Capítulo 9: En la biblioteca
Sally masculló una maldición y devolvió un libro a la estantería. Ese tampoco servía. Fred, sentado en una silla con sus piernas sobre la mesa le dirigió una mirada burlona.
-¿Cuál es el problema ahora Lockhart?
-No encuentro nada sobre los juglares… y he revisado casi todos los libros de la sección de literatura.- le contestó ella, tirando otro libro sobre la mesa. -Y tú tampoco ayudas mucho.- añadió, lanzándole una mirada asesina al muchacho, que le devolvió una sonrisa burlona, como excusándose de su inutilidad. –No has hecho nada. ¿Por qué no tomas un libro y empiezas a buscar, mientras yo reviso las otras secciones? En una de esas hay algo sobre estos tipos en otra parte.- Se paró y dio la vuelta a la repisa, dejando a Frederick Garland sentado revisando libros. Había empezado a revisar una repisa que había elegido al azar cuando una voz la llamó a sus espaldas, y la interrumpió.
-¡Sally! – Un fuerte grito resonó entre las estanterías. La aludida se dio vuelta, Robert estaba ahí y la miraba sonriendo. La seca bibliotecaria le dirigió un "Shhhh". –Hace años que no te veo.- le dijo, bajando la voz mientras se acercaba a ella.
-Robert, ¿Cómo estás?- le contestó ella en un susurro.
-Bien, ¿Hoy no estás muy ocupada?- el chico seguía susurrando, pese a que la desagradable bibliotecaria había desaparecido entre las muchas estanterías de la biblioteca.
-Si, bastante, por desgracia.- Dijo la muchacha en un murmullo, dirigiendo su mirada a la estantería que los separaba de Fred, deseando que el chico no apareciera detrás de la estantería para seguir haciendo su vida insoportable. -¿Por qué?
-Venía a invitarte a tomar un café conmigo, de nuevo, pero si estás ocupada, será otra vez.- Dijo Robert, sonriendo tímidamente, pero claramente decepcionado.
-Si, claro, me encantaría.- contestó ella, el joven se dio vuelta para irse, luego de un gesto de despedida. –Oye, espera.- El chico se dio vuelta, con una sonrisa de esperanza pintada en la cara.- ¿Sabes donde puedo encontrar información sobre los juglares? no hay nada en la sección de literatura.
-Si, claro, en la sección de historia, hay uno sobre arte medieval, ahí aparece algo. Por allá.- Contestó el muchacho apuntado a una estantería en el fondo de la biblioteca. -Aunque no sé que te hace pensar que yo sé donde están las cosas en la biblioteca.
-No sé, puede ser que siempre que te encuentro estás en la biblioteca, o cerca de ella.
-O sea, crees que me paso todo el día aquí.- le dijo el muchacho, con una sonrisa divertida.
-No, también vas a fiestas, eres un excelente bailarín e invitas a chicas de mal humor a tomar café. En todo caso mi otra opción era que eras un tipo muy inteligente.- le sonrió la chica. – ¿Dónde dijiste que estaba el libro?
-Por ahí, en el pasillo de historia.
-Gracias…eh… nos vemos.- murmuró Sally y se fue en la dirección que el muchacho le indicó. Examinó atentamente la estantería que le había dicho el muchacho, encontró rápidamente lo que buscaba y volvió a la mesa donde estaba Fred, leyendo, para su sorpresa. Cuando éste escuchó los pasos de la chica acercarse, levantó la cabeza del libro que estaba examinando.
-Te demoraste mucho, Lockhart.- dijo, levantando una ceja, con aire inquisidor. ¿Cómo lo haría? Se preguntó Sally, a ella le salía por naturaleza, pero Fred parecía haberlo estudiado con paciencia, para que el gesto saliera perfecto y molestara a la persona a la que estaba destinado.- ¿Quién era ese? El que hablaba contigo.
-No es que sea asunto tuyo, de hecho, estoy muy segura de que no lo es.- contestó Sally, sentándose y abriendo el libro que le había recomendado Robert.- Pero era Robert Lewis, de cuarto. ¿Has encontrado algo útil?
-¿Lewis?- Masculló el muchacho con desprecio. -Es un imbécil. Nunca se me habría ocurrido que era tu tipo, o que tú fueras su tipo, o el tipo de nadie, si tengo que ser absolutamente sincero.- Sally no levantó la cabeza del libro que estaba revisando, ignorando por completo al chico. – Y respecto a tu pregunta, sí, encontré un fragmento, uno muy interesante, que describe a una heroína medieval.
