Capítulo 23: Pelea en un techo

Volvieron a salir al pasillo, donde se encontraron con sus otros amigos, que aparecieron en una de las puertas del pasillo, con caras asustadas.

-Escuchamos un disparo.- dijo Jim. -¿Qué carajo pasó?

-Bellman nos atacó.- respondió Fred. -¿Encontraron a Adelaida?

-No, no aparece por ningún lado. ¿Segura de que ese animal la tenía por acá? ¿Cómo les fue a ustedes?, digo, aparte del ataque de Bellman.

-Pésimo, no sacamos nada en limpio ni logramos averiguar donde está Adelaida.- dijo Sally. -…aunque…- sus ojos brillaron y volvió a entrar a la oficina de Bellman, sus amigos la siguieron, y vieron como ella pasaba por sobre el cuerpo inconsciente de Bellman y desaparecía tras el escritorio. Al acercarse a ver que estaba haciendo descubrieron una trampilla en el suelo, bajo el escritorio, estaba abierta y Sally bajaba por ella, aferrada firmemente a una escalera adosada a la pared.

Jim hizo un ademán de seguirla, pero la muchacha le indicó con gestos que no lo hiciera, por que el espacio era muy reducido. Jim asintió y volvió atrás. Sally bajó por la escalera adosada a las paredes de la cámara y llegó a una habitación muy pequeña. Un bulto estaba encogido en una esquina, encogido sobre sí mismo.

Era Adelaida, que había pasado las últimas horas asustada, temblorosa y rezando para que sus amigos o cualquier persona la rescataran. Al escuchar un ruido se encogió aún más, ese hombre, Bellman, la aterraba. No sabía que hacer, quería salir de ahí, ver a sus amigos, o a cualquier persona conocida. Durante un buen rato se dedicó a buscar la forma de escapar, pero ya se había rendido. Bellman había hecho bien su trabajo, no había ninguna posibilidad de escape. La persona que a acababa de entrar a su habitación habló y el sonido conocido de su voz tuvo el efecto de tranquilizar a Adelaida.

-Adelaida, levántate, soy yo, Sally.- Adelaida se dio vuelta e intentó escrutar la silueta en la oscuridad, la escasa luz que provenía de la oficina de Bellman iluminó un cabello rubio y Adelaida sonrió, sus amigos habían venido a buscarla.

Sally se inclinó junto a ella y la ayudó a incorporarse, comprobando que ella no tuviera ningún tipo de daños. No parecía tener ningún daño aparente y no tuvo problemas a la hora de seguirla mientras subían las escaleras. Sally la dejó subir primero y ella se quedó abajo hasta que vio como Jim le daba la mano y la ayudaba a subir, apenas estuvo segura de que estaba a salvo, la imitó. Notó a sus amigos aliviados de ver a Adelaida sana y salva, y por primera vez en mucho rato respiró hondo.

Todo había salido bien, pero aún así había algo que le intrigaba. Desde ese momento en adelante lo único que debían hacer era asegurarse de volver todos juntos al colegio, lo antes posible, como dijo Charlie. Se dispusieron a salir de la oficina, cuando escucharon una voz que los detuvo.

-No tan rápido mocosos.- Ante su sorpresa, la dueña de la voz era la profesora que los había detenido cuando habían secuestrado a Adelaida. En ese preciso momento estaba parada en la puerta, apuntándolos con una pistola, que temblaba frenéticamente en sus manos. –Vuelvan a entrar, ahora.- Sally escondió la pistola de Bellman tras su espalda, un segundo demasiado tarde. La mujer la apuntó, temblando más histéricamente que antes, su mirada de loca traspasó a la chica, que dejó caer la pistola con un ruido sordo en el piso de madera. –Deja eso ahí, mocosa, los niños no deben jugar con armas. ¡Suéltala, te digo!

-Baje esa pistola.- dijo Fred, intentando contener su rabia. No podía creer que cuando todo empezaba a ir bien, se daba vuelta de repente, y para mal.

