Capítulo 6: Optativas y una fiesta

En la mañana Sally se levantó temprano, pero en vez de irse apenas estuvo lista, esperó a que Adelaida lo estuviera también. Mientras su compañera se peinaba y maquillaba, Sally la miraba, golpeando el suelo con el pie, impacientemente.

-Te demoras mucho en estar lista, deberías ser como yo, lista en diez minutos.- se burló de su amiga mientras iban al comedor, cuando Adelaida por fin estuvo lista.

-Si, pero no me duraría mucho verme tan desastrosa. Me aburriría de parecer una escoba con ropa.- le contestó Adelaida en el mismo tono. -¿Cómo llamas a tu estilo? ¿Vago-chic?- Sally la miró con el ceño fruncido, Adelaida se percató y corrió un par de pasos, seguida por Sally, quien la amenazaba con el puño. -¡Era broma!- dijo entre risas, cuando Sally la cogió del brazo e hizo amago de pegarle un puñetazo en el hombro. Ninguna de las dos dejó de reírse hasta que llegaron al comedor. Después del desayuno tenían asamblea, y los de tercer año se apresuraron en llegar a la sala donde se reunían para ver los temas del curso. Pese a que se apuraron mucho, no tuvieron mucho tiempo de relajarse, ya que ese día la profesora llegó más temprano de lo habitual y los hizo callar rápidamente.

-Tenemos mucho de lo que de lo que hablar hoy.- dijo, mientras entraba, al mismo tiempo que les indicaba a los alumnos que se callaran y se sentaran en sus escritorios. - Lo primero y más urgente, las optativas, Bertram, Haddow, repartan las papeletas. Rápido, si son tan amables. Hay otro tema importante que tengo que hablar con ustedes.- Charles y Margaret se pararon y repartieron las papeletas lo más rápidamente que pudieron. Cuando le pasaron la suya Sally la examinó atentamente.

Optativas Deportivas:

Fútbol

Tenis

Atletismo

Natación

Gimnasia

Basketball

Voleyball

Sally y Jim marcaron natación. Jim decía que era la que normalmente tenía a menos gente inscrita, y la piscina del colegio era excelente. Había tomado la clase el año anterior y le había gustado mucho, además de que "tenía las condiciones" según la profesora, a Sally, por su parte siempre le había gustado el agua, nadaba desde pequeña, quizás por que era el único deporte que podía practicar sin caerse y rasparse las rodillas y los codos, pero también la hacía sentirse en paz y segura de si misma.

Optativas Artísticas:

Pintura

Baile Coreográfico

Escultura

Fotografía

Teatro

Cine

Música

-¿Cuál dices tú que es la mejor?- le preguntó a Jim.

-El año pasado tomé teatro, es la más divertida. Lo pasamos muy bien entre todos y la profesora es muy simpática. ¿Cuál otra te gustaría?

-Fotografía.- dijo Sally. Era una buena fotógrafa, incluso había tomado fotos para los reportajes de su padre, y las habían publicado en la revista.

-En esa está Garland, sí o sí. Es un excelente fotógrafo, de hecho, me parece que se ha ganado algunos premios por sus fotos y siempre saca las fotos del anuario. Si lo que quieres es evitarlo, te recomiendo teatro, ahí podrás estar con Rosa, que es una excelente actriz. De hecho fue la protagonista de "Casa de Muñecas" el año pasado. Yo tuve que conformarme con ser Krogstad, el malo del cuento.

-Me gusta esa idea. Está más acorde con mi salud mental que Fotografía con Garland.- sonrió Sally, y la marcó en las alternativas.

Optativas Libres:

Literatura

Periodismo

Robótica

Baile de Salón

Dibujo Arquitectónico

Computación

Astronomía

-Periodismo me parece interesante. ¿Qué hacen ahí?- preguntó Sally que, teniendo algo de experiencia en el tema, estaba segura de que lo pasaría muy bien en esa clase, además de que el tema le gustaba, a veces pensaba en estudiar periodismo cuando saliera del colegio, aunque también le llamaba la atención el derecho y la economía.

