Capitulo 5 Y te traje rosas
Por fin la parada de Resembool mientras la gente hacia esfuerzos por sacudirse el sueño y comenzar a bajar del tren. Frente a un hombre rubio desesperado por que no le dejaban pasar.
Ya abajó, listo para comenzar a correr, tuvo que regresar de pronto para ayudar a la anciana de antes a bajar. Le dijo antes que ella también iba a Resembool y no sería correcto dejarla sola en el lugar. A pesar de la prisa que llevaba.
--Vengo a ver a mi hermano –decía la anciana – Han pasado muchos años y me escribió diciéndome que sentía que se acercaba su hora. Así que quería verme antes. No le creo a ese viejo tonto, pero es una buena escusa para salir a pasear. Aunque es terrible lo que este tren le hace a estos viejos huesos. ¿Te tomaste un descanso de un fin de semana, hijo?
--No, yo… hace ya años que no venia hacía acá. Cumplía una promesa, por eso estaba tan emocionado por llegar.
--¿Y que haces entonces? Yo puedo llegar con mi familia, corre con ellas. Tu esposa y la niña se pondrán muy contentas de verte.
--Yo…
--Vamos, corre –le apuró con un gesto del bastón – Ellas te están esperando, corre.
El hombre dudó un poco antes de sonreír y obedecer lo que le decían. De apurarse entre los largos caminos de su pueblo natal para llegar a su destino. Ese era el plan desde el inició, salir corriendo al llegar el tren. Estaba tan emocionado.
Esta situación me recuerda la boda de Al, cuando yo corría por estos mismos caminos con Schieska detrás de mi gritándome que se me olvidaba el saco de mi traje. Y es que con tantas cosas por hacer en el cuartel, apenas pude escaparme a tiempo para llegar.
Fue una fiesta tan grande, todo Resembool estaba ahí, vino Roy, junto a Riza, quienes ya habían formalizado su compromiso. La pareja mas famosa de todo Amentris.
También había personas orientales, que decían ser príncipes y representantes del emperador, enviados la boda del gran hijo del sol. Muchos clientes de varias partes de Winry, personas que los querían mucho.
Fue una fiesta tan hermosa, la abuela Pinako y Winry se encargaron de organizarlo todo y dejarlo perfecto. Y tuve algunos minutos para tratar de tranquilizar a Al que se moría de los nervios.
Armstrong fungiría como el padre de Al y padrino de aquella unión, y tendría que ser yo quien entregara a Winry en el altar. Me dijo mucho después que le hubiera gustado que fuera Huges, pero yo estaría bien.
Winry quiso hablar conmigo antes de la boda, en privado me dijo y me pidió que no fuera a fallarle. Yo lleve a Nina conmigo para esa charla, lo cual pareció desagradarle a la novia y le dije:
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-- Ya estamos todos listos, Nina se muere por verte entrar.
-- Edward, yo te quería decir...
--Es normal que estés nerviosa, es un pasó muy importante.
-- Pero...
El rubio sujeto a la pequeña de un hombro como si quisiera que le pusiera atención un momento.
--Nina, despídete de tu tía por que las cosas están a punto de empezar, después ve con tu madre. Tenemos que separarnos un poquito, pero tú sabes que somos una familia feliz.
--Sí, papá. Mucha suerte tía, te ves muy bonita.
En cuanto la pequeña se retiró, Winry trató de comenzar de nuevo, pero Edward pareció ignorarla, hablando mas para si mismo.
--Es una niña preciosa ¿verdad? Y es muy lista, va muy bien en la escuela. Tengo una familia feliz, tengo una vida bonita. Y no me gustaría que las palabras de nadie rompieran esta ilusión o me obligaran a lastimar a alguien más. Vas a casarte con el mejor de los Elric, Winry Rokbell... te felicito.
Ella pareció pensar un momento, cual si dudara de las palabras que acababan de decirle, después de lo cual sonrió un poco.
--Tienes razón, creo que ya nos llaman. ¿Me ayudas con el velo?
