CAPITULO 3El alquimista sombra dorada

El pequeño avión pasó a los más grandes, pero perdiendo un ala en el proceso y comenzando la caída en picada. Por alguna razón Edward fue arrojado del aparato y golpeó brutalmente contra las construcciones del lugar.

Un momento para tratar de despejar la mente, para que las cosas dejaran de girar y los oídos de zumbarle.

–¿Estas bien? –le preguntaba Winry apurada. Abrazándolo sin dejarlo contestar.

–Winry, Schieska... ¿qué hacen aquí? –Y su mirada se detuvo en aquel muchacho. Alto, de cabello rubio como el suyo pero muy corto, de pupilas doradas y vestido con el uniforme de soldado de Amestris.

–Alphonse –le dijo levantándose para ponerle la mano normal en el hombro –Eres tu –Quería llorar, quería reír, quería gritar algo que demostrara la emoción que sentía.

–Bienvenido hermano.

De repente recordó algo.

–¡Solaris! – intentó correr hacía el avión destrozado pero la pierna metálica dañada, terminó por ceder haciéndolo caer. –¡Tenemos que ayudarla!

–¿Qué pasa? –preguntaba su hermano.

–Ella venia conmigo, debe seguir en el avión.

Antes de que el soldado pudiera comenzar a correr, un fuerte movimiento apartó una parte del avión, mostrando a aquella mujer de vestido negro regresando sus dedos a la normalidad. El homúnculo con el que tanto lucharon antes.

Schieska levantó rápidamente el arma que traía al cinto. Edward gritó tratando de detenerla pero Alphonse se la arrancó de las manos.

–Esta de nuestro lado –le decía, – no es una amenaza.

Esta se acercó lentamente.

–¿Cómo estas?

–Creo que no puedo pelear así –mirándose también el brazo dañado.

–Sabía que ibas a regresar así –decía la rubia bajando la maleta que traía.

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–¿Eres alquimista estatal? –reclamaba Edward ya con los miembros metálicos bien colocados.

–Es una larga historia, creí que era la única manera de encontrar una forma. Como Mustang es Fhurer me dio acceso a todas las áreas de la biblioteca. Incluso me dio toda la biblioteca de Tucker de transmutación biológica.

–Pero un perro de la armada.

Alphonse se detuvo para mirar a su hermano a la cara, obligándolo a hacer lo mismo. Momento que el mayor de los hermanos se dio para observar bien a su compañero. Tanto tiempo atrás, y a pesar de ser igual a Heydrich era tan diferente.

Un porte mucho más maduro, seguro bastante músculo debajo del uniforme, ese porte de alguien poderoso y las guantaletas de metal idénticas a las de Armstrong. Su hermanito pequeño ya era un hombre.

–Los tiempos han cambiado, Roy es ahora el Fhurer y a cumplido la promesa que nos hizo a ambos.

Sonaba tan bien, un mundo mejor para su hermano y para las personas a las que quería.

–¿Y como te llaman?

–Sombra dorada, el alquimista de la sombra dorada.

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–Aparte de las maquinas voladoras, hay cosas saliendo del cuartel general. Mustang esta por allá, pero es ahí en donde se refugiaron los civiles. –les decía uno de los soldados que formaban las barricadas más exteriores de la ciudad.

–Tenemos que ir a ayudar allá.

–¿Eres el Full Metal? ¿No estabas muerto?

–Ni la muerte detiene a un Elric.

–Puede dejar a la señorita aquí, nosotros la cuidaremos para que pueda llegar más rápido al cuartel.

–¿Estas de broma? Sin ella tardaríamos años en llegar hasta allá.

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Las calles estaban llenas de esos seres con armaduras, no importa cuanto les disparan, si seguían teniendo piezas suficientes para disparar o caminar seguirían haciéndolo. ¿Acaso eran inmortales?

Un tornado transmutado limpio la calle principal, seguida del levantamiento del suelo en forma de picos y para finalizar, una mujer que partía a los que quedaban en pedazos. Los Elric hacían lo posible para abrirse camino hasta el cuartel central.

–Yo solo quería verte de nuevo –decía Alphonse en un pequeño descanso –Yo no quería que todo esto pasara. Yo no quería que todas estas personas...

–No es momento de pensar en eso –le regaño su hermano –Tenemos mucho que hacer.

–Pero es que todo esto es mi culpa.

–Tú solo querías verme, ellos solo querían recuperar su orgullo, Noa solo quería un país al cual pertenecer... Creo que nadie quería que esto ocurriera.

