Capítulo 8: La sombra y el túnel
Al día siguiente en la tarde, Sally estaba arrebujada en uno de los sillones de la sala, absorta en un libro que tenía que leer para literatura. La profesora estaba decidida a que todos sus alumnos leyeran la mayor cantidad de libros posibles, y para controlar que lo hicieran, cada dos semanas tenían prueba de un libro distinto. El resto de sus amigos estaban jugando cartas o estudiando, sentados juntos, como siempre. Sally no pudo reprimir una sonrisa al mirarlo, quien hubiera dicho que al poco tiempo de llegar al nuevo colegio iba a tener tan buenos amigos como los que tenía. Para terminar de mejorar su ánimo, Fred no estaba cerca de ellos, sino que estaba con sus amigotes.
El resto de los alumnos del tercer año estaba haciendo trabajos o estudiando, sentados en las mesas, e incluso había uno o dos jugando ajedrez o a las cartas. Fred y sus amigos estaban sentados en una mesa, frente al sillón de Sally, hablando y riendo, para la desesperación de las personas que estaban cerca de ellos, que les pedían que por favor dejaran de hacer ruido y les permitieran trabajar en paz. Parecía que ninguno de ellos se daba cuenta de que todos, incluidos ellos, tenían la semana siguiente llena de pruebas.
Sally les dirigió una mirada irritada y resopló, antes de volver la vista a su libro. De repente, una bola de papel golpeó a Sally en la cara, ella arrugó el ceño y levantó la cara del libro, con el entrecejo fruncido. Fred la miraba burlonamente, con una sonrisa idiota en los labios, que sólo podía significar que estaba inventando una nueva forma de molestarla. Sally le tiró la bola de papel al chico y volvió su atención a su libro hasta que otra pelota de papel la golpeó justo entre las cejas, intentó ignorarla, pero otras dos la siguieron, dando justo en el blanco. Fred seguía balanceándose en su silla, con la sonrisa idiota de siempre, y jugueteando con otra pelotita de papel entre las manos. Sally se mordió los labios, intentando contener la rabia y concentrarse de nuevo en su libro, ya había leído dos veces seguida la misma página. Fred seguía sonriendo descaradamente. "Idiota", pensó la muchacha y volvió a concentrarse en su libro. Otra pelota de papel la golpeó, de nuevo en la cara. Esa ya no se la iba a aguantar.
-¡Frederick Garland!-explotó, dejando su libro a un lado del sillón e incorporándose a medias.- ¡¿Quieres hacerme el favor de parar?!¡Madura de una vez por todas y deja de actuar como un niño de cinco años! ¡Todos aquí estamos tratando de estudiar y tú y tus amiguitos no nos dejan!- en la sala común se produjo un silencio sepulcral. Todos miraban a Sally y a Fred, preparándose para un nuevo enfrentamiento.
-No se me da la gana Lockhart.- dijo Fred, indolentemente. Sally le devolvió una mirada exasperada.
-Por una vez en tu patética vida, ¡piensa en los demás!- gritó Sally de nuevo, cada vez más enfurecida. – ¡Y deja de ser el estúpido egoísta, que no puede dejar de mirarse el ombligo, y que sólo piensa en pasarlo bien!
Fred, por toda respuesta, le lanzó una nueva pelota de papel, que le llegó a Sally en plena cara, ante el asombro del resto de sus compañeros. Fred no movió una ceja, sino que sonrió burlonamente, lo que terminó de exasperar a su compañera. Sally le lanzó la ridícula pelotita de vuelta, con la cara hirviendo de rabia. La pelota de papel acertó entre las cejas de Fred, que la recogió y empezó a botarla en la mano. Sally le dirigió una nueva mirada irritada, aún más irritada que las anteriores.
-¡Arghh! ¡Eres un imbécil! Si no vas a parar con tus estúpidos juegos infantiles, mejor me voy. Así puedo trabajar en paz en algún lado- dijo, metiendo su libro en la mochila que reposaba a los pies del sillón, y saliendo apresuradamente, a grandes pasos. Fred se quedó mirando como se iba. Era muy divertido hacerla enojar, y le gustaba como se veían sus ojos cuando enfurecía. Miró a sus compañeros desafiante, como preguntándoles si les molestaba tanto como a Sally, al no obtener respuesta por parte de los demás, se encogió de hombros y siguió haciendo lo de antes, frente a la mirada furiosa que le dirigieron algunos de sus compañeros, que parecían estar considerando la idea de gritarle como lo había hecho Sally unos minutos atrás.