Ed se acercó a ella para mirarla, besarla en la frente en un gesto mas parecido al de un padre y bajarle el velo. Antes de tomarla de un brazo y acercarse a donde el novio esperaba. La gran boda.
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Después de ese día, cuando no me entere de lo que quería decirme realmente, nunca volvimos a hablar al respecto. Fue una boda hermosa. Con tanta gente celebrando y bebiendo. Recuerdo el ridículo que hizo Armstrong al querer lucir la musculatura y en lugar de sacarse le camisa se quitó los pantalones de un elegante movimiento. Demasiada champaña para el hombre.
Durante la boda, Riza quiso hablar con el novio y fui el encargado de tomar al festejado y sacarlo del lugar como si quiera darle algo muy emocionante. El típico hermano durante la boda. Ahí me entere, pues Al nunca quiso contarlo antes, del por que ese miedo a quedarse solo con Mustang.
Yo quería dejarlos solos pero Riza me pidió que no lo hiciera, si algo pasara era bueno que no los encontraran solos.
Después de mi partida, Alphonse fue a vivir a la casa Armstrong en donde el mayor lo preparó para su examen de Alquimista estatal. Donde, al parecer, la mas pequeña de la familia parecía tener un cariño especial por él. Mas algo pasó entre Riza y Al, pues al pasar este tanto tiempo en la biblioteca del cuartel y merodeando por ahí, fue como si ella se decidiera cuidarlo. Encargarse de que tuviera todo lo necesario y en ocasiones pedirle a algún soldado fuerte lo sacara cargando del lugar. Cuando, mas que dormirse, terminaba desmayándose de agotamiento entre los pasillos del cuartel.
Ella lo cuidaba casi todo el tiempo, mirándolo como de manera desesperada se dejaba la piel a tiras para obtener la licencia. A pesar de que le decía que Roy haría los arreglos para que obtuviera fácilmente el titulo de Alquimista estatal.
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--Una cosas llevó a otra y de pronto… Solo despertamos en la misma cama. No te voy a decir que no sé como pasó. Solo que... no me lo esperaba.
--Fue imposible guardar silenció al respecto --Completo Hawkeye desviando la mirada. --Cuando algo pasa varias veces, es difícil hacer callar a los vecinos.
--Riza tiene en la espalda, un tatuaje con la información encriptada de las investigaciones de su padre.
--¿Por eso dijiste que tuviste acceso a las investigaciones del poder de Mustang? --pregunto Ed sorprendido.
--Sí y por que también encontré los manuscritos que uso Mustang, pues el verdadero... se dañó.
--Por eso te fuiste a Shin. El país más alejado del mundo.
--Creí que nos habíamos metido en problemas --volvió a decir ella --Pero Roy se lo tomó de una forma muy extraña. Comenzó a actuar como si nada importara y por fin formalizó nuestra relación. Al obtuvo su licencia y le pedí que se fuera. No sabía lo que podría pasar después.
Ed pareció un poco descreído de toda esta historia.
--¿Entonces? ¿De que es esta platica?
--Hace poco hable con Roy y él piensa que todo eso no fue mas que... algo así como un tropiezo. Tal vez piensa imposible que alguien cambie al poderoso y gran señor Mustang por un adolecente que estudia para alquimista. Lo toma mas como un recuerdo que olvidar. Creía que sería bueno decírselo a ambos, para que no se preocupen más por lo que él haga.
--No tiene ninguna importancia -- trataba de decir Ed al darse cuenta de que su hermano acababa de ponerse pálido. --Al, ¿estas bien?
--Sí, es solo... creí que en cualquier momento a la mitad de la boda, iba a ponerse los guantes e íbamos a vérnoslas mal. Pero... es bueno saber que solo... solo... Gracias, Riza.
Ella solo sonrió un poco antes de retirarse. Dejando al mayor de los hermanos confundido.
--¿Mientras yo estaba desesperado por regresar tu estabas enamorando a la novia del Fhurer?
--¿Que? ¿Crees que no vi como Solaris te agradeció que la salvaras el día del cohete que exploto? El único aquí que solo pensaba en mujeres eras tú.
--¡Soy el mayor así que respétame!
