Capítulo 24: Fin de la aventura
Cuando llegaron al colegio el agente Conway los sacudió suavemente para despertarlos, y ayudarlos a bajar. Fred llevaba en brazos a Sally, para que el tobillo de la chica no sufriera más de lo debido. Sally lo miró a la media luz de la lámpara que había sobre la puerta del colegio, estaba muy guapo con la mirada decidida, y una pequeña herida que le cruzaba la mejilla, él se percató de que ella lo miraba y le devolvió una sonrisa tranquilizadora, ella se arrebujó aún más en el pecho del chico, que sonrió con satisfacción.
-¿Estás bien?- susurró la chica. Fred se inclinó sobre ella para responderle.
-Mejor que tú, yo puedo caminar.- sonrió, besándola en la frente.
-Y sigues siendo un idiota, por lo que veo.- contestó la chica, con una sonrisa burlona. –Gracias. El agente Conway estaba unos pasos lejos de ellos, hablando por su celular. De repente vieron como el profesor Goldberg se asomaba a una ventana.
El hombre les dirigió una mirada sorprendida, desapareció de la ventana y bajó para abrirles la puerta, respirando aliviado al ver que los chicos estaban completos. Los hizo pasar rápidamente y los guió hasta el departamento del director, al otro lado del colegio. El señor Molloy, aún medio dormido y sin entender mucho, les abrió la puerta, vestido con su pijama y bata de levantarse y los hizo pasar, bastante sorprendido por encontrarse con un agente del MI5, acompañando a sus alumnos, sucios y despeinados, y algunos de ellos heridos y con la ropa rasgada. El director los dejó entrar al hall de entrada del departamento, y cerró la puerta a sus espaldas.
-¿Qué pasó oficial?- le preguntó al agente Conway. Aún se sentía un poco aturdido. Se dio cuenta de su falta de educación y los hizo pasar a su salita particular, donde se acomodaron rápidamente. Jim y Adelaida se arrebujaron en un sillón, Margaret, Rosa, Nick y Charlie se sentaron en el suelo, Fred dejó a Sally en una otomana y se sentó a los pies de la chica. El señor Molloy desapareció en la pequeña cocina y apareció nuevamente unos minutos después con té y galletas, se las arregló para servirles el té con una puntería impresionante, dado el temblor de sus manos. –Ahora sí, por favor oficial, cuénteme lo que pasó.- dijo, antes de sentarse tras su escritorio.
-Sus alumnos ayudaron a detener a Axel Bellman, el mayor traficante de armas del país y salvaron a una de sus amigas que había sido secuestrada por Bellman.- dijo el agente Conway. –Llevábamos años intentando echarle el guante, y sus alumnos lo lograron.
-¿La señorita Bevan está bien?- preguntó Molloy, interrumpiendo al agente Conway, sin muchas consideraciones. –Cuando su padre nos llamó para decirnos que la habían secuestrado, fuimos a revisar su dormitorio, no estaban ni ella ni la señorita Lockhart, las buscamos por todo el colegio, y nos dimos cuenta de que ninguno de ustedes estaba en sus camas, y un rato más tarde llegó el señor Goldberg para decirnos que ya los había ubicado y que el MI5 los traería. No sabíamos que hacer en ese momento, sólo llamamos a sus padres, que vendrán mañana. Ufff...- suspiró. -Mejor llamo ahora a la señorita Bones, estaba muy preocupada por ustedes y llamaremos a sus padres para que no se preocupen más por ustedes… Así que atraparon a Bellman.- agregó, chocando los dedos. -¿Cómo lo hicieron?
-Hay un túnel que parte desde el colegio y que lleva a la fábrica de la North Star.- dijo Sally. – Creemos que lo tenía para poder secuestrar a cualquier alumno del colegio en caso de que fuera necesario, hay muchos alumnos que son hijo de gente importante. Entonces fuimos ahí, aturdimos a Bellman, salvamos a Adelaida, nos encontró la señorita… Paton…
-¿La señorita Paton?- el señor Molloy estaba sorprendido. –¿La profesora de primer año?
-¡Ya decía yo que la había visto antes!- exclamó Jim, repentinamente.
