Capítulo 4: Castigo

Luego de la clase de química tenían una hora de almuerzo, tras lo cual tenían dos horas seguidas de historia. Durante el almuerzo sus amigos pusieron a Sally al tanto de todo lo que debía saber acerca de su nuevo colegio y que no le habían dicho ya, especialmente en lo que se refería a los profesores. Luego de comer se dirigieron al ala de humanidades para la clase de historia. La puerta que decía "Historia: Daniel Goldberg", estaba abierta.

-¿Daniel Goldberg?- Margaret ladeó la cabeza, intentando recordar el nombre. –Creo que es nuevo, no recuerdo este nombre del año pasado.

-Que extraño, yo pensé que ya te sabrías todos los nombres de los profesores y alumnos nuevos, y sus horarios.- Se burló Jim, recibiendo a cambio un golpe de Margaret con el cuaderno.

Cuando Sally, Jim y Margaret entraron a la sala de historia, las mesas estaban apiladas al fondo, y las sillas formaban un círculo en el medio de la sala. Las miradas de los tres se cruzaron, sin saber que esperar del nuevo profesor. Un hombre joven estaba ahí, sentado sobre el escritorio. Era alto y robusto, muy guapo, de ojos y pelo negro. Una sonrisa sincera le cruzaba la cara, dándoles la bienvenida.

-¡Hola chicos! ¿Cómo están? Siéntense, todavía faltan algunos.- Los saludó, mientras otros alumnos los seguían al interior de la sala. Cuando las chicas entraban, prácticamente todas tuvieron que ahogar exclamaciones de sorpresa al ver al guapo profesor nuevo, e intentaron sentarse lo más cerca de él que pudieron, maldiciendo la suerte de Sally, que estaba sentada junto a él. –Cinco, siete, quince, veinte. ¡Ya están todos! Buenas tardes. Me presento, soy Daniel Goldberg, el nuevo profesor de historia, por favor llámenme Daniel, es mi primer año como profesor, y todavía no quiero que me digan como yo les decía a los profesores hace sólo un año. Quisiera empezar con que cada uno de ustedes se presente y me cuente algo sobre sí mismo. Cualquier cosa. ¿Quién quiere empezar?- Las chicas estallaron en risitas tontas, y los chicos se echaron hacia atrás en sus asientos, con aire fastidiado, pero ninguno levantó la mano para empezar. -¿Nadie? Bueno, empecemos con la encantadora señorita que está a mi lado.- se refería a Sally, que se puso pálida al oír como la llamaba el profesor.- ¿Cómo te llamas?

-Sally Lockhart, soy nueva y…- balbuceó tímidamente hasta que el profesor la interrumpió, revisando la lista que había sobre su escritorio.

-¿Sally Lockhart? La única Lockhart en la lista es Verónica Beatrice.- dijo, chequeando el nombre de la chica. -¿Eres tú? Voy a tener que avisar que hubo un error en la lista.

-Si, soy yo, pero nadie me llama así. No hay errores. Me llamo así, pero normalmente me llaman Sally.- Sally estaba roja por el esfuerzo que tenía que hacer para vencer su timidez natural y hablar frente a tanta gente. –Respecto a mi misma puedo decir que me gusta mucho leer.

-Muy bien, intentaré recordar llamarte Sally.- contestó el profesor, con una sonrisa encantadora, que tuvo el efecto de turbar a Sally y volver loca a todas sus compañeras.- El siguiente… tú si eres tan amable.- dijo, apuntando a Jim, que era el único chico que no parecía estar enojado con el profesor.

-James Taylor, todos me llaman Jim, me gustan los deportes extremos y la música.- contestó éste, con una sonrisa. El nuevo profesor le caía muy bien, siempre le habían gustado los tipo que sabían llamar la atención de los demás con sólo hablar, además de ser simpáticos, ésa era una de las muchas razones por las que no se llevaba del todo mal con Fred Garland. Pese a su arrogancia y a su actitud soberbia, Fred tenía en sí mismo la capacidad de llamar la atención de los demás con su ingenio y de que los demás lo escucharan, cualidades que Jim siempre había querido tener, por eso Jim admiraba en el fondo a Fred, aunque no siempre estaba de acuerdo con lo que el chico decía y mucho menos con como éste actuaba.

