CAPITULO 6 Siempre a tu lado

Tras la batalla contra Armamentto regresaba a casa con un sentimiento de euforia tan grande. Tal vez esa extraña cercanía a la muerte me hacía sentir tan vivo de nuevo. Hacia tanto tiempo que no estaba tan seguro de que iba a morirme. Y después iba a ver a Solaris, iba a verla y a pedirle que cumpliera su promesa.

Tal vez renunciar al ejercito y buscar en algún lugar, ese sintió en donde nuestro dolor no fuera tan grande, pudiéramos comenzar de nuevo. No quería pensar que huíamos, solo buscábamos nuestro lugar, un sitio solo para nosotros dos.

Fue una imagen tan extraña, al entrar a casa y ver como Al terminaba su transmutación. Como con su ultimó segundo Solaris alcanzó a mirarme, tal vez queriendo decirme algo solo con sus ojos que yo no alcance a entender. No sé si de verdad ocurrió o con el pasar del tiempo mi mente lo invento. Que ella trató de decirme algo que no pude escuchar.

Un circulo enorme y complejo de transmutación por toda la habitación, ella recostada sobre la cama, con los ojos cerrados sin respirar ni moverse. Y sobre ella, aquella piedra roja que irradiaba poder.

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--Hermano, yo... --trató de decir Alphonse antes de que un fuerte golpe le abriera los labios. Sin poder reaccionar a tiempo a la andada de golpes que le llegaba de pronto. De escuchar aquellos gritos de su hermano que solo recordaba de una ocasión. Los mismos gritos de cuando intentaron revivir a su madre.

--Espera, yo...

No lo dejaba hablar, golpeándolo en cada ocasión a pesar del brazo faltante hasta sacarlo de la casa. Sin perseguirlo, sin intentar hacer mas. Y de repente se sintió seguro, de que si intentaba entrar, su hermano iba a matarlo. De verdad que iba a lastimarlo.

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Ahí me encontró Mustang cuando llegó con todos los refuerzos para combatir a Armamentto. Sin poder entender lo que pasaba. Solo los lastimosos llantos del alquimista rubio que lloraba por su esposa.

Arsmtrong se encargo de sacarme de ahí, el mismo Fhurer mandó se hicieran cargo del funeral mientras la mitad los demás soldados iban a revisar los alrededores para tratar de encontrar a algún otro seguidor de aquel alquimista. Sin atreverse a hablar con Al.

Pareció un funeral de estado con tantos militares, a la mañana siguiente sepultamos a Solaris junto a Nina y ahí quedaron las tres mujeres de mi vida: Mi madre, mi esposa y mi hija. Ahí quedaba todo lo que pude amar.

Mustang me dio permiso de ausentarme del trabajo tanto como nesecitara y después se marchó para terminar con la inspección a los alrededores. Armamentto estaba muerto, no era nesesario seguir ahí.

Winry tenía lista una nueva prótesis que la abuela Pinako me instaló. Un trabajo rápido de una noche. Tan afectado estaba que ni siquiera me di cuenta cuando conectó los nervios del nuevo brazo. No estaba yo pensando en nada ni siquiera escuchaba a la abuela.

Tanto así que no me di cuenta de que había una carta en la recámara, su recámara. Una carta dirigida a mi.

No pude leerla entonces y solo la puse en el bolsillo del abrigo junto a la piedra filosofal.

Se suponía que los homúnculos se destruían cuando se les separaba de la piedra. Pero por alguna razón, su cuerpo se conservó intacto aunque la piedra estuviera fuera de ella. Pero no quería pensar.

Schiezka se sorprendió al verme en mi oficina aquel lunes siguiente, listo para llevar a cabo todos los trabajos nesesarios. No podía dejar que se acumularan mas las labores de nuestra area, aquella era nuestra zona y debíamos tenerla en el mejor estado posible.

Un cable malhumorado a la capitán Maria Ross, le ordenaba regresar inmediatamente al grupo y dejar de estar perdiendo el tiempo en central. Había mucho trabajo y la nesecitaba. De ser nesesarió llevar a Brosh para que volviera no dudara en hacerlo. No aceptaba un no por respuesta.

El trabajo se convirtió en la prioridad, y mas de las ocasiones me quedaba a dormir un par de horas en la misma silla de la oficina. Tanto que hasta Schieszka necesitó una asistente para llevar todo el trabajo que llevábamos. Muy pronto nos ganamos la atención de central y los alrededores por todo los cambios que se estaban llevando a cabo.

Los alquimistas se debían al pueblo y ese era mi trabajo, tratar de mejorar el estatus de vida de la zona que tenia asignada.

La construcción del acueducto fue algo que me gano poca simpatía. El presupuesto que proponía, la cantidad de hombres y el tiempo fue algo que se salia completamente de los limites. Por lo que reclutando un buena cantidad de civiles dispuestos a donar tiempo, todos lo alquimistas que pude encontrar y algunas maquinas gigantescas, terminamos el tramo principal en tan solo una semana, los secundarios podrían realizarlos los propios beneficiados directamente hacia sus parcelas.

Hubo una fiesta tan grande cuando el primero de los campesino pudo llevar aquella agua directo a sus tierras. Que me hizo recordar tanto la fiesta anual de mi pueblo, al que no regrese durante tanto años. Bebida comida y música por todas partes. Y la gente se estiraba para poder darle la mano a ese comandante que lo hizo todo posible y su equipo de alquimistas.

Aunque desde la desaparición de los alquimistas estatales como armas humanas y la significativa perdida de sus beneficios, era muy difícil encontrar alquimistas entre los soldados.