-¿Qué hacía ella ahí? Se supone que estaba ayudando a buscarlos en el colegio…- dijo el director, cada vez más intrigado.
-Al parecer era la cómplice de Bellman dentro del colegio, y puede que algo más… casi se vuelve loca cuando pensó que le habíamos disparado.- dijo Fred. –Siguiendo con lo que Sally decía, nos encontró la señorita Paton, arrancamos, salimos, Sally le tiró un bote encima a Sackville y Harris.- El señor Molloy abría la boca sin poder creer lo que oía. –Logramos sacar a todos del edificio, Bellman nos persiguió y peleamos con él, hasta que llegó la policía y aquí nos tiene. Ésa es la historia, señor director.
-¡No puedo creerlo! Tenían toda esa información y no le dijeron nada a ningún adulto. Eso es muy irresponsable de su parte. Sinceramente, esperaba más sentido común de mis alumnos.- dijo el director, enojado, pero con dejo claramente admirativo en su voz. El señor Goldberg lo interrumpió.
-Bueno Trembler, a mí me lo dijeron, fue mi culpa no haberte dicho antes, pero era un caso muy delicado. Tú sabes lo que son estos asuntos…- se quedó súbitamente callado, ante la cara del director, que parecía a punto de estallar de indignación. A Sally le recordó a un niño pequeño al que lo está retando su papá. La cara del director volvió poco a poco del intenso color morado, a la normalidad.
-Bueno, pero no sé que van a decir sus padres y… ya vienen en camino.- Dijo, sacudiendo la cabeza, apenas pudo hablar de nuevo. -Lo mejor que podemos hacer por ahora es mandarlos a la enfermería y que la doctora Turner los atienda lo antes posible. No me gusta el feo corte en la mejilla de la señorita Lockhart, y me parece que el señor Garland fue golpeado con algo duro en la nariz. Ustedes son los que están en peor estado, me parece, los demás sólo tienen raspones y heridas superficiales, pero prefiero no arriesgarme. Taylor, tiene un corte muy feo en el labio y la señorita Haddow parece tener la muñeca torcida. Goldberg, lléveselos a la enfermería y usted señor agente, quédese aquí y termine de explicarme lo que pasó.
Fred volvió a tomar en brazos a Sally y junto a sus amigos y el señor Goldberg, se dirigieron a la enfermería. El profesor despertó a la doctora Turner, que dormía en una habitación junto a la enfermería, y los hizo pasar a la sala.
-¡Por Dios! Daniel, ¿Qué les pasó?- preguntó la mujer al aparecer en la enfermería, abrochándose la bata.
-Salieron del colegio para meterse con Bellman. Lo atraparon después de salvar a Adelaida, que había sido secuestrada por él antes. La doctora lo miraba sorprendida, sin saber si creer o no lo que Goldberg decía, ni el estado de las caras de los chicos. Vio que Sally y Fred eran los que lucían peor y se acercó a ellos. Fred había ayudado a Sally a sentarse sobre una cama, y se había sentado junto a ella, rodeándola con un brazo. Jim hacía otro tanto con Adelaida, que estaba muy pálida. A Sally y a Fred los atendió primero, vendando el tobillo de Sally, con cuidado, aunque no pudo evitar que la chica soltara pequeños gemidos de dolor. Al oírla, Fred le apretó la mano.
-Apriétame fuerte.- susurró.
-No me provoques Garland...- respondió ella, intentando sonreír.
Cuando la doctora terminó con el tobillo y las heridas de Sally, empezó a limpiar las heridas que tenía Fred en los brazos y el rostro. El alcohol con que le limpiaba las heridas ardía, y Fred no podía reprimir sus quejas.
-No seas niñita, Fred.- se burló Sally, que aún no soltaba su mano. –Apriétame fuerte si te duele.
Cuando terminó con ellos dos, los mandó a acostarse vestidos en las camas de la enfermería, Fred llevó a Sally hasta otra cama luego de las curaciones y se acostó en la cama a su lado.
-Traten de dormir, niños. El descanso es lo mejor para las heridas. Así que nada de intentar pasar el resto de la noche despiertos. De todas formas me quedaré aquí si me necesitan.
