy a extrañar chicos.

—Vamos, no es tan malo. — dijo Adelaida. — Es una buena profesora, y normalmente sus clases son entretenidas. Por cierto, la sala está por allá.

—Nos vemos. — dijo Sally y se dirigió hacia donde Adelaida le indicaba. Al entrar a la sala que tenía el nombre de la profesora, se encontró con Fred que estaba mirando por la ventana, apoyado en la pared del frente. Sally puso los ojos en blanco y se fue a sentar a uno de los asientos de la primera fila, se sentó con las piernas arriba de la silla, formando un ovillo, y empezó a leer uno de los libros que le habían pasado antes, más específicamente el de literatura, siempre había sido uno de sus ramos preferidos y los temas de ese curso parecían interesantes. En pocos minutos la sala se llenó de alumnos que hablaban y comentaban las novedades del año, sin embargo cuando la profesora entró, todos se quedaron callados.

—Buenos días. Todos los que ya eligieron puestos vengan aquí, junto a los que no lo han hecho. Aquí, yo decido con quien se sientan y donde. No me gusta que hablen en clases, por lo que no sueñen con que los voy a poner junto a sus amigos. ¿Quedó claro? — todos murmuraron un asentimiento, se pararon y se pusieron adelante, mientras la profesora los miraba atentamente.- Déjenme ver, Ackelby con… Jones, en la primera fila, Warlock, usted siéntese con Quidam junto a la ventana, Lockhart… con Garland, en la fila de atrás.

— ¿¡Qué! — exclamaron los dos al unísono. Luego de darse cuenta, se miraron con odio y volvieron la vista hacia otro lado.

—No me voy a sentar con ese… — empezó a decir Sally, conteniendo la rabia.

—Ni se le ocurra que voy a sentarme con esa… — empezó a decir Fred, tan indignado como la chica.

Ninguno de los dos pudo terminar su frase, porque la profesora los interrumpió secamente.

—Ya me escucharon señores, aquí no hay ques, ni peros que valgan. Siéntense donde les dije, y si vuelvo a escuchar de ustedes antes de que termine la clase, les va a llegar un castigo. ¿Alguna duda? — El tono de la profesora no dejaba lugar a dudas.

—No, señorita. — mascullaron ambos y se sentaron en silencio atrás, donde les había indicado la maestra. La profesora comenzó su clase, con una pequeña introducción sobre literatura clásica, Sally la escuchaba atentamente, tomando apuntes de todo lo que le parecía importante. Fred la observaba divertido, pensando en la mejor forma de molestarla. Se inclinó hacia ella, susurrándole algo al oído.

—Oye Lockhart, ¿Qué te parecería si tu y yo….?

No alcanzó a terminar su pregunta por que Sally le soltó un seco:

—Cállate Garland. Estoy intentando escuchar. Si no te has dado cuenta, esto es una clase. Hay cosas más importantes que tú, por si no lo has notado.

—Ay, vamos, no estás tan mal. Si usaras ropa de tu talla, te peinaras y usaras algo de maquillaje, serías casi bonita. No eres un caso perdido totalmente.

—Si tú cerraras el pico de vez en cuando, parecerías casi inteligente. — fue la respuesta mordaz que le dirigió Sally.

—Oye mocosa estirada, hazme le favor de bajar a la tierra de los mortales. Deja de darte aires de grandeza. No vales tanto la pena. — Fred ya no estaba susurrando, le daba lo mismo que esos idiotas escucharan lo que le estaba diciendo a la "nueva".

—Tú, pedazo de idiota arrogante, no vales ni la mitad de lo que crees que vales. Y yo no me doy "aires de grandeza" — replicó Sally, en el mismo tono, apretando los dientes. La voz de la profesora los hizo darse vuelta:

— ¡Garland! ¡Lockhart! Castigo esta tarde. Conmigo. No falten. — Sally la miró incrédulamente. — No me gusta castigar en el primer día, señorita Lockhart, pero les advertí al principio de la clase, y yo siempre cumplo mis promesas. La espero en la tarde.

Sally le dirigió una mirada de odio a Fred, quien le devolvió una sonrisa irónica.

—Gracias Garland, ahora tengo un castigo en mi primer día. — murmuró entre dientes.

—De nada, preciosa. — le contestó el muchacho, echándose para atrás en la silla, con las manos apoyadas en la nuca. Sally apretó los labios y volvió a dirigir su vista al frente. Cuando la clase terminó, Sally pasó a la sala grande a buscar sus libros y fue a dejarlos a su dormitorio, donde se encontró con Adelaida, que estaba peinándose de nuevo. Sally se sonrió al ver eso, al parecer, su nueva amiga podía pecar de vanidosa a veces.

