Capítulo 17: Blanca Navidad
El lunes de la semana siguiente se empezaron a ir todos los que se iban a pasar las navidades y el año nuevo en su casa. Sally y sus amigos se quedaron solos en la sala común de tercero, ya que todo el resto del curso se había ido a pasar las fiestas con sus padres. Como no tenían clases, ni nada más que hacer, se pasaban todas las tardes jugando a las cartas y viendo películas. Era divertido hacer cosas estúpidas cuando nadie los veía, Fred aprendió a conocer un nuevo lado de Sally, que era capaz de cualquier cosa, desde hacer carreras con las almohadas por las escaleras del pasillo hasta deslizarse en calcetines por los pasillos, caerse de bruces y levantarse entre risas. Por su parte, Sally aprendió a conocer el lado serio de Fred, muchas veces se quedaron conversando hasta altas horas de la noche, nunca antes había apreciado la inteligencia de Fred y le sorprendían las opiniones muy maduras que tenía con respecto a ciertos músicos y películas, y al mundo en general. Si tenía que ser sincera consigo misma, ese lado de Fred le gustaba bastante.
-¡Ya Jim! ¡Te toca!- exclamó Sally desde un extremo del pasillo. Jim tomó algo de vuelo, y empezó a correr, para luego deslizarse muy rápidamente, hasta caer contra la pared, entre las risas de sus amigos.
-¡Voy yo!- gritó Fred, imitando a Jim. Se deslizó por unos metros, hasta caer de espaldas a los pies de Sally, haciendo que ella se cayera a su vez.
-¡Fred! Eres un idiota, podrías haberte roto algo.
-No seas exagerada. No nos pasó nada.
-A ti, no. Yo estoy arriba de ti y no me dejas pararme…- dijo ella, riéndose. Intentó pararse, pero Fred la rodeó con los brazos y se lo impidió. –Ya, Fred, suéltame de una maldita vez.- se quejó, golpeándolo en los brazos para que la soltara, Fred la soltó, riéndose.
La relación de Sally y Fred era más cordial que antes y aunque a veces se peleaban, el tono general era bueno, de hecho, y frente a la sorpresa de todos sus amigos ambos se divertían haciendo estupideces y gastándoles bromas a los ingenuos que osaban confiar en ellos, como Jim, que terminó empapado cuando Sally y Fred le tiraron un balde con agua mientras se dirigía al gimnasio, o Adelaida, que fue la víctima de un café muy picante preparado por ellos.
Era un poco triste que ninguno de ellos pudiera pasar la navidad con sus familias, de hecho todos echaban de menos la idea de pasar una alegre navidad ante la chimenea, con comida rica y cosas así, por lo que cuando Adelaida lo comentó todos asintieron, excepto Sally, cuyas navidades solían ser algo así como comer comida china y preparar su campamento de año nuevo, antes de entregarse los regalos mutuamente. Nunca había pasado una navidad "tradicional", aunque extrañaba pasarla con su papá.
-¿Por qué no celebramos la navidad entre nosotros? Podemos decorar la sala, y preparar una comida navideña, y después, entregarnos los regalos.
A los demás les gustó la idea y la noche antes de navidad se organizaron para decorar la sala común y se consiguieron un permiso del director para prepararse ellos mismos la cena de navidad y comer en la sala común. La decoración era muy fácil, el colegio puso en todas las salas comunes del colegio un árbol de navidad y un pesebre, los de tercero que se habían quedado para pasar la navidad compraron guirnaldas y adornos de todo tipo para decorar la sala. Mientras decoraban, Sally le pasó una caja pequeña con guirnaldas a Fred, el le devolvió una sonrisa, que le fue respondida por la chica, el jueguito de miradas se detuvo debido a una risita burlona que venía desde arriba, ambos levantaron la cabeza y se encontraron con Adelaida, parada sobre una escalera, sosteniendo unas hojas de muérdago que estaban colgando sobre sus cabezas. Sally apartó la cara y enrojeció hasta las orejas, frente a la mirada burlona de Fred.
-Sally, Fred… Creo que hay una pequeña tradición navideña que están olvidando…- dijo la chica, maliciosamente. Fred se inclinó y besó a Sally en la mejilla, haciendo que la chica volviera a enrojecer violentamente. Él pensó en molestarla un poco, pero se arrepintió antes de poder decir nada. Más tarde esa noche prepararon su comida y se instalaron a comer en una de las mesas de la sala común. Prepararon una comida relativamente sencilla, chop suey y arroz con amapolas, de postre Adelaida preparó su especialidad, un delicioso Tiramisú.
