Capítulo 5: Adelaida

A la mañana siguiente Sally repitió al pie de la letra la rutina del día anterior, pero en vez de esperar a su compañera de pieza, se despidió de Adelaida apenas ella estuvo lista para salir y bajó al comedor, sola. Era aún temprano, y éste estaba casi vacío, Sally se dirigió a la mesa de tercer año, donde sólo estaban Charles con uno de sus amigos, que se habían levantada aún más temprano que ella para salir a trotar por el campus, les dedicó un saludo con la cabeza y se sentó junto a ellos, sin hablar, bebió de un sorbo su café y tragó apresuradamente un par de tostadas, todo eso sin dejar de mirar recelosamente a la puerta, apenas Frederick Garland apareciera por esa puerta, ella iba a salir disparada por esa misma puerta.

Su plan era básicamente evitar a Fred todo lo que pudiera. Ni él ni nadie iban a hacer que ella perdiera su buen humor o los estribos. Unos minutos más tarde salió del comedor, sin ver a Garland, lo que de hecho, la tranquilizaba mucho.

Su primera clase del día era filosofía, y apenas terminó de engullir su desayuno se dirigió hacia el edificio de humanidades, luego de preguntarle a Charles cómo llegar. ¿Por qué demonios no habían incluido un mapa con el maldito horario?, se preguntó, al parecer en el Howton College estaban empeñados en hacer todo más difícil para los nuevos. Los pasillos estaban desiertos, Sally se sonrió, además de ella y los trotadores, el resto de los estudiantes del colegio no eran madrugadores. En la sala de filosofía no había nadie, Sally suspiró y se sentó en uno de los asientos de la primera fila. Se acomodó lo mejor que pudo en la estrecha silla y se encerró en la lectura del libro de filosofía, siempre había sido una de sus materias favoritas y le interesaba mucho.

Estaba tan absorta en la lectura que no se dio cuenta de que la sala se iba llenando, y no advirtió la llegada de la profesora, si no hubiera sido por una de sus compañeras, que le golpeó suavemente la espalda para advertirla de la llegada de la maestra, esta le habría pasado desapercibida. La profesora era una mujer de aspecto distraído, que se presentó como Nellie Budd, y se declaró como una mujer relajada y confiada, que no iba a aceptar ningún tipo de copia en su clase, pero no iba a dar castigos severos. Usaba ropa de estilo hippie, y unos grandes anteojos rodeaban sus ojos, haciendo que estos se vieran el doble de grandes de lo que eran, complementaba su imagen con mucho maquillaje, demasiado para una mujer de su edad.

Sally miró a su alrededor, buscando a alguno de sus amigos en la sala, a su lado estaba Adelaida, Sally pensó por unos segundos. "¿Desde cuando estaba ahí?", no se había dado cuanta de cuando había llegado, Adelaida no la había saludado con su habitual alegría, sino que tenía la cabeza enterrada entre los brazos y no hablaba. Sally le pegó un codazo y Adelaida levantó la cabeza, dirigiendo su mirada hacia su amiga, tenía los ojos rojos, como si hubiera llorado. Sally le palmeó el hombro, sin saber lo que le había pasado a su amiga, y Adelaida volvió a enterrar la cabeza entre los brazos, soltando un sollozo ahogado. ¿Qué le habría pasado? Sally buscó con la mirada a Jim, que seguramente sabía algo, pero él no estaba en esa clase, mientras buscaba a su amigo entre los que estaban en la sala, su mirada se cruzó con la de Charles, al que dirigió una mirada inquisitiva, apuntando a Adelaida con la cabeza, pero este sólo se encogió de hombros.

-Adelaida, ¿Qué te pasa?- le susurró a su amiga. Adelaida no hizo ningún sonido que pudiera confundirse con una palabra, sino algo más bien parecido a un sorbeteo. Sally suspiró, y volvió a poner atención a la profesora y Adelaida no levantó la cabeza hasta el final de la clase, cuando salió corriendo, ante la sorpresa de todos los que estaban en la sala. Sally corrió atrás de ella y la siguió hasta encontrarla encerrada en un baño, llorando a lágrima viva en uno de los cubículos, sin importarle quien entrara ahí y la escuchara. Una chica abrió la puerta del baño y volvió a cerrarla violentamente al oír el llanto de Adelaida.

-Adelaida. ¿Me podrías decir que te pasó?- dijo Sally, aporreando con todas sus fuerzas la puerta detrás de la cual se escuchaban los sollozos ahogados de Adelaida. Se apoyó en el espacio entre los cubículos y esperó unos segundos. Adelaida salió con los ojos rojos y se apoyó con las dos manos en el lavamanos, mirando su imagen en el espejo furiosamente.