El resto de la clase de historia transcurrió agradablemente, todos se presentaron, aunque ya se conocían, excepto a Sally, que era la única nueva en el tercer año, y el profesor hizo algunas dinámicas grupales muy divertidas, luego de las cuales terminaron todos muertos de la risa y tirados en el suelo. Era un tipo de verdad simpático y divertido, y parecía ser un buen profesor. Les contó que sólo se había graduado de la universidad hacía un año, y que el Howton era su primer trabajo formal, también les contó que iba a dictar el taller de periodismo, durante ese año, ya que antes de estudiar pedagogía, había hecho un año de periodismo. Cuando sonó el timbre, todos se lamentaron de que terminara la clase. La mayoría de las chicas sólo sabían describir lo guapo que era el nuevo profesor, y los lindos y profundos que eran sus ojos. Ninguna comentó algo de lo que habían hecho, lo que exasperó a Sally, que consideraba que las dinámicas que habían hecho eran muy interesantes, y mostraban mucho de la personalidad de su nuevo profesor. Al escuchar por milésima vez lo sexy que era la sonrisa del profesor nuevo, Sally puso los ojos en blanco y se dispuso a seguir a Jim y a Margaret por el pasillo, cuando una voz la llamó a sus espaldas.

-Señorita Lockhart.- Sally se volteó y se encontró cara a cara con la señorita Bones, que le estaba tendiendo una papeleta con algo escrito sobre ella.- Espero que no olvide su castigo esta tarde, y por favor, recuérdeselo al señor Garland. No me gustaría que se perdiera este castigo. A las cinco en el salón de literatura, si es tan amable.

-Si señorita.- le contestó Sally, con su tono educado de siempre, aunque se moría de ganas de decirle a la maestra que todo había sido culpa de Fred, que él la había provocado y que a ella le deberían quitar el castigo. Contuvo esas palabras que peleaban por salir de su boca, ella no era ninguna traidora, ni pensaba acusar a nadie, ni siquiera al idiota de Garland. Le dirigió un gesto de asentimiento a la profesora y echó a correr detrás de sus amigos, que habían avanzado bastante en el rato en que ella había estado hablando con la profesora. Fuera de la entrada de la sala común estaba Fred, hablando con unos amigos, Sally se apartó de sus amigos y se acercó al grupito.- Oye Garland.- Le dijo al chico, con tono de pocos amigos, tocándole el hombro.

-¿Si?- le preguntó el muchacho, levantando una ceja. Sus amigos empezaron a darse codazos y reírse entre ellos, lanzándole miradas bastante insinuantes a Sally, que por unos segundos deseó que su falda fuera un poco más larga y no dejara ver sus piernas delgadas.

-Linda chica que te conseguiste. ¿No tiene una amiga que me quiera presentar?- Sally sintió como le ardían las orejas. "Idiotas" se dijo y se decidió a ignorarlos, esforzándose en fijar su atención exclusivamente en Fred.

-La señorita Bones me mandó a recordarte el castigo de esta tarde.- Dijo, pasándole una de las papeletas, los amigos de Fred seguían riéndose tontamente. Fred tomó la papeleta de entre las manos de Sally y la arrugó en una bolita, para luego tirarla al suelo. Toda la operación la hizo sin pronunciar una palabra, mientras Sally esperaba una respuesta.

-¿Todavía no te vas?- le preguntó Fred. –No tienes suficiente de mí, ¿verdad? Admítelo Lockhart, no te desagrada tanto estar conmigo encerrada un par de horas. De hecho, te mueres de ganas de estar conmigo toda la tarde.- se burló el chico arrogante y maliciosamente.

Sally le devolvió una mirada helada y apretó los labios con fuerza, conteniendo la rabia que le provocaba el muchacho cada vez que hablaba. Fred observó detenidamente la expresión en la cara de la muchacha, que parecía estar recurriendo a todas sus reservas de paciencia para no aplastarle la cara. Esa chica era un paquete de fuegos artificiales y sólo hacía falta un poco de fuego para hacerla estallar, hacerla enojar era muy divertido, se dijo.

-Las mismas ganas que tengo de encerrarme en un armario con una bolsa de estiércol, aunque es casi lo mismo.- replicó, sarcásticamente y se dio la vuelta para entrar a la sala común, dejando a Fred con sus amigos detrás de ella. Los amigos de Fred se rieron, esta vez de él, que se quedó mirando como Sally se iba, furioso. "Me las va a pagar", se dijo. En ese momento decidió que iba a hacerle la vida imposible a Verónica Beatrice Lockhart, aunque fuera lo último que hiciera en esta vida.

Eran sólo las cuatro y cuarto, así que Sally subió a su pieza a dejar sus cosas y volvió a salir a los pocos minutos en dirección al edificio donde se daban las clases de humanidades.