-Adelaida, esto está exquisito.- dijo Jim, luego de servirse tres veces del delicioso postre.
-Gracias Jim…- dijo la chica, enrojeciendo igual que Sally antes. –Que bueno que te guste, pero déjale algo a los demás.
-Si Jim, yo también quiero un poco.- se quejó Charlie, saltando sobre el otro chico, para quitarle el postre de las manos.
Después de comer Sally, que no cocinaba por una cuestión de principios y por que ya había quemado un par de veces la cocina de su casa, y Charlie, que había estado ocupado antes y no había podido ayudar a cocinar, lavaron los platos. Mientras lavaban los platos Jim se acercó a la chica por la espalda, esperando sorprenderla, pero no la había tocado siquiera cuando la chica se dio vuelta y le lanzó agua desde la llave, empezando así una guerra de agua que por poco destruye la sala común.
-¿Pensabas que podías sorprenderme, Jim Taylor? Soy más rápida de lo que pensabas.- se burló, antes de que Jim se recuperara de la sorpresa y le lanzara un vaso con agua a la cara.
-Ahí tienes, Lockhart.- exclamó el chico, justo un segundo antes de que Charlie le lanzara un nuevo chorro de agua helada. Si no hubiera sido por Margaret que los devolvió a la razón, el desastre que ahí quedó hubiera sido digno de un huracán, pero los chicos era bastante obedientes y ordenaron y limpiaron la sala común rápidamente. El resto de la noche pasó entre risas y bromas y entre medio acordaron que intercambiarían los regalos por la mañana. Ya era muy tarde cuando se fueron a acostar, bostezando y estirándose perezosamente, por suerte al día siguiente también podrían tomar desayuno en la sala común, y no tenían que levantarse temprano.
En la mañana Sally fue la primera en despertar y bajar a la sala común con los regalos para sus amigos, y unos que le había enviado su padre y le habían llegado el día anterior, bajo el brazo. Los dejó junto al árbol y se sentó en uno de los sillones, leyendo un libro que había dejado olvidado ahí la tarde anterior, antes de empezar a decorar la sala común, un poco de agua lo había salpicado y se habían arrugado las páginas, Sally arrugó el ceño y se puso a leer, con lo pies desnudos apoyados en el sillón en que estaba sentada. El siguiente en bajar fue Jim, con su pelo revuelto y los ojos brillantes, usando un pijama demasiado corto que dejaba ver sus tobillos desnudos, dejó sus regalos junto a los de Sally, bajo el árbol, y se sentó perezosamente en uno de los sofás de la sala común.
-Bueno días Sally.- le dijo, haciendo que la chica diera un respingo, estaba tan absorta en su lectura que no había sentido bajar a Jim. Al ver la expresión de susto de la muchacha echó a reír con fuerza y ganas.
-¡Jim Taylor! Eres un idiota infantil.- se quejó, golpeando a Jim con el libro en el hombro. Jim le quitó el libro de las manos y le preguntó burlonamente si no prefería hablar en vez de pelear, Sally le golpeó la nuca con la palma de la mano pero empezó a conversar con él de todas maneras.
-Por cierto, te lo debía, por la mojada del otro día. Ya veré que le hago a Fred, pero será mucho peor, por que estoy seguro de que fue su idea.
-De hecho, fue mi idea…- contestó Sally, riéndose, Jim le lanzó un cojín a la cara, que ella le devolvió.
Mientras hablaban fueron llegando todos los demás, todos con el pelo revuelto y en pijama. Cuando estuvieron todos reunidos en la sala común empezaron a repartir los regalos, Adelaida los tomaba al azar de la pila que se había formado bajo el árbol y se los entregaba al destinatario.
Sally recibió un libro, "La Catedral del Mar" de parte de Fred, un pañuelo de colores de parte de Adelaida, una caja de chocolates de Jim, un bolso de lona de Rosa, ideal para los libros, otro libro de Charles, "Agnes Grey", y un collar con cuentas de vidrio de Margaret. Su padre le envió una lámina de un cuadro de Toulouse Lautrec y unos aros comprados en la India. Eran muy lindos, con intrincados motivos hindúes y unas piedras rojas brillando al medio. Sally apartó sus regalos y se acercó a Fred para agradecerle su regalo, el chico estaba sentado en el suelo, rodeado de papel de regalo y sonriendo como un niño pequeño, mientras examinaba sus regalos.
