Capítulo 22: Secuestro

Los de tercer año se quedaron mucho rato celebrando y recibiendo felicitaciones de sus amigos, y cuando ya era muy tarde decidieron que lo mejore sería seguir la celebración en la sala común, ya que el gimnasio era muy helado y no tenía calefacción, los profesores se limitaban a sonreír y a decirles que lo mejor era que se fueran a sus dormitorios, que ya podían seguir celebrando ahí sin problemas. El tercer año optó finalmente por hacerles caso y comenzó a retirarse.

Sally y sus amigos salieron de ahí, de los últimos, luego de descolgar las pancartas y afiches de la pared de las graderías, aún celebrando, riendo y bromeando. Cuando iban pasando por uno de los pasillos cercanos al pasillo del túnel de Bellman, Adelaida se detuvo un segundo, con un gesto extraño en la cara, la clásica expresión que ponen las personas cuando intentan recordar algo que han olvidado. Jim también se detuvo, al ver como la chica dejaba de caminar y le preguntó que le pasaba.

-Nada importante, Jim, no pongas esa cara de preocupado, sólo dejé mi polerón en el gimnasio. Espérenme un segundo aquí, mientras lo voy a buscar. No me demoro nada. Vuelvo en un segundo.- les sonrió la muchacha, volteándose en dirección al gimnasio.

Jim la detuvo, antes de que Adelaida pudiera desaparecer tras la esquina, y se ofreció a acompañarla, galantemente. La chica se dio vuelta, antes de seguir su camino, y le devolvió una mirada divertida.

-No seas tonto Jim, no me voy a perder de aquí al gimnasio, ni nada por el estilo.- dijo, antes de volver a caminar y desaparecer tras una esquina, Jim no la siguió, sino que se quedó quieto, escuchando.

Sally y Fred se dieron cuenta de lo que había pasado, cruzaron una mirada asustada entre ellos y echaron a correr hacia la esquina tras la cual había desaparecido Adelaida. Sus amigos los imitaron, corriendo tras ellos. A lo lejos se escuchó un grito agudo, de chica.

-Mierda.- susurró Fred, casi inaudiblemente, y siguieron corriendo hacia el lugar desde donde procedía el grito, que parecía ser el pasillo donde estaba el túnel misterioso. Llegaron justo a tiempo para ver como una figura introducía a Adelaida en un agujero de la pared y cerraba la trampilla del túnel tras de sí. Sally ahogó un grito de rabia, al igual que Rosa, que había salido corriendo tras su hermano y su amiga, y había alcanzado a ver al hombre desapareciendo en la pared. Sally empezó a caminar hacia el túnel, seguida por Fred y Jim, cuando una voz los llamó a sus espaldas.

-¡¿Qué hacen aquí a estas horas?- Los chicos se dieron vuelta y se encontraron con una profesora joven, que le hacía clases a los de primero, llevaba una falda de tubo y zapatos de tacón, que resonaban por todo el pasillo, mientras golpeaba el suelo con su zapato, visiblemente enojada. –Los felicito por haber ganado, pero aún así no está permitido que circulen por los pasillos a esta hora. ¡Vuelvan a sus dormitorios inmediatamente!- La voz de la mujer le sonó muy conocida a Sally.

-Pero… profesora… es que…- intentó decir Margaret, tartamudeando, muy angustiada. La actitud de la muchacha pareció exasperar aún más a la furiosa mujer.

-No hay peros que valgan. ¡A sus dormitorios!- Les indicó con la mano la dirección, pero los chicos no se movieron.

-¡Están secuestrando a una alumna!- estalló Sally, completamente exasperada por la extraña actitud de la mujer, además, algo en su cerebro parecía intentar decirle algo, pero no entendía que, y eso la ponía de peor humor todavía.

La mujer sonrió levemente, tanto, que Sally sólo alcanzó a ver un destello de la sonrisa malévola que adornó la cara de la mujer por unos segundos fugaces.

-No digas ridiculeces.- Pronunció la mujer muy lentamente, como para asegurarse de que la entendieran. –Eso es imposible, acá hay algo llamado seguridad, nadie puede entrar y secuestrar a una alumna sin que nadie lo note. En cualquier caso, esa debe ser la excusa más patética que he oído en todo mis años como profesora, un secuestro, ¡Que idiotez! - El instinto de Sally le indicó que lo más sabio era quedarse callada. –Si no vuelven ahora mismo a sus dormitorios y dejan de inventar historias tontas, acerca de secuestros improbables, yo misma me encargaré de darles un castigo del que no se van a olvidar tan fácilmente. ¡Muévanse!- Fred y Jim intentaron protestar, pero Sally los calló con una mirada.