-Usted.- dijo Sally, fríamente. –Debería haberlo supuesto antes. Usted siempre estaba cerca, y llegó la primera cuando secuestraron a Adelaida.

-¿Y a quién ibas a decírselo?- le dijo la mujer, mordazmente. –Eres sólo una niña estúpida, nadie iba a escucharte. ¿Qué le hicieron a Axel?- preguntó al ver a Bellman tirado en el suelo, aún inconsciente.

-Nada, está ahí. ¿Acaso no lo ve?- replicó Fred, sarcástico. La mujer corrió desesperadamente a su lado y se inclinó junto a él, sin dejar de apuntarlos a ciegas. El hombre hizo un ruido que parecía indicar que iba a despertar, la mujer lanzó un gritito de felicidad y soltó la pistola. Sally vio en eso una ventana de oportunidad y se inclinó lentamente para recoger la pistola que acababa de tirar al suelo.

-Salgan, ahora…- susurró a sus amigos, que comenzaron a salir por la puerta abierta, aprovechando que la pareja no les prestaba atención, ya que parecían estar demasiado ocupados en mirarse mutuamente. Salieron sin hacer ruido, pero cuando Sally iba saliendo la mujer levantó la cabeza y sólo se encontró con una de los chicos, mirándola burlonamente, con una sonrisa desafiante en el rostro.

-Nos vemos señores.- dijo, y desapareció tras el dintel de la puerta de la oficina, ágilmente. La mujer no dudó un segundo y se incorporó, tomando su pistola, disparando hábilmente hacia la puerta y fallando sólo por unos centímetros. Sally echó a correr tras sus amigos por el pasillo que llevaba a la bodega, seguida luego de unos segundos por la mujer furiosa y un Bellman que gritaba a todo pulmón, llamando a sus matones. Sally entró a la bodega y apenas hubo cerrado la puerta, Charlie y Nick movieron unas cajas para bloquear la puerta.

-No podemos ir por el túnel, seguramente será el primer lugar donde van a buscar y son mucho más rápidos que nosotros, nos atraparían sin problemas, como a unas ratas.- dijo Charlie. –Tenemos que ir por el camino del pueblo.

-¡Pero es mucho más largo!- se quejó Margaret, asustada.

-Es nuestra única opción.- dijo Jim, abrazando a Adelaida.

-¿Cómo piensas salir de aquí sin que nos vean?- preguntó Fred, mirando la puerta, que se sacudió con fuerza, como si un par de gigantones estuvieran tirándose contra ella con todo su peso.

-Por ahí.- dijo Jim, apuntando a la ventana. Corrió hacia la plataforma y subió a ella ágilmente, Adelaida lo siguió y él le tendió la mano para ayudarla a subir, los siguieron Charlie, Margaret, Rosa y Nick. Fred empezó a subir, cuando vio que Nick ya había llegado a la plataforma, y cuando Sally se disponía a subir las cajas de la puerta cedieron y cayeron muy desordenadamente, produciendo un estruendo espantoso, lo que la distrajo por unos segundos.

-Toma mi mano, Lockhart.- Fred bajó un par de escalones y le tendió la mano, pero la chica no pudo empezar a subir por la escalera debido a que en ese instante entraron los hombres de Bellman.

-Mierda.- masculló Sally. Fred ya había llegado arriba en la plataforma y le hacía gestos para que subiera ella a su vez.

-¡Ahí están!- gritó uno de los hombre que acababan de entrar, dirigiéndose a Sally y empezando a correr hacia ella.

-¡Sally, sube de una maldita vez! ¡Deja de actuar de heroína!- gritó Fred, desde arriba de la plataforma. Sally empezó a subir, pero los hombres corrieron más rápido de lo que esperaba y llegaron a la escalera cuando ella sólo había subido hasta la mitad, y empezaron a mover la escalera, haciendo que Sally se tambaleara y perdiera pie, quedando colgando de una de sus manos. Fred se inclinó hacia ella y le tomó la mano con la cual se afirmaba, ayudándola a tomar pie de nuevo y a terminar de subir. -¿Estás bien?- le preguntó cuando la muchacha por fin llegó a la plataforma.