–¡Pero al final pasó!

Solaris se acercó hasta ellos, escuchando la platica entre los hermanos. Y hasta entonces se digno a interrumpir a Edward que trataba de animar a su hermano.

Miró al menor, aunque más alto de los Elric como si tratara de comprenderlo y sin mas le soltó una bofetada.

–¿Y crees que resolverás algo de esta manera? ¿Llorando como un crió mientras todo sigue ocurriendo? Si de verdad te sientes culpable entonces encárgate de reparar las cosas y después preocúpate por tus sentimientos. Por cada instante que perdemos tratando de hacerte sentir mejor, lo civiles de este lugar están en peligro. Eres un hombre, compórtate como tal.

Un instante de silenció, de sentimiento de perdición en los ojos del muchacho vestido de militar. Hasta que se mostró erguido otra vez y sacó el reloj plateado de su bolsillo.

–Los alquimistas se deben al pueblo –dijo sin mirar a nadie–Eso es lo que mustang me dijo el día que me dio este reloj. Hoy el pueblo nos necesita.

–Vámonos –le animó su hermano.

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–¡Nadie se mueva de su posición! ¡Vamos a proteger este lugar hasta el último hombre! – gritaba Mustang antes de hacer funcionar de nuevo sus guantes. Todos sus soldados estaban en formación alrededor de uno de los edificios del cuartel mientras del exterior se acercaban las armaduras y del interior del edificio principal salieran seres de sombras que recordaban reptiles.

Estaban rodeados y apenas si podían mantener la línea enemiga. Pero no podían retroceder.

Varias armaduras fueron derribadas de pronto, cortadas en pedazos mientras una mujer de largo cabello negro se colocaba entre los militares mostrando aun sus largos y afilados dedos. Solo fue necesario un instante para que Mustang la reconociera y le amenazara con su alquimia.

–¡Espera! –le detenía Edward colocándose en la línea de su ataque.

–¿Edward? –la sorpresa era más grande que su reacción hacía el homúnculo.

–Estamos aquí, queremos ayudar, ella viene conmigo... queremos ayudar.

–Pero ella es...

–¡Queremos ayudar, comandante sarcasmo!

–¡Ahora soy el Fhurer y si de verdad quieres ayudar encuentra por donde están llegando esas cosas y regrésalas de donde vienen!

Una poderosa explosión abriendo camino a la artillería que regresaba al lugar a través de la destrucción de otro de los edificios. Al parecer escoltados por el único capaz de abrir camino destrozándolo todo.

–Ha sido un viaje muy largo desde Lior –decía Armstrong acercándose –¿Y esta es la bienvenida que me tienen recibida? Alphonse, conmigo.

–¿Tengo que hacerlo?

–¡Rápido!

Apurándose a las ordenes que le daban, el muchacho se colocó junto al musculoso militar y al unísono comenzaron. De un movimiento casi elegante ambos se desnudaron el torso para mostrar la musculatura. Aunque junto a aquel soldado cualquiera se vería menos. Y Alphonse, con un gesto de pena en el rostro parecía acompañarlo.

–¡Sientan todo el poder de los alquimistas estatales!

–Armstrong –le ordenó Mustang –lleve a los Elric y traten de limpiar el edificio principal.

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Parecían los seres que vivían dentro de la puerta, pero habían tomado formas ligeramente humanas y ahora abarrotaban los pasillos del complejo. Armstrong se abría paso a puñetazos entre aquellos seres. Alphonse atacaba al igual que su hermano transmutando el suelo el lugar y la mujer les cubría la retaguardia con sus navajas. Posición peligrosa por la situación en que los tenían rodeados.

–Tienes que entender –decía Alphonse sin descuidar la pelea, con movimientos muy similares al de aquel otro que los acompañaba –me pase medio año viviendo en la casa Armstrong antes de que me hicieran el examen de alquimista estatal.

–Y aprendió la grandiosa técnica de transmutación Armstrong que ha pasado de generación en generación. –completó este haciendo gala de su poder.–Aunque nunca aceptó moldear su cuerpo con la perfecta hermosura de una gran musculatura.

–¿Y que demonios hiciste después? Ed arrancó con su brazo metálico una de las protecciones de las ventanas para lanzársela a su hermano, quien sin chocar las palmas la transmutó de un puñetazo convirtiéndola en metralla contra el enemigo.

