Capítulo 18: Exámenes y nueva información.

Las vacaciones de navidad y año nuevo acabaron tan rápidamente como habían llegado, los alumnos volvieron y rápidamente se volvió a la rutina del colegio. Habían empezado los exámenes del primer trimestre y todos los alumnos estaban muy estresados, bueno, todos excepto Fred, que se pasaba el día completo bromeando en la sala común, ante la exasperación de todos sus compañeros que intentaban retener varios kilos de información en el cerebro.

Del resto varias chicas terminaron en la enfermería con ataques de pánico y colapsos nerviosos, y varios días después las siguieron unos chicos que tuvieron un ataque histérico muy divertido para todos los que los observaron pero no muy divertido para ellos, que estuvieron retorciéndose en el suelo por casi media hora. Pese a que los exámenes se acercaban cada vez más Fred seguía perdiendo su tiempo y burlándose de Sally, que se pasaba todo el día con la nariz enterrada en los libros, memorizando fechas, ecuaciones y escalones evolutivos.

-¿Cuánto te falta para el colapso nervioso?- le decía cuando la veía sentada en un sillón de la sala común con un libro sobre las rodillas y la mirada sumergida en él, tomando apuntes.

-Yo nunca colapso, Fred.- le respondía la chica, sonriendo, antes de volver a concentrarse en sus apuntes. Fred se limitaba a sonreír y aseguir haciendo la estupidez en la que estaba concentrado en ese momento.

Las pruebas llegaron a la semana siguiente, tuvieron dos o tres pruebas diarias, de todas las asignaturas que tomaban, y por las tardes en la sala común no volaba una mosca, incluso Fred había decidido de repente que valía la pena estudiar para los exámenes y se le podía ver con un libro frente a sus ojos, haciendo un repaso de último minuto. Los que habían tenido colapsos nerviosos la semana anterior ya se habían recuperado y se habían reincorporado a las clases, y a dar las pruebas. Sally estaba muy tranquila, aunque era consciente de la importancia de las pruebas, y muchos de sus compañeros le preguntaban sus dudas poco antes de las pruebas. Los exámenes de tercer año eran muy importantes ya que los que tenían malas notas tenían poco tiempo para mejorarlas antes de entrar a la universidad.

Cuando la semana de exámenes terminó, el tercer año respiró aliviado, las tensiones que se habían acumulado durante esa semana se liberaron, dando por resultado que en la sala común de tercero no se escuchaban más que gritos.

-¡Garland! ¡Tómala!- gritaba alguno de los amigotes de Fred, lanzándole una pelota que rozaba las cabezas de unas chicas que estaban sentadas en un sillón, que chillaban. Fred agarraba la pelota y se la lanzaba a Jim, y así seguían por horas y horas.

Los pobres se pasaban todas las tardes así, jugando y peleando en la sala común, con el perjuicio de los pobres infortunados que pasaban por fuera de la sala, quienes además de soportar los gritos del tercer año, muchas veces fueron victimas de extraños objetos voladores que parecían tener predilección por las cabezas de los desagraciados. Desde papeles hasta sillas fueron los extraños objetos que golpearon a más de un pobre chico de primer año en la cabeza.

Una de esas tardes, Nick Bedwell entró a la sala común de los de tercero, e intentó gritarle algo a Rosa, que estaba sentada en el sillón más cercano a la entrada, hablando a gritos con una de sus amigas, pero debido al ruido que producían los chicos de tercero no logró que la chica lo oyera y mucho menos que lo viera, de repente se fijó en uno de los sillones, ahí estaba Sally, sorprendentemente estaba leyendo un montón de hojas sin preocuparse del espantoso ruido que hacían sus compañeros. Se acercó a ella y le golpeó el hombro.

-Sally…- el ruido no le dejaba ni oír sus pensamientos. ¿Cómo podía ser el tercer año tan ruidoso? La chica levantó la cabeza y le sonrió. Nick le indicó con un gesto que saliera porque necesitaba hablar con ella, Rosa y los otros lo vieron y los siguieron afuera. –Hasta que se dieron cuenta de que estaba ahí.- se quejó Nick, Rosa lo abrazó y le besó la mejilla. –No sé como escuchan sus pensamientos ahí adentro. Ni como puedes leer en medio de ese infierno, Sally.- al ver las caras interrogantes de sus amigos intentó ir al grano. –Bellman salió en el diario hoy…- le pasó un recorte de periódico a Sally, no era del cuerpo económico, sino de la vida social. Sally lo leyó rápidamente, era un pequeño bosquejo de la carrera de Bellman como empresario, acompañado de una foto del hombre en cuestión. Era exactamente como lo había visto esa vez en la calle. Decía que Bellman había ganado el premio al emprendedor del año. Sally frunció el ceño, no entendía para que podía servirles eso.

-Nick, ¿Para qué nos sirve esto?- le preguntó al chico, mirándolo con gesto interrogativo, mientras apuntaba el papel.

-Fíjate en la firma.- le hizo notar el muchacho con una sonrisa triunfal en la cara. Parecía que creía que había descubierto América o algo por el estilo.