Mientras el pueblo seguía celebrando yo me refugie en mi oficina con una botella de ese brandy que tan bien se daba en el norte. No nesecitaba nada mas para estar en paz.

Ross me encontró en el lugar, haciendosele raro no verme en el bullicio, pero por desgracia llegó algunas copas de mas tarde. Imposible ya hacerme regresar a la fiesta.

En medio de mi borrachera le pedí lo que durante mucho tiempo no tuve el valor. Le pedí que se llevara la carta de Solaris, guardada en mi caja fuerte junto a la piedra. Que se la llevara y la destruyera.

"¿Puedo leerla?" -me dijo y no encontré razón para negarla. intentó decirme algo mas, pero le confesé que no tenía intensión de saber lo que conteía. Jamas tuve el deseo de leerla pera hasta ese momento de intoxicación, tuve el valor para deshacerme de ella.

Insistió mucho en hablarme del contenido de la carta, pero no la escuche, no la deje hablar. Ni esa noche ni nunca mas. Amenazándola incluso con transferirla a Briggs si seguía insistiendo en eso.

Nunca volví a ver esa carta...

Nunca volvimos a hablar de eso.

El desierto fue nuestro siguiente pasó, a donde enviaron al equipo. Pero en esta ocasión la situación era demaciado difícil.

Era un nuevo Ishbal y antes de llegar hablé de frente con el Fhurer. Quien me lo dijo todo sin miramientos.

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--Elric --nunca antes le había llamado así -- Esto es tan delicado que por eso estamos hablándolo fuera de la oficina. Es sobre tu traslado.

--¿Lugar difícil?

--Quiero darte un nuevo rango... y muchos poderes mas de los que te corresponden.

--No te comprendo, Mustang.

--La situación es idéntica a la de Ishbal. Solo tiene que pasar algo para que inicie la rebelión.

--¿Y que se va a hacer? --preguntaba Edward preocupado.

--Voy a enviar a la persona que creo, es la única que puede darle a esto un final digno. Elric... teniente coronel Edward Elric. Vas a ir a esa poblacion y vas a encargarte de todo. Harás lo que sea nesesario. Voy a entregarte el selló de plata del Fhurer para que puedas firmar con él. Cualquier orden tuya tendrá la misma autoridad como si yo la hubiera dado.

--¿El sello del fhurer?

--Haz lo que consideres nesesario. No me importa lo que tengas que darles o lo que tengas que destruir. Tú y solo tú vas a ser responsable de lo que pasé en el lugar. La única orden es que quiero la paz de regreso en la región. Así tengas que matar a todos y cada uno como se hizo en Ishbal.... Aunque espero que no tengas que llegar a eso. Teniente Coronel Edward Elric, te ordenó ir a esa población y arreglar el conflicto de cualquier manera. Confió en ti, realiza los acuerdos que consideres nesesarios.

Terminó extendiéndole el sello plateado. Idéntico al de oro que él usaba para firmar. A partir de ese momento, Ed tenia la misma autoridad de Mustang.

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El lugar era un verdadero infierno, aumentado por los constantes atropellos de los militares del lugar en contra de los lugareños. Sería casi imposible hacerles calmar los ánimos solo con palabras.

Primero fue el recoger los testimonios de la gente sobre los abusos militares y para ello yo mismo salí a las calles para hablar con los locales.

Todo aquel soldado con expediente de queja fue sacado del lugar. Por desgracia no podía iniciar juicios sumarios contra tantos soldados sin las pruebas suficientes, el gasto y el tiempo perdido seria inmensos y no podría asegurarse nada. Por lo que me limite a sacarlos del lugar.

Pasó mucho tiempo antes de que aceptaran que me acercaba de buena fe.

Hasta aquella tarde del intento de homicidio.

El sacerdote principal del lugar me pidió me presentara en su templo aquella tarde, para demostrar que el militar de mayor rango y el sacerdote principal estaban dispuestos a entablar dialogo. Realizaríamos juntos la ceremonia religiosa y después hablaríamos de los demás asuntos. Hasta ahí todo bien, seria perfecto. Pues sí el sacerdote afirmaba que se podía confiar en nosotros, seguro el pueblo no tardaria en hacerlo.

Hacia tanto que no entraba en una iglesia de ningún tipo que me sentí muy extraño en el lugar, también por ser un rito del cual yo lo desconocía todo por la lejanía del área de mi tierra natal. Pero todo salió bien aquella tarde.

Hasta que al salir, un tirador me dio de lleno en el pecho desde un edificio cercano. No recuerdo bien lo que pasó entonces, solo que Schiezka me hablaba con un rostro muy preocupado mientras alguien me cargaba. Había tanta sangre que decían era imposible que el teniente coronel Elric sobreviviera a aquello.

Artur, mi joven sargento alquimista al que reclute desde el inició se volvió loco entonces. Ya que la cantidad de hombres que manteníamos en el lugar era inmensa ante la posible rebelión, les ordenó a todos prepararse para buscar al culpable y a aquel que lo mandó. De ser nesesario se destrozaría todo el lugar hasta encontrarlo. La orden era revisar casa por casa hasta que apareciera el culpable.

A un costo de vidas inmenso.

Nadie podía detenerlo al ser mi segundo al mando, ni siquiera Ross aunque esta estaba ocupada tratando de ayudarme. Justo antes de ello se tenia la idea de instalar un hospital grande en el área, por que lo mas que teníamos era el hospital del ejercito. Que aunque capaz de hacer mucho, le faltaba bastante para ser un quirofano completo. Lo que hacía falta para sanar esa herida.

Los lugareños se dieron cuenta de lo que el ejercito planeaba y se organizaron para la defensa desoyendo las palabras de su sacerdote. La sangre llamaba a la sangre y estaba a punto de comenzar a correr como nunca en el lugar.