Los demás se acostaron apenas los curaron, lo que no se demoró mucho ya que sus heridas no eran profundas ni tantas como las de Sally y Fred. Ninguno tuvo problemas para dormir ya que todos estaban agotados. Un rato más tarde en la enfermería no volaba una mosca y los ocho chicos dormían profundamente, arrebujados en las sábanas, bajo la atenta mirada de la doctora Turner.
Cuando Sally despertó, muchas horas más tarde, se encontró a si misma en una enfermería suavemente iluminada por la luz de la tarde, que se colaba por los espacios que dejaban las cortinas. El color blanco de las paredes la hacía verse aún más grande de lo que era, y las sombras de las cortinas moviéndose dibujaban suaves curvas en la pared. Miró a su alrededor, en muchas de las otras camas se veían bultos cubiertos por las sábanas, muchos de sus amigos aún no se habían levantado. Se incorporó en la cama, tocándose la cabeza. Un punzante dolor le recorría la frente. ¿Dónde estaría la doctora Turner? Necesitaba una aspirina, urgentemente. Miró a su alrededor, no lo había visto antes, seguramente por que estaba medio aturdida y le dolía la cabeza, pero Fred estaba sentado en la cama de al lado, con una sonrisa brillándole en la cara. Pese al golpe en la nariz y los varios cortes que tenía en la cara, se veía muy guapo. Sally le sonrió de vuelta.
-¿Dormiste bien, Lockhart?- se inclinó sobre ella, que se había incorporado en la cama y estaba apoyada en la almohada, y la besó suavemente en los labios.
-No sé. Creo que sí. ¿Qué hora es?- preguntó la chica.
-Como las cinco de la tarde, yo desperté hace como media hora.- Sally podía notar que era verdad, por que despedía un olor a limpio que la tenía atontada.
-Todavía no puedo creer todo lo que pasó ayer.- dijo la chica, comenzando a levantarse.
-Yo tampoco. Fue una gran aventura, y sorprendentemente no estamos en problemas. Ahora levántate y anda a ducharte, tu padre llegó esta mañana preguntando por ti, según la doctora Turner, y seguramente sigue algo preocupado. También llegaron los padres de Adelaida, el padre de Jim y mis papás. –le tendió una mano para ayudarla a levantarse. Sally se levantó sin esfuerzo, el pie ya no le dolía tanto como la noche anterior y podía pisar sin problemas. -¿No necesitas que te lleve al baño?
-Lo de ayer fue un momento de debilidad momentánea. Ahora puedo caminar yo solita.- dijo Sally, dándose vuelta mientras caminaba. –Nos vemos.
Sally se duchó en la ducha de la enfermería y se puso una muda de ropa que la doctora Turner había ido a buscar a su dormitorio, un sweater negro muy grueso y unos jeans muy sueltos. Se miró al espejo, era ropa que ella hubiera elegido. Salió del baño con el pelo aún mojado. Adelaida y Jim estaban despiertos y conversando sentados en sus respectivas camas y Margaret estaba sentada en su cama, con un libro entre las manos. A Fred no se le veía por ningún lado, pero Sally no le dio importancia en ese momento. Sally le preguntó a la doctora Turner si podía salir a hablar con su padre, la mujer aceptó, pero insistió en revisar sus heridas y su tobillo una vez más, para estar segura de que estaba bien.
-Ten cuidado, no fuerces ese tobillo. Es una torcedura leve, pero si no te cuidas puede ser muy malo. – Le recomendó.
Cuando se hubo asegurado de que todo estaba en orden le permitió salir. Sally prácticamente corrió a la puerta de la enfermería, pese a los consejos de la doctora. Abrió la puerta con fuerza, y lo vio. Fuera de la enfermería había una banca, donde estaba su padre, esperándola. Sally corrió torpemente a abrazarlo, y su padre la abrazó a su vez, muy estrechamente.
-Verónica Beatrice Lockhart, no puedo creer todo lo que me han contado de ti. No sé si castigarte o felicitarte. Eres toda una heroína y muy valiente, mocosa.