-Roy...- dijo, despacio, con la voz entrecortada.-…me dijo que… había vuelto con su novia…y… que prefería que… no nos viéramos más.- contestó, antes de estallar en nuevos y renovados sollozos, sin mirar a Sally, que la miraba muy preocupada. Abrió la llave del agua y se limpió la cara con las manos, entre sollozos entrecortados. -No te preocupes Sally, estoy bien…Esto…tenía que pasar. Pero prefiero que Ji… que nadie me vea.- Sally se sentó en un banquito que había a un lado, mirándola con una ceja en alto.-De verdad, Sally.- continuó Adelaida, estoy bien. Vete a clases.- suspiró mientras se secaba la cara con una de las ásperas toallas de papel.

-Como tu digas, pero no te creo ni un poco que estás bien. No faltes a clases.- Dijo Sally, sin creerle del todo, y salió del baño. Su clase siguiente era Biología, en el edificio de ciencias, que estaba al otro lado del patio. Se apresuró en llegar, apenas tenía un par de minutos para atravesar todo el patio, por haberse pasado más de la mitad del recreo acompañando a Adelaida en el baño. Una voz la llamó a sus espaldas y la hizo detenerse en plena carrera.

-¡Sally!- era Jim, quien la miraba con cara de estar muy preocupado.- ¿Has visto a Adelaida? La vi en la mañana, antes del desayuno, hablando con Roy y después de eso la vi salir corriendo y creo que iba llorando. No pude alcanzarla.

-Ella está bien, no te preocupes. Pero ahora no puedo hablar, estoy atrasadísima. Hablamos luego.- le contestó Sally y salió corriendo en dirección al ala de ciencias, a todo lo que daban sus piernas. Llegó a la sala unos segundos antes de que tocara el timbre y se sentó en un puesto vacío al lado de Charles.

-¿Qué le pasó a Adelaida?- le preguntó el monitor al verla a su lado.

-Algo personal, no te puedo contar.- le contestó Sally, sacando sus libros de su mochila y poniéndolos sobre la mesa con un golpe un poco más fuerte de lo que le hubiera gustado.

La profesora, la señorita Merthin entró con una sonrisa profesional a la sala, saludó a sus alumnos y empezó su clase. El resto de la clase transcurrió sin incidentes de ningún tipo, la profesora era estricta pero amable y muchas veces era víctima de bromas pesadas por parte de sus alumnos, pese a lo cual sus clases eran muy interesantes, pero en esos momentos Sally no podía concentrarse en la clase, seguía preocupada por su amiga, la que, si Sally si no se equivocaba, seguía llorando en el baño. La profesora les dijo que estaban listos por ese día, y Sally miró a su cuaderno. Estaba en blanco. La preocupación por Adelaida no la había dejado poner atención. Guardó sus cosas en la mochila y apenas sonó el timbre del recreo se paró y se dirigió a la puerta, donde la esperaba Jim… y para su sorpresa, Fred.

-Sally, te estábamos esperando. ¿Segura de que Adelaida está bien?- le preguntó Jim ansiosamente.

-No llegó a historia.- agregó Fred.- Susan fue a buscarla, pero no la encontró. ¿Tienes alguna idea de adonde puede estar?- pese al tono frío con que intentaba decirlo, se notaba que estaba preocupado por la chica. Sally no pudo evitar preguntarse si haría lo mismo por ella, aunque después de ver como la trataba, lo dudaba mucho.

-¿Dónde la buscaron?- preguntó Sally, aunque estaba casi segura de donde estaba su amiga, si se hubiera tratado de ella, se hubiera escondido en su pieza...

-En su dormitorio, pero no estaba ahí.- contestó Fred, interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. Sally tuvo de súbito una inspiración. Adelaida no se había movido de donde la había dejado.

-Ya sé donde está. Espérenme.- sonrió enigmáticamente y empezó a correr, los muchachos no siguieron su consejo y la siguieron, sin saber lo que estaban haciendo ni a donde se dirigían. Sally se detuvo frente al baño de mujeres del ala de humanidades, donde había visto a Adelaida por última vez, les hizo un gesto con la cabeza a los chicos para que pararan y la esperaran afuera y entró sola. Adelaida seguía ahí, como ella estaba segura de que lo estaba, sentada en el banquito, con la cabeza enterrada en las rodillas, emitiendo leves sollozos, cada vez más apagados. La llorosa chica levantó la cabeza cuando sintió entrar a Sally, y cuando vio quien era, volvió a bajarla y siguió llorando. Sally se sentó a su lado.

