Capítulo 10: Cómo Organizar un baile

Al día siguiente, en la mañana, a la hora de asamblea, la señorita Bones tenía algo muy importante que decirle a sus alumnos.

-Primero que nada, casi muero de la vergüenza ayer, cuando vi que mi curso había empezado con esa estúpida guerra de comida. –La mano de Francis se alzó en medio de la sala. –No quiero saber quien fue el idiota que empezó la pelea, señorita Meere. Me imagino que el culpable ya se sintió suficientemente castigado anoche.

-Sí, seguro.- se escuchó la voz de Jim murmurando al fondo de la sala. Todos sus compañeros empezaron a reír a gritos, menos Francis, que puso cara de rabia. Una bolita de papel masticado la golpeó en la nuca, haciendo que chillara de nuevo como una niñita de cinco años. Las miradas se dirigieron hacia Jim, que sostenía un tubito de lápiz en la mano. La profesora ignoró las risas de sus estudiantes y siguió hablando con total calma.

-Bien, como saben, en este colegio hay un baile tradicional en invierno y, siempre le toca al tercer año organizarlo. Es dentro de un mes y medio. Quiero que me dejen en buen lugar, así que hagan un buen trabajo. Sé que pueden hacerlo, y van a contar con mi ayuda para todo lo que necesiten. Tienen esta hora para organizarse entre ustedes. Les aconsejo dividirse el trabajo en comités: decoración, comida, música y organización.

-¿Organización?- Preguntó alguien, desde el fondo de la sala.

-Si, señor. Este es un baile formal, eso incluye una CENA.- dijo la profesora. –Además de eso, tienen que ver horarios, entradas y salidas y distribución del tiempo. Es sólo un poco más de trabajo que la fiesta de bienvenida, pero estoy seguro de que lo harán muy bien.

Se separaron en cuatro grupos y cada grupo designó un jefe. Sally se incorporó al grupo de música, mientras que Jim y Adelaida se dirigieron al de comida, Charlie y Margaret al de organización y pudo ver como Fred y la tal Francis, se incorporaban al de decoración, seguidos de Rosa. En el grupo de Sally el jefe elegido fue Jones, el chico que había hecho de DJ en la fiesta de principio de año. Era un chico divertido y lleno de ideas.

-Yo propongo poner música de todas las épocas y estilos, desde vals hasta hip-hop.

-¿Vals?- Preguntó una chica, un poco disgustada y curiosa.

-Si, y rock n'roll, tango, salsa y todos los tipos de baile que se nos ocurran. Todo muy bien mezclado; lentos y rápidos, lo clásico y formal, con lo moderno e informal.- sus compañeros de grupo asintieron, de verdad era una idea un poco rara pero interesante.

-Ahora hay que hacer una lista con las canciones.- Dijo Sally, tomando lápiz y papel. Todos se pusieron a gritar sus sugerencias al mismo tiempo, por lo que la pobre no podía escribir nada. Jones los ordenó y Sally logró escribir todas las canciones antes del final de la hora.

-Estamos casi listos. –Sentenció Jones. -Pero yo haría un par de reuniones más antes del baile, por si a alguien se le ocurren más ideas y se acuerdan de alguna canción que crean que puede servir. ¿Les parece que dentro de dos semanas nos juntemos para hablar?

-Si, claro.- contestaron todos.

Cuando Sally salió de su última clase del día, dos espantosas horas de matemáticas, se encontró con Robert, esperándola frente a la puerta de la sala.

-Vengo a cobrar una promesa que me hicieron.- Sonrió él, traviesamente.

-Lo prometido es deuda.- Contestó ella con una sonrisa, mientras empezaban a caminar hacia el café.

En el café tuvieron una de esas conversaciones que a Sally le encantaban; larga, sobre libros, cine y música. Descubrieron que la película favorita de ambos era "El eterno resplandor de una mente sin recuerdos", que ambos habían leído muchos libros en común y que pensaban lo mismo acerca de ellos. Robert era muy culto y amaba la música, incluso tocaba el saxofón y el piano.

