Capítulo 14: El mago escondido
A la semana siguiente bajaron a la ciudad en uno de los buses. Adelaida no pudo ir, tenía que hacer un trabajo y estaba atrasada. Sally y Fred se bajaron en el teatro, se despidieron con un gesto de sus amigos y entraron al teatro.
-¿Qué excusa le pusiste a Francis para no venir con ella a la ciudad?- preguntó Sally, curiosa.
-Les dije que tenía una cita contigo.- sonrió el muchacho, burlón. –Por cierto, le encantó la idea.
-¿Es broma, verdad?- preguntó Sally, parando, mientras el chico avanzaba un par de pasos.
-Sí, le dije que venía al dentista.- Sally retomó el camino y lo alcanzó, un acomodador se acercó a ellos y les preguntó qué necesitaban. –Necesitamos hablar con alguno de los actores. ¿Sabe si hay alguno por aquí?- dijo Fred. El acomodador les indicó la dirección de los camarines y hacia ahí se dirigieron. La primera persona que apareció fue una mujer de aspecto español, ojos y pelo muy oscuro y mirada trágica.
-Disculpe, señora…- dijo Sally.
-Señorita, si no te importa, señorita Carmen Ruiz. ¿Qué quieren?
-¿Sabe dónde podemos encontrar a Mackinnon, el mago?
-Claro.- sonrió la mujer. –Ese idiota, mago de quinta categoría, y eso que ahora estoy de buen humor. Está en Greenville Street, en el número catorce. Se hace llamar Stone, señor Stone. Y cree que nadie sabe quien es. Es un pésimo mago, y aún peor actor.- la voz de la mujer era gruesa y acariciante. A Sally le pareció una felina a punto de atacar a alguien, de hecho, había algo de gatuno en sus movimientos, y en su sonrisa.
-Eh… gracias, señorita.- murmuró Sally. Se despidió con un gesto de la mano de la mujer y empezó a caminar fuera del teatro, se despidió del conserje que los había recibido y salió del teatro, seguida por Fred, ambos empezaron a caminar por la calle hacia la dirección que les había indicado la mujer, unas cuantas calles a la izquierda del teatro.
-Podías haber sido más amable con ella, Lockhart. Pero, en fin, tenemos lo que queríamos, eso es lo principal, la dirección.- dijo él, agarrando el brazo de la muchacha con fuerza. -Vamos, rápido, la verdad es que si para nosotros fue tan fácil averiguar lo que necesitábamos para los matones de Bellman, debe haber sido igual de fácil, de hecho, puede que ya lo hayan encontrado.
Llegaron a la calle sin problemas y se detuvieron delante del número catorce. Fred aún no soltaba el brazo de Sally y ella no se quejaba del agarre. Fred se paró dos segundos a buscar la calle y se dio cuenta de que no había soltado a la chica y la soltó bruscamente.
-No era necesario ser tan violento, Garland.- se quejó la muchacha, frotándose el brazo.
-Podías haberme dicho que te soltara. Aunque claro, soy irresistible.
-Sí, como no. En cualquier caso, no podemos ponernos a discutir ahora, tenemos que encontrar a ese mago.- le respondió la chica, empezando a caminar hacia una de las casas de la calle.
Era un edificio victoriano que, al igual que muchos edificios en la misma calle, tenía un cartel que anunciaba "alojamiento y comidas", y tenía el mismo aspecto abandonado y desvencijado de las otras casas, un tanto lúgubre y tétrico. Subieron las escalerillas hasta la puerta y Fred se adelantó para tocar el timbre. Una mujer seca y delgada les abrió la puerta unos segundos después de que tocaran el timbre. Fred pensó que le recordaba a una mujer que había conocido las últimas vacaciones en un pueblito de Escocia que había visitado mochileando con sus amigos, una mujer seca como el palo de una escoba, aguda y perspicaz, pero muy amable. "A Sally le habría gustado", pensó, pero se sacudió el pensamiento rápidamente.
-Buenas tardes, ¿qué desean lindos?- los saludó la mujer con su voz cascada.
-Buscamos al señor Stone… ¿Está por aquí?- dijo Fred, con su mejor sonrisa.
-Si, claro. ¿Son familia?