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En definitiva, los Elric estaban otra vez juntos.
Winry se veía tan bella y Al estaba tan contento."Cuídalo" le dije a Winry antes de retirarnos. Ahora mi hermanito estaba en buenas manos. Ahora estaba seguro de que estaría bien.
La abuela Pinako se empecinó en que se mudaran a vivir a la casa Rokbell, por lo que la nueva casa de los Elric se quedó vacía. A lo cual Solaris insistió la ocupáramos. Un lugar tranquilo y bonito en donde Nina podría crecer sin todas las tribulaciones de la ciudad del oeste. Solo quedaba a una hora en tren y podría pasar todos los fines de semana cerca de Al y la familia.
Creí que a Nina no le gustaría pero fue la más emocionada al respecto.
Pronto llegaron los sobrinos, la pequeña Sara, tan rubia como solo una Rokbell podría serlo, y el jovencito Gustav. Con algunos toques de castaño como mi madre. Nina los adoraba y desde el primer minuto se hizo a la tarea de cuidarlos siempre que fuera necesario. Ayudándole a Pinako en esos momentos en que Winry se veía obligada a trabajar día y noche para alguna prótesis de emergencia (¡no siempre eran mias!)
Schieska y María me reclamaron la pasividad que tome en ese entonces. La forma en la que deje de pelear de forma tan desesperada por avanzar en el ejército. Pero es que ya me sentía feliz. Ya no sentía tan necesario obtener grandes puestos en el ejército y ausentarme durante periodos tan largos de mi familia. Ya no era necesario dejarse la piel a tiras por que lo que me hacía feliz ya lo había conseguido.
Schieska lo entendió, al contrario de María Ross, quien pidió su traspaso a los cuarteles centrales y se llevó a Brosh, con quien pensaba casarse en poco. Estaba segura de seguir a un futuro general, estaba dispuesta a pelear por alguien así. No por un padre de familia cuya mayor aspiración era que llegara el viernes para ir a casa a jugar con su hija y su perro.
Solaris y yo éramos tan felices, estábamos tan contentos con aquellos momentos de paz que nos dejaron tener. Con aquellos años tan felices que el cielo nos permitió.
Pero todo tiene que acabar.
Edward se detuvo de pronto en el camino. Llevándose un mano al pecho. No es que le faltara aire, jamás había descuidado su condición física. Si no que aquellos recuerdos le hacían sufrir tanto, que podía sentir un dolor casi físico sobre el corazón. Pero no podía dejar de recordar aquello. Sobre todo rodeado de todas esas cosas, todo ese ambiente y ese lugar.
Los años pasaron tan rápido.
Apenas me di cuenta ese día en que Nina dijo que quería ser enfermera. "Cosas de niños" Pensé, pero me preguntó a que escuela podría ir por que solo faltaban unos cuantos meses para que fuera necesario buscarlo. Pronto se acabaría la escuela y en Resembool no había mas que la secundaría. Era el momento en que mi niña tuviera que estudiar de verdad. No me lo creía.
En la ciudad del este se encuentra uno de los internados de medicina más famosos. Un lugar de donde salían un buen numero de cirujanos y enfermeras y precisamente pertenecía al ejército. Y justo acababan de ofrecerme un traslado hacía aquella ciudad en el que pensaba, pues quedaría muy lejos de mi actual hogar.
Se lo comente a las chicas y ambas parecieron encantadas con la idea. Nina de verdad quería ser enfermera, encantada con todos los instrumentos médicos que se guardaba Winry de sus padres y las historias de Pinako. Se eligió un futuro y nosotros queríamos ayudarla a que lo cumpliera.
Así quedó decidido, nos íbamos a la ciudad del Este para que Nina pudiera estudiar enfermería.
Recuerdo bien claro como esa noche me dio un beso de despedida y se fue a dormir, dejándome con mis libros en el estudio.
Fue la última vez que la vi.
Murió dormida, de una forma pacifica y hermosa. Con una sonrisa en el rostro y un montón de ilusiones. El cuerpo rechazo el alma, artificial desde su mismo inició. Y sin alma, el cuerpo no pudo sobrevivir.