"La aurora teñía de rosado rubor
Las mejillas de rosa
Sus cabellos de dorado color
Su sonrisa perlada
De amor, adorada
Nada se compara
Con su etérea belleza
Su valor, su bondad
Toda ella es inigualable"
Recitó el poema mirando fijamente a Sally, quien se iba poniendo roja de a poco, al notar la mirada del joven clavada en ella. ¿Qué carajo se creía ese idiota?, pensó, apartando la mirada y haciendo una anotación en su cuaderno.
-¿Qué te parece Lockhart?- dijo Fred cuando terminó de leer, levantando una ceja y ahuyentando los pensamientos de la chica de un manotazo (figurado, obvio).
-Eh… está bien... creo que puede servirnos- balbuceó Sally, nerviosa, a su pesar.- Voy a pedir estos libros… para seguir trabajando más tarde. ¿Podrías guardar los que no usamos, por favor?
-Si, claro.- contestó el chico, un poco extrañado por la reacción de la muchacha. De nuevo, había actuado totalmente diferente de lo normal, otra chica le habría preguntado directamente si el poema iba dirigido a ella o no y se habría aprovechado de eso para coquetear con él, pero Sally sólo se ponía nerviosa y huía de él. Aunque claro que ese poemita no iba dirigido a Sally, era ridículo sólo pensarlo. Era sólo un poema, sobre una chica rubia, pero no importaba, daba absolutamente lo mismo.
Sally se alejó hacia el mostrador y pidió los libros que había seleccionado a la bibliotecaria, una seca señora, de apellido Renshaw, que le dirigió una mirada reprobatoria, como hacía con todos los alumnos que se acercaban a pedir libros. Todavía tenía las mejillas ardiendo y si hubiera tenido un espejo a la mano, habría visto que estaba completamente roja. "Maldito Garland", pensó. ¿Cómo ese idiota arrogante iba a tener tanta influencia sobre ella? ¿Cómo un estúpido poema medieval la iba a hacer perder la dignidad de esa manera, por mucho que la persona que lo recitara fuera ese idiota? ¿Por qué siempre tenía que ser Fred?
Se perdió en sus pensamientos, todos los cuales tenían como protagonistas a ella y al rubio desgraciado y en los que ella le decía todos los insultos que iba reservando para él desde el momento en que lo había conocido y algunos más que estaba inventando en el minuto. La mujer del otro lado del mostrador, le entregó los libros que había pedido y Sally volvió a buscar sus cosas a la mesa en la cual habían trabajado, intentando pensar en otra cosa que no fuera los ojos verdes de Fred. Cuando llegó a la mesa Fred ya no estaba, y no quedaban rastros de los libros que no habían usado. Sally suspiró aliviada, guardó sus cosas en la mochila y se fue a la sala común, pateando todo lo que se cruzara en su camino.
Fred había salido muy apurado de la biblioteca después de guardar los libros como le había pedido Lockhart. En su cabeza bullían miles de pensamientos, todos confusos. No había sido su idea principal leerle el poema directamente a Sally, y mucho menos con el tono con que lo había hecho. Esa chica maniática, medio obsesiva y completamente orgullosa no podía tener tanto poder sobre él, aunque tuviera esos increíbles ojos oscuros y ese gesto tan adorable en la punta de la nariz cuando se enojaba. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Estaba pensando en Lockhart como una chica atractiva? Mierda, debía estar peor de lo que suponía.
Se detuvo en uno de los pasillos, apoyando una mano en la pared. Desde el primer minuto en que la había visto se había dado cuenta de que nunca le podría gustar, desde el primer momento ella se mostró orgullosa, mal genio, amargada y… Deseó tenerla en frente, para poder insultarla a su gusto y placer, pero la imagen de la punta de la nariz de la muchacha, arrugándose, como lo hacía cuando se enojaba, sacó esa idea de su mente. Pateó la pared más cercana, frustrado. ¡Al diablo con Lockhart! Sólo era una mocosa orgullosa y presumida. No quería saber más de ella por un buen tiempo. Si por él fuera, no haría ese maldito trabajo con ella, no seguiría yendo a ese castigo que más que castigo le parecía una tortura, no... Una voz aguda interrumpió el hilo de sus pensamientos.
-¡Freddy!- Una chica rubia, de pelo corto y rizado, se acercó a él. Fred recordaba haber bailado con ella en la fiesta durante un buen rato e incluso haberla besado, pero de lo último no estaba muy seguro. Estaba en su mismo curso, pero no recordaba haber cruzado más de dos palabras con ella antes de la fiesta. –Casi no te he visto desde la fiesta de bienvenida. ¿Cómo has estado?- Fred estaba intentado recordar el nombre de la chica. Maldición, ¿sería Mary? ¿O Susan?