-Quizás puedas verme tocar alguna vez. A veces tocamos en el patio del colegio.

-¿Tocamos?- Lo interrogó la muchacha, al tiempo que daba un sorbo a su café.

-Si, yo y mis amigos. Tenemos una banda de jazz. Empezamos poco después de entrar al colegio, cuando descubrimos que a todos nos gustaba el jazz, y como éste es nuestro último año, queríamos hacer un par de conciertos. Tú sabes, para celebrar.

-Increíble.- Dijo Sally y se quedó mirándolo a los ojos. Era muy inteligente, caballero y amable y tenía unos ojos negros muy expresivos, pero había algo en él… ¿Sería que Fred lo había llamado imbécil? Sally desechó ese pensamiento rápidamente. Fred no podía hacerla cambiar de opinión así de fácil.

-Sally, ya es hora de comer.- La voz de Robert interrumpió sus pensamientos.

-¿Ya? Se me pasó la tarde volando.- le contestó con una sonrisa, mientras recogía su mochila de debajo de la mesa.

-Dicen que el tiempo pasa volando cuando estás con personas divertidas. ¿Soy divertido?- le preguntó a Sally, que le devolvió una sonrisa y un asentimiento. -¡Qué bueno, siempre quise divertido! Ven, vamos al comedor.- Dijo Robert, tendiéndole la mano para ayudarla a pararse. Sally se paró y se fueron juntos al comedor. Apenas entraron Sally sintió la mirada de Fred clavada en ella, taladrándola con los ojos. Esquivó su mirada y se fue a sentar con Jim y Adelaida.

-¿Qué tal estuvo tu cita Sally?- Preguntó Jim, antes de meterse una cucharada de tallarines en la boca.

-Bien… - Contestó la aludida vagamente, mientras empezaba a servirse algo de tallarines con salsa. Adelaida la miró, interrogándola con la mirada, pero Sally sólo moduló, sin decir una palabra, "no pasó nada".

-¡Por favor mujer! ¡Queremos más detalles! ¡Algo interesante!- Dijo Jim, sonriendo burlonamente y agarrándola del brazo. – ¿Hubo beso o no?

-Jim…- Dijo Sally, lanzándole una mirada de advertencia al chico que se aferraba de su brazo. –Si sigues preguntando, te va a ir muy mal.

-Ya, ya.- Dijo Jim. –Pero después, nos cuentas todo.- soltó el brazo de Sally y volvió a prestar atención exclusiva a su plato de comida. Adelaida puso los ojos en blanco. "Hombres", pensó.

-Si, seguro.- ironizó Sally y le pegó un puñetazo amistoso en el hombro a Jim, haciendo que el chico escupiera el sorbo de agua que acababa de tomar.

Esa misma tarde Adelaida estaba en el patio, escuchando música en su MP3. No había mucha gente en él, la mayoría de las personas preferían sitios más calentitos para pasar las tardes de otoño, pero a ella le gustaba sentir el viento en su espalda, revoloteando en su pelo. Sintió pasos que se acercaban a ella por la espalda y se dio vuelta.

-Jim. ¿Qué haces aquí?- le preguntó al ver los ojos verdes del muchacho brillando, mientras él se sentaba junto a ella en el pasto. Se estremeció, no sabía si era por el frío, o por la presencia del muchacho a su lado. Jim pareció advertir el estremecimiento de la muchacha y se sacó la chaqueta, poniéndola sobre sus hombros.

-Te buscaba, pero parece que ya te encontré.- le sonrió él. -¿Qué escuchas?- agregó, tomando su MP3, para ver lo que estaba escuchando la chica. "Life in Technicolor" de Coldplay. –Me gusta esta canción.

-A mí también.- le contestó la muchacha, sacándose los audífonos de los oídos y apagando el MP3. Se guardó el MP3 en el bolsillo de la blusa. Entre ambos se instaló un silencio incómodo, que Jim rompió tras unos segundos.

-¿Tú le tiraste puré a la idiota de Francis? Cuando estábamos limpiando el comedor, no en la guerra.