-"Alex Llamenb"… No entiendo Nick.- la chica lo miraba inquisitivamente, Sally no estaba acostumbrada a no entender.

-Axel Bellman.- dijo Fred, que estaba apoyado en la pared y miraba el pedazo de papel por sobre el hombro de la joven. –Es un anagrama. ¿Sabes lo que significa?

-No.- dijo Adelaida, encogiéndose de hombros con una sonrisa sarcástica. – ¿Serías tan amable como para explicarnos a todos?

-Está publicando estas noticias falsas, para dar una buena imagen suya, para que la gente crea que es seguro invertir con él.- le explicó el chico, su mirada brilló al decir lo último. Estaban encontrando un hilo conductor de sus sospechas.

-Eso no es un crimen… ¿Verdad?- preguntó Jim.

-No, me parece que no, no está diciendo a nadie que invierta en su empresa a la fuerza. Y tampoco es evidencia clave. No nos lleva a ningún lado.- les dijo Fred, que había estado estudiando para la prueba de ciencias sociales que tenía a la semana siguiente, y estaba especializado en delitos de todo tipo.

-¿No?- preguntó Nick, con la expresión de quien sabe que sabe más que el resto. –No estés tan seguro, mi querido cuñadito, esto nos indica que Bellman no está tan seguro económicamente como quiere que crean. No tiene tanto dinero como hace parecer.

-Llegamos al mismo punto de antes.- dijo Fred. –Ya sabíamos todo eso. Y ya casi no queda tiempo. Si no hay nada nuevo que nos puedas decir Nick, me voy- les hizo un gesto de despedida y volvió a entrar a la sala común.

Sally le pasó a Nick las hojas que había estado leyendo en la sala común, que aún tenía en la mano. Esta vez fue el turno de Nick de mirarla con cara de no entender. Tomó los papeles y los hojeó, mientras Sally le explicaba de qué se trataban.

-Es el artículo de Nordenfelds. Estaba disponible en la biblioteca del colegio, además de algunos diarios de hace tiempo donde encontré varios artículos sobre Bellman y varios más escritos por Nordenfelds. ¿Sabían que el antiguo dueño de la North Star Castings fue asesinado, junto al río?- comentó la chica con una sonrisa irónica. –Lástima que Fred se pierda esta información.- agregó, mirando hacia la sala común.

-¿Hace cuánto fue eso?- preguntó Jim, quitándole los papeles bruscamente a Nick y pasando las hojas rápidamente.

-Unos cinco años, más o menos. Saqué las cuentas, Bellman compró las acciones de la North Star Castings hace cinco años, un par de semanas después del asesinato del ex-dueño. Las acciones sufrieron una baja de precio, nada raro, no suele ser muy segura una empresa que deja que su dueño muera misteriosamente. El crimen del viejo señor Villiard nunca fue resuelto, la policía lo desestimó y lo declaró como un suicidio. Pero por lo que escribió Nordenfelds, estoy muy segura de que no fue un suicidio. Si lo que supongo es verdad, tenemos pruebas para condenar a Bellman de por lo menos dos asesinatos, tráfico de armas, de drogas y estafas.- dijo Sally, sonriendo triunfalmente.

-Eso es como para morir un par de veces en la prisión.- dijo Jim, con una sonrisa de oreja a oreja. –Pero seguimos necesitando pruebas, pruebas concretas.

-Lo mejor sería grabar una confesión del tipo.- dijo Nick. –Pero no lo veo fácil. De hecho, casi imposible.

-Hablemos en unos días más.- propuso Sally. –Quizás entonces tengamos algo concreto, hasta entonces, nos vemos.- Nick y Rosa se dirigieron al patio, y Jim y Adelaida volvieron a entrar a la sala común, Sally se encontró con el pedazo de diario en sus manos, volvió a dirigir su mirada al pedazo de papel y lo dio vuelta. Al otro lado había una nota muy breve acerca de una compañía de aviones que acababa de quebrar. La misma aerolínea cuyos aviones habían estallado varias veces antes, entre ellas, la que Sally había visto en un periódico en día que se había ido al internado. Por alguna extraña razón, la yuxtaposición de los eventos le llamó la atención y por primera vez pensó que podían estar relacionados. Suspiró y entró a la sala común, sólo eran sospechas sin fundamento.

-Y bien, Lockhart, ¿Estás esperando impaciente tus notas de los exámenes?- se burló Fred, en su siguiente clase de baile, recalcando su apellido.

-No seas infantil, Fred.- replicó la chica.

Bailaron un rato, siguiendo las instrucciones de la profesora, sin golpearse o pisarse entre ellos. De hecho, ambos rehuían la mirada del otro, como si quisieran esconder todo lo que les había rondado por la cabeza desde el día de navidad. Por una vez en su vida Fred no se divirtió burlándose de ella, e intentando hacerla enojar, de pronto todo eso no valía la pena. La noche de navidad le había jurado a Jim que no pensaba volver a hablar con ella, a menos que fuera absolutamente necesario para resolver el caso Bellman.

