NOTAS DE LA HISTORIA
Este capitulo es un spolier brutal y completo de la pelicula de fma llamada los conquistadores del Shambala. Si no has visto la pelicula aqui te voy a hechar a perder la sorpresa y hasta el argumento.
Te recomiendo primero veas la pelicula y luego intentes leer este capitulo
CAPITULO 2Los conquistadores del Shamballa.
En la estación a pocos minutos de que el tren volviera a partir, una pequeña fila de gentes esperaba su turno de abordar. A ultimas fechas las medidas en los trenes se estaban volviendo muy estrictas, aunque no tanto todavía como para incomodar a los viajantes frecuentes como aquel hombre.
Quien miraba con una leve sonrisa una fotografía.
–¿Una foto de la familia? –le preguntó una amable anciana a Edward, quien viéndose sorprendido solo pudo reaccionar con una sonrisa mostrando la estampa que miraba.
–Sí, así es. Justo ahora voy a verles.
–Parecen una familia feliz.
–Sí... felices. Ella es mi esposa Solaris y mi hija Nina. Me esperan desde hace algún tiempo.
–¿Y donde viven?
–En Reizembul –respondió este con una sonrisa ligera.
–Que coincidencia, yo también voy para allá a ver a un familiar. Es un hermoso lugar.
–Mas que ningún otro.
–¿Las flores son para celebrar?
–Un triunfo en el trabajo, hay mucho que celebrar.
–Me alegro, hijo. Bueno, mi asiento esta por allá, espero que volvamos a platicar un poco después.
Que mujer tan amable, pero debo parecer muy contento, por fin voy a regresar y a ver a Solaris y a Nina. No puedo creer que haya pasado tanto tiempo y que ya estoy en el tren de camino.
Solo espérenme un poco mas, solo un poco más.
Y es extraño, pero de repente me siento un poco somnoliento, tal vez debí tomar un café con ese panque.
Recargándose levemente en el asiento del ten, Edward Elric se quedó profundamente dormido.
.
.
.
********
Edward y aquel muchacho idéntico a su hermano Alphonse platicaban alrededor de unos planos. Aunque más bien parecía una discusión ligera. Edward hablaba sobre la cantidad de combustible mientras su compañero parecía minimizar el asunto.
Todo era seguro, era bastante seguro y nunca antes habían tenido un accidente. Podían darse el gusto de ser un poco riesgosos.
.
.
.
********
Sin contratos con el gobierno las ferias locales eran la principal entrada de dinero, ofreciendo el funcionamiento de sus cohetes como otro atractivo mas y también para llenar el cielo de colores. Ese día iban a intentar comunicar las dos partes mas alejadas del pueblo con un cohete.
Este se activaría desde la feria y atravesaría toda la ciudad hasta el ayuntamiento, desde donde un hombre a caballo regresaría la carta firmada por el gobernador.
Una demostración de la comunicación del futuro, con solo un poco mas de investigación y aquellos hombres sería capaces de transportar personas a donde fuera por medio de sus cohetes.
Pero siempre era necesaria una prueba antes de la hora señalada para constatar que todo estaría bien. Por lo que el grupo se pasó todo el día instalando las cosas.
–¡Preparados! –les indicaba Heydrich a pesar de que aquella mañana se encontraba un poco más débil y pálido que lo normal. Pero estaba tan emocionado.
Edward se encontraba en la parte de mas atrás, desde donde podría ver la trayectoria del cohete con el telescopio para ver si todo estaba en orden.
Y de pronto apareció ella, Solaris acompañada de la señora Glacier que al parecer llegaban temprano a la feria. En cuanto comprobara que todo salía bien con el cohete saldría a saludarlas.
Pero en lugar de la llamarada que se esperaba se escuchó una detonación en el cohete. Una detonación que lanzó trozos del aparato en una sola dirección.
Edward se quejó de una corada en una mano pensando que tal vez no sería grave. Hasta que escuchó a la señora Glacier gritar.
–¡Solaris! –dijo abandonando su puesto y corriendo hacía la mujer. Quien tirada en el suelo se sujetaba sobre las costillas con un gesto de dolor.
–Esta sangrando –le decía la otra mujer asustada.
–¿Cómo estas? –le preguntó él levantándola en brazos para llevarla a donde la atenderían.
–Solo es un corte, pero duele mucho.
–Estas sangrando mucho.
