Capítulo 20: Con las manos en la masa.
Al día siguiente se juntaron para ensayar en la misma sala que habían ocupado la noche anterior, como durante el día Fred había estado muy ocupado con los ensayos para la banda, tuvieron que juntarse de noche. La profesora no les negó el permiso, de verdad quería que su curso ganara la semana del colegio, por lo que no tuvo problemas con apoyarlos con la sala y el permiso que necesitaban. Los acompañaron Jim y Adelaida, que tenían que ensayar su rutina. Ellos ensayaron primero, haciendo reír a Sally y a Fred con los diálogos ingeniosos y el humor rápido que usaban. La química que tenían ambos se notaba a kilómetros, especialmente en los diálogos que decían muy cerca del otro y con tono seductor. El acto era bueno y tenía muchas posibilidades de ganar.
-¡Está increíble!- exclamó Sally, emocionada. –Si lo hacen así el día de la presentación ganamos de todas formas, aunque el resto se presente con fuegos artificiales.
-Eso sin exagerar ni un poquito.- se burló Fred, ganándose un puñetazo de Sally en el hombro. –Maldita seas, Lockhart, aprendiste a pegar justo donde duele, no fuerte, pero justo.
Sally le sonrió y volvió a pegarle.
Cuando Jim y Adelaida hubieron terminado, Sally y Fred decidieron que era mejor empezar su propio ensayo de una vez por todas. Adelaida puso la música cuando ambos estuvieron en la posiciones de inicio, bailaron un rato frente a las miradas admirativas de sus amigos.
-Me encanta ese paso, Sally.- decía cada cierto rato Adelaida. Con su ayuda, lograron terminar lo que les faltaba de la coreografía en unos minutos.
En el rato que les sobró, se dedicaron a limpiar la coreografía, y a sacarle todo lo innecesario y lo que no quedaba bien, hasta que estuvieron satisfechos con el resultado. Jim y Adelaida estaban tan sorprendidos por el estilo que habían logrado sus amigos, algo sensual y alegre a la vez. Habían mezclado varios tipos de bailes en la misma coreografía y el resultado era asombroso.
Aún hablando y viendo los detalles que debían cambiar en sus respectivas actuaciones salieron de la sala en el ala de humanidades y se dirigieron a sus dormitorios, que quedaban al otro lado del colegio. Jim y Adelaida se adelantaron y Sally y Fred quedaron atrás y los perdieron de vista en los pasillos oscuros.
-¿Qué hora es?- dijo Sally, luego de bostezar. Estaba agotada.
-No son las doce todavía.- contestó Fred con su típica sonrisa divertida tatuada en la cara. –Qué suerte que no tenemos clases mañana.
-Tienes razón, estoy tan cansada que no podría ni siquiera mantener los ojos abiertos en clase.
-Si tú estás así, imaginate como estoy yo, que tengo que guiarte cuando bailamos.
-Sí, como no. Te encanta creer que eres tú el que manda. ¿Verdad?
-¿Sabes que otra cosa me encanta?- Dijo el joven, cuando iban pasando por al frente del pasillo donde habían encontrado el túnel un par de meses antes.
Sin esperar la respuesta de Sally, le agarró la cara con una mano y se acercó a ella lentamente. Sin embargo no alcanzó ni a rozar sus labios porque escucharon los pasos de unos zapatos de tacón resonando con fuerza en la oscuridad, muy cerca de ellos.
Fred agarró a Sally por el brazo, la muchacha se quejó sordamente, el chico le estaba apretando el brazo con demasiada fuerza, mucha más de la necesaria. El joven le hizo un gesto para que se callara y lo siguiera, la soltó y se deslizó apoyado en la pared hacia la dirección donde se encontraba la puerta del túnel misterioso.
Vieron como una figura femenina abría la trampilla y entraba rápidamente, cerrándola tras de sí. Por la oscuridad y la distancia a la que se encontraban, ninguno de los dos pudo reconocerla, pero era de todas maneras una figura femenina. Fred miró a Sally e indicó con la cabeza en dirección a donde había desaparecido la mujer, para decirle que la siguieran. Se deslizaron por la oscuridad hasta la trampilla, cuando llegaron ahí escucharon pasos que venían del fondo del pasillo y una linterna les iluminó el rostro. Estaban atrapados.
-¡Sally! ¡Fred!- el señor Goldberg los apuntaba directamente con la linterna, al ver las caras de los chicos, la bajó un poco. -¿Me pueden explicar que diablos hacen paseándose por los pasillos a estas horas de la noche?
