Capítulo 11: Una noche en el teatro

La semana siguiente pasó rapidísimo y por suerte para Sally, tuvo que ver mucho menos a Fred de lo que se había acostumbrado en las semanas anteriores. La clase de baile se canceló porque la profesora tenía un resfriado y ya habían entregado su trabajo de literatura, por lo que no tuvo razones para ver a Fred fuera de las horas de clase, durante toda una semana. Aunque claro, no había podido ahorrarse el espectáculo que él y Francis montaban todas las tardes en la sala común, besándose escandalosamente, aún a pesar de las quejas de sus compañeros, que sugerían que dejaran las efusiones amorosas para otro lugar, de preferencia uno más privado. Y claro, no podía evitar sentarse con él durante las clases de literatura, durante las cuales el muchacho no dejaba de molestarla. Con todo había sido una semana de lo más agradable, especialmente por el hecho de que había tenido el menor contacto posible con Garland.

El sábado en la tarde subieron al bus que salía del colegio más temprano, porque querían llegar con tiempo a la función. Sally observó que Fred se subía en el mismo bus que ellos, pero sin Francis, lo cual la extrañó bastante, la rubia parecía estar pegada a Fred últimamente, si no se estaban besando apasionadamente en la sala común, estaban tomados de las manos en clases y todo lo que implicaba una relación de pareja. Aunque Fred dijera que era sólo una diversión pasajera. Al llegar al teatro Fred se bajó con ellos, lo que terminó de sorprender a Sally.

-Garland. ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Francis?- preguntó Sally, con los ojos castaños muy abiertos, definitivamente sorprendida. Fred le dirigió una mirada despectiva.

-Respecto a tu primera pregunta, Jim me preguntó si me interesaba venir a un espectáculo de magia aquí y yo le dije que sí. Aunque me parece que esto no es asunto tuyo. Ahora, respondiendo tu segunda pregunta, Francis fue a comprarse un vestido para el baile de invierno con sus amigas. Y la verdad, no me interesaba pasar mi noche libre sentado en un probador. Preferí venir aquí, era más interesante.- Dijo él, sonriendo con esa sonrisa torcida que reservaba para Sally.

Jim se alejó de ellos y fue a la taquilla a pedir las entradas, pero una vez adentro, en vez de llevarlos directamente a la platea, tomó otro camino, que parecía llevar al escenario. Jim se sonreía mientras veía las caras divertidas e intrigadas de sus amigos, que no sabían que esperar de su amigo.

-Vamos a tener los mejores asientos del lugar.- Anunció, mirando las caras atónitas de sus amigos. –Mi papá era actor, y uno de sus amigos es el dueño de este teatro. Vamos a sentarnos, ahí.- Dijo, señalando los asientos de la orquesta, que no se iban a ocupar esa noche. Se acomodaron en los asientos que les había indicado Jim, riendo y bromeando. Sally se dio cuenta de que Adelaida evitaba sentarse junto a Jim, pero no le dio importancia. Mientras la sala se llenaba de gente del pueblo y alumnos del colegio, Jim convenció a sus amigos de acompañarlo tras bambalinas, para ver si seguían trabajando sus conocidos en el teatro.

Pasaron por atrás de los bastidores, ahí el ambiente era muy divertido y relajado, la gente iba vestida con ropa estrafalaria, y no parecía que fueran a actuar en el show por que estaban muy tranquilos. Muchos de los actores saludaban a Jim, lo recordaban como a un mocoso hiperactivo e ingenioso que acompañaba a su padre a todos lados, y los divertía verlo tan alto y tan mayor.

-Estás muy guapo, querido.- le dijo una mujer gorda, vestida de morado, apretándole una mejilla al muchacho, antes de estamparle un sonoro beso en la mejilla y alejarse de ellos con una risita tonta. Jim se limpió la mejilla rápidamente, ante las risas de sus amigos.

-¡Jim!- saludó una voz desde la oscuridad. Los chicos pegaron un respingo al oírla. Al contrario de las otras voces esta no sonaba alegre, sino que alarmada o asustada. Al ver de donde provenía la voz se dieron cuenta de que una cara blanca los observaba entre las sombras.