–Estaré bien –le decía ella como si tratara de animarlo.
–Aquí no tenemos alquimia, necesitas ayuda... sin tan solo pudiera. Yo sabía un poco de Alquimia medicinal, lo suficiente para ayudarte así. Si tan solo funcionara.
La mano del muchacho comenzó a brillar de pronto sobre la herida de Solaris mientras ella se quejaba levemente. Hasta que la sangre dejó de salir y se cerró la herida que tenía en el torso.
Ambos se miraron sorprendidos de lo que acababa de ocurrir, y este se detuvo para mirarla a los ojos.
–Alquimia –mencionó cual si fuera un secreto. Heydrich y el resto los alcanzaron para peguntar lo que pasaba, si Solaris necesitaba ayuda no podían quedarse ahí.
–Estoy bien –mencionó la afectada levantándose mientras Glacier la revisaba.
–¿Y la sangre? –preguntaba Alphonse.
–Creo que es mía –respondió Ed mostrando la cortada de su mano riéndose de una manera un poco tonta. –Solo la asuste mas hasta que me di cuenta e que ella no tenía nada.
–Lo siento tanto, yo... –con todos a salvo, Heydrich pareció recuperar un poco de color.
–Te dije que la mezcla de combustible era muy inestable así.
–Lo siento, lo siento. Pero vamos a atenderte
Mientas se lo llevaban el muchacho le dirigió una mirada a su antigua compañera. Una petición de que lo esperara.
.
.
.
********
–Fue Alquimia, los dos lo vimos. Era una herida muy grande.
Solaris pensaba, sentado en una orilla de aquella taberna en la que Edward acostumbraba ir a comer.
–Tal vez... con la desesperación lograste hacer Alquimia. Como me platicaste que fue cuando nació la niña en central.
–Yo creo más probable que fueron tus emociones las que activaron tu piedra filosofal.
–Sin importar cual de los dos fue... la alquimia es posible.
–Una forma de regresar a casa con mi hermano.
–Homenheim también era Alquimista –conocía el desacuerdo de Edward con su padre y su resistencia a nombrarlo como tal –Si le contaras podría ayudarnos.
–Hace un tiempo que no me contesta las cartas. Me dicen que salió de viaje con una sociedad de algún tipo. Y no es algo que confió en nadie mas para que le diga.
–Tienes que investigar.
–Claro que voy a hacerlo.
.
.
.
********
El primer sueño después de casi una semana, de pasarse día y noche intentando con circulo tras círculo, de repetir las circunstancias. Pero no podía, por que tal vez lo que faltaba era la desesperación de ese momento cuando la vio lastimada, de ese instante en que rezó por un leve segundo.
El más odiado por dios pidiéndole que salve a un ser creado por un humano que jugaba a ser dios también. Casi irónico.
Pero estaba agotado y cayó rendido aquélla noche, por lo que debía ser algo en especifico lo que lo hizo despertar tan de pronto a la mitad de la noche.
Y ahí estaba ella.
Solaris lo miraba tan de cerca, subida sobre él como si lo retuviera, con un gesto tan serió como el de sus tiempos en que ayudaba a los demás homúnculos a obtener la piedra filosofal.
–Solaris... ¿qué ocurre?
–Silenció –susurró ella acercándose aun más.
–Pero...
–Solo silenció.
Tal vez se trataba de algo grave, tal vez alguien dentro de la casa o algo peor. Por suerte se quedó dormido mientras estudiaba y tenia puestos el brazo y la pierna falsos. Aunque no era uno de esos brazos con aditamentos para pelear mejor. Pero ella no vivía con Alphonse y él.
–¿Qué ocurre, Solaris?
Y en respuesta ella comenzó a besarlo. Lentamente y con sentimiento que parecía lento.
–Espera, espera, no...
Ella no respondió y siguió acariciándolo suavemente, hasta que Edward no tuvó ya deseos de detenerla.
.
.
.
********
Ella se quedó dormida al terminar, con un gesto en el rostro que la hacía parecer un ángel. Tan tranquila, calmada y ajena de cualquier preocupación.
Nada, nada que ver con ese recuerdo que tenía de ella en su propio mundo cuando Al aun era una armadura.
Sin embargo y a pesar de lo cansado que se sentía el alquimista no pudo volver a dormir. Y se pasó el resto de la noche solo mirándola descansar.