-Sus sobrinos, hijos de su hermana. Estamos en el Howton College, y oímos que el tío Stone estaba en la ciudad y se nos ocurrió pasar a verlo un rato. ¿Podemos pasar?- mintió Fred descaradamente. Sally lo miró admirativamente, a ella no se le habría ocurrido esa mentira. La mujer no se dio cuenta de que le estaban mintiendo descaradamente, o por lo menos, no aparentó haberse dado cuenta.
-Sí. Su pieza está en el séptimo piso. Por favor, límpiense los pies en la entrada, acabo de encerar el piso.
Los muchachos entraron y subieron hasta el séptimo piso. Los pasillos de la pensión eran como se los habían imaginado, lúgubres y anticuados. En el séptimo piso sólo había una puerta, que parecía llevar a una buhardilla. Tocaron la puerta. Les abrió un desmejorado Mackinnon, quien dio un respingo al reconocerlos.
-¿Quiénes son ustedes?- estaba totalmente distinto a la noche del teatro, no llevaba la máscara blanca, unas profundas ojeras le cruzaban la cara, y se veía una sombra de barba de unos días en su barbilla.
-Amigos de Jim Taylor, estábamos con él la noche que lo sacamos del teatro. Tenemos que hablar con usted. Es muy importante.- dijo Sally, antes de que Fred pudiera decir algo e inventar otra ridícula historia.
-Pasen, pasen.- se notaba de lejos que Mackinnon estaba aterrado, los hizo pasar rápidamente.
Una vez adentro, se encontraron en un cuarto sencillo, que tenía el mismo aire desvencijado y anticuado del resto de la casa, no obstante estaba bien amueblado y parecía estar limpio. Mackinnon invitó caballerosamente a Sally a sentarse en la única silla disponible, a Fred le indicó un baúl de madera que estaba en una esquina y él mismo se sentó en su cama.
-¿Qué quieren que les diga?
-Todo lo que sepa. Necesitamos saber que fue lo que pasó exactamente en el río.
-Ya se los dije la otra vez, iba a un evento de caridad en la casa de cierta señora y vi a Bellman asesinando a alguien junto al río, le disparó y el otro cayó al río. Eso es todo.
-¿Cómo pudo estar tan seguro de que era Bellman?- preguntó Sally mirándolo inquisitivamente.
-Lo reconocí, lo he visto muchas veces. A pesar de su rubro, es un hombre conocido y poderoso. Además estoy positivamente seguro de que sus asesinos son los que me persiguen, hace algunos años mataron a uno de mis amigos.
-¿No sabe nada más de lo que pasó en el río? ¿Quién era el muerto? ¿Por qué lo mató Bellman?- lo interrogó Fred, intentando sacarle más información respecto al supuesto asesinato al mago.
-No, me temo que no, lo siento.- balbuceó el mago. Sally estaba exasperada. ¿Era un hombre adulto o qué? Parecía un niñito que no le quiere decir a su mamá quien le pegó en el colegio. "Mago idiota", pensó, aunque si debía darle algo de crédito a lo que había oído, era un mago incompetente y penoso y, por cierto, lo parecía. –Aunque… hace pocos días salió un artículo en el diario, estoy casi seguro de que se refiere a este caso.- Sacó un pedazo de papel de la pila de diarios que usaba para prender la pequeña chimenea y se lo tendió a Sally, ésta lo tomó. Era un recorte del diario de la ciudad.
Cadáver en el río
Esta mañana unos niños que jugaban en el bosque encontraron un cadáver flotando en el río, junto a un árbol, que impidió que fuera corriente abajo.
La policía lo ha identificado como Arne Nordenfelds, el conocido periodista, quien se encontraba desaparecido desde la noche del viernes catorce. El cuerpo tenía un agujero de bala en el pulmón derecho, pero también mostraba signos de ahogamiento. No hay pistas acerca de quien podría ser el asesino del periodista, conocido por sus punzantes artículos, sobre importantes personajes.
-¿Cree usted que este tal Nordenfelds fue el hombre al que asesinó Bellman en el río?- le preguntó Fred.
-Si, estoy seguro de eso.- aseguró Mackinnon.
-¿Qué hizo Nordenfelds para molestar a Bellman? Si hizo algo que al otro le molestó, habría un motivo para el crimen. No creo que Bellman lo haya matado por nada. No parece ser su modus operandi. ¿Nordenfelds no habrá tenido algo con la mujer de Bellman o alguna deuda?- siguió preguntando el muchacho. Mackinnon se removió inquieto en su asiento, como si dudara acerca de la conveniencia de contarle a dos mocosos sus sospechas. Sally pensó que Fred sería un excelente periodista de mayor, siempre hacía las preguntas perfectas.