-Parecía divertido, y esa estúpida me tenía aburrida con sus quejas de princesita mimada. Me pregunto que hace Fred con ella, él se queja siempre de que Sally es una hijita de papi mimada, y ahora está con esa idiota.- dijo la chica, con una sonrisa traviesa que hizo que pareciera unos años menor, y que a Jim le encantó.

-Yo tampoco sé que hace con esa…, pero me parece que en este colegio hay unas dosis extra de hombre idiotas…

-¿Por quién lo dices?- preguntó Adelaida, intrigada.

-No lo sé, por Fred, Roy James, yo…

-Tú no eres un idiota, Jim.

-Sí lo soy, hace siglos que debería haber hecho esto.- dijo Jim, acercando su rostro al de la muchacha, y besándola suavemente. Adelaida le respondió el beso dulcemente, revolviendo los cabellos del muchacho, con su mano libre, mientras que con la otra se apoyaba en el suelo.

-Jim, ¿Qué estamos haciendo?- se separó del chico, alarmada. –No estoy lista para esto. Por favor, entiéndelo.- dijo, parándose y devolviéndole la chaqueta. Adelaida se alejó, sin saber por qué se había detenido, por qué no había seguido con ese beso. Definitivamente Adelaida Bevan, era una reverenda idiota, casi tanto como Francis, o al menos así se sentía.

Al otro día, Sally y Fred tomaron su clase semanal y obligatoria de baile. Ya conocían la rutina a la perfección; pararse en el centro, agarrarse al otro, y esperar a la música.

Fred puso una mano en la cintura de Sally y la atrajo hacia él, con más fuerza de la que necesitaba.

-¿No te irá a decir algo tu novia?- Preguntó Sally, algo picada, mientras apoyaba su mano en el hombro del chico.

-No creo. Además no es mi novia.- Contestó Fred, con una sonrisa de superioridad, al tiempo que la atraía aún más hacia si mismo. –Sólo una simple diversión pasajera. Y a ti, ¿No te va a decir nada tu novio?- Pronunció la palabra novio con un tono desagradable.

-Rob y yo no somos novios aún.- dijo Sally, recalcando la palabra AÚN e intentando separarse del muchacho. –Y eso no es asunto tuyo.

La música comenzó. Un tango. Sally y Fred comenzaron a moverse por la pista, él hacia delante y ella hacia atrás, tras unos pasos, él se inclinó hacia atrás y se agachó, haciendo que Sally lo imitara, inclinándose hacia atrás. Se levantó despacio, pero Sally siguió en el suelo, aunque se enderezó. La música iba cada vez más rápido. Él se puso atrás de ella, le tendió las manos, y ella se las tomó, levantando ambas manos por sobre la cabeza, levantándose y quedando de espaldas a Fred, éste la tomó de la cintura y la hizo girar hasta que de nuevo quedó frente a él, caminaron de nuevo, él hacia atrás y ella hacia delante. Él no soltaba la cintura de Sally y ella estaba decidida a no soltar sus hombros.

Él bajó sus manos, afirmó sus brazos en la cadera de la chica y se inclinó hacia delante junto con Sally, que se inclinó hacia atrás, volvieron a la posición inicial, y caminaron de nuevo, al ritmo de la música, él hacia delante y ella hacia atrás, sus muslos estaban pegados a los del otro, ella soltó sus brazos de los hombros del muchacho, y él le tomó las manos, ayudándola a saltar hacia atrás y saltó en tijeras hacia atrás. Fred volvió a atraerla hacia su cuerpo, y volvieron a caminar al ritmo del la música, ella se agachó, quedando con las manos agarradas a las de Fred y sobre su cabeza, Fred la hizo girar sobre uno de sus pies, mientras la chica estiraba el otro.

Él la alzó y la afirmó de nuevo por la cadera, sus rostros estaban a escasos milímetros uno del otro, Sally puso uno de sus brazos alrededor del cuello de Fred y con la otra tomó una de las manos de Fred. La música iba llegando al final. Ella levantó la pierna y la enrolló en la pierna del muchacho, que se echó hacia delante de nuevo, haciendo que Sally lo imitara. La música se detuvo y ambos se enderezaron y se separaron rápidamente, intentando recuperar su respiración, que en esos momentos se había transformado en un montón de jadeos entrecortados.