Tal vez tenía miedo de que al cerrar los ojos ella desaparecería y entonces todo hubiera sido solo un sueño.
Ella despertó cuando el sol se asomó por la ventana y al encontrarlo mirándola le sonrió de una manera casi cómplice.
.
.
.
********
–Tal vez no me creas, por el nombre que tenía antes y mi aspecto... pero... siempre estuve ocupada, con la piedra, Gula y cuidándome de ti y Scar. Pero... tú eres el primer hombre con quien estoy.
Al decir esto miró en otra dirección apenada. Ed sonrió levemente por esto y respondió a su vez.
–Pues tu eres la primera mujer también.
–¿En serió? ¿Ni siquiera con esa chica rubia? ¿Winry?
–No, a ella la conocí hace mucho tiempo y la quiero como a una hermana. Y aunque si fue una idea que me rondó la cabeza alguna vez, me olvide del tema cuando ella me rechazó cuando aun éramos muy niños. Y como tú lo dijiste, la piedra, los enemigos, la alquimia... no te dan mucho tiempo para conocer personas. Pero justo ahora, siento que valió la pena esperarte.
.
.
.
********
Abandonada la desesperada búsqueda de regreso a la alquimia, Ed pensaba ahora en la forma de decirle a Heydrich lo que había ocurrido. De entre todos sus conocidos él era el único que conocía la verdadera historia con Lujuria. Para todos los demás la mujer de cabello moreno fue alguna vez una novia y por eso no se hablaban.
Pero con Heydrich siempre le contó la verdad. Aunque él no le creyera casi nada sobre su mundo, pero sí sobre su relación con Lujuria. Ahora Solaris.
Ella desayunó en casa, Heydrich no estaba, seguro quedándose a dormir en el taller y sin decir mucho se despidió de ella en la mañana.
Pero que ocurriría después, que pasaría entonces.
Ahora estaba muy ocupado en otra de las presentaciones de cohetes. De ser posible lo sacaría por la fuerza del lugar y lo obligaría a escucharlo, pero el trabajo era muy importante.
Un grupo de gitanas que llegaba al lugar, anunciando una nueva tienda con canto y bailes extraños. Era divertido verlas, era algo bonito. Tanto que los trabajos se detuvieron durante algún rato por que la gente no tenía ningún interés en ver los cohetes, todos los ojos estaban en los bailes de las gitanas.
Promovían a una de ellas como adivina, diciendo que podía decir todo lo que ocultaran los corazones de la gente. Edward se burló de aquello con su compañero, imposible que alguien lo creyera. Hasta que aquella gitana se le acercó y tomándolo de un hombro le dijo.
–Eres igual a mí, no tienes un hogar.
Y eso le afectó tanto al muchacho.
.
.
.
********
–Te digo que nos atacaron, uno de ellos mencionó un nombre, un tipo con el que se carteaba mi padre.
–¿Soldados persiguiendo a una gitana? ¿Crees que pasó algo malo?
–Ellos querían hacerle algo.
–Pues deja que se quede un poco –decía Heydrich –No pasara nada si se queda una corta temporada aquí.
–Puedo limpiar y cocinar –interrumpió la aludida.
–No estas obligada, pero si deseas hacerlo esta bien. Nosotros tratamos de mantener este lugar decenté pero no siempre es posible.
–Mi nombre es Noa –respondió ella con una sonrisa.
.
.
.
********
–Prepare el desayuno –mencionó Noa al muchacho cuando lo vio llegar, a lo que Alphonse agradeció y se sentó entusiasmado a comer. Elogios por tener una comida decenté en mucho tiempo llenaron el pequeño comedor de la casa.
–Que bueno que llegaste, hoy le tocaba cocinar a Ed y él lo hace horrible. Supongo entonces que sigue durmiendo.
–Pero... ¿de verdad esta bien que me quede?
–No puede evitarse que te persigan, estarás bien aquí. Aunque me alegro, pues Edward hace mucho tiempo que no se interesaba por nadie.
–¿De verdad?
–Tuvo una pelea con su novia y desde entonces se mudó conmigo. Desde entonces lo veo muy decaído y le falta toda esa vitalidad con la que lo conocí. Tal vez ya comenzó a olvidar.
Noa no respondió, con una sonrisa nerviosa y sonrojándose un poco. No creía que fueran esas las intenciones del muchacho.
.