Rosa y Margaret no parecían entender lo que su amiga quería decir, y estuvieron protestando hasta que la profesora las hizo callar con un seco grito. Ambas chicas miraron a Sally, que estaba maquinando su nuevo plan de acción mientras caminaban. Se dieron cuenta de lo que estaba haciendo su amiga y se quedaron calladas hasta que llegaron al ala de tercer año. Entraron a la sala común, que estaba vacía, al parecer sus compañeros habían decidido celebrar otro día la victoria. Se dejaron caer sobre los sillones con aire derrotado. La profesora se asomó para asegurarse de que estaban adentro y salió de nuevo. Jim maldijo a todo volumen y golpeó la pared con un puño, furioso.

-¿Qué haremos ahora?- dijo Margaret con los ojos empañados de lágrimas, Charles, que estaba sentado junto a ella la rodeó con un brazo y la atrajo hacia sí, mientras la chica sollozaba en su pecho. Sally se paró de un salto y comenzó a caminar por la sala.

-No rendirnos.- dijo, con mirada decidida, tras unos instantes de pensamientos. Fred la miró y se sonrió.

-¿Qué propones?- Le preguntó, mirándola, con una sonrisa, que indicaba a las claras que estaba dispuesto a cualquier cosa.

-Obvio, ir a buscar a Adelaida. Ahora.- Dijo la muchacha calmadamente. Sus amigos le devolvieron una mirada curiosa, al darse cuenta de lo que estaba pensando la chica, que exponía su plan rápidamente a sus amigos, que básicamente era entrar al túnel y rescatar a Adelaida.

No había más plan que ese, principalmente por que no sabían nada acerca de lo que iban a encontrar en el cuartel de Bellman. Rosa llamó a Nick al celular, le contó todo lo que había pasado rápidamente y quedó con él para juntarse en la trampilla. En unos minutos todos corrieron a buscar algo de ropa oscura, para no salir con la ropa que llevaban para las alianzas, que era demasiado llamativa, se aseguraron de que la antipática profesora de antes no estuviera merodeando por los pasillos y vigilando que no salieran, y salieron corriendo sin hacer ruido hacia la trampilla del túnel de Bellman.

Llegaron en un par de minutos, la abrieron y entraron lo más rápidamente que pudieron, cerrándola detrás de sí. Caminaron por la oscuridad, ya que no habían llevado linternas de ningún tipo, para que no los descubrieran, por largo rato, entre las paredes húmedas del túnel, hasta llegar a la fábrica abandonada. Esta vez no estaba vacía, sino, en medio de la sala había un pequeño helicóptero estacionado ahí, ocupando casi todo el espacio. Fred se preguntó para qué estaría ahí y cómo pensaban sacarlo, pero no tuvo tiempo para entretenerse en esas preguntas, por que Sally lo agarró del brazo y lo sacó bruscamente de sus pensamientos.

Se dirigieron a una puerta, por debajo de la cual se veía un rayo de luz, estuvieron a punto de abrirla, pero antes de que Jim pudiera poner su mano en el pomo de la puerta, escucharon pasos tras ella, que se dirigían hacia la bodega. En unos segundos se escondieron tras unas enormes cajas de madera y escucharon a gente entrando. Sally se asomó por un segundo. Al parecer eran los mismos matones de la última vez, los mismos que habían perseguido a Mackinnon. Se volvió a esconder tras la caja, justo cuando uno de los matones apuntó con su linterna derecho a donde segundos antes estaba su cara.

-¿Y la chica?- preguntó uno, a Sally le pareció reconocer la voz de Sackville, una ligeramente más aguda que la de Bellman, pero más gruesa que la de Harris.

-No lo sé. El jefe se la llevó al escondite que tenía preparado. Él está en su oficina, llamando al padre de la chica, para empezar con el regateo.- Harris soltó una carcajada siniestra, que erizó el pelo en el cuello de Sally, e hizo que Fred, que estaba a su lado, le rodeara los hombros con el brazo. Sally lo dejó, necesitaba calmarse, e intuía que él también.

-Entonces, ¿No hay nada más que hacer aquí?- se escuchó de nuevo la voz de Sackville.

-No. ¿Te apetece ir a tomar una cerveza? compré varias en el pueblo esta mañana, el jefe no nos va a necesitar más de nuestra ayuda por el resto de la noche.

-Claro, siempre tienes buenas ideas.- Contestó el otro y se escucharon sus pasos saliendo de la bodega. Pasó un rato en que nadie dijo nada, mientras contaban los segundos para ver si los hombres se habían ido de verdad. Sally se giró hacia sus compañeros y susurró:

-Yo voy a la oficina de Bellman, hay muchas cosas que tengo que averiguar, ustedes busquen a Adelaida en las otras piezas.

