CAPITULO 4 La reunión prometida.
Todos esos locos días buscando por toda Europa algo que nadie sabía identificar. Una bomba capaz de destruir una ciudad entera, capaz de matar a millones al mismo tiempo. Nadie podía creerlo, no era algo de este mundo. ¿Cómo se suponía que íbamos a encontrar algo así?
Pero lo hicimos, tuvimos que llegar hasta Rusia en donde equipos americanos realizaban pruebas de armamento. Debido a las relaciones que teníamos nos abrieron muchas puertas y nos llevaron hasta aquel que dirigía la operación. Se alegraron de que llegaran los demás investigadores de Alemania para que nos mostraran como funcionaba la bomba. Una prueba subterránea que volvería fácilmente explotable una de las más grandes minas de carbón de Siberia.
Nos llevaron hasta la bomba, nos dejaron tocarla y comprobar que era eso... y después cerraron la puerta con nosotros dentro y se fueron tan lejos que no les afectara la explosión.
Era genial, teníamos la bomba entre las manos, sabíamos donde estaba y que era lo que la hacía detonar... y junto nos iba a detonar en un cuarto con paredes de acero de varios centímetros.
Y recordando aquel día en que Solaris fue herida, me di cuenta de cual era el ingrediente que faltaba. Sangre.
La sangre podía canalizar la energía propia del alquimista, sangre en el circulo, como cuando estaba yo herido o de la cortada al tratar de entrar a rescatar a Hoemheim.
Sangre para transmutar lo que fuera.
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–¿Y de que sirve quedarnos? –preguntaba solaris –Ya saben como fabricarlas, ya conocen todas la teorías, esto solo es una prueba para ver si de verdad son tan poderosas. La bomba ya pertenece a este mundo.
Con la puerta transmutada para dejarlos salir los hermanos se detuvieron. Tenia razón, si la cruzada era para tratar de encontrar la bomba, ya la tenían. Y esta estaba apunto de ser destruida sin lastimar a nadie.
Pero aquellos ya lo sabían y sobre ellos otros tantos que conocían las teorías y con eso sabían que era posible. ¿Qué otra cosa podrían hacer?
–¿Y que hacemos entonces?
–¿Qué nos queda aquí? –volvió a decir ella –Si salimos abra muertos, de cualquiera de los dos lados. Si detenemos la explosión vendrán a investigar y nos buscaran hasta el fin del mundo. Dimos nuestros nombres y rostros creyendo que servirían en verdad. De todos modos, en algún lado van a fabricar mas, este mundo a elegido su propio destino.
–¿E ir a donde?
–Tal vez no quieras entenderlo, pero hay alguien que te espera. Hay personas que les esperan a los dos. Ya cumplieron con la promesa que le hicieron a este mundo, ya saben que hay una manera de regresar... ¿Qué les detiene?
Los hermanos se miraron levemente, solo un momento de duda entes de que Ed dijera.
–No hay forma de abrir la puerta.
–Aquí estoy yo.
–No puedo sacrificar solo para desear regresar. No es correcto.
Ella suspiró como si comenzara a perderles la paciencia.
–¿No eran buenos alquimistas? ¿No sabían perfectamente como hacer transmutaciones imposibles? Mi piedra filosofal esta hecha de muchas almas, solo transmuta una de ellas. Solo encuentra y separa de energía de una sola. Aquí esta el círculo
Terminó ella descubriéndose ligeramente el pecho mostrando su tatuaje, una serpiente que comía su propia cola. El símbolo que la identificaba como un homúnculo.
–No tenemos mucho tiempo –le apuró su hermano viendo como el contador del detonador se acercaba peligrosamente a cero.
Sin chocar las palmas Edward le colocó las manos sobre los hombros.
–Al, sujétate de nosotros, voy a intentarlo. Estoy seguro de que puedo.
–¿Ella va a estar bien?
–No te preocupes, todos vamos a estar bien.
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Nunca me gustó la idea de transmutar a una persona, ni de utilizar la energía de una vida o un alma para sacar algún provecho. Pero en esa ocasión tuve que hacerlo, tuve que aceptar transmutar algo que alguna vez fue una persona. Separarla del mar de energía y confusión que era tu piedra filosofal y usarla para abrir la puerta.
Transmutar un alma en un alma, energía en energía. Algo tan simple como convertir madera en madera o agua en agua. Eso era lo que abría la puerta.
Y de pronto ya estábamos de vuelta en nuestro mundo. Cerca de central, cerca de donde estaban todas las personas a las que queríamos.