-Eh… bien.- contestó, sin saber que decir. La chica estaba muy cerca de él, demasiado cerca.
-Oye, iba a juntarme con unas amigas en el café.- dijo la chica, con una sonrisa insinuante.- ¿Querrías acompañarme?- Claramente la chica había tomado la iniciativa.
-Claro…eh… - dijo Fred, inseguro como nunca había estado en toda su vida.
-Francis.- contestó ella con una sonrisa boba. Fred se encogió de hombros, cualquier cosa era mejor que tener a Lockhart revoloteándole en la cabeza.
Sally estaba sentada en la sala común vacía de tercero, normalmente era demasiado ruidosa para leer, pero como no había nadie estaba cómodamente acurrucada en el sillón, con las piernas arriba y la cabeza escondida en un libro. Había ido ahí derecho desde la biblioteca, aunque una parte de su mente insistía en que llamara a Robert, pero la desechó. El ruido de la puerta abriéndose llamó su atención y levantó la cabeza, justo a tiempo para ver a Fred que entraba, besándose apasionadamente con una chica rubia de pelo corto. El chico se dio cuenta de la mirada irritada que le dirigió la muchacha y le dirigió su clásica sonrisa burlona. La muchacha a la que besaba se abrazó a la cintura del chico, riendo tontamente. Sally rodó los ojos.
-Ah, Lockhart. No sabía que estabas ahí. No te vi.- Dijo, sentándose en el sofá de la esquina con la chica en sus rodillas, dispuesto a continuar el intercambio de saliva en una superficie más cómoda. Sally puso los ojos en blanco y cerró el libro de golpe, lo que no pareció perturbar en lo absoluto a la pareja, que yacían tirados en el sofá, con los labios pegados y moviéndose al compás del otro. Par de exhibicionistas. Se mordió los labios y se fue a su pieza, no tenía ningún interés en ver como un par de imbéciles se devoraban la cara mutuamente. Garland era decididamente un imbécil de película y un desubicado.
Se sentó en su cama y siguió leyendo, aunque la imagen de Fred en la biblioteca continuó acosándola por un rato. Era extraño, muy extraño. Un rato más tarde Adelaida apareció en el umbral de la puerta de la pieza que compartían.
-¡Hola! Así que estabas aquí, pensaba que estabas estudiando en la biblioteca. Ni te imaginas el espectáculo que hay en la sala común. Fred y Francis Meere. Besuqueándose asquerosamente en uno de los sofás. Parecía que se querían comer la cara del otro. Nunca me los imaginé juntos. Fred es tan… inteligente… y la tal Francis es… por lo alto, superficial, creo que nunca la he visto preocupada por algo más grave que una uña rota o mal pintada. Compartía pieza con ella el año pasado. Es una idiota.- Dijo, mientras entraba al dormitorio.
Sally levantó la cabeza de su libro y le dirigió una mirada irónica.
-¿Vienes a chismosear o qué?
-Fred tiene razón, eres una amargada.- le contestó Adelaida, burlona. Al ver la cara que puso su amiga al oír eso, le sonrió y añadió. -A nada especial, tengo que estudiar. Tengo prueba de matemáticas y no me ha ido muy bien este semestre.- Sonrió y se lanzó de un salto a su cama, luego de sacar sus cosas de matemáticas de la repisa junto a su cama. -¿Sabes? Siempre pensé que tú y Fred harían una linda pareja. Si no se pasaran la mitad del tiempo insultándose mutuamente, claro.
-¿Si?- Preguntó Sally con la ceja arqueada. –Te saltaste el pequeño detalle de que es un idiota arrogante, además de que me acabas de decir que está besuqueándose con alguien en la sala común.- agregó, volviendo la vista a su libro, evidentemente enojada. Adelaida no dijo nada más, sino que se sumergió en una guía de matemáticas, Sally escuchaba cada tanto sus gruñidos de impaciencia al no poder resolver los ejercicios, pensó por un segundo en levantarse y ayudarla, pero no estaba segura de que sus nervios resistieran las burlas de su compañera.
Durante la comida todo el tercer año estaba furioso con Fred y Francis, por que la primera se había pasado toda la comida dándole a Fred la comida en la boca, sentada en sus rodillas, frente a la mirada asqueada de sus compañeros, que les decían que se detuvieran.
-¡No sean exhibicionistas!- reclamaba Charles, que estaba sentado junto a la silla donde debía estar sentada Francis. –Que estén juntos no significa que tengan que restregarnos su relación en la cara a los demás.
-¿Celoso, Bertram?- le contestó Francis tomando una servilleta de la mesa y limpiándole la boca a Fred.