Mi querida niña, mi amada Nina, nos dejó aquella noche solos para siempre.
La sepultamos junto a mi madre, Al se hizo cargo de todo por que yo simplemente no podía reaccionar. El destino acababa de quitarme una de las cosas que yo mas amaba... otra vez.
Armstrong llegó de algún lugar y se quedó cerca de mí durante algunos días. Y en un par de ocasiones tuvo que sujetarme fuerte e impedirme ir a ningún lado. Sabía que en mi mente bailaban una y otra vez todas aquellas cosas que alguna vez pensé jamás volvería a hacer. Pero es que el dolor te vuelve tan loco cuando ya no puedes soportarlo.
Día y noche, en mi mente vagaban las ideas y los conceptos de aquella fallida transmutación humana que hice con mi madre. Repasando una y otra vez lo que hice y como falló. Como encontré el fallo, lo que Al y yo hicimos mal al ser solo unos niños.
Tantos años habían pasado desde entonces y ahora habían pasado tantas cosas.
Tucker logro crear un cuerpo humano perfecto y después insertarle el alma. Yo estaba seguro de que el alma de esa niña se encontraba en algún lugar, y que haciendo los sacrificios necesarios se podía traer de regreso. Crear un cuerpo y traer el alma de regreso.
Ella era un ser artificial, tal vez no podía revivirse a un ser humano, pero ella era diferente. Ya lo había hecho una vez, seria posible hacerlo de nuevo.
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--¿Que era lo que hiciste mal?
--El sacrificio, el alma es mucho mas valiosa de lo que pensaba, de lo que nadie pensaba --respondió Edward a su esposa aquella noche, tanto tiempo atrás -- Tucker lo logro por que usó la piedra filosofal que era Al en ese momento. Si se tuviera una piedra filosofal, o el suficiente sacrificio. Podría traer el alma de regresó, darle algún tiempo mas.
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Creo que Al lo sospechó desde un principio y por eso hizo venir a Armstrong, hasta aquel día de tormenta en que dejé la habitación con Solaris ahí a la mitad de la noche. Estoy seguro de que ella se dio cuenta de lo que pensaba hacer. Pero no intentó detenerme, no quiso detenerme.
No era necesario el circulo, todas las formulas estaban en mi mente y en mi cuerpo dibujando el hechizo. No haría algo de la nada, si no que usaría los restos de Nina para hacer la transmutación. Y ofrecería el cuerpo, la vida y el alma de un alquimista para pagar el alma de ella.
Me transmutaría a mi mismo. Prácticamente destruiría mi cuerpo para crearle uno nuevo a Nina. Como si ella estuviera dentro de un incendió, yo no dudaría ni un instante en entrar a salvarla aunque muriera en el intento.
Aquella noche Nina regresaría con su madre y Solaris no volvería a llorar como lo hacía cada vez que creía que no la miraba.
A punto de comenzar la transmutación el poderoso puño de Armstrong me destrozó el automail. Dejándome sin posibilidad de hacer la transmutación. Al me contuvo impidiéndome escapar o irme. Sujetándome sobre la tumba de mi madre al tiempo que trataba de hacerme reaccionar.
"Mamá no esta " le dije en ese momento "Nina tampoco".
Amaneció en ese lugar, en medio de una tormenta tan terrible que Armstrong tuvo que dejarnos para ayudar a contener el cause del rio como lo hizo Izumi tantos años antes. Los hermanos Elric llorando bajo la lluvia. Al me abrazó y trato de consolarme durante aquella larga noche en que creí que me iba a morir de dolor.
Pero no morí.
Aunque deseaba hacerlo.
Nina murió y jamás regresaría, esa madrugada me convencí de que esa era la verdad y me prometí jamás volver a intentarlo. Jamás pensar de nuevo en la transmutación humana.
Los días siguientes fueron de los más terribles de mi vida. Solaris se negaba a hablar de otra cosa que no fuera Nina. Se pasaba el día entero en su habitación teniéndola lista como si esperara a que regresara. Y varias veces me sorprendí al ver un cubierto de más en la mesa que nadie retiraba. Nuestra casa antes llena de vida y alegría, comenzó a morirse al igual que nuestro jardín.