Comunicarse con Winry y la abuela, llamar a las personas que conocíamos para decirles que ya estábamos de regreso. Y apenas pensábamos a donde ir. Autos de la milicia, con sellos de la oficina del Fhurer, llegaron por nosotros para ir a verlo.
No quisiste entrar con nosotros, preferiste esperarnos fuera del edificio.
Fue una larga charla con Mustang, quien parecía contento de que ya estuviéramos ahí. Casi no lo demostró, pero no pudo quitarse esa estúpida sonrisa del rostro en todo el rato ahí.
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–¿Y que van a hacer? –preguntó el Fhurer mirándolos. No estaban frente a su escritorio, sin no en los sillones de la oficina como en los viejos tiempos.
–Pues yo –respondió Alphonse levantándose y sacando el reloj de plata del bolsillo. Lo conservó todo aquel tiempo siempre guardándolo bien –Creo que ya no necesito esto. Solo quería encontrar a mi hermano y ahora esta conmigo. Supongo que puedo regresar a casa y vivir como un alquimista normal. Allá se dan bien los tomates y la lana. No sería difícil conseguir un par de ovejas.
Terminó poniendo el reloj en la pequeña mesa entre ellos. Mustang no lo recogió, solo lo miró un poco con un ligero gesto de desagrado.
–¿Y tu, full metal?
–Creo... yo creo que voy a tomar esto –y recogió el reloj ante la sorpresa de su compañero.
–¡Hermano!
–Quiero hacer carrera en el ejército –dijo mirando fijamente al Fhurer –quiero estar por aquí y tener un rango.
–¿Qué planeas, Elric?
–Quiero que cuando el puesto de Fhurer vuelva a estar vacante, pueda levantar la mano para pedirlo. Quiero ser uno de esos peces gordos que solo están esperando a que te mueras o te maten.
Una risa sincera de parte del hombre, como aquellos tiempos en que el alquimista de acero echaba las cosas a perder y podía burlarse hasta hartarse. Pero no era una burla, parecía mas bien feliz.
–¿Tienes ambición, acero? ¿Tienes grandes planes para este mundo cuando apenas regresas?
–Quiero cuidar que hagas bien tu trabajo. Que no repitas la historia que terminó cuando derrotamos a Bradley. Eres muy poderoso y estoy seguro de que una simple bala no te va a detener. Así que el día en que sea necesario castigar al señor Mustang por hacer mal su trabajo, voy a ser yo el que se ocupe de vaciar esa silla.
Esa sonrisa casi maligna en el rostro de Ed. Casi como si amenazara poniendo la mano metálica sobre la mesa, mostrándola.
–Me gusta esa forma de pensar, quieres que te dé la espalda para que la cuides, pero también para ser el único que pueda atacarme por ahí. Y ni siquiera de guardas en ocultarlo.
–Ni todo tu ejercito sería suficiente para detenerme en ese momento y tú lo sabes, Mustang.
Una nueva risa, terminada con una mirada divertida de su único ojo.
–Esta bien, alquimista Edward Elric... mas bien, Mayor Elric. Mandare los arreglos necesarios para que se haga y se le entregara un área para su nueva misión. Tendrás carrera en el ejército. Y si quieres un consejo, rodéate de personas que te apoyen y compartan tus sueños, de gente que este dispuesta a entregar el alma por ti como mis subordinados lo hicieron conmigo. Y necesitas al menos a una persona que te apoye incondicionalmente desde abajo. Consigue todo eso antes de intentar una escalada imposible. No voy a favorecerte con nada serás igual a cualquier otro soldado dentro del ejercito, gánate por tu mismo tus ascensos.
–Mientras pueda caminar, "su excelencia" Roy Mustang, voy a seguir avanzando.
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Aun no entiendo bien lo que pasó al salir de ahí. Tal vez yo ya estaba acostumbrado considerarte una persona normal, a olvidar tu pasado. Que me sorprendí cuando.
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–No te muevas –amenazó la rubia apuntando directamente a la cabeza de solaris a poca distancia. –No sé que estés haciendo aquí, pero no voy a dejar que te acerques a la oficina del Fhurer.
–No estoy aquí para lastimar a nadie. Seguro ya sabes que los Elric regresaron y los estoy esperando.
–¿Y si no te creyera? ¿Crees que no recuerdo todo lo que hiciste antes? ¿Todas las maldades que hicieron los homúnculos con las personas de este país?