Y si yo moría se enviarían a miles y miles de soldados al lugar para limpiarlo todo, se convertiría en un nuevo Ishbal, morirían demaciados inocentes.

Y yo era el militar encargado del lugar, no podía permitir eso.

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Los grupos estaba listos, cientos de hombres armados a cada lado y dirigiendo a los soldados, un joven sargento demaciado lleno de dolor para darse cuenta de lo que estaba haciendo. Solo quería encontrar al culpable de lo que había pasado para castigarlo. Para hacerle pagar por lo que había hecho.

Solo hacía falta que alguien presionara el gatillo para que la guerra comenzara y muchisima sangre correría por las calles del lugar.

Hasta que de pronto apareció Edward Elric en el lugar, sujetandose la herida y casi arrastrándose, ayudado por la capitana María Ross para llegar. Ni siquiera le habían detenido la hemorragia antes de que él saliera para tratar de detener lo que pasaba.

Plantarse en medio de los dos grupos dando la orden de detenerse a todos, mostrando aquel sello plateado que llevaba colgado del sacó de su uniforme. Amenazando a sus hombres con terribles castigos para cualquiera que se atreviera a disparar. Reclamando una y otra vez la presencia del alcalde para hablar, debería existir la manera de calmar aquello.

Mientras los tiradores del ejercito se desvivian por encontrar con sus rifles algún lugar desde el cual alguien pudiese intentar de nuevo dispararle. Se estaba arriesgando demaciado. Tal vez terminaria muerto solo por hacer lo que estaba haciendo.

Hasta que alguien salió de entre la multitud corriendo hacía el alquimista, y el sonido de un disparó resonó en el aire.

Un niño, caía al suelo abatido por uno de los tiradores. No era una amenaza, pero no se pudo pensar en aquel momento. Se vio al superior en peligro y se disparó, pero acababan de hacer lo mismo que en Ishbal, ya todo estaba perdido.

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Seguía vivo, el niño estaba vivo pero muy lastimado. Tal vez la medicina no podía salvarlo. Nuestro hospital militar no podría hacer nada por él, pero había otra cosa que sí.

El alcalde y el sacerdote hacían lo posible para calmar a la gente mientras los militares volvían a entrar al cuartel.

Si el niño moría no podía entregar al culpable a la gente, y si no mataba a alguien todas aquellas personas no estarían contentas. Solo quedaba algo.

Enviar a la capitana por la piedra filosofal en mi oficina. Que corriera todo lo que pudiese antes de que el niño muriera. Si utilizaba aquella energía podría lograrlo. Tal vez no con Alquimia normal, pero con esa piedra ni siquiera era nesesario tener el circulo correcto.

Todas las miradas centradas en mi mientras sentía como lentamente perdía también la conciencia, pero era yo el único alquimista en cientos de kilómetros a la redonda que tenia la mínima posibilidad de lograr aquello.

La piedra llegó y sin pensar de donde venia o las proibiciones sobre mi mismo, termine usándola. Haciendo todo lo posible por que ese niño sobreviviera. Durante mi infancia, con la esperanza de revivir a mi madre, estudie mucha alquimia medicinal aunque jamas la puse en práctica. Ahora era el momento de ello.

Por lo que la piedra filosofal funcionó bien y el pequeño despertó sin heridas en ese mismo momento. Mientras era yo quien me desmayaba ya ante la perdida de sangre.

El niño estaba a salvó, la paz del lugar tal vez no estuviera rota.

Pasaron varios días antes de poder despertar para avisarme que los mismos pobladores habían entregado a los culpables. Un grupo demaciado extremista para aceptar a ningún extranjero. La teniente Ross decidió entregárselos al pueblo para que fueran ellos quienes los jusgaran y estos decidieron encerrarlos durante largos años. El castigo por atentar contra el enviado de la paz.

Pude reunirme ahora sí con el sacerdote principal y hablar con calma, viendo como la paz del lugar era ya tan real que la gente saludaba a los militares al verlos pasar. Y que estaban dispuestos a dialogar para logar un convenió con ciudad central.

Solo tenían una petición a la que no admitirían modificaion alguna.

La construcción de un hospital grande y bien provisto para todo tipo de eventualidades. Así como el envió de médicos desde central para que nunca tuviese que ocurrir aquello. Que alguien muriera por no tener a un gran alquimista capaz de hacer la antigua magia del Ashtalak. Como ellos llamaban a la magia de sus shamanes. Capaz de arrancar inclusive personas de las manos de la muerte.

Pude disminuir la presencia militar en el lugar, y comenzar a levantar la economía. Lentamente al inició, pero no faltó mucho tiempo para que muchas mercancías de central llegaran al lugar. Y con la contrucción de un nuevo acueducto pudimos obtener mejores cosechas.

Aquella extraña hazaña se dio a conocer por todo el país, de como se evitó otra guerra civil como la de hacia algunos años. De como un solo soldado pudo aplacar los ánimos de pela de todo un pueblo.

Justo entonces me llegó aquel telegrama, donde Winry me avisaba que la abuela Pinako estaba enferma, que tal vez no saldría de esta situación.

Por lo que lo abandonde todo y salí de inmediato a Resembool. Para ver a la ultima persona que fungió como mi madre.

Fe uno de los viajes mas largos de mi vida. Rogando a cada minuto poder hablar con ella, poder despedirme y agradecerle todo lo que alguna vez hizo por mi. El hacerme el favor de mantener un hogar al cual yo sintiera que podía regresar siempre.