Sally caminó a la biblioteca mirando el suelo y pateando todas las piedras y latas que se cruzaban en su camino, furiosa. Ese Garland era un imbécil, un idiota, un maldito estúpido, egoísta e inmaduro. ¿Cómo un tipo de diecisiete años no podía darse cuenta de que estaba molestando al resto? Y si se daba cuenta, ¿Por qué no paraba? A veces le parecía que Fred se divertía haciéndola enojar, y que hacía que se enfureciera a propósito. Apartó esos pensamientos de su mente, era más que obvio que si Fred molestaba a alguien, a cualquier persona, lo hacía por que pensaba que era divertido, no podía ser que la molestara a ella en particular, muchas veces se burlaba de Charles y de uno que otro de los amigotes que lo rodeaban de vez en cuando. No, seguramente las idioteces de Garland no buscaban molestarla sólo a ella, sino al tercer año en general.
Iba tan concentrada en encontrarle un porqué a la conducta de Garland, que en la entrada de la biblioteca chocó con algo alto, que no había visto, una especie de pared, levantó la vista y se encontró con Robert Lewis, uno de los chicos con los que había bailado en la fiesta de bienvenida, unas semanas atrás. Se puso roja y se agachó para recoger el libro del chico, que se había caído al chocar con la muchacha y había volado unos metros tras ella.
-Lo siento.- murmuró, con las mejillas ardiendo. ¿Por qué siempre tenía que ser tan torpe? ¿Por qué siempre tenía que caerse en los lugares menos indicados y tropezarse con todo el mundo?
-No te preocupes… Estoy bien, y creo que este libro también.- le contestó el muchacho, tomando el libro que la chica le tendía. -Eres Sally. ¿Verdad? Creo que bailé contigo en la fiesta de bienvenida.
-Si, creo que sí.- contestó ella, con las mejillas aún ardiendo de la vergüenza. –Tú eres Robert, ¿no?
-Si. Qué curioso, te acuerdas de mí.- dijo él, con una sonrisa torcida.
-¿Por qué no tendría que hacerlo? No eres tan mal bailarín.- le sonrió Sally.
-No, es que por lo general… no importa.- balbuceó el muchacho, rascándose la cabeza.
-Bueno, yo sí te recuerdo. Y recuerdo que no eres un mal bailarín.- dijo ella, con una sonrisa cordial.
-Gracias, este tipo de cosas no me pasan a menudo.
-No se nota.- contestó Sally, haciendo el ademán de entrar a la biblioteca. El chico la detuvo, agarrándola suavemente del brazo.
-¿Qué te pasó? Vienes con una cara…
-Nada, peleé con un compañero idiota que no paraba de molestar, y no me dejaba concentrarme. Tengo prueba de literatura el lunes y quería estudiar…, de hecho, tengo que leer un libro.
-¿Qué libro es?- preguntó el muchacho, extrañamente interesado.
-Cumbres Borrascosas… la verdad ya lo leí, pero quería repetirlo, para acordarme de los detallitos, de esos que preguntan en las pruebas.
- Entonces ¿No estás muy ocupada?- preguntó él, inesperadamente. Sally le lanzó una mirada a la puerta de la biblioteca y lo pensó un par de segundos antes de contestar.
-No, la verdad no. ¿Por qué?- Al diablo con el libro, seguramente lo podría leer en la noche, y con los nervios alterados como los tenía, seguramente no podría concentrarse en él.
-Pensaba que, quizás querrías ir a tomar un café conmigo, en la cafetería del campus.- dijo el muchacho, con las manos en los bolsillos.
-Claro, me encantaría.- respondió Sally con una sonrisa. La idea de un café con un chico simpático la atraía bastante más que las páginas de su libro.
Juntos se dirigieron a la cafetería, donde pidieron los cafés y se sentaron a conversar en una de las mesas junto a la ventana, viendo pasar a la gente, que tenía que pasar por ahí para ir a las canchas de deportes, que se podían pedir prestadas para juegos particulares en las tardes, a menos de que estas estuvieran ocupadas por alguno de los equipos oficiales del colegio.
-¿Estás en periodismo, verdad?- preguntó él, mientras esperaban que les llegaran los cafés.- El otro día leí uno de tus artículos en el diario escolar. Eres buena escribiendo.
-Gracias. ¿Y tú en qué estás? Me refiero a en qué optativa estás.- Una chica apareció con sus cafés y los dejó sobre la mesa.
-Dibujo Arquitectónico. Quiero ser arquitecto cuando crezca. Siempre me ha gustado mucho dibujar y las matemáticas, y la arquitectura es la mejor forma de conjugarlas. Lástima que sólo dibujemos edificios, y pasillos y cosas por el estilo, si necesitara una modelo humana serías perfecta.
