Capítulo 13: La bodega abandonada

Apenas perdió de vista a Bellman, Sally se dirigió a la librería que estaba cruzando la calle. Entró y la campana que había junto a la puerta emitió un sonido repiqueteante y un poco cursi. Al cruzar el umbral, un intenso olor a libros inundó su nariz. Uno de las cosas que adoraba de las librerías era el olor a libros que había en ellas, ésta, en particular era una librería en la que todos los libros eran seleccionados personalmente por el dueño, un hombre pequeño y calvo, que estaba tras el mostrador, al verla entrar salió por detrás del mesón, la saludó amablemente y le preguntó que buscaba. Sally le contestó que no buscaba nada en especial, a lo que el hombre respondió que se tomara su tiempo para revisar los libros que quisiera.

Sally respiró profundamente y empezó a pasearse por entre las estanterías sacando todo libro que le pareciera interesante, e iba apilándolos en sus brazos, luego se sentó en un sillón y eligió algunos libros para su propio goce y otros para los trabajos del colegio, se acercó al mesón y los pagó, el dueño alabó su buen gusto y la invitó a volver cuantas veces quisiera. Salió de la librería con la bolsa de papel en las manos. Aún faltaba un tiempo para que los buses empezaran a volver al colegio.

Como no tenía más que hacer, empezó a dar una vuelta por la calle llena de tiendas que daba la vuelta a la plaza central de Howton, una de las tiendas era de armas. Entró decididamente, había pensado pedirle a su padre como regalo para su próximo cumpleaños una nueva pistola de tiro al blanco, y seguramente no tendría otra oportunidad para ver una que le gustara y le acomodara. El empleado de la tienda se sorprendió al ver a esa chica empeñada en hacer preguntas técnicas respecto a las armas de tiro, pero le contestó claramente todas las dudas de la chica, al darse cuenta de que ella manejaba el tema, Sally estaba muy entretenida, pero al ver su reloj se dio cuenta de que ya era hora de volver. Se despidió del empleado y salió de la tienda hacia la plaza.

-Vuelve cuando quieras, hasta podrías probar alguna de las pistolas.- se despidió el hombre, mientras ella salía.

Sally se abalanzó a la calle, buscando un bus, que, afortunadamente, encontró al poco rato. Se subió al primer bus de la escuela que pasó por ahí y se arrebujó en un asiento. Sacó uno de los libros de la bolsa y lo examinó atentamente. Era la historia de un constructor de catedrales, le parecía muy interesante pero por desgracia la iba a tener que dejar para más tarde, porque los profesores le estaban mandando mucho trabajo, especialmente de ciencias e historia, que eran las áreas que normalmente exigían más tiempo y dedicación. Metió de nuevo el libro a la bolsa, con un suspiro cansado, y miró por la ventana.

Ante sus ojos pasó el letrero de la North Star, otro escalofrío recorrió su espalda, algo en ese hombre la aterraba. Su primera impresión había sido que era un hombre brutal, pero si lo pensaba mejor, la brutalidad implicaba un instinto animal, el hombre con que había chocado era más bien maquinal, del tipo que no hace nada sin un plan previo. Se fijó en el hecho de que la fábrica no estaba lejos del colegio. El túnel que había recorrido hacia poco no era muy largo. ¿Llevaría el túnel hasta ahí? Cada vez estaba más segura de que así era, pero sólo había una forma de averiguarlo, pensó, le preguntaría a Jim y a Adelaida si querían acompañarla. Seguramente ni Charlie ni Margaret lo aprobarían, ambos eran monitores y explorar el túnel en plena noche seguramente iría en contra de todas las reglas, pero Rosa y Nick los acompañarían y quizás también Fred, aunque probablemente el muy idiota tuviera algo más que hacer con esa tal Francis.

El bus paró en la puerta del colegio y Sally se bajó. No se había fijado que habían subido más personas, tan absorta como estaba en sus propios pensamientos y a su pesar se sorprendió de que alguien más se bajara tras ella. Se dirigió a su pieza, donde dejó los libros tirados sobre la cama, en la bolsa azul, y se cambió su chaleco delgado por uno más grueso. La noche era fría, y seguramente en el túnel haría aún más frío, por no pensar en la humedad que seguramente iba a haber ahí. Salió de su pieza y se dirigió a la sala común, donde estaban todos sus amigos sentados. Adelaida le gritó, apenas la vio aparecer en las escaleras:

-¡Sally, eres una estúpida! Se te quedó la bolsa con el vestido en el café. Menos mal que Fred se dio cuenta y te la trajo. Deberías darle las gracias- dijo y le pasó la bolsa, Sally la tomó y la dejó al lado del sillón donde se sentó en el apoyabrazos.