.
.
*********
–Glacier, muchas gracias por la ropa para Noa. –decía Edward saludando a la mujer de la florería, acompañado por aquella joven de piel morena.
–No te preocupes, –respondió ella con esa sonrisa tan tierna de siempre mientras Solaris los observaba mas al fondo. –¿Noa va a ir contigo? Tengan mucho cuidado, por favor.
Este afirmó y a pesar de ver claramente a la otra mujer, no se atrevió a decir nada. Aunque se sentía apenado por la situación entre ambos, y mucho mas por el hecho de estar cuidando de Noa precisamente en ese instante.
.
.
.
********
Fue una pelea gigantesca con Glacier entre ambos para evitar que hubiera heridos. Solaris gritaba todo mientras Edward había ya perdido la paciencia y contestaba en el mismo tono. Aun no rompían nada, pero no faltaba mucho tiempo.
–¡¿Esa es la manera en que me respondes?!
–¡Yo no te estoy respondiendo nada! Es un asunto que nada tiene que ver.
–¿Y como se supone que voy a confiar en ti si metes a tu casa la primera mujer que te encuentras? A una gitana.
–Noa estaba en problemas y tenía que ayudarla. No iba a dejarse la a esos militares. Y esos tipos algo tiene que ver con Homenheim.
–¡Pues eso no me interesa en nada!
Ed contestaría algo mas, tratando de sonar aun más lógico esta vez, aunque sin importar lo que dijera, Solaris estaba tomándolo todo a mal. Cuando de repente las palabras se le atoraron en la garganta, al ver algo de lo que jamás se creyó capaz.
Sin decir mas se acercó a su compañera y la tomó por los hombros para obligarla a ver al exterior de la calle. A donde un auto pasaba llevando a una persona conocida.
–Bradley –dijo ella con miedo.
–Tenemos que detenerlo.
Y olvidando la discusión anterior, salieron juntos de la casa a buena velocidad.
.
.
.
********
–Vamos, salta –se detuvo él para ofrecerla ayuda a su compañera. Quien lo ignoró de manera completa y de un par de saltos bien colocado llegó al suelo y siguió corriendo a tal velocidad.
Movimientos que al alquimista le recodaron esos tiempos en que ellos dos luchaban por la piedra filosofal.
–No has cambiado.
–Lo único que no tengo son mis lanzas, fuera de eso sigo siendo la misma –respondió con esta con el gesto como si quisiera alargar sus dedos. Pero en un mundo sin alquimia era imposible.
.
.
.
********
–¿Qué quieren de este lado de la puerta? –preguntó ella al tipo del monóculo después de detener el auto. Y a pesar del disgusto de Edward, amenazando al tipo con una de las navajas que usaban en la florería.
–Hagan lo que quieran, no me asustan –respondió con un gesto grosero, sacando la lengua y estirando levemente un párpado. Lo suficiente para dejar ver un ojo sano e intacto.
Y fue como si a ambos los dejaran respirar nuevamente.
–Los homúnculos están basados en humanos, es lógico pensar que exista que un humano que se le parezca.
–Valla susto que nos llevamos –respondió ella recargándose en el asiento como queriendo descansar de un día muy pesado.
–¿Atraparon a la persona equivocada? –preguntaba ese hombre.
–Sí, lo siento –se disculpaba Ed.
–¿Sabes conducir? Por que despachaste a mi chofer y hay un lugar al que necesito llegar.
.
.
.
********
–¿Un dragón? –preguntaba Solaris colocándose el abrigo de Ed –¿Lo cree?
–Existen los testigos y no pasara nada si vamos a investigar un poco. Aunque me serviría mucho alguien con las habilidades de su novio. ¿Qué dices muchacho, te interesa?
–No lo sé.
–La señorita se quedara fuera donde estará segura, tu y yo vamos mientras a buscar a ese dragón. Después de todo, me debes un buen susto.
Un gesto de ligera molestia en el rostro de Ed.
.
.
.
********
Edward salía de pronto de aquel castillo perseguido muy de cerca por una gigantesca bestia mítica. Un dragón que parecía furioso en sus ataques y que buscaba al muchacho en cada ocasión. El resto de los presentes huyo de inmediato dejándolo solo pelando contra aquella bestia. Evitando ser devorado gracias a sus partes mecánicas. Pero no tendría por siempre la ventaja.