Yo no quería estar en esa casa que me provocaba tanto dolor, que me traía tantos dolorosos recuerdos. No quería mirar a cada rincón y sentir que Nina saldría en cualquier momento de detrás de una pared para tratar de asustarme como tenia por manía. Que escucharía su voz desde el jardín gritándome que saliera, ya sea para empujarla en su columpio o para avisarme que las flores de invierno de su madre ya estaban floreciendo. O para pedirme que le trasmutara algo que le ayudara a hacer cualquier cosa.
Por que siempre le encantó verme transmutar sin círculo. Por que siempre sintió que era yo su mas grande héroe... o al menos eso me decía para hacerme sentir feliz.
Un día trate de guardar las cosas de Nina para desocupar la habitación que ella jamás volvería a usar. Tal vez el orfanato podría darle un buen uso a todas esas cosas. Pero terminó en una pelea tan grande con Solaris, que me exigía que dejara las cosas de su hija en paz, que no podía aceptar la realidad. Que necesite varios puntos de sutura para las heridas que sus navajas me provocaron.
Durante los siguientes tres meses, el cuartel del este, mi nueva área, fue mi hogar durante día y noche. No regresé a mi casa durante tanto tiempo.
Hasta que un día, Schieska me obligó a ir. Me tomó de un brazo y no me soltó hasta que estuvimos frente a mi casa. Ya estaba yo ahí, ahora ella iría a visitar a Winry y a los pequeños.
Ahí estaba Solaris, con la misma mirada triste de antes, pero me invitó a pasar. Actuaba como si recién llegara yo de algunos de esos largos viajes de trabajo de cuando apenas teníamos a Nina.
Le pedí que nos fuéramos de aquella casa, que dejáramos el lugar y dejáramos a Nina en el pasado, que comenzáramos de nuevo, aunque esta vez estuviéramos solo los dos.
"Es demasiado pronto" --me respondió "Por que algún día todo terminara para ti, y tal vez... no, seguramente vas a reunirte con ella. Y a mi me espera una eternidad solo con su recuerdo".
Aun necesitaba algo de tiempo para estar sola, aun necesitaba hacerse a la idea de que nunca mas volvería a ver a Nina. Y si yo podía dárselo, en cuanto ella se sintiera lista, comenzaríamos de nuevo, juntos, como hacía tanto tiempo atrás en el Londres de un mundo diferente.
Cuando ella pudiera volver a sonreír, sería yo la primera persona a quien le sonriera.
Hicimos esa promesa.
Y a partir de entonces yo llegaba cada fin de semana a casa para hablar, solo hablar y dormir separados. Como si se tratara solo de dos conocidos, de dos personas que por alguna extraña razón viven en la misma casa.
Yo me refugié mientras en el trabajo, haciendo lo necesario para que el trabajó fuese perfecto. Para hacer todo lo posible por olvidarme de todo y que los demás estuvieran bien.
La platica con María Ross fue sencilla, me preguntó si estaba yo dispuesto a regresar a trabajar a todo nivel, y por única respuesta le dije que mi hija había muerto. Que no me importaba nada. Se alejó sin decirme mas, no era ese general que tanto deseaba al principio, solo un hombre dolido que deseaba olvidarse de sus problemas.
Un día de la visita a Resembool, pasó algo tan importante que nos unió de nuevo.
Su nombre era Armamentto, o ese era su apodo de Alquimista. Uno de los primeros en ser descartado del programa alquimista estatal ante la nueva dictadura de Mustang. Los alquimistas dejaban de ser armas y se convertían en personas al servicio del pueblo. Armamentto combinaba las técnicas de Kimbley, las explosiones y las de su padre, Vasque Grand. Para ser un ejército de una sola persona. Lo único que ese alquimista podía ser era un arma. Fue movido a los cuarteles de más al norte, al helado Brigs para proteger la frontera. El único lugar cuyo proyecto de armas seguía implementando alquimia. El punto más retirado e inhóspito de nuestro ejercito.