-Señor Mackinnon.- Dijo Jim, con un dejo de sorpresa en su voz. Si él mal no recordaba, ese tipo trabajaba ahí desde que él era pequeño, pero siempre había estado seguro de que llegaría a algún lado. ¿Cómo podía ser que siguiera trabajando en ese pequeño teatro? -¿Cómo ha estado?

-Jim, tengo un problema enorme.- dijo el hombre. -¿Ves a esos tipos de allá?- Agregó, apuntando a dos tipos con cara de pocos amigos que miraban todo desde un palco. Jim asintió, sin saber a dónde pretendía llegar el mago. –Me dijeron que quieren hablar conmigo después de la función. Un asunto privado. Pero yo sé que son asesinos privados de Bellman, tú sabes quien, el mafioso. Necesito que los distraigas y me saques de aquí, de pequeño conocías todos los escapes de este edificio. Sólo tú puedes ayudarme. Por favor, estoy seguro de que de verdad quieren matarme.

Jim sonrió, con los ojos brillando de emoción, cualquier cosa que significara meterse en problema le encantaba, y esta parecía una aventura de verdad emocionante. Sus amigos lo miraron, intrigados por la sonrisa del muchacho.

-Claro que sí, señor Mackinnon. Cuente conmigo.- el hombre asintió y se alejó entre las sombras, envuelto en un halo de misterio. Jim comenzó a analizar el plan a seguir a toda velocidad, ante la mirada de sus amigos. –Hay que cerrar ese palco… y sacar a Mackinnon por arriba, hay una salida que lleva al techo, y de ahí podemos bajar al callejón de atrás.- Masculló entre dientes. Sus amigos le dirigieron una mirada interrogativa, nunca habían visto a Jim tan concentrado. –Sally, Fred, consíganse una escalera de mano, debe haber una tras bambalinas, si dicen que están conmigo se las van a prestar sin problemas. Adelaida, tú vienes conmigo, vamos a cerrar el palco donde están esos tipos. Charles, Margaret, súbanse a la plataforma de las luces y ayuden a Sally y Fred con la escalera, hay que subirla a la plataforma. Lo más rápido que podamos.

Los chicos se dispersaron rápidamente. Sally y Fred encontraron enseguida lo que buscaban, a un lado del escenario, y no tuvieron que pedírsela a nadie, y junto a los otros la subieron a la plataforma, como les había indicado Jim. Jim y Adelaida aparecieron a los pocos minutos junto a ellos, con grandes sonrisas iluminándoles las caras. Arriba de la plataforma, donde estaban los enormes focos que se usaban en escena, hacía muchísimo calor. Las caras de los muchachos se habían puesto rojas.

-Sigan por allá.- Indicó Jim, explicándoles con gestos que subieran a la plataforma y caminaran hasta lo que parecía ser el final de la plataforma. –Pongan la escalera al fondo, rápido. Yo voy a buscar a Mackinnon.- salió corriendo y a los pocos minutos apareció de nuevo, arrastrando a un aterrado Mackinnon. Sus amigos estaban arriba, listos para ayudarlo en lo que necesitara Jim.

-No puedo…- decía el mago, susurrando a un nivel que apenas alcanzaban a oír los que estaban arriba. –Tengo miedo… a las… alturas… ¡No puedo!

-Shhh.- susurró Jim, conteniendo la rabia. –No grite, o le juro que lo entrego a esos gorilas. Bastante peligro estamos corriendo mis amigos y yo por salvar su miserable pellejo. ¿Creía que íbamos a sacarlo por la puerta principal? No sea estúpido y suba ahora mismo.- el mago subió a la plataforma murmurando que tenía mucho miedo a las alturas y que no era posible que Jim fuera tan desconsiderado. Jim subió tras él y siguió dando instrucciones a sus amigos- Salgan ustedes primero, Adelaida y Margaret, ayuden a Mackinnon a bajar, después Charlie, luego Sally, Fred y yo.- dijo, indicando la trampilla bajo la cual habían puesto la escalera de mano.

Adelaida y Margaret salieron, seguidas por un acobardado Mackinnon, que seguía sin parar de lloriquear como una niñita de cinco años a la que le niegan un dulce. Charles los siguió, y Sally también. Fred la miró subir ágilmente y sin dudas. Era tan segura de sí misma y valiente y tan… desesperante. Mientras esperaban a que Sally terminara de subir, escucharon pasos que subían por la escalera de la plataforma.

