Capítulo 16: ¿Amigos?
Al otro día Sally se levantó temprano y se fue a la biblioteca, el lunes a la primera hora tenía prueba y no había estudiado nada. El resto de los alumnos no se habían despertado, pero los edificios del colegio estaban abiertos para los madrugadores. Fred se despertó un rato más tarde, cuando bajó las escaleras para llegar a la sala común alcanzó a ver una melena rubia y despeinada que salía por la puerta. Se sonrió, seguramente la muy obsesiva no iba a dejar de estudiar un día, y seguramente iba a la biblioteca. Fred se dirigió hacia ahí, y la encontró sentada en una de las mesas con la cabeza enterrada en el libro que leía.
-Sally, tenemos que hablar.- la chica levantó la cabeza al oírlo. Fred pudo advertir en su mirada un deje de sorpresa, seguramente no esperaba encontrárselo en la biblioteca un domingo en la mañana.
-No Fred. Mejor volvamos a los apellidos y dejémoslo así. No vale la pena.- dijo la muchacha levantando la cabeza del libro y volviendo a bajarla rápidamente.
-¿Qué es lo que no vale la pena?- preguntó, sentándose en una silla frente a la chica.
-Todo esto, yo, tú…
-¿Por qué?
-¡Qué sé yo!- exclamó la chica, un par de decibeles demasiado alto. La bibliotecaria la miró con un gesto reprobatorio. –No quiero tener nada que ver contigo, Garlnad. Desde que te conozco te has dedicado a insultarme, eres prepotente, arrogante, egoísta, creído, insoportable… y de verdad no quiero tener nada que ver contigo…
La cara de Fred se endureció de súbito. Sally tenía los ojos levantados y pudo observar el gesto del chico. Se veía que él se moría de ganas de decirle todo lo que pensaba, pero que se estaba mordiendo los labios para no hacerlo. Pensó en decirle algo, pero todo lo que pensó decirle murió antes de llegar a sus labios. De todas formas, ya había dicho demasiado.
-De acuerdo, como tú digas, Lockhart.- dijo fríamente Fred y se fue, Sally lo vio marcharse y enterró la cabeza entre los brazos. Todo lo que le había dicho era verdad, pero había omitido un pequeño detalle: a ella todo lo que Fred era, le importaba un comino, por que de verdad le gustaba, y no sabía que hacer con esa certeza de que estaba medio enamorada de él. Estuvo unos minutos en esa posición, hasta que levantó la cabeza con gesto decidido, recogió sus cosas y se fue. El artículo sobre Bellman que había pedido a la bibliotecaria quedó abandonado sobre la mesa.
Después del suceso de la biblioteca Sally y Fred estuvieron un par de semanas sin hablarse, ni siquiera peleaban, ni se miraban abiertamente. Apenas uno llegaba a donde estuviera el otro, el que había llegado primero se iba, inventando una excusa cualquieraLa tensión se notaba en el ambiente, sus amigos estaban sorprendidos por la intensidad de las miradas de reojo que se echaban y por las obvias ganas de ambos de lanzarse directamente al cuello del otro, cuando hace un par de días sólo buscaban la mejor forma de insultarse y molestarse entre ellos.
La situación tensa duró hasta un día en que Sally y él estaban sentados viendo televisión e en la sala común, ninguno de los dos sabía como habían terminado solos y viendo una película, pero así había sido y estaban los dos sentados en el mismo sillón, sin mirarse y sin hablarse. De repente y sin previo aviso, Sally gritó exasperada, en parte por que quería volver a hablar con él, a pelear, a molestarse, a insultarlo por cualquier cosa, y en parte para romper el silencio que se había instalado entre ambos, como una pared de cemento armado.
-¿¡Vamos de dejar de hablarnos para siempre!?- la exasperación y la frustración se notaban en la voz de la chica.
-Ésa era la idea general Lockhart. Pareces haberla captado. ¿Algún problema?- Fred esbozó una sonrisa burlona, también extrañaba reírse de la rubia, y acababa de encontrar una forma excelente de hacerlo.
-¡Sí!- gritó Sally sin pensarlo dos veces, al ver la cara divertida de Fred se percató de lo que había dicho y se sonrojó. –Prefiero pelear contigo y recibir tus insultos estúpidos que no hablar contigo nunca.
-¿Si? Quien lo diría…- replicó sarcásticamente el muchacho, con una sonrisa muy a su pesar.
-Garland es en serio. ¿Me perdonas por lo del otro día, por todas las idioteces que te dije en la biblioteca?
Fred le sonrió.
-Perdonada.
-Entonces… ¿Amigos? -Sally le sonrió ingenuamente, tendiéndole la mano.
-Yo no quiero ser sólo tu amigo.- sonrió el chico, insinuante, levantando una ceja.
-Es mi única oferta, por ahora.- sonrió la chica a su vez. –Tómala o déjala.- agregó, tendiéndole una mano de nuevo.