La profesora se acercó a ellos, aplaudiendo entusiasmada.

-¡Muy bien! ¡Maravilloso! Queridos… eso es el corazón del tango, la pasión, el romance, la sangre. Lo están haciendo perfectamente bien y tengo que reconocer que no lo esperaba cuando los recibí hace unos meses. Pueden retirarse, ya terminamos por hoy. Los espero la próxima semana.

Apenas la profesora hubo dicho eso, Sally salió disparada por la puerta, corriendo a todo lo que daba. Se trataba de poner la mayor distancia posible entre ella y Fred. Se dirigió a su pieza y se metió al baño. Decidió darse una ducha para calmarse.

Llegó al comedor luciendo fresca y sonriente, la ducha caliente la había hecho olvidar al imbécil de Fred Garland, el tango y sus ridículos pensamientos mientras bailaba con él. Incluso su sentido del humor había mejorado bastante, de hecho, a la clásica mirada asesina que le había dirigido Fred, le había respondido con una sonrisa alegre, para luego saludar a Robert, que estaba sentado en la mesa de cuarto año, con un alegre gesto de la mano cuando entró al comedor. Jim la llamó cuando la vio entrar al comedor, con una sonrisa en los labios.

-¡Sally! ¡Ven aquí!- Sally se dirigió a la mesa de tercer año y se sentó en un puesto libre entre Jim y Margaret. –Tenemos una idea buenísima para la noche en la ciudad.-

Cada mes, los alumnos del Howton College podían ir una noche a la ciudad más cercana, Howton. El colegio ponía al servicio de los estudiantes buses de ida y vuelta, con la condición de que a las una y media a.m., todos se subieran a los buses, que patrullaban por la ciudad, y volvieran al colegio en absoluto orden. También podían ir tres sábados de cada mes por la tarde. Jim continuó con su plan, parecía muy emocionado ya que era hijo de un actor y una diseñadora teatral, por lo que en su infancia se había relacionado muy estrechamente con el teatro y el mundo del espectáculo. Más tarde sus padres habían fundado una compañía productora, que había tenido mucho éxito, y se habían alejado de las giras y shows, pero seguían yendo al teatro cada vez que podían, siempre llevando a Jim.

-Podemos ir a un espectáculo, hay uno de magia y música en el teatro de Howton, y mis papás tienen muchos conocidos ahí. Leí en el diario que es muy bueno. Las entradas no son muy caras y termina antes de las una de la mañana, por lo que no hay problemas para ir. Es una función única, sólo por la próxima semana, justo la noche que salimos. ¿Te apuntas?

-Obvio.- Contestó Sally, con una sonrisa, luego se sirvió un poco de puré y un pedazo de pollo y empezó a comer. Adelaida parecía estar muy impaciente por algo y no se pudo contener a la hora de preguntarle a Sally.

-¿Cómo estuvo tu clase de baile?- Sally la miró extrañada, normalmente ninguno de sus amigos le preguntaba por las clases que estaba obligada a tomar.

-Igual que siempre, peleas, golpes, pisotones. Nada fuera de lo normal.- Mintió Sally, metiéndose una cucharada de comida en la boca. -¿Por qué preguntas?- agregó luego de tragar.

-Es que Fred llegó a comer de peor humor de lo normal.- dijo Adelaida.

-Yo también estaría de mal humor si tuviera que soportar al futuro premio Nobel durante todo el día.- se burló Margaret. –Pero Adelaida tiene razón, ¿Segura de que no pasó nada? ¿No hiciste nada para que se enojara?

-La verdad, no estoy segura de nada cuando se trata del muy idiota.- contestó Sally. –¿No podemos cambiar de tema? El muy estúpido me está cansando, y créanme que lo último que quiero es seguir hablando de él.

-Está bien, como tú digas.- dijo Adelaida, con un gesto que decía a las claras que no le creía nada.