El animal rugió de dolor liberando al muchacho, quien fu tomado por alguien mas para colocarlo en el suelo. De algún lado Solaris tenia una espada y le amenazaba con ella a la bestia. Era el bastón de aquel hombre del monóculo que al parecer ocultaba una navaja.
–"Lujuria" –mencionaba el dragón con aquélla voz tan poderosa.
–Veo que sin alquimia te quedaste atrapado en esa forma –le decía ella sin bajar el arma.
–"Traidora"
–No vas a lastimar a nadie más.
Listos para atacarse, los antiguos homúnculos parecían dispuestos a una gran pelea. Hasta que de pronto disparos se escucharon del cielo y aviones atacaban al dragón en gran numero. Sin darle ningún lugar a donde atacar.
Hombres parecidos a soldados, armados con rifles inmovilizaron a ambos mientras seguían disparándole al dragón, ahora lanzas que entre ellos decían, debía ser la lanza sagrada. Un dirigible enorme en el cielo acompañaba a los aviones.
–Señor Househoffer –le saludaba la copia de Bradley al que dirigía a los soldados. –¿Es usted? No lo veía desde antes de la guerra.
–Ese nombre–impactado Edward –Ese nombre lo escuche de mi padre y lo dijeron aquellos soldados.
–¿Y tu quien eres?
–Edward Elric, el hijo de Homenheim.
Asustado aquel soldado se cubrió el rostro encargándole a sus hombres se hicieran cargo de la situación. Edward trataba de reclamar pero una especie de gas les puso a dormir a los tres que quedaban. Solaris, aquel hombre del monóculo y el mismo Eduard, quien durante un minuto luchó por permanecer conciente sin lograrlo.
.
.
.
********
–¿Solo lo buscamos en su universidad? –preguntaba Solaris al parecer no muy convencida.
–Pues no se me ocurre nada mejor.
–Todos hablan de esa ciudad Thule. Me preguntó como será en realidad. ¿Un montón de hombres sintiéndose magos?
–Pero algo en los ojos de ese hombre, como si se sintiera culpable de algo. Aunque hay demasiada seguridad para ser solo una villa de profesores.
–Hay algo malo por aquí. Mira, una ventana rota.
–Voy primero decía el muchacho saltando ligeramente para llegar al hueco. Cortándose ligeramente en una mejilla con un cristal que después retiró para que su compañera pudiera pasar.
–No tienes que venir conmigo –le decía él caminando lentamente entre los pasillos del lugar.
–No puedo dejarte solo sin que té mates. Y yo también apreciaba a Homenheim por lo de la casa de la señora Vafer.
–Tal vez esté en problemas.
Una pequeña ventana a un patio interior, algo así como un sótano enorme.
–Mira –le decía a la mujer –son los diseños de Alphonse, son sus cohetes. Dijo que ya estaban trabajando para un nuevo grupo y parece que es la sociedad Thule.
–¿Incluían armas cuando tú los ayudabas?
–Parece que los van a usar en alguna guerra. Esto es horrible.
.
.
.
********
–Ya déjalo.
–Pero es un círculo de transmutación, un circulo que cumple con todas las características. Curvas de ionizacion, canalización de energía, transmutación de un cuerpo, sangre a la sangre, los siete picos identifican las seis regiones del cuerpo humano más el alma.
–Edward, vinimos a buscar a tu padre, ¿qué piensas que vas a lograr completando ese circulo? La alquimia ni siquiera funciona en este mundo. Tal vez tu padre estuvo aquí, creyendo que con solo dibujar el círculo sería suficiente.
Justo ahí el muchacho terminó de dibujar.
–Tienes razón, no entiendo que tontería estoy haciendo completando un circulo que no sirve para nada.
Y al ponerla las manos encima la alquimia se activó con una gran luz, asustando a ambos. Viendo como armaduras de diferentes tipos caían de un portal de color rojo a pocos metros de su cabeza.
–¡Yo no hice esto! –decía él, no intercambie nada por...
Una buena cantidad de hombres entrando al lugar, algunos soldados armados que no dudaron en amenazar a la pareja.
–¿Regresaron del Shambala? –preguntaba Househoffer.
–¡Responde muchacho! ¿Cómo abriste la puerta?
Antes de que algo mas pasara, una voz femenina les interrumpió resonando por todo el lugar.