-¡Papá! Te he extrañado mucho.
-Yo también. Llegué antes de ayer de la India. Casi me muero anoche cuando tu director me llamó para decirme que habías desaparecido, aunque debo considerar que pensé que era sólo una travesura. Después pensé que tú no harías algo así. Y cuando me acababa de decidir por venir aquí y ver que pasaba, tu director me llama y me dice que ya apareciste y que habías atrapado a un criminal importante. Pero quería verte, y ya estaba en camino, así que vine. Me imagino que quieres contarme todo acerca de tu aventura.
-Bueno, pero no es sólo eso. Tengo muchas otras cosas que contarte… ¡Te he echado mucho de menos! Me encanta este colegio, y mis compañeros son increíbles. Nunca habría pensado que me iban a caer tan bien. Y he aprendido muchas cosas aquí y no sólo hablo de las clases formales, ahora bailo, y… atrapo criminales.- le dijo, mientras guiaba a su padre a un banco a un lado del pasillo.
-Que bueno que lo hayas pasado bien. Necesitabas esto, no podías crecer sola. Y hablando de eso, me parece que tienes buenos amigos. Y tú también eres una buena amiga, por lo que he escuchado hoy, tus profesores tienen una buena opinión de ti y tienes buenas notas. He hablado con varios de tus profesores, y me han hablado muy bien de ti. Estoy muy orgulloso. Y hablando de tus amigos, ese chico, Fred, me cayó bien. Parece que se preocupa mucho por ti.- Sally enrojeció hasta las orejas. -¿Qué? ¿Dije algo inapropiado? Espera… ¿Acaso te gusta?
-No… digo sí. No sé, papá. A veces es tan… irritante, tan estúpido, tan infantil, pero a veces hace cosas tan… tiernas, simpáticas, valientes. El muy idiota me tiene en la luna. Hasta me cuesta concentrarme cuando está cerca…
-Esto es emocionante… ¡Mi hija está enamorada!- se burló su padre. –Me imagino que tendré que ir a hablar con mi yerno… Tengo algunos puntos que discutir seriamente con él.
-¡No! Ni siquiera sé si quiero tener algo serio con él. Somos demasiado distintos, no quiero pasar todo el día peleando con él por cualquier estupidez.
-Distintos no siempre significa algo malo. Tu madre y yo éramos muy diferentes, pero así y todo, nos amábamos. Dale una oportunidad a Fred, el pobre chico se la merece.
-¿Tú crees?
-Estoy seguro de que está igual de enamorado de ti que tú de él. No soy tan tonto como crees, y me fijo en muchas cosas.
Pasaron el resto de la tarde juntos, contándose todo lo que no habían podido contarse en esos largos meses de separación, todas esas cosas que no se pueden contar en un mail. El señor Lockhart veía a su hija feliz, aprendiendo muchas cosas, teniendo buenos amigos y bastante enamorada de ese chico Garland. El último hecho lo hacía sentirse un poco viejo, por no mencionar que se sentía bastante celoso cuando Sally le hablaba con cariño y admiración del muchacho, sin embargo el chico le había caído muy bien y le parecía que él y Sally harían una buena pareja. Antes de hablar con su hija, el chico se le había acercado a hablarle y contarle todo el asunto.
A media tarde, luego de almorzar con las familias de sus amigos en la oficina del señor Molloy, Fred se acercó a los Garland, acompañado de sus padres.
-Señor Lockhart, le presento a mis padres. Papá, mamá, él es el padre de Sally, una de mis compañeras.- Los señores Garland estrecharon la mano del señor Lockhart, y la madre de Fred abrazó a la chica. El padre de Fred y el de Sally, se alejaron unos pasos para hablar tranquilamente.
-Es un gusto conocerte. Mi hijo nos ha hablado mucho de ti.- sonrió la señora Garland. Sally y Fred se pusieron rojos hasta las orejas, ante las risas de la mujer.
-Mamá… ¿Por qué tenías que hacer eso?- susurró el muchacho.
-No seas ridículo, Fred. A Sally no le importa.- contestó la señora Garland. –Debes estar muy orgullosa de ti misma, jovencita. Lo que hiciste fue muy valiente.