–Riza Eyehawk, no te estoy pidiendo perdón ni espero nada de ti. Si quieres disparar inténtalo. Tu sabes que eso no me matara pero yo a ti sí. No quiero lastimarte, pero no me voy a quedar sentada mientras me atacas.
Riza lo pensó ligeramente sin bajar el arma. A pesar del tiempo para ella seguían muy presentes aquellos tiempos en que esos homúnculos eran el enemigo. Aquellos tiempos en que mataron a tantas personas.
Les había ayuda en aquella invasión de antes de las armaduras y los aviones. Pero no sabía cuales podrían ser sus planes ahora, que querría.
Un sonido parecido a una palmada.
–Déjala –decía Edward con los dedos de su automail alargados como navajas y apuntándole a Riza a la cara.
–Edward.
–¡Déjala ahora si no quieres tener que vértelas con la furia de un alquimista estatal!
–Ella es un homúnculo, ella es un enemigo.
–¡Ella es mi prometida! Y si no bajas el arma ahora mismo te quedas sin ojos.
Después de dudarlo un poco, la mujer aceptó la orden alejándose levemente. Mientras Edward regresaba su guante a la normalidad y se acercaba a Solaris.
–¿Estas bien?
–No era necesario que hicieras eso –decía ella sin mirarlo.
–Sí lo era.
–Ni que dijeras esa mentira.
–Eso no era una mentira y tal vez suene un poco tonto. Pero tenia miedo de que al salir de aquí ya no te encontrara. Voy a comenzar una vida aquí, y quiero que te quedes conmigo para hacer esa vida.
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Me sonreíste una vez mas en ese momento, como un pacto sin palabras entre nosotros. De no ser por que Winry ya se dirigía a central, hubiésemos salido de inmediato para allá. Pero en lugar de eso nos concentramos en buscar un lugar para vivir.
El estado nos proporcionó una casa en la misma ciudad. Un lugar muy parecido a la casa de Huges también con espacio suficiente para una buena cantidad de personas. Un buen lugar para comenzar una buena vida.
Y mientras conseguíamos todo lo necesario fue una muy larga charla con Al sobre lo que estaba pensando hacer.
Me sentía muy mal por todas las cosas que le habían pasado a este mundo por causa de nuestras búsquedas egoístas. Por lo que sentía que esa era la única manera de hacerlo bien. Ya no buscaba la piedra ni recuperar nada. Solo quería ser útil en algún lugar. Junto a una persona en especifico.
Winry y la abuela llegaron poco después, Al fue a recibirlas a la estación, mientras yo y Solaris hicimos lo necesario para que el lugar se viera decente para la visita.
Y fue un momento lleno de abrazos y felicidad. De estar de nuevo junto a las personas a las que queríamos y saber que no nos iríamos a ninguna parte sin saber si volveríamos.
La aventura había terminado y Winry cocinó un pay de manzana para celebrarlo.
Aceptaron de buena manera mis planes de mantenerme en el ejército y prometí enviarle a Al dinero suficiente para reconstruir la casa Elric. Para tener un lugar a donde volver.
Cerca del anochecer, Winry me separó de los demás para hablar, donde el resto de la gente no pudiera escucharnos y decirme algo que me presentí pero que no creía que fuera verdad.
Me dijo que me amaba.
Y en toda mi vida nunca me había preocupado por eso, pues siendo apenas un niño me puse una meta imposible que recién acababa de terminar. Y hasta entonces me daba cuenta de lo que Winry sentía... y de lo que ya no sentía yo.
Ella lloró y reclamó. Me exigió una respuesta que yo tenia miedo de dar.
Por que para mí, la presencia de Solaris en mi vida era ya algo normal. Algo que sentía parte de mi vida. Pero de verdad, si amaba a una persona era a ella.
Pero ni siquiera se lo había preguntado. Lo que ella sentía, si estaba dispuesta a quedarse conmigo, si quería que la llevará de regreso a aquel lado de la puerta... si sentía de verdad algo por mí o era solo agradecimiento o compañía lo que sentía por mí.
"No sé si ella me ama de verdad. Lo único que sé es que yo la amo a ella y quiero estar a su lado" –le dije a Winry esa madrugada –"Y si me hubieras dicho esto tiempo antes, la respuesta seguro hubiera sido diferente. Pero yo estaba resignado, seguro de que nunca volvería a este lugar. Lo siento, Winry. Te apreció mucho y nunca quise hacerte daño, pero ya no puedo controlar lo que siento."