La sala común estaba casi vacía, otro grupo de chicos estaba junto a la chimenea, al otro lado de la sala común. Sally miró a su alrededor, quería estar segura en un cien por ciento de que nadie pudiera oír lo que iba a decir. Sally decidió decirle a todos lo del túnel y lo que planeaba hacer esa misma noche, les contó toda la historia, incluido lo que había pasado en la tarde, sólo omitió lo que había pasado después de encontrar el túnel, en el pasillo, entre ella y Fred. Jim y Adelaida la miraban con la boca abierta, Charlie y Margaret lo hacían con franca desaprobación.

-Bueno.- preguntó Jim, echándose para atrás en el sofá, con la misma mirada traviesa que habían visto en él la noche del teatro.- ¿Vamos a ver ese túnel misterioso, sí o no?

-¡Jim!- exclamó Margaret, fingiendo estar horrorizada. –No puedo creer que Sally se haya atrevido a hacer algo así, de Fred no me extraña, pero de todas formas Jim, no creo que esté bien.

-¿Qué ha hecho Jim esta vez, Meg?- la voz alegre de Rosa los interrumpió. La chica les dedicó una sonrisa a sus amigos y se sentó en una silla, junto a ellos.

-Pues nada, aún.- dijo Jim, despreocupado, con una sonrisa traviesa iluminándole la cara. –Pero más tarde, como a las doce o más tarde, pensaba explotar un túnel que encontraron Sally y Fred en uno de los pasillos del colegio.

-¿Qué Sally y yo encontramos qué?- preguntó Fred, sentándose junto a su hermana, en otra silla. A Francis no se la veía por ningún lado, lo que no dejaba de ser un alivio. –Por cierto, Lockhart, de nada por lo del vestido…-se interrumpió frente a la mirada irritada de la chica, decidiendo que era más prudente no volver a molestarla por el momento. Se había arrepentido de lo que le había dicho en el café. -¿Qué vamos a hacer esta noche, Jim?

-Explorar el túnel que encontramos.- dijo Sally, rápidamente. –Tengo la sensación de que lleva a la North Star Castings. No está muy lejos del colegio, y ya he oído dos veces el nombre asociado al de Bellman.

-¿Crees que lleva a la empresa de Bellman?- Jim levantó una ceja, su propia mente empezaba a sacar conclusiones. -¿Es por lo del secuestro?

-¿Secuestro?- interrogó Fred, que no sabía nada de lo que había pasado esa tarde. -¿Qué es eso de secuestro?

Jim le explicó todo el asunto, la parte de la historia que les había contado Sally y lo que él mismo había oído en el callejón junto al café esa tarde. Terminó explicando lo que había pensado que podían hacer para explorar el túnel.

-Me gusta esa idea… ¡Yo voy!- exclamó Fred, con una sonrisa traviesa, muy parecida a la de Jim, en la cara. -¿Nos juntamos a las doce acá?

-Ok.- sonrió Rosa. –Le voy a preguntar a Nick si quiere ir. Le encantan ese tipo de cosas.

A las doce de la noche se juntaron en la sala común de tercero, Sally los guió al lugar donde se encontraba la trampilla, pese al tiempo que había pasado recordaba a la perfección el recorrido que había hecho esa noche, en el camino se juntaron con Nick, que no sabía nada del tema y a quien le contaron el asunto lo más resumidamente posible entre susurros, mientras caminaban.

La trampilla no tenía ningún tipo de bloqueo, estaba abierta, igual que la otra vez. Seguramente el contacto de Bellman en el colegio está por aquí, pensó Sally, pero no dijo nada para no preocupar a sus amigos. Entraron y estuvieron un buen rato caminando en la oscuridad. Las paredes estaban húmedas y frías, como lo había pensado.

Finalmente, llegaron a una sala gigante, como una bodega que estaba prácticamente vacía, a excepción de unos barriles de aceite y cajas de madera al fondo de la sala. Sally se dirigió al fondo, donde había una escalera, apenas visible en la oscuridad, que llevaba a una plataforma, bajo la única ventana, desde la cual una tímida luna llena lanzaba sus rayos de luz. Empezó a trepar para ver por la ventana, Fred la siguió, evitando hacer ruido, al igual que ella. Los demás empezaron a dar vueltas, inspeccionando cualquier cosa que les pareciera sospechosa.

-¿Qué estás haciendo Lockhart?- susurró cuando llegó a la plataforma tras la chica.

-Quiero ver donde estamos.- murmuró Sally y se asomó por la ventana. –Estamos en la fábrica. En la North Star. Yo tenía razón.- le sonrió burlona.

-¿Sí?- dijo Fred. –No creo que sea una fábrica. Se ve bastante vacía para hacer bicicletas desde 1872. Seguramente es una tapadera para algo más grande.