-Eso sí lo sé.- dijo, finalmente, tras una larga reflexión. –Escribió un artículo en el que atacaba a Bellman, dijo todo tipo de cosas, desde que las condiciones laborales en sus fábricas de fósforos eran inhumanas, hasta que sus negocios eran un fraude y que Bellman era sólo un traficante y un estafador que se refugiaba en fábricas y negocios falsos para que el gobierno no lo detuviera, lo que tampoco era necesario ya que tenía a medio gobierno sobornado.
-Entonces, Bellman lo mató.- finalizó Sally, triunfante, su sospecha era correcta, e incluso había logrado averiguar el motivo del crimen. –Tenemos que denunciarlo.
-No serviría de nada Lockhart, no tenemos pruebas concretas, sólo sospechas. Además, parece que hay alguien protegiendo a Bellman, en las altas esferas, se encargará de sacarlo de cualquier lío en el que lo metamos.- dijo Fred. –Si no tiene nada más que nos sirva, señor Mackinnon, será mejor que nos vayamos. No queremos hacerlo perder más tiempo. ¿No? Bien, muchas gracias. Vamos Lockhart.- agregó parándose.
-Ok Garland.- dijo ésta levantándose. –Gracias señor Mackinnon. Nos ha sido muy útil.
Mackinnon los despidió en la puerta de su habitación. Sally se preguntó que tan terrible era Bellman, para hacer que un hombre adulto se escondiera así, de todas formas, Mackinnon no parecía un tipo duro realmente y seguramente sería fácil de asustar. Ella y Fred se encaminaron a la plaza de la ciudad, donde habían acordado juntarse con el resto. Apenas llegaron ahí vieron a sus amigos sentados en una de las bancas, con aspecto preocupado.
-¿Tienen algo?- preguntó Nick.
-Bastantes sospechas, ninguna prueba.- dijo Fred. -¿Y ustedes?
-Mejor hablemos en el bus.- dijo Jim, indicando el bus que doblaba la esquina en ese minuto. Era el primer bus de vuelta de la tarde e iba completamente vacío, normalmente los alumnos del Howton College preferían aprovechar hasta el último minuto de su visita a la ciudad. Subieron y se instalaron en los asientos del fondo. Jim fue el primero en hablar.
-Ya sabemos quien va a ser la victima de Bellman.- dijo.
-¿Quién?- dijo Sally, curiosa, no sabía cual iba a ser el siguiente paso, pero se moría de ganas de saber quien era la desafortunada.
-Es Adelaida.- contestó el muchacho. –Antes de que ustedes llegaran estábamos intentando decidir si le decíamos o no a ella. Yo creo que lo mejor es que no lo sepa, Rosa, Charlie, Margaret y Nick me apoyan.
-¡Jim! Es mejor que lo sepa, así estará más precavida.- dijo Sally, alarmada, ella siempre iba con la verdad por delante.
-¡Sally! No puede saberlo. No quiero que esté asustada, siempre temiendo que la vayan a secuestrar, todo lo que queda del año.- le contestó Jim, con tono preocupado, sus amigos asintieron.
-¿Estás seguro de que es lo mejor para ella?- le preguntó Sally, dudosa.
-Si, estoy seguro. Será lo mejor para ella.- Jim estaba decidido. En sus ojos se leía la decisión de proteger a Adelaida a cualquier costo. Sally se sonrió para sus adentros, nunca había visto a alguien tan enamorado como parecía estar Jim.
-Es verdad Lockhart, si ella no sabe no irá por la vida preocupada y temerosa y nosotros siempre estaremos ahí para cuidarla.- fue el aporte de Fred a la conversación, a Sally no le llamó la atención, había dado por descontado que el iba a opinar justo lo contrario que ella.
-Está bien como tú digas Jim, pero sigo pensando que no es lo correcto. De todas formas quiero saber como lo averiguaron.- se rindió y se arrebujó en el asiento.
