Ellos.

Edward.

"Mi prmer noche de trabajo en america."

suspire.

-podrias escribir un libro con esos titulos, -se burlo la vocecita de mi cabeza con la que solia conversar despues de tantos años de vivir solo.

-tal vez, -me respondi. -aunque preferiria escribir musica.

Revolvi entre mis ropas en busca de algo decente que ponerme pero no encontre nada mas que sudaderas enormes, camisas a cuadros y camisetas con el cuello estirado.

Nada apropiado para un pianista en su primer noche, tocando un piano de lujo en un pequeño y familiar restaurante italiano. Mucho menos adecuado para la primera presentacion.

Entonces recorde que mi previsora, ¿o deberia decir visionaria? hermanita me habia dejado algunos conjuntos nuevos colgados en el placard.

Hice una rapida inspeccion y decidi que lo mejor era vestirme con un pantalon negro y una camisa negra.

El negro siempre es elegante y le va bien a los musicos. -me dije, mientras trataba inutilmente de poner un poco de orden en mi cabello.

Frustrado por el inutil esfuerzo, tome mi gastada chaqueta de cuero negro del sillon y las llaves y sali.
Corri por el pasillo hasta el ascensor, no queria llegar tarde en mi primer dia y por la hora que era, iria en contramano de todo el mundo.

Al llegar a la pesada puerta de cristal del edificio, me di cuenta de que era la hora del crepusculo. Avance unos pasos hacia el borde de la vereda, observando los hermosos tonos de naranja y rosa del atardecer que aun se reflejaban en los espejados edifcios frente a mi y aspire profundamente.

Fue entonces que me llego aquel perfume que ya añoraba y me torturaba desde la mañana anterior. Y cual no fue mi sorpresa cuando al bajar la vista mis ojos se encontraron con aquella vision.

porque no podia ser otra cosa que una vision.

No podia ser mas que algo imaginado por mi estupida mente, no habia manera de que aquella perfecta silueta enfundada en un vestido azul,con el cabello castaño ondeando en su espalda en oredenados rizos contrastando con la piel mas blanca y delicada que habia visto en mi vida fuera otra cosa que el producto de la imaginacion.

Y aquella perfecta alucinacion olia a fresas y flores silvestres.

y estaba totalmente inmovil, con el rostro alzado hacia las luces del atardecer.

No pude evitar cerrar mis ojos mientras aspiraba profundamente aquel delicado aroma otra vez. Pero al abrirlos ella ya habia desaparecido.

Es solo tu imaginacion -me dije. -no es real.

Y retome mi camino hacia la boca del metro, sacudiendo un poco mi cabeza para espantar la incomoda sensacion que me habia invadido al contemplarla.


Bella.

El pequeño restaurante era realmente acogedor ,y no estaba abarrotado como los otros lugares que habiamos visto.
Ben consiguio una mesa en uno de lo extremos del salon, cuyas ventanas daban a un discreto y hermoso jardincito que desde la calle no se veia.

Mis ojos se perdieron en los preciosos detalles de aquel rincón oculto, aunque no pude evitar notar por algunos detalles que estaba algo descuidado. Aun asi, era perfecto.

Una alegre melodia repicaba en el ambiente intercalandose entre el murmullo de los comenzales, y no fue hasta despues de unos minutos de juguetear con mis dedos siguiendo el ritmo sobre la mesa, que me di cuenta que se trataba de un piano de verdad.

Me sorprendio, no era nada habitual en estos tiempos tan posmodernos y de sonido ambiental digital y envolvente, encontrarse con un lugar que tuviera un piano de verdad. Mucho menos un lugar de comidas, y mucho menos que alguien le pagara a alguien por tocar.

Mientras esperabamos el pedido, que muy amablemente nos tomara una camarera pelirroja y algo exhuberante, mis ojos recorrieron la sala en busca del instrumento.

Estaba casi al fondo,cerca de la pared: un hermoso piano de cola color caoba brillante y semi oculto detras de unas hermosas plantas naturales.

Pero desde la mesa donde estabamos sentados era imposible distinguir nada del pianista.

Era un el, lo supe porque un par de elegantes zapatos negros de hombre se alcanzaba a ver por debajo, deslizandose agilmente por los brillantes pedales.

Sonrei. Aquella era una melodia alegre y pegadiza.

-¿de que te ries, Bella?

La voz de Angela me trajo de vuelta al lugar.

- el piano.. es una melodia pegadiza.
-canziones de la bella italia , -bromeo Ben haciendo que ambas rieramos.

- y se ve que es un buen interprete el que esta tocando, -comento Ang, con cara de entendida.

-Tambien yo lo creo, aunque es algo inusual ¿no te parece..?. -comento Ben.
-si, pero me encanta. -musite.

La melodia habia cambiado ahora por una un poco mas lenta, provocando que tomara una profunda bocanada de aire y Ben se riera descaradamente de mi.

- ¿que?
- Angela tiene razon, eres toda una sentimental.

- Es una hermosa meloida, -me queje. -¿y no se suponia que esta era mi noche? ¿porque no me dejan disfrutarla tranquila? -proteste con fingida indignacion.

- Bella Bella, no te piques. es broma.- retrucó Ben apretando mi mano.

Nuestra comida llego en ese momento, obligandonos a quedar un rato en silencio, permitiendo que mi mente se perdiera en las armonias de aquella intensa cancion.

Porque era eso, intensa. Ni alegre ni triste.

Cerre los ojos un momento, maldiciendo. Tenia ganas de escribir y no habia traido mi libreta conmigo.

-¿que sucede Bella, estas bien?

Abri los ojos, encontrandome con una mirada preocupada de Angela y curiosa de Ben.
-si, no es nada.

Sus ojos interrogantes alzaron las cejas mostrando que no estaba satisfecha con la respuesta.

-nada, -insisti.-es... la musica. no se, ... me conmueve.-admití.

-mmmm... tal vez tendriamos que pedirle al dueño del lugar que te presente al pianista. ¿que opinas Ben? Por lo que se ve desde aqui, esas piernas se ven interesantes -bromeo Angela alzando las cejas en un gesto sugerente y ligandose un zape de mi parte.

La camarera volvio para ofrecernos el postre. Por uninimidad pedimos el mejor pastel de la casa y Ben una botella de champagne pra celebrar.

Al final nos quedamos un buen rato alli, bromeando y disfrutando de la calidez del lugar. Pero a pesar de que estaba con ellos, una parte de mi seguia ligada al sonido del piano, y no dejaba de sentir cómo cada una de las teclas parecia tirar de algun hilo invisible de mi interior, provocandome una profunda sensacion en el pecho y muchisimaas ganas de escribir.

Cuando la camarera trajo la cuetna no me contuve de preguntarle si tenian musica en vivo todos los dias.

- si señorita. el sr Vultuiri por fin encontro lo que buscaba y tendremos musica en vivo cada noche a partir de las 7.

- ¿ acaso piensas volver Bella? pregunto Ang alzando las cejas sugestivamente, mientras nos calzabamos nuestras chaquetas para salir de alli.

- no, era solo simple curiosidad...-menti. Pero sabia que sí, iba a volver.

Yo que necesitaba volver. Necesitaba esa inspiracion.

Estaba atravesando la peor epoca de sequia creativa de mi vida y necesitaba que presentar algo nuevo para mi proxima publicacion...

Despues de todo, aquel restaruante solo estaba a pocas cuadras de mi trabajo.