-Mierda, los gorilas.- Fred oyó que decía Jim y alcanzó a ver como se devolvía por la plataforma, lo siguió, preguntándose que planeaba hacer el muchacho. Jim se inclinó junto a los tornillos que afirmaban la escalera a la plataforma, sacó un cortaplumas de su chaqueta y los desatornilló, Fred se dio cuenta de lo que estaba haciendo y lo imitó con su propio cortaplumas. La escalera y los dos gorilas que intentaban subir por ella cayeron con gran estrépito. Se escucharon gritos provenientes desde abajo, y pasos que se acercaban al lugar donde habían caído los hombres. Ambos se sonrieron al escuchar los gritos y gruñidos de rabia por parte de los dos tipos.

Corrieron por la plataforma hasta la trampilla, Fred subió primero y Jim se demoró un poco sacando un palo de escoba que había a un lado. Subió tras Fred y bloqueó la trampilla con el palo de escoba desde afuera. Al verlos salir de la trampilla Sally respiró aliviada, ella había sido la que había subido justo antes que los dos chicos y había alcanzado a escuchar los pasos de ambos devolverse por la plataforma. Durante los pocos minutos en los que no vio salir a los chicos no paró de maldecirse mentalmente por no haberse devuelto al oír los pasos de los chicos, justo cuando se estaba repitiendo por milésima vez lo pésima amiga que era y lo cobarde, vio como salían de la trampilla. Jim le hizo un gesto que indicaba que todo estaba bien y ella sonrió. Fred vio esa sonrisa, y se sonrió para sus adentros. Seguramente la pobre chica acababa de pasar unos minutos espantosos y angustiados, por ellos dos.

El techo del teatro era plano y estaban ocultos de la calle por una chimenea que parecía ser sólo decorativa. Mackinnon estaba siendo consolado por unas impacientes Adelaida y Margaret, que parecían a punto de empujarlo por el borde del techo del teatro, mientras el mago sollozaba histéricamente. –Vamos, por acá.- susurró Jim, guiándolos hasta una escalera que bajaba hasta la parte de atrás del teatro. Bajaron en el mismo orden que habían salido. Mackinnon temblaba histéricamente, y tenía la cara cubierta de sudor, no paró de quejarse hasta que llegaron abajo, ante el fastidio de los chicos que acababan de salvarlo. Sally estaba haciendo un gran esfuerzo por no pegarle un buen puñetazo en su cara blanca de fantasma, apenas llegaran al suelo. Pero apenas llegó al suelo, el mago se calmó un poco y dejó de lloriquear.

-Bien, chicos.- Dijo, recuperando poco a poco el aire pomposo que poseía en el escenario, como Jim bien sabía. –Muchas gracias, me han prestado una ayuda inestimable… se los agradezco profundamente, fue una ayuda vital…

-Señor Mackinnon.- Lo interrumpió Sally, no estaba de humor para escuchar una perorata de agradecimiento de ese imbécil cobarde y presuntuoso. Ella quería saber por qué habían hecho lo que habían hecho. -¿Por qué lo persigue ese tal Bellman?

-Lo vi… cometiendo un asesinato… y él sabe que lo vi…- dijo el mago con un estremecimiento, y volvió a mostrarse temeroso. Sacó un pañuelo de colores de su manga y se lo pasó por la frente secándose las gotas de sudo que perlaban su frente, con lo que se le corrió buena parte de la capa de maquillaje que llevaba.

-¿Cuándo fue eso?- preguntó Fred. La mención del asesinato lo intrigó y no estaba dispuesto a que ese mago desapareciera sin explicarles con lujo de detalle todo lo que sabía.

-Hace unos días, yo iba a una actuación privada en la casa de Lady…, bueno, el nombre de ella no importa. Es de las altas esferas, claro, no hay para que implicarla en este penoso asunto.

-Señor.- Dijo Charles, interrumpiéndolo, exasperado por la estúpida actitud del mago. –Háganos el favor de ir al grano. Iba a la casa de la Lady tal por cual y…

-Bien, lo vi, a Bellman, a las orillas del río, con otro tipo, escuché un disparo y el otro sujeto cayó al agua. Bellman levantó la mirada y me vio, justo después de eso, y obviamente me reconoció, un mago tan famoso como yo… Pero lo importante es que tengo que esconderme ahora…

-Sería una buena idea.- Dijo Jim, interrumpiendo su perorata, desesperado. –Adiós, señor Mackinnon.- Se dio media vuelta y se alejó, seguido de sus amigos. Sally se quedó rezagada, dirigiéndole una última mirada al hombre de la capa, que por segunda vez en la noche, desaparecía entre las sombras.