Sally respiró aliviada, pero Fred tensó aún más los músculos, apretando los puños con fuerza. Fred apretó los labios y contuvo el impulso de rodear a Sally con un brazo, con ademán protector. Por el rabillo del ojo vio que ella estaba más relajada, pero a su vez pensó que por lo que sabían, Bellman podía tener más de un infiltrado en el colegio, y perfectamente el profesor Goldberg podía ser uno de ellos, por lo que si decían lo que sabían o descubría que sabían algo, estaban muertos.
-Señor Goldberg, tenemos permiso. Estábamos ensayando para la semana del colegio y se nos pasó la hora, pero la señorita Bones sabe de esto.- Fred le tendió los papeles rápidamente, esperando que los dejara ir sin problemas.
-Ah, esta vez sí tienen sus permisos en orden.- les sonrió el profesor, examinando los papeles que le había pasado Fred. –Pero me parece que los dormitorios de tercero están en la otra dirección. ¿Qué hacen en este pasillo?- les preguntó, levantando una ceja inquisitivamente.
-Escuchamos un ruido y pensamos en venir a investigar.- Dijo Sally, rápidamente, el profesor no parecía escucharla, si no que estaba concentrado en examinar la pared tras ellos atentamente. El hombre se adelantó y comenzó a palpar la pared, descubrió la grieta que marcaba el lugar donde se encontraba la trampilla y empujó suavemente hacia adentro. La trampilla se abrió.
-¿Qué es esto?- murmuró, mirando adentro del túnel. – ¿Ustedes saben lo que es?- escrutó los rostros preocupados de los chicos atentamente. Los dos se veían culpables de algo. –Vengan, vamos a mi oficina. Me van a explicar todo este asunto, y nada de hacerse los idiotas conmigo. Se ve a mil kilómetros que ustedes saben algo… y me lo van a decir.
Los guió hasta su oficina, de vuelta en el ala de humanidades, era un cuartito pequeño y acogedor, con pósters de bandas de música y fotos de sus veraneos y sus amigos. Todo el trayecto hacia esa sala, Fred estuvo maldiciendo su mala suerte, estaba casi seguro de que Goldberg sabía algo respecto a Bellman, y que eso no iba a ayudarlos. Al llegar a su oficina, el profesor los hizo sentarse y se sentó sobre el escritorio. –Bien chicos, cuéntenme de que se trata este asunto. ¿Qué hay tras esa trampilla?
Sally tragó saliva y miró a Fred antes de contestar. Fred le sonrió y le hizo un gesto para invitarla a contarle al profesor lo que sabían, si era uno de los cómplices de Bellman, se delataría solo y siempre podrían escapar sin problemas.
-Eh… Atrás de esa trampilla hay un túnel, que lleva a… la fábrica de Bellman. Que no es una fábrica, es sólo una tapadera legal.- dijo, esperando que el profesor no le preguntara nada más. El profesor la miraba fijamente. No era mucho mayor que ellos dos, pero a ambos les inspiraba mucho respeto. Fred respiró aliviado, no parecía que el profesor estuviera preocupado o enojado con ellos, por lo que seguramente no era un agente de Bellman.
-¿Por qué Bellman tendría un túnel que uniera su fábrica falsa con este colegio?- les preguntó finalmente. Esta vez fue Fred quien contestó.
-Planea secuestrar a una chica del colegio, y seguir pagando sus negocios ilegales con el rescate.- el profesor paseaba sus miradas alternativamente sobre Sally y Fred, mirándolos con incredulidad. Fred tomó su silencio como una invitación para seguir hablando. –Al parecer está en la bancarrota, e involucrado en uno o más asesinatos…
-Por favor, quiero saber como puede ser que sepan todo eso. ¿En qué están metidos chicos? Todo lo que sé de Bellman, es que es un mafioso, extremadamente peligroso. Por favor, díganme que no es nada peligroso.- miró alternativamente a los chicos, con expresión preocupada. Los chicos le devolvieron una mirada culpable. El joven profesor enterró la cabeza en una de sus manos, restregándosela en la cara.
-¿Cómo pueden ser tan irresponsables? ¡Ese hombre es peligroso!- los chicos se miraron asustados. El hombre repentinamente parecía realmente furioso. Poco a poco se fue calmando. –Bien chicos, primero que nada quiero que me prometan que van a tener cuidado, y lo segundo, que me juren que cuando sepan algo nuevo sobre Bellman.
-¿Por qué tendríamos que hacer eso?- preguntó Sally, súbitamente desafiante. –Sabemos que Bellman tiene un cómplice en este colegio, y por lo que sabemos puede ser usted.
Fred se sonrió, pocos minutos antes él pensaba lo mismo acerca del profesor, pero en esos momentos su opinión había cambiado radicalmente.