–Me fui al reino de Shin para estudiar el Rentanjatsu, la alquimia de allá. Y me pasé por el lugar dos años. Tanto que me dieron por perdido en acción y le enviaban a Winry y a la abuela Pinako mi pensión de viudez. El correo de allá hasta acá no es muy bueno, ¿sabes?

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–La puerta se rompió, no puede cerrarse y ahora todo esta saliendo de allá adentro. Es como si hubieran cortado la franja entre las dimensiones.

–¿Y que hacemos?

Edward con esa mirada sería, con esos ojos que lo observaban todo pero al mismo tiempo no miraban a nada. Su hermano quiso decir algo pero la mujer le detuvo al conocer esa mirada, estaba pensando, estaba encontrando la solución.

–La puerta esta abierta, sin necesidad de un sacrificio humano ni una transmutación, solo esta abierta... ¿Qué pasaría si rompiéramos la lógica? Abramos la puerta dentro de la puerta.

–¿Abrirla con qué? Necesitaríamos transmutar a alguien... o a ella.

–A ella no –no pensó Edward en negar la idea.

Armstrong los miró y luego les dijo.

–¿Necesitan transmutar a una persona?

–Solo el alma –interrumpió Solaris –El alma es lo que importa, la mente y el cuerpo solo son espuma sobrante. Los homúnculos no son humanos y aun así pueden abrir la puerta.

–Entonces funcionara una piedra filosofal. Y yo sé en donde encontrar una –sonrió el musculoso soldado mirando muy de cerca de Edward.

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Una fuerte explosión mientras se movían entre los pasillos del lugar, para mostrar a un ser extraño y deforme. Algo que alguna vez pareció un humano.

–Gula –mencionó ella mientras ese ser mirada en todas direcciones como si buscara algo.

–¿Cómo llego hasta acá?

–Si se quedó en al subterráneo –le respondió Alphonse a su hermano, los túneles conectaban hasta la antigua oficina del Fhurer. Solo tenia que hacerse su propio camino. No nos preocupamos por nadie mas después de eso, incluso Dante podría estar por ahí en algún lado.

Era un monstruo ya sin forma humana, por completo diferente a como o recordaban. Inmenso y deforme de grandes brazos y colas que parecían ser mas cabezas hambrientas. Era un monstruo.

–¡Gula! –gritó la mujer mientras el monstruo los embestía. Pero esta lejos de amedrentarse le planto frente con los brazos abiertos como si protegiera a los humanos. Y aquella enorme bestia se detuvo a escasos centímetros. Olfateándola.

–Lu... ¿Lujuria? –dijo con sorpresa en esos pequeños ojos.

–¿Me extrañaste? –le acariciaba la cabeza lentamente mientras este parecía cambiar de una bestia incontrolable a un gigantesco y manso cachorro. –Yo también te extrañaba. Dante te quitó casi toda tu mente pero es bueno ver que aun recuerdas un poco.

–¿Esta de nuestro lado? –preguntaba Armstrong aun con el puño levantado para responder el ataque.

–Creo... que solo esta con ella.

–¿Recuerdas donde esta la oficina de Bradley? –le decía ella –Necesito que me lleves allá. ¿Podrás?

Asintió como un animal mientras ella se sentaba en su cuello para que la llevara.

–Vengan tras de nosotros, él abrirá el camino. ¡Vamos, gula!

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–¿Puedo pedirte un favor, Alphonse? –preguntó la mujer mientras los otros buscaban la supuesta piedra.

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–Es la piedra que use durante la rebelión de Ishbal, tiene un poder destructivo inmenso. La declare perdida en el conflicto y jure nunca usarla. Pero si con esto estamos salvando vidas, are la transmutación.

–Olvídelo mayor, somos los únicos que hemos salido vivos de transmutaciones de este tipo. No... yo lo are –les interrumpía Edward –Si algo pasa y soy lanzado del otro lado de la puerta, entonces sabré que hacer o a donde ir. Creo que es lo más inteligente.

Una navaja negra y delgada le arrebató la joya de la mano el militar para que la misma mujer pudiera atraparla.

–¿Creían que podrían solo así? Gula, abre grande. –y lanzó aquella piedra roja para que el otro homúnculo se la tragara mientras mostraba aquella sonrisa maligna de antes. Ese gesto que parecía una burla y el desprecio juntos. Nuevamente estaban junto a la homúnculo lujuria. –¡Gula, rumbo a la puerta, debemos abrirla eternamente para devorar todas esas almas!

–¡Esa maldita! –reclamaba el alquimista del brazo metálico –¡No puedo creer que...!