Desde el día de la muerte de Solaris, no volví a ese pueblo hasta entonces. Jamas volví a habar con Al y sostenía poca correspondencia con Winry. Aunque en varias ocasiones mi hermano hizo esfuerzos por localizarme, siempre le escape, nunca me atreví a habar con él.

Ross me lo reclamó mucho, por no quería darle explicaciones, ni a ella ni a nadie. Ella supo bien claro lo que pasó el día de aquella pelea, lo que le pasó a mi mundo. Era tan imposible volver a ser el de antes.

Como Winry me dijo, Pinako estaba muy mal, en cama, al parecer solo me esperaba. Recuerdo lo mal que me sentí, pues en cada ocasión que sentía a alguien enfermo no podía evitar recordar a mi madre. Y sabía ahora que ella también iba a dejarnos. Tuvo una larga vida, trato de tranquilizarme, ella se iba en paz sabiendo que sus nietos y los hijos de estos estaban bien.

La abuela Pinako llegaba al final con tranquilidad... excepto por una cosa.

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--Edward... perdona a Alphonse. No odies mas a tu hermano. No sabes lo que ha sufrido durante todo este tiempo. Todo lo que ha deseado hablar contigo. Ya no lo lastimes.

Ed miró a la mujer con una mirada extraña, unos ojos que no le conocía de nunca antes. Ni siquiera ante la muerte de su madre ni de su esposa mostró esa mirada.

--No le odio --respondió el soldado dejando de mirarla --, ya no puedo, aunque quisiera... Tal vez antes lo hice durante muchos años. Era mas fácil que pensar en otra cosa, que hecharle la culpa a alguien mas.

--Tu esposa... Pero Al no quería hacerte daño, él....

Y un gesto de la mano metálica de Ed la detuvo, a parecer este quería llorar mientras encontraba como decir.

--Jamas volvía a hablar con Al. Nunca he vuelto a escuchar su voz y cada vez que lo intentaba yo terminaba golpeándolo fuerte para que se callara. Pero no era que lo odiara, era que no quería escucharlo. que no quería conocer sus razones.

Un suspiró ligero antes de continuar.

--Yo sé que Al jamas querría lastimarme, nos queremos tanto que estuvimos a punto de romper todas las leyes con tal de estar juntos... él nunca me haría daño.

--¿Entonces?

Nuevamente mirando a la mujer.

--Si él me habla y me dice sus razones... entonces voy a creerle y voy a darle la razón. Voy a ver que su razones eran justas. Pero entonces vería que Solaris tenia algún motivo, de que ella se lo pidio y pudo convencerlo. Y yo si encuentro que ella prefería morir antes de seguir junto a mi, que prefirió desaparecer en lugar de seguir a mi lado... entonces me va a ser tan difícil vivir. Se va a volver insoportable respirar, tan insoportable y doloroso que no voy a aguantarlo, que no podre seguir viviendo sabiendo eso. Yo la amaba, abuela Pinako, yo la quería tanto y no puedo solo soportar la idea de que ella ya no me quería a mi. Prefiero vivir en la eterna ignorancia de sus razones en lugar de conocer la verdad.

--Lo siento.

--¿Podrías decírselo a Al? ¿Podrías decirle que ya lo perdoné y que no le guardo rencor? Pero si él viene a mi, intentara explicármelo y va a matarme entonces con ello. Yo no lo odio... pero no pudo resistir la verdad.

--Se lo diré, hijo. Vete tranquilo.

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Espere hasta el funeral para irme, al parecer la abuela sí habló con Al por que este no intentó acercarse. Fue un funeral idéntico a todos los demás, cuando siento que no solo están enterrando a una persona, si no también una parte de mi alma. Una parte de mi corazón.

Y después salí rumbo a central donde el Fhurer me llamaba, tal vez para que le devolviera aquel sello plateado que no era mas nesesario. Cumplí bien con mi misión, podía dar la cara en paz.

Precisamente, me felicitaba por mi trabajo y una nueva promoción. El modelo Elric seria usado en otras áreas en conflicto para ayudar a resolverlas. Pero esta vez tenia yo un nuevo encargo.

Se me nombraba jefe del nuevo departamento de alquimistas estatales.

Basándose en el ejemplo de los cuarteles del sur en donde reclute alquimistas para la parte mas difícil de los trabajos. Se iniciaría un nuevo proyecto de alquimistas estatales. Pero liderada, desde central, por el único alquimista que había demostrado ser capaz de servir al pueblo con sus habilidades. Dirigiría todo el proyecto, desde reclutamiento, entrenamiento, distribución y uso de estas fuerzas.

No era un programa armamentista, seguramente seriamos los últimos en entrar en batalla en caso de que algo pasara. Pues los alquimistas se debian al pueblo y esa debía ser nuestra misión.

Ahí, conocí a Minerva. Una joven recluta que llegó a nosotros cuando se enteró de que seria iniciado el proyecto de alquimistas estatales. Y extrañamente, con su ascendencia de país oriental de Shin... con un raro parecido a Solaris. A pesar de su juvenil figura.

No tenia idea de alquimia pero quería aprender. Desgraciadamente no podía incluir a alguien así en el grupo, por lo que la aceptamos en el área administrativa mientras aprendía Alquimia. Me tomó por su maestro y procure enseñarle lo que sabia.

Aprendió muy bien en todo ese tiempo, largos años mientras el grupo de alquimistas eran llamados para desastres y situaciones especiales. Desde el desbordamiento de presas hasta el ataque de numerosos bandoleros. No eramos un grupo de ataque pero sabíamos defender bien un punto. Siempre que alguien estaba en problemas, el grupo de alquimistas del estado hacia su aparición para salvar la situación. Un grupo capaz de construir una presa en menos tiempo que mil soldados juntos. Liderados por el mítico alquimista de acero.