–Es un reino escondido más grande que cualquiera de este mundo. Protegido entre las montañas, una utopía sin guerra hambre ni sufrimiento y con una armada poderosa que le garantiza la victoria el día de la batalla final. El camino a Shambala no era un rumor por que pudimos abrirlo.
–Entonces este niño ya no es necesario –decía otro de los hombres apuntándole a la cabeza a Edward, quien tomó el cañón del arma con la mano metálica y la desvió recibiendo el impacto que le destrozo un par de dedos del automail. Pero que les permitió correr para protegerse.
Solaris detrás de las columnas del lugar y Ed entre las armaduras que estaban tiradas en el suelo. Una de las cuales parecía mirarlo, del mismo diseño que una de hace tanto tiempo atrás.
–¡Hermano! –decía la armadura –sabía que te iba a encontrar, sabía que solo era cuestión de tiempo.
–¡Suéltame que me estas lastimando!
–¿Dónde estamos?
–¡Es el demonio! –decía uno de los soldados haciendo que lo demás dispararan, obligándolos a cubrirse.
–Tenemos que escapar de aquí, y no podemos dejarla. –decía el mayor de los hermanos.
–Esta cerca de la puerta –respondió el otro y levantó otro de los cuerpos para abrirse pasó con él.
.
.
.
********
Ya sentados junto a un rió, al parecer descansando de la aventura estaban los tres, la mujer, el alquimista y la armadura.
–Entonces era verdad –decía aquella parte de Alphonse, – ustedes estaban juntos.
–¿Lo sabías?
–Tal vez no me lo creas, pero siempre te estaba viendo en sueños. Y sabía que ustedes dos estaban juntos del otro lado de la puerta.
–Pero... ¿por qué eres una armadura otra vez?
–Es una técnica de Alquimia, pasar una parte de mi alma a un objeto para controlarlo, ahora mismo el resto de mí esta en central, con un cuerpo normal... Te he buscado por tanto tiempo.
–Yo también Alphonse, te busque mucho, la manera de regresar y ahora sé que es posible.
–Quiero contarte tantas cosas que han pasado desde ese día que desapareciste y recupere mi cuerpo. Ha pasado tanto.
–¿Todos tus recuerdos están bien? ¿Tu cuerpo también?
–Sí, pero mi técnica no es perfecta, mi alma se esta separando de esta armadura. Lo siento hermano.
Los ojos se le apagaron a aquella figura de metal antes de que cayera ya inerte, sin poder moverse más. Un instante en el que Edward pareció desconsolado como si se le acabara toda la fuerza. Solaris se le acercó un poco y trato de ponerle una mano en el hombro, pero sin notarla el muchacho se alejó un poco para recoger la cabeza de la armadura.
–Vamos a estar juntos, –parecía rezar.– Voy a encontrarte y ahora ni la misma muerte va a poder separarnos.
.
.
.
********
En medio de un paisaje mágico, con un castillo medieval sobre una gran montaña, Edward y Solaris hablaban con aquel hombre de antes. Quien resultó ser un director de cine y tener un estudio muy grande y completo en donde filmaban.
Era extraño, pero la actitud de Solaris estaba tan cambiada en ese lugar. Parecía maravillada de todo lo que veía como una persona distinta a como el alquimista la conocía. Fascinándose por todo y mirándolo casi maravillada. Era tan extraño.
Y escuchaba las palabreas del judío con atención.
–Shambala es un reino utópico de las leyendas orientales. Un mundo maravilloso donde existe una armada poderosa.
–Puedo decirte que nada de eso es verdad –respondía Edward escéptico. No entendía el por qué se encontraba ahí ni por que había llevado a Solaris. Pensó que tal vez tratara de algo importante por la forma en que se comunicó aquel hombre.
Pero la platica solo giraba alrededor de grupos políticos y cosas que no le interesaban en lo mas mínimo.
–¿Sabes que es esto? –le preguntó mostrándole una foto donde se veía a un buen numero de científicos alrededor de un objeto. De una bomba de uranio que alguna vez intento destruir a manos de un científico que realizo una transmutación humana fallida.
En ese entonces no conocía la existencia de la puerta de las almas, pero ahora sabía que era posible que dicho objeto hubiera llegado hasta las manos de alguien en este mundo. Alguien que sabía que era y en que podía usarse.