Sally fue la primera de los dos en llegar al castigo, entró a la sala, se fijó en que estuviera vacía y se sentó en uno de los asientos junto a la ventana, Fred llegó a los pocos minutos y se sentó lo más lejos de ella que pudo. La maestra entró poco después del muchacho y dio vuelta una caja de madera sobre la mesa del profesor, dejando caer un montón de papeles sobre ella.

-Buenas noches, jóvenes.- los saludó, Sally y Fred le contestaron muy despacio, lo que no pareció molestar a la profesora. –Como es el primer día no va a ser un castigo demasiado severo, sólo tienen que ordenar estas guías para mis clases de mañana, volveré a las ocho para buscarlos para ir a comer, no pueden salir antes. Señor Garland, me imagino que agradecerá que éste no sea como sus castigos del año anterior. ¿Preguntas?- paseó su mirada por sobre Sally y Fred, que no hicieron ningún gesto de no entender.- ¿No? Perfecto, nos vemos a las ocho. Que les vaya bien.- agregó antes de salir, por la puerta, con su paso fuerte y decidido.

Sally se paró del escritorio donde estaba sentada, se acercó a la mesa del profesor y empezó a examinar las guías, estaban en completo desorden, pero cada una tenía escrito el curso al cual correspondían, bastaba con hacer cuatro montones y ya estarían ordenadas. Sin perder un minuto empezó a separarlas por curso. Fred se había movido y en esos momentos estaba sentado sobre uno de los escritorios junto a la ventana, mirando como Sally trabajaba, indolentemente.

-Así que solos, Lockhart.- murmuró, lo suficientemente fuerte para que la chica lo escuchara en la sala vacía.

-Cierra el pico y ayúdame Garland.- le contestó la chica, mirándolo fugazmente de reojo.

Fred le dirigió una mirada indolente, desde su escritorio, acompañándola con una mueca irónica.

-No, gracias. Creo que prefiero la vista desde aquí.- Contestó, mirándola a ella, fijamente. Al oír eso, Sally se ruborizó y se mordió los labios.

-No era una pregunta Garland. ¡Ven aquí y ayúdame pedazo de cretino arrogante! Fue tu culpa que nos castigaran, si sólo supieras callarte de vez en cuando…- empezó a decir, hablando cada vez más rápido, como si tuviera un acelerador en la lengua, que funcionaba más rápido mientras más enojada estaba.

-Mira quien vino a hablar, la mocosa más estirada y orgullosa del colegio.- la interrumpió Fred, incorporándose en su asiento.- Eres tan orgullosa que todos te parecemos inferiores, nadie está a tu maldito nivel.- Se había parado y se estaba acercando peligrosamente a Sally. La chica se echó instintivamente hacia atrás. La cara de Fred no era precisamente amistosa en ese minuto.

-¡No soy orgullosa Garland!- vociferó Sally, deteniendo su retroceso. Garland no iba a hacerla retroceder de nuevo.- Te equivocas conmigo, no creo que todos sean inferiores o idiotas, sólo creo que TÚ eres un imbécil, un arrogante y un creído.

-¿Ah, si?- replicó Fred, acercándose más a ella.- Yo pensaba justamente lo mismo de ti. Qué curioso, ¿No crees?

-¡Me importa un comino lo que piense de mi un imbécil arrogante!- gritó Sally, cada vez más furiosa.- ¡Y mucho menos si ese cretino eres tú!

-Te felicito. ¡A mí tampoco me importa lo que pienses acerca de mí!- Fred seguía acercándose y ya estaba junto a la mesa del profesor, sólo unos pasos lo separaban de Sally, que estaba como clavada en el suelo.

-¡Perfecto!- rugió Sally, ahora sólo los separaban unos centímetros, por que Fred no había dejado de avanzar peligrosamente hacia ella. -¡Por mí está bien!

-¡Por mí también está bien!- Le respondió Fred, que estaba sólo a un par de centímetros de su cara. Tan cerca, que Sally podía sentir su aliento acariciando su rostro y su perfume masculino inundando su nariz y él podía sentir el olor de su pelo envolviéndolo y su rabia flotando a su alrededor como un escudo invisible.

