Edward.

Desencuentro.

Regresaba a casa.

El metro atestado de personas con cara de estres se movia pesadamente de estacion en estacion, pero yo estaba feliz por primera vez en mucho tiempo.

Aro Volturi me habia dicho que no queria precipitarse y arreglaria el salon para la noche del dia siguiente, asi que me habia dado la primer noche libre.

-disfrutala, porque tal vez no vuelvas a tener una en mucho tiempo, -me advirtio con una sonrisa en su arrugado rostro.

Yo solo esperaba durar lo suficiente como para poder quejarme de ello, ademas de que queria agradar a las personas que oyeran mi musica. Mas bien, queria que mi musica les agradara a ellos sin importarles realmente quien era yo.

Me habia acomodado en uno de los rincones del vagon, y el cansino vaiven del tren ya estaba en cierto modo arrullandome cuando a mi mente volvio aquella nueva melodia otra vez, trayendome junto con ella el recuerdo de la gracil figura de aquella desconocida que habia visto en la vereda del edificio por la mañana.

No pude evitar preguntarme si viviria cerca de alli o si solo estaba de paso.

Camine las dos cuadras de la boca del metro hasta mi edificio con la vista fija en las baldosas y las manos hundidas en el fondo de los bolsillos de mi descolorido pantalon.

Aun habia bastante movimiento de gente llegando a sus casas cuando empuje la pesada puerta de entrada y aquel aroma me invadio otra vez.

Sobresaltado por la impresion, gire rapidamente buscando alrededor en el amplio recibidor del edificio la silueta de aquella muchacha pero, no vi nada parecido entre las personas que estaban alli.

Frustrado alcance a ver como la puerta de dos ascensores se cerraban a metros de mi y me dirigi hacia ellos sin poder disimular mi creciente enfado.

Habia demasiados departamentos en el edificio, a pesar de no ser tan grande como otros de la ciudad. Eran solo 30 pisos pero con 29 letras.

Bufe al comprobar que eran tres de los seis ascensores los que estaban subiendo en ese momento.

Oprimi el boton llamando al ascensor de mi piso con mas fuerza de la necesaria.

Me senti idiota, ni siquiera tenia la seguridad completa de que la dueñ de ese perfume fuera aquella muchacha qeu vi en la mañana. y mucho menos le encontraba logica a mi abrupto cambio de estado de animo.

Una vez en mi departamento, deje la chaqueta y la guitarra en el sillon y me fui a directo a la cocina en busca de algo para beber.

No tenia apetito aun, pero decidi que mas tarde probaria algo de la comida pre cocida que mi dulce hermanita habia dejando atiborrando el frezer.

Me sente en la barra de la cocina, y saque mi pequeña libreta de anotaciones del bolsillo del pecho de mi camisa, revisando las notas que habia garabateado en ella por mañana.

¡como deseaba tener un piano en la casa!

Sentia a aquella nueva melodia picandome en la punta de mis dedos...

Suspire con resignacion, tendria que aguantarme las ganas de probarla en un piano hasta mañana en la noche al menos...

Fui al salon en busca de mi fiel guitarra y le arranque unos rasgueos siguiendo los tonos que habia plasmado en el papel.

Aunque no era lo mismo, pude arreglar algunos acordes mas. Luego de trabajar un rato en ellos, y bastante satisfecho con el resultado, la guarde nuevamente en su funda y decidi que era buen momento para darme una ducha.

Tambien pense en llamar a mi madre, pero decidi que era mejor esperar a que hubiera pasado mi primer noche de trabajo, asi realmente tendria algo interesante que contarle.

Luego de ducharme y dar algunas vueltas ansioso como leon enjaulado por el departamento, me detuve unos instantes frente a mi notebook y la encendi. Llevaba varios dias sin hacerlo y me encontre con una cantidad mensajes de mi hermana preguntando si me habia gustado como dejo el departamento y si yo estaba bien.

Dudaba que por la diferencia de hroarios estuviera conectada, pero decidi entrar al msn y dejarle un mensaje en en respuesta, sabiendo cuanto se alegraria al encontrarlo.

Ella habia hecho demasiado por mi. Ademas, habia sido mi oreja todo este tiempo desde aquel dia...No iba a olvidar su gesto mientras estuviera vivo.

Solo esperaba que para ella no fuera tan duro como lo fue para mi estar al otro lado del oceano ahora, le habia ofrecido mi destartalado departamento en londres par vivir, pero ella argumento que no queria deprmirse nada mas llegar, y que se alojaria por un tiempo en uno de los dormitorios de la universidad donde haria su especializacion hasta que tuviera tiempo suficiente de ponerlo en condiciones.

Eso me preocupaba bastante conociendola, pero ella habia jurado que no pintaria nada de rosa y queria confiar en su palabra, aunque desde la notebook no podia ver sus manos, y no dudaba de la duente tuviera los dedos cruzados en la espalda cuando me lo prometio... Ella y el rosa eran inseparables, salvo su auto, que era extrañamente amarillo canario, y el pequeñ estudio que habia instalado en su departametneo, todo lo demas en su vida siempre era de un empalagoso color rosa.

Sonrei instintivamente y pense que bueno seria si ella mientras estaba en londres pudiera conocer a Rose, la hermana de quien fuera mi compañero de habitacion en los años en la universidad.

Ella si que le hacia completo honor a su nombre todo los dias de su vida, hasta su computadora era Rosa...

Un dejo de nostalgia me invadio al pensar en los Hale. Realmente no sabia nada de ellos desde hacia dos años... si. Exactamente desde aquel dia, que no queria recordar bajo ningun concepto, cuando sali de aquel lugar sin mirar atras, y dejando que todo lo que habia logrado en la vida se perdiera.

Pero no iba a detener mi mente en aquellos pensamientos ahora.

No ahora que mi vida por fin recuperaba algo de luz y un futuro mas claro se dibujaba en el horizonte para mi.

Casi sin quererlo, el recuerdo de la muchacha desconocida volvio a mi mente y cerré los ojos, dejandome atrapar unos instantes con el recuerdo de cada detalle hasta que me quedé dormido.


Nuestro Edward tiene una historia triste...

espero que les vaya gustando.

ya saben, click al botoncito verde!