–Se supone que es una bomba muy poderosa y que no existía en este mundo. La sociedad Thule se la entrego al partido nazi como prueba de que les entregaran todo el poder que necesiten. Van a traer de ese mundo, todas las armas que los sublevados necesiten para vencer a quien sea.
–No... –le costaba trabajo al muchacho pensar en aquello –No tienen idea de lo que es esto, de la destrucción que puede causar. Tengo que detenerlos, no puedo estar aquí. Solaris, vámonos.
Sin esperar mas el muchacho tomo su abrigo para salir del lugar, a lo que la mujer tardo un poco mas en levantarse y despedidse de manera un poco torpe. Pero el hombre la detuvo un poco tomándola ligeramente de un brazo.
–Un regalo –le dijo entregándole algo, –estoy seguro de que le va a servir. Es por lo que me ayudaron aquella vez.
–Gracias –respondió ella antes de tratar de alcanzar a su compañero.
.
.
.
********
–Alphonse, no puedes seguir ayudándoles. Van a entrar en guerra usando tus cohetes. ¿Es eso lo que quieres que hagan con tu trabajo?
Heydrich reaccionó violento de pronto con un puño al rostro de su compañero. Pero el esfuerzo le acarreó un nuevo acceso de tos que en esta ocasión terminó con sangre. Su enfermedad avanzaba, estaba muy mal.
–Ya no me queda tiempo, –decía –Quiero dejar una marca en este mundo, un signo de que de verdad existí. Así que no te pongas en mi camino Edward.
Y salió deprisa del lugar para ir a donde su trabajo lo llamaba.
.
.
.
********
Y esa noche Edward no pudo notar como Noa entraba a su recamara mientras dormía.
.
.
.
********
De noche en la taberna, donde Edward tomaba asiento acompañado de Noa.
–Disculpa que te traiga aquí –le decía a la gitana –Pero me da algo de sentimiento dejarte sola. ¿Hay algo para cenar?
Y de repente había algo raro en el lugar.
–Mejor quédate esta noche en casa, niño –le decía uno de los clientes en el lugar. –Hoy va a renacer el país.
La puerta se abrió dejando entrar a aquel tipo de la villa de profesores, el que intento matarlo. Acompañado del policía idéntico a Huges. Algo pasaba. Noa se dirigió a ellos, quieren la recibieron con agrado y se la llevaron del lugar sin que Ed pudiera decir nada.
–Esta noche va a renacer nuestro país –decía Huges –vamos a derrocar al débil gobierno y tomar el poder. Y según la sociedad Thule, tú eres solo un estorbo. Noa va a cooperar con nosotros.
Entre varios hombres del lugar lo sujetaron sin dejarlo ir. Tal vez estaba en problemas, tal vez era momento de ponerse agresivo.
Un ruido muy fuerte y escándalo, alguien acababa de estrellar su auto contra la entrada.
–¡Edward, sube! –le gritaba Solaris acompañada del director de cine.
.
.
.
********
–Van a abrir la puerta hoy, no sabemos lo que pase –decía el hombre del monóculo conduciendo el avión.
–Entonces tenemos que detenerlos –respondió Edward mientras llevaba la mujer sentada sobre sus piernas ante el poco espacio en la nave. –Tal vez mi padre este ahí.
–Si abren la puerta–mencionó ella –Si logran pasar, sería una oportunidad para que regreses a tu mundo.
–¿Y que hay de ti?
–A mi no me espera nadie –dijo ella sin mirarlo, observando las lejanas luces de la ciudad desde aquella altura. –Es extraño, siempre quise volar, era un sueño tonto. Pero justo ahora que lo estoy haciendo, no me siento contenta.
Y Edward no supo que decir.
.
.
.
********
–¡Ve a detenerlos! Y me encargare aquí –le dijo Solaris quitándose la capa que le cubría del frió. Mostrando aquel vestido y guantes negros que tanto le conoció antes. Y dos espadas que le entregó el judío en la ultima visita. La homúnculo lujuria estaba lista para pelear.
–No te puedo dejar aquí.
–¡Lárgate! –correr muy rápido cerca del suelo para esquivar los disparos y cortar a ambos soldados al mismo tiempo con las navajas. Con el mismo estilo de cuando ellos dos peleaban entre sí. –¡Rápido! Te alcanzare en cuanto pueda... Voy a estar bien, te lo prometo.
.
.
.