-Si, como no.- se burló su amigo. –Te apuesto lo que quieras que antes de que den los resultados de los exámenes vas a correr desesperado a hablar con ella. Te gusta demasiado.

-Trato hecho, cinco libras a que no hablo con Lockhart antes de una semana sin que sea absolutamente necesario.

-De acuerdo. Nunca había ganado cinco libras tan fácilmente.- se rió Jim. Fred apretó los labios y lo golpeó en el hombro.

Volvió su mente a la sala de baile, con Sally en los brazos. Amargamente pensó que si no fuera por ese estúpido castigo, Sally nunca lo habría dejado acercarse tanto. Estaba tan cerca de ella, que podía sentir el olor a limpio de su pelo, mierda, no debía pensar tanto en ella.

Sally estaba más tranquila de lo normal, por una vez no intentó hacer pasos y giros más difíciles, ni pelear con Fred, pero éste, extrañamente, no parecía interesado en hacer alguna de sus idioteces habituales, como apretarla con fuerza junto a su cuerpo o hacerla dar tantas vueltas como podía, para que se mareara. Por una vez, Fred no parecía interesado en molestarla, o en provocarla. Echaba de menos su sonrisa burlona, y sus conversaciones eternas, y estaba empezando a pensar que había cometido un grave error, y que debía darle otra oportunidad a Fred. Era tan natural bailar con él, y el olor de su colonia la tenía medio mareada, pero darle otra oportunidad a Fred, implicaba que él podía volver a intentar besarla en cualquier momento, y ella no esta segura de poder impedírselo de nuevo.

-¿Sally?- La voz de Fred la devolvió a la realidad. Sally no levantó la mirada. –Por favor, háblame. Esto no está funcionando.

-¿No? A mí me parece que está perfectamente. Todo está bien.- Le contestó ella, evitando la mirada de Fred.

-No, Sally. Esto está mal. Por qué tú tienes miedo de enfrentar tus malditos sentimientos, no podemos trabajar en el caso Bellman. Te arrancas cada vez que tratamos de hablar del tema, sólo para no estar conmigo.

-¿De qué estás hablando?

-No importa, sólo necesitaba decírtelo.- Fred la soltó, y sin esperar a que la música terminara, salió de la sala.

-¡Por Dios! ¿Qué le pasa a ese niño?- se quejó la profesora, acercándose a Sally, que se había quedado helada en medio de la pista.

-No lo sé.- contestó, en voz baja.

Sally estaba sentada en una de las mesas de la sala común, que estaba casi vacía, con una de las lámparas apuntando a un montón de hojas, que estaba examinando atentamente. Cada cierto rato, desviaba la vista de los papeles y anotaba algo al lado.

-¿Sally?- La voz de Fred la devolvió a la realidad por segunda vez en el mismo día. El chico estaba apoyado en el respaldo de su silla. -¿Estás trabajando en el caso Bellman?

-Si, intento chequear lo que sabemos sobre él, que es muy poco.

-¿A ver?- le preguntó el chico, sentándose a su lado. Sally le tendió el cuaderno en el que iba anotando, y se inclinó junto a él para examinarlo, poniéndose un mechón de pelo tras una oreja.

-Mira, sabemos que nació en Suecia, en un pueblito. Al parecer tuvo una infancia normal, y fue a la universidad con buenas notas, pero no terminó la carrera. Al parecer en esos años conoció a alguien y desapareció, no hay rastros de esa época. No he podido descubrir que hizo, donde fue, a quién conoció. Esos años son un misterio… El punto es que hace seis años volvió a aparecer, con millones de dólares, compró muchas acciones. Lo curioso es que todas las acciones que compró son de empresas que habían sufrido accidentes poco tiempo antes, y hace cinco años compró la North Star, luego de que el señor Villiard, muriera en circunstancias misteriosas. Eso es todo lo que sabemos…

-No es mucho.- dijo Fred, manteniendo la vista en el cuaderno, intentando ignorar el hecho de que la chica estaba muy cerca.

-Tendrá que bastarnos.

-¿Leíste el libro que teníamos que leer para literatura? Tú sabes, "Cumbres Borrascosas".

-Si, pero no pienso soplarte en la prueba.

-Oye, sí lo leí. Sólo quería saber si tú ibas a necesitar que te soplara.

-No seas idiota.- dijo ella, apartando con una mano los papeles arrugados que cubrían la mesa, amontonándolos a un lado. -¿Te gustó?

-Sí, bastante, para ser un librito romántico.

-¿Sólo un "librito romántico"?- le preguntó Sally, botando los papeles a un basurero. –Es un drama terrible, de dos personas que no pueden estar juntas por la terquedad de una de ellos, y de cómo eso los vuelve locos a los dos. Bueno, yo me voy a acostar, buenas noches.- dijo ella, tomando sus cosas y dirigiéndose a las escaleras que llevaban a los dormitorios de las chicas. –Por cierto, hablé con Jim, le debes cinco libras.- agregó, antes de subir las escaleras, dejando a Fred, sentado en el escritorio con la boca abierta y maldiciéndola por lo bajo. Pese a todo ella lo sorprendía muchas veces, más de las que a él le gustarían.