-Yo te acompaño.- susurró Fred, y se incorporó, al igual que los demás, acercándose a la puerta. Él y Sally dejaron entrar a los otros primero, ellos se quedaron atrás y esperaron que ellos entraran a la primera puerta que encontraron.

-Ahora, vamos nosotros.- susurró Sally, Fred le sonrió y la tomó por la cintura, en broma. Ante su sorpresa, Sally no lo rechazó, sino que se acercó aún más a él y lo besó. Fue un beso corto, apasionado y cargado de urgencia, Fred se lo devolvió tan apasionadamente como ella se lo daba, pero antes de poder profundizar más en el beso, la chica se separó y lo golpeó suavemente en el hombro. –No tenemos tiempo que perder ahora. Vamos.- Dijo, antes de entrar a la parte de las oficinas.

Fred la siguió con una sonrisa idiota en la cara, sin hacer ruido hasta que llegaron a una puerta al fondo del pasillo, en la cual estaba escrito "Axel Bellman, Gerente". Sally la abrió sin hacer ruido, y seguida siempre de Fred, entró agazapada. Bellman estaba sentado en una silla, tras un escritorio, y de espaldas a la puerta, hablando por teléfono.

-Si, ya se lo he dicho mil veces, nosotros tenemos a su hija, de hecho, si llama ahora mismo al colegio donde la internó, le aseguro que no tendrán idea acerca de donde está, debería haber revisado las condiciones de seguridad de ese lugar antes de enviar a su preciosa hija ahí… ¿Qué? ¿Qué le parecieron buenas?... Es algún tipo de ingenuo ¿no? Ya le dije las condiciones que pusimos para devolvérsela sana y salva, 3 millones de libras, susceptibles de aumentar si usted no se comporta como debe. Usted sólo tiene que decir que sí, y su princesita no sufrirá ningún daño… claro que si no lo hace, esa parte no será cumplida, obviamente. Si, la niña está bien. No, no tiene nada de que preocuparse… por ahora. Ya sabe, señor Bevan, el tiempo corre y usted ya sabe lo que tiene que hacer.- El tono de su voz era tan irónico y cruel, que a Sally se le puso la piel de gallina ante la idea de enfrentarse a ese hombre, pero su curiosidad era más fuerte y tenía muchas cosas que averiguar.

El hombre cortó el teléfono y se dio vuelta, su rostro sólo mostró un leve atisbo de sorpresa al ver a dos jóvenes que no debían estar ahí, en su oficina. Se reclinó en su silla y los miró fríamente, recorriéndolos de la cabeza a los pies. Ni Sally ni Fred osaron decir nada mientras el hombre los examinaba con la mirada. A Sally le temblaban incontrolablemente las manos, mientras que Fred sólo apretaba los labios, furioso. Cuando, por fin, Bellman se decidió a decir algo, lo hizo con una voz tan calmada como si hubiera estado en la playa, pasando sus vacaciones.

-Señorita… Lockhart… ¿o no?- dijo, muy tranquilamente. Ese tipo tenía la sangre fría de una serpiente. Sally se mordió los labios antes de contestarle, no quería hacerlo, pero los ojos azules del hombre la obligaban a decir algo.

-Tiene muy buena memoria.- dijo, con tono irónico, esperando que Bellman hiciera algo más, algo más que quedarse mirándola y analizándola de pies a cabeza.

-Claro, soy conocido por eso. Además es algo muy útil en mi trabajo. Pero no recuerdo haber conocido a su compañero… el señor…

-Garland.- respondió secamente el chico. Tenía los labios fruncidos, el tal Bellman no le gustaba para nada, especialmente la forma en que examinaba a Sally.

-Y ¿Podría preguntarles a qué le debo el agradable placer de su visita esta noche?

Sally decidió poner las cartas sobre la mesa.

-¿Dónde está Adelaida Bevan?- el rostro de Bellman no mostró sorpresa al oír eso.

-¿La señorita Bevan? ¿Es amiga suya? No se preocupe, señorita Lockhart, está bien.

-Sé lo que quiere.- dijo Sally, súbitamente, sin poder controlarse. –Quiere el dinero de Bevan para seguir con su tráfico de armas y de drogas, por lo mismo que logró hundir a la Anglo Baltic, no quiere competencia.

Bellman la miró, sonriendo burlonamente, se agachó para buscar algo en uno de los cajones, sin dejar de mirarlos.

-¿De dónde sacaron eso?- dijo, apretando la mandíbula.

-Sólo sumamos conclusiones.- dijo Fred, desafiante. –No hay que ser un genio para hacerlo.

Bellman levantó la mano con la que buscaba en el cajón, tenía una pistola. La mano no le temblaba mientras se acercaba a los chicos, Fred saltó hacia él, para impedir que hiriera a Sally, pero Bellman se lo quitó de encima con un manotazo, sin dejar de apuntar a Sally. Fred cayó a un lado y se golpeó en la cabeza.

-Nadie le creerá a unos mocosos idiotas.- dijo, poniendo la pistola en la cabeza de Sally y quitando el seguro. –Pero no pierdo nada con asegurarme, por si las moscas.

Sally tragó saliva y decidió seguir pinchándolo, ya no tenía nada que perder.

-Ya que me va a matar, podría decirme como hizo para hacer explotar esos aviones… me intrigó mucho cuando lo oí, y desde entonces quise saber como lo había hecho. Meros detalles técnicos, soy una apasionada de la mecánica.

-Muy simple, mocosa del demonio. Puse una bomba de altitud, a cierta cantidad de pies, simplemente estallaba. Muy humanitario.

-¿Humanitario? ¿Matar a unos miles de personas? ¿No siente remordimientos por lo que hizo? ¿Por todas las vidas inocentes que mató? Y ¿Por qué lo hizo?

-Buenas preguntas, señorita Lockhart. Lo hice por que el mundo necesita paz, y la mejor manera de otorgarla es con el miedo. Mis científicos han logrado armas de precisión perfecta, ni una sola bala es desperdiciada. Y ¿Sabe qué? A nadie le importa. A la gente sólo le importa la paz, no como se logre ésta, eso se lo dejan a sus gobernantes, ellos sólo quieren pan y circo. Si tenemos paz, podremos darle al pueblo la educación que buscan. ¿Acaso pensaste que estas armas eran para traficantes? No, son para el gobierno, para las divisiones que no pueden publicar lo que compran, por que es demasiado terrible para decirlo. Linda, esas armas son para usarlas contra el propio pueblo. En cuanto a los remordimientos, no los siento, no puedo lamentar la muerte de personas a las que nunca conocí, los que dicen lo contrario son hipócritas.

Sally tragó saliva y escupió en la cara de Bellman, el hombre se llevó una mano a la cara y se limpió la saliva que le había lanzado. Sally aprovechó esa distracción para separarse de él por un paso. El hombre volvió a afirmarla y le agarró la cara.

-Tu muerte será un desperdicio, no estás nada de mal.- le dijo, burlonamente, examinando la cara de la muchacha, que luchaba para liberarse del agarre del hombre, que le rodeaba la parte superior de la garganta y no la dejaba respirar. Él la soltó y ella se apoyó contra la pared, intentado recuperar el aliento.

-Se equivoca, la gente no es así, la gente quiere ser libre, quiere poder elegir, quiere que sus gobernantes sean honestos con ellos, no son como usted creen que son. No quieren que les mientan y no quieren tener miedo. Pero a la gente como usted, le conviene eso, le conviene que los políticos mientan y que la gente tenga miedo, y por eso usted es patético… por que necesita que alguien le tema para sentirse alguien.- Mientras hablaba Sally vio por el rabillo del ojo a Fred que se levantaba, él le dirigió una mirada preocupada.

-Ah, la juventud.- dijo Bellman, apoyando la pistola de nuevo en la frente de Sally. –Tan ingenuos e idealistas, lástima que la vida se encargue de quitarles eso, rápidamente y sin dolor.

Sally vio su oportunidad para actuar y lo golpeó en la entrepierna con su rodilla, Bellman se tambaleó y se echó unos pasos atrás, lo que Sally aprovechó para pegarle una patada que lo lanzó junto a su escritorio. El hombre se golpeó con la cabeza en el borde del escritorio y quedó inconsciente. La pistola que sostenía en la mano salió volando y se disparó, la bala pasó rozando la cabeza de Fred, que se acababa de levantar.

-Estuvo cerca… Increíble Lockhart. No sabía que supieras hacer eso.- dijo, silbando admirativamente.

-Hay muchas cosas que no sabes acerca de mí.- le contestó la chica, que estaba agachada y buscaba la pistola de Bellman, la encontró y le puso el seguro, mientras se acercaba a Fred. -¿Estás bien?

-Sí, creo. Ese bruto me pegó fuerte. ¿Estará bien?

-Por desgracia, me parece que sí, no le pegué muy fuerte. Pero me importa un bledo lo que le pase a esa bestia, ahora lo único que quiero saber es quien es la cómplice de Bellman en el colegio, aunque me parece que si lo sé… Vámonos, rápido, antes de que despierte.


Bueno, les aviso desde ya que queda poco... muy poco, y que pronto se viene mi próximo fic, sobre Orgullo y Prejuicio, en la misma linea de éste: transformar a los pobres protagonistas en adolescentes del siglo 21... para mi propia diversión y la de los que los leen. También tengo en mente algo cortito para publicar entre estos dos.