–Hay que detenerla –le apuró su hermano para ir hasta allá.

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–¿Qué demonios es esa cosa?

Una especie de perro gigante hecho de almas, de rostros y cuerpos humanos que parecían hervir en un gran sufrimiento. Como una visión del infierno pero que caminaba y atacaba a Gula, quien tampoco se detenía y golpeaba con furia a su vez. Mientras Lujuria le protegía de todos aquellos más pequeños que se le acercaban.

–Una acumulación de almas... –le respondió Alphonse al mayor –no me extrañaría que fuera un antiguo homúnculo encerrado en la puerta. Tal vez lleve ahí muchos años sin poder ir a ninguno de los dos lados.

–Algo entro y algo salió, pero no fue la misma persona.

–Exacto. Hay que destruirlo, y destruir la puerta. Sin la piedra roja solo tenemos dos opciones. Transmutar a cualquiera de esos homúnculos, si no es que a los tres. O destruir la fisura con algo tan fuerte que no quede rastro de que existió.

–¿El estilo Kimbley? ¿Crear una explosión con alquimia?

Al pensó brevemente y miró al militar, quien sangraba levemente de encima de un ojo, lastimado entre toda la acción. Nada serio, con un poco de antiséptico estaría bien.

–Mayor... ¿puede transmutar viento?

–No con estos guantes, pero con él circulo correcto seria fácil.

–¿Qué quieres hacer Al?

El muchacho parecía sentir miedo de lo que estaba recordando.

–Hace muy poco tiempo, estuve con... digo, pude conocer los estudios de los que Mustang sacó su habilidad. El estudio cifrado de la investigación del fuego del maestro de Mustang. Y ahora sé como es su técnica y creo que podría reproducirla aunque no tan bien como él.

–¿Quieres usar fuego?

–Hay una parte de eso estudios que Mustang no descifró. Que habla sobre la materia y la energía. Sobre convertir energía en materia y viceversa. Pero tenía tantas advertencias y amenazas de algo terrible. Una vez lo probé de camino a Shin, a kilómetros de cualquier ser vivo para que nadie pudiera salir lastimado.

–¿Materia en energía? ¿Y que pasó?

–Me decían el hijo del sol en ese país, por que vieron amanecer a la media noche y lo único que encontraron cuando fueron a ver fueron a mí y a los rastros de la explosión. Es imposible controlarlo, una parte muy pequeña de material a transmutar crea una explosión inmensa y poderosa. Solo sobreviví protegiéndome transmutando viento como escudo.

Armstrong interrumpió.

–¿Quieres convertir materia en energía para destruir la fisura?

–Y toda esta parte del cuartel. Algo pequeño, como si detonáramos todas las municiones que se guardaran aquí. Incluso podríamos decir que eso hicimos.

–¡Pero es muy peligroso! –nuevamente el hermano mayor tratando de proteger.

–Sí, pero tengo a dos poderosos alquimistas para cubrirme. Aunque destruyamos a todos los homúnculos en el camino.

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Ambos alquimistas pintaron sus círculos para gobernar al viento mientras Alphonse se concentraba, mientras parecía rezar recitando las formulas necesarias para aquella transmutación. Debía ser algo pequeño, algo tan pequeño como la punta de una aguja y aun así corría el riesgo de extralimitarse y destruir todo el lugar. Civiles incluidos.

Así que saltó para transmutarlo todo desde la parte superior de un puñetazo, al estilo Armstrong, mientras los tres homúnculos seguían peleando en el interior. Caer lo mal alto posible para convertirse en la parte mas alta de la explosión y escapar con el primer impulso.

Pero en lugar de realizar su explosión, cayó sobre Gula y sujetó a la mujer por la espalada de la ropa.

–Este no fue el trato –reclamó ella apurada.

–Ya lo sé –le respondió el joven alquimista lanzándola fuera del lugar con violencia. A donde estaría segura. Después hizo brillar un pequeño punto en el puño y con un golpe comenzó la transmutación.

Un brillo muy poderoso que amenazaba con destruirlo todo de no ser por los alquimistas que transmutaban un gigantesco tornado que lo mantenía en una sola columna de fuego. Un tornado de fuego que detuvo las acciones de todos en la capital durante un instante.

Una columna de luz que se elevó hasta el cielo.

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–¡ERES UN VERDADERO IDIOTA! –gritaba el alquimista de acero a su hermano mientras Armstrong terminaba de arreglarle el hombro, dislocado en la caída –¡Y tu no te quedas tan atrás! –ahora hacía la mujer que parecía ignorarlo con su despectivo gesto de siempre.