Sally enrojeció hasta las orejas y aferró su taza con fuerza, mirando a la mesa.
-No seas tonto, yo no soy ninguna modelo, ni me interesa. Yo quiero ser periodista de viajes como papá, siempre he querido ser cronista de viajes, conocer todo el mundo, culturas exóticas, países lejanos…- sonrió Sally, levantando la cara con una expresión soñadora muy rara en ella.- Quizás podría entrevistarte, digo, como a un arquitecto muy famoso o algo por el estilo.
Él también sonrió, y bebió un sorbo de su café. Sally lo imitó, mirándolo a los ojos.
-Si, pero…- lo interrumpió el sonido de su celular.- disculpa, tengo un mensaje.- se disculpó mientras sacaba su celular. -¡Demonios! Me olvidé completamente. Oye, tengo que irme, había quedado con Roy James para ir a jugar tenis y se me había olvidado. Nos vemos.- dijo, y se inclinó para besar a Sally en la mejilla.
-Adiós.- susurró Sally, recogió sus cosas y se dirigió al ala de tercero, tocándose la cara. ¿En serio la había besado? Qué idiota era, se le había olvidado por completo el libro que tenía que leer. La sala común ya había quedado vacía, a excepción de Fred, quien la miró con cara de pocos amigos cuando entró, cargando sus cosas en la espalda.
-Y, bien Lockhart, ¿Vienes a disculparte?- dijo, intentado provocarla, fijando su mirada en ella desde el sillón donde estaba sentado. ¿Por qué ella tenía esa cara de idiota? ¿Por qué sonreía así?
-¿Por qué? ¿Por gritarte antes? Te lo merecías. Estabas molestando a todos lo que querían trabajar, increíblemente, no todos somos tan flojos como tú.
-No por eso, por pegarme ayer.- contestó él, apretando los puños.
-Depende.- le dijo Sally, irónica.- ¿Tú vas a disculparte por ser un idiota arrogante?
-No lo creo.- contestó él, frunciendo el ceño, tal y como ella solía hacerlo.
-Bien, yo tampoco creo que vaya a disculparme por ese golpe. Te lo merecías.- dijo Sally, y giró sobre sus talones, hacia las escaleras de los dormitorios para ir a dejar sus cosas en su pieza. Cuando volvió a bajar para ir al comedor, Fred ya no estaba.
Pasaron un par de semanas después de eso, en las cuales Sally y Fred, seguían peleando cada vez que podían, casi siempre por culpa del segundo, que no paraba de hacer idioteces en los momentos en los que todos sus compañeros querían estudiar, hasta que un día tuvieron que mover la clase obligatoria de baile, para después de cenar, en lugar de la hora antes, como era habitual, y se les dio un permiso para llegar tarde a los dormitorios por ese día.
La clase de baile transcurrió como ya era normal, entre insultos y amagos de golpes de parte de ambos, y gritos llamándolos al orden, de parte de la profesora, no obstante ya se notaba cierto progreso y como ambos bailaban mucho mejor de cómo lo hacían al principio. Al terminar la Sally y Fred salieron juntos, en lugar de hacerlo separados, como era su costumbre. Mientras caminaban por los pasillos a media luz del colegio, se lanzaban miradas asesinas. Al doblar una esquina, a poca distancia de la sala común, Sally vio una sombra que se escabullía por el pasillo que iba en paralelo al por el cual iban. Lo primero que pasó por su mente era que algún alumno se estaba escapando de su sala común para hacer algo estúpido, pero lo descartó rápidamente. Era una sombra de adulto.
-¿Viste eso Garland?- le preguntó, deteniéndose. Sin saber por qué, había bajado la voz, hasta transformarla en un susurro apenas audible.
-¿Qué cosa?- el muchacho también se detuvo, acercándose un poco a la chica, para poder escuchar lo que decía. Su voz también se volvió un susurro, inconscientemente.
-Una sombra. Se fue por ahí.- susurró Sally y se dirigió al lugar donde había visto desaparecer a la sombra, seguida por Fred, que aún no entendía lo que pretendía la chica. La sombra había desaparecido en la mitad de una pared, los jóvenes se acercaron a ella y empezaron a examinarla, a primera vista era imposible distinguir nada que fuera distinto del resto de la pared, pero luego de un examen más detenido se dieron cuenta de que había una especie de trampilla. Sally la abrió sin dudar un segundo, Fred la había seguido hasta ahí y en esos momentos miraba por encima de su hombro. Era una especie de pasadizo oculto. -¿A dónde llevará?- murmuró Sally.