-Básicamente hacen el periódico y la radio de la escuela. La encargada era Bones el año pasado, te lo advierto desde ya. Pero me parece que le pidieron al señor Goldberg que se encargara este año. De todas formas, no puede ser peor que baile de salón, la tomé el año pasado, y fue terrible, me tocó con una tipa que bailaba desde los cuatro años, y como soy de desastroso. Te acompaño en periodismo.

-Ok. De todas formas, JAMÁS me metería en baile de salón, debe ser una de las asignaturas más aburridas de la historia.- sonrió Sally, marcando periodismo en la hoja.

Entregaron las hojas, y la profesora continuó con su charla.

-El siguiente tema en la lista es que a ustedes, el tercer año, les toca organizar la fiesta de bienvenida. Es este sábado. Tienen este rato para organizarse, tomen en cuanta la música, comida y decoración. Sólo tienen que pasarme las listas con lo que necesitan. Lo de la música es muy fácil porque sólo necesitamos un DJ. Es un trabajo ingrato, tienen que estar toda la noche poniendo música. ¿Algún voluntario?- Un chico se paró, en el fondo de la sala.- ¿Jones? Muy bien. El equipo está en el colegio, tienes que conseguirte la música e instalarlo en el gimnasio para la fiesta. Por cierto, los horarios serán los habituales, de siete a dos a.m. No hay opción de reclamos, Garland. ¿Quedó claro?- Fred se sonrió.

-No se preocupe profesora, si la fiesta continúa, será en la sala común.- el curso entero estalló en carcajadas ante las palabras de Fred, que estaba tirado sobre su silla, indolentemente. La profesora no pudo reprimir una pequeña sonrisa, pero ignoró el comentario de Fred y siguió hablando como si nada hubiera pasado.

-Haddow, Bertram, organicen a sus compañeros.

Margaret y Charles se pararon y se ubicaron al frente de la sala. Margaret tomó la palabra.

-Como el tema de la música ya está resuelto, sólo tenemos que ocuparnos de la comida y la decoración. Propongo que nos dividamos en dos grupos, uno para la comida y otro para la decoración. Decoración acá conmigo, comida con Charles por allá.- indicó Margaret, con su talento para organizar a los demás y su voz autoritaria.

Sally se ubicó rápidamente en el grupo de la decoración, junto con Adelaida. Jim, por su parte desapareció en el grupo que se iba a encargar de la comida. Tras un largo rato, durante el cual se acomodaron bien los grupos y pelearon para ponerse de acuerdo entre ellos mismos, los grupos estuvieron organizados y al final de la clase tanto Charles como Margaret entregaron las listas terminadas a la señorita Bones.

El resto de la semana pasó muy rápidamente, todos los estudiantes aún estaban adaptándose de nuevo al ritmo del colegio, conociendo nuevas caras (especialmente Sally), nuevos profesores y nuevas clases. Todos la trataban muy bien, excepto por el patán de Garland, el que le lanzaba insultos cada vez que podía y Sally se los devolvía con la misma agudeza. Ya eran cosa diaria las batallas verbales entre ambos, y los de tercero disfrutaban al ver como, por fin, alguien ponía al arrogante de Garland en su lugar.

Los sábados los alumnos podían dormir hasta más tarde, pero a las diez en punto, debían estar todos levantados por que retiraban el desayuno del comedor, los domingos el sistema era igual. Pese a eso, el sábado Sally y Adelaida estaban listas a las nueve de la mañana.

-¿Qué te vas a poner para la fiesta?- preguntó Adelaida, mientras dejaba la ropa que iba a usar esa noche sobre su cama.

-No sé, esto.- respondió Sally indicando la ropa que llevaba, unos jeans desgastados y una camisa escocesa, frente a la mirada desaprobadora de de su amiga.- ¿Cuál es el problema?