********
–Lo que esta detrás de esa puerta no es un sueño. No encontraran ningún paraíso ahí detrás. –Les decía Ed ya frente a ellos mientras la puerta parecía desear activarse.
–Iremos al Shambala –respondió la mujer rubia que parecía dirigirlo todo.
Un brillo más poderoso de la puerta, por lo que el muchacho sacó el arma que alguna vez le dio Mabuze, el director, para apuntar a lo que saliera. Pero una cortina cayó, mostrando a Envy en su forma de dragón y como sostenía a Homenheim entre los dientes.
–Pero...
–Edward –le dijo este –que bueno que llegas. Quería crear un camino hacia nuestro mundo con la ciencia de este mundo, pero creo que no elegí a buenos compañeros. Pero ahora ya esta casi listo. Puedes irte.
–¿Qué vas a hacer?
–Voy a usar mi sangre para abrir la puerta. Mi sangre y al homúnculo que una vez hice para que puedas irte con tu hermano.
–¿Todo esto era par que yo pudiera regresar?
–No fui un buen padre, Edward, lo siento. Tal vez con esto, puedas perdonarme un poco.
Apretando con sus brazos las mandíbulas del dragón, el hombre de lentes terminó así con su vida. Activando una puerta cuadrada idéntica a aquélla que alguna vez vio durante una transmutación humana. El camino al otro lado estaba abierto.
Tan impresionado estaba con esto, que lo único que notó fue el disparo que le dio en el brazo haciéndolo caer y perder el sentido.
.
.
.
********
–¿Despertaste? –le preguntó Heydrich mientras la cabeza seguía pulsándole de manera dolorosa.
–¿Dónde?
–Tienes suerte, la bala solo te rozo en el brazo mecánico y los embalajes de las piezas delicadas se amontonaban justo donde caíste. Pero date prisa, ya puedes regresar a tu casa, los demás están ocupado tratando de abordar el cohete. Si te vas en este pequeño no lo notaran. Vuelve a casa con los tuyos y saluda a tu hermano de mi parte.
–Pero no quiero ir así.
–Pero yo quiero que regreses a tu casa, Ed. Y por que extrañas ese lugar mas que a ningún otra cosa.
–¡Alto los dos! –una vez más ese soldado apuntándoles con su arma. Edward tenía la propia, pero no lograría sacarla antes de que les dispararan. Estaban en problemas.
Hasta que la sangre en la muñeca de ese hombre se dejó ver y cayó al suelo gritando de dolor.
Solaris llegaba al lugar moviendo ligeramente las espadas. Con una sonrisa como si anunciara que lo tenia todo solucionado.
–¿Todo listo? –preguntó ella mirando el avión del viaje. –Debemos detenerlos y tu sabes que la única manera es llegar allá y obligarlos a volver. Y cerrar la puerta desde aquel lado.
–Esa no es la manera, debemos detenerlo desde aquí y destruir puerta, evitar que lleguen hasta allá.
Nuevas detonaciones de arma de fuego. Tres disparos a la espalda de la mujer y uno mas cuando ella alcanzó a girar para ver Hoss, el mismo soldado de antes sostener el arma con la mano izquierda.
Antes de que pudiera dispara una vez mas, Solaris le lanzó la espada de la mano derecha atravesándole el pecho y dejándolo por fin fuera de combate. Pero la mujer no resistió mas y cayó pesadamente a tierra, sangrando por las heridas.
–¡Solaris! Aguanta, vas a estar bien.
–Necesita un medico Ed.
Ella lo miró con miedo en los ojos.
–Cruza la puerta... es la única manera y tú lo sabes.
Edward asintió y la levantó en brazos.
–Alphonse, prepara el cohete, tenemos que cruzar la puerta.
–¡Ella esta muy herida!
–Del otro lado de esa puerta –sentándola al asiento trasero del cohete y poniéndole las correas –esas heridas no importaran, no serán nada para ella. Estará bien, tienes que confiar en mi, tienes que hacerlo por favor.
Alphonse miro esos ojos llenos de determinación que su compañero tenía, esa mirada que indicaba una determinación eterna y corrió rumbo a los controles para encenderlo todo mientras Edward terminaba de colocarse las correas a si mismo.
Pudo ver a Noa cuando subía rumbo a la puerta abierta en el techo el lugar, suplicarle que la llevara con él. Pero no había tiempo para ella ni para nadie. Para nadie más.