Se me conoció tanto por aquel tiempo... y a mi no podía importarme menos.

Y una noche Minerva me confeso lo que sentía.

Ella usaba ya el símbolo de la serpiente alada crucificada, el símbolo de Dante e Izumi como mi aprendiz. Le enseñe bien en todo ese tiempo y se convertía en una gran alquimista. Hasta que me dijo que estaba enamorada de mi. Y yo que jamas me digne siquiera a mirarla de cualquier manera que no fuera como una alumna.

Se lo dije entonces y durante el tiempo siguiente tuve que decircelo muchas veces mas. A la única persona a la que podía amar era a mi esposa muerta. Persona a la que ella investigó ligeramente y conforme fue descubriendo encontró muchas cosas mas.

En el archivo quedaron los dibujos realizados en aquel tiempo cuando tratábamos de identificar a los homúnculos. Mas los realizados por Armstrong que eran tan perfectos. Y solo fue nesesario compararlos con las fotos que guardaba de mi familia para despertar su curiosidad.

Si mi esposa estaba muerta, alguna vez existió un homúnculo con su misma figura, y a mi me faltaba un brazo y una pierna, era fácil saber lo que yo había intentado. O lo que había logrado. Sin fechas con las cuales hacer comparaciones correctas era fácil suponer aquello.

Lo preguntó y le respondí que a pesar de todas la advertencias que yo le daba, alguna vez intente una transmutación humana. Que yo era un ser lleno de pecados y durante una larga noche escuchó mi historia con todos sus detalles. Con todos los pecados que he cometido. Con todas las cosa que hice mal y la razón por la que dios me odia.

Y no la vimos de nuevo, solicito un traspasó sin siquiera despedirse. Tal vez por que no pude soportar que aquel que seguía, fuera en realidad un ser tan monstruoso. Pero por mi estaba bien, a pesar de todo, no podía dejar de atraerme tan parecida a Solaris como era. Era mejor que se fuera antes de que yo terminara lastimandola por mi dolor a la soledad.

No volvía a verla, hasta el día del golpe de estado.

Nadie se lo esperaba, Amentris se estaba volviendo una nación pacifica que prefería comerciar con los vecinos que hacer la guerra. Claro que a los demás países les costaba demaciado trabajo creernos pero algunos ya comenzaban a darnos una oportunidad.

Nadie se esperaba un ataque a central, mucho menos por parte de sus propios soldados.

Su nombre era Olivia, Olivia Armstrong. La hermana mayor del mayor, ahora coronel Armstrong. Una generala encargada al norte, a proteger la frontera con Brigss. el punto mas "caliente" en cuanto a cuestión militar a pesar de ser el mas nevado de todo el país.

A donde aun eran nesesarias grandes fuerzas militares y al ser el mas hinospito a donde se mandaba, como castigo a los peores soldados. Un lugar en donde Olivia reinaba con mano fuerte convirtiéndolos en un poderoso ejercito capaz de proteger nuestro país, o atacarlo con fuerza.

Decía que no soportaba el rumbo que estaba tomando Amentris, por lo que ella tomaría el puesto de fhurer y regresarle su fuerza y gloria a nuestro imperio. Quería regresarnos nuestra fuerza militar quitando de su lugar a Mustang.

Fue un ataque sorpresa y poderoso. Con cientos de hombres bien entrenados y maquinas de guerra. Con alquimistas que aun continuaban con el área armamentista contra los soldados que permanecían de guardia en el cuartel central. No eramos muchos ni estábamos preparados para un ataque de tales magnitudes. Yo estaba revisando algunos documentos cuando.

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La puerta del despacho salió de su lugar con una explosión llenando el lugar de humo. Edward no esperó para atacar con alquimia a cualquier persona que entrara y luego bloquear la entrada. Nesecitaban moverse, pues ella y Ross estaban solos en el lugar arreglando documentos.

Un hombre con peinado moicano y una inmensa prótesis en forma de moto sierra entró al lugar atacando. Acero intentó conectar pero se vio impedido de hacer alquimia con la gran pinza que incluía la prótesis del extraño. Enorme pinza combinada con la sierra que le destrozó el automail en un instante.

María Ross desenfundó para tratar de defender a su superior. Logro hacer blanco en el enorme soldado de la sierra antes de que el la atacara con la misma. Haciéndole una terrible herida en el torso.

Edward intentó defenderla de una patada siendo capturado del pie metálico en el aire destrozándolo también mientras lo azotaban contra la pared. Dejándolo totalmente desvalido.

Y entonces pudo verla, una mujer de largo cabello rubio y mirada mortal. Una general que portada una espada ornamentada y guantes blancos. Nunca antes la había conocido pero se hablaba mucho de ella. Olivia Armstrong. La reina de hielo.

--Dejenlo vivo --dijo a sus hombres --quiero ver como se arrastra para tratar de detenernos. El objetivo es Mustang, matenlo apenas lo vean. Que los alquimistas se encarguen de abrir el camino.

Dejando al alquimista de acero en el lugar. Mas preocupado por el estado de su subordinada que por la presencia de aquellos invasores.

Explosiones por todo el lugar, pelea de cada soldado. Pero no eran tantos ni estaban entrenados como los de Brigss. Acostumbrados al ambiente mas hostil de la tierra, entrenados para matar sin miramientos. Acostumbrados a la batalla en la zona norte en donde los enfrentamientos eran normales. Esos soldados estaban atacando central como juraron protegerla alguna vez y los pocos hombres de guardia les daban batalla.