Uno de aquellos fines de semana llegó de repente el mensaje a Resembool en donde me retaba a luchar, decía que quería destruir al alquimista de acero y después a todos los demás alquimistas estatales que eran unos blandos. Para demostrarle a central que los alquimistas militares aun eran necesarios.
Un fanático.
La cita era en un lugar alejado del pueblo en donde, por mas furiosa que fuera la pelea, no habría civiles lastimados. Si no acudía a la cita, la batalla sería en el mismo Resembool con todas las victimas que eso implicaría. Era un reto o un duelo a muerte.
Tal vez él mismo destruyó el puente principal de acceso a la zona oeste, pero el tren no podía llegar desde esa misma mañana. Por lo que los refuerzos que mande pedir al cuartel cercano no llegarían hasta varias horas después de cumplido el plazo para la pelea. Tal vez era otra parte de su maligno plan. Si quería vencerlo tendría que hacerlo solo con mis fuerzas.
Mustang mismo me llamó para decirme que ya se dirigía hacía nosotros, pero por el fallo del tren, y la distancia a la que él mismo se encontraba, en definitiva estaba solo.
Al y Solaris se ofrecieron a ayudarme en la pelea. Pero no podía dejar desprotegido al pueblo. Si Armamentto tenía cómplices y solo era un truco para dejar el pueblo desprotegido, entonces no me lo perdonaría. Yo solo me enfrentaría a ese alquimista destructor y ellos se quedarían para proteger el lugar. Al era un alquimista militar y Solaris por si misma podía rechazar a un ejército. Yo mientras me jugaría la vida por allá.
Antes de salir, aquella mañana a donde Armamentto me esperaba, pude hablar con Solaris para decirle.
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--Me van a matar.
Ella ocultó la mirada por algunos momentos, y después dijo como si le doliera.
-- Nadie va a morir.
-- Voy contra un oponente tan poderoso que tal vez ni con la ayuda de ustedes dos pueda pelear a iguales. No necesito adivinar para saber lo que va a pasar.
--¡Entonces no vayas!
--El vendrá, peleara aquí y muchas personas saldrán lastimadas. No puedo permitir eso. Si voy y lo enfrento, será suficiente tiempo par que Mustang y los demás lleguen. Ellos lo encontraran y con la ayuda de Al lo detendrán. Tal vez Al vuele medio Amentris con su gran técnica nuclear. Pero todos estarán seguros.
--Entonces... ¿Solo vas a comprar tiempo?
--El necesario para que los inocentes estén a salvo. Después de todo los alquimistas se deben al pueblo... tal vez, en otro momento, esto me tendría lleno de miedo, pero ya no. Me siento inclusive tranquilo.
--No digas eso, no quiero saber nada más de la muerte, no quiero volver a sentir eso.
--Solaris --Ed se acercó a ella y por primera vez en mucho tiempo, la abrazó con la espalda para besarla sobre el hombro -- Todos algún día tendremos que morir. Y tal vez mi día ya llegó... por que ya no es como antes. Ya no hay una razón para seguir levantando este brazo cada vez. Ya no tengo promesas por cumplir, ni personas a las que siento que destrozaría completamente si no regresara.
--Pero yo...
--Ya estas demasiado lastimada... así que tal vez no tenga la fuerza de voluntad suficiente para regresar de esta batalla. Y seguirte exigiendo que dejes de sentir dolor solo para hacerme sentir mejor.
Ella se refugió entonces en su pecho para llorar. Juntos como había prometido que estarían de nuevo algún día.
--No te... no sé que puedo decir.
--Por eso... quiero hacer una promesa. Quiero tener una razón por la cual regresar. Por la cual pelear aunque ya no pueda.... Solaris. Te prometo que si salgo vivo de esta batalla, que si logro vencer a ese alquimista y regresar contigo, nos casaremos. Sera una celebración sencilla, solo unas cuantas personas y después dejaremos este lugar. Y después aprenderemos otra vez amarnos. Déjame tener una promesa, déjame tener una razón por la cual luchar.