El profesor Goldberg les sonrió inexplicablemente. Sally y Fred se miraron entre ellos y lo miraron extrañados. Se esperaban cualquier cosa, gritos, furia, castigos por su insolencia, cualquier cosa, excepto esa sonrisa cómplice que les había dirigido el profesor.
-Bien pensado Sally, un poco tarde, claro. Ya me has dicho más que suficiente de lo que necesitaba saber para decidir si ustedes son o no un peligro, pero, por suerte para ustedes dos, no soy agente de Bellman, soy policía encubierto. La enseñanza es mi segunda pasión, y estudié historia mientras estaba en la academia de policía, así que este trabajo me vino como anillo al dedo. Me asignaron aquí para proteger a todas los chicos de la academia que pudieran ser víctimas de un secuestro. Y Bellman era uno de los principales sospechosos de querer intentarlo. Ahora, ustedes han descubierto que efectivamente quiere hacerlo, y al parecer ustedes han averiguado mucho más de lo que yo mismo he podido hacer, pero no se me ocurre que podemos hacer ahora, cuando pase algo más ustedes tienen que venir aquí corriendo y avisarme. Esto es peligroso, no se arriesguen. Ahora lo mejor sería que se fueran a acostar, me imagino que están agotados.- les indicó la puerta, y los chicos salieron. En el pasillo se miraron entre divertidos y curiosos.
-¿Te lo esperabas?- le susurró la muchacha.
-No, para nada. Aunque por un segundo pensé que era un agente de Bellman y que estábamos fritos. Pensé que iba a desmayarme de puro alivio cuando dijo que era policía. No pensaba morir tan joven y mucho menos con muchas cosas pendientes. Como esta…- susurró y besó a Sally suavemente en los labios. Ella se quedó helada, no sabía si saltarle a la cara y devolverle el beso o simplemente una cachetada. Optó por la sana alternativa de "ninguna de las anteriores" y siguió caminando, ignorando a Fred, que iba un par de pasos atrás con una sonrisa burlona pintada en la cara. Idiota, masculló Sally.
Días después del incidente, Sally estaba sentada en la sala común, abstraída en un libro, cuando Fred entró.
-¿De nuevo leyendo?
-Tengo prueba de este libro después de la semana del colegio, y todavía tengo que terminarlo. ¿Qué pasa?
-Nada, quería hablar contigo… ¿Tú crees que deberíamos haberle dicho a Goldberg lo de Adelaida? ¿O a la policía?
-¿Por qué? Nadie nos habría tomado en cuenta… Al principio pensé en avisarle de todo el asunto a la policía, pero después se me ocurrió que no me iban a tomar en serio… y tienes que admitir que la historia suena demasiado increíble.
-No…- susurró Fred, casi inaudiblemente.
-¿No suena demasiado increíble? Por favor, Fred, ¿De verdad crees que si llegáramos a la policía diciéndoles que hay un túnel que va desde la fábrica falsa de Bellman a nuestro colegio, y que tenemos pruebas de que el tipo ese…
-No me refería a eso… Es que no creo que alguien pudiera no tomarte en serio, yo sí te tomo en serio Sally… - Dijo acercándose a ella. Sally le dirigió una sonrisa, pero no bajó la vista a la página que tenía frente a ella. Sus labios estaban a punto de rozarse, cuando el sonido de la puerta abriéndose los interrumpió, haciendo que se separaran de un salto. La que cruzó el umbral fue Rosa, con su habitual paso alegre, mientras cerraba un paraguas de papel que traía en la mano.
-¡Hola!- Los saludó. –El ensayo estuvo agotador… que suerte tienes de no actuar en la obra, Sally. El muy desgraciado es prácticamente un negrero… -Agregó antes de fijarse en las dos personas que estaban sentadas en el sillón, repentinamente rojas. -¿Interrumpo algo?- Les preguntó burlonamente. Sally y Fred enrojecieron aún más.
-No…- empezó a decir Fred, apartándose más de Sally. La chica le sonrió a Rosa y cerró el libro que aún tenía entre las manos.
-No, yo ya me iba… Nos vemos.- Dijo antes de desaparecer por las escaleras apresuradamente. Fred se echó hacia atrás y su hermana se sentó junto a él en el sillón.
-¿No hay algo que quieras decirme hermanito?- Le preguntó con su habitual sonrisa burlona.
-Eres una estúpida…- le espetó Fred, se levantó bruscamente del sillón y desapareció por las escaleras que se dirigían a su pieza.
Hola de nuevo, este mensaje es sólo para decir que ya queda poco... y que la última escena la saqué de una de las películas de Sally Lockhart.