-Genial.- Contestó Sally, mirando hacia otro lado y apartándose unos pasos hacia atrás, estar tan cerca de Fred seguramente sería dañino para su salud mental.- Ahora déjame terminar con esto.- Se apartó bruscamente y se puso a ordenar las guías sobre la mesa, Fred la imitó luego de un rato, evitando incluso rozarla y en poco rato tuvieron cuatro montones, bien ordenados sobre la mesa del profesor. Cuando se aseguró de que no hubiera ninguna guía fuera de los montones, Sally se fue a sentar en una esquina de la sala y escondió la cabeza entre los brazos, Fred volvió a su puesto junto a la ventana. Se podía palpar la tensión entre ambos, el ambiente se podía haber cortado con un cuchillo y parecía hacerse más denso por minutos. Sally estaba lamentando no haberle pegado, no soportaba la idea de parecer orgullosa, o peor aún, mimada, y mucho menos le gustaba la idea de que alguien pensara eso de ella y si alguien se merecía terminar con la nariz en el cerebelo, era Garland, por creer que ella era una mocosa mimada y por ser tan irritante y por… Sacudió la cabeza, no pensaba dedicarle más de medio segundo de sus pensamientos a ese imbécil. Ni él ni nadie podían decir que ella era mimada sin terminar seriamente dañados, pero ahora estaba en un colegio y tenía reglas que respetar y aunque no había leído el reglamento completo, estaba más que segura de que ninguna de ellas permitía pegarle a otro compañero, aunque se tratara de Garland, el imbécil más grande del mundo. Pos su parte, Fred había vuelto al escritorio junto a la ventana y estaba apoyado en el borde de la ventana con las piernas estiradas sobre los dos escritorios. Al cabo de un rato apareció la profesora, que se sorprendió al ver que sus dos alumnos no se dirigían la palabra, pero no dijo ni una palabra y se los llevó al comedor. Al llegar ahí se separaron si decirse ni una palabra extra, Sally se fue a sentar con sus amigos en la mitad de la mesa y Fred con los suyos en una de las puntas de la mesa, entre las burlas de sus amigos, que le preguntaban a viva voz si había hecho "algo interesante" con Lockhart. Sally los escuchó y se sentó en la mesa con el ceño fruncido, bajo la atenta mirada de Fred, que notó como la chica se ponía roja de rabia y se sonrió para sus adentros, respondiendo a las preguntas idiotas de sus amigos con una sonrisa insinuante y un encogimiento de hombros, lo que dio paso a que sus amigos estallaran en carcajadas.

-¿Cómo estuvo el castigo?- preguntó Jim a Sally, palmeándole la espalda mientras la chica se sentaba a su lado y sirviéndole ñoquis con salsa, de una fuente que había sobre la mesa.

Sally le sonrío sarcásticamente, los comentarios de los amigotes de Garland se escuchaban por toda la mesa y la ponían de peor humor, si eso era posible.

-Nada especial, tuvimos que ordenar unas guías para las clases de Bones de mañana. Ah, y estuvimos como a medio milímetro de sacarnos los ojos mutuamente. Por lo demás ningún problema.- contestó, mientras se metía una cucharada bien llena de comida en la boca, con un gesto muy poco común para una señorita.

-Entonces les fue bien.- replicó Jim, sin dejar su tono burlón, y volvió a prestar atención exclusiva a su plato de ñoquis, mientras Adelaida miraba distraídamente a la mesa de cuarto año. –Ya estábamos apostando quien no volvía entero.- agregó Jim, luego de tragar muy rápido lo que tenía en el plato y mientras se servía otro, frente a la mirada desaprobadora de Adelaida.

-Jim, ¿No dejas de comer por una vez en tu vida?- la chica lo miraba ceñuda, mientras el se llenaba el plato con el doble de lo que cualquier persona normal se habría servido. Jim le dirigió una sonrisa con la boca llena de comida y ella apartó la mirada, haciéndose la enojada.

Cuando terminaron de comer se fueron a la sala común, donde la mayoría de los chicos se triró sobre los mullidos sofás y sillones que había, comentando los muchos cambios del colegio. Sally suspiró, no podía comparar lo que había de nuevo en el colegio, ya que no había estado el año anterior, y esa circunstancia la aisló rápidamente de la conversación general. Se arrellanó en un sillón, mientras escuchaba como sus compañeros hablaban. Un rato más tarde se levantó de su sillón sin que nadie notara que se iba. Sally fue la primera de tercer año en irse a dormir, esa noche. No tenía ganas de soportar las miradas envenenadas que le dirigía Fred desde el otro extremo de la sala común, y la conversación la aburría, ya que no sabía de qué hablaban. Se acostó en su cama, luego de dejar su uniforme de cualquier manera sobre la silla, y se durmió rápida y profundamente, tanto que ni siquiera se dio cuenta cuando Adelaida llegó a dormir, bastante más tarde.