Ni siquiera existía un grupo de alquimistas nacionales para contrarrestar al hallarse de misión fuera de central. Y el coronel Armstrong no estaba de guardia, para entrar tendría que vencer las defensas de su propio cuartel.

Todo estaba tan mal.

Avanzaban a buen paso por el interior del lugar, mientras sus tanques en el exterior mantenían amenazados a todo aquel soldado que tratara de acercarse a ayudar. La confusión era total en lo medios de comunicación y la gente creía que se trataba de otro ataque como el de tantos años atrás. En donde maquinas voladoras destruyeron buena parte de la ciudad y provocaron tantos muertos.

Hacia demaciado que no peleaban. La ciudad solo podía temblar de miedo,.

Mustang daba pelea, tratando de proteger a su esposa que justo aquel día iba a visitarle. No tenia suficientes soldados para abrir el camino hacia la salida, solo podía defender en lo que llegaban los refuerzos de alguna parte. Si solo eran soldados estaba seguro de poder con todos ellos. Pero los muy malditos llevaban también alquimistas y muchos. Se lamentaba entonces de permitir aquel programa alquimista de defensa en el norte. De permitir que una sola mujer obtuviera tanto poder militar y al mismo tiempo reclamara tanto poder político.

Lo enfrentaron contra alguien entrenada especialmente para combatir contra sus habilidades. La alquimista de la nieve, una joven promesa especializada en congelación y hielo. En congelar inclusive las flamas mas grandes. Contaban los rumores que alguna vez detuvo con su nieve la erupción de un volcán un tanto al norte.

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Minerva era la encargada de reducir al Fhurer. Y aunque no pudo vencer directamente a las flamas de Mustang, fue una gran batalla. Hasta que el resto de los alquimistas entraron al lugar, solo para lograr mojarlo y detenerlo. Desarmarlo y dejarlo listo para ser vencido.

Minerva estaba tan cambiada, aquel tiempo en brigss la había cambiado tanto y estaba tan diferente. No era la misma persona que nos abandonó alguna vez.

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--¿Listo para firmar Mustang? Documento sencillo, solo cedes el puesto de manera tranquila. Si lo haces tal ve dejemos que tu esposa se vaya en paz. Aunque tu eres una molestia demaciado grande como para dejarte ir nada mas así.

--¿Traicionas a tu país, Olivia? ¿Te dejaste convencer por el poder?

La rubia le dirigió una mirada compasiva. Un gesto que la hizo ver tan hermosa durante un breve instante, antes de que sus ojos volvieran a ser la misma mascara helada de antes.

--Esto es para proteger a este país. Con Bradley estábamos listos para combatir contra cualquier enemigo, para defendernos contra lo que sea. Pero tú eres un dirigente débil, no puedes luchar ni defender a nadie y solo es cuestión de tiempo para que lleves a este país a la ruina, para que nos hagas tan débiles que el enemigo que quiera termine conquistandonos.

--La batalla no es el único camino. --reclamaba Mustang con una mirada enojada. Tenia su guante y había liquido suficiente para crear una buena cantidad de gases explosivos. Pero inclusive le habían quitado su arma, así no servía de nada.

--Es el único camino, Mustang. Mi grupo es pequeño y con facilidad pudimos tomar el cuartel mas grande del país. ¿Que haría un ejercito de verdad? No tendrías ninguna oportunidad. Voy a tomar el control de este país y regresarlo al camino nesesario. Pero para eso tenemos que matarte primero. Sí firmas, nos haras todo mas fácil y le salvaras la vida a tu mujer. Decidelo.

Tal vez era el momento de darse por vencido, de aceptar sacrificarse para salvar a Riza... tal vez....

Una explosión en el corredor volando la puerta, la mayoría a contener mientras la misma Olivia y sus principales tomaban a sus rehenes para llevárselos por la salida secundaria de la oficina del Fhurer. Debian cuidar a su rehén sin importar los que llegaran a tratar de defenderlo. En cuanto lo hicieran firmar el acta de secesión entonces nada podría impedirles tomar la silla principal.

Se escuchaba una batalla completa en el lugar, hasta que en el patio principal aquel que los atacaba pudo mostrase.

Era el alquimista de Acero, con un gesto tan serió como no se le veía desde hacia tantos años.

Durante un momento, Mustang sintió que la persona que acompañaba a acero era la mujer que él tenia a su lado desde hacia tanto tiempo. Con varias armas al cuerpo mientras volvía a cortar el cartucho de su rifle. Con un atuendo mas cómodo que el militar que le permitia movimiento. Pero su esposa seguía a su lado.

La capitana Ross era quien seguía a aceró, cubriéndole las espaldas con sus armas como alguna vez Riza lo hizo con él. Pero había algo raro en Edward, algo no se veia como siempre.

Su uniforme estaba rota en un brazo y una pierna. Cierto, la gente de Brigs dijo que lo habían reducido, tal vez destruyéndole los automails. Pero ahora estaba caminado, con una pierna de carne y hueso y un brazo derecho que tampoco era de metal.

Se lanzó de frente a la pelea a lo que Olivia envió a su tanque principal para que le disparara, impacto que dio de lleno a donde el alquimista quien pareció no esquivarlo. Y al despejarse un poco la vista, un escudo de acero, salido de ningún lado le defendia.

Una explosión de alquimia le siguió al contrataque iniciando la las transmutaciones de Elric eran francamente imposibles, Sacando armas de ninguna parte, transmutando el lugar en materiales diferentes. Inclusive imitando, sin destrozar nada, el ataque de Armstrong de espinas de roca, pero con puntas de metal.

Nada le impedía transmutar lo que quisiera y sin siquiera chocar las palmas para ello.