--Pero nosotros ya somos, desde hace mucho.
---Tú eres mi reina, y quiero decírselo de verdad a todos, hasta al mismo dios. Mi reina de espadas --dijo él sujetándole levemente una mano, acariciando aquellos finos dedos, iguales a los de cualquier otro mortal. --Dime que me vas a estar esperando. Dime que trataremos de ser felices a pesar de estos tiempos tan difíciles. A pesar de que tenemos tanto dolor para compartir.
Ella lo miró con una mirada que solo recordaba de aquellos tiempos de Dante. Cuando el mas grande deseo de aquella mujer era convertirse en un humano y traicionó a sus compañeros para lograrlo. Unos ojos llenos de un dolor callado.
--Te esperare --le respondió Solaris. --Te voy a estar esperando y nos casaremos como tanto querías.
Un último beso de despedida antes de salir, de ir caminando hacia el destino.
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Tal vez de verdad morí en aquella batalla y ahora soy solo un espectro. Como aquella obra de teatro que vi con Solaris tanto tiempo atrás. En donde un hombre trata de ayudar a un niño que ve fantasmas y resulta ser él solo uno más de esos fantasmas que puede ver.
Tal vez en realidad no pude salir de aquella batalla y todos esos recuerdos son ese instante en que el corazón deja de funcionar y el cerebro comienza a morir.
Tal vez ahora mismo me doy cuenta de que de Edward Elric solo queda un recuerdo.
No sé y tal vez jamás sabré como hizo la María Ross y los demás, incluyendo a Schieska para llegar de pronto al lugar. Creo que cruzaron el rió a nado y mataron un par de caballos para llegar conmigo. "Listos para el servicio, señor". Me dijeron al enterarse de lo que pasaba.
Jamás dejarían que su comandante fuera solo a la batalla. Quise dejarlos en el pueblo pero solo Schieska aceptó hacerlo. Aunque con su condición, el milagro era que lograra llegar hasta el lugar sin ganarse un choque de agotamiento. Uso sus últimas fuerzas para llegar a decirme que estaba lista para el servicio.
Justo antes de irnos
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--¡Edward! --gritaba Solaris deteniéndolos. Para llegar hasta su esposó y entregarle algo. Que los demás no alcanzaron a ver. Unas palabras al oído y un beso de despedida antes de que el grupo se alejara. A lo lejos, Winry sujetaba fuerte el brazo de su esposo para impedirle ir tras de su hermano. Ed confiaba en que ellos defenderían el pueblo y debían hacerlo lo mejor posible. Además, con Al en casa era menos probable que algo le pasara.
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Salimos al lugar del enfrentamiento y he de decir que jamás me enfrente a Vasque y no sé que tan bien luchaba. Pero estoy seguro de que no era tan poderoso como este nuevo alquimista.
Ninguno de mis anteriores trucos o técnicas funcionaba con él. No podía acercarme para usar mi navaja en el brazo metálico. No podía atacarlo con tierra por que era lo que él mismo usaba para crear armas. No podía mantenerme a distancia por sus explosiones y no podía usar la técnica de descomposición de materia de Scar por que ni siquiera podía acercarme para tocarlo.
De verdad sentí que todo ese tiempo en Brigs lo convirtió en un verdadero, mortal y despiadado sobreviviente.
Antes de Salir de Resembool, Solaris me entregó algo que creía podría ser útil y jamás en la vida pensé igual que ella tanto como en ese momento.
Los demás al querer intervenir en la pelea, también resultaron heridos. No podía cuidarme ni siquiera a mi mismo, mucho menos podría salvarlos a ellos. Y fue algo extraño que los compañeros de Armamentto no entraran a detener a mis hombres. Eran muchos, estaban bien armados y los acompañaba un tanque de diseño extraño. Nada que hubiese visto antes en la vida.
Me mostraban lo que pasaría si fallaba, lo que le harían a las personas a las que quería.
Si no podía ganar, solo me quedaba un haz bajo la manga.