-¡Señorita Meere! Siéntese en su silla, no sobre el señor Garland.- dijo la señorita Bones, que estaba sentada a la cabecera de la mesa de su curso, y a la cual habían alertado los gritos y quejas de sus alumnos. -¿Qué clase de comportamiento es ése?
-¡Ya, Francis! ¡Para!- exclamó Jim, imitando la cara que ponía Fred cuando Francis le metía una cucharada de comida a la boca. –Fred no se va a escapar si te sientas en la silla, aunque si yo fuera tú no estaría tan seguro de eso.- se burló de la muchacha, que seguía dándole la comida en la boca al muchacho.
-Y yo que había pensado que mi hermanito había superado la infancia.- se sumó a la broma Rosa. -¿No juegas al avioncito, Francis? ¿O es el trencito?
Francis le devolvió una mirada indignada a su "cuñada", le limpió la boca a Fred y lo instó a darle a ella la comida en la boca. Fred llenó su tenedor con arroz y se lo metió en la boca, con una mueca que parecía intentar ser tierna. Sus amigotes estallaron en carcajadas al ver eso.
-Jajaja, aquí tenemos al novio del año.- dijo uno, golpeando la espalda del muchacho. Fred se volteó y lo golpeó en el hombro con fuerza.
-Cálmate Garland.- dijo Sally, irónica. –No querrás que además de asqueados terminemos todos golpeados.
-Te gustaría estar en su lugar, ¿O no, Lockhart?- le contestó el muchacho, tranquilo. Sally le devolvió una mirada asesina.
-Sí, claro, y después tirarme de un pozo.- ironizó la muchacha, volviendo su atención al plato que tenía adelante, entre las risas de sus compañeros. Fred volvió su atención a su novia, que por fin había accedido a sentarse en su silla.
Una bola de puré golpeó a Fred en plena cara y todas las miradas se voltearon hacia Jim, cuya cuchara estaba dispuesta como si fuera una honda. Fred agarró un pedazo de carne y se lo lanzó a su atacante, pero Jim fue más rápido y se agachó, por lo que la carne llegó a la cara de Rosa, que le devolvió un puñado de arroz a su hermano, con tan mala puntería que le llegó en plena cara a Francis, provocando un ataque de risa en todos sus compañeros.
En unos minutos la mesa de tercero se había transformado en un campo de batalla y volaba comida por todos lados, los demás cursos se unieron a ella, entre risas e incluso un par de profesores, entre ellos el señor Goldberg los imitaron. La batalla se detuvo por un grito del director, el señor Molloy, que declaró terminada la comida y los hizo retirarse a sus respectivas salas comunes, sin postre, además de obligar al tercer año a limpiar todo el comedor. Por desgracia para él, la seriedad de su discurso se vio afectada por una bola de arroz que le llegó en plena cara, de parte del señor Garland.
-¿Contento Taylor?- se quejó Francis, que estaba sentada en una silla sin hacer nada. -¡Ahora tenemos que limpiar este desastre! ¡Y se me rompió una uña!
-¿Cómo mierda pasó eso?- preguntó Jim, furioso, levantando la cabeza de la parte del suelo que estaba restregando. –No estás haciendo nada, princesita. Además, no habría hecho nada si tú y Fred hubieran sido menos exhibicionistas.
No había terminado de decir eso cuando una nueva bola de puré golpeó a Francis en la nuca. La chica chilló horrorizada, ante las risas de sus compañeros. Sally miró a Adelaida, que estaba restregando un pedazo de suelo a su lado. La muchacha tenía en las manos una cuchara, dispuesta en posición de lanzamiento, manchada con puré, que escondió rápidamente a sus espaldas, con una sonrisa traviesa. Sally le sonrió y siguieron limpiando, a pesar de los llantos histéricos de Francis, que se quejaba del puré que le habían lanzado, lloriqueando patéticamente en los brazos de Fred, aunque sus llantos eran ridículos, todos en la sala estaban llenos de comida.
Después de terminar de limpiar el desastre de la guerra de comida Sally estaba saliendo del comedor, al tiempo que se quitaba pedazos de carne del pelo, cuando una voz la llamó a sus espaldas.
-¡Sally!- Era Robert. ¿Qué hacía ahí si el director había mandado a todo el mundo a la cama? -Quería preguntarte si mañana no estás muy ocupada.
-No…, creo que no.- respondió Sally, con una sonrisa.
-Entonces, ¿Quieres ir a tomarte un café conmigo después de clases?
-Claro.- contestó la chica. –Entonces… nos vemos mañana.
-Si…nos vemos mañana… Adiós.- dijo el muchacho con una sonrisa, antes de desaparecer por los pasillos.