-Gracias Fred, me moría de ganas de leerlo.- sonrió, inclinándose y besándolo suavemente en la mejilla, provocando un ligero sonrojo de parte del chico.
-Gracias a ti, necesitaba uno de estos.- dijo, levantando un pequeño cilindro negro, con un vidrio curvado en una parte más grande en uno de los extremos. Sally le había regalado un nuevo lente, conocido como ojo de pez, para su cámara. -¿Cómo supiste cual era el que necesitaba?
-Rosa.- contestó la chica, encogiéndose de hombros, le sonrió de nuevo y se fue a agradecerle a Jim por los chocolates.
Se prepararon algo para tomar desayuno en la sala común, nada muy complicado, cafés con leche y panes con mantequilla para todos y más tarde se fueron a sus piezas a vestirse, por que ya eran casi las once de la mañana y ellos seguían en pijama. Afuera había nevado durante la noche y todo el colegio estaba cubierto por una gruesa capa blanca y esponjosa. Jim propuso salir a dar una vuelta por el patio y sus amigos aceptaron, esa clase de nieve no era muy común, normalmente se derretía en el suelo antes de que fuera posible tocarla. Se abrigaron rápidamente y salieron al patio, en el camino se cruzaron con algunos profesores que les desearon una feliz navidad con una sonrisa en el rostro, sólo una de ellas no les dirigió un saludo amable, una mujer joven y delgada que pasó a su lado como si estuviera muy apurada. Sally se fijó en que venía de la dirección donde estaba la trampilla, pero no le dio importancia.
Al llegar al patio nevado se sentaron en el marco de una de las ventanas que daban al pasillo y eran lo suficientemente anchas como para poder sentarse cómodamente. Ver el patio cubierto de nieve no era un espectáculo de todos los días y no iban a desperdiciar el primer día de nieve del año.
-¿Y si hacemos una guerra de bolas de nieve?- sugirió Jim, con una sonrisa traviesa. Sus amigos accedieron y corrieron a atrincherarse tras los bancos que había alrededor del patio, mientras preparaban sus arsenales de bolas de nieve y armaban montones a sus lados. Sally fue la primera en lanzar, impulsivamente, se asomó por sobre el banquito tras el cual estaba escondida y tiró la primera bola de nieve. Su bola de nieve golpeó a Jim, que se acababa de parar, en plena cara.
-¡Sally! ¡No habíamos dicho que empezáramos!- dijo, un poco molesto por que no había sido él el que lanzara primero.
-¡Lo siento Jim!- gritó Sally, mientras otra bola golpeaba a Jim en la nuca desde otra dirección.
-¡Fred!- gritó el pobre Jim, frotándose la parte golpeada, otra bola lo golpeó al darse vuelta para recriminarle a Fred su ataque a traición. -¡Adelaida!- se quejó.
Al poco rato, todos los demás habían lanzado y golpeado a Jim con las bolas de nieve, hasta que éste se aburrió y, desesperado, se escondió tras su banca para devolverle con muchas ganas los golpes a sus amigos. Después de un rato de pelea dejaron las "trincheras" tras las bancas y trasladaron la guerra al bosquecito que había al final del patio. Sally le lanzó una bola a Rosa y se escondió tras un árbol. Escuchó un crujido a sus espaldas y dio la vuelta para ver quien era la persona que pensaba atacarla por sorpresa. Ahí estaba Fred, sonriendo mientras hacía botar una bola de nieve en la mano, con expresión maliciosa.
-Jajaja… ¡Así te quería encontrar Lockhart!- se rió lanzando la bola de nieve en su mano, hacia la chica. Sally la esquivó hábilmente, haciéndose a un lado.
-Nunca me atraparás Garland.- Sally le devolvió una sonrisa burlona y se abalanzó sobre él, intentado quitarle la nueva bola de nieve de las manos. Fred soltó la bola que tenía en sus manos y tomó con su otra mano la cintura de la chica, haciendo que Sally quedara pegada a él. Se inclinó lentamente hacia ella. Sally estaba desconcertada por la extraña actitud del muchacho, pero actuó rápidamente, se soltó del abrazo del chico y puso un par de metros de distancia entre ellos, de un gran salto. -¿Qué estabas haciendo? O mejor, ¿Qué estabas intentando hacer?- Fred la miró burlonamente, pero no contestó. –Todo estaba bien entre nosotros. Sólo somos amigos.- dijo Sally, intentado convencerse a si misma, más que nada. Fred aún no reaccionaba -¡¿Por qué tenías que hacer eso?!- Exclamó, cada vez más furiosa con el chico que la miraba más burlonamente que nunca.