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Un momento para sacar algo del bolsillo, tal vez algo que ayudara y después una estocada suicida por parte del rubio, tratando de golpear con la navaja de su brazo metálico. Un par de explosiones y disparos de cañones transmutados para tratar de detenerlo. Pero no era suficiente para un hombre tan hábil.
Fue un golpe de alquimia, la descomposición de Scar que el hijo de Vasque podía usar. Destrozando el automail del Edward dejándolo indefenso de repente. Pedazos de metal saltaron en todas direcciones ante la mirada atónita de sus subordinados. Sin ese brazo metálico, no podía pelear ni hacer ninguna alquimia, su comandante estaba ya derrotado.
Armamento lo sujetó de la ropa como aun vencido, mirándolo muy de cerca a los ojos.
--¿Listo acero?
--Estas muerto, Armamentto.
Mostrar la mano izquierda, el guante blanco con símbolos rojos que Solaris le entregó antes de partir. Un truco muy bajo. Robado mucho tiempo atrás a Hawkeye y escondido hasta aquel momento. Un chasquear de dedos que resonó por todo el lugar y el fuego envolviéndolo todo.
No fue suficiente con el alquimista, debía vencer a los demás también. El tanque se envolvió de fuego, tomando desprevenidos a sus conductores. Los demás soldados a pie sin alcanzar siquiera a desenfundar las armas. El valle enteró ardió con unas llamas que tenían mas furia de la que alguna vez se le hubiera visto al alquimista de la llama.
Habían ganado, el enemigo estaba destruido.
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No creí que aquel truco funcionara. Todo mundo conoce los guantes de Mustang y sabe para que sirven. Creí que se alejaría al momento de vérmelo y entonces podría rodearlo y distraerlo. Pero en lugar de eso se ofreció perfecto para el fuego.
No me siento orgulloso de matar a una persona, me hace sentir como un arma humana, como aquello que evite toda la vida.
Pero en aquella ocasión era necesario y no dude un instante, se salvaron las vidas de tantos inocentes.
A pesar de todo, estaba yo muy lastimado y los demás también tenían algunas heridas. David, nuestro joven compañero alquimista transmutó algo de suelo para protegerlos del ataque de Armamento y por eso no teníamos perdidas que lamentar. La gente a la que yo quería estaba bien, estaba a salvo.
Me preguntaban de mis heridas, claro que necesitaba un medico pero ninguna de ellas me mataría.
"Suba a ese poste de telégrafos " --le ordene a Brosh --"Y envié un mensaje a Resembool. Dígales que el alquimista de acero se encuentra bien, que a ganado su pelea y que ahora mismo se dirige a casa para casarse con la mujer que ama."
Salí vivo, me adentre de bruces al infierno, dando la vida por perdida y aun así salí vivo. Y me sentía feliz y me sentía pleno. Y de inmediato regresamos a casa para cumplir con todas las promesas
Edward entro al lugar lentamente, con un paso tranquilo que no denotaba su prisa inicial. El viento del campo y ese aroma tan conocido de toda la vida le daba la bienvenida después de tanto tiempo lejos.
--Ahí estas, querida... Ya regrese. Siento mucho haberme alejado tanto tiempo. Yo... Te traje flores, mira, las rosas rojas que tanto te gustaban. Rojo sangre, decías, de lo contrario no eran rosas. Ya llegue y nunca mas voy a irme a ningún lado.-- Un momento para tomar aire, para tratar de calmar los sentimientos mientras lo ojos se le llenaban de lagrimas --Te extrañe tanto... te extraño tanto, todo el tiempo, todos los días. Siempre, no dejó de pensar en ti ni un solo momento.
Se hincó en el suelo y con una mano derecha hecha de carne y hueso tocó levemente la lapida sintiendo aquellas letras en relieve.
Solaris Elric.
Amada compañera.
Esposa
y madre.
--Me he sentido tan solo durante todo este tiempo. Me he sentido como si el mundo entero estuviera vació y yo en medio de él tratando de llamarte... Pero ya llegue niñas --la tumba de Nina a su derecha y a la izquierda la de la señora Elric, madre de Ed --Ya estoy aquí. Ya llegue Solaris... y te traje rosas.
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[fin de capitulo]