-¿Eso?- preguntó Adelaida, con una mueca desaprobadora.- Olvídalo, seguro que tienes algo mejor que usar.- agregó, metiéndose sin preguntar en el clóset de su amiga. Sally resopló de impaciencia. Ella sólo quería ir a tomar desayuno de una maldita vez.- Esto es perfecto para ti y esto también, y se deben ver muy bien juntos.- decía mientras tiraba y tiraba prendas sobre la cama de su amiga. – Póntelos para la fiesta, por favor. Te vas a ver increíble.- suplicó.

-Ya, como tu digas, pero por favor ¿Vamos a desayunar? Muero de hambre. ¿A qué hora dijo Margaret que debíamos estar en el gimnasio?- preguntó Sally, apartando la ropa que había elegido su amiga.

-A las once, decoramos y después nos vamos a arreglar, después de limpiar los baños. Hablando de arreglarse, tienes que dejarme que te arregle, me imagino que no tienes nada de maquillaje y de esas cosas, y obviamente, querrás ayuda.

-¡Adelaida! No soy una muñeca de porcelana, ni de ningún otro tipo.- protestó Sally.- Ahora, vamos a desayunar, en serio, o se habrá acabado toda la comida y tengo mucha hambre.

Desayunaron rápidamente, pese a las quejas de Sally les había alcanzado comida, por que los alumnos de los cursos que no tenían que organizar la dichosa fiesta habían decidido aprovechar al máximo la posibilidad de dormir hasta tarde. Los de tercero estaban desayunando, todos con cara de sueño y de no querer estar ahí. Luego del desayuno se dirigieron al gimnasio, donde Margaret las esperaba con un cuaderno en las manos, revisando que todo estuviera listo, casi no la habían visto en toda la semana porque había estado demasiado ocupada con la organización de la fiesta. Ésta las miró con alivio cuando las vio cruzar el umbral de la puerta del gimnasio.

-Sally, ¿podrías subirte a esa escalera y ayudar a Isabel a poner las guirnaldas? Los chicos están ayudando a Jones con las cosas del DJ o acá con las mesas, y me parece que más de uno está en las cocinas, de "catador". Adelaida, necesito tu ayuda con las mesas, tu fuiste la que vio el tema de las mesas ¿o no?

-Si.- contestó Adelaida y se alejó de ella, dándole órdenes a los chicos que movían las mesas. Margaret se sonrió, era divertido ver como la menudita chica le daba órdenes a un montón de tipos que eran prácticamente el doble de altos que ella.

Sally asintió y se subió rápidamente a la escalera, la tarea que le había pedido Margaret no era difícil y la hizo rápidamente. Como no parecía que los chicos fueran a terminar en un futuro cercano siguieron trabajando, colgaron un par de guirnaldas y carteles más, cuando de repente, uno de los chicos que ayudaba a poner las mesas tropezó y chocó contra la escalera sobre la cual estaba Sally, la cual se tambaleó y perdió el equilibrio, cayendo directamente al suelo. El porrazo y el golpe eran cosa segura, además de un agradable moretón. Sally cerró los ojos, esperando sentir el golpe en el suelo frío. La cosa habría acabado muy mal para Sally sin la oportuna aparición de… Fred, quien la recibió en sus brazos, como todo un caballero antiguo. Sally, sorprendida al no sentir el golpe contra el suelo abrió los ojos y lo miró, con mezcla de furia y agradecimiento, él sólo sonreía burlón.

-Gracias Garland. Ahora, ¿Serías tan amable de devolverme al suelo?- le preguntó la chica, sarcásticamente. Varios de sus compañeros habían dejado de trabajar y estaban mirando atónitos la escena que tenía lugar frente a sus ojos. La "nueva", tan orgullosa e inteligente, en los brazos de Fred, que la miraba burlonamente. La escena no habría sido tan curiosa si no fuera obvio que ellos dos se odiaban.

-No lo creo, yo estoy perfectamente, gracias por preguntar.- le contestó, sin dejar de sonreír. Sally apretó los labios. -Por fin te tengo donde quería, en mis brazos.- susurró, de forma que sólo lo escuchara la chica, que le devolvió un puñetazo en el hombro. Era bastante más fuerte de lo que parecía. -De nada, por cierto.- le respondió él, burlándose discretamente, mientras tenía en sus brazos a la chica, apretada contra su cuerpo.