-Si, no te preocupes.- dijo ella, incorporándose. Se alejó unos pasos de él y levantó la pistola. Colgando del techo, justo arriba de la escalera de la plataforma había un bote de madera, sólo afirmado por unas cuerdas gruesas. Sally apuntó y disparó, haciendo caer el bote sobre los hombre quienes, en es instante, subían por la escalera. Los hombres se desplomaron en el suelo, con el bote cubriéndolos por completo, con un ruido fuertísimo de madera rota. Se escucharon nuevos pasos en la bodega, mucho más enérgicos que los de Sackville y Harris.

-¡Estás loca! Pero fue un buen tiro, Lockhart. Eso si que no me lo esperaba.- dijo Fred, admirativamente, con una sonrisa brillándole en el rostro. –Ahora, vámonos de aquí.-le dijo a Sally, mientras la tomaba del brazo y la ayudaba a subir por la escalera de la ventana.

Se asomaron por la ventana y saltaron al techo del vestíbulo, donde los esperaban sus amigos. Los miraron con los ojos muy abiertos.

-¿Qué fue ese disparo y ese ruido?- preguntó Charlie. Fred esbozó una sonrisa.

-Fue Sally, le disparó a un bote que colgaba del techo para hacerlo caer sobre Sackville y Harris.

-¿Por qué no bajaron al suelo?- preguntó Sally a sus amigos. –Hay una escalera ahí…

-No íbamos a dejarlos atrás.- dijo Rosa. Se escuchó un rugido de furia, seguramente de Bellman y el sonido de metal siendo golpeado.

-Bajen rápido, busquen un teléfono y llamen al profesor Goldberg y cuéntenle todo. Él sabrá que hacer.- dijo Sally, sus amigos hicieron lo que ella les pedía y ella se quedó sola sobre el techo, pensando en el próximo paso, hasta que escuchó un ruido a sus espaldas, que la distrajo de sus pensamientos, y se dio vuelta. Fred estaba subiendo de nuevo.

-¿Qué haces, Fred? Tienes que acompañar al resto, no te necesito.- susurró. El chico le devolvió una mirada divertida, acercándose a ella.

-¿Qué rayos piensas hacer?- preguntó éste, subiendo los últimos escalones.

-Entretener a Bellman hasta que lleguen los de MI5...- contestó ella, dubitativa. -Andate.- añadió, levantando la cabeza. -Puedo hacer esto sola.

-¿Y dejarte con toda la diversión? Olvídalo. Además, sí me necesitas.- su rostro volvió a estar serio. –No pienso dejarte sola, básicamente porque no puedo hacerlo.- contestó mientras terminaba de subir, se inclinó sobre Sally y la besó lentamente en los labios.

-Lástima que no tengamos otra pistola.- dijo Sally con una sonrisa, después de separarse de él, y le tomó la mano. –Pero podemos hacerlo, sólo tenemos que esperar al MI5 y… estamos juntos.

-Obvio, yo no voy a ningún lado.

-Ya contaba con eso…- le sonrió de nuevo, soltando su mano.

Nuevos pasos se escucharon en la plataforma y el cuerpo de Axel Bellman apareció en la ventana. Al ver a los jóvenes una sonrisa malévola iluminó su rostro.

-¡Me las van a pagar, mocosos del diablo!- gritó, saliendo por la ventana y apuntándolos con la pistola que sostenía. Fred empujó a Sally a un lado y se lanzó sobre Bellman, con las manos empuñadas, dándole un derechazo que lo obligó a soltar la pistola. Fred se inclinó rápidamente para recogerla, pero Bellman le ganó la mano, y aprovechó su distracción para agarrarlo del cuello y golpearlo contra la pared bajo la ventana. Sally logró reprimir un grito de angustia y afirmó su pistola con fuerza. Fred cayó al techo, en cuatro pies y Bellman se volteó para enfrentarse a Sally que se acercaba a él a toda velocidad, apuntándolo con su pistola. Sally se acercó a Bellman y le propinó una patada en el estomago que casi lo bota, pero él fue más rápido y agarró la pierna de la chica y se la torció con violencia.