Creo que nadie durmió esa noche pensando en lo que había pasado. Todos pensando en lo que acabábamos de decir. Estoy seguro de que Winry fue a llorar junto a la abuela Pinako mientras yo solo me quede en el exterior de la casa. Sin atreverme a entrar para no encontrarme con nadie.
Tal vez, solo tal vez.
A la mañana siguiente Winry, con una sonrisa igual a la de siempre se despidió de nosotros para regresar a Reizembul para seguir con el negocio. Todos creíamos que la visita duraría varios días, pero después de la platica de esa madrugada, tal vez ella sentía el deseo de irse.
Al no se alegró en lo mas mínimo.
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–¿Por qué le hiciste eso a Winry? –preguntaba Alphonse furioso sujetando a su hermano contra la pared. Quien no lo miraba cual si se arrepintiera.
–Yo no quería lastimarla.
–Pero ella es... ella es...
–Como una hermana, y cuando éramos niños, yo guardaba la ilusión de casarme con ella. Y hacerla feliz como papá lo hizo con mamá hasta que se fue.
–¿Entonces?
Sujetó las manos de su hermano para obligarlo a soltarlo. Aun evitando la mirada y acorralado contra el muro.
–Las cosas han cambiado tanto... y Solaris y yo... Las cosas cambian, los sentimientos cambian. Todo debe seguir.
–Pero Winry es... –parecía incluso desesperado –Ella es...
–Es amable y linda –lo veía con una sonrisa triste. –Es bella también y su sonrisa parece iluminar el día más oscuro. Y en aquellos tiempos en que nuestra búsqueda parecía imposible, el solo hecho de pensar en ella, en que ella nos sonriera por haberlo logrado, era suficiente para sacudir todas las dudas y seguir luchando. Por Winry.
–Y ella...
–Ella se enamoró de un tonto alquimista que ha cometido muchos errores. Que ha hecho muchas cosas y que ahora busca un futuro entre los militares. Alguien que ama a una persona que nadie puede creer ni entender. Ella se merece a alguien mejor.
–No entiendo.
–A alguien como tu, el más noble de los Elric. El mejor de los alquimistas. Y no me digas que no sientes nada por que te he mirado y escuche como nos espiabas anoche, como querías creer que era verdad lo que me decía. Y tu siempre lo supiste pero nunca me dijiste nada.
–No.
–Ve, rápido. Vete con ellas hasta casa y comienza de nuevo allá. No le digas nada todavía, no es necesario. Solo consuélala y mantente cerca de ella. Cuídalas a las dos.
–¿Y que hay de nosotros?
Una sonrisa de las de siempre.
–Ahora estamos juntos, no importa si nos separan unas cuantas horas en tren. Vete, yo tengo una vida aquí, y tu tendrás la tuya allá.
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Que difícil es hacer que Al se anime a hacer algo. Siempre tratando de pensar en las consecuencias y en lo que pasaría si algo salía mal. Para eso tenia a su hermano, el que tomaba los riesgos tontos, el que a veces no le importaban las consecuencias.
Pero esa vez no dudó mas y se dio prisa para tratar de alcanzarlas, para ir con ellas hasta nuestro pueblo natal. A formarse una vida por allá.
Y así los hermanos nos separamos para buscar cada uno su propio destino.
Pocos días después se lo dije a Solaris, si ella estaba dispuesta a quedarse conmigo, a ser mi pareja y a compartir mi vida.
No me respondió, solo dijo: "que tonto eres" y esa noche yo esperaba que se fuera. Pero en lugar de eso me saludó en la mañana con una sonrisa, el desayuno preparado y el uniforme de soldado listo para ir al cuartel.
No me respondió con palabras, solo se quedó a mi lado. Y aunque me hubiera gustado hacer bien las cosas, con ceremonia y petición y fiesta, ella nunca lo quiso. Solo me sonreía cada vez que trataba de hablar al respecto, solo me ignoraba como si no quisiera que cambiara nada.
Schieska fue la primera que reclute dentro de mi grupo, con su habilidad para la información y el manejo de oficina me sería muy útil. También la teniente Maria Ross a quien yo miraba como una versión de Riza. Una mujer dura y capaz de disparar de ser necesario. Entre las dos, cumplirían el papel que Eyehawk tenia con el Fhurer. Ellas serían mi bastión para nuestra pelea.
El sargento Brosh sería un buen elemento, aunque algo distinto y sería imposible separarle de la teniente Ross. Varios hombres de distingos rangos que harían bien el trabajo se unieron también. Inclusive un joven soldado, recién egresado de la academia, quien parecía tener cierto amor por la Alquimia. Un buen grupo para lograr grandes cosas.