-¿Tú crees?- replicó Sally, sarcástica, mientras bajaba las escaleras, rogando mentalmente para que los escalones no crujieran. –Eres claramente todo un genio.

-Gracias por notarlo.- le contestó el muchacho, en el mismo tono. Unos pasos resonaron por toda la habitación, los chicos se miraron aterrados y se escondieron rápidamente atrás de los barriles de aceite para motor, evitando hacer ruidos de ningún tipo.

-¿Escuchaste ruidos?- preguntó una voz de hombre. No era la de Bellman, pensó Sally, un poco aliviada, cualquier matón musculoso la aterraba menos que el hombre rubio.

-No, seguro que fueron ratones. Esta vieja bodega debe estar infestada de ellos. No sé por qué el jefe no la usa para algo más útil. No hagas caso y vayamos a tomar una cerveza.- contestó una segunda voz masculina, un poco más aguda que la primera.

-Estoy seguro de que escuché algo.- insistió la primera voz. –Y no eran ratones, los ratones no hablan, ni suben escaleras.

-Bien, si quieres revisar, lo haremos, pero te advierto que será una pérdida de tiempo.- dijo la segunda voz. Sally ahogó un grito e intercambió una mirada de terror con Fred, que estaba junto a ella. Se escucharon nuevas pisadas junto a una de las puertas, y como una puerta se abría. Una voz más gruesa interrumpió a las dos anteriores. Sally reconoció la voz de Axel Bellman, firme y metálica.

-¡Sackville! ¡Harris! ¡¿Qué hacen aquí?! ¡Salgan inmediatamente! ¡Necesito que vigilen por fuera!- rugió, y su voz resonó por toda la sala. Parecía estar furioso.

-Es que… escuchamos unos ruidos…- dijo una de las primeras voces, Sally no pudo distinguir cual de las dos era, por que sonaba muy empequeñecida luego de oír la potente voz de Bellman llenando todo el espacio.

-Seguramente eran ratones, idiota.- dijo la voz de Bellman despectivamente. –Ahora vuelvan a sus puestos. Si los vuelvo a pillar fuera de sus deberes, van a desear no haber nacido. ¿Les quedó claro, par de imbéciles?

Se escucharon los pasos de dos personas salir por una de las salidas de la sala, seguramente eran Sackville y Harris. Sally aún no era capaz de respirar aliviada. La última persona, seguramente Bellman, dio una vuelta alrededor de la sal, se acercó a los barriles de aceite tras los cuales estaban escondidos los chicos, Sally pudo ver como Adelaida escondía la cabeza en el pecho de Jim, y como éste la rodeaba protector con uno de sus brazos, masculló una maldición y salió.

Sally y sus amigos contuvieron la respiración hasta que los pasos de Bellman desaparecieron en la distancia. Esperaron un rato luego de que los pasos del hombre desaparecieran en la distancia y cuando estuvieron seguros de que nadie iba a volver a acercarse a la bodega por esa noche, salieron corriendo, como si se les fuera la vida en eso, por el túnel. Corrieron a todo lo que dieron sus pies por el pasillo oscuro hasta llegar a la trampilla de la pared.

Salieron lo más rápidamente que pudieron y corrieron hacia sus dormitorios, antes de desaparecer por el pasillo oscuro, Sally creyó escuchar unos pasos de zapatos de tacón repiqueteando por el pasillo, no les prestó atención, seguramente era la profesora de ronda, Nick se despidió de ellos y se dirigió al suyo, en el ala de cuarto año, el resto cayeron en las sillas de la sala común, respirando agitadamente, mientras intentaban que sus corazones volvieran a latir a un ritmo normal.

-Creo que mejor hablamos de esto mañana.- dijo Sally, todos asintieron y se fueron a sus piezas. A ninguno de ellos le costó quedarse dormido esa noche, estaban agotados.

Al otro día acordaron juntarse durante la tarde en la sala de música que solía estar vacía en el tercer piso, no muy lejos de su sala común.

-¿Qué sabemos hasta ahora de Bellman?- dijo Fred, sentado en el piso de la batería, jugueteando con las baquetas en uno de los tambores.

-Sabemos que es un mafioso.- dijo Jim, sentado en un banquito, balanceándose apoyado en la pared, siempre a punto de caerse, pero su envidiable sentido del equilibrio le impedía terminar de trasero en el suelo. Margaret tomaba notas apoyada en la tapa del piano de pared, que había junto a la puerta.

-Y un narcotraficante.- agregó Nick, que estaba sentado en el suelo junto a Rosa.

-Y que quiere secuestrar a alguien.- dijo Sally, sentada en el banco del piano de cola, que estaba en el medio de la sala. –A una chica de este colegio, más específicamente.