-¿Feliz, mocosa del demonio? Has arruinado todos mis planes, todo lo que había planeado lo destruiste sin dudarlo. Pero te juro que no me importa, porque tú y tu estúpido amiguito van a morir.

Sally dejó caer su pistola con un grito de dolor y cayó al suelo pesadamente. Bellman se acercó a ella, para recoger la pistola, al tiempo que se preocupaba de sujetar la pierna de la chica contra el suelo. Fred logró pararse y se acercó a Bellman por la espalda, éste no lo vio por que estaba intentando recoger la pistola que Sally había soltado, pero la chica actuó rápidamente, y con su pie sanó le pegó una patada a la pistola, para alejarla del alcance de Bellman.

-¡Fred! ¡Atrápala!- exclamó. Fred la atajó y la recogió con un movimiento rápido y cuando Bellman se distrajo, buscando la otra pistola, se la lanzó a Sally, que aún estaba sentada en el suelo, quien la atrapó con una mano. Bellman vio como la chica atrapaba la pistola y se lanzó sobre ella, siendo detenido por Fred, que se interpuso con energía en su camino, empujándolo. Ambos rodaron por el suelo, quedando Fred bajo él. Bellman lo golpeó en la cara con el puño y se levantó para lanzarse de nuevo sobre Sally, que se había logrado parar, con una mueca de dolor en la cara, y gimiendo por el esfuerzo que suponía el tener que mantenerse de pie.

-¡Sally! ¡Cuidado!- gritó Fred, poniendo a la chica sobre aviso. Bellman saltó sobre la muchacha, que lo esquivó lanzándose al suelo y rodando hasta quedar junto a Fred, que estaba un poco aturdido por el golpe de Bellman. Al ver a la chica a su lado se levantó ágilmente, tomó la pistola de Bellman, que estaba a unos metros de ellos, con un mirada a Sally, que no se sentía capaz de pararse de nuevo, se paró y se acercó a Bellman, que estaba tendido en el suelo, al ver como el joven se acercaba a su lado, tomó uno de sus pies y lo hizo caer de nuevo, Fred soltó la pistola que le había pasado Sally, para detener su caída con las manos, pero fue demasiado lento y Bellman la agarró antes de que pudiera hacerlo, Fred se paró y se lanzó a la espalda de Bellman para quitársela, pero el hombre se las arregló para deshacerse de él y agarrarlo por el cuello. Sally vio toda esa escena e intentó incorporarse, sin poder evitar un gemido de dolor, que hizo que Bellman recordara que estaba ahí. Bellman la miró, con una sonrisa sádica dibujada en su rostro, sin soltar a Fred, que intentaba liberarse de la garra de ese hombre.

-¿Quieres que le haga algo a tu amiguito?- dijo, apuntando con su pistola, que sostenía sin temblar en la mano que no agarraba a Fred. Sally levantó su pistola y apuntó a la cara de Bellman, no estaba muy lejos y su mano tampoco temblaba, a pesar del intenso dolor que subía por su pierna. -No te atreverías a dispararme, podrías herir a tu amigo.- su voz adquirió un tono aterrorizado al notar que la mano de la chica no temblaba.

Fred se aprovechó del hecho de que Bellman estaba concentrado en Sally para soltarse de y golpearlo en plena cara, pero no logró que soltara la pistola que sostenía férreamente en su mano. Corrió a tropezones junto a Sally frente a la mirada de Bellman, que se relamió ante la idea de matarlos a ambos. Esos dos mocos insoportables habían acabado con todos sus planes y ninguna idea lo hacía más feliz que la idea de retorcerles el pescuezo él mismo, o de encajarles una bala.