Hasta que la vio, en su mano, aquella piedra roja que brillaba con el poder de la sangre. Que le daba la energía suficiente para realizar mil y un transmutaciones imposibles.

Aprovechando la confusión Ros le lanzó un mechero y un arma, todo lo que nesecitaba para hacerle frente al enemigo. La pistola para su esposa, para que le cubriera y el mechero para llenar el lugar de fuego, quemar a todos los que veían embelesados al alquimista luchar contra tanques, infanterías y sus propios alquimistas.

Ya no estaba Olivia ahí, tal vez se retiraba para organizar al resto de sus soldados que protegían la pared mas externa. A pesar del apoyo de la piedra, Edward no podría contra todo un regimiento atacando a la distancia, mucho menos si les daba por destruir el mismo cuartel.

Y ahí, frente a Edward, estaban los alquimistas. Al frente de ellos, aquella que dedicó todo su esfuerzo a encontrar la manera de vencer a Mustang. Pero él no era un alquimista común, y mucho menos en aquel momento que usaba la piedra filosofal que alguna vez fue el corazón de su esposa.

Un ataque eléctrico para quitárselos a todos de encima, sin la necesidad de chocar palmas como le tenían conocido ni un aparato alquímico los tomó a todos por sorpresa. A todos excepto a aquella que alguna vez fue su alumna. que le conocía casi todos los trucos y conocimientos sobre alquimia.

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Y ahí estábamos los dos, frente a frente. mirándonos como listos para disparar las armas. Yo le enseñe todo lo que sabía, la convertí en una alquimista y aprendió muy rápido. Mucho mas de lo que Al y yo lo hicimos alguna vez en el pasado.

Y era tan buena que en otros tiempos no hubiera dudado en convertirse en una alquimista estatal. Y ahora estaba ahí frente a mi para tratar de matarme. Había pasado tanto tiempo y dentro de su corazón las cosas habían cambiado tanto.

Había cultivado un nuevo odio en contra de mi persona por haberla rechazado, y por que se sentía traicionada en cuanto a todas mis advertencias contra la transmutación biológica resultando que lo intente alguna vez, y sentí deseos y de hacerlo de nuevo ante la muerte de mi hija.

No podía hacer nada para reparar su corazón, solo ofrecerle un juicio justo y clemencia del fhurer si se entregaba en aquel momento. No podía hacer mas por ella.

Nuevamente yo había creado algo que resultó terrible para el mundo. Y era el momento de que me hiciera responsable por el hecho.

Minerva había preparado un plan por si todo fallaba, una serie de círculos de transmutación alrededor del cuartel por si resultaban vencidos. De manera que podría congelarlo todo y matar de esa manera a todos los presentes. Incluyendo los pocos compañeros que quedaran de su propio grupo.

Activó entonces su transmutación y no pude hacer nada mas para detenerla. Un guante metálico con la piedra, que terminaba en una navaja como siempre fue mi estilo con el automail para atravezarle el corazón. Le detuve, sí, pero ella lo tenia previsto todo, no se detuvo la transmutación.

Algo se tenia que hacer.

Así que ocupe su lugar y usando el poder de la piedra intente invertir el flujo de la energía, canalizarla en otra dirección aunque esta resultase ser mi propio cuerpo.

Se supone que así debieron terminar las cosas, pero por alguna razón se canalizaron hacia la piedra sin que yo lo deseara, destruyendo aquella piedra filosofal pero salvándome a mi y al cuartel. Tal vez, era el alma de Solaris que hacia algo, desde dentro de aquella piedra filosofal para protegerme.

Estaba vivo, aun. Y el trabajo no terminaba. Solo un minuto para recuperar el aire. Para recordar como recupere el brazo y la pierna.

Pues en ese momento en que hirieron a Ross, en medio de mi desaparición, dibuje un circulo sobre la caja fuerte de mi oficina para sacar la piedra, siempre cerca de mi. La use para sanar las terribles heridas de la capitana y la envié por armas mientras trataba de reconstruir mis automails. Pero no los comprendia por completo, no podía trasmutarlos de regreso a como eran antes.

Pero con tanta gente en peligro no había momento para pensar y termine usando el poder de aquella piedra para transmutarme a mi mismo. De un ser humano vivo a un ser humano vivo, piedra en piedra como aprendí una vez para abrir las puertas.

Y puedo jurar, que en aquel momento en que atravesé nuevamente esas puertas, pude ver a Solaris y a Nina esperándome detrás al final de aquel túnel. Usando el poder de la piedra obtuve nuevemente mi brazo y pierna faltantes para ir a pelear.

Pero al detener la transmutación de Minerva la piedra filosofal fue destruida, y yo sobrevivi. Era todo lo que me quedaba, la vida.

El Coronel Armstrong llegó al lugar enfrentando a la infantería y artilleria exterior para enfrentar a su hermana. Mustang y yo llegamos para ver como terminaba de someterla, aunque él mismo resultó bastante herido. Creimos entonces que ya todo había terminado, pero la mirada en los ojo de Olivia me dijo algo mas.

Algo que también Armstrong entendió.

Un golpe brutal, con toda la fuerza de su cuerpo a la cara de su hermana. Juro que pudo escuchar como su cuello se rompía con el impacto mientras el mismo fhurer gritaba para detenerlo. La general Olivia prefería la muerte antes de la derrota y su hermano se la concedió. Le impidió la vergüenza de ser capturada.

Mas desarmada y sin pelear, aquello era francamente un homicidio.

Mustang declaró en aquel momento que Armstrong solo se defendió y tuvo que matar a su hermana para conservar la vida. Casó cerrado, había que terminar con el resto de los invasores. El simple hecho de acabar con su dirigente no iba a detenerlos.