-Frederick Garland, ¡Bájame inmediatamente!- replicó la chica, furiosa, golpeando el pecho del muchacho con los puños.

Fred sonrió maliciosamente. Una idea había iluminado su mente, una idea brillante.

-Como digas Lockhart.- dijo, y la soltó haciendo que Sally cayera pesadamente al suelo, entre las carcajadas de sus compañeros. –Pero no tenías por qué gritar, linda. Si hubieras sido un poco más amable

-Me las vas a pagar Garland.- Sally lo amenazó desde el suelo. Adelaida se acercó para ayudarla, pero Sally ya se había parado.- Aunque, pensándolo bien, no vales la pena.- agregó con una mirada despectiva dirigida a Fred, mientras subía de nuevo a la escalera, para terminar de colgar la guirnalda. Fred la miraba con el ceño fruncido.

-¡No me importa! ¿Oíste Lockhart? ¡No me importa lo que pienses, ingrata vociferante y orgullosa!- gritó el muchacho, indignado con esa nueva orgullosa y… estirada.

Sally le dirigió una mirada helada desde arriba de la escalera. Todos los que estaban en el gimnasio se habían quedado súbitamente callados y se habían acercado a oír la pelea entre Sally y Fred.

-Si, te oí, de hecho, no creo que quede alguien que NO te haya oído, pero de todas formas, no creo que haya nadie al que le interese menos que a mi.- replicó, mientras se estiraba para colgar una guirnalda. Fred masculló un insulto y pateó una caja con manteles. "Mocosa orgullosa" murmuró para sus adentros.

Varias horas más tarde Adelaida y Sally salieron de su cuarto, recién arregladas. Adelaida se veía muy bonita, con una blusa blanca amarrada al cuello, contrastando con su pelo negro y los pantalones también negros que usaba. Sally también se veía bien, aunque en su estilo, Adelaida había insistido en arreglarla ella misma, y le había elegido la ropa perfecta para ella, una blusa verde esmeralda de cuello suelto y pantalones negros, bastante más ajustado que los que usaba normalmente. Estaba segura de que nadie la iba a reconocer con esa pinta, ni siquiera su padre la hubiera reconocido, nunca la había visto tan arreglada.

Se dirigieron al gimnasio, que estaba irreconocible con la decoración y las mesas puestas alrededor, y ya se estaba llenando de gente, las mesas estaban puestas a los lados, con la comida, muy bien dispuesta. En la pista de baile había algunas parejas bailando, entre ellos, Rosa Garland y su novio, Nick Bedwell, y varios grupos de chicas, haciendo lo mismo. Rosa les sonrió, se veía muy bien, llevaba un vestido corto suelto hasta la cintura y apretado desde ahí hasta los muslos, con mangas muy anchas. Unos grupos de chicos estaban junto a la mesa comiendo, Sally pareció reconocer a algunos de los amigos de Fred. Uno de ellos les dirigió una mirada admirativa a ambas chicas, pero no dijo nada. Jones les dirigió un saludo desde la cabina del DJ, las chicas se lo devolvieron, parecía estar haciendo un buen trabajo con la música, y no tenía aspecto de estarlo pasando tan mal como había predicho la profesora. Sally miró a su alrededor, las guirnaldas se veían muy bien y la bola de disco lanzaba sus luces por todos lados, estaba segura de que sería una de las mejores fiestas de su vida. Adelaida la tomó de la mano y la arrastró a la pista de baile que poco a poco se iba llenando.

-¡Vamos Sally! ¡A bailar!- dijo, juntándose con un grupo de chicas de su curso que ya estaban bailando. Al poco rato se les unió Margaret, que acababa de liberarse de sus obligaciones de organizadora y se sentía con ganas de sacarse todas las tensiones de la última semana. Un rato más tarde un chico alto, de cuarto año, que se presentó como Robert Lewis, invitó a Sally a bailar. Era un buen bailarín, muy seguro y divertido. Mientras bailaba con él, Sally chocó con alguien. Al darse vuelta para ver quien era, se encontró cara a cara con Fred.