— ¿Qué tal estuvo literatura? — La saludó Adelaida, al verla entrar.

—Excelente, muy buena clase y… ¡ah! en la tarde tengo castigo con Garland. Por SU culpa. Empezó a molestarme, diciendo que si me peinara y usara maquillaje y ropa de mi talla sería casi bonita. — le contestó Sally, mientras ponía sus libros en orden en la repisa que le correspondía.

—No seas tonta, podría ser mil veces peor. Podrías haberte pasado dos horas con Jim intentando averiguar que pasó exactamente con Roy James en el verano.

— ¡Hola! Tengo un castigo en mi primer día de clases, con Garland.

—Al menos es guapo. — le sonrió su amiga, dejando su peineta sobre la cama y tomando sus cosas.

—Un idiota arrogante, eso es lo único que es. ¿Qué tienes ahora? — murmuró Sally.

—Química.

—Yo también, al menos si aparece el idiota Garland en esa clase, no voy a tener que soportarlo sola.

Las muchachas se dirigieron al salón de Química, uno de los muchos laboratorios que había en el colegio. En el camino se cruzaron con un chico de cuarto año, muy alto. Adelaida se quedó de una pieza cuando lo vio.

— ¡Roy! Pensé que te ibas a quedar una semana más en la casa de tu abuela. No te esperaba tanto antes. Te extrañé mucho. — exclamó, mientras corría a sus brazos. Él no parecía estar muy emocionado de verla. Sally se quedó unos pasos atrás, sin saber que hacer.

—Adelaida… eh… podemos hablar mañana en la mañana, tengo que busca algunas cosas que dejé en el salón de estudios. — dijo, el chico, rápidamente, quitándosela de encima. — nos vemos. — se despidió y siguió su camino.

Adelaida se quedó parada, viendo como se iba. Se volvió hacia Sally y le dijo:

—Ese era Roy James, el tipo con quien salía en el verano, acababa de terminar con su novia, que también está en este colegio… nos conocimos en la playa. No sé por qué está tan frío ahora. — su mirada reflejaba preocupación, pero intentó disimularlo lo mejor que pudo.

Sally le sonrió y siguieron caminando, hasta llegar al salón de química, antes de entrar Sally echó un vistazo adentro, para ver si estaba Fred. No estaba, Sally respiró con alivio y entró. Ella y Adelaida se sentaron en una mesa al fondo de la sala, hablando con los chicos que las rodeaban. A los pocos minutos, el profesor, un hombre mayor, entró a la sala.

—Buenos días, mi nombre es Webster Garland y sí, soy el tío de los mellizos Garland, ahórrense la pregunta. Como ya saben, enseño química, y soy muy estricto. Olvídense desde ya de copiar en las pruebas o de pedir plazos extras para entregarme un trabajo. Yo les voy a exigir, y a exigir en serio. ¿Alguna duda? — dijo, paseando su mirada por sobre las cabezas de sus alumnos. — ¿No? Si ya quedó claro ese punto, voy a comenzar la clase, abran sus libros en la página 26, Ácidos y Bases. La primera teoría ácido- base es la de…

Sally siguió toda la clase muy concentrada, siempre le había gustado química, en parte por que su profesor en la antigua escuela había logrado contagiarle todo el entusiasmo que tenía por la materia. Comparada con la clase de literatura, esa fue muy calmada, ya que Sally no tuvo que defenderse de los ataques verbales de nadie. Cuando finalizó la hora, tuvieron que correr porque la sala de matemáticas estaba muy lejos de la de química, Adelaida se despidió de Sally porque tenía clases de inglés, en el ala de humanidades. Sally continuó su carrera hacia el ala de matemáticas sola. En la puerta de la sala la estaba esperando Jim, con su sonrisa burlona habitual, quien le pasó el brazo por los hombros, y así entraron a la clase. En primera fila estaban sentados Fred y Charles, Sally le dirigió una sonrisa al segundo, pero ignoró a su compañero. Ella y Jim se sentaron en la fila de más atrás. El maestro, un hombre pequeño y gordito, entró y pidió silencio, para explicar su plan de trabajo para el año, por lo que fue una clase en la que no pasaron materia, y Sally decidió que no era necesario tomar apuntes, dedicándose a bromear y reír con Jim toda la clase.