–Perdónala, hermano. Era la única manera. Si usábamos la piedra del Mayor para detener la puerta, entonces tendríamos que pelear contra Gula. Lo más conveniente era transmutarlo a él para abrir la puerta dentro de la puerta. Pero como esta no era puerta, creí que tal vez no funcionaria y mejor destruirla de una explosión.

Armstrong pareció entenderlo.

–Y como el monstruo solo la obedecía a ella, esa era la única manera de mantenerlo en el lugar luchando.

–Pero siempre hay alquimistas tontos, en todas partes. –decía ella sin mirarlos, con esa mueca de fastidio. Edward se acercó a ella para tomarla de la mano y jalarla de manera brusca. Obligándola a mirarlo.

–¡No vuelvas a hacer eso! ¡No vuelvas a creer que tu sacrificio es una vía fácil para resolver las cosas! ¡No vuelvas a hacerlo...! No intentes de nuevo dejarme solo... no lo hagas.

La miraba con furia, como si quisiera lastimar a alguien para sacar todo su dolor. Pero en realidad estaba tratando de contener las lagrimas. Pues conocía muy bien la desesperación de perder a un ser querido.

–Lo prometo –le dijo con una sonrisa. –Pero, vamos, que aun nos queda mucho por hacer. Seca esas lagrimas que no quiero que los demás digan que el alquimista de acercó sigue siendo un niño.

Con un gesto serio se limpio los ojos antes de dirigirse a sus compañeros.

–Tenemos que acabar con esas cosas del cielo, Mayor, quédese con los soldados a proteger a los civiles. Nosotros acabaremos con los aviones.

–Tengan suerte, muchachos.

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Una columna de roca levantaba al grupo hasta donde podrían luchar contra las maquinas voladoras. Aunque el camino no era fácil si estas seguían disparándoles. Tan lejos que no tenían nada que lanzar y ni siquiera las garras de Lujuria podían hacer nada.

Hasta que una flama destruyó aquellos cañones.

–Veo que todavía me necesitas acero –decía Mustang desde un globo.

–No te veas tan engreído. –una nueva explosión y el hombre del parche bajo de su globo –Ese parche no te queda.

–Sigan con lo suyo, yo los cubro.

Atravesar el avión con la estaca de piedra para inmovilizarlo y acercarse corriendo para entrar. Dentro debía seguir quien provocaba todas esas explosiones con una alquimia tan rara. Debía detenerla y regresarla por aquella maldita puerta.

Con el alquimista de la flama al frente para protegerlos podría entrar.

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–¿Quieres destruir este mundo? Pensé que querían llevarse las armas de aquí –le decía Edward a aquella mujer, cubierta de los seres de la puerta y con extrañas habilidades alquimicas.

–Este mundo no es mas que algo que debe ser destruido, todos ustedes no son mas que monstruos.

Ed transmutó su brazo mecánico en una navaja para la pela. En alguna parte su hermano y Solaris estaban peleando, pero ahora él tenia que arreglárselas solo. Era hábil y con ese manejo de la alquimia. ¿Con qué demonios estaba haciendo los círculos?

–El cumplimiento de un sueño –decía el muchacho al detenerse un poco la pelea –Todo se trata siempre del cumplimiento de un sueño. ¿Qué tanto vas a sacrificar por lo que quieres.

–Ninguno de ustedes vale nada en comparación con lo que creo.

–¡YA BASTA! –Transmutar las paredes en formas cortantes para atacar, llegar de frente embistiendo con todo el cuerpo. Atraparla contra la consola del lugar y amenazarla con la navaja, amenazarla a la cara con quitarle la vida.

–Todavía eres un niño, todavía crees que puedes resolverlo todo con buenos deseos. Cuanta lastima me das.

Extendió los brazos para atraparlo contra la pared. Era demasiado dura, no podía safarse ni acercar la navaja para cortar. Como crucificado tampoco podía juntar las palmas para una transmutación. Estaba en problemas.

–Y ahora las armaduras van a darte un escarmiento.

Alphonse llegó de pronto rompiendo el vidrio de la cabina, ahora con el uniforme completo y dispuesto para la pelea. Y al más puro estilo Armstrong se lanzó a la pelea para salvar a su hermano.

Le respondieron un par de impactos después de los cuales se detuvo la pelea. El otro alquimista estaba también libre y los hermano podían luchar.

–¿Tuviste tiempo de ir a buscar tu uniforme? –le preguntó Edward.