-No lo sé, pero sí sé la mejor forma de averiguarlo. Entrar.- Dijo Fred, con su típica sonrisa de superioridad. -¿O te da miedo?
-¿Miedo, yo? Se nota que no me conoces Frederick Garland. No me da miedo, de hecho estaba segura de que tu eras el que estaba aterrado.- Dijo Sally, sarcástica, entrando al túnel. -¿Qué esperas Garland?- Lo retó desde adentro del túnel. Fred la siguió, admirado para sus adentros del valor que mostraba la muchacha. Caminaron en la oscuridad absoluta por un rato, hasta que sintieron pasos y voces que se acercaban a ellos, desde el otro lado del pasillo.
Se miraron en la oscuridad, alarmados y se escondieron en un recodo del estrecho pasadizo. Sus cuerpos quedaron muy juntos en la oscuridad, tanto que cada uno podía sentir el olor del otro llenándole las fosas nasales. Las voces y los pasos se detuvieron a unos metros de ellos, antes del recodo, eran personas que llevaban linternas, bastaba con que apuntaran en la dirección correcta para descubrir a Sally y Fred. Sally no quería pensar en esa posibilidad, si ese túnel estaba ahí, podía apostar su vida a que no se trataba de nada bueno. Por suerte para ellos dos, las figuras apagaron las linternas cuando se detuvieron. Un fogonazo de luz iluminó el túnel luego de que lo hicieran y luego, lo único visible eran dos puntos rojos en plena oscuridad. El olor a cigarrillo inundó el túnel.
-¿El jefe sabe de esto? El asunto de los fósforos el año pasado lo dejó en la ruina, y con el asunto de los aviones recién está repuntando… Éste no es el negocio más seguro. –Dijo una voz masculina. Uno de los puntos incandescentes subía y bajaba al ritmo de sus palabras.
-Sí, lo sabe, pero no tiene de que preocuparse, todo va a salir de acuerdo al plan y tendrá su dinero.- la siguiente voz era una femenina. Sally arrugó el ceño, estaba segura de haberla oído antes.
-Más nos vale. Un paso en falso y estamos todos jodidos. La North Star no nos va a salvar de ésta, es un negocio peligroso. Bien, volvamos, el túnel está en perfectas condiciones. No hay de que preocuparse por ahora.- Dijo de nuevo la voz masculina. Luego, los puntos incandescentes se apagaron y se extinguieron en la oscuridad, dejando sólo el olor a tabaco quemado dando vueltas por el túnel. Las voces se fueron alejando poco a poco, hasta que se extinguieron. Sally y Fred se miraron en la oscuridad y echaron a correr de vuelta al colegio, por donde habían llegado.
-¿Quiénes eran esos?- Susurró Sally, cuando llegaron a la puerta, y la cerraron tras de sí. Su respiración, al igual que la de Fred, era jadeante, producto de la carrera que habían tenido que realizar. Ambos se sentaron en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, intentando recuperar su ritmo normal de respiración.
-No, lo sé, pero mejor volvamos a los dormitorios.- susurró Fred a su vez, cuando pudo respirar con normalidad de nuevo. Ambos seguían intentando recuperar el aliento y tranquilizar a sus respectivos corazones, que latían acelerados. No sabían de qué peligro acababan de escapar, pero sí estaban seguros de que no había nada bueno en esos tipos ni mucho menos, en ese túnel.
Durante la siguiente semana, lo único significativo que pasó fue que Sally Fred tuvieron que ser pareja en un trabajo de literatura, impuesto por la inflexible señorita Bones, ya que eran compañeros de banco.
-¿Cómo, además de soportarlo de compañero de banco, tengo que hacer un trabajo con él?- se quejó Sally, al oír la inapelable decisión de su profesora.
-Sí, señorita Lockhart. Me atrevo a decir que el señor Garland no es un mal compañero de equipo, y que no tendrán problemas para trabajar juntos. ¿O acaso me equivoco?- le dijo la maestra, mientras le tendía los papeles con la pauta para el trabajo. Antes de que Sally pudiera replicar con lo que pensaba en realidad acerca del señor Garland, Fred le tapó la boca con una mano y la hizo sentarse.
-No se preocupe profesora. Le prometo que ni Lockhart ni yo tendremos problemas con este trabajo.- dijo, con una sonrisa alegre. Cuando la profesora se alejó de su asiento soltó a Sally, cuya primera reacción fue pegarle un puñetazo. –Calmada Lockhart, ya me escuchaste, no vamos a pelear. Además, estoy seguro de que no encontrarás tan desagradable trabajar conmigo.
-Preferiría hacerlo con un buey apestoso.- masculló Sally, examinando la pauta. –Idiota.