-No fuiste a clases.- dijo simplemente.- y Jim te vio hablando con Roy y se quedó preocupado.

Adelaida levantó la cabeza y estalló de nuevo en sollozos fuertes, que resonaron en las paredes del baño.

-¡Ay, Sally! Me siento como una idiota. No pensé que Roy se iba a aburrir tan rápido de mí, como dijo que todo se había acabado entre él y Marianne… ¡Soy una idiota!

-No, no eres una idiota.- sonrió Sally, abrazándola.- El único idiota de esta historia es él. No sabe lo que vales.- Alguien tocó la puerta y la cabeza de Jim apareció en la puerta.

-¿Se puede pasar?- preguntó, buscando a Adelaida con la mirada.

Adelaida se incorporó de un salto y se secó los ojos bruscamente.

-Si, claro, pasa.- contestó, intentando que su voz no sonara quebrada, Jim entró, seguido de Fred.

-Mira Adelaida, no sé que pasó con ese imbécil de James.- dijo Jim.- Pero sí sé que ese cretino no te merece, ni vale la pena, ni sabe lo que vales, ni…

-¡Ay, Jim!- exclamó Adelaida, interrumpiéndolo, al mismo tiempo que daba un salto y lo abrazaba. Jim se puso rojo hasta las orejas y la miró sorprendido. Sally y Fred cruzaron una mirada, sintiéndose de sobra ahí. Adelaida se separó de Jim, roja hasta la línea del pelo, igual que el muchacho.- Eh…lo siento. Pero… mejor… eh… salimos de aquí. Es el baño de chicas…

Los cuatro salieron del baño apresuradamente, evitando que alguien los viera saliendo de ahí. Sally tenía francés en la hora siguiente, así que se puso a correr en dirección al edificio de idiomas. Fred la siguió, corriendo también tras ella.

-¿Qué necesitas Garland?- le preguntó Sally, deteniéndose.

-Nada, yo también tengo francés, y pocos minutos para llegar, voy contigo. Si no te molesta, claro.- la última frase la dijo con un tono marcadamente irónico. Fred también se detuvo, a unos pasos de ella. –Vamos de una vez, deja de ser tan tonta.- agregó empezando a correr de nuevo. Sally le dirigió una mirada furiosa y echó a correr tras él.

Ambos llegaron a la clase de francés, un segundo después de que sonara la campana. La profesora no era muy estricta por lo que los hizo pasar con una pequeña advertencia. Como no quedaban muchos asientos, tuvieron que sentarse juntos en la primera fila. Sally resopló, fastidiada y Fred maldijo su desgracia entre dientes. Pese a estar sentados juntos no se hablaron en toda la clase, cada cierto rato se lanzaban miradas de odio entre ellos y se insultaban.

Cuando no estaban insultándose ni lanzándose miradas de odios, Sally estaba contestando las preguntas que hacía la maestra, la cual halagó en varias ocasiones el magnífico acento francés de Sally, que había tenido muchas oportunidades para mejorarlo ya que había estado en Francia y Bélgica muchas veces. Salió de Francés, después de Fred, pero algo en ella la hizo acercarse al chico y tomarlo del brazo.

-¿Qué quieres Lockhart?- dijo el muchacho con tono despectivo al ver quien era la que estaba aferrada de su brazo. Sally lo soltó bruscamente.

-De ti, nada.- soltó, con todo el desprecio que fue capaz. –Sólo quería agradecerte por preocuparte de Adelaida… fue muy…amable.

-Para que veas que soy todo un caballero… Pero no te hagas ilusiones linda, no te pienso tratar igual que a ella. No te lo mereces.- le dijo el muchacho irónicamente.

-Créeme que no me interesa como me trates Garland.- replicó Sally, alejándose de él lo más que pudo. Luego de la clase de francés venía el almuerzo. Sally se reunió con Jim y Adelaida en el comedor. Su amiga parecía estar mejor y más tranquila, y a Jim, a Jim no había como sacarle la sonrisa de la cara, que lo hacía ver como tres o cuatro años menor. En la tarde tuvieron dos bloques libres, ya que aún no estaban organizadas las optativas. Como no tenían ni tareas ni pruebas, por ser la primera semana de clases, Sally se fue a la sala de computadores de tercero, que estaba junto a la sala común, para revisar su e-mail. Se sentó en uno de los computadores vacíos y lo prendió. Le había llegado correo de su padre. Lo abrió con una sonrisa en los labios.

¡Hola, enana!