-Y que su fábrica de bicicletas está vacía, sólo es una tapadera.- dijo Adelaida, sentada junto a Sally en el banco del piano de cola, tocando las teclas suavemente con la yema de los dedos.

-Algo que no sepamos ya.- puntualizó Fred, exasperado.

-Salió hoy en el diario, compró una empresa de autos.- dijo Charlie, arrojándole un diario financiero a Sally, ésta lo cogió en el aire y lo leyó rápidamente. La noticia decía que el "conocido empresario de los transportes" Axel Bellman había comprado una automotora en la ciudad de Howton, la ciudad cercana al colegio. Se añadía que había perdido parte de su fortuna en unas fábricas de fósforos, en las cuales se habían descubierto irregularidades en lo sanitario. Trabajadores enfermos y cosas por el estilo. Sally arrugó el ceño al leer eso, las irregularidades no se habían descubierto cuando Bellman estaba a cargo de la fábrica, al parecer el equipo directivo lo había despedido tras unas denuncias. Rosa se paró y le quitó el diario de las manos, leyó el artículo rápidamente y se lo pasó a Jim.

-Este tipo es un cerdo.- dijo Jim, después de leerlo.

-Algo nuevo por favor, Jim.- ironizó Fred. –Tenemos que averiguar a quien planea secuestrar, seguramente será la hija de un empresario o un político famoso.

-Fred, estamos en un colegio muy exclusivo, más de la mitad aquí son hijas de gente importante.- dijo Rosa. –Especialmente de empresarios y políticos, si quieres empezar, papá es dueño de una de las fábricas de ropa más importantes del país.

-Sí, pero no se me ocurre a que clase de idiota se le pasaría por la cabeza la idea de secuestrarte, seguramente terminaría pagando para que te recibiéramos de vuelta.- Se burló Fred de su hermana, la cual le pegó con el diario en la cabeza. –De todas formas, querida hermanita, es verdad, la mayor parte de las chicas del colegio son hijas de gente importante.

-Tienes razón, pero con eso no llegamos a nada, es decir, necesitamos saber quién va a ser la víctima de este asunto.- dijo Nick. –Seguramente es alguien a quien le convenga hundir económicamente… alguien que sea dueño de una empresa de autos o una compañía de aviones.

-Mi papá tiene una empresa de autos.- dijo Adelaida.

-No te preocupes Adelaida, seguramente hay muchas otras chicas hijas de dueños de automotoras.- dijo Jim, parándose y abrazándola.

-No soy tan tonta Jim.- contestó la chica, separándose ágilmente del joven. –No me estoy imaginando que alguien quiere secuestrarme a mí.

-Hay que ver otra forma de averiguar quien es. Quizás meterse a su oficina. El próximo sábado hay visita a la ciudad. Podríamos aprovechar e ir a ver, podemos decir que queremos hacer una entrevista a Bellman para el diario de la escuela o para un trabajo.- sugirió Charlie.

-Yo no puedo.- dijo Sally. –A mí ya me vio una vez. Y habló conmigo, sabe mi nombre y no me extrañaría que me reconociera.- ante la mirada incrédula de sus compañeros agregó. –Choqué con él en la calle, después de salir del café.

-También habría que ir a buscar a Mackinnon, estoy seguro de que sabe mucho más de lo que nos dijo la otra noche. ¿Por qué no van tú y Fred?- sugirió Jim. Sally le lanzó una mirada asesina, pero no alcanzó a decir nada por que Fred le ganó la mano.

-De acuerdo.- dijo Fred. –Pero me parece que ese tipo estaba decidido a desaparecer. ¿Alguna idea de dónde encontrarlo? Es un mago estúpido, pero un mago al fin y al cabo, si se le ocurre desaparecer estoy seguro de que lo logrará.

-Hay un barrio lleno de casas de huéspedes, papá y yo solíamos alojar ahí cuando veníamos a la ciudad. Mackinnon no es de aquí, probablemente se aloje ahí, obviamente con un nombre falso. Ese tipo es un ingenuo de película. Y no es tan buen mago como crees.

-¿Y cómo pretendes que averigüemos qué nombre está usando?- preguntó Sally, sarcástica.

-Partan por el teatro, ahí todos saben lo que pasa con todos. Era sorprendente, no se podían guardar secretos en ese maldito lugar. Nunca supe como lo hacían. Una vez me gustó una chica que fue a una función, y a la siguiente todos lo sabían y me aconsejaban de cómo conquistarla.

-Ok.- dijo Fred, dando por terminada la reunión.


Nota: Por si a alguien le interesa, el libro que compró Sally fue "Los pilares de la tierra" de Ken Follett. Es muy bueno, así que si tienen la posibilidad de leerlo, haganlo.