-De acuerdo. Me parece bien, por ahora.- contestó Fred, recalcando el por ahora. –Amigos seremos, entonces. Por cierto, ¿Qué lees por estos días? El otro día te vi leyendo. Por la cara que ponías cuando leías parecía muy bueno.
Sally levantó una ceja, incrédula. ¿El la observaba? Decidió que era mejor no decir nada por el momento, prefería empezar su amistad con el pie derecho.
-La sombra del viento, es muy bueno, tienes razón. Te lo presto cuando quieras y después de que lo termine. ¿Estás estudiando?- dijo, mirando el libro que tenía el muchacho entre las manos, la verdad es que no lo leía, si no que lo daba vueltas con las manos, concentrado en la película antes, y más tarde en la conversación con la chica.
-Sí, tengo examen de historia el lunes. Edad Moderna, una autentica estupidez. Esas cosas ya pasaron, no importan.
Sally le sonrió, a ella si le gustaba la historia, de hecho era una de sus materias favoritas.
-¿Cómo dices eso? Si no entiendes lo que pasó antes, no podrás entender las cosas que pasan ahora. Por eso es importante la historia, para entender lo que pasa con nosotros, por qué adoptamos un sistema económico o cierto tipo de leyes.
-Puede ser, pero sigue sin gustarme la historia.- le sonrió el chico. –Muy difícil de estudiar.
-Eres un flojo sin remedio.- le contestó la chica, pegándole con un cojín en la cara al chico.
Cuando sus amigos llegaron a la sala común se encontraron con Sally y Fred hablando amigablemente sentados en el sillón, como nunca antes lo habían hecho, sin dudarlo un segundo se unieron a ellos para seguir hablando, la discusión sobre el valor de la historia ya había terminado hacía un rato, ahora estaban comentando una de las películas clásicas que a Sally le gustaba y Fred encontraba insoportablemente cursi. Sus amigos se unieron a la conversación, poniéndose en las distintas posturas y argumentando a su vez, Sally estaba encantada, le gustaba mucho hablar de cine, y sus amigos eran tan cinéfilos como ella, por lo que habían visto muchas películas. Un rato más tarde, como faltaba mucho para la cena y tenían que hacer hora para poder ir al comedor, se pusieron a jugar a las cartas, jugaban corazones por parejas, Sally y Fred contra Jim y Adelaida, y Charlie y Margaret.
-¿Qué harás para navidad Sally?- preguntó Adelaida cuando terminaron de jugar y se puso a ordenar las cartas.
-Me quedo aquí, papá sigue de viaje. Ayer me llegó un mail que decía que iba a Marruecos por un par de días para revisar un hotel y que después se iba a hacer un reportaje para una revista sobre el fin del Apartheid en Sudáfrica.
-Yo también me quedo aquí.- dijo Adelaida con una mueca extraña pero divertida. –Mis papás están en un crucero en el caribe, papá tiene que ver unas cosas de su empresa ahí con unos ejecutivos de Japón.- aunque la joven aparentaba que no le importaba, Sally vio en sus ojos que el rechazo paterno le dolía mucho.
-Yo también voy a pasar la navidad aquí.- dijo Jim. –Papá está de gira, actuando en un crucero en el caribe.- agregó guiñándole un ojo a Adelaida, que le sonrío tristemente.
-Rosa y yo también pasaremos la navidad aquí. Papá y mamá están de viaje de negocios y a papá no le dieron muchas vacaciones este año por no decir que los pasaje para antes de navidad estaban agotados.- dijo Fred. Sally se sintió mal por sus amigos, el caso de ella era diferente, su padre no ganaba mucho y los pasajes eran muy caros como para que pudiera darse el lujo de verla ese año, pero le había dicho en uno de sus mails que en el viaje a Estambul del verano iban a pasarlo bien por todo lo que no pudieran en el año y la perspectiva la consolaba un poco.
-Deberíamos ir de nuevo a la oficina de Bellman, para averiguar más.- dijo Rosa, tirada en el sillón de la sala común. –Quizás deberías ir tú Sally, la secretaria no te ha visto nunca y por lo que sabemos Bellman nunca va por ahí. Podría ir y decir que quieres invertir en una de las empresas de Bellman o algo por el estilo.
-Rosa, no seas ingenua. Sólo tengo diecisiete años, no me van a tomar en serio.
-Eso ya es más que la edad de Fred, él tendrá diez años toda su vida.- agregó Rosa, indicando con la cabeza a su hermano, que estaba jugando con Jim a tirar pelotitas de papel en un basurero. Sally sonrió.
-Buen punto.
Sé que como escritora no soy muy interactiva pero quería aprovechar de decir algunas cosas. En primer lugar quiero agradecer a la primera persona que me agrego a sus favoritos: LotieBoom. Gracias, por lo menos ahora sé que no estoy perdiendo mi tiempo en ecribir algo que nadie lee. En segundo lugar quiero explicar algunas escenas, la idea de que a Fred y a Sally los castigaran obligándolos a bailar juntos la saqué de la película "Take the lead", y la última escena de este capítulo la tomé casi textualmente de la primera película de Sally Lockhart: "The Ruby in the Smoke"