-Eso es muy simple, pequeña Sally.- dijo Nick, burlón. –Nos instalamos en el lobby de la oficina y dijimos que queríamos entrevistar al señor Bellman para el diario estudiantil. La secretaria nos dijo que el señor Bellman estaba ocupado y que vería para cuando podía concedernos una cita. Cuando se fue entraron dos hombres, hablando de la fábrica de fósforos que le habían quitado a Bellman, y dijo que el señor Bevan, de la automotora, ayudaría al patrón a mediados de enero. Era cosa de sumar dos y dos, por suerte, todos aquí sabíamos matemáticas.
-¿Qué averiguaron ustedes?- preguntó Rosa, se moría de ganas de saber si había pasado algo más entre su hermano y Sally, pero conociendo un poco a la chica, podía estar absolutamente segura de que ella no iba a dejar que nada "pasara" entre ambos hasta que el idiota de Fred peleara con la tal Francis, a la que personalmente no soportaba, por otra parte Fred era demasiado estúpido para darse cuenta de que Sally moría por él y seguramente no le diría a la chica que estaba loco por ella hasta estar seguro de que ella sentía lo mismo.
-Sabemos a quien mató Bellman.- dijo Fred. –A un tal Arne Nordenfelds, periodista. Al parecer escribió un artículo que atacaba a Bellman, diciendo que era un fraude y un estafador, y a Bellman no le gustó para nada. O sea, tenía motivos para matarlo.
-Muy inteligente, Garland.- contestó Sally, irónica.
-Aunque no lo creas, mi hermano es un genio, Sally, sólo le gusta actuar como idiota.- dijo Rosa, con una sonrisa.
-Ya me lo había imaginado. De cualquier forma, sería interesante leer el artículo.- dijo Sally, pensativa. –Quizás esté en la biblioteca, mañana a primera hora voy a ir a buscarlo.
-Bien, al menos ya es algo.- dijo Margaret. –Pero seguimos sin saber que piensa hacer Bellman con el dinero del padre de Adelaida.
-¿Escuchaste lo que dijo el secretario, después de hablar del señor Bevan?- preguntó Nick con el entrecejo fruncido.
-No.- dijo Margaret. –Estaba más preocupada en pensar que podíamos hacer para proteger a Adelaida de ese sujeto.
-Dijo que el tema de los fósforos le había costado millones a Bellman y que se había recuperado aprovechando el hundimiento de una compañía aérea, la Anglo Baltic.
-Creo que leí algo sobre eso en los diarios.- dijo Sally. –Explotaron muchos aviones, en circunstancias sospechosas, sin una explicación racional… no hubo supervivientes de ninguna de las explosiones, de hecho me parece recordar que la última fue el día antes de que empezara el colegio.
-¿Crees que Bellman…?- Charlie no terminó la pregunta, la idea de un hombre que asesina a sangre fría a miles de personas sólo para hundir la empresa, era como para asustar a cualquiera. Al parecer ese Bellman, era un tipo de verdad peligroso.
-¿Hizo explotar los aviones? Sí. No sé como, pero el caso es que lo hizo. Además si hundía a la competencia, no tendría problemas para instalarse en el mercado, y de paso exportar sus armas y drogas… o cualquier cosa ilegal que piense sacar del país.- dijo Sally. –Una compañía aérea mueve mucho dinero.
-Mmm… Tiene sentido.- dijo Fred, con tono pensativo. –Pero todavía no sabemos que hacer.
-¿Alguna propuesta Garland?- dijo Sally, mirando burlonamente a Garland.
-Propongo que evitemos que ese cerdo secuestre a Adelaida, y que siga matando gente.
Sally le dirigió una mirada que parecía preguntarle al muy genio como se le había ocurrido decir eso, lo más obvio que podía haber dicho en esas circunstancias.
-La primera parte es fácil. La segunda la veo más complicada.- dijo Nick, siempre tan práctico.
-Esa es la parte más difícil, detener a Bellman. Hay que denunciarlo a los diarios o algo.- Fred apretaba los dientes con rabia.
-Fred, no tenemos pruebas.- dijo Rosa, apoyando a Charlie.
-Pues las conseguimos.- dijo el muchacho, testarudo.
"No puedo creer que haya dicho eso" pensó Sally, la frase más cursi que se le pudo pasar por la cabeza. Todos se callaron, pese a todo, no habían llegado a ningún lado. Estaban llegando al colegio.
-Mejor dejemos reposar esto por unos días.- dijo Sally. –Ahí nos juntamos y vemos si tenemos alguna idea concreta e inteligente.