-Ah, lo siento…- dijo, sonriendo.- Lockhart.- Agregó, con tono de sorpresa.- No te reconocí, no se me ocurrió que te pudieras ver tan bien – dijo con una mirada insinuante, y su pareja, una chica delgada con rizos cortos y rubios se le abrazó a la cintura. Sally le devolvió una mirada despectiva y volvió a bailar con Robert. Un rato después volvió con sus amigas, hasta que Jim y Charles se acercaron para sacar a bailar a Adelaida y Margaret, respectivamente. Sally se fue a sentar en las sillas que había a los lados, entre la multitud de gente bailando, puedo divisar a Fred, sentado, al igual que ella, pero al otro extremo de la sala. Se dio cuenta de que la estaba mirando y se sintió incómoda. Otro chico de cuarto año se acercó a invitarla y ella aceptó, bailaron hasta que Jim le pidió si podía bailar un rato con él. Jim era muy divertido, bailaba muy bien, aunque era un poco torpe, y a Sally no le costaba seguirlo e imitar los divertidos pasos que se le ocurrían al chico.

El resto de la noche fue del mismo estilo, y cuando a las dos de la mañana se tuvieron que ir, todos lo lamentaron, todos estaban de acuerdo en que el tercer año había hecho muy buen trabajo con la fiesta, la comida estaba deliciosa, la música era buena y la decoración, perfecta. Los alumnos de tercer año se quedaron limpiando y ordenando y cuando volvieron a sus dormitorios casi había amanecido. Mientras volvía con sus amigos a la sala común, Sally se sonreía, pensando que era una de las mejores fiestas a las que había ido en su vida, y que nunca había tenido tan buenos amigos como los que la acompañaban en esos momentos.

La mayor parte del tercero durmió hasta después del mediodía, pero Sally se levantó muy temprano para hacer algunas tareas. No le gustaba dejar todo para último minuto y los profesores le habían dado muchas tareas durante la semana. Como en la sala común había mucho ruido del que le hubiera gustado, de parte de los pocos que ya se habían levantado y estaban ocupados comentando la fiesta, Sally decidió ir a trabajar en la biblioteca, que seguramente estaba vacía. La biblioteca del Howton College era grande y tenía un ambiente tranquilo y cómodo para trabajar. Le había gustado desde la primera vez que había ido, las paredes estaban llenas de libros, las estanterías antiguas que formaban los pasillos donde estaban los libros combinaban con las mesas, sillas y sillones tapizados de verde y azul que se encontraban por todos lados, de forma que uno sólo tenía que sacar un libro e instalarse a leerlo en cualquier parte. Sally eligió los libros que podían ayudarla mejor, ya que tenía que buscar referencias literarias concretas para su trabajo, y estuvo absorta en ellos por un rato, hasta que una tos seca llamó su atención, levantó la cabeza y su mirada se cruzó con los ojos azules de Fred. No parecía estarla buscando y mucho menos que esa tos fuera para advertirla de su presencia.

-¿Qué quieres Garland?- Le preguntó con aire fastidiado. Fred sacó un libro de la estantería más cercana y empezó a hojearlo distraídamente, como si no la escuchara. –No te hagas el idiota.- susurró de nuevo la muchacha, irritada.

-Nada, aunque quizás tu podrías saber… ¿Para cuando es la tarea de Bones?

-¿Y sólo para eso me vienes a molestar?- le preguntó la chica, irritada. –Es para mañana.

-Créeme, nunca me perdería la oportunidad de molestarte por nada.- replicó Fred, sarcástico. Sally lo miró por un segundo, francamente furiosa, y volvió a sumirse en la lectura de su libro. Fred la miró a su vez, sin perder su sonrisa burlona característica, meditó un poco, se dio vuelta y fue a buscar lo que necesitaba.