-Yo ya te dije que no quiero ser sólo tu amigo.- dijo Fred. –Tú ya estabas advertida respecto a eso.
-Y yo ya te dije que no pensaba ser nada más que tu amiga…- replicó la chica.
-¿Por qué?- preguntó Fred, poniéndose súbitamente serio.
-No quiero enamorarme, Fred.- dijo ella, con expresión seria.
-¿Por qué no?
-Enamorarte te hace vulnerable. Por favor, Fred, dejémoslo así. Seamos amigos.- La cara de Fred se endureció de nuevo.
-Bien Sally. Apenas quede acabado lo de Bellman, te juro que no te tendrás que hablar conmigo si no quieres. Esta amistad es una idiotez, tú quieres ser mi amiga y yo no quiero ser sólo tu amigo. Los dos estamos perdiendo el tiempo. Mejor vamos de vuelta, ya ha pasado mucho rato, deben estar preguntándose donde estamos.
Caminaron hasta el patio en silencio, cuando salieron del bosquecito al final del patio vieron que sus amigos ya se habían aburrido de la guerra de nieve y estaban sentados en una de las bancas, hablando animadamente.
-¿Dónde estaban ustedes dos?- preguntó Rosa, mirando a su hermano inquisitivamente.
-En el bosque, Sally se perdió entre los árboles, y casi llega al campo de al lado y la fui a buscar. Ya saben como es.- Sally le dirigió una mirada furiosa, pero pensó que era mucho mejor la historia de Fred que la verdad. Adelaida hizo una broma, aludiendo a lo distraída que era Sally, pero ésta no la oyó, por que estaba pensando en lo que le había dicho a Fred, en parte inconscientemente y en parte queriendo decírselo, no quería volver a pasar una escena de tipo escandalosa con el rubio, y menos que el volviera a insinuarse y ella ya no pudiera resistirse.
En la tarde tomaron chocolate caliente en la sala común, riendo y bromeando frente a la chimenea encendida, luego jugaron cartas y otros juegos de mesa. Sally y Fred no se dirigían la palabra, cada uno perdido en sus propios pensamientos, pero sus amigos notaban las miradas de reojo que se dirigían cada cierto rato. Más tarde se dirigieron al casi vacío comedor para la cena, la cocinera había aprovechado que no había mucha gente y se había superado a si misma con la comida, una deliciosa lasaña de verduras y pollo además de un delicioso postre de chocolate con frambuesas. Luego de la cena, un rato después de volver a la sala común, Sally anunció a sus amigos que se iba a acostar temprano por que estaba agotada. Un rato más tarde Fred hizo lo mismo, al igual que Sally, tenía muchas cosas en las que pensar.
Sally estaba tirada de espaldas en su cama. No podía dormir, su cabeza estaba repitiendo insistentemente la escena del bosque de esa mañana. Había estado demasiado cerca de caer, pero había logrado volver a tierra firme, aunque no sabía a que precio. Le dolía la idea de perder la amistad de Fred, era un chico inteligente, simpático y divertido, y la última semana lo había conocido mucho más de lo que nunca hubiera pensado, y a pesar de que odiara admitirlo, le gustaba lo que había descubierto. Y por su orgullo iba a perder eso, las conversaciones hasta tarde, las bromas a sus amigos, hacer cosas estúpidas y divertidas… Se dio vuelta en la cama. Si sólo Fred no fuera tan insistente, y tan molestoso.
Fred estaba sentado sobre su cama, maldiciendo entre dientes a sí mismo, su estupidez, y a Sally y a su dichoso orgullo. Si ella no fuera tan orgullosa y se diera a sí misma una oportunidad, y también se la diera a él. Pero eso no iba a ser, su maldito orgullo no iba a dejarla caer en los brazos de Fred, ni en los de nadie. Se tiró de espaldas sobre la cama, sin dejar de pensar en ella. Nunca le había gustado tanto una chica, pero ella era única. No era única por ser bonita, o por ser muy inteligente, sino por ser ella, por esa actitud desafiante y orgullosa que tenía, por su genio vivo, por su lealtad con sus amigos. Pero Fred no quería ser sólo uno de los amigos de Sally, no le bastaba, porque un amigo no besa a una amiga como él lo había hecho la noche del baile.