-¡Lockhart! ¿Vienes?- escuchó la voz de Fred, gritando a sus espaldas, seguida de pasos que se devolvían a buscarla.

-Sí, ya iba.- contestó y se apresuró en llegar junto a sus amigos, antes de que la persona que iba a buscarla la alcanzara.

Cuando salieron del callejón que estaba junto al teatro, se encontraron con un auto de lujo estacionado frente al teatro. De él, se bajó un hombre de aspecto musculoso, con el pelo rubio y liso, que despedía un brillo metálico. El hombre les dirigió una mirada de desprecio a los jóvenes y entró al teatro. Sally pensó que tenía un aire brutal. Un escalofrío recorrió su cuello e hizo que se le erizaran los cabellos en la nuca, pero no sabía que era lo que provocaba ese escalofrío. Justo en ese momento apareció uno de los buses del colegio para recogerlos. Los chicos se subieron rápidamente y se instalaron en los asientos del fondo. Estaba vacío, el resto seguramente volvería más tarde.

-¿Quién era ese tipo?- Preguntó Sally, tirándose sobre uno de los asientos e intentando relajarse.

-Axel Bellman, uno de los hombres más ricos de Europa. Un mafioso, claro, y me atrevería a asegurar que tiene otros negocios por el estilo. Tú sabes, tráfico de drogas, de armas y de otras cosas ilegales. Es él quien perseguía a Mackinnon, si hay que creer lo que él dice.- le contestó Jim. –Pero lo del asesinato, eso si que no lo creo. Seguro que se metió con la esposa de Bellman o algo por el estilo, siempre fue de ese estilo, un casanova de segunda. Por lo demás, ese Mackinnon es un idiota llorón y seguro que inventó todo el cuento para darnos pena y que lo ayudáramos a escapar. De todas formas, no iba a dejar que le atravesaran una bala en el estómago y no soy tan estúpido como para desperdiciar una aventura de este calibre.

-Yo le creo.- dijo Fred, que estaba sentado al otro lado del pasillo. –Bellman es perfectamente capaz de matar a alguien. Es un mafioso descarado, todo el mundo sabe lo que es, y nadie hace nada. Al parecer el MI5 lleva años intentando agarrarlo por algo y no lo han logrado. Es de verdad peligroso, y he sabido de muchos tipos que fueron asesinados por él o sus matones.

-¿Cómo puede ser eso?- Preguntó Adelaida. -¿Cómo puede salirse con la suya tan fácilmente?

-Tiene una tapadera legal, obviamente.- Dijo Margaret, que parecía saber bastante sobre el tema. –La North Star Castings, una fábrica de bicicletas en Howton. Bastante inofensivo. ¿No les parece?

-¿North Star?- Saltaron Sally y Fred, era el nombre que había dicho uno de los hombres del túnel. Se miraron, sin saber a que atenerse. Las mentes de ambos empezaron a elaborar hipótesis a toda velocidad.

-Si.- Contestó Margaret. –De hecho, no queda muy lejos del colegio. Deben ser unos diez o doce kilómetros.

Sally y Fred se miraron. ¿Podía ser que el túnel llevara a la fábrica de Bellman? Sally decidió decirle al resto acerca del túnel, pero tuvo que morderse la lengua, debido a que, antes de que pudiera hablar, el bus paró y se subió un grupo de chicas gritando histéricamente.

-¡Freddy!- la voz aguda de Francis se acercó al grupo. -¡Ni te imaginas el vestido increíble que me compré!- Dijo, sentándose sobre las rodillas de Fred y plantándole un beso en la boca. Sally, que estaba a su lado, volteó la cara hacia la ventana, asqueada, intentado ignorarlos. Sus ojos pasaron por un cartel, justo en el momento que las luces del bus lo apuntaban. "North Star Castings, sus bicicletas desde 1872". La empresa de Bellman. Estaba muy segura de que el túnel que habían descubierto llevaba hasta ahí. Pero, ¿Por qué habría un túnel desde el colegio hasta ahí?