Mi nuevo grupo de alquimistas llegaban entonces desde el exterior para abrir el paso a nuestros soldados y permitirles entrar a ayudarnos. Solucionando la situación y poniendo a resguardo a nuestro dirigente. Permitiendo acabar con los invasores. Eran tan duros, ninguno se dejó capturar y vendieron cara la vida. Pero al final ganamos, una victoria con un sabor demaciado amargo. Con el sabor de que aquellos a quienes confiabamos nuestra seguridad al norte, nos había traicionado.

Las reconstrucciones fueron rápidas, encargadas al grupo de Elric y sus alquimistas militares. El cuartel recuperó en poco tiempo su antigua figura. Excepto por aquella calavera de grandes colmillos y cuernos que puse sobre la entrada principal y por la que muchos se quejaron.

La ceremonia se dio hace apenas unos días, donde despedimos a los soldados a los que perdimos y se premió a aquellos que demostraron heroísmo en el campo de batalla. No todo lo había logrado un par de alquimistas solos. No, muchos soldados lucharon valientemente defendiendo el lugar y conservando la vida a pesar de la adversidad.

Aunque me premiaron con montones de medallas y un gran ascenso, General de Brigada. El General de Brigada Elric y ascensos también para mi grupo por todo lo realizado durante la contingencia y su valiente participación desde el exterior del cuartel.

Así como un permiso de toda un semana para ir a visitar a nuestras familias.

Las políticas del país van a cambiar. Hay muchas cosas que tienen que pasar después de esta demostración de fragilidad. El norte sera víctima de grandes cambios y administraciones. Nuevos soldados irán allá a poner la paz y reforzar nuestras fronteras.

Mustang siente que no puede dirigir el país solo desde una silla. Por lo que ha asignado un gabinete que le ayude en gran medida con las labores burocráticas mientras él se encarga de mantener vigilado su país. Somos un estado militar y nuestro comandante en jefe va a comenzar a hacer mejor su trabajo.

Jamas regresara a lo de Bradley, eso es seguro, pero con las amenazas desde el exterior aun no podemos abandonar la esencia de lo militarizado.

Nuestro país se encamina a un nuevo comienzo. A ver que dejó su medalla sobre la tumba de su esposa, retirándose después el abrigo. Aunque estaba a punto de atardecer, no sentía frió.Eso es todo lo que ha pasado, querida. Tenia tanto que contarte y agradecerte por que gracias a ti ya tengo mi brazo y pierna verdadera. Y venia a mostrarte que ya puedes casarte conmigo. Como lo dijiste hace tanto tiempo en ese otro mundo. En casa de la señora Vanfer. Dijiste que no te casarías conmigo hasta que no fuera general de brigada y ahora lo soy.

Ahora ya pudo cumplir esa promesa que nunca te hice.

Ha sido tan difícil durante todo éste tiempo, levantarse cada día sabiendo que no voy a ver tu sonrisa, que no voy a escuchar tu voz. Que nunca volverás a mirarme. Ha sido tan difícil, tan desgastante.

Cada día sin ti a sido una verdadera tortura. Y lo único que quería, era ser aquello que tanto deseabas. Por que tal vez así, entonces sí podrías amarme como yo aprendí a amarte a ti. Tal vez así esta vez decidieras quedarte para siempre a mi lado.

Me refugie en el trabajo durante todo este tiempo, buscando mantenerme ocupado y cansado para no pensar en nada. Por que una semana de acción desesperada y poco sueño era mas corta que todo un día sin verte, sin sentirme junto a mi.

¿De que me sirve quedarme aquí? Si ya no tengo mas razones para luchar.

Han sido tan largas esas noches pensando que tal vez todo era un sueño, que de pronto despertaría y volvería a ser solo un niño, acompañado de una armadura que recorría el mundo entero buscando la piedra filosofal. Que deseaba que sus seres queridos pudieran estar felices. Pero que al menos podía avanzar hacia su meta, podía caminar hacia donde sabría que estaba su destino.

Cuando me engañaba a mi mismo diciendome que llegaría en momento en que todos estaríamos bien, que pronto todo volvería a ser como en mis deseos y solo tendría que preocuparme por cosas pequeñas.

Pero siempre fue una tontería pensar de aquella manera.

¿Como pude llegar a creer que un pecador como yo tenia derecho a ser feliz? ¿Que aquel que cometió el mas grande de los pecados podía aspirar a una vida tranquila y contenta?

La soberbia de creerme que era digno de algo así.

Un pecado mas.

Pero ya estoy cansado, estoy tan cansado, tan agotado que el solo respirar sin ti es algo que no puedo soportar. Que ya no puedo mirar a las demás personas a la cara y sonreirles para que se sientan bien. Para que crean que he superado el dolor que me dejó tu muerte. Y han pasado tantos años fingiendo, que por fin logre lo que quería y que ya se me acabaron las fuerzas.

Ya no mas.

Quiero descansar.

Quiero que deje de doler.

Así que ahora voy a recostarme aquí, junto a ti, junto a mis amores mas grandes, mis únicos. Y voy a dormir. Y al despertar, quiero creer que estaras a mi lado nuevamente. Quiero creer que estaremos juntos nuevamente y que esta vez sí vas a querereme.

*******

--Ya estoy en casa querida.--Mencionó Edward levemente mirando la sangre manar perezosa de las profundas heridas en ambas muñecas --Y voy a quedarme para siempre a tu lado. Ahora solo quiero dormir un poco, contigo, por ti.

Por que a veces son las personas que mas amamos, en su afán por protegernos, los que nos provocan los sufrimientos mas grandes.