Se nos envió al cuartel del oeste, una tranquila área rural en la cual comenzar igual que como lo hizo Mustang hacía tanto tiempo. No me sentía menos ni desperdiciado. Sabía que este lugar era una gran oportunidad para iniciar nuestro camino. Yo y mis hombres teníamos un largo trecho por delante.
Y Solaris me acompañó y le encantó aquel lugar. Un enorme jardín lleno de flores y plantas de aromas encantadores. Era lo que mas distinguia mi casa. Aquel pueblo era un lugar en donde nadie la conocía ni la juzgaban. Donde solo era la esposa de aquel militar que recién había llegado al lugar para encargarse del orden publico. Y aunque no todo era fácil, hacíamos nuestro mejor esfuerzo.
Aunque los problemas venían con la teniente Maria Ross.
Ella apreciaba mucho a Huges, inclusive la acusaron de ser quien lo asesinó aunque después la dejaron libre. Ella tuvo odio hacía los homúnculos desde ese momento y no le hacía gracia que yo viviera con uno de ellos. Nunca fue a casa y se despedía del grupo antes de que ella llegara. Nunca hizo ni dijo nada, pero todos podíamos ver ese sentimiento hacía Solaris.
No intente convencerla de nada, hubiese sido esfuerzo desperdiciado.
Parecía que tendríamos una vida normal, hasta que llegó esa nota desde la oficina de Breda en central.
Ataques de cosas que parecían quimeras, destrucción de vías de caminos, destrucción de propiedades. En un área entre mi cuartel y el más próximo que se prestaba a confusiones de limitación... Pero lo más importante era una marca aparecida en el último avistamiento de quimeras.
El símbolo de la cruz y la serpiente, heredado de Dante a Izumy Curtis y de ella a los hermanos Elric como sus aprendices.
Alguien estaba llamando específicamente a los Elric.
O tal vez era dante anunciando su regreso. Junto a mis hombres y llamando a mi hermano para que se nos uniera lo antes posible, iríamos a investigarlo.
Te empeñaste en acompañarnos, en hacerle frente también como alguna vez le seguiste. Y con la típica frase: "si te dejó solo terminaras matándote tu solo" te sumaste al equipo que fuimos a investigar.
Al llegar al sitió donde estaba el símbolo, un animal, al parecer perro pastor se acercó a nosotros y tenia una carta en el collar. Una carta solo dirigida a Elric.
"Sigue al animal" –era todo el mensaje y nos condujo, con todo el miedo y precaución del mundo, hasta una abandonada casucha en la parte más exterior del pueblo. Un lugar en donde encontramos a Tucker, el alquimista hilador de vida. Tan poco humano como lo vimos antes, pero seriamente enfermo. Se moría.
A pesar de su condición, al verte fue capaz de levantarse y tratar de huir. Si ella estaba rodeada de militares eso solo podía considerar una cosa para ti. Me costó mucho trabajo calmarlo, explicarle la situación que algunos de mis hombres no tenían idea.
Hasta que aceptó hablar con nosotros.
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–Que bueno verte de nuevo, Edward. –decía aquel hombre mitad humano, mitad quimera con la misma voz moribunda de antes. –Aunque creía más posible que llegara tu hermano, el famoso alquimista militar.
–Alphonse no esta aquí. Y si querías atraer nuestra atención no era necesario atacar personas con tus quimeras.
–Te equivocas, te equivocas, muchacho. Ya no son mías, nunca lo fueron ni tenían por que obedecerme. No las hice para eso. Tenían otro trabajo mucho más importante. Y me las han quitado y obligado a hacer esas cosas terribles. Tienes que ayudarme.
–¿Por qué me llamaste Tucker?
–Yo llamaba a tu hermano, por que estaba seguro de que era el único, en toda ese ejercito que me daría dos minutos para explicarme antes de disparar. Aunque me sorprende ver que ya eres también un militar, con lo que tanto decías odiar el ejército.
Un poco molesto por el comentario, Edward miró el lugar, un destrozado y abandonado sótano en donde solo un indigente podría vivir. O un ser incapaz de hacerse pasar por humano en ningún lado.
–¿Quieres que te ayudemos? No te ves muy sano.
–Tu conoces mis pecados Edward, y sabes que esto es la consecuencia de todas las tonterías que cometí, ambos sabemos muy bien que esa ayuda ya no me sirve de nada. Pero hay dos cosas que debes hacer... debes destruir a esas quimeras que han salido de mi control, protege a la gente de este lugar. Y mucho más importante... salva a Nina.