–No soy como Armstrong, me siento desnudo. –respondió con una sonrisa nerviosa.

–¡Cállense los dos! –mis armaduras acabaran con ustedes.

Abrió la puerta de acceso a la cabina para dejar entrar a aquellos soldados metálicos, armados y numerosos que les harían frente.

–Son muchos –mencionaba el hermano mayor.

–Y viene bien armados... pero ya me encargue de eso.

Y todas aquellas armaduras se giraron hacía la mujer extraña, al parecer para detenerle.

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–Tengo que llevar esto de regresó a su mundo y cerrar la puerta desde allá –decía Edward mientras el avión ya comenzaba a moverse.

–¿Te vas, Full metal? –preguntaba el hombre del parche. Pero el otro no respondió y le hizo un gesto a la mujer. Quien con sus largos y afilado dedos cortó el ala en donde el Fhurer y Alphonse estaban parados. Separando esa parte del resto del avión.

–Creo que con eso podrán volar... Al, destruye la puerta desde este lado, te lo encargo. Yo iré allá a hacer lo mismo.

–Pero... –intentó acercarse pero Mustang lo detuvo. –No tienes que hacerlo, no tienes que dejarnos.

–Todos hemos cometido muchos pecados, pero al menos sé que no voy a estar solo. Que va a haber alguien a mi lado. –Y sujetó a Lujuria de una mano, sonriendo tristemente. –Adiós, Al. Recuerda que aun tienes tus propias piernas.

Sin escuchar los gritos de su hermano volvió a entrar al aparato acompañado de la mujer. Para poner los cohetes a funcionar y alejarse de la pareja. Era el momento de terminar las cosas.

Pero ahí estaba ella, junto a él.

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–¿Estas usando tu técnica de almas de nuevo? –le decía Ed a una armadura tirada en el lugar.

–No realmente –respondió su hermano saliendo de aquélla protección metálica con esfuerzo –Salte a tiempo, pero le pedí a Roy se hiciera cargo de destruir la puerta desde aquel lado.

–Es bueno para eso... y viniste par que estuviéramos juntos.

–A decir verdad lo que no quería era quedarme solo con Mustang, desde lo que pasó con Riza y la forma en que él lo tomó... pues me tiene un poco de odio.

–¿Qué ocurrió?

–¿Crees que me fui hasta el país mas alejado del mudo solo para estudiar alquimia? No señor, yo estaba huyendo del despechado más poderoso de Amentris. Pero te lo contare después. ¿Cómo vamos a destruir eso? Aquí no funciona la alquimia.

Edward miró a su alrededor pensando un poco,

–Pues ahí queda un avión, si lo apuntamos ligeramente mal...

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Un funeral en donde se le rendía tributo a Heydrich con el baile de las gitanas como ceremonia. Edward se sentía triste de perder a aquel compañero, a aquel amigo.

Cerca de ahí, ocultó entre los árboles, el otro Alphonse parecía esperar. No podía solo aparecerse ahí siendo tan idéntico.

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–¿Guiones de cine? –preguntaba Alphonse sentado en el suelo del pequeño camión. Usaba las ropas de Heydrich y leía una papeles.

–Sí, me encontré un director de cine que cree que existe una tontería de mundos paralelos y me pidió que le contara como era el mío. Dice que las grabaciones están a punto de empezar.

–¿Una película de alquimistas? –preguntó Solaris quien también los acompañaba.

–Sí, el Iron Alchemist estará lista muy pronto. Ya se lo envié, cuenta de cómo un par de muchachos tratan de revivir a su madre y las aventuras en las que se meten cuando sale mal.

–¿Crees que esta bien? –nuevamente su hermano.

–Mas a menos, aunque no siento que sea algo incorrecto. Pero al menos nos dará el presupuesto para buscar esa bomba de uranio. Este es ahora nuestro mundo, y ni este mundo ni ninguno necesita cosas como esa.

–Pues parece que nuevamente vamos a tener muchas aventuras.

–Y ahí a donde vayamos –les interrumpió Solaris mostrando una rosa en una maceta que parecía cuidar –ese será nuestro lugar. Ese será nuestro hogar.

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Cielos, me quede dormido, ya casi es de noche. Aunque con tantos sueños siento que he dormido años enteros. De esos tiempos en que nos lo pasamos en aquel mundo sin intentar siquiera regresar.

Aunque lo logramos, logramos volver con Winry y los demás... y entonces vinieron muchas cosas más.