Te he extrañado mucho estos tres días sin ti. (¿Tres? Me parece que ha sido como un mes.) Quizás no fue tan buena idea enviarte al colegio, a fin de cuentas. En cuanto a novedades, te puedo contar que mi siguiente destino es Moscú, me pidieron que hiciera un reportaje de las pequeñas
galerías de arte que hay allá. Estoy segura de que te encantaría ir, enana. Y siento mucho que no me puedas acompañar. Es una ciudad maravillosa, llena de historia y arte. Lamento no tener mucho que contarte, sólo te fuiste hace tres días y en tres días no suelen pasar muchas cosas, aunque estoy seguro de que a ti te ha pasado de todo. Tu tío Jack llamó y dijo que Chaka parece feliz, aunque asegura que te echa de menos. Llámalo uno de estos días, y a mí también, aunque llamar a Rusia es un poco caro.

¿Cómo has estado tú, enana querida? Espero que tu nuevo colegio te guste, claro que no es lo mismo que estar en casa. De todas formas, disfrútalo, estoy muy seguro de que lo vas a pasar bien allá. Por favor mándame fotos con tus amigos, no quiero que se me olvide la cara de mi única hija. Y contéstame lo antes que puedas.

Un beso y un abrazo de

Tu viejo

Sally se sonrió, el correo era totalmente del estilo de papá, cariñoso pero corto. Subió las piernas a la silla y empezó a escribirle una respuesta.

Papá!!

También te he echado mucho de menos, y sólo hace tres días que no te veo. Es extraño extrañar tanto a alguien, cuando en realidad, hace sólo tres días que no lo ves. El colegio es increíble, muy grande, los laboratorios son buenísimos (aún no he ido a la biblioteca) y las canchas también. Mis profesores favoritos son el señor Garland, de Química, y el señor Goldberg, de Historia, principalmente por que a ambos se le nota lo mucho que les gusta lo que hacen. Todo esto es muy distinto al otro colegio. Extraño un poco a mis antiguos amigos, es difícil pensar que ahora tengo que empezar de nuevo en un colegio nuevo.

Mis nuevos compañeros son muy divertidos, especialmente Adelaida, mi compañera de pieza, y Jim Taylor, que es muy divertido y siempre está contando chistes. También conocí a los monitores de mi curso, Margaret y Charles, y me he llevado bien con ellos, de hecho, en el bus me vine con Margaret, también me cae bien Rosa Garland, pero no mucho su hermano mellizo, Fred, un idiota arrogante. Ellos son sobrinos del señor Garland de química. Con Margaret tengo mucho en común, nos gustan los mismos libros y bandas. Todos ellos están en mi curso, por suerte. No se me ocurre que más contarte. Todo está muy bien por aquí.

Un beso,

Sally

Envió el mail y apagó el computador. Curiosamente la sala de computación estaba vacía. Miró hacia fuera por la ventana, que estaba frente a ella. Estaba lloviendo, aunque estaba casi segura de que no lo estaba cuando empezó a escribir. Típico clima de otoño. Sally arrugó el ceño y se dirigió a su pieza, como no tenía pruebas ni tareas para los días siguientes sacó un libro de su repisa y se sentó a leer en su cama, era uno de sus libros favoritos y se lo había leído muchas veces, pero cada vez que lo hacía el tiempo pasaba volando. No se dio cuenta de todas las horas que habían pasado desde que había empezado a leer, hasta que Adelaida entró a buscarla.

-Ermitaña, te estábamos buscando, casi nos imaginábamos que Garland te había atacado o algo así. Jim ya estaba organizando apuestas. ¿No tienes hambre?- preguntó, ya no parecía triste, aunque tenía los ojos un poco rojos todavía.- ¿Vamos a comer?

Sally bajó su libro, lo dejó en la mesita de noche y se levantó para acompañar a Adelaida al comedor. Después de comer se instalaron en la sala común a ver una película, en la televisión del curso.

Adelaida fue la primera del grupo en irse a acostar, antes de que terminara la película, luego se fue Jim, seguido por Rosa y Margaret, y finalmente por Charles. Por suerte para Sally, aún quedaban algunas personas, además de ella y Fred, lo que Sally aprovechó para irse sin que este le dijera algo desagradable, mientras subía la escalera para ir a su dormitorio pasó junto a uno de los chicos del grupo de Fred, que silbó provocativamente al verla. Sally puso los ojos en blanco y siguió subiendo. Cuando llegó a su dormitorio se dio cuenta de que Adelaida llevaba dormida un buen rato. Silbando suavemente una canción alegre, preparó sus cosas para el día siguiente y se acostó, quedándose dormida sin esfuerzo.