Los ojos del rubio alquimista se llenaron de odió para mirar de muy cerca al, monstruo. Rodeado de todo su grupo que no se atrevió a detenerlo.
–¡¿No te detuviste?! ¡Seguiste como un tonto por un camino perdido!
–¿No te lo dijo tu hermano? Gracias a la piedra filosofal fue posible crear el cuerpo humano perfecto, solo le hacía falta el alma. La cual introduje en ella poco a poco de mis recuerdos. Es tan perfecta que incluso a crecido con el tiempo y es una niña preciosa.
–¿La tenias contigo, monstruo?
–Ellos se la llevaron, y se llevaron también las quimeras que hice para que la protegieran y la obedecieran en todo. Las están obligando a atacar a la gente para extorsionarlas. Debes salvarla Edward.
–¿Y después qué?
–A mí ya no me queda mucho tiempo. Tal vez ni siquiera pueda volverla a ver. Y ella es una niña normal, es humana como cualquier otra. Protégela y no la dejes en manos de aquellos con quienes trabajas. Es tan perfecta que sería un gran material de estudió. Destruye todas mis cosas cuando yo muera, ya conoces el horror que son capaces de crear.
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Tucker sabia donde estaban, quise dejar alguien a cuidarlo pero él me exigió que llevara a toda mi gente. Eran muchos, muy fueres y si no lo hacíamos bien, podrían matar a Nina.
Era una casa al otro extremo del pueblo, no parecía irles mal y no se veían rastros de ninguna quimera. Solo algunas ovejas en el lugar. Tal vez sería fácil entrar, someter a todos, y sacar a Nina.
Cada vez que pensaba en eso me regresaba a la mente aquella quimera perro en que él la convirtió tanto tiempo atrás. Me daban ganas de gritar al volver a tener en los oídos la manera en que ella me llamaba hermano mayor.
Me estaba poniendo mal.
Pero me calmaste, unas cuantas palabras antes de que entráramos al lugar.
Maria te enfrentó de pronto, sujetando el arma con ambas manos a pesar de mantenerla baja, como si quisiera usarla. Y la pregunta fue simple. ¿Quién había matado a esa niña?
Tal vez sentía que habías sido tu. Pero el saber que fue Scar le hizo reaccionar para seguir con el trabajo.
Y era una trampa.
Al ver el símbolo de Tucker pensaron que llamaba a alguien y estaba preparados. Sobre todo por ese estúpido alquimista mediocre que tenían en el grupo y que de repente puso la vida de todos mis hombres en apuros. Un solo movimiento de mi parte sería suficiente para que nos quitara la vida a todos con aquellos artilugios mecánicos y alquímicos.
Conocía mi fama de tranmustar sin circulo y por eso era caso aparte, ni siquiera se molestaba en amenazarme. Nos detenían desde cuatro direcciones entre armas y alquimia para matar a los demás. Pero el plan era mejor, para usar a las quimeras que obedecían a la niña en todo.
Y ahí estaba ella, de poco mas de diez años, con miedo en sus ojos y el mismo cabello largo y castaño de antes.
Había crecido desde aquella ocasión en que Al era la piedra. La tenían encadenada de un pie y estaba aterrada.
Pero me miro de pronto y me dijo: "Oni-san"
Y no pude soportarlo.
No tuve que cruzar las palmas para la alquimia como lo hacía Hoemheim. Solo ocurrió de pronto moviéndolo todo. Haciendo que las paredes y el suelo del lugar cobraran vida para liberarnos. Las quimeras atacaron como les habían dado antes la orden y el grupo se encargó bien mientras me encargaba del resto de los soldados.
Pero no contaba con el alquimista que podía controlar levemente fuego y no dudó en atacar a la niña.
Pensé que la había perdido. Que por un momento le había fallado nuevamente. Hasta que interpusiste el cuerpo a aquel ataque de fuego que te envolvió y te hizo gritar.
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–¡Solaris!
Las llamas se apagaron, mientras ella se sanaba pero sin moverse del lugar. Sin estar dispuesta a quitarse para defender a la niña.
–¿Otra quimera? Interesante –dijo el hombre repitiendo el ataque que arrancó nuevos alaridos de dolor de la mujer Pero en ningún momento pensó en moverse de aquel lugar. Nada le impediría defender a esa niña.
Un soldado enorme con un automail en forma de hacha atacó a Edward envolviéndolo en batalla. Sin dejarse acercase a ayudar. Tampoco nadie podía hacerlo.
–¡No vas a tocarla! –rugió la mujer atacando desde su posición sin poder completar debido a un nuevo golpe. Estaba sufriendo mucho, estaban matándola en cada ocasión, pero usando solo la fuerza de voluntad se mantenía en aquel lugar sin moverse. Protegiendo a la niña a pesar de los alaridos de dolor que de ella salían.
Hasta que por la puerta trasera, entro la teniente Rose con una brazo inútil y ensangrentado. Pero disparando todo lo que le quedaba en el arma a ese raro alquimista. Quien no se esperaba un ataque de esa clase y cayó muerto al suelo. Dejando por fin a la niña a salvó y a la mujer que le protegía. A quien sin importarle nada rompió con sus navajas la cadena y tomó a la niña para sacarla de ahí.
El resto terminó la batalla sin saber a donde dirigirse o a donde la habría llevado. Dirigiéndose después a la casa de Tucker esperando encontrarla ahí.
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La pequeña alcanzó despedirse de aquel al que llamaba su padre. Un cuadro desgarrador viéndola llorar llamándolo una y otra vez.
Tan conmovedor que me costó mucho trabajo recordar que alguna vez fue solo una muñeca en forma de ser humano. Solo una creación de la piedra filosofal sin mente ni alma.
Pero ahora parecía una persona normal, lloraba, sentía miedo, tenia emociones.
Y me recordaba... por dios que me recordaba. No quería pensar en todo el trabajo que Tucker debió tomarse creando aquella alma artificial, aquellos recuerdos implantados y las emociones creadas para que fuera lo mas parecida posible a esa Nina que convirtió en una quimera.
Por ordenes de Tucker quemamos el cuerpo y dejamos las cenizas en el río. Todo esto mientras la niña no dejaba de llorar y tú le acompañabas. Mientras con mis hombres inventábamos la mejor historia posible para ponernos de acuerdo en los reportes. Mientras pensaba en la ultima promesa de Tucker. Donde me pidió que la protegiera y la cuidara.
Protegerla, ¿Cómo? Cuidarla ¿De quien? No dejarla en manos de aquellos con los que trabajo.
Roy era el Fhurer pero el lugar debería seguir lleno de la gente de antes. No podía soltarles a Nina. Tampoco a Mustang quien alguna vez también investigó la transmutación humana. Solo había un lugar en donde esa niña estaría segura.
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–Que venga con nosotros –mas que una petición era una orden por parte de Solaris –Podemos cuidarla.
–¿Segura? –preguntó Edward al parecer un poco escéptico.
–¿Qué el Fhurer no es tu amigo? Nada le costaría decir que esta bien. Tienes un rango y eres alquimista estatal. Mueve los hilos de los que siempre estas presumiendo.
–¡Yo nunca presumo de mis influencias!
–Pues si esa niña no viene con nosotros yo me iré con ella para cuidarla... –una mirada muy sería, lo que Ed conocía como los ojos de ataque. Pero en lugar de sentirse agredido comenzó a reír.
–Tal vez no me creas, pero justo venia a sugerirte eso. "¿Qué te parecería si la llevamos con nosotros? Estoy seguro de que podemos hacernos cargo y con nosotros ella estará segura. Podría llamar a la oficina de Mustang y decirle que mueva un par de cosas para que todo sea legal y no levante sospechas de nadie." Me pasé media hora pensando en este monologo para que al llegar me ordenes que lo haga sin siquiera preguntártelo. Es divertido.
–¿Lo aras?
–Me encargare, pero ahora tengo que regresar al cuartel. La teniente Ross estaba herida y estaban atendiéndola. El doctor dijo que estaría bien pero todos estábamos preocupados. Llamare desde allá a central para encargarme.
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Es casi imposible que te comuniquen con el Fhurer así que pedí comunicación con el capitán Breda. Quien me dio comunicación con Riza a quien termine explicándole la situación. Máxima discreción y mejor si se le encargaba a alguien de muy bajo rango con la autorización más baja posible. Sería sospechoso si la firma del Fhurer se encontraba en algo tan simple como truquear un certificado de adopción.
Pero ella se encargaría, lo haría perfectamente como siempre.
Por que esa era la razón para ser lo más importante del puesto del Fhurer.
Algunos dias después la teniente Ross llegó de pronto a la casa, con su uniforme de gala completo y el brazo en cabestrillo. Exigió hablar con mi esposa con un gesto tan serio en la mirada que no me atrevía contestarle nada. Pero tampoco me atreví a dejarlas solas. Sacó el arma de la funda en la cintura para dejarla en la mesa de la sala, entre ambas, y mirándose a los ojos, de pie como si quisieran enfrentarse, ella dijo.
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–¿Quieres hacerte cargo de la niña? –había tanto odió en las palabras de aquella mujer militar.
–Voy a cuidarla –le respondió Solaris.
–¿Y que te hacer creer que serás capaz? ¿Alguien que a causado tanto sufrimiento podría cuidar a alguien mas? ¿Crees que con solo desearlo ya tienes todo lo que se necesita para ser la madre que esa niña necesita?
Solaris bajó la mirada. Y tardó mucho en responder.
–No sé si tengo lo necesario, tal vez no sea ni un torpe remedo de madre. Pero mientras ella este a mi lado, mientras tenga la oportunidad, lo voy a intentar con todas mis fuerzas. No importa el trabajo ni el esfuerzo que me cueste quiero ser una buena madre para esa niña. Por que tal vez solo yo la pueda entender realmente, por lo que ella es... por lo que nosotras somos.
Mas Furiosa aun, la teniente levantó el arma sin apuntar, solo sujetándola muy fuerte.
–¡Si esa niña vuelve a llorar!
–Yo voy a...
–¡Si ella vuelve a llorar! –le interrumpió la teniente con aun mas furia –¡Si ella llega a sentirse sola, si algún día se siente miserable si algún día tiene deseo de dejar de existir...! Si... Si tu no cuidas bien a esa niña, la haces sentirse amada y completa, le entregas la disciplina que necesita... cuidas sus sueños y sus noches... ¡Si no eres una perfecta madre! : –por fin apuntándole –¡VOY A REGRESAR Y A DESTRUIRTE SIN IMPORTAR CUANTO ME CUESTE! Así que más te vale hacerlo bien.
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Sin decir mas la teniente salió de la casa sin mirarme siquiera. Yo no lo entendí en ese momento, pero tu me lo explicaste.
Ella no te perdonaba, pero tenias su bendición para hacerte cargo de Nina y cuidarla bien. Solo que algunas personas tenían dificultad para decir esto de otra manera.
Esa fue la primera ve que te vi llorar. Alguien confiaba en ti la vida de esa pequeña. Y eso te hacía tan feliz.
Tucker le dijo a Nina, antes de morir, que Solaris y yo nos haríamos cargo de cuidarla. Por lo que aceptó de buen manera que la lleváramos con nosotros y la instaláramos en nuestra casa. Solaris me tuvo todo el fin de semana transmutando lo que ella consideraba necesario para la niña. Aunque no siempre acertaba a la primera vez. Que si el color no era el correcto, que si estaba demasiado grande, que si estaba yo mal o a que niña le gustaría un caballo de madera con dientes y un gran cuerno afilado.
¿Qué tiene le mundo contra mi estilo de arte?
Con los vecinos dijimos que era la hija de un pariente lejano que acababa de morir y que la adaptamos por eso. Le encontramos un lugar en la escuela, pues aunque vivía con Tucker este siempre se preocupó por educarla. Incluso era una una niña, muy lista.
Pero no dejaba de estar triste, de mostrarse triste en todo momento y llorar a ratos extrañando a su padre. Y con solo mirarte me daba cuenta de que a ti también se me rompía el corazón
Pero fue ella la luz más grande de nuestra vida, con el tiempo aprendió a sonreírnos. Y recuerdo como te emocionaste la primera vez que te llamó "mamá". Como juntos dejamos a Tucker en el pasado, nunca olvidado, pero necesariamente a un lado.
Como ella nos acompañó a partir de entonces en ese viaje que habíamos comenzado juntos. Se convirtió en la luz de nuestras vidas.
Y ese fue el inicio de tantos años, tan felices.
Cielos, ese era el árbol rojo. Significa que esta es la finca de los Cadveri. O sea que esto es Rizembul. Tan metido estaba en mis recuerdos que no me había dado cuenta de que ya llegamos. Nos tomó toda la noche pero ya estamos aquí.
¿Dónde esta mi maleta? ¿Y mi abrigo? ¿Y las rosas? Las benditas rosas para Solaris.
Ya estoy en casa en unos cuantos minutos mas será la parada de Rizembul. Ya estoy en casa. Espérenme chicas, solo un poco mas, solo unos minutos más. Ya he llegado. Ya estoy con ustedes.
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[fin de capitulo]