-Fred no lo hizo nada de mal, señora.- contestó la muchacha, evitando la mirada de Fred. –Me imagino que está muy orgullosa de él. Al parecer aprendió muy bien de ustedes. Y Rosa también fue muy valiente.
-Gracias, linda. Estamos muy orgullosos de nuestros dos hijos. Y me imagino que tu padre también lo estará. Tiene una hija asombrosa. Mi hijo tiene toda la razón.
El señor Lockhart se fue esa misma tarde, ya se había asegurado de que su hija estaba bien y contenta, y con eso podía darse por satisfecho. Se fue, no sin antes recordarle a su hija la promesa del viaje a Estambul para el verano y prometerle que lo haría pasara lo que pasara, sin importar cuantos criminales hubiera de por medio. Los padres de sus amigos también se fueron esa misma tarde, una vez seguros de que sus hijos estaban bien, todos estaban muy orgullosos del valor demostrado por sus hijos y los habían felicitado profusamente por la hazaña. El único que puso problemas fue el padre de Adelaida, les había agradecido a todos por salvar a su hija, pero aún así pensó retirarla del colegio, pero su hija se negó, argumentando que ahí estaba más segura que en cualquier otro lugar, rodeada de sus amigos y con el señor Goldberg vigilándola. El señor Bevan no estaba muy convencido de eso, y estaba más que determinado a retirar a su hija del colegio.
-Adelaida, te vas a ir de aquí hoy mismo. Anda a buscar tus cosas.- Fue el ultimátum que recibió la chica. Su padre era conocido por ser muy inflexible, por lo que Adelaida no pensó en seguir discutiendo con él. Entró al edificio de tercero, intentando contener las lágrimas. Jim estaba en la sala común esperándola.
-Adelaida, ¿qué pasa?- le preguntó al verla entrar. Se paró del sofá y se acercó a ella.
-Mi papá quiere que me vaya…- murmuró la chica, echándose a llorar. Jim la abrazó, sin saber que hacer.
-Espera…- murmuró después de un rato, dejando a la Adelaida sentada en un sillón, sin entender nada. Jim corrió por todo el colegio hasta encontrar al señor Bevan, que estaba instalado en un banquito en el patio.
-Buenas tardes, señor Bevan. Soy Jim Taylor, uno de los compañeros de Adelaida.- dijo, decididamente y dándole la mano.
-Buenas tardes, Jim.- Le contestó el señor Bevan, estrechándole la mano. -¿Quieres decirme algo?
-Sí, señor. Le quiero pedir que no retire a Adelaida de la escuela. Ella de verdad lo pasa bien aquí, y tiene a todos sus amigos cerca. Le aseguro que la cuidaremos muy bien, pero no se la lleve.
-¿Y quién te crees tú que eres para decirme que hacer con mi hija?- le preguntó el señor Bevan, sin saber si tomarse lo que el chico le decía en serio o en broma.
-No sé, pero sé que si Adelaida se va, tampoco voy a querer saberlo.- Contestó Jim sin pensarlo. El señor Bevan se quedó mirándolo. Lo sorprendía la osadía del chico, no muchos eran capaces de enfrentarse a él.
-Dile a Adelaida que venga a hablar conmigo.
Jim le sonrió, y corrió a través del colegio hasta llegar a la sala común. Adelaida seguía ahí, sin saber que hacer.
-Adelaida, tu papá dice que vayas a hablar con él.- le dijo. Adelaida le sonrió y salió de la sala con paso decidido.
No se supo nunca de que hablaron ella y su padres, lo único que se supo fue que después de un largo tira y afloja, el señor Bevan finalmente accedió y Adelaida se quedó en la escuela.
Esta historia se está acabando, sólo queda un capitulo... Quisiera agradecer a todos los que se han molestado en leer todo esto, aunque no hayan dejado reviews. Lo pasé muy bien escribiendo esto, y pronto publicaré una nueva historia. Ahora, como duda: Hace algún tiempo empecé con un fic sobre Harriet, la hija de Sally y Fred. Si lo publicara, ¿Lo leerían?