Se acercó a ellos apuntándolos con la pistola, Sally mantenía su pistola levantada, se sentía mejor ahora que Fred estaba junto a ella, más segura, más confiada. No pudo reprimir una pequeña sonrisa, acababa de notar que él siempre la hacía sentirse más segura y confiada. Sin poder evitarlo, ambos retrocedieron hacia el borde del techo, frente a Bellman, que no dejaba de apuntarlos con su pistola. Bellman soltó un nuevo rugido de ira, esta vez, mezclado con triunfo, y saltó sobre ello, que se apartaron de su camino y vieron como el hombre caía de bruces sobre el tejado. El suelo mojado lo hizo resbalar y quedó colgando de una cornisa. En el impulso de la caída soltó su pistola y la dejó caer al suelo.

-¡Ayúdenme! ¡No me dejen caer!- gritaba. Sally y Fred se miraron y se agacharon para ayudarlo a subir de nuevo al techo. El hombre era pesado, y ambos chicos estaban heridos y cansados, por lo que la tarea no era fácil en lo absoluto. Pese a todo lograron levantarlo y mientras lo subían se vieron súbitamente iluminados por las luces de unos autos. Era el MI5, con sus amigos.

Los agentes subieron rápidamente al tejado mientras Sally y Fred luchaban con todas sus fuerzas para evitar que Bellman cayera, los agentes los ayudaron a subirlo al techo y ahí mismo lo detuvieron. Ayudaron a Sally y a Fred a bajar de ahí, especialmente a ella, que tenía un pie torcido. Luego de detener a Bellman, detuvieron a todos los cómplices de Bellman que estaban en el edificio, incluyendo a la profesora que los había atacado, y los subieron en sus autos para llevárselos a donde correspondía. A Sally y a sus amigos los subieron a otro y se dirigieron al colegio. Un agente iba con ellos, además de una mujer que iba manejando.

-Son muy valientes.- les dijo mientras subían al auto y les daba la mano uno a uno. –Yo soy el agente Conway, llamar al señor Goldberg fue una muy buena idea. Pudimos llegar a tiempo, aunque ustedes dos estaban haciendo muy buen trabajo.- agregó, sonriéndole a Fred y Sally. – De todas formas no deberían haberse arriesgado de esa forma.

-Ya quiero ver a alguien capaz de detener a Sally cuando algo se le mete entre ceja y ceja.- se burló Fred, que rodeaba con su brazo a la chica, que hizo un ademán de golpearlo con una sonrisa en los labios. El agente sonrió de nuevo y siguió hablando.

-Ahora mismo los llevaremos al colegio, después de la llamada al señor Goldberg, y de que él nos llamara a nosotros, avisó en el colegio, y deben estar muy preocupados por ustedes. En cualquier caso, les estamos muy agradecidos, llevábamos años intentado agarrar a Bellman por lo del tráfico de armas. Nos ayudaron muchísimo, chicos. No esperábamos atraparlo tan pronto, no encontrábamos pruebas ni nada que nos sirviera, pero ustedes hicieron un trabajo perfecto. Tendremos que hablar con sus profesores y sus padres, especialmente con el señor Bevan, tiene que saber cuando ante que su hija está sana y salva.-

Se quedó callado al ver las caras agotadas de los chicos. Adelaida estaba abrazada a Jim, y Fred rodeaba con sus brazos los hombros de Sally. Rosa apoyaba su cabeza en el hombro de Nick y Charlie y Margaret también se apoyaban el uno en el otro. El agente Conway sonrió y se recostó en el asiento. Esos chicos se merecían un verdadero descanso descanso.


Bueno, a esta historia le queda poco y nada para el final. De hecho, sólo quedan dos capítulos más, que espero poder subier entre esta semana y la próxima, y en uno o dos meses más espero poder empezar con mi próxima historia, que sigue la misma idea inicial de ésta: una pareja de un libro de época como adolescentes en el siglo XXI. Y esta vez las víctimas serán